11 FEB 2023 | NUEVO CAP!
9 AÑOS DESPUES
—¡Termina de una buena vez con ese reporte de lectura! —la voz de Paul resonaba en el apartamento y Travis que estaba afuera aún no podía evitar reírse.
—Abueloooooooooo ya no quiero leer más —Paul casi sentía lastima por su nieto y Sally estaba en su cuarto encerrada por Paul para que no hiciera los deberes por él. En más de una oportunidad la había pillado evitándole el esfuerzo de aprender.
Eskol había crecido como un niño hiperactivo, hambriento de aventura y peligro, tanto que ya tenía su propia cuerda instalada en el cuarto para salir disparado del apartamento cuando tenía que salir. Fue de las primera cosas que le enseño cuando cumplió los 8 años. Percy era reacio a iniciar su entrenamiento tan temprano, pero Eskol era una fuerza de la naturaleza y al saber que la forma más efectiva de comunicarse con su padre era haciendo una ofrenda no cesaba de ofrendar cada cosa que se le ponía en el camino para suplicarle a Percy que le dejara entrenar con Travis. Percy tenía una jaqueca enorme por escuchar cada suplica día a día que finalmente accedió fijando una fecha y bajo la promesa que debía llevar al día sus clases con Paul, a lo cual Eskol accedió. Sabía que no era estúpido, solamente no le gustaba estudiar, confiaba demasiado en su ingenio, pero Sally, Paul y Percy querían que cultivara su mente para que pudiera serle de ayuda en el futuro.
—Tu padre dijo que si no terminas no podrás ir a entrenar con Travis —Paul llevaba su libro mientras que Eskol no podía evitar distraerse con cada cosa que pasaba por su lado.
—Bromeas, nací para ser arquero, no pueden reprimir mi talento natural con esto —no abandonaba su arco de competencia, se había inscrito en equipo de arco de la escuela y era el mejor, pero aún estaba lejos del nivel de competencia ya que aún le faltaba desarrollarse.
—Esto te ayudara a no ser un simple arquero —Travis le dio un ligero golpe en el cerebro y Eskol cayó dramáticamente al suelo. Era increíble el sigilo con el que Travis se trasladaba que no se había percatado que había ingresado a la casa. Finalmente, Sally salió de la habitación tomando del brazo a Paul para no se regañada.
—Travis, salvame… tío… por favor —Travis sabía que este niño solo necesitaba una motivación, pero de a pocos para que avanzara.
—Vamos, necesitas terminar con eso y podrás pasar el verano entrenando… quien sabe, tal vez haya una misión que tu padre haya preparado para ti —sus ojos casi se salen de su sitio que tontamente se dio un golpe en la cabeza.
—Una misión —susurró ansioso, suspiró hondamente y tal como siempre para todo lo que hacía entro en un momento de concentración que se abstraía del resto. Pasaron unos minutos mientras leía y escribía hasta que finalmente termino con el reporte y lo entrego a Paul, quien lo miraba atentamente, Paul sabía que cualquier cosa en la que estaba su concentración estaría bien hecha, lo difícil era lograr que se concentrara. —Nunca les dije como me gusta leer los clásicos —todos rieron por la frescura con la que se desenvolvía. Hasta Percy se asombraba lo bien que había crecido, para los 8 años que tenía era el más grande de su curso. Sally y Paul le explicarían que era una cuestión genética y que no debía sorprenderse que fuera aún más alto y corpulento que él. Eso lo llenaba de orgullo.
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Luego de darle un fuerte abrazo a los abuelos Eskol tomo sus cosas y salió por la ventana, este sería el principio de su primer verano completo entrenando, ya no solo serían clases de fin de semana, sería todo un verano y con una misión y eso lo hacía sentir ansioso.
—Tranquilo, ya sabes que esto es solo para escapes de emergencia —era en vano la reprimenda, ya era parte de la naturaleza de Eskol desafiar el peligro, buscarlo, no siempre le iba bien con eso, pero nunca huía de él.
—Lo siento, estoy demasiado emocionado —el niño brincaba sobre sus piernas esperando que Travis abriera la maletera para poner sus cosas.
—Nos encargaremos de ello —tenía un cronograma de entrenamiento que iba a secar hasta la más mínima emoción.
