Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Powered by 23 Kicks, yo solo traduzco con su permiso.
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Capítulo 26
El día de Acción de Gracias amaneció frío, gris, y lluvioso. Como había pasado la noche en lo de Edward de nuevo, estaba aliviada de no tener que salir afuera. Todo lo que él y yo teníamos que hacer para llegar a nuestra cena de Acción de Gracias era subir los diecisiete pisos en el ascensor de su edificio hasta el apartamento de sus padres adoptivos no oficiales.
El viaje hizo que mi estómago se retorciera de más maneras que una.
Los ojos color marrón, cariñosos y preciosos, el cabello largo y color caramelo, la suave sonrisa y la actitud relajada de Esme Evanson ayudó a tranquilizar mis nervios. Saber que ella estaba al tanto de mi historia con Edward me hacía sentir un poco cohibida. Con su entrenamiento psiquiátrico, ¿qué pensaba de una chica que se había enamorado de su matón de secundaria? Ciertamente no era una historia de amor típica de chico conoce a chica.
—Estoy tan feliz de conocerte, Bella. Edward no nos ha contado mucho, pero lo que sí dijo fue maravillosamente intrigante. "La chica con ojos de tigre que tiene una personalidad a juego."
Sonrojándome, miré de reojo a Edward. A mi lado, sosteniendo una cacerola de papas gratinadas al romero, él me guiñó un ojo y soltó una risita con un resoplido.
—No sé sobre la parte de personalidad —admití vergonzosamente.
—Simplemente tendremos que confiar en él —dijo ella, guiñando un ojo también, y me di cuenta que allí era probablemente de donde Edward había adquirido el hábito. A menos que se estuvieran enviando mensajes entre ellos en código Morse, intentaban matarme con su encanto—. Él juzga las personalidades maravillosamente. Feliz Acción de Gracias a los dos. Adelante.
Entré al vestíbulo, y de inmediato, me encontré en un espejo ovalado situado sobre una mesa. Edward, parado detrás de mí y viendo mi asombro, le sonrió a mi reflejo.
—Nadie aprecia el espejo —comentó Esme mientras jalaba a Edward en un pequeño abrazo—. Hola, cielo. —Y entonces giró hacia mí de nuevo con una sonrisa torcida—. Pero una vez salí de la casa con una toallita suavizante pegada en mi hombro, así que es mi última inspección. Además, creo que ilumina bien este pequeño rincón.
La seguí desde los pisos de mármol gris hasta una alfombra tan gruesa que casi me tambaleé. Como en el apartamento de Edward, la pared más lejana era mayormente una fila de ventanas de piso a techo que daban al muelle, pero con una vista mucho mejor. Mientras que el de Edward tenía pisos de madera de cerezo con partes de alfombra color crema, este lugar era un contraste de blancos y azules pálidos. Con sus candeleros de pared y espejos estratégicamente ubicados, la sala parecía el interior de un joyero.
Sentí la repentina urgencia de quitarme los zapatos.
Edward tomó mi mano con la que tenía libre, y entonces se inclinó hacia mí.
—Nadie muerde aquí —susurró, malinterpretando mi vacilo.
—Voy a tener miedo de tocar algo —mascullé mientras pasábamos por el comedor. Estaba ubicado bajo un nicho en forma de arco, donde una mesa larga de algarrobo con pata corazón estaba puesta para la cena.
Mientras nos acercábamos a la isla ligeramente curvada que separaba la cocina de la amplia sala, un hombre rubio caminaba alrededor de esta y hacia nosotros. Vistiendo un suéter azul cielo que hacía juego con su intensa mirada, él lucía tan impresionante como su esposa.
—Tú debes ser Bella —dijo con una sonrisa grande, secando sus manos con un paño que entonces colgó sobre su hombro—. Eres tan encantadora como describió Edward.
—Los dos la están avergonzando —dijo Edward en voz baja, mientras me soltaba y colocaba su cacerola sobre la isla para aceptar el abrazo de Carlisle.
—Tendrás que perdonarnos si estamos muy emocionados de que estés aquí —dijo Carlisle. A juzgar por la manera en que sus ojos se arrugaban en las esquinas, y el exagerado arco de su ceja, él estaba más que contento de vernos—. Edward jamás ha atraído un invitado antes.
