53. COMPASIÓN
Experiencias como esta me llevan a preguntarme si habremos estado equivocados. Decimos que los humanos son ajenos a Roshar, pero ya llevan miles de años viviendo aquí. Quizá sea el momento de reconocer que no son unos extranjeros ni unos intrusos. Solo nuestros primos.
De El Ritmo de la Guerra, subtexto de la página 5
Timbre guardó un silencio muy poco característico cuando Venli concluyó su relato. Venli había tomado el camino largo hasta la quinta planta y los informes que debía recoger para Rabeniel, y había dedicado el tiempo a hablar a Timbre de aquel día, el día en que había tomado la primera decisión que la llevaría por ese camino. El día en que había aceptado aquella gema y se la había ocultado a su madre y a su hermana. Venli podía decirse cuantas veces quisiera que sus motivos habían sido nobles. Pero sabía la verdad. Había guardado ese secreto porque temía perder la gloria de descubrir una nueva forma a manos de su hermana. Y había sucedido justo lo contrario: Venli era quien vivía el destino de su hermana. Venli era quien había acabado junto a Timbre. Venli era quien se había hecho Radiante. Venli era quien había sobrevivido. Esos hechos demostraban que el Cosmere cometía errores. Venli entró en la sala con terraza de la quinta planta, agradablemente fresca, desde donde se organizaban las operaciones de exploración. Rabeniel creía que los humanos habían destruido los planos de la torre a propósito, así que aquel grupo estaba creando otros propios. Gobernar aquel lugar iba a ser una tarea inmensa, una que Venli se alegraba de no tener que organizar. Los cantores que había allí canturrearon a Alabanza cuando entró Venli, para mostrarle respeto. Incluso los dos regios en forma comunicadora debían deferencia a una Voz como Venli. Pidió, y recibió, una amplia variedad de informes sobre las actividades que estaban desarrollando allí arriba. La torre estaba desocupada de la sexta planta hacia arriba. En consecuencia, los invasores estaban estableciendo puestos de control en todas las escaleras del quinto piso, por si los humanos atemorizados intentaban ocultarse en alguna de las muchas plantas superiores cuando se relajara el confinamiento en sus aposentos. Y dicho confinamiento debería relajarse pronto. Los humanos estaban quedándose sin comida y sin agua. Nadie sospechaba que Rabeniel ordenaría retomar el funcionamiento normal al final del día. Habían encontrado un gran número de Radiantes desmayados, muchos de los cuales habían estado en casas de personas que intentaban protegerlos o esconderlos. Venli canturreó a Mofa mientras repasaba la lista. Los muy necios tenían suerte de que Rabeniel fuese más permisiva que otros Fusionados. Había ordenado que todo aquel a quien se encontrara albergando a Radiantes recibiera un castigo y que esos Radiantes fueran ejecutados, pero a todo Radiante entregado por voluntad propia se le perdonaría la vida. Había sido una maniobra sabia: tras el anuncio, la gente había entregado a muchos Radiantes. Los pocos que habían encontrado después habían sido ejecutados, en efecto, junto a un miembro de cada familia que los hubiera ocultado. Era una aplicación de la ley severa pero justa. Timbre la encontraba horripilante. Venli encontraba asombroso que Rabeniel no los hubiera ejecutado a todos.
«Quiere a esos Radiantes para algo —pensó—. Está relacionado con sus planes, con sus experimentos.» Venli no olvidaba lo que había ganado a la Dama de los Deseos su terrible reputación: un intento, mucho tiempo antes, de crear una enfermedad que pusiera fin a la guerra al exterminar a toda la humanidad.
Bueno, pues Venli quizá tuviera también un uso que dar a aquellos Radiantes. Escuchó medio distraída los informes, hasta que el regio en forma comunicadora dijo algo que le llamó toda su atención.
—Espera —dijo Venli—. Repite eso.
—Una cirujana humana mató a uno de los nuestros durante las investigaciones de la otra noche —dijo el hombren.
—No estaba al tanto de eso —dijo Venli.
—Informamos en su momento y un Fusionado se hizo cargo de inmediato, así que supusimos que el aviso habría llegado a Rabeniel. Esa humana se llevó consigo a un Corredor del Viento inconsciente al huir.
