Capítulo 6

POV Fate

El lunes por la mañana, Nanoha me miró como si yo tuviera dos cabezas.

- ¿Qué vamos a hacer qué? –suspiré, doblé el periódico y lo dejé en la encimera.

- No quiero parecer demasiado ansiosa, así que le dije a Clyde que teníamos algo que hacer esta mañana, él supuso que se trataba de la licencia matrimonial y yo no lo corregí.

Cogió los platos y los llevó al fregadero. Debía admitir que era una cocinera estupenda. No recordaba la última vez que había desayunado en casa sin que la comida hubiera salido de una caja. El día anterior, Nanoha salió con su coche a hacer unos "recados" y cuando regresó, tuvimos que bajar dos veces para subir todo lo que había comprado en el supermercado. En aquel momento pensé que estaba loca, pero empezaba a cambiar de opinión. La cena de la noche anterior fue pollo preparado de una forma deliciosa y los huevos revueltos que había hecho para desayunar eran espectaculares. Igual que el café. Aprobaba de corazón la compra de la nueva cafetera.

Se dejó caer contra el fregadero y se frotó la cara.

- Vale que le permitas creerlo, pero no tenemos por qué hacerlo. –negué con la cabeza.

- No. Vamos a hacerlo. Quiero que quede rastro documental. No tenemos por qué casarnos, pero sí vamos a sacar la licencia.

- Fate… –cogí el cheque que había dejado en la mesa.

- Considéralo un intercambio justo por la donación. –enarqué una ceja sin dejar de mirarla– Por la generosa donación. –tuvo el detalle de parecer avergonzada.

- Ya te he dicho que no sabía lo que se considera "generoso" en tu mundo. Cuando Lindy empezó a hablar del tema, una de las otras mujeres sacó las uñas y soltó que ella no consideraría generosa una cantidad menor a mil dólares. –se encogió de hombros– Antes de darme cuenta de lo que pasaba, me escuché diciendo que tú habías donado cinco mil. Eso la dejó muerta.

- Me lo imagino. Y no pasa nada. Salvo que ahora me debes una, así que vamos a sacar una licencia matrimonial para nuestro matrimonio ficticio. –vació su taza de café en el fregadero.

- De acuerdo. Voy a arreglarme.

Pasó a mi lado con un gesto airado y, como despertó en mí el deseo de verla furiosa, la agarré por la muñeca y la senté en mi regazo. Ella jadeó e intentó zafarse, pero yo me reí de su vano esfuerzo.

- ¿Quieres que vaya a frotarte la espalda?

- ¡No!

- Haré otra donación.

Me dio un codazo en las costillas, algo que consiguió que la soltara, y se puso en pie trastabillando.

- Fate, ¡ten cuidado o te llevo conmigo a la protectora y les digo que te castren!

Me eché a reír por lo indignada que parecía y dejé que se marchara refunfuñando. No supe por qué su enfado me hacía tanta gracia, pero así era.

Clyde me estrechó la mano y me invitó a tomar asiento a su mesa de juntas privada. Su despacho, al igual que el resto de las oficinas, exudaba riqueza, pero sin ostentación. Los muebles eran de la mejor calidad, las obras de arte respetables y elegantes. En las estanterías que cubrían las paredes, se alineaban más premios y versiones en pequeño de las campañas ganadoras. La necesidad de que una de mis campañas acabara expuesta en ese lugar me quemaba por dentro. Esperamos hasta que su asistente nos llevó el café y se marchó, cerrando la puerta al salir. Clyde me sonrió y cogió una galleta del plato.

- Según me han dicho, éstas no están tan buenas como las de tu Nanoha, pero sírvete.

- Me temo que me han malcriado. Las suyas están riquísimas. –masticó y tragó, tras lo cual se limpió la boca.

- Espero que lo de esta mañana haya sido un éxito. –me di unos golpecitos en el bolsillo y traté de parecer orgullosa.