Carlisle era un bromista increíble, de acuerdo con Edward. Él una vez había metido pañuelos en el interior de todos los zapatos de Esme, haciéndole creer que sus pies habían crecido; y, él también dejaba notas de amor para ella en lugares poco usuales, lo cual creía que era adorable.
—Gracias por invitarme —dije, y sabía que mi sonrisa era muy grande, pero simplemente había algo en él—. Edward me dijo que... te gusta echar leña al fuego.
La sonrisa de Carlisle solo se agrandó como la del Grinch.
—Hoy, solo tengo permitido revolver la olla de salsa. Prometí a portarme bien —dijo de manera gentil y autocrítica.
—No por mí, espero —bromeé—. Portarse un poco mal puede ser entretenido, ¿y acaso eso no es parte de lo que se trata las festividades?
—Definitivamente un tigre —dijo Esme, mientras Carlisle soltó unas risitas, frotándose las manos con alegría—. Ella encajará bien contigo y los niños.
—Hablando de eso... —dijo Edward—. ¿Dónde están Paul y Embry?
Esme indicó que nos sentáramos en las sillas alrededor de un lado de la isla, y entonces sirvió vino blanco en las copas que se encontraban allí.
—Bueno, Paul debería estar aquí en cualquier momento, y Embry traerá a alguien. Pero él insistió que ella sigue siendo una amiga. Ella es la hija de un defensor en un caso que ha ganado.
Mientras tomaba un sorbo de mi vino, aprendí que Paul, un tipo de ingeniero, era gay y se encontraba entre relaciones.
—Y no está feliz por eso tampoco, así que sé bueno —Esme le advirtió a Edward.
—Siempre soy bueno —contestó él con las manos en el aire.
—Dicho eso, ninguno de ellos puede esperar a conocer a la chica que ha capturado tu corazón —añadió.
Edward maldijo bajo su aliento ante eso, y me llevó hacia su pecho.
—No creas todo lo que te digan —susurró contra mi sien—. Solo estaba esperando a la chica correcta.
Cuando él fue hacia la cocina con Carlisle para colocar su cacerola en el horno, Esme se paró a mi lado.
—Jamás lo he visto tan feliz —comenzó con un tono bajo—. Y sé lo trillado que eso suena, pero, sin embargo, es verdad. Él siempre ha sido un poco callado y reservado, pero últimamente, he notado cierta seguridad en su forma de ser. Él siempre ha sido parte de nuestra familia, pero puedo ver que él realmente siente como si lo fuera ahora. Así que, gracias.
Estaba sorprendida, tanto por la pasión en sus palabras como por la mirada en sus ojos.
—No... he hecho nada realmente —mascullé mientras me sonrojaba.
Su expresión intensa se suavizó.
—Oh, has hecho todo, Bella.
Con un guiño, ella se dirigió hacia la cocina para supervisar a Carlisle mientras él sacaba el pavo del horno para bañar con sus jugos, dejándome estupefacta. Era difícil de imaginar a Edward siendo callado—solo lo había visto confiadamente vocal y responsable. Por supuesto, eso había sido en el trabajo. Jamás había presenciado cómo él se había comportado con su familia elegida, pero era fácil imaginar cómo él podría no haber sentido que pertenecía a ella—por su pasado, porque nunca había conocido al amor. Y como él no fue adoptado como los otros dos. Él había dicho más de una vez que se había sentido solo.
Lo observé mientras se encontraba parado junto al horno abierto con Esme y Carlisle, discutiendo sobre si el pavo estaba o no lo suficientemente dorado, y quién iba a ser el que levantara el ave. Mientras se reían juntos, era obvio para mí que ellos lo amaban, y que él era feliz. Ver su facilidad para ser feliz hizo que mi garganta se tensara. Si yo tenía algo que ver con esa expresión en su rostro, estaba humildemente agradecida.
Cuando Paul llegó, él tenía puesto un sombrero de vaquero y una camisa muy decorada con borlas a lo ancho de su pecho, algo que tomó a su familia por sorpresa.
