96. MIL MENTIRAS

Os lo digo; lo escribo. Debéis liberar a la Deshecha cautiva. Ella no se desvanecerá como yo. Si la dejáis como está, permanecerá apresada por toda la eternidad.

Rlain la encontró llorando.

Venli podía contar con los dedos las veces que recordaba haber llorado. No solo armonizar a Duelo, sino sollozar de verdad. Ese día no podía evitarlo. Se había arrodillado en el recinto separado de la enfermería, al lado del extenso mapa de las Llanuras Quebradas que Rlain había robado. Estaba sola. Lirin y Hesina habían salido a la sala principal para atender a los pacientes. Una nota escrita en el mapa ya insinuaba lo que Rabeniel le había dicho: había un grupo de nómadas en las colinas. Su pueblo.

Habían sobrevivido.

Venli se volvió hacia Rlain, que, sorprendido, estaba canturreando a Asombro por haberla encontrado así.

—No somos los últimos —susurró Venli—. Están vivos, Rlain. Miles de ellos.

—¿Quiénes? —Rlain también se arrodilló—. ¿De qué estás hablando?

Venli se secó los ojos; no quería que sus lágrimas destruyeran aquel mapa tan glorioso. Pasó a Rlain la nota que le había dado Rabeniel, pero claro, él no sabía leer. Así que se la leyó ella en voz alta.

—¿Entonces…? —preguntó él, armonizando de nuevo a Asombro—. ¿Miles?

—Fue Thude —dijo Venli—. Rechazó la forma tormenta. Lo mismo hicieron la mayoría de los amigos de Eshonai. Yo… por aquel entonces no pensaba… y los habría hecho matar, pero Eshonai los separó y dejó que escaparan. Una parte de ella luchaba, así que les dio una oportunidad y… y entonces…

Tormentas, estaba hecha un desastre. Se secó los ojos otra vez.

—¿Cómo que los habrías hecho matar? —preguntó Rlain—. Venli, no te entiendo. ¿Qué es lo que no me estás contando?

—Todo —susurró ella a Súplica—. Mil mentiras, Rlain.

—Venli —dijo él, cogiéndole la mano—. Raven está despierta. Marcus también. Tenemos un plan. El principio de un plan, al menos. Venía para explicárselo a Lirin y Hesina. Vamos a intentar despertar a los Radiantes, pero necesitamos sacar a esos forma tormenta de la enfermería. Si sabes algo que pudiera ayudarnos, este sería buen momento para hablar.

—¿Ayudar? —susurró Venli—. Nada que yo haga ayuda. Solo duele.

Rlain canturreó a Confusión. Con un suave empujón de Timbre, Venli empezó a hablar. Inició el relato con la extraña mujer humana que le había dado la esfera, y llegó hasta cuando Thude y los demás se marcharon. No ocultó su papel en la historia. No la desbastó con el Ritmo del Consuelo. Se la dio en crudo. La historia completa, terrible. Mientras Venli hablaba, él fue apartándose más y más de ella. Su expresión cambió, sus ojos cada vez más abiertos, sus ritmos pasando de lo impactado a lo furioso. Como Venli podría haber esperado. Como Venli quería. Cuando terminó, se quedaron en silencio.

—Eres un monstruo —dijo él por fin—. Tú hiciste esto. Eres la responsable.

Ella canturreó a Consuelo.

—Supongo —dijo Rlain— que el enemigo habría encontrado otra forma de hacerlo sin tu ayuda. Pero eso da igual, Venli. Tú… o sea…

—Necesito encontrarlos —decidió ella, enrollando el mapa—. Hay transferencias diarias a Kholinar. Rabeniel me ha relevado del servicio aquí y me ha dado un escrito que me permite procurarme todo lo que necesite. Debería poder conseguir un puesto en el próximo traslado y, desde allí, unirme a alguna exploración de los Celestiales en las Llanuras Quebradas.

—Y si lo haces, llevarás al enemigo hasta nuestro pueblo —dijo Rlain—. Venli, es evidente que Rabeniel quiere que hagas eso. Sabe que vas a salir corriendo hacia ellos. Estás cayendo en lo que sea que planee.

Venli ya lo había pensado. Pero no estaba precisamente en su estado más racional.

—Algo tengo que hacer, Rlain —susurró—. Tengo que verlos con mis propios ojos, aunque me toque ir a pie hasta allí.

