51. CANTAR CANCIONES IMPOSIBLES

Esta canción —este tono, este ritmo— suena muy familiar, de maneras que no puedo explicar ni expresar.

De El Ritmo de la Guerra, página 5

—¿Solo las mujérenes de tu personal saben leer? —preguntó Rabeniel a Ansia, en el pasillo exterior a la sala de la columna de cristal—. Habría esperado más de tu instrucción, Venli, teniendo en cuenta lo capaz que eres en otras disciplinas. Tus sirvientes no deberían seguir las estúpidas costumbres humanas.

Los cantores subordinados a Venli, los que había reclutado con tanto cuidado en Kholinar durante el último año, habían llegado a Urithiru por la Puerta Jurada a primera hora de aquella mañana. Rabeniel los había puesto a trabajar de inmediato. Las mujérenes estaban clasificando las anotaciones y el material que la reina humana había sacado al pasillo. Se entremezclaban con las jóvenes escribas humanas, que estaban recolocando cajas, y entre todas componían una escena general de caos. El personal de Venli, obedeciendo la orden de Rabeniel, estaban haciendo lo posible por comprender todo aquello, leyendo páginas y páginas de notas a la caza de asuntos importantes que merecieran la atención de la Fusionada. Pronto adoptarían la forma sabia para hacerlo mejor, pero la tarea seguiría siendo complicada. Venli les había dicho que pusieran todo su esfuerzo. Rabeniel estaba dando la espalda al escudo azul, contemplando la confusión que reinaba en el pasillo y canturreando para sus adentros.

Venli canturreó a Indiferencia.

—Antigua —dijo—, mi personal es bueno, pero procede de la cultura alezi. Mi pueblo, los oyentes, habría estado encantado de mostrarles una manera mejor de hacer las cosas, pero los oyentes fueron tomados por Odium, en su infinita sabiduría.

—¿Cuestionas a Odium, Venli? —preguntó Rabeniel a Ansia.

—Se me ha enseñado que la Pasión honra a una persona, antigua —dijo Venli—. Y preguntarse, cuestionar, es una Pasión.

—En efecto. No obstante, hay muchos entre los Fusionados que opinan que tales Pasiones deberían negarse a todos salvo a sí mismos. Quizá descubrieras que Odium tiene un sorprendente parecido con nosotros en ese aspecto. O tal vez que nosotros tenemos ese parecido con él. —Señaló con la cabeza el revoltijo de escribas humanas y cantoras de Venli, trabajando en movimiento casi perpetuo como un montón de cremlinos atiborrándose tras la lluvia—. ¿Qué piensas de esto?

—En mi opinión, la reina humana parece estar complicando las cosas a propósito.

—Está creando maneras de retrasarnos sin que parezca una interferencia deliberada —dijo Rabeniel a Escarnio, aunque parecía más divertida que enfadada—. Se queja de no tener suficiente espacio y cambia estas cajas de sitio una y otra vez para ganar tiempo. Además, sospecho que intenta extender sus dominios fuera de la sala, aunque sea solo en el pasillo, para situar a su gente de manera que pueda escuchar lo que decimos. Parece estar recibiendo más información de la que esperaba. Quizá algunos de los suyos hablen mi idioma.

—Me cuesta creerlo, Dama de los Deseos. Por lo que tengo entendido, no fue hasta hace un año cuando por fin lograron interpretar el canto del alba.

—Sí, es curioso —dijo Rabeniel, sonriendo y hablando a Ansia—. Dime, Venli. ¿Por qué sirves con tanto ahínco sabiendo lo que Odium hizo a tu pueblo?

Timbre latió preocupada, pero Venli ya tenía una respuesta preparada.

—Sabía que solo los mejores de entre nosotros se ganarían su favor y sus recompensas. La mayoría no eran dignos.

Rabeniel canturreó entre dientes y luego asintió. Volvió a su propio trabajo, estudiar el escudo que rodeaba la columna.

—Espero informes del registro que ha hecho el Perseguidor en los pisos superiores del primer anillo. Y también novedades de su búsqueda de Radiantes.

—Iré a preguntar ahora mismo, antigua —dijo Venli, y echó a andar.