—¿Katie vendrá? —Eskol le había pillado más de una vez viendo su foto y hablando en voz alta el nombre de Katie, asi que solo era curioso de ello.
—No preguntes —le dijo con una cara dolida para luego partir hacia su destino.
Los días pasaban y el entrenamiento era brutal, correr, saltar, nadar, cortar leña, volver a correr, comer como cerdos para reponer las fuerzas, volver a correr y vomitar la comida del agotamiento. Tranquilamente había perdido 3 kilos solo por transpirar, pero en su favor había ganado masa muscular y empezaban a verse vestigios de musculo sólido y consistente. Eskol no se quejaba, en su mente clavaba mil espadas sobre el tío Travis, pero no se quejaba del entrenamiento en su mente tenía la frase que él podía con todo.
Después de 2 meses ya no se sentía la presencia de Eskol después de la cena porque caía rendido y agotado y eso era lo que Travis quería. Percy solo apareció el primer día para darle un buen abrazo y desearle suerte en su entrenamiento y que al final había una misión para él si es que no abandonaba. Y no lo haría. Se probaría a si mismo que estaba para ser más que solo el hijo de Percy, sería un guerrero, estaba en su sangre, en sus genes, en su corazón. Percy observaba de lejos como su hijo corría y corría, lo vio caer aparatosamente cuesta abajo por dar un mal paso, pero se secaba las lágrimas y seguía recuperando el tramo perdido hasta llegar al punto donde se encontraba Travis. Se sentía orgulloso, era un muchacho decidido a buscar su destino.
Casi habían llegado al final de las vacaciones, Eskol estaba lleno de magulladuras y golpes por doquier, pero tenía esa sonrisa en su rostro que decía "no me venciste" y Travis no podía sentirse más satisfecho porque lo había logrado, era lo que quería en el fondo que Eskol conociera mundo y solo podía hacerlo siendo capaz de cuidar de si mismo. Aún no habían tocado armas, este entrenamiento solo se trataba de fortalecer su cuerpo y probar su resistencia y lo había logrado. Su padre llegaría a buscarlo para darle su misión a la media noche y estaba a punto de desmayarse cuando sintió su presencia y espabiló.
—Me parece que nuestro soldado estaba a punto de abandonar —la voz de Percy se oía un poco lejana. Travis solo pudo reírse de la hora que había escogido para darle su primera misión. Pero era comprensible, no podía levantar sospechas sobre la existencia de su hijo.
—No, no, nunca —estaba a punto de caer rendido y no podía más, su cuerpo estaba en el límite de los límites.
—Ven aquí —Percy apareció a uno metros con los brazos abierto. Eskol prácticamente se arrastró a sus brazos para darle un cálido abrazo. Él sabía cuál era su herencia nórdica y cual era su herencia griega y abrazaba ambas con aprecio, sabía que Percy no podía estar todo el tiempo con él porque las leyes del Olimpo no lo permitían, pero siempre robaba instantes para compartirlos juntos. —Estoy orgulloso de ti —choco sus puños con Eskol y luego le entregó un rollo.
—Es lo que creo que es ¿puedo sentarme? —Percy asintió con una sonrisa para verlo colapsar sobre sus piernas y caer rendido.
—Tu misión, si decides aceptarla… —Travis le dio una mirada de papá cursi y Eskol empezó a tararear la música de misión imposible mientras abría el rollo para encontrar los detalle de su objetivo.
—¿Cuándo partimos? —Percy no podía controlar esa emoción que se encendía en Eskol cuando se trataba de un desafío, pero, así como estaba sería un peligro.
—Tranquilo soldado, aún debes recuperarte, dentro de 2 días podrás ir a tu misión —Travis asintió mientras aplicaba ungüento en las piernas de Eskol que eran las más afectadas, sabía que necesitaría un programa de regeneración para que pudiera caminar.
—¿Te quedarás conmigo? —Percy sintió un ligero dolor al escucharlo por la forma en que lo dijo, pero sabía que si se ausentaba de la tienda donde estaba Artemisa esta no solo lo bombardearía de preguntas, sino que empezaría a seguir sus pasos y eso solo lo alejaría de Eskol. Apolo no había abierto la boca sobre la existencia de su hijo y eso era más que bueno.