—¿A qué Fusionado advertisteis de ello?
—Al Perseguidor.
Timbre dio un latido preocupante.
—¿Tenemos una descripción de esa cirujana humana? —preguntó Venli.
—Hembra alta —dijo el regio—. Pelo ondulado hasta los hombros. Marcas de esclava. El soldado que presenció los hechos afirmó que la humana brillaba de luz tormentosa, pero sospechamos que es porque estaba conmocionado. Demostró ser un cobarde y está asignado a gestión de residuos.
Venli canturreó a Razonamiento, aunque sentía un pavor creciente. Raven Bendita por la Tormenta estaba en la torre, no se había marchado con el grueso de los suyos a la guerra en Emul. Y estaba… ¿consciente, por algún motivo? Leshwi querría saberlo.
Había pedido a Venli que vigilara a Rabeniel en concreto, pero sin duda aquel asunto merecería la atención de su verdadera ama.
—Ya veo —dijo Venli a Razonamiento—. ¿Se ha encontrado a esa humana?
—Huyó a las plantas superiores —explicó el regio a Resentimiento—. Hemos buscado, pero en vano. Hasta el Perseguidor, que aseguraba que la humana estaba cerca, fue incapaz de localizarla.
—La Dama de los Deseos lo encontrará interesante —dijo Venli—. Avisadme si descubrís algo más.
El regio canturreó a Mando para indicar que comprendía la orden y entregó a Venli una lista con las descripciones de todos los demás Radiantes que habían entregado a ese grupo. Rabeniel querría tenerlos a todos en una sola cámara, bajo vigilancia. Venli tendría que poner a su gente a buscar un lugar adecuado. Una Corredora del Viento consciente, cuando todos los demás seguían desmayados. Sí, Venli se las ingeniaría para enviar un mensaje al respecto a Leshwi.
—El cantor que vio a la humana matar a nuestro soldado —dijo Venli mientras se disponía a marcharse—. Dame su nombre y el puesto que ocupa. La Dama de los Deseos podría querer que lo interrogue.
El regio canturreó a Mofa.
—Ese cobarde no podrá decirte gran cosa. Si la Dama de los Deseos de verdad está interesada en la asesina humana, debería esperar al informe que llegará a finales de la tarde.
—¿Por qué?
—Para entonces, el Perseguidor ya habrá interrogado a la familia del humano —dijo el regio—, y habrá vengado la muerte de nuestro soldado.
Los ritmos se silenciaron. Timbre, oculta en las profundidades de la gema corazón de Venli, parecía estar conteniendo el aliento.
—¿Los hemos capturado, entonces? —preguntó Venli.
—Están encerrados en la clínica, a poca distancia de aquí —dijo el regio a Ansia—. Un cirujano, su esposa y un niño. Acabamos de descubrir que son la familia de la asesina humana. Es una pena que la Dama de los Deseos nos haya ordenado ser tan mansos durante esta ocupación, pero al menos esta noche tendremos un poco de sangre.
Venli trató de canturrear a Arrogancia mientras se marchaba, pero no encontró nada. No había ritmos en absoluto, lo cual era muy inquietante. Se embutió la lista de descripciones en el bolsillo y, cuando se hubo alejado un poco del puesto de exploración, siseó:
—¿Qué estás haciendo?
Timbre palpitó y los ritmos regresaron poco a poco. Venli se relajó. Por un momento había temido que algo fuera muy mal. Timbre latió taciturna. Para ella, algo sí que andaba muy mal.
—Estoy de acuerdo en que es una lástima lo de la familia de la Corredora del Viento —dijo Venli—. Pero ten en cuenta que su hija estuvo implicada en el asesinato de uno de los nuestros.
Timbre latió de nuevo.
—Sí, supongo que no son los nuestros —aceptó Venli—. Pero ¿por qué te importa tanto? ¿No odias a los humanos?
Eso le valió una dura regañina. Que Timbre y los demás alcanzadores hubieran decidido dejar de vincularse con los humanos no significaba que los odiara. ¿Y matar a la familia de alguien porque ella se resistía? Eso era terrible de verdad. Muchos Fusionados no llegarían a tanto, pero el Perseguidor y sus tropas… bueno, Venli había captado el ansia de sangre en los ritmos de aquel regio en forma comunicadora.