—Venli —dijo Rabeniel—. En el pasado, muchos mortales buscaron ascender para contarse entre los Fusionados. Deberías saber que, después de nuestro encumbramiento inicial, él jamás ha vuelto a conceder un don tan grandioso a ningún mortal.

—Eh… Gracias, antigua.

Venli canturreó a Tributo y se retiró por el pasillo cada vez más atestado. Dentro de ella, Timbre latió a Diversión. Sabía que Venli no aspiraba a convertirse en Fusionada.

—No te des tanta prisa en alabarme —susurró Venli a la spren—. La persona que era hace no tanto tiempo habría estado entusiasmada con la posibilidad de hacerse inmortal.

Los latidos de Timbre parecían escépticos, pero no había conocido a Venli en esa época… y menos mal. Cuando Venli llegó al final del pasillo, se unió a ella Dul, el alto cautormentas que pertenecía al círculo interno de cantores de Venli. El grupo al que había prometido, durante el último año, que los ayudaría a escapar de los Fusionados. Ese día Dul llevaba la forma de meditación, con el rostro descubierto y un caparazón suave y hermoso. Tenía un patrón de piel sobre todo rojo, con pequeñas trazas de negro, como rocas sumergidas en un profundo mar rojo. Adoptó el paso de Venli y salieron juntos a la cámara de la escalera. Que ella supiera, aquel gran espacio abierto con forma de cilindro era la única forma de llegar a la planta baja desde el sótano. Subieron la escalera que rodaba por el exterior y cruzaron un tramo de peldaños reconstruidos a toda prisa, hasta que se alejaron de los demás lo suficiente para que nadie pudiera oírlos. Venli hizo una comprobación rápida de Shadesmar. Encontró raro el lugar, con una luz brillante que lo bañaba todo, pero hasta donde pudo ver no había ningún vacíospren observándolos. Allí, aislados en los escalones, se sentía razonablemente segura de poder hablar.

—Informa —susurró.

—Tal y como esperabas —respondió él mientras seguían caminando—, hemos podido organizar los envíos de suministros desde Kholinar a nuestro favor. Alavah y Ron están guardando paquetes de provisiones con disimulo para que podamos recogerlos y llevárnoslos sin problemas si los necesitamos.

—Excelente —dijo Venli.

—No sé cómo vamos a escapar sin que nos vean —dijo Dul—. Aquí todo el mundo está en alerta, y tienen guardias fuera vigilando atentos por si llegan exploradores alezi.

—Va a pasar algo, Dul —aseguró Venli a Determinación—. Los humanos intentarán sublevarse, o llegará un ataque, o quizá la reina cautiva encontrará un modo de volver los fabriales contra los Fusionados.

»Cuando eso ocurra, sea lo que sea, estaremos preparados para escapar. Me trajeron hasta aquí por las montañas y memoricé la ruta. Podemos escabullirnos por esos valles, ocultos de los Celestiales por los árboles. Por fuerza tiene que haber algún lugar apartado aquí arriba, en este territorio salvaje, donde unas pocas decenas de personas puedan perderse del mundo.

Dul se detuvo en la escalera y canturreó a Esperanza. Casi parecía tener lágrimas en los ojos.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Venli, deteniéndose a su lado.

Él canturreó un poco más alto.

—Después de tanto tiempo, ya puedo saborearla, Venli. Una escapatoria. Una salida.

—Ten cuidado —dijo ella—. Necesitaremos alguna estratagema para convencer a todos de que hemos muerto y que no nos busquen. Y debemos ser muy cautelosos para no despertar sospechas antes de eso.

—Entendido —respondió Dul, y canturreó a Tensión—. Hemos tenido un problema con Shumin, la recluta nueva.

Venli canturreó a Reprimenda.

—Ha intentado reclutar a otros —explicó él—. Ha estado insinuando que conoce alguien que planea iniciar una rebelión contra los Fusionados.

Venli canturreó a Mofa. No solía usar los ritmos de Odium con sus amigos, pero ese encajaba demasiado bien con la situación.

Dul suspiró como un humano.