- El papeleo ya está hecho. La licencia estará lista dentro de tres días. –reí entre dientes– Ahora solo tengo que convencer a Nanoha de que se fugue conmigo a Las Vegas para hacerlo oficial. –Clyde frunció el ceño mientras bebía un sorbo de café.

- Perdóname por lo que voy a decir, pero no creo que tu Nanoha sea de las que se fugan.

Bebí un sorbo de café para ganar tiempo. No tenía ni la menor idea de lo que pensaba Nanoha al respecto, pero tampoco podía decírselo. Decidí ir por el lado más tímido de su carácter.

- No queremos una boda grande. Lo haremos algún día de forma íntima. Nanoha es una firme defensora de que todo quede entre nosotras.

- ¿No tiene familia, solo su tía?

- Exacto.

- Lindy me dijo que está en una residencia de ancianos, ¿verdad? –asentí con la cabeza.

- Es muy mayor y no está bien. Nanoha la visita a menudo.

- Ah, qué lástima. –miró hacia la ventana situada detrás de mí– Lindy y Hayate se han quedado prendadas de tu chica.

No supe qué decir. En realidad, no quería hablar de Nanoha, pero parecía que no me quedaba alternativa.

- Suele pasar. –su sonrisa se ensanchó.

- Entiendo por qué. Es encantadora.

- Lo es.

Cambió de tema y golpeó la carpeta que tenía delante.

- He compartido con el equipo tu idea sobre la campaña publicitaria.

- ¿Y?

- Están de acuerdo conmigo. Creen que es genial. –incliné la cabeza, contenta con el halago.

- Me alegro.

Clyde se relajó en su asiento y me miró fijamente. Presentí que me estaba juzgando por última vez. Enfrenté su mirada a la espera de que dijera algo.

- Me ha costado años de mucho trabajo y dedicación levantar esta empresa. El trabajo que hacemos significa algo. –asentí con la cabeza en silencio.

- Es raro que contratemos a alguien de fuera del entorno, Fate. Los que no forman parte de mi familia llevan con nosotros mucho tiempo. Se convierten en parte de la familia. Aquí en TSAB Group cuidamos mucho la familia.

- Es un concepto único, Clyde. La mayoría de los empresarios no trata a sus empleados como lo haces tú. Admito que no tengo experiencia al respecto.

- Lo sé. Debo admitir que recelé al oír tu nombre, Fate… eh… tu reputación te precede. –tuve el detalle de parecer avergonzada.

- No puedo cambiar el pasado, Clyde, pero sí puedo asegurarte de que ahora quiero algo distinto. –me incliné hacia delante, con gesto serio y decidido– Quiero trabajar aquí. Quiero demostrarte que encajo en este lugar. Dame una oportunidad. Déjame demostrarte lo que puedo aportar a la empresa.

- Aquí trabajamos en equipo. Celebramos los éxitos y aceptamos las derrotas como equipo.

- Lo sé. Estoy deseando ver esa filosofía en acción. Formar parte de algo. No que solo se espere de mí que aporte dinero y mantenga la boca cerrada.

- ¿Cuándo cambiaste de opinión, Fate? ¿Fue Nanoha quien te hizo desear algo distinto?

- Sí. –respondí sin titubear– Ella fue mi catalizador. Ahora quiero algo más. –eso, al menos, era cierto.

Clyde se frotó la barbilla con los dedos.

- Creo que tienes mucho talento y que puedes proporcionarnos una nueva perspectiva de la que nosotros carecemos. Sigo teniendo mis dudas, pero Lindy no para de hacer campaña a tu favor desde que te conoció. –eso me sorprendió.

- Ah, ¿sí?

- Cree que una mujer tan maravillosa como Nanoha solo podría enamorarse de una mujer con gran generosidad. Y cree que tú eres esa mujer. Ha visto algo en ti.

No supe qué decir. No recordaba que alguien hubiera visto alguna vez "algo" en mí.

Deslizó la carpeta hacia mí.