—Nada me haría más feliz, ciertos asuntos no me lo permiten —sabía que más adelante Eskol entendería la razones. El niño entendía perfectamente, pero siempre buscaba tener el mayor tiempo que pudiera con su padre, casi siempre lo conseguía, pero esta vez fallo. Lo llevo a la cama y luego de conversar por un momento este cayo rendido al sueño, Percy sabía que siempre podía visitarlo en sueños para que su ausencia no fuera dolorosa.
Habían pasado 8 años y las cosas no habían cambiado mucho, ahora tenía su campamento con Travis cerca del de las cazadoras, por lo que siempre estaba haciendo apariciones en el campamento de las cazadoras para entrenar con Travis, deliberadamente lo hacían quitándose la camisa y dejando que las cazadoras se escandalizaran de ello. Muchas veces Artemisa se había acercado para decirle a Percy que no hiciera eso, pero cuando Percy se acercaba demasiado a ella esta terminaba renegando en su camino de vuelta a su tienda.
Las cosas no habían cambiado entre ellos, solo eran hola, adiós y múltiples palabras cortas que reducían la conversación a un par de segundos. Artemisa había aprendido a tragarse su orgullo para pedir favores y Percy no tenía problema de cumplir con ellos. Pero no accedía nunca a bajar los estándares que ya había forjado entre ellos, donde era él quien llevaba el ritmo de las cosas y no dejaba que Artemisa se enseñoreara de las situaciones. Todo el consejo miraba con respeto a Percy a raíz de como las cosas estaban yendo entre ellos. No se atrevían a preguntar para cuándo un hijo, pero si sentían que Percy se había preparado para la situación de tal forma que las cazadoras no se atrevían a faltarle el respeto ni tocar a Travis. El hijo de Hermes andaba por el campamento de las cazadoras a su antojo sin dirigirles la palabra simplemente hacia sus cosas y con su habilidad de arco se regodeaba ganando cuanto torneo se organizaba, que con el tiempo dejo de participar en algunos para que alguna de las cazadoras ganara.
Artemisa por su parte estaba acumulando demasiada tensión en sus músculos porque sentía que su vida se había reducido a ser la esposa de Percy y ya no era famosa por sus hazañas con la caza. Cada vez que la vieran siempre la presentarían sería Artemisa esposa de Perseo Jackson y eso estaba haciendo que la bilis explotara dentro de ella, pero no sabía cómo afectar a Percy sin romper su juramento, ese maldito juramento que hizo en presencia de Apolo por el Styx de que si llegaba a tocar a alguien valioso para Percy perdería la inmortalidad y llevaría una vida normal hasta que Percy así lo decidiera.
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Finalmente era el día D de su primera misión. Percy había ido desearle suerte y ya estaban en el destino donde tendrían que rescatar a una hija de Hécate. Travis le había contado como es que eran las cosas y de cómo se tenía que hacer y que por nada del mundo debía enfrentarse físicamente a nadie a menos que fuera completamente necesario y su integridad o la del objetivo estuvieran en peligro. Eskol estaba tan emocionado con todas la cosas que habían pasado últimamente que había olvidado llamas a los abuelos, seguramente iba a ser regañado por preocuparlos. Ahora mismo estaba enfocado en lo que tenía que hacer.
Travis no quería dejarlo solo, pero esta misión era solo para Eskol, no debía representar mayor problema porque con Percy habían ido previamente a ver el estado del objetivo y no había riesgo de algún encuentro físico de riesgo asi que solo tenía ir buscar al objetivo y sacarla de donde estaba.
—Sin miedo —le dijo Travis dándole una buena palmada en la espalda.
—Miedo ¿Qué es eso? —luego de darle su mejor mirada traviesa salió corriendo hacia donde debía encontrar a la niña. Travis pensaba que aún no estaba en la edad de la gran aversión al género femenino, por lo que no habría peligro de que fuera torpe con su misión.