—¿Dónde están tus chaparreras? —preguntó Edward riéndose.
—Guardo esas para los momentos privados —contestó con una sonrisa maligna, y más de una persona hizo una mueca. Él le tendió a Esme el pastel que tenía en sus manos, y entonces se quitó el sombrero, dejándolo sobre una mesilla.
Creí que él era apuesto de una manera despreocupada y adorable, incluso con su cabello marrón aplastado por su sombrero.
Inclinándose exageradamente sobre mi mano, me sonrió.
—Entonces tú eres la chica que atrapó a Eddie.
—No, yo la atrapé —interrumpió Edward antes que yo pudiera contestar.
—Hola, vaquero —dije, y él me guiñó el ojo.
Por supuesto.
La llegada de Embry fue más tranquila, y su mirada fría me sometió a un atento escrutinio que me puso nerviosa. De ninguna manera él lucía como alguien que guiñaba el ojo. Él era alto y delgado como un modelo, como la mujer dulce y de aspecto tímido a su lado.
—¿Entonces trabajas para Edward? —preguntó con confusión.
—Ella trabaja conmigo —contestó firmemente Edward, atrayendo la mirada de Embry hacia él. Los dos hombres se estudiaron silenciosamente, y entonces Embry asintió.
—De acuerdo —dijo—. Estoy seguro que es complicado.
—Embry —dijo Esme en un tono de madre.
—Solo intento tener los hechos —comentó y se encogió de hombros.
—Juntando información para un caso, ¿no? —preguntó Paul mientras le daba unas palmadas en la espalda a Embry lo suficientemente fuerte para hacerlo tambalearse un paso adelante. Con una sonrisa, Embry llevó su codo hacia el vientre de Paul.
—Siguiendo mi naturaleza —contestó mientras Paul se inclinaba hacia adelante sin aliento.
—Sí, trabajamos con el otro —dijo Edward, su tono tranquilo, sus manos cálidas en mis hombros—. Los directores ejecutivos están al tanto de esto, y lo han aceptado, así que espero que ustedes también lo hagan.
Embry se pasó una mano por su cabello rubio oscuro con un gesto suave.
—Es interesante, eso es todo.
—No fue planeado, créeme —le dije, mi mirada brevemente observando a todos. Sabía que esto era digno de ser tenido en cuenta, pero también quería que ellos supieran que estaba completamente en esto—. Estoy consciente de las complicaciones sobre salir con alguien con el que trabajas, pero decidí que Edward valía el riesgo. Lo hemos discutido más de una vez.
Giré ligeramente para encontrarme con la mirada de Edward.
—No nos molesta que tengan preguntas —admití mientras sostenía su mirada, y vi su rostro relajarse.
Hubo una pausa, y entonces Paul habló.
—¿Alguna vez se besaron sobre el dispensador de agua?
Embry se atragantó con una carcajada, y Edward suavemente golpeó la parte trasera de la cabeza de Paul.
—El dispensador de agua es muy alto —dije, siguiéndole la corriente—. Dudo que pudiéramos hacerlo. No, mayormente elegimos el armario de suministros. Edward es un vicepresidente, así que tenemos que proteger su reputación.
La boca de Paul se abrió y sus ojos grises se iluminaron como velas.
—Me gusta —nos dijo.
Escucharlo me hizo iluminarpor dentro como una vela. Aunque la mirada de Embry seguía siendo evaluativa, él también lucía un poco más amigable. Pero estaba bien—me gustaba que fueran sobreprotectores con Edward, que parecieran querer conocerme.
—Te amo —susurró Edward, sus labios cerca de mi oído.
Enrojeciendo bajo la mirada de todos, pero tratando de que no me importara, giré la cabeza para besar su mejilla, y Paul comenzó a cantar.
«At last, my love has come along,
My lonely days are over.»
En la última línea, todos menos Embry y su invitada estaban cantando juntos de manera cursi.
—¡Y la vida es como una canción!
No era para nada cómo había imaginado que iría mi primer encuentro con la familia elegida de Edward. La vida era extraña.