Venli anduvo en silencio, atribulada. Tenía sus propios asuntos que atender, sus propios problemas. Pero Timbre seguía latiendo con suavidad, urgiéndola. Venli había hablado con el Espina Negra en una visión. Con el Forjador de Vínculos. El hombre le había mostrado amabilidad. Y al igual que muchos humanos de aquella torre, eran solo personas que intentaban seguir con sus vidas.
Eshonai habría hecho algo.
—Soy un fraude, Timbre —susurró Venli—. Una falsa Radiante. No sé lo que estoy haciendo.
Timbre latió. El significado era claro.
«Yo sí.»
Bastaba con eso. Venli se volvió y empezó a bajar la escalera, cogiendo cada vez más velocidad. No había mucho que Venli pudiera hacer directamente para ayudar a la familia. Su autoridad como Voz desde luego no alcanzaría para contrarrestar la voluntad del Perseguidor. De modo que se encaminó hacia el majestuoso atrio de la torre. Aquel enorme espacio abierto, muy al interior de la torre, le recordaba al hueco que llevaba al sótano. También era una interrupción circular de la piedra. Solo que aquella era a mucha mayor escala, con más de treinta metros de diámetro. Se extendía hasta las alturas, perdiéndose en la oscuridad, y parecía llegar hasta la misma cima. Los elevadores subían y bajaban por el interior del atrio, aunque habían pasado a necesitar luz del vacío para su funcionamiento. La pared del fondo, orientada al este, no era de piedra, sino un inmenso ventanal plano de cristal. Increíblemente grande, mostraba las cumbres nevadas y proporcionaba luz natural al atrio entero. Los ascensores apenas se utilizaban, ya que los cantores estaban concentrados en imponer su control sobre los pisos inferiores. Para no alertar a los exploradores humanos Corredores del Viento, los shanay-im tenían prohibido volar fuera de la torre. De modo que se habían instalado allí, en aquel gigantesco salón, y flotaban en el aire abierto. Venli se valió de su autoridad para tomar posesión de un elevador y ascendió hasta el decimocuarto piso. Allí encontró a Leshwi meditando con su larga ropa ondeando por debajo, atendida por solo dos sirvientes. Había donado el resto a Rabeniel. Leshwi reparó en la presencia de Venli al instante y entreabrió un ojo. Venli hizo marcharse a los dos sirvientes y canturreó a Ansia, esperando con paciencia a que su ama hiciera el reconocimiento formal. Leshwi flotó hasta el balcón y apoyó una mano en el parapeto. Venli se acercó deprisa, canturreando a Tributo.
—¿Por qué no vienes a mí en secreto, como te ordené? —preguntó Leshwi con brusquedad.
Leshwi había establecido un método para que Venli pudiera enviarle mensajes encubiertos sobre Rabeniel. A Venli todo aquello le parecía una parte desconcertante de la política Fusionada. Rabeniel sabía que Venli la estaba espiando, y Leshwi sabía que Rabeniel lo sabía, y sin embargo actuaban ambas como si no conocieran tales subterfugios.
—La Corredora del Viento a la que deseáis derrotar está aquí, en la torre —dijo Venli—, y tengo motivos para creer que no cayó inconsciente. De hecho, sigue pudiendo acceder a sus poderes.
Leshwi canturreó de pronto a Júbilo. Una elección reveladora.
—¿Dónde? —preguntó Leshwi.
—Mató a un soldado que estaba recogiendo a los Radiantes desmayados —dijo Venli— y escapó por la torre. Rescató a otro Corredor del Viento.
—El honor la impulsa —dijo Leshwi—, incluso ahora. Incluso tras la muerte de su dios. Es una noticia maravillosa, Venli. Has hecho bien en saltarte el protocolo para informarme. ¿El Perseguidor lo sabe?
—Me temo que sí.
—Rabeniel le permitirá hacer caso omiso de mi prerrogativa previa —dijo Leshwi—. Ni siquiera recibirá una reprimenda, siempre que sus actos ayuden a atrapar a una fugitiva. Pobre Bendita por la Tormenta. Les ha proporcionado la lanza con la que empalarlo. Si deseo combatir yo contra ella, tendré que localizarla antes.
