6 FEB 23 - NUEVO CAP!
Llovía, no era el mejor de los climas, pero era lo suficientemente solitario como para poder pensar en las cosas, no quería más voces sonando en su mente o a su alrededor. Se sentía acorralada, todo esto le había hecho más consciente de que podía estar al final de su tiempo como deidad del olimpo y eso le hacía enfadar demasiado. Quería gritar, de hecho, lo hizo, fue tan potente que ahuyento a medio bosque, quería golpear a alguien, pero funestamente se dio cuenta que estaba sola, sin la caza, con Apolo lejos en su viaje, Hestia y Atenea estaban al margen desde que ella se había rehusado a cualquier clase de ayuda y simplemente estaba ella en el bosque húmedo y frío buscando una solución. No había nada que pudiera hacer.
El tiempo se agotaba.
Ella sabía que el plazo para poder concretar un matrimonio, que hiciera a un lado la mancha y los rumores sobre la situación que le tocó vivir, se acababa. Le repugnaba la calidad y cantidad de pretendientes que habían desfilado para pedir una oportunidad. Todos eran cerdos asquerosos que lo único que harían sería mancillar su cuerpo para su propio deleite y beneficio. No lo permitiría. Ella se había entregado a la idea de que no había escapatoria y que después de siglos protegiendo su virginidad finalmente tendría que desprenderse de ella para poder conservar su reputación y las cosas que le importaban intactas.
—Ni siquiera lo pienses —la voz de Artemisa saco de su estado de contemplación a Apolo quien la miraba bañarse por la lluvia mientras miraba la profundidad del bosque.
—No quería interrumpir —le respondió con una sonrisa un tanto nostálgica.
—Bueno, ya interrumpiste —esa era Artemisa, alguien que de momento no conocía la palabra amabilidad.
—Mejor vamos a cubrirnos de la lluvia —le dijo señalando la dirección donde había una vieja cabaña.
—Da igual, si vamos a hablar que sea aquí —Apolo asintió convocando un paraguas y se puso al lado de su hermana.
—Bueno, entonces debes saber que fracasé en mi misión —Artemisa suspiró con un poco de frustración, no era que no hubiera pensado que iba a fracasar, pero sinceramente necesitaba una buena noticia, no podía tener contacto con la caza y no podía usar sus poderes para nada, por lo que había llegado aquí con la ayuda de Hestia.
—Era previsible… —Apolo podía sentir la resignación, pero aquí estaba ella tratando de maquillarlo con una falsa seguridad de que todo iría bien.
—No siento que te preocupe —Apolo quería que Artemisa realmente estuviera preocupada porque lo que se venía para ella podría llegar a ser un suplicio eterno.
—Me preocupa de hecho, pero no esperaba que aceptara algo como eso —le respondió con una sonrisa burlesca encima.
—No dije que no pudiera darse —Apolo sabía por sus habilidades que había una posibilidad, pero que en ninguna manera era algo que pudiera controlar o conducir, era simple y puramente decisión de su hermana. —Veras, Percy no quiere esto… —dijo señalándola, ella respondió con una mueca de desagrado.
—¿A qué te refieres con esto? —no podía creer que se había referido a ella como una cosa.
—No quiere esta versión de Artemisa —Artemisa se enfureció un poco, pero trato de hallar la poca cordura que quedaba dentro de ella.
—Es la única que hay, no pienso cambiar por él ni por nadie —sentenció para un Apolo que se llevaba la mano a la cara con frustración. Esperaba un poco más de cooperación por lo menos para maquillar las cosas.
—Esto será más difícil de lo que pensé —suspiró mientras la lluvia no tenía intención de cesar.
—Verás, Percy es el dios de los héroes, por lo que tu representas aquello que los héroes masculinos no desean ni cruzarse —Artemisa sonrió con gracia porque lo tomó como un halago.
—Bueno, no pienso complacer a un grupo de machos necios y depravados —le respondió mientras Apolo no podía entender como eso no la había ofendido.
—Artemisa, estoy aquí para poder ayudarte —la frustración se estaba acumulando —Para ello se requiere que pongas de tu parte —Artemisa asintió, pero era en vano.
