La chica inútil


Capítulo 2: Sushiro


Ella mira el reloj que trae en la muñeca derecha. Pequeña y blanca, se ve tan frágil como una rama seca. Le parece preocupada y antes de hacerse una idea de lo que debe pasear por su mente se lo pregunta.

—¿Tienes prisa?

—Aún estoy a tiempo de tomar el último vuelo para volver a casa. Por favor, no se lo tome a mal…

Kasumi responde y luego se inclina para rendirle una reverencia. Arruga el rostro pidiendo perdón, con tanto esmero que Satoru se ve obligado a detenerla. Él se ríe, su risa suave la detiene e incluso la hace sonreír mientras ambos caminan en dirección al pequeño auto negro que los espera a las afueras del hospital.

—Será en otra ocasión —le responde sin más remedio.

El velo negro sobre el edificio se deshace tan lentamente como se formó. Pero la sonrisa de Satoru se deshace tras ver el oscuro cielo oculto por el velo. Ni una estrella se deja ver, todo el cielo esta cubierto de una espesa nube negra. Él mira más allá, aunque lo puede sentir en sus huesos. La humedad del ambiente es palpable, aunque hasta este momento no le había prestado demasiada atención.

—No es que tenga la intención de arruinar tus planes —le dice, su rostro inclinado aún hacia el firmamento.

Kasumi imita su posición, curiosa sobre aquello que ha capturado su atención. Un parpadeo después escucha la onda de choque viajando por el cielo, seguido por el repiqueteo eléctrico surcando las nubes.

Cuando las primeras gotas caen la boca de Kasumi se curva en un gimoteo.

—No puede ser… —murmura—, hay que ser optimistas —parece responderse a sí misma—, tal vez sea sólo una nube pasajera.

Como una protesta suena un segundo trueno y un par de relámpagos más pintan el firmamento. Satoru se sonríe, Kasumi no tienen la misma idea sobre lo que implica este optimismo.

—Parece que tendrás que aceptar mi oferta después de todo. ¿Qué te apetece más? ¿Bistec? ¿Sushi?

—¿Bistec? —interrumpe el muchacho que ha estado esperándolos bajo un paraguas junto al auto, rápidamente corre hacia Kasumi y la cubre—. Me muero de hambre, ¿iremos a algún sitio?

—¿Y tú como dijiste que te llamabas?

—Uh… Tetsuo, señor —responde y vuelve a rendirle una reverencia como si esta fuera la primera vez que se ven—. Tetsuo Yoshida.

—Yo preferiría ir al aeropuerto de inmediato…

—No hay caso —contesta Satoru y levanta la pantalla de su celular—. Se cancelaron todos los vuelos en Matsumoto.

Kasumi suspira, derrotada.

—Entonces, ¿bistec o sushi?

Diez minutos después los tres están deambulando bajo la lluvia dentro del Sedan cortesía de la escuela de hechicería. La lluvia torrencial baña por completo las calles. Satoru se ha encargado de encontrar un restaurante de sushi con cinta transportadora no muy lejos de su ubicación. 'Sushiro', el pequeño restaurante de paredes pintadas de amarillo parece un lugar hospitalario, con al menos 6 cubículos.

De un lado de la mesa se sientan Kasumi y Tatsuo, lo que deja mucho espacio a Satoru para estirar sus piernas frente a ellos. Pero mientras Tatsuo no puede disimular la emoción que le produce sentarse a comer con nada más y nada menos que Gojo Satoru, Kasumi está distraída, repartiendo sus tiempos entre mirar por la ventana con el rostro deprimido y enviar mensajes desde su celular.

—Propongo una regla para la cena —dice Satoru mientras mira los platos paseando sobre la cinta transportadora—. No celulares hasta terminar de comer.

Kasumi levanta la vista, su rostro no es bueno para ocultar sus emociones, sus mejillas responden más rápido que sus labios, así como lo hacen sus expresivos ojos azules.

—¡Lo siento! ¡Discúlpeme! —dice y agacha la cabeza.

—Oye, oye, no es para tanto.

—Kasumi-san debe estar preocupada por sus hermanos —dice Tatsuo con una sonrisa.

—Ustedes dos se llevan muy bien, ¿están saliendo?