—¿Y deseáis combatir contra ella, antigua? —preguntó Venli—. ¿Es de verdad por eso por lo que queréis encontrarla? ¿Para matarla?
—¿Por qué me haces esa pregunta? —replicó Leshwi a Ansia.
Venli lo habría dejado estar ahí, sintiéndose estúpida. Pero Timbre latió, animándola.
—Parecéis respetarla —dijo Venli.
Leshwi canturreó en voz baja, pero Venli no captó a qué ritmo.
Qué raro. Sus poderes solían permitirle comprender cualquier cosa que su ama dijera o insinuara. Pero había algo familiar en el ritmo, eso sí.
—Es muy infrecuente encontrar a una humana capaz de luchar en los cielos lo bastante bien para suponerme un reto —dijo Leshwi—. Y su spren… he oído que es antigua… Pero no es de tu incumbencia. No volverás a sacar ese tema conmigo.
Timbre latió, indicando que Venli debería contárselo todo a su ama. Sobre ellas dos. Sobre que era Radiante.
Qué estupidez. Venli reculó de inmediato ante la idea. Leshwi la mataría.
—¿Alguna otra cosa? —preguntó Leshwi a Mando.
—La familia de Bendita por la Tormenta está retenida por los guardias del Perseguidor —dijo Venli—. Están en la quinta planta, en una clínica del perímetro, cerca del pasillo principal. El Perseguidor quiere interrogarlos, y temo que la cosa vaya a ponerse fea. Muchas de sus tropas se resienten de que tuvieran prohibido matar durante la incursión. Están… excitables.
—Violentas y sedientas de sangre, quieres decir.
—Sí, antigua. La… la familia de la Corredora del Viento sería muy buen recurso para nosotras, ama. Si deseáis encontrarla antes que el Perseguidor, puede que tenerlos en nuestro poder nos diera una ventaja.
Leshwi canturreó a Razonamiento.
—Eres piadosa, Venli. No reveles esa Pasión a nadie más. Espera aquí.
Leshwi se apartó de la pared y descendió veloz, trazando un bucle y virando con elegancia hacia el pasillo central iluminado de la quinta planta. Venli esperó mientras Timbre latía preocupada. Pasó más de una hora antes de que Leshwi por fin regresara, ascendiendo desde donde estaba el gran mercado de la planta baja.
—¿Qué habéis hecho? —preguntó Venli.
—He tomado a la familia de la Corredora del Viento bajo mi custodia —dijo Leshwi—. Mi posición me confiere autoridad sobre el Perseguidor.
—No les habéis hecho daño, ¿verdad? —preguntó Venli a Súplica.
Leshwi clavó la mirada en ella, y Venli tardó un momento en darse cuenta de que había cometido el fallo de usar uno de los viejos ritmos. La Súplica era un ritmo de Roshar, no de Odium.
—No se lo he hecho —respondió Leshwi—. Y ahora que he actuado, que he ejercido mi poder en esa dirección, el Perseguidor no osará atacarlos. Por lo menos, no hasta que cambie la dinámica de poder en la torre. He situado a la familia en un lugar seguro y les he dicho que permanezcan escondidos. Podríamos necesitarlos, como bien has indicado.
Venli canturreó a Sumisión.
—Búscales un lugar en el que podamos tenerlos observados y envíame una nota. Me plantearé si hay alguna forma de utilizarlos para encontrar a Bendita por la Tormenta, y de momento haré correr el rumor de que me he ocupado de ellos. Aunque el Perseguidor descubriera la verdad, deberían estar a salvo durante un tiempo. Dicho eso, vuelvo a advertírtelo: no debes dejar que nadie más vea tu compasión por los humanos. Se malinterpretará, sobre todo teniendo en cuenta que eres hija de traidores.
—Sí, antigua.
—Vete —ordenó Leshwi—. Considero esto que he hecho hoy como un favor a ti. No lo olvides.
Venli canturreó a Sumisión y se apresuró a marcharse. Timbre latió dándole ánimos.
—Sigo siendo una falsa Radiante —dijo Venli—. Y lo sabes.
Timbre latió de nuevo. Tal vez. Pero ese día había dado un paso en la buena dirección.