Estaban en un suburbio de la ciudad, se notaba que el ambiente era completamente peligroso y lleno de callejones sin salida, la misión era sacar a una niña hija de Hécate. Había sido abandonada por su padre y se había refugiado en las calles, de un lado a otro haciendo uso de sus habilidades mágicas para subsistir, pero recientemente había caído en manos de gente malvada que traficaba con niñas, de momento no estaba en el mercado por las habilidades que tenía de entretener a la gente, pero era explotada trabajando en las plazas para ganar dinero para sus captores. Durante la noche era encerrada en un refugio contra huracanes y no veía el exterior hasta el día siguiente donde era trasladada a la plaza para hacer espectáculos y pedir dinero.
El hijo de Percy se coló en medio de la noche para poder dar con el refugio donde encontraría a la niña, respondía al nombre de Liz, hija de Hécate. Eskol tenía todo preparado, debía darle de beber néctar y mezclarlo con un somnífero para que pudiera trasladarla con cuidado, su trabajo era ingresar al refugio, hablar con la niña, curarla, ganarse su confianza y sacarla de allí.
Corrió tan fuerte como pudo, vestido de niño de la calle nadie le prestaba atención y pensaban que estaba haciendo un recado para alguien de la zona. Miró para todos lados nadie estaba mirando en su dirección, por lo que uso la pinzas para cargarse el candado, espero un momento para estar seguro que no había llamado la atención y entró con sigilo. Recordó las noches en las que tenía que cruzar el bosque sin ahuyentar a los ciervos que vivían allí. Cuando la vio sintió algo que nunca había experimentado hasta ese momento: rabia. Pudo ver de cerca a la niña de cabello negro azabache, facciones dulces, una ternura que solo había visto en la mirada de su abuela. Vio sus brazos, estaban llenos de puntadas y moretones, intuyo que había sido drogada para mantenerla en control. Quería encontrarse cara a cara con los que habían hecho eso a esta criatura.
Trató de hablar, pero falló miserablemente al verla agotada y sin fuerzas, no habían dañado su cara, y eso era suficiente para contenerse de hacer alguna locura.
—Despierta, Liz —Eskol le toco el hombro ligeramente y escucho que se quejaba de dolor, eso le hacía tener ese sentimiento de rabia nuevamente.
—Mmmm —puso su mano sobre su nombro y la movió un poco más fuerte para que despertará, no tenían mucho tiempo, tenía menos de 10 minutos para terminar con esto.
—Debes levantarte, he venido a ayudarte —la niña luchaba con todas sus fuerzas para mantener sus ojos abiertos, claramente estaba bajo los efectos de alguna droga.
—Tengo sed —susurró y Eskol ni se lo pensó para tomar la botella de su mochila para ayudarla a levantarse y la acuno en sus brazos, fue en ese momento que se activó aquello de la "aversión por el género femenino" pero se resistió a dejarse llevar por cualquier clase de sentimiento extraño.
—Ten toma —le dio la botella, pero la niña no tenía fuerzas para ello por lo que le dio de bebe de la botella, apenas podía sorber el agua, pero con algo de paciencia logro que se hidratara.
—¿Quién eres? —no podía decirle su nombre, eso tenía que permanecer oculto ese era el trato que habían tenido con su padre.
—Un amigo —susurró mientras miraba su reloj para ver que su tiempo se agotaba. —Me envía tu madre para ayudarte —cuando escucho la palabra madre hubo una reacción un tanto desagradable como si esa idea no fuera la mejor.
—Mi madre… —susurró con un toque de amargura.
—Te llevaré a un lugar seguro —la niña a duras penas podía ver al niño que estaba diciendo que había venido a ayudarle. En su mente no existía la palabra "amigo" solo había conocido la crueldad de la esclavitud.
—No, no tengo fuerzas para levantarme —Eskol entendió todo el entrenamiento, estaba preparado para esto, pero nunca le daría gracias al tío Travis por casi matarlo con tanto entrenamiento.
—Yo te llevaré, toma esto —le dio la mezcla de néctar con un somnífero.
—¿Qué es? —se notaba en la mirada de Liz que no confiaba en nadie.
—Es para que recuperes tus fuerzas —ella asintió y se tomó lo que el niño rubio le daba.
—Me llamo Liz, por cierto —Eskol asintió con una ligera sonrisa.
—Lo sé, es un nombre bonito —Liz le sonrió ligeramente.