- Quiero hacerte una oferta, Fate. Quiero que te lleves esto, que lo estudies y que vengas a verme el viernes por la mañana.

- ¿No quieres que lo vea ahora?

- No. Quiero que lo estudies a fondo, que leas bien todas las cláusulas y que sopeses si esto es lo que quieres de verdad. Si estás de acuerdo, lo firmaremos el viernes y podrás empezar el lunes.

- Puedo empezar hoy. –Clyde se acarició la barbilla mientras reía.

- Me encanta tu entusiasmo. El problema es que quiero estar aquí durante tus primeros días en la empresa, pero ahora mismo tengo que irme con Lindy. Lleva una temporada un poco tristona, de modo que nos vamos unos días a su lugar de vacaciones preferido para que descanse y se relaje. Volveremos el jueves por la noche, así que nos veremos el viernes por la mañana.

- Lo siento.

- No pasa nada. Necesita unos días tranquilos. Es lo que hacemos por las mujeres que amamos, ¿o no?

- Por supuesto. –extendió un brazo para hacer un gesto con el que abarcó la estancia.

- Esta es mi empresa y la adoro, Fate, pero Lindy es mi vida. Asegúrate de tener clara la diferencia. Nanoha seguirá a tu lado mucho después de que tu carrera profesional haya acabado. Asegúrate de estar muy atenta a sus necesidades. –estaba tan pasmada que solo acerté a mirarlo en silencio. Clyde se puso en pie– Estúdialo, anota lo que quieras comentar y nos vemos el viernes. Pasa unos días con tu preciosa prometida y, después, espero que podamos empezar una nueva y emocionante aventura juntos. ¿De acuerdo? –le estreché la mano.

- De acuerdo.

Abrí la puerta y fruncí el ceño al escuchar unas voces femeninas. Era obvio que Nanoha tenía una visita que yo no conocía. Agucé el oído y cuando la mujer rió, supe quién era. Hayate estaba de visita. "Interesante". Extendí el brazo hacia atrás, abrí de nuevo la puerta y la cerré con fuerza.

- ¡Nanoha! ¿Dónde estás, cariño? ¡Ven a felicitar a esta mujer con un beso! –grité con una sonrisa burlona.

Apareció por la esquina del pasillo con expresión sorprendida.

- ¿Fate? –caminé hacia ella al tiempo que extendía los brazos en cruz– Ven aquí.

Corrió hacia mí y la rodeé con los brazos, tras lo cual la alcé en volandas y empecé a dar vueltas con ella. Nanoha se echó a reír por la inesperada reacción y antes de que pudiera decir algo la dejé en el suelo, le tomé la cara entre las manos y cubrí sus labios con los míos. Una extraña calidez me inundó el pecho (sin duda debida a la gratitud por seguirme el juego) mientras ella me colocaba una mano en la nuca para acercarme más. Soltó un pequeño gemido cuando mi lengua rozó la suya, y no pude contener el gemido que brotó de mi garganta. Besarla no era un mal añadido. Alguien carraspeó detrás de mí y el sonido me arrancó una sonrisa. Fingí estar sorprendida mientras me alejaba de Nanoha.

- ¿Tenemos compañía? –pregunté, a sabiendas de que Hayate podía oírnos.

- Sí.

- Pediría disculpas, pero no me arrepiento. Estaba demasiado emocionada, cariño. –le acaricié el pómulo con el dedo– Estaba deseando llegar a casa para contártelo.

Nanoha me miró a la cara con aspecto de una prometida enamorada y expectante.

- Hayate-chan está aquí. –susurró. Me volví con una sonrisa.

- Hola, Hayate. –ella me miró con una sonrisa burlona.

- Siento interrumpir el momento. Si quieren, me marcho. –le pasé un brazo a Nanoha por la espalda y la pegué a mí.

- No, no pasa nada. Solo estaba…

- Emocionada. –concluyó ella por mí– ¿La emoción tiene algo que ver con la reunión que has mantenido con mi padre? –sonreí al tiempo que asentía con la cabeza.