—Estoy de acuerdo en que deberíamos ir con ellos tan pronto como sea razonable —dijo Rlain. Miró hacia las cortinas de sábana y bajó la voz—. Pero ahora no es el momento. Tenemos que salvar a los Radiantes.

—¿De verdad quieres que esté presente cuando lo hagáis, Rlain? ¿De verdad me quieres cerca?

Rlain calló y empezó a canturrear a Traición.

—Es lo inteligente —dijo ella.

—No te quiero cerca ni ahora mismo, Venli —dijo él—. Pero a la tormenta conmigo, te necesitamos. Y creo que eres de fiar. Me has contado todo esto, a fin de cuentas. ¿Y quién sabe cuánto de lo que hiciste estaba influido por tus formas o por esos vacíospren?

»De momento, centrémonos en salvar a los Radiantes. Si de verdad lamentas lo que hiciste, esta es la mejor manera de demostrarlo. Después de eso, podemos buscar a nuestra gente sin llevar a los Fusionados hasta ellos.

Venli apartó la mirada y canturreó también a Traición.

—No. Esta no es mi lucha, Rlain. Nunca lo ha sido. Tengo que ir a ver si este mapa dice la verdad. Tengo que hacerlo.

—Muy bien —dijo él con brusquedad. Se levantó para marcharse, pero se detuvo—. ¿Sabes? Todos esos meses que estuve haciendo carreras de puentes, y luego entrenando con Rav y los demás, me lo preguntaba. En el fondo me preguntaba si era un traidor. Ahora me doy cuenta de que no tenía ni las primeras notas para comprender lo que significaba ser un traidor.

Salió entre las sábanas. Venli metió el mapa de las Llanuras Quebradas en su funda sin hacer ruido y se la puso bajo el brazo.

Era hora de marcharse.

Encontró a Dul y a Mazish cuidando de los Radiantes caídos.

Venli los apartó a un lado y susurró:

—Ha llegado el momento. ¿Estamos preparados para irnos?

—Por fin —dijo Dul a Emoción—. Hemos sisado raciones, cantimploras de agua, mantas y algo de ropa del material asignado para cuidar de los Radiantes. Harel lo tiene todo preparado en macutos, escondidos entre el resto del material del almacén que nos asignaron.

—La gente está lista —añadió Mazish—. Ansiosa. Creemos que podremos sobrevivir al frío aquí arriba durante meses.

—Necesitaremos esas provisiones —dijo Venli—, pero puede que no tengamos que sobrevivir en las montañas. Mirad. —Les enseñó el mandato de autoridad que Rabeniel le había entregado—. Con esto podemos cruzar las Puertas Juradas sin que nadie nos haga preguntas.

—Tal vez —respondió Dul a Apreciación—. Si vamos a Kholinar, ¿qué hacemos después? Estaríamos en el mismo sitio donde empezamos.

—Cogemos las provisiones y usamos este escrito para salir de la ciudad —explicó Venli—. Caminamos y desaparecemos en las tierras salvajes al este de Kholinar, como hicieron mis antepasados hace muchas generaciones.

«Y llegamos a las Llanuras Quebradas», pensó. Pero… eso llevaría demasiado tiempo. ¿Había alguna forma de que Venli se adelantara para explorar, con ayuda de los Celestiales? ¿Podría pedir que la dejaran más cerca de las Montañas Irreclamadas sin revelar lo que estaba buscando de verdad?

Parecía mucho que pedir a aquellas letras escritas. Además, Rabeniel sabía de la existencia de oyentes que habían sobrevivido. Sin duda acabaría diciéndoselo a los demás Fusionados. De momento, a Venli le daba igual.

—Reunid a los demás —susurró—. Los humanos intentarán rescatar a estos Radiantes muy pronto. La confusión debería bastar para encubrir nuestra huida. Quiero que estemos listos para marcharnos en un par de días como mucho.

Los otros dos armonizaron a Resolución. Confiaban en ella. Más de lo que confiaba ella misma. Venli dudaba que hallara la redención entre los oyentes que habían huido de los Fusionados. De hecho, esperaba sus acusaciones, su condena. Pero… aun así, Venli tenía que intentar llegar hasta ellos. Porque al escapar, se habían llevado a su madre. Jaxlim podría estar muerta y, si no, su mente estaría ida de todos modos con la edad. Pero también era la última persona, la única persona, que quizá todavía pudiera querer a Venli a pesar de todo.