—¿No me dirás tu nombre? —Eskol se lo pensó 2 veces, pero no podía darle su nombre.
—Algún día —luego de unos minutos simplemente se desmayó y llego la hora en que Eskol pondría a prueba su entrenamiento, la niña estaba tan débil, delgada y liviana que no fue un problema ponerla en su espalda cubierta con una frazada.
Empezó a correr como si fuera perseguido por una horda de animales salvajes, pero no se percató que realmente si estaba siendo perseguido por un grupo de matones que le habían visto salir y lo perseguían por la calle principal. Eskol ya sabía de memoria la ruta de escape, solo corrió lo más raído posible hasta que empezó a escuchar balazos de por medio, razón la cual entró en pánico y cambio la ruta de escape para poder evitar ser herido y que Liz fuera lastimada.
Travis estaba viendo como Eskol corría con la niña en su espalda y vio también como fue detectado, cuando vio que se trataba de gente con arma de fuego no pudo simplemente ignorarlo, por lo que tuvo que intervenir y fue al encuentro de ellos y uno a uno fue eliminándolos con un corte limpio. En un momento pudo ver que una bala salió hacia donde estaba Eskol, su corazón se detuvo, no podía permitir que su sobrino terminara lastimado, pero cuando el control de la situación se escapa Eskol tomo una decisión que le permitió no ser lastimado, cambio la ruta de escape por lo que en lugar de doblar hacia la derecha donde la bala lo hubiera alcanzado dobló hacia la izquierda y salió ileso de la huida. Travis se encargó de acabar con todos.
Cuando Eskol se supo a salvo retomo la ruta de escape hacia el punto de encuentro donde ya se encontraba no solamente Travis, sino también su padre, quien al verlo corrió hacia donde estaba y lo abrazo con todo y Liz en su espalda.
—Pensé que saldrías herido —la niña en la espalda de Eskol seguía dormida bajo los efectos del somnífero que le había dado.
—El entrenamiento me sirvió para seguir corriendo —Percy no podía estar más orgulloso de cómo había soportado el entrenamiento y lo había aplicado siguiendo las instrucciones de Travis de no entran en conflicto directo.
—Escucho un "gracias tío Travis" —Eskol le hizo una mueca graciosa porque nunca cedería.
—Papá me estas asfixiando —Percy seguía un tanto nervioso, en ese momento lo sintió, supo que estaba en problemas.
—¿Papá? —cuando Eskol la vio sintió un escalofrío que recorría su espalda. La mirada de Atenea era de estupefacción total por lo que estaba escuchando su mente estaba sacando cuentas según la edad que calculaba del niño que estaba viendo y la apariencia que podía percibir en él. Percy puso a Eskol detrás suyo para que no estuviera al alcance de Atenea.
—Atenea —susurró con peligro en sus palabras.
—Perseo Jackson —su voz exigía una explicación, mil cosas pasaban por la mente de Atenea desde que era hijo de Annabeth, pasando por que había sido infiel a Artemisa. Travis podía sentir el peligro asechando por lo que rápidamente se pudo detrás de Eskol y tomó a la nena de su espalda.
—Creo que debo llevar a esta criatura a un lugar seguro —Percy asintió mientras Travis llevaba a la niña al vehículo en el que habían llegado. Eskol por su parte había superado el escalofrío y ahora tenía un mirada intensa dirigida hacia Atenea y no le bajaba la mirada.
—¿No puedo quedarme, papá? —Atenea reaccionó a cómo llamaba ese niño a Percy y la forma en que Percy actuaba de manera protectora sobre él.
—De hecho, si, deberías quedarte —Eskol asintió mientras se estiraba luego de haber corrido con Liz en su espalda.
—Te escucho Perseo —Percy suspiró porque sin duda tendría que dar todos los detalles de cómo Eskol llegó a su vida, era el momento de que lo escuchara de su boca y que Atenea supiera quien era el niño que pronto podría decirle abuela. Pero en ello tenía una fuerte contradicción que a la postre podría ser un problema.
