72. SUPERADA

La Intención importa. La Intención reina. No puede hacerse lo que pretendo yo por casualidad. Es necesario proponérselo. Esta parece ser una ley con mucho mayor rango del que le habíamos supuesto jamás.

De El Ritmo de la Guerra, notas finales

Echo estaba sentada sin hacer ruido en la celda que era su biblioteca, esperando. Transcurrieron horas. Pidió comida y se la llevaron, pero ni el guardia ni la Profunda que la vigilaban respondieron cuando les hizo preguntas. Así que Echo esperó. Demasiado nerviosa para estudiar. Demasiado atenazada por las náuseas para atreverse a intentar hablar con el Hermano. Después de todas las garantías y promesas que le había hecho, al final Echo se había demostrado indigna de su confianza. Rabeniel llegó por fin, vestida con un sencillo atuendo de pantalones, blusa y chaleco thayleño. Ya había mencionado que encontraba fascinantes sus diseños. Había elegido una ropa que por tradición era masculina, pero era muy probable que no le importara la distinción. La Dama de los Deseos contempló a Echo desde el umbral y luego hizo marcharse a los guardias. Echo apretó los dientes, se levantó e hizo una inclinación. Estaba herida, superada y derrotada.

Pero no podía permitir que la ira y la humillación la dominaran.

Necesitaba obtener información.

—No has insistido en tratar de contactar conmigo —dijo Rabeniel—. Supongo que has comprendido lo que ocurría.

—¿Cuánto tiempo llevabais escuchando mis conversaciones con el Hermano, antigua? —preguntó Echo.

—Desde siempre —dijo Rabeniel—. Cuando no podía oírlas yo, ponía a otro Fusionado a hacerlo.

Echo cerró los ojos. «Yo les he revelado el secreto del tercer nodo. Se lo he sonsacado al Hermano, cumpliendo a rajatabla el plan del enemigo.»

—No deberías fustigarte demasiado —dijo Rabeniel—. La verdadera culpa recae en el Hermano. Siempre fue muy inocente. E inconsciente de su propia ingenuidad. Cuando toqué la columna, supe que el Hermano no dormía, pero fingía haber muerto. Así que le seguí el juego y escuché. No podía saber si esa decisión daría frutos, pero para eso se nutren nueve semillas y se presta atención a la que empieza a crecer.

—El Hermano me dijo… —repuso Echo—. Me dijo que no podríamos competir con vos en astucia.

—Sí, lo oí —dijo Rabeniel—. Me preocupó que hubierais descubierto mi vigilancia. Parecía una frase pronunciada demasiado a propósito para distraerme.

—¿Cómo? —preguntó Echo, abriendo los ojos—. ¿Cómo lo hicisteis, antigua? Sin duda el Hermano lo sabría si sus comunicaciones pudieran ser inseguras.

Rabeniel canturreó a un ritmo y luego fue a la mesa y dio un golpecito en las pilas de notas de Echo.

—Estudia. Encuentra respuestas sobre la luz para las dos, Echo. Deja de intentar combatirme y ayúdame a acabar con esta guerra. Ese ha sido siempre tu propósito aquí.

Echo sintió que una náusea le revolvía las entrañas. Ya había vomitado una vez, asqueada por lo que había hecho. Por lo que habían costado sus actos al Hermano. En esa ocasión lo contuvo y, mientras Rabeniel se marchaba, logró hacerle una pregunta más.

—Raven —dijo—. La Corredora del Viento. ¿La habéis matado, antigua?

—No la he matado —respondió ella—. Aunque sí le he hecho un buen corte. Ya te habrás dado cuenta de que logró destruir el nodo, dado que el escudo sigue alzado. Sin embargo, cuando han visto a la Corredora del Viento huyendo de la torre más de media hora después, su herida no había sanado, lo que me lleva a pensar que la transformación del Hermano está casi completada. Eso volverá los poderes de tu Corredora del Viento bastante poco de fiar. Considero improbable que haya sobrevivido después de salir corriendo a la tormenta.

—¿A la tormenta? —preguntó Echo.

—Sí. Es una pena. Quizá el Hermano pueda decirte si está muerta o no. En caso afirmativo, me gustaría mucho estudiar su cadáver.

Rabeniel se fue. Echo se impuso a las náuseas para escribir, y luego quemar, una plegaria de protección para Raven. Era todo lo que podía hacer. Al terminar, descansó la cabeza en la mesa para pensar en el profundo alcance de su fracaso.

FIN

Tercera parte