Acción de Gracias en la casa de los Evanson era como un despliegue de Bon Appétit hecho realidad con todos los platos coloridos y la variedad de comida. Había dos tipos de papas, dos tipos de aderezos, y todas las otras comidas usuales de una festividad—ciertamente suficiente para alimentar a una pequeña tropa. O cuatro hombres adultos con apetitos grandes, que fueron reprendidos para que esperaran a dar las gracias antes de comenzar. Después que Carlisle hiciera los honores, todos nos turnamos para decir por lo que estábamos agradecidos en nuestra vida.
Esme, con ojos llorosos, estuvo agradecida de que todos sus hijos estuvieran allí, mientras que Carlisle fue más allá, hablando sobre amigos y familia, y lo importante que era apreciar a aquellos que elegiste para que estuvieran en tu vida.
Cuando fue el turno de Edward, él buscó mi mano.
—Estoy agradecido por el perdón, —dijo cariñosamente, mirándome profundamente a los ojos, haciendo que mi corazón diera un vuelco.
—Y estoy agradecida por las segundas oportunidades —mascullé en respuesta, atrapada en su mirada devota, el suave sonrojo en sus mejillas, la curva de su boca que se agrandaba... él fue todo lo que vi.
—Estoy agradecido por el pavo y el puré de papas —dijo Paul, sacándonos de nuestra burbuja.
Provocó un pequeño argumento amigable entre los tres jóvenes sobre la insensibilidad y la muestra de cariño vergonzosa, algo que hizo que Esme sacudiera la cabeza, y que Carlisle comentara sobre lo bien que ellos juegan juntos. Los dos obviamente estaban acostumbrados a las voces exageradamente altas y las risas burlonas. Habiendo crecido como hija única, donde Acción de Gracias involucraba cenar frente al televisor mirando un partido de fútbol, al principio estuve asombrada, y entonces encantada. Dudaba que la cena en la casa de los Evanson alguna vez fuera a ser silenciosa o aburrida.
Más tarde, las tareas de limpieza fueron asignadas a los hombres, quienes gruñeron y bromearon sobre quién iba a repartir las sobras, y quién iba a fregar los platos.
Claire, la invitada de Embry, nos siguió a Esme y a mí hacia el sofá en forma de U cerca de las ventanas. Excepto por una carcajada sobresaltante que se parecía a un roznido de burro, Claire se había mantenido mayormente en silencio. La había pillado mirando con anhelo a Embry más de una vez, y me preguntaba cuánto tiempo pasaría antes que Embry admitiera que ella era más que una amiga.
—Se acostumbrarán a nosotros —dijo Esme mientras Carlisle se ubicaba frente al fregadero. Aparentemente, él había perdido el argumento—. No es frecuente que podamos reunir a los chicos, pero cuando lo hacemos, ellos compensan por el tiempo perdido.
—Creo que es maravilloso —respondí suavemente, preguntándome cómo le estaba yendo a papá en la casa de Sue Clearwater.
Él había estado saliendo con ella por años. Ella era la mujer perfecta para él—sabía cómo destripar, limpiar y cocinar el pescado que él atrapaba, y sabía cómo ser constante y devota sin molestar. Esperaba que ellos se casaran algún día.
—¿Vienes de una familia pequeña? —preguntó Esme, mientras Claire se disculpaba para usar el baño.
Me estiré en busca de mi copa de vino en la mesa ratona.
—Soy hija única de padres que también son hijos únicos. Perdí a mi madre en la secundaria, así que solo somos mi papá y yo.
Ella me sonrió amablemente mientras doblaba una de sus piernas por debajo de ella.
—¿Deben ser cercanos entonces?
—No tanto como me gustaría. No le he contado sobre Edward aún —admití, encogiéndome de hombros vergonzosamente—. Todo lo que sabe es que estoy trabajando para alguien que solía odiar en la secundaria. No estoy segura de cómo sacar el tema. Mi... relación con Edward sucedió tan repentinamente, en las últimas semanas. Él y yo no nos estuvimos... volviendo a relacionar en el último año.
Sus cejas se alzaron.
—Ah. ¿Y por cuánto tiempo has estado con la compañía?