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Había sido una conversación severa y llena de largos periodos de silencio y reflexión por parte de la diosa de la sabiduría. Se sintió un tanto avergonzada de dudar de la honorabilidad de Percy y de como había aparecido casi como para emboscarlo, pero podía verlo, habían pasado varios años desde que Percy ya no tenía un espíritu melancólico y nostálgico, no era que no le hiciera feliz que Percy estuviera avanzando en su vida, pero quería saber que era lo que le empujaba a eso. Por un momento pensó que las cosas iban bien con Artemisa, pero eso era casi imposible y de hecho luego de comprobarlo esa tienda suya era un hotel donde dormían y luego cada uno salía a sus actividades por el resto del día. Sus interacciones eran ridículamente cortantes y no había nada cercano al respeto. Podía sentir pena por Percy, pero también sabía que el se había blindado de una forma en que tenía la de ganar y Artemisa había obtenido la caza de vuelta y con eso ella era feliz, por lo menos lo más feliz que se pudiera dentro de sus circunstancias y estatus, ya que no podía ser más la diosa virgen, eso lo había perdido al momento de casarse, aunque a todo mundo le quedaba claro que ni Percy había querido tocarla y que ella no se pensaba dejar.
En su mente este niño significaba la canalización de los sentimientos profundo de Percy de protección, honor, amabilidad y felicidad. Solo podía ver su sonrisa brillante desde que el niño había llegado a su vida. Era increíble lo que un hijo podía hacer en la vida de un padre. Ella más que nadie lo sabía, amaba a cada uno de sus hijos y perder a Annabeth había golpeado su ser de una manera que le costaba aún reponerse de la ausencia. Sabía que el corazón de Percy aún sangraba, pero ver el amor en sus ojos por su hijo simplemente era conmovedor. Pero no podía sentirse a gusto por la razón de que ese niño parecía ser una forma de inmortalizar el recuerdo de Annabeth.
—¿Tiene esto algo que ver con Annabeth? —Eskol se puso curioso por el nombre que escuchaba, siempre había visto fotos de alguien que no conocía en la habitación de su padre en casa de los abuelos que ahora era su habitación. Nunca se había atrevido a preguntar.
—En absoluto no —Percy no podía creer que Atenea pensara que podría llegar a eso.
—¿Estas seguro? —Atenea quería estar completamente segura.
—¿Quién es Annabeth? —Atenea le miró un tanto impresionada por la forma en como pregunto sin un resquicio de vacilación en su voz, le extrañaba que Percy no le hubiera hablado de ella.
—Ella era mi novia muchos años atrás —para un dios era un ayer, pero debía aterrizarlo a la concepción del tiempo de un mortal. —Ella murió durante la guerra contra Gea —Eskol se sintió un tanto culpable de haber preguntado de manera tan descuidada, Percy se dio cuenta del arrepentimiento tácito, pero no le molestaba, los niños eran eso, una frescura para preguntar y sacar conclusiones.
—Ella era mi hija, Eskol —Eskol si que se sorprendió de ello, no conocía a otros semidioses fuera de su reciente rescate, pero pensar en que la diosa virgen tuviera uno era raro.
—Entonces dices que papa me hizo su hijo para superar a tu hija —Atenea se percató del problema que esta provocando y fue Percy quien se adelanto para tomarlo de las manos.
—Eso nunca fue asi, eres mi hijo y eso nunca va a cambiar —Eskol le dio una sonrisa orgullosa y vigorizante que disipo los temores de Percy sobe que no se sintiera amado. —Atenea —le dio su mejor mirada recriminadora.
—No fue mi intención —era la forma más decente en que podía disculparse sin decir lo siento.
—Eskol, de hecho, por la filiación que nos une bien podría ser tu abuela —Percy no temió en ir más allá de todo para que Atenea aceptara la naturaleza y existencia de su hijo.
—Percy… —era un suspiro de susto, no pensaba que las cosas podían volverse complicada para ella, en su mente no podía entenderlo, no podía asimilarlo y no podía conectar la vida de Eskol con la relación que Percy y Annabeth habían tenido, no con Artemisa de por medio, solo sería una complicación que podría hacerle las cosas más difíciles a Eskol.
—Vamos ¿podrías decirle que no? —Eskol tenía una cara de excitación total, tanto que se atrevió a tomar de la mano a la diosa y provocar que ella se sintiera asustada.