—Ya te dije, Apolo, no pienso cambiar —podía escuchar la vos de Hestia y Atenea diciéndole las mismas palabras, pero no podía traicionarse a sí misma.
—No estoy diciendo que cambies todo, solo aquellas cosas desagradables… —fue la última palabra la que le dio sentido a todo lo que decía.
—¡Cómo te atreves! —le enfurecía el hecho de que todo el mundo lo catalogara como desagradable.
—Artemisa, lo único que te queda aceptar es todo ese grupo de desagradables pretendientes, porque Percy no piensa aceptar casarse contigo, al menos no como estas —Artemisa resoplo por las palabras de Apolo, a sus ojos cualquiera debería sentirse honrado de que la diosa de la caza le tomara por marido.
—¿Estás diciendo que él piensa que no estoy a su altura? —la sola idea le enfermaba y Apolo sabía que esto heriría su orgullo en todos los aspectos, solo esperaba que no se le fuera la cabeza y dijera algo sobre Annabeth que luego lamentaría.
—El piensa que después de Annabeth no puede aceptar menos que eso —esas palabras le quemaban el corazón, porque era una mujer mortal que para Percy estaba por encima de ella misma.
—No puedo creer que estemos teniendo esta conversación donde Artemisa, la gran diosa tenga que llenar los zapatos de una mortal por muy buena que esta fuera —Apolo sabía que era su orgullo herido el que estaba aflorando y podía entenderlo, pero también a Percy.
—Si tengo que ser honesto… —susurró mientras Artemisa apretaba los puños para no golpear a su hermano.
—Pues no lo seas —sentenció con un susurro amenazante. Pero Apolo ya estaba a punto de perder la poca paciencia que le quedaba con este tema.
—¡Basta! Annabeth era una buena mujer para Percy, no me imagino que pida menos que eso y sinceramente no llegas a su estándar —las palabras de Apolo llegaron al fondo, no muchos tenían ese poder, no su padre, solo Apolo y su madre podía cruzar esas barreras que por años había levantado y sostenido.
—¡Apolo! —le gritó con todo lo que tenía que hizo huir a las pocas aves que quedaban en los árboles. Quería golpearlo y descargar sus propias frustraciones, sabía que tal vez se dejaría golpear.
—El matrimonio no es un contrato de servicio, ni un juramento como el de la caza, Artemisa, se trata de algo más, algo que tu no le puedes ofrecer —le respondió con total seriedad, mientras ella lo escuchaba con algo de rabia con cada palabra que le decía.
—¿Qué no podría ofrecer? —estaba atónita con respecto a que ella no tenía nada que ofrecer.
—Respeto, compañerismo, igualdad, amor, fidelidad —cada palabra destruía su seguridad, aunque no tuviera el valor de aceptarlo.
—¿Crees que no tengo ninguna de esas cualidades? Creo que no me conoces —Apolo negó rápidamente, mientras miraba al vacío mientras la lluvia empeoraba, pareciera que los cielos sabían que todo iba mal.
—Las tienes para ti y tu caza, no para compartirla con alguien más —ella no podía objetar eso. —Será mejor que me vaya, fue mi último intento, pero si llegas a estar interesada, está a punto de regresar al Olimpo, deberías hablarle directamente —ella negó levantando la cabeza con la cabeza erguida.
—No pienso rebajarme a mendigar matrimonio —Apolo se rindió, no iba a decir nadad más.
—Te deseo lo mejor, hermana, sea lo que te pase de ahora en adelante —y luego de eso se alejó para desaparecer en un flash. Artemisa contenía las lágrimas todo este tiempo, pero no pudo evitar soltarlas una vez que se supo sola.
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El sonido de un bebé tomando su agradablemente bajo la mirada de los recientes "abuelos" era todo lo que necesitaba un magullado Percy que no había podido librarse de los golpes de Sally, quien tomo todo lo que tenía a la mano para arrojárselo, de seguro tendría un par de hematomas en la cabeza para el día siguiente. De no ser por la intervención de Paul seguramente habría usado la espada para cortar una que otra cosa. Paul y la risa desmedida de Travis habían salvado de peores cosas a Percy quien al final suspiraba de alivio al ver que ambos estaban pegados con el bebé.