Hice la cuenta en mi cabeza desde abril, cuando comencé, hasta ahora.
—Solo han pasado siete meses.
Emocionalmente, parecía mucho más que eso.
Había comenzado en el puesto furiosa y cerrada, entonces pasé por una larga y complicada temporada con Edward. Había habido una incómoda discusión después del enfrentamiento de karaoke, mi reconocimiento aterrador de que comenzaba a gustarme, el incómodo encuentro en Bar Allegro cuando creía que si encontraba a alguien a quien follar me lo quitaría de la mente... y los malditos sentimientos confusos de atracción después de saber que él estaba tras de mí. Entonces, estuvo el vergonzoso malentendido sobre Riley cuando casi lloré frente a él en su oficina. Y justo cuando creía que había aceptado todo después de quebrarme esa vez en el estudio de yoga, Edward me movió el piso al ignorarme. Mi mundo había sido alterado. Eso me hizo enfrentarlo furiosamente, lo cual llevó a nuestras conversaciones emocionales, cuando aprendí que él no era quién creía que era en absoluto. Sorprendente y repentinamente, mi vida había pasado de blanco y negro a tecnicolor. Las aceras de concreto gris por las que una vez había caminado se habían vuelto amarillas y me llevaban directo a Oz, donde había caído a los pies del mago. Él me había puesto de pie, y eso fue todo, me había enamorado de inmediato.
Solo pensar en todo ello me hizo sacudir la cabeza.
—Sucede de esa forma a veces. Tan inesperadamente rápido que te quedas sin aliento después —masculló Esme, una mirada lejana en sus ojos—. Fue así con Carlisle. Nos conocimos bajo circunstancias un poco dramáticas. Un conductor ebrio en una camioneta chocó contra mi Volkswagen Beetle. Me dejó atrapada contra la puerta y el volante.
Jadeé ante la emoción que evocó sus palabras, incapaz de evitar imaginar a mi madre estando atrapada en su coche.
—Estaba muy herida y entrando en pánico, y entonces Carlisle estaba allí —decía Esme—. Él vio todo. Él... tuvo una facilidad para calmarme. Él estaba estudiando para convertirse en pediatra en ese momento, así que tenía experiencia médica.
Su cabeza se inclinó, y estudió los contenidos de su copa de vino antes de volver a levantar la mirada con una suave sonrisa.
—Él se quedó conmigo hasta que llegaron los bomberos. Entonces, me visitó en el hospital. Le dijo al personal que era su hermana. Mamá estaba encantada con él, pero no menos que yo. Cuando fui dada de alta, ya sabía que lo amaba.
—Eso es dramático —mencioné débilmente, y entonces me aclaré la garganta.
La frente de Esme se arrugó, y entonces me miró intensamente.
—¿Qué pasa?
Con un suspiro, agaché la cabeza brevemente.
—Mi madre murió en un accidente automovilístico. Escuchar sobre el tuyo me hizo recordarlo.
Su mano cálida tocó mi rodilla.
—Oh, lo siento mucho, Bella.
—No, estoy bien —insistí—. Me gustó saber cómo tú y Carlisle se conocieron. Me hace apreciar mi propio romance relámpago con Edward. Quizás no estamos tan locos después de todo.
Ambas observamos a Edward al otro extremo del cuarto mientras aceptaba un plato que chorreaba agua de Embry, y entonces lo colocó en el estante del lavavajillas. Podía verlos a los dos charlando en voz baja mientras trabajaban.
—Definitivamente no los llamaría locos a ninguno de los dos —observó Esme.
Me mordí el labio nerviosamente, y entonces fui a por ello.
—¿No crees que es... extraño que me haya enamorado de él? Quiero decir, ¿considerando mi pasado con él?
Sus ojos eran abiertamente amables mientras me observaba.
—No es extraño en absoluto cuando consideras que Edward pasó de un adolescente abusado, herido, y traumatizado a alguien cariñoso, amable y compasivo. Le ha dado una sensación certera de comprensión y empatía que no tendría contigo si no hubiera pasado. No podrías estar con él si no fuera por eso —dijo con una nota de orgullo en su voz, y asentí, porque era verdad. Había sentido la prueba de ello más de una vez.