- Necesito repasar los documentos y hablar con mi prometida, pero creo que vamos a trabajar juntas.

Hayate aplaudió mientras sonreía de oreja a oreja, mirándonos. No encontré otra forma de describirlo: su sonrisa era tan radiante como la luz del amanecer.

- Me alegro muchísimo.

- Yo también. –Nanoha se puso de puntillas para acariciarme la mejilla e instarme a inclinar la cabeza– Estoy orgullosa de ti. –afirmó, y me besó con delicadeza en los labios.

Hasta yo me lo tragué. Hayate se echó a reír.

- Me voy ahora mismo. Creo que necesitan estar solas.

- No hace falta que te marches –insistí.

- No, no pasa nada –se puso el abrigo– Quería darle a Nanoha-chan unas cuantas revistas de decoración. Mencionó que, ahora que tiene tiempo, quería añadir unos toques a este lugar. –echó un vistazo a su alrededor al tiempo que hacía una mueca– Fate, en serio, deberías haberle dicho que lo hiciera antes. Está claro que es un apartamento algo frío, sin vida.

Miré a mí alrededor. ¿Lo era? A mí me parecía estupendo.

- Que haga lo que le apetezca. Ya se lo he dicho. –esperaba que mis palabras parecieran sinceras.

- Estupendo. Echa un vistazo a las revistas, Nanoha-chan, y después iremos de compras. –soltó una risilla– A lo mejor las demás también te inspiran.

Nanoha se ruborizó, una reacción que despertó mi curiosidad. ¿Por qué se avergonzaba por unas revistas? Hayate se marchó entre besos y carcajadas. Nanoha y yo nos quedamos mirándonos la una a la otra.

- ¿Quieres café?

- Me vendría fenomenal.

La seguí hasta la cocina y me senté en la esquina de la encimera. Con gesto distraído cogí el montón de revistas para ojear las portadas. Me detuve al llegar a las dos últimas. Eran muy gruesas, de portadas brillantes y su nombre estaba bien visible: La boda perfecta. Miré de reojo a Nanoha. Su reacción cobraba sentido.

- ¿Hay algo que quieras decirme?

- Me preguntó por nuestros planes. Le dije que no habíamos decidido nada con lo que teníamos encima. Y pensó que eso podía ayudarnos.

Bebí un sorbo de la humeante taza que me ofreció y suspiré, agradecida. Preparaba un café fantástico.

- Clyde también me ha preguntado por nuestros planes.

- ¿Qué vamos a hacer? No van a dejar de preguntar. Bastante he tenido con lo de solicitar una licencia de matrimonio para una boda que no va a celebrarse. No pienso empezar a planear una boda ficticia. –me froté la cara con las manos.

- Lo sé. Esto no lo había previsto.

- ¿A qué te refieres con "esto"?

- Clyde me cae bien de verdad. Quiero trabajar con él. Lograr que se sienta orgulloso de mí. No sé por qué, pero conseguirlo es importante para mí. –Nanoha me observó un momento.

- ¿Qué estás insinuando?

- Creí que sería más sencillo. –confesé– Que lo verías de vez en cuando y ya está. No había previsto que su hija y tu trabaríais una amistad… ni que su mujer iba a adorarte. –empujé las revistas, haciendo que las de arriba se cayeran del montón– No esperaba que fueran a formar parte de mi vida fuera de la oficina.

- ¿Y?

- Y creo que este acuerdo tendrá que prolongarse algo más de lo que esperaba. Tres meses se van a quedar muy cortos.

Acarició la brillante portada de una de las revistas, siguiendo el borde de una estantería.

- ¿Cuánto?

- ¿Qué te parece si establecemos un mínimo de seis meses, con opción a prolongarlo otros seis meses? –abrió la boca, pasmada– Escúchame. –cerró la boca y asintió con la cabeza– Clyde ha admitido que tiene sus dudas. He leído los documentos por encima en el coche. La oferta es buena, salvo por el periodo de prueba inicial de cinco meses. Creo que va a estar vigilándome. Si te marchas antes de que pasen cinco meses, o justo después, levantará muchas sospechas.