Le tomo poco más de 2 horas poder contarles las circunstancias por las que había terminado convertido en un papa prematuro. También hubo lugar para la reflexión de las cosas que llevaron a Percy y a Travis a un viaje por los confines del mundo y de cómo su nuevo puesto en el Olimpo no le permitía poder intervenir directamente pero que con la sociedad con el hijo de Hermes sin duda podría ayudar mucho a los nuevos semidioses.
—Debiste empezar por la historia —dijo susurrando Sally mientras sostenía al bebe quien se alimentaba animadamente del biberón. Paul por otro lado traía unas tazas de té para todos y una bolsa con hielo para Percy.
—¿Crees que no lo sé? ¡fue él! —respondió con fingido dolor mientras señalaba a Travis que no dejaba de mirar curiosamente los alrededores de la caza.
—Totalmente culpable —sonrió levantando ambas manos.
—Si tengo que decirlo, tiene algo de ti ¿lo adoptaste ya formalmente? —eso era algo que aún no pensaba hacer, porque quería que el niño tuviera la libertad de elegir su propio camino, pero si que lo trataría como su propio hijo.
—No, aún no, no quiero crear todo un revuelo por ello, dejaré que crezca primero —sabía que en cuanto se supiera la procedencia del niño sería todo un dolor de cabeza dar explicaciones y esperaba que Apolo mantuviera la boca cerrada.
—Buena elección —mientras ellos conversaban ya había preparado un lugar para poder al bebé a descansar. —Pero entonces ¿Te lo llevarás en tus viajes? —Percy sonrió, Sally siempre sacaba su mejor lado maternal, eso había sido su luz todo este tiempo.
—No es que no pensara en visitarte, pero esperaba que los flamantes abuelos me dieran un mano con ello —Percy le dio un pequeño codazo para que reaccionara a la solicitud.
—¡Percy! —Sally estaba un tanto sorprendida que miro a Paul rápidamente y a su vez Paul miraba a Percy.
—Tú decides, nos ayudaría a practicar —susurró tratando de no sonar vergonzoso, después de todo no era el padre biológico de Percy y sabía que podía ser incomodo esa clase de comentarios.
—¿Enserio, tu? —Percy se encontró sorprendido pensando en que pronto podría tener un hermano. Sally se sonrojo un poco porque eran un tema alegre para ellos que había decidido tener un bebe, pero al ver la mirada de felicidad y asombro supo que Percy también lo deseaba.
—No, no, pero estamos en ello —cuando dijo eso, sí que se arrepintió porque Paul explotó en una carcajada para cubrir su vergüenza y Travis le siguió.
—Agggggg no quiero saber sobre lo que hacen —la expresión horrorizada de Percy fue lo mejor de la noche y Sally empezó a reír también.
—Vamos, ya somos todos adultos —Percy negó mientras fingía un escalofrío.
—Paul, detenla —Paul no paraba de reírse. Fue uno de esos momento que Percy extrañaba de su vida como semidios, pero también sabía que en esta nueva función podría cuidar y velar de su familia siempre.
—Bueno, lo que esperaba era poder darle los primero cuidados aquí, luego se iría a con nosotros para poder aprender sobre el campamento y eso —Sally sabía que Percy tal vez no estaba preparado para ser padre, pero también sabía que necesitaba un catalizador de todo el amor que había mantenido para Annabeth y la idea de que pudiera amar a este niño le hacía ilusión porque le daría todo el amor que tenía guardado en lugar de que se marchitara en su interior y no le dejara sanar.
—Suena como una buena idea —resolvió Sally, para todo esto el bebé ya se encontraba profundamente dormido. En la mente de Sally ya estaba remodelando la habitación de Percy para el nuevo integrante de la familia.
—Su nombre es Eskol —Sally y Paul lo miraron un poco extrañados. —Lo sé, es un nombre raro, pero no debe olvidar su herencia nórdica —no había de otra que tenían que hacerse a la idea que Percy debía tomar esas decisiones.
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Pasaba ya de la media noche, Travis estaba en la habitación de Percy durmiendo a sus anchas, no lo sabía, pero extrañaba una cama decente tanto como a Katie, en su mente esos remordimientos le estaban matando y sabía que le esperaba una paliza, lágrimas y tal vez un adiós por lo que había hecho. Y sabía que se acercaba el momento en que tendría que darle la cara y explicar las cosas.