Tatsuo tampoco es bueno en el arte de camuflar emociones. Está tan rojo que podía freír un trozo de carne sobre su frente y tal vez un huevo en una mejilla. Niega con tal vehemencia que sirve como afirmación para Satoru, el muchacho está a los pies de la muchacha que tiene sentada a su lado y que parece no darse cuenta, pero aún no se ha confesado. O esa es la lectura apresurada que puede hacer Satoru quien elige reírse suavemente y estira su brazo para darle una palmada a Tatsuo.

—Tranquilo, Tatsuo-chan. No hay nada de qué avergonzarse.

—¡Pero es que yo no!

—¡La comida está aquí! —anuncia Satoru con un aplauso entusiasta, retira su plato de la cinta y le alcanza el suyo a Kasumi que es quien está más lejos.

Tatsuo tiene muchas dificultades para sacarse de encima la pena que le han dado las indiscretas declaraciones del sensei, se ha quedado callado con el rostro prendido en llamas y los labios pegados entre sí.

Cuando están listos para dar su primer bocado una muchacha se acerca a ellos. Les rinde una reverencia mientras se disculpa por su interrupción y procede a hablar con la voz entrecortada.

—Disculpen mi interrupción —dice, el flequillo ocultándole la mitad del rostro—.Ustedes son… los chamanes que se encargaron de la… la maldición… del hospital, ¿verdad?

—Huh… el uniforme nos vendió, ¿cierto?

Ella asiente.

—El gerente quisiera ofrecerles una botella de nuestro mejor sake como agradecimiento.

Satoru puede pagarlo sin problema, pero como no bebe y está acostumbrado a salir solo o con alumnos no acostumbra pedir alcohol. Echa un vistazo a sus invitados y asiente, todos son adultos en esta mesa.

—Qué amable de su parte.

Ver a Tatsuo tan acongojado por su impertinencia le produce algo parecido a la pena, no tanto como vergüenza, él no sabe si alguna vez ha sentido tal sentimiento. Por lo que, cuando la botella cortesía de la casa llega no tarda mucho en servirle a él el primer vaso.

—¿Debería? Estoy conduciendo…

—Es mi culpa que no lleguen a tomarse el siguiente vuelo, así que yo conduciré hasta la posada.

—Oh, eso me recuerda… Debo hacer las reservaciones para Kasumi-san y para mí. Discúlpenme un momento, ya regreso.

Kasumi se levanta para darle paso y toma su lugar frente a Satoru. Tatsuo se marcha hacia el lobby del restaurante y Satoru no pierde tiempo con sus piezas de sushi.

—Es muy amable de su parte habernos invitado a cenar, Gojo-sensei. Gracias por la comida.

A Satoru no le sienta demasiado bien el 'sensei' y su apellido juntos una vez más.

—Iba a invitarte solo a ti, pero hubiera sido muy cruel con Tetsuo, parece un buen chico. Y está enamorado de ti, por si no lo habías notado.

—¿Ah? No, claro que no, está malinterpretando las cosas… Es un buen compañero…

—Puede ser, o puede que tenga la razón y tengo bastante más experiencia que tu como para notarlo. Y ya deja de llamarme 'Gojo-sensei' o voy a molestarme contigo.

—¿De verdad?

—No, no creo que nadie pueda molestarse contigo, Kasumi-san. Eres muy buena persona.

—Gracias Go… S-Satoru-san —dice y sonríe con un ligero rubor en las mejillas—. Usted también parece ser una buena persona.

—¿Por qué lo dices? ¿Por la comida? ¿Es que nadie te había invitado a cenar antes?

—No, no sólo por eso. También por ofrecerme su parte de la paga por el trabajo.

—Yo no tengo problemas de dinero, entonces no cuenta. Si fuera pobre como tú y te ofreciera mi paga sería otra historia.

Kasumi fuerza una sonrisa, parece que le ha dado con otro hachazo por la espalda.

—¿Cómo sabes que soy pobre?

—Recuerdo que eso le dijiste a Maki aquella vez, antes de quedarte dormida en el campo de batalla.

Otro hachazo, esta vez en el pecho.