- ¿Crees que seis meses son la solución?

- Tal vez, pero creo que necesitaré más tiempo. Necesito saber que vas a quedarte.

Nanoha guardó silencio y no enfrentó mi mirada. Sentí que el pánico amenazaba con atenazarme el pecho. No podía hacerlo sin ella. Me embargó el deseo de echarme a reír por la ironía de la situación. Me había pasado meses tratando de librarme de ella y, en este momento, la necesitaba como jamás lo habría imaginado. Estaba claro que el karma era un desgraciado.

- Redactaremos de nuevo las condiciones –le ofrecí con los dientes apretados. Por fin me miró.

- Las condiciones están bien como están. No voy a pedirte más dinero.

- ¿Accedes a quedarte?

- Por un año.

- De acuerdo. Creo que ese plazo está bien. En un año, Clyde podrá ver lo que puedo ofrecerle. Ya no estará tan preocupado con mi vida privada. –tamborileé con los dedos la fría encimera de granito– Tengo que pedirte otro favor.

- ¿Cuál?

- Me gustaría dejarlo todo cubierto. Asegurarme de que no hay resquicio alguno que genere dudas.

- No te entiendo.

La miré un instante en silencio y, después, pronuncié unas palabras que jamás había imaginado que saldrían de mi boca.

- ¿Quieres casarte conmigo, Nanoha?

Se había quedado muda. Sus labios se movían, pero no articuló palabra alguna. Después, hizo una cosa rarísima. Se echó a reír. A mandíbula batiente. Se cubrió la boca con la mano, pero no pudo silenciar las carcajadas que seguían brotando de su garganta. Hasta el punto de que acabó llorando de risa. Era un sonido que no le había oído antes, y si bien debía reconocer que su risa era única, no me hacía ni pizca de gracia el motivo de su hilaridad. Me eché hacia atrás y crucé los brazos por delante del pecho.

- El asunto no tiene gracia, señorita Takamachi.

Supuse que al oír cómo me refería a ella con tanta formalidad conseguiría cortar de raíz la histeria, porque eso era lo que debía de ser. Sin embargo, el único efecto que pareció tener sobre ella fue redoblar sus carcajadas. Golpeé la encimera de granito con la mano.

- ¡Nanoha!

Se dejó caer sobre la encimera mientras se secaba los ojos. Me miró y empezó de nuevo. Más carcajadas. Me puse en pie y eché a andar hacia ella, sin saber qué iba a hacer cuando llegara. ¿La zarandearía? ¿Le daría una bofetada? La cogí de los brazos y, sin pensar en lo que hacía, pegué mi boca a la suya, silenciando el ataque de locura. Una extraña calidez me subió por la columna cuando la pegué a mi cuerpo y la besé. Empleé toda la frustración que me provocaba para castigarla y obligarla a callarse. El problema era que no parecía un castigo. Más bien parecía un placer. Un placer ardiente y arrollador. Me aparté con un gemido, con la respiración acelerada.

- ¿Has terminado ya? –mascullé.

Ella me miró fijamente, por fin en silencio, antes de asentir con la cabeza.

- A riesgo de que empieces a reírte de nuevo, Nanoha, ¿te casarás conmigo?

- No. –la zarandeé un poco.

- Dijiste que lo harías si era necesario.

Suspiró y volvió a sorprenderme. Me tomó la cara entre las manos y me acarició la piel con los dedos.

- ¿Te ha dicho alguien alguna vez que eres muy impetuosa, corazón?

- La espontaneidad siempre me ha venido bien.

- Yo lo llamaría impulsividad, pero tú llámalo como quieras si eso te permite dormir bien por la noche.

- ¿Por qué no quieres casarte?