En la sala solo estaban Percy, Sally y Paul, a pesar de ser una deidad, Percy no quería para nada que eso cambiara el orden natural de las cosas y el cómo vivían, por lo que necesitaba un consejo, sentados tomando té con galletas de esas que tanto le gustaban empezó a contarles como habían sido las cosas desde la muerte de Annabeth, fue un momento solemne, Sally amaba a Annabeth y la pensaba y soñaba como esposa de Percy en el futuro, pero el destino era cruel e impredecible, por lo que no sería parte de su futuro, pero no por ello no dejaba de tenerla en su mente constantemente.
Luego de ello el sonido del silencio resonaba en la habitación y nadie se atrevía a decir nada.
—Fuimos afortunados de tenerla en nuestras vidas —dijo Sally en medio de todo ello, sabía que su hijo aún tenía mucho camino por recorrer para superar su perdida, pero rogaba a los dioses que este bebe le ayudara a recomenzar. Percy asintió mientras sentía que algunas lágrimas se le filtraban sin que pudiera hacer nada para sostenerlas. Sally ni siquiera se atrevió a hacerlo notar y Paul menos, simplemente dejaron que las cosas siguieran su curso.
Cuando Percy se había desahogado en el silencio de su casa aspiró profundamente mientras Paul le daba un ligero golpe en el hombro. Era momento de hablar de cosas menos agradables.
—¡No! En definitiva, no —la conversación se puso un poco acalorada después que Percy le contará la propuesta de Apolo y su posible casamiento con Artemisa.
—Sally, querida —Paul trató de calmarla un poco señalando la habitación donde estaba el bebé. Sally resopló mientras Percy sonreía por la vehemencia de la respuesta de su madre.
—No, Paul, no merece esto —Paul estaba de acuerdo parcialmente. Porque había visto las cosas desde el comienzo.
—No sé si lo que pienso es lo que quieres escuchar —Percy sabía para donde iba Paul, esa idea había cruzado su mente.
—Adelante, Paul, quiero escucharlo —Sally no entendía nada de lo que estaba diciendo.
—Creo que tu misión aún no ha terminado —Sally no podía creer lo que estaba escuchando. No podía creer que Paul se lo propusiera como una misión.
—¿A qué te refieres? Ahora es un dios ya no hay misiones —Percy sonrió un poco apesadumbrado. Todo había comenzado en esa batalla donde perdió a la mujer que amaba, pero no contaba con que se había ganado un peso muy grande, la responsabilidad del destino de Artemisa.
—Tú sabes de lo que estoy hablando —Paul se dirigió a Percy, quien entendía de lo que estaba hablando, pero era más complicado que eso.
—Lo sé, pero es de matrimonio de lo que estamos hablando —Sally no podía creer el entendimiento que tenían Percy y Paul.
—Paul, no puedes pretender que se una a alguien que le hará la vida imposible —Paul sabía que esa idea iba a arruinar todo, pero aun asi era responsabilidad de Percy cuidar de Artemisa.
—Sally, querida, Percy empezó una misión que va más allá de solo impedir que ese titán mancillara el honor de Artemisa… —Sally tomó la mano de Percy que para ese momento estaba carburando en su mente lo que Paul le estaba pidiendo, podía entender el porqué, pero no podía aceptar vivir atado a una tortura viviente.
—Paul… —susurró, pero él tenía claro cuál era la motivación principal.
—Es lo que un hombre debe hacer —Percy se resistía aun a esa idea. —Lo cual no significa que debas ceder ante ella, eso no, tu madre no te crió para eso, debes hacerte respetar y equilibrar las cosas —Sally se oponía a esto.
—Percy no se casará con alguien a quien no ama, eso es todo —Sally se puso de pie dándole una mirada disconforme a Paul antes de irse a su cuarto.
—No estoy diciendo que debas hacerlo, solo que debes tratar de ayudarla hasta que este a salvo —Percy no quería involucrarse más, no quería, pero la mirada de Paul le decía que aún podía hacer más. Tal vez necesitaría hablar nuevamente con Apolo.