—A los dos se les dio una inesperada oportunidad que no muchas personas consiguen, la oportunidad de hablar de su historia pasada, de debatirlo todo, de compartir su ira. Sabes de primera mano lo que han atravesado los dos, y has visto lo lejos que ambos han llegado.
Y allí vinieron las lágrimas mientras recordaba la vulnerabilidad, las verdades dolorosas, el poder agridulce de esa noche de nuevo. Viéndolo todo, Esme me dio una mirada cómplice y continuó.
—Creo que los dos comprenden todo lo que cada uno ha tenido que superar de una manera que nadie más lo hará. Han sido honestos con el otro. Y, obviamente, los dos son buenos comunicándose. Es un don maravilloso, Bella.
—No fue fácil al principio —admití, sintiendo un pinchazo de culpa que la mayoría de nuestros malentendidos habían sido debido a mi furia imparable.
—Oh, a menudo no lo es —dijo—. Es algo que tienes que aprender, y con el que tienes que seguir trabajando. Pero, estoy muy orgullosa de los dos. Cada uno ha sido capaz de separar los adolescentes que solían ser de los adultos que son hoy. Eso requiere de fuerza, valor, y comprensión por el otro. A mí me parece que es una base jodidamente sólida para una relación.
Me sequé los ojos mientras ella se inclinaba hacia adelante, como si fuera a confiarme algo.
—Sin mencionar que mi Edward es muy fácil de agradar —susurré con un guiño.
—Lo es —estuve de acuerdo, notando que él miraba en nuestra dirección con una expresión de preocupación en su rostro. Negué con la cabeza y sonreí.
—Más tarde —le articuleé.
Antes de que algo más pudiera ser dicho, Claire regresó, y Esme nos llevó a una conversación relajada que nos ayudó a aprender sobre la otra. Ella nos hizo preguntas tontas sobre nuestros pasos de baile favoritos, qué cosas teníamos junto a nuestra cama, y si teníamos algún talento secreto. Cuando los hombres se nos unieron luego, Claire estaba explicando entusiasmadamente por qué le encantaría vivir en el mundo de Harry Potter.
Cuando todos nos despedimos unas horas más tarde, sentí la necesidad de abrazar a Esme y a Carlisle. Ellos eran personas hermosas; eran buenos para Edward. Ellos eran sus padres.
La muerte de Anthony podría haber salvado la vida de Edward, pero estaba segura de que ellos le habían ayudado a darle sentido.
~PJE~
Más tarde esa noche, deslicé las yemas de mis dedos a lo largo de la espalda desnuda de Edward en la cama. Los dos estábamos desnudos, nuestras extremidades enredadas, su aliento haciendo cosquillas mi pecho. Y me preguntaba si debía preguntarle por qué Carlisle y Esme no lo habían adoptado; porque era obvio que ellos lo amaban como a un hijo. Que él los amaba como si fueran sus padres.
—¿Puedo... hacerte una pregunta personal? —mascullé, levantando una de mi manos para enredar mis dedos en la sedosidad de su cabello.
¿Puedo hacerte una pregunta que podría herirte?
Su risa fue profunda y graciosa, y entonces me miró con una expresión cariñosa en su rostro. Cuando habló, la caricia en su voz hizo que los dedos de mis pies se retorcieran.
—Siempre puedes preguntarme lo que quieras, Ojos de Tigre.
Gentilmente bajé su cabeza de nuevo contra mí. Él tarareó mientras comenzaba a pasar mis dedos por su cabello.
—Investigué algo el otro día —comencé tentativamente—. Me preguntaba... si era posible que un adulto fuera adoptado. Y aprendí que una vez que una persona cumple dieciocho años... todo lo que él necesita es dar su consentimiento.
Me mordí el labio y cerré los ojos fuertemente cuando el brazo sobre mi vientre se tensó.
—Y te preguntas por qué Carlisle y Esme no me han adoptado —dijo directamente.
Exhalé, aliviada de que él hubiera contestado.
—Sí. Es decir, si no te molesta compartirlo —susurré, esperando que no fuera un tema delicado. Solo en caso que lo fuera, presioné un suave beso sobre su cabeza.