- Fate, piénsalo. Si tu instinto no falla y Clyde tiene sus sospechas y nos casamos ahora mismo, lo único que conseguirás es que sospeche todavía más, no menos.

Clavé la mirada en sus ojos lavanda mientras mi cerebro asimilaba esas palabras. Retrocedí un paso, y sus manos me soltaron la cara, cuando comprendí que tenía razón.

- En fin… mierda.

- Tengo razón y lo sabes.

Detestaba admitirlo, pero desde luego que tenía su punto de razón.

- Sí, la tienes.

- Perdona, ¿qué has dicho? –se burló.

- No te pases.

Sonrió y se me pasó por la cabeza que ya no me tenía miedo. No sabía muy bien si era algo bueno o malo.

- Vamos a tener que buscar una solución, Nanoha. –se apartó de la encimera y me rodeó.

- En ese caso, lo hablaremos más adelante. –recogió las revistas y se las metió debajo del brazo– Tengo lectura pendiente. Voy a buscar ideas para mi dormitorio. –hizo ademan de alejarse, pero extendí una mano para impedírselo.

- Ya que estás en ello, llama a los de mantenimiento. A la puerta del mío le pasa algo. –titubeó y puso los ojos como platos.

- ¿Oh? –cogí una manzana del frutero y la froté con gesto distraído contra la camisa.

- Nunca la cierro bien, porque siempre está abierta de par en par cuando me levanto por la mañana. No sé qué le pasa. Que la arreglen.

- Oh… esto… ah…

Fruncí el ceño. Estaba como un tomate, no era el rubor habitual que le teñía las mejillas. El pecho y el cuello también los tenía rojos, y la cara se le había puesto casi púrpura.

- ¿Qué pasa?

- Tu puerta no está rota. –soltó de repente, muy deprisa.

- ¿Cómo lo sabes?

- Porque la abro yo. –en ese momento, fui yo quien se quedó de piedra.

- ¿Y para qué lo haces?

- Es que… esto es muy silencioso.

- No te entiendo. –se acercó un poco y empezó a juguetear con los bordes de las revistas.

- La primera noche que pasé aquí, no podía conciliar el sueño. Donde vivía antes… siempre había mucho ruido, de sirenas, de personas, de coches o de cualquier otra cosa. Aquí estaba todo tan en silencio que daba un poco de miedo. Pasé por delante de tu puerta y te oí… esto… te oí roncar. –entrecerré los ojos.

- Tengo el tabique nasal desviado. No ronco… es un resoplido.

- Si abro tu puerta y dejo la mía entreabierta, te puedo oír mientras… esto… mientras emites ese resoplido, y así sé que no estoy sola. En… en fin, es reconfortante.

No supe cómo responder a semejante confesión. ¿Yo era reconfortante?

- En ese caso, da igual.

- No volveré a hacerlo. –agité una mano.

- Da igual. No me importa.

Se dio media vuelta y se marchó, y yo me quedé mirando su espalda. No me había dicho que no la besara, aunque tampoco había hecho referencia al beso. En cambio, había confesado que se sentía nerviosa y que, sin yo saberlo, la había ayudado a dormir. También me había indicado el fallo que había en la idea de casarnos de inmediato. Nos habíamos hecho un favor. Estábamos en paz. Aun así, esa noche, después de apagar la luz, abrí la puerta de mi dormitorio para ahorrarle el viaje. Solo faltaba que se pusiera de mal humor si no podía dormir.

Al día siguiente, repasé con cuidado la documentación. La oferta era buena. Los beneficios, generosos. Lo único que me mosqueaba era el período de prueba de cinco meses. Tres meses era lo normal, y no podía deshacerme de la sensación de que había algo más detrás de esa cláusula. Me levanté y empecé a dar vueltas por la estancia antes de detenerme junto a la ventana para admirar la ciudad a mis pies. Me gustaba este sitio. Me gustaba que fuera una ciudad bulliciosa, pero con fácil acceso a la naturaleza y a los espacios abiertos. Me gustaba poder subir a un avión sin problemas y me gustaba estar cerca del agua. El por qué se me escapaba, pero me gustaba. Unos golpecitos en la puerta interrumpieron el hilo de mis pensamientos y volví la cabeza. Nanoha estaba en la puerta, con una taza de café en las manos.