—Es el mismo viejo problema de siempre, Venli. La gente dispuesta a escucharnos siempre va a ser un poco irresponsable. Si fuesen capaces del todo o listos, no osarían ocultar secretos a los Fusionados.

—¿Y qué dice eso de ti y de mí? —preguntó Venli.

—Diría que eso iba bastante implícito —respondió Dul con una sonrisa, hablando a Diversión.

—Aísla a Shumin —dijo Venli—. No me atrevo a devolverla a Kholinar sin supervisión, pero mira a ver si puedes asignarle alguna tarea trabajosa que no le deje mucho tiempo para relacionarse con otros. E insístele otra vez en que no debe reclutar a nadie.

—Entendido —susurró él a Consuelo. Miró hacia arriba, por el amplio tramo de escalones que se curvaban—. He oído que los humanos estuvieron a punto de ganar en estos peldaños. No tenían Radiantes, y aun así resistieron contra Fusionados y regios.

—Poco tiempo —dijo Venli—, pero… sí, fue digno de ver. Casi quería que triunfaran.

—¿Hay un camino en eso para nosotros, Venli? —preguntó él a Súplica—. ¿Ir con ellos, ayudarlos y que nos ayuden a nosotros a cambio?

—Tú sabes mucho más de los humanos que yo —respondió Venli—. ¿Qué te dice el instinto?

Dul apartó la mirada.

—No nos ven como personas. Antes no permitían que Mazish y yo nos casáramos. Una de las pocas veces que hablé con mi amo fue para hacerle esa petición, una sola palabra, pronunciada con toda la pasión que pude reunir. Se enfadó porque me hubiera atrevido a hablar con él. Una tormentosa palabra…

Atrajo un furiaspren que merodeaba por los escalones de debajo, como chispeante relámpago. Timbre latió taciturna. A los suyos los habían tratado de manera similar. Pero aun así, Venli se descubrió pensando en el combate que se había librado en aquellos peldaños. Esos humanos eran aguerridos. Aunque, por supuesto, había que tener cuidado de no permitir que obtuvieran demasiado poder sobre una.

—Cuando vuelvas con los demás —dijo Venli, retomando el ascenso—, pon a unos cuantos de los nuestros en los equipos que están reuniendo para cuidar de los Caballeros Radiantes inconscientes. Deberíamos tenerlos observados por si surge alguna oportunidad.

Al principio Venli había deseado que pudieran ayudarla a entrenar con sus poderes, pero esa posibilidad había desaparecido. Seguía sin saber si podría utilizarlos en la torre sin que la detectaran, e intentaba hallar una respuesta a esa cuestión.

—Entendido, brillante.

Dul le hizo un asentimiento cuando coronaron la escalera y se marchó por su camino. Venli canturreó a Anhelo. Esperaba no estar llevando a Dul a cantar canciones imposibles. Aunque hablaba a Confianza, no sabía si tendrían ocasión de escapar en las próximas semanas. Y cuanto más tiempo pasaba con Rabeniel, más se preocupaba. Esa Fusionada veía cosas que no debería ser capaz de percibir, desmadejando tramas con sus ojos agudos. Cada día que la gente de Venli vivía con su secreto era una oportunidad más de que los descubrieran, de que se los llevaran sin armar escándalo en la noche y, o bien los ejecutaran, o bien los obligasen a convertirse en anfitriones para los Fusionados. Necesitaban lo que ella les había prometido: vivir por su cuenta, como su propia nación. Pero ¿de verdad podría cumplir la promesa? ¿Venli, que nunca en su vida había tocado nada sin transformarlo en tormenta? Ya había hecho que destruyeran a un pueblo.

Timbre latió ideas consoladoras mientras Venli recorría los pasillos.

—Ojalá pudiera creerte, Timbre —dijo en voz baja—. De verdad que me gustaría. Pero no sabes con quién estás colaborando. No lo comprendes.

Timbre latió, inquisitiva. Quería saberlo. Venli llevaba mucho tiempo callada respecto a las partes más delicadas de su pasado. Sin embargo, hacía tiempo que debería haberlas compartido.

—Lo peor empezó —susurró Venli— cuando los humanos nos visitaron por segunda vez…