—Bueno, he mejorado mi situación desde entonces…

—Oh, entonces ¿ya no eres pobre?

—Uhm… no, aún sigo siendo un poco pobre. Pero menos pobre que antes.

—Supongo que me alegro por ti.

La risa nerviosa de Kasumi se ve interrumpida por el regreso de Tatsuo, ha conseguido dos habitaciones más en la misma posada en la que hospeda Gojo ya que tiene un convenio con la escuela de hechicería para casos como el de esta noche. Se ve más tranquilo, como si haber respirado otro aire lejos de Satoru y Kasumi le hubiera servido para quitarse el pudor de encima. Toma con un poco de recelo el pequeño vaso en el que Gojo le sirvió sake y lo mira a los ojos.

—¿Está seguro de que está bien?

Él asiente.

—Yo conduzco, beban tranquilos, Gojo-sensei los llevará.

Al cabo de treinta minutos Tatsuo ha bebido seis vasos de sake mientras que Kasumi apenas lleva bebido la mitad de uno. Es increíble como el alcohol puede modificar hasta la personalidad más recatada y mientras Tatsuo balbucea una anécdota en la que Ino se deshizo de una maldición, Satoru se pregunta qué efecto tendría la misma cantidad de sake en alguien tan puritana como Kasumi.

Él escucha sin realmente hacerlo, asiente y sigue comiendo, él lleva al menos quince porciones de sushi y unas cuantas más de pollo frito y calamares. Mira de reojo a Kasumi, quien se sonríe con cierta incomodidad y apenas un destello rosado en el rostro producto del alcohol.

—Has bebido muy poco, Kasumi-san. ¿No te sientes cómoda con que yo sea quien conduzca? Te aseguro que tengo mi licencia de conducir aquí —dice, tomando su billetera—. Por algún lado.

—No, no bebo mucho…

—Tampoco yo, no lo manejo con tanta gracia como nuestro amigo Tatsuo.

—Oh, ¡no diga eso sensei! Usted puede hacer cualquier cosa, he escuchado historias fantásticas de usted. ¡Es una leyenda! ¡Incluso Kasumi-san es una fanática suya!

—¿Ah sí?

Kasumi repentinamente se aferra a su pequeño vaso y lo bebe con lo que parece ser bastante desesperación.

—¡Sí! Me han dicho que guarda un recuerdo suyo en su habitación.

—¡Oh! ¡Es cierto! Recuerdo que me pidió que nos tomáramos una foto. ¿Lo recuerdas Kasumi-san?

Ella niega con tal vehemencia que parece creerse su propia mentira.

—¿Cómo que no? Si yo lo vi, Uthahime-sensei dijo que debería tirarlo y ella se negó. ¿No lo recuerdas? ¡AH!

Tatsuo vuelca su atención a su adolorido pie, Kasumi lo ha pateado con tal fuerza que ni siquiera el entumecimiento del alcohol logra disimularlo.

—Con que tengo una fanática —dice Satoru, dejando de lado por completo las piezas de sushi que quedan en su plato. Entrelaza los dedos de sus manos en un gesto de lo más ominoso y vuelca su mirada perlada hacia la muchacha que se remueve en su asiento frente a él. Ella lo ignora, se sirve otro vaso de sake y Satoru se pregunta si eso no le surtirá el efecto contrario dentro de muy poco. Más que ayudarle a verter su atención a otro sitio, terminará haciendo que en su lengua afloren cosas que a él repentinamente empiezan a interesarle.

—Estoy seguro que aún tiene la foto en su celular —comenta Tatsuo y como un imán los ojos de los tres se desplazan sobre la mesa hasta el celular de Kasumi.

Satoru es más rápido que ella y lo levanta, pero no es tan entrometido como para echarle un vistazo, o tal vez no tiene un lazo tan estrecho como para hacerlo. Él sabe por experiencia lo que debe y lo que no debe hacer, pero muchas veces su excéntrico sentido común le ha fallado. Esta vez es más cauto, sólo quiere ver su reacción para así sacarle una respuesta sin hacerlo de una forma más explícita.

—¿Si vemos las fotos la encontraremos?

Kasumi tartamudea, Satoru no está seguro si es por el alcohol o porque ha sido atrapada infraganti.