- He pensado que te apetecería. –acepté la taza y bebí un sorbo.

- Gracias.

- ¿Has repasado la oferta? –me senté y le indiqué que hiciera lo mismo.

- Sí.

- No pareces contenta.

- No, está bien. Una base salarial generosa, con un montón de gratificaciones y comisiones por productividad, los beneficios habituales… Está todo ahí.

- Pero…

- El período de prueba me mosquea.

- ¿Por qué es más largo de lo habitual?

- Creo que… No estoy segura de que esté convencido. –admití– Incluso lo ha reconocido. –Nanoha suspiró.

- ¿Qué quieres hacer? –le dirigí una mirada elocuente– ¿Estás segura de que te vigila? ¿Crees que te contrataría si creyera que estás tramando algo? No parece esa clase de hombre.

- Es verdad, pero el instinto me dice que tengo, que tenemos, que avanzar. –tomé una honda bocanada de aire– Dime tus condiciones, Nanoha. Ahora mismo tienes mi futuro en tus manos.

Me observó en silencio un momento. Esperé a oír lo que tenía que decirme. La astronómica cantidad de dinero y las exigencias que pondría sobre la mesa. Podría permitírmelo, pero la curiosidad me picaba. Recorrió con la yema del dedo uno de los dibujos de mi escritorio sin decir una sola palabra. Al final, fui incapaz de aguantar más.

- Suéltalo.

- Si accedo a casarme contigo… –dijo– ¿querrás un mínimo de un año?

- Sí. Tal vez dieciocho meses. –al ver que ponía los ojos como platos, añadí a toda prisa– Dos años como máximo.

- Dos años… –murmuró.

- Puede que no dure tanto. Solo quiero dejar las cosas claras.

- ¿Con un mínimo de un año?

- Sí. –se echó el pelo hacia atrás y adoptó una expresión terca.

- Quiero ciertas cosas. –puse los ojos en blanco.

- No me sorprende. Me tienes contra la pared, Nanoha. Sabes que ahora mismo llevas las de ganar. Pon las cartas sobre la mesa.

- Quiero hacer unos cuantos cambios aquí.

- ¿Cambios?

- En el salón, en mi dormitorio. Añadir algo de color, texturas suaves. Que parezca más hogareño. –asentí con la cabeza.

- De acuerdo. Haz lo que quieras con el apartamento… Pero nada rosa. Odio el maldito rosa. ¿Qué más?

- Una mesa en el espacio vacío de la cocina estaría bien.

- Compra una.

- ¿Puedo comprar un sartén de gofres? Siempre he querido una.

Parpadeé. ¿Quería una maldita sartén para gofres? ¿Eso era lo que quería?

- Déjate de ridiculeces. ¿Qué quieres de verdad para acceder? ¿Un extra? ¿Una casa para cuando nos separemos? –frunció el ceño.

- Ya te dije que no quería más dinero. Tus… esto… tus condiciones me parecen bien.

- Quieres algo. Estás nerviosa y no eres capaz de estarte quieta. Suéltalo.

- Quiero lo mismo que la primera vez. Nada de infidelidades.

Solté un largo suspiro. Sabía lo que quería: mi celibato.

Apoyé la barbilla en los dedos y la miré. Era una contradicción. Todas las mujeres a las que conocía me habrían pedido una enorme cantidad de dinero. Una casa. Joyas. Ese tipo de cosas que me habría resultado muy sencillo dar. Ella quería algo sin valor monetario, pero que implicaba un enorme sacrificio para mí. Me pregunté qué sentiría si las tornas se volvieran.

- Yo te exigiré lo mismo. –la vi alzar la barbilla.

- Sin problemas.