—No es porque no lo hayan preguntado. Lo han hecho, más de una vez.
Oh, oh.
Sus dedos se tensaron y se aflojaron alrededor de mi cintura, y seguí jugando con su cabello de manera reconfortante. Finalmente, él volvió a hablar, en un tono suave y nostálgico que hizo que mi garganta se cerrara.
—Sé que es una mentira que mi inconsciente me dice, pero no me he sentido digno de ser su hijo. He aprendido a perdonarme a mí mismo por lo que te hice, pero aparentemente, no puedo superar las razones por las que mis padres fueron de la manera que fueron con nosotros. Parte de mí no puede evitar esperar que, algún día, se despertarán y se darán cuenta que perder dos hijos es demasiado.
Dolía escuchar sus palabras. Después de todo lo que había vivido con sus padres horripilantes, parte de él aún quería su amor y aceptación.
No llores. Tienes que ser fuerte por él.
—Como no lo han hecho, me hace sentir menos que digno. Desearía que no fuera verdad, pero me ha estado afectando. —Tragó fuerte—. Si mis propios padres no me aman, ¿quién puede hacerlo?
Llevé su rostro hacia el mío y vi que sus ojos estaban oscuros con tristeza.
—Yo —dije intensamente—. Yo te amo. Porque cada milímetro de ti es digno de ser amado, Edward. Y sabes que soy una persona dura de pelar. ¿Crees que le daría mi corazón a cualquiera?
Con los ojos cerrados, su boca se curvó en una pequeña sonrisa torcida.
—Tú eres la razón por la que soy jodidamente feliz ahora mismo —dije con un tono forzado en mi voz—. Eres la razón por la que mi corazón se acelera, por la que me quedo sin aliento, por la que despierto sonriendo. Tú eres la razón por la que ya no odio o temo quién era y quién soy.
Por favor, escúchame.
—¿Quién fue que me obligó a enfrentar mis miedos? ¿Quién me consoló mientras lloraba y liberaba toda esa ira? ¿Quién volvió a juntar mis pedazos cuando me desmoroné? Ciertamente no fue un chico normal. Soy quién soy ahora mismo por ti. Porque viste más allá de mi odio y mi ira. Y eso te hace muy, muy jodidamente encantador.
Sujetando su mentón, lo jalé hacia mí y besé su frente. Sus mejillas. Sus labios carnosos.
—¿Jodidamente encantador? —Sonrió.
—Jodidamente encantador. No te atrevas a pensar que no lo eres.
Volvió a bajar su cabeza con un suspiro pesado, intensificó su agarre a mi alrededor, y curvó su cuerpo más cerca del mío. Intensificando mi propio agarre, deseaba desesperadamente que la fuerza de mi amor pudiera atravesar los poros de su alma y sanar su corazón.
—Ellos no te merecen —susurré apasionadamente, pasando mis dedos por las finas mechas de su cabello.
Edward estuvo callado por un largo momento después de mi observación.
—Sigo esperando que mi padre se ponga en contacto conmigo, que pregunte por qué no he gastado el dinero con el que siempre solía amenazarme —dijo finalmente—. Él solía pensar que mi herencia era todo lo que me importaba, así que él tiene que preguntarse... por qué sigue allí, intacto.
—Él debería saber. —Jalé suavemente su cabello—. Es el mejor vete al diablo.
Imaginé a un hombre con nariz aguileña, frunciendo el ceño mientras estudiaba el resumen de una cuenta bancaria intacta. Esperaba que sintiera un tipo especial de desesperación cada vez que lo viera, cada vez que se diera cuenta una y otra vez que Edward no lo necesitaba. No lo quería. Esperaba que sus tripas se retorcieran.
—Dejé que pagara la universidad, mi hospedaje, pero después de eso, jamás acepté un centavo —dijo Edward con un suspiro tembloroso contra mi pecho—. Pero él nunca lo mencionó. Jamás preguntó por qué no toqué mi herencia.
Su voz sonaba perdida. Confundida.