—N-no… ¡No es correcto lo que están haciendo! —grita y toma su celular de la mano de Satoru —¡Cómo se atreven a hurgar entre las cosas de una mujer!

—Lo siento, Kasumi-san… sólo estábamos bromeando contigo…

—Claro, no te lo tomes tan a pecho. Estoy seguro de que la borraste hace años, ¿por qué aun tendrías algo así?... Y si no, podríamos tomarnos una foto ahora para que sumes a tu colección.

—Oye, ¡es una buena idea! Voy a pedirle a la mesera que nos tome una foto, quiero contarle a los muchachos que salí a cenar con Gojo Satoru.

Tatsuo vuelve a levantarse y sólo entonces Satoru se siente fulminado por los grandes ojos de Kasumi.

—¿Te avergoncé?

—Utahime tenía razón, Gojo-sensei, usted es muy…

—¿Audaz? ¿temerario? ¿atractivo?

—¡Arrogante!

—Dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Puedo ser muy arrogante y tú puedes haber desarrollado un enamoramiento sobre mí.

—¿Enamoramiento? ¡Ni siquiera lo conozco!

—El amor es así de extraño, hormonal y peligroso.

Tatsuo no demora, vuelve entusiasmado con la misma jovencita que les ofreció la botella de sake y se sienta para luego darle su celular. Gojo sonríe y casi a modo de burla hace un corazón con ambas manos, Tatsuo un símbolo de paz con una mano y Kasumi hace un enorme esfuerzo por sonreír.

—¡Esto merece un brindis! —dice Tatsuo balanceándose sobre su asiento y levanta su vaso. Gojo se sirve otro vaso de soda y los tres chocan sus bebidas—. ¿Por qué brindamos?

—Uhm…

—Brindemos por la tormenta que nos permitió estar juntos esta noche.

Gojo Satoru es una mente maestra muy a pesar de su disparatado sentido del humor, cualquiera que no lo conociera asumiría que no es más que un idiota, y aquellos que realmente lo consideran como tal deben reconocer en ciertas ocasiones que es al mismo tiempo bastante calculador. Le sirve a su nuevo amigo trago tras trago, hasta que al final de la noche la botella está vacía y el estómago del conductor está tan lleno de alcohol que metabolizarlo le tomará al menos medio día.

Se lo carga de un brazo por la espalda y les sonríe amablemente a las camareras antes de marcharse con Kasumi. Ella es diligente y se apresura a abrir la puerta trasera del auto para que Satoru pueda tirar allí el despojo de hombre que trae cargado. Dice un par de cosas que requerirían de un traductor profesional para descifrar, y luego de un último y penoso balbuceo se queda dormido.

—¿En qué bolsillo traerá las llaves del auto? —le pregunta a Kasumi mientras se hinca sobre el asiento trasero y revuelve los bolsillos de su chaqueta.

—Creo que siempre las trae en los bolsillos de su pantalón —contesta ella estirando el cuello—. Lamento mucho que se haya puesto tan ebrio, él no suele ser así, se lo juro.

—No tienes que ser tan recatada a mi alrededor, es más me caería bien si de vez en cuando me faltas el respeto.

—No creo que pueda.

Satoru da con las llaves y se para junto a ella, la lluvia no ha cesado y ella sostiene el paraguas con fuerza, pero no hace el intento de cubrirlo. Ella se ha dado cuenta, las gotas no logran mojarlo, aunque parecen haber caído sobre él. Ni un mechón de cabello, nada, probablemente ni siquiera la suela de sus zapatos. Kasumi levanta el mentón para verlo a los ojos, un halo de luz anaranjada dibuja su figura.

—Al menos inténtalo.

Ella, tan afanada como parece ser, asiente rápidamente como si él le hubiera dado una orden.

—Sí —responde como por inercia, aunque él no está seguro si se lo ha tomado en serio.

Ambos rodean el auto y Satoru se sienta en el asiento del conductor, Kasumi deja el paraguas mojado junto a sus pies y se sacude las gotas que le han caído en el cabello.

—No recuerdo la última vez que conduje un auto, pero debe ser como andar en bicicleta, ¿cierto?

—No estoy tan segura.