- ¿No vas a echar de menos el sexo durante dos años? –el rubor le tiñó las mejillas, sin embargo, no apartó la mirada.

- No se puede echar de menos algo que nunca se ha tenido, Fate.

La sorpresa me dejó sin habla. No me había esperado esa confesión tan sincera.

- Ah. –fue lo único que conseguí decir con voz ronca.

- ¿Podrás hacerlo? –preguntó con tono incisivo– No soporto la infidelidad.

Me puse de pie y luego me senté en el borde del escritorio, delante de ella.

- ¿Estás segura de que no prefieres una casa bonita? ¿Tal vez una gran suma de dinero para que no tengas que preocuparte nunca más por volver a trabajar para una cretina como yo?

- No. –suspiré.

- ¿No te puedo dar otra cosa a cambio?

- No. –cedí. No me quedaba alternativa.

- Con dos condiciones.

- ¿Cuáles?

- Nos casaremos este fin de semana, después de que firme el contrato con Clyde. Le diré que nos emocionamos tanto celebrándolo que nos casamos. Se lo tragará.

- ¿Y la segunda? –la miré con una sonrisa ufana.

- Estaremos casadas, Nanoha. Legalmente. Quiero saber si estarías dispuesta a… esto… expandir nuestros límites en algún momento de nuestra relación. –puso los ojos como platos.

- Dijiste que no querías acostarte conmigo.

- Dos años es mucho tiempo para alguien como yo.

- Tienes dos manos. –ese comentario tan franco me arrancó una carcajada.

- Algo por lo que estoy muy agradecida. No te estoy diciendo que debamos acordarlo ahora. Te estoy preguntando si podríamos hablarlo. –maticé y le guiñé un ojo– En caso de que surja la necesidad.

- No te resulto atractiva. ¡Ni siquiera te caigo bien! ¿Por qué ibas a querer acostarte conmigo?

- Ya te he dicho que creo que te he prejuzgado. Me caes bien. Me haces reír. En cuanto a lo de que no te encontraba atractiva, te repito que me equivoqué. Estás muy hermosa cuando no llevas harapos ni te peinas como abuela. –puso los ojos en blanco.

- Gracias. Sigue con los halagos y no podré responsabilizarme de mis actos cuando te tenga cerca. –sonreí.

- No sería tan espantoso, por cierto. Soy una mujer guapa, me manejo bien en la cama y puedo asegurarme de que te lo pases bien.

- ¡Vaya! Me cuesta creer que sea la única a la que has convencido para casarse contigo. Haces que suene tan maravilloso y tan romántico…

Me eché a reír. Me gustaba cómo discutía conmigo de vez en cuando.

- ¿Accedes a mis condiciones? –apretó los labios.

- Si tú accedes a las mías.

- En ese caso, señorita Takamachi, supongo que nos casaremos el sábado.

- ¿El sábado?

- Mañana tendremos la licencia. Firmaré el contrato el viernes… Todo viene rodado. Iremos al ayuntamiento, pronunciaremos los votos, nos haremos un par de fotos y se acabó.

- La boda de mis sueños. –masculló ella con un deje sarcástico.

Me encogí de hombros.

- Ponte un vestido bonito. Te he comprado un montón.

- En fin, con semejante proposición… ¿cómo negarme? –le tendí la mano.

- Es un placer hacer negocios contigo.

Con gesto titubeante, aceptó la mano que le ofrecía. Jadeó cuando le di un tirón y la abracé, tras lo cual pegué la boca a su oreja.

- Te garantizo mucho placer, Nanoha. Recuérdalo.

La solté, me senté de nuevo en el escritorio y me eché a reír mientras ella se marchaba a toda prisa. Al menos, los siguientes dos años no serían un completo aburrimiento. Teniendo en cuenta lo que había confesado… podrían ser la mar de interesantes.


Love novels: Me alegro de que te esté gustando. Aquí traigo tres nuevos capítulos. Espero los sigas disfrutando :)