100. VIGILANTES EN EL PERÍMETRO

Los humanos son armas. Nosotros los cantores reverenciamos la Pasión, ¿no es así? ¿Cómo podemos entonces desechar tan excelente canalización de ella?

Meditaciones de El, en el primero de los Diez Días Finales

Raven despertó de sopetón, lista para pelear.

Forcejeó y se le aceleró el corazón al descubrir que tenía las manos atadas. ¿Por qué? ¿Qué estaba pasando? Gruñó, revolviéndose en la oscuridad, y…

Y empezó a recordar.

Se había atado las manos ella misma a propósito para no atizar un puñetazo a quien la despertara, como había ocurrido el día anterior con Macallan. Respiró a bocanadas, combatiendo el terror acurrucada contra la pared. Raven se dijo que las visiones eran solo pesadillas, pero aun así quería arañarse el cráneo. Excavar en él y sacar todos los pensamientos terribles, la abrumadora oscuridad. Tormentas.

Estaba… estaba…

Qué cansada estaba.

Al rato logró tranquilizarse lo suficiente para soltarse las manos.

Buscó por la cámara negra, pero no vio nada. No habían dejado ninguna luz. Marcus roncaba con suavidad.

Todo iba bien. Raven estaba… estaba bien…

Palpó su estera buscando la cantimplora que había dejado allí al acostarse. ¿Qué la había despertado? Recordaba… una canción.

Una canción distante.

Encontró la cantimplora, pero entonces vio una luz en la pared.

Tan débil que casi no se veía ni en la oscuridad. Titubeante, Raven se secó el sudor de la frente, extendió el brazo y tocó el granate.

Una voz, queda hasta ser casi inaudible, habló en su mente.

ayuda… por favor…

Tormentas. El spren de la torre sonaba endeble.

—¿Qué ocurre? ¿Han encontrado el último nodo?

Sí… en… la maqueta…

¿La maqueta? Raven frunció el ceño y entonces recordó el enorme modelo de la torre que había en la enfermería. ¿Estaba justo allí? ¿Cerca de los Radiantes?

Hay otra cosa… mucho… muchísimo… peor…

—¿Cómo? —preguntó Raven—. ¿Qué podría ser peor?

Pronto… matarán… a todos los Radiantes…

—¿Los Radiantes? —dijo Raven—. ¿Los cautivos?

por favor… envíame… a Rlain…

La voz se desvaneció a la vez que la luz. Raven respiró hondo, temblando. ¿Podía hacer aquello otra vez? Sacó una esfera y despertó a Marcus.

El otro hombre del puente asió a Raven por el brazo en acto reflejo. No tenía mucha fuerza. Dijera lo que dijese, su tiempo en coma lo había debilitado.

«Tengo que luchar —pensó Raven—. Soy la única que puede.»

—¿Qué pasa? —preguntó Marcus.

—Ocurre algo —dijo Raven—. El spren de la torre me ha despertado y dice que han localizado el último nodo. Según el Hermano, los Radiantes corren peligro, y me ha pedido que envíe a Rlain. Creo que se refería a que lo envíe con Echo, como habíamos planeado. Parece que nos obligan a actuar. Tenemos que intentar rescatar a los Radiantes.

Marcus asintió y gimió al incorporarse.

—No pareces sorprendido —dijo Raven.

—No lo estoy —respondió Marcus, poniéndose de pie con esfuerzo—. Esto se veía venir, chavala, hiciéramos lo que hiciéramos. Lo siento. No parece que tengamos tiempo para hacerlo a la manera de tu padre.

—Vigilantes en el perímetro —dijo Raven en voz baja—. Tendremos que movernos deprisa. Tú ten a Madi preparada para colarse hasta los Radiantes y que empiece a despertarlos. Yo montaré jaleo fuera para sacar a los guardias y distraer al Perseguidor. Pero si los guardias no salen, tendréis que neutralizarlos.

—De acuerdo. Me parece bien.

Marcus señaló hacia un lado, donde había algo plegado en el suelo.

Uniformes del Puente Cuatro. Raven había pedido a Macallan que les llevara mudas de ropa, ¿y eso era lo que había encontrado?

Mientras empezaban a vestirse regresó Macallan, frenético. Fue derecho hasta Raven y le cogió el brazo.

—¿El spren de la torre también ha hablado contigo? —preguntó Raven.

Macallan asintió.

—Sonaba muy débil.

—¿Sabes dónde está Rlain?

—Voy ahora con él —respondió Macallan—. Tercera planta. Ha pasado algo con Venli que lo tiene muy alterado. No ha querido hablar en la enfermería.

—Dile que el plan se pone en marcha —dijo Raven—. Alguien tiene que informar a la reina. ¿Crees que vosotros dos podréis llegar a ella?

—Rlain cree que puede —dijo Macallan—. Yo iré con él. La gente no me hace caso.

—Vete, pues —lo urgió Raven—. Decidle a la reina lo que vamos a hacer y que tendremos que sacar a los Radiantes. Luego vosotros dos escondeos en esta sala y no montéis ninguna tormenta. Escaparemos con los Radiantes, recogeremos a Bellamy y volveremos a por vosotros.

Macallan se estrujó las manos, pero asintió.

—Puente Cuatro —susurró.

—Puente Cuatro —dijo Raven—. No quiero dejaros solos a los dos, Macallan, pero tenemos que actuar ya y necesito que contactéis con la reina. Además… el Hermano ha dicho algo. No sé qué de enviarle a Rlain.

—A mí también me lo ha dicho —respondió Macallan.

Hizo el saludo, que Raven le devolvió, y se marchó a la carrera.

—Si algo se tuerce —dijo Raven a Marcus mientras seguía poniéndose el uniforme—, sal por esa ventana.

Habían practicado el truco de Raven de infundir objetos y sus botas para descender por las paredes. En caso de emergencia, quizá alguien tendría que saltar por la ventana y confiar en que recuperaría sus poderes antes de estrellarse contra el suelo, pero solo como ultimísimo recurso. El plan actual consistía en que los Corredores del Viento descendieran por la pared exterior, cada uno con otro Radiante sujeto a su espalda con correas. Distaba mucho de ser un plan perfecto, pero era mejor que permitir que los Fusionados asesinaran a los Radiantes estando en coma.

—Aunque solo puedas salir tú —dijo Raven—, hazlo. Ni se te ocurra quedarte y resistir a la desesperada. Llévate a tu spren y busca a Bellamy.

—¿Y tú? —repuso Marcus—. Me seguirás, ¿verdad?

Raven vaciló.

—Si yo huyo, tú huyes —dijo Marcus—. Escucha, ¿qué pasó las últimas dos veces que descubrieron un nodo?

—Que el Perseguidor estaba allí esperándome —reconoció Raven.

—Y volverá a estar —dijo Marcus—. Esto es una trampa, así de sencillo. Lo que el enemigo no sabe es que nos da igual el nodo. Estamos intentando liberar a los Radiantes. Así que distráelo un poco, sí, pero luego corre y deja que hagan lo que quieran con el tormentoso fabrial.

—Podría intentarlo.

—Hazme un juramento, chavala. En esta torre ya no podemos hacer nada más. Tenemos que pedir ayuda a Bellamy. Yo iré hacia allá con tantos Radiantes como pueda rescatar. Me cubres las espaldas, ¿verdad?

—Siempre —dijo Raven, asintiendo—. Lo juro. Saca a todos los Radiantes que puedas y huye. Cuando lo hayas hecho, te seguiré.