—Por lo que me has contado, él era excesivamente consciente del dinero. Que tú no lo seas, probablemente lo confunda y lo haga enfadar. Él ya no tiene poder sobre ti, así que no sabe cómo hablarte —deduje.
Edward se encogió de hombros un poco, y sabía que el pequeño niño en él aún esperaba algo de su padre. Me mataba.
—Después de la universidad... tuve un grosero despertar. Estaba en bancarrota y viviendo en un basurero demasiado cerca de Riverdale, teniendo que trabajar como camarero porque no podía encontrar un buen trabajo, incluso con mi título. Esme y Carlisle seguían pidiéndome que me mudara con ellos, solo hasta que pudiera ponerme de pie de nuevo, pero estaba determinado a lograrlo solo. Incluso entonces, estaba casi al punto del quiebre. Demasiado cerca de tocar el dinero —admitió, su cuerpo tensándose—. Sin embargo, se hubiera sentido como si estuviera traicionando a Anthony si lo tomaba, así que me resistí. Pero Dios, dolió, saber que estaba allí y podría haberme ayudado.
Presioné mi boca contra su oreja, incapaz de comprender completamente lo dura que su vida había sido. En su posición, hubiera sentido el mismo empuje, y quién sabía si hubiera sido lo suficientemente fuerte para resistirlo.
—Fue cuando estuve en mi peor momento que conocí a Colin. Él solía venir al Starbucks donde trabajaba los fines de semana, y hablábamos sobre los Chicago Bulls y cómo temíamos que fueran a perder la temporada. Él solía enfadarse al respecto, porque estaba seguro que el nuevo entrenador cambiaría las cosas... y simplemente no pasaba —dijo con una oscura diversión en su voz.
—Tenía veintidós en ese momento, cada vez más frustrado de que no pudiera encontrar un trabajo en mi campo escogido. Todos los puestos para los que me entrevistaba querían alguien con experiencia, pero si ni siquiera podía ser contratado, jamás conseguiría alguna experiencia. —Él negó con la cabeza contra mi pecho, y deslicé la yema de mi pulgar sobre una de sus gruesas cejas.
—Y un día hice un comentario de pasada sobre cómo quizás las redes sociales podrían ayudar a mejorar la confianza en los jugadores de los Bulls, y así, su desempeño, y fue entonces que supe que Colin era dueño de una firma de mercadotecnia. Dos semanas después, comencé como uno de sus gerentes de cuenta junior.
—Vaya, hablando de una feliz coincidencia —comenté.
Edward se apoyó sobre sus codos, apartando mi mano lejos de su cabello. La dejé caer sobre la curva musculosa de su hombro, y él giró para besar el interior sensible de mi brazo.
—Desde ese momento, supe que podía sobrevivir solo. Sabía que nunca le pediría algo a mi padre de nuevo. Fue un gran alivio. Sin mencionar una validación personal.
Sus palabras eran fuertes, pero sus ojos brillaban con lágrimas.
—Pero aún me come por dentro que él nunca... Quiero decir, el dinero era lo único que le ha importado.
—Y ahora es todo lo que él tiene —dije, sosteniendo su rostro en mis manos—. Es un premio consuelo pobre junto a lo que eres. Se está perdiendo de conocerte, Edward. Conocer el hombre increíble en el que te has convertido. Los dos están perdiéndose lo mejor de ti.
Él puso una cara triste y se encogió de hombros de nuevo.
—Solo vas a tener que tomar mi palabra, cariño —dije simplemente, mis pulgares acariciando sus mejillas—. Sé quién eres ahora mismo mucho mejor que alguno de tus padres biológicos. Así como Esme y Carlisle.
Su boca se estiró en la sonrisa que él reservaba solo para mí.
—Te amo —me dijo con un tono urgente—. Sabes eso, ¿cierto?
—Con todo mi corazón —contesté, quedándome sin aliento ante la mirada intensa en su rostro—. Así como yo te amo.
Y cuando agachó la cabeza hacia mí, puse todo ese amor en mi beso.
«At last, my love has come along, my lonely days are over.» Versos de la canción de Ella Fitzgerald y Joe Pass, At Last.
Traducción: "Al fin, mi amor ha llegado. Mis días de soledad han acabado".