—Hay muchos botones, pero siempre veo a Ijichi encender el auto con este botón. ¡Ah! Ya ves, estaba en lo cierto. Veamos, déjame probar los pedales… ya… creo que voy recordándolo. No olvides respirar Kasumi, te prometo que no morirás hoy.

—Quisiera estar tan segura como tu —contesta ella, nuevamente ríe de una forma incómoda.

—Y no te dejaré pasar que me hayas vuelto a llamar 'sensei' allá atrás. La próxima vez te reprenderé. Tendré que darte un buen castigo para que aprendas.

—¿Un castigo? ¿Habla en serio?

—Claro que no, ¿qué clase de castigo podría darte? —le pregunta, quitando su vista de la carretera—. Sólo sería capaz de hacerlo con tu vigoroso consentimiento.

—¿Vigoroso consentimiento? No entiendo de qué habla.

—Olvídalo. ¿Puedes encender el GPS y buscar la posada?

—¡Claro!

Mientras Kasumi se estira sobre el asiento y teclea sobre la pantalla táctil, él se pregunta si a su edad es tan inocente o si realmente la tonta es ella. O tal vez está buscando estirarle la lengua para que sea más explícito en sus insinuaciones. Lo cual le parece de lo más divertido.

—Entonces, Kasumi-san. Utahime parece haberte hablado muy mal de mí, ¿no es cierto? Dijiste que ella tenía razón, que soy arrogante.

—Bueno, creo que tenía razón y no, ella no suele mencionarlo demasiado.

—Entonces has estado especialmente atenta a lo que tiene para decir de mí.

—¡Claro que no! Yo presto mucha atención a lo que ella dice en general. Además… no es la única que lo ha dicho.

—¿Gakuganji?

—Entre otros…

—Es el costo de ser el mejor.

—Uhm… ¿no te molesta? Es decir… yo estaría mortificada si mis colegas dijeran cosas así de mí.

—Para nada, estoy acostumbrado. Además, ¿quién podría decir algo malo de ti?

—Bueno, siempre fui la más débil del grupo… No tengo una técnica innata y no tengo mucha energía maldita. Tampoco es agradable cuando me lo recuerdan, aunque sé muy bien que es cierto.

—¿Te molesta que te llamen débil?

—No es que me moleste, pero no es algo que pueda cambiar. Ser arrogante es algo más fácil de trabajar…

—¿Qué quieres decir? ¿Qué trabaje en mi humildad?

—Tal vez…

—¿Y cómo podría hacer algo así? Es como entrenar para dejar de ser uno mismo.

—No creo que sea así, no es como trabajar en dejar de ser el más fuerte… es más bien trabajar en dejar de decirlo todo el tiempo.

—¿Con eso basta?

—Uhm… —ella se toma un tiempo para pensar—. Y también debería atenuar algunas actitudes, tal vez la soberbia… como llegar tarde y olvidar rápidamente el nombre de las personas.

—¡Pero eso es más complicado que dejar de mencionar que soy el más fuerte! Decir la verdad no debería estar mal, quizás los demás deberían trabajar en su sensibilidad. A mi no me importa que seas débil o pobre, hay otras cosas que me interesan más de ti que eso.

—¿¡De verdad!?

Él asiente.

—Me interesa saber por qué eres tan complaciente y por qué sientes la necesidad de pedir disculpas por ti y por los demás.

—Creo que es simplemente educación.

—No, no, es algo más.

—Supongo que puede ser baja autoestima —contesta y se vuelve a sonreir.

—¡Eso! ¡Ahí está de nuevo! Siempre te ríes cuando algo te hace sentir un poco incómoda. Tienes que decir de vez en cuando cómo te sientes sin pedir disculpas.

—¿Eso hago? Vaya, eres más observador de lo que pensaba…

—¿Lo ves? Soy—.

—El mejor, lo sé…

—Lo siento, estoy trabajando en eso —dice y se sonríe.


Hola! Ando inspirada con la llegada de la nueva temporada y teen Gojo me destruye. Ver la animación de su carita sin venda es INCREÍBLE. Así que, a quienes sigan leyendo les envío un cálido saludo desde mi casa a 8 grados bajo cero (celsius).