Capítulo 3: Saldando mis deudas
Después de casi 2 años de olvido, ha regresado Inversión de Roles. Además de que he hecho un reboot en los 2 primeros capítulos con mi nuevo formato, corrigiendo de paso algunos errores. Éste es el tercer capítulo de esta historia que promete mucho, ojalá y espero que les guste, me esforzé un poco haciéndolo. Además de que al fin veremos actuar al malvado Lincoln de la otra dimensión.
Ya han pasado unos 2 días desde que salvé a Lynn de ese tal Dimitri quien resultó ser un pandillero peligroso, gracias a eso he mejorado temporalmente mi relación con Lynn, recuperé también un pequeño porcentaje de la confianza de Lori, pero la realidad es que en mis otras hermanas, no ha cambiado nada.
Una mañana, temprano despertando salí de mi habitación mostrando entusiasmo en mejorar mi nueva vida, pero de inmediato que entro al baño me encuentro con mis hermanas cepillándose los dientes, mi presencia las alteró nuevamente y todas salieron del lugar una por una sin dirigirme la palabra.
—Y pensé que habíamos mejorado. —Pensé ingenuamente.
Cada una se fue alejando, con una triste cara de melancolía y molestia, me veían como si yo fuera un estorbo en sus vidas, eso lo puedo entender, el Lincoln de esta dimensión era un desalmado, y dependía de mí recuperar la confianza de mis hermanas.
El primer paso para lograrlo fue salvar a Lynn, pero debo hacer más si quiero progresar y dar frutos, por eso observe la cara de Lucy al verme. Más que molesta, se sentía con miedo, una tristeza en la que se podía ver que estaba a punto de llorar, es lógico, ella junto con Lori fueron las hermanas que más daño sufrieron por los ataques del malvado Lincoln.
Al paso de unas horas, como supe que yo fui el verdadero culpable de la expulsión de Lucy de la preparatoria, por arruinar en parte su carrera académica, decidí ayudarla. Fui a su habitación aprovechando que Luna no estaba cerca y toqué la puerta. Lucy me abrió pero rápidamente me cerró la puerta en mi cara, otra vez.
— ¿¡Que haces aquí Lincoln!? —Preguntó una Lucy más asustada que cuando la vi la primera vez.
—So-solo quiero hablar contigo. —Le dije mostrando preocupación ante ella.
En segundos ella volvió a abrir la puerta para asomarse, viéndome con una cara de intimidada y unos ojos que parecían inocentes. Al asomarse le supliqué.
—Por favor, es algo necesario. —Le imploré con amabilidad y seriedad.
Como bono decidí agregar una sonrisa para demostrar que no sería nada malo, según mi intuición ella se quedó pensante durante un momento y como le pareció no tan desagradable mi comportamiento me dejó entrar.
—Te dejaré pasar. —Contestó luego de un triste suspiro.
Hubo un silencio incómodo, sentía en ese momento que cualquier movimiento en falso podía arruinar la posible conversación, tardé por lo menos un minuto entre tomar asiento y comenzar a hablar.
— ¿Cómo te sientes actualmente Lucy? —Le pregunté educadamente mostrando preocupación.
—Nublada y con altas probabilidades de llanto. —Respondió tratando de contar un chiste, pero sin el ánimo que debería, mostrando una actitud lamentable.
—Mira. —Suspiré sigilosamente—. Sobre lo que hice ese día yo...
— ¡No quiero hablar de eso Lincoln! —Me interrumpió gritando—. No me recuerdes el momento en que mi carrera académica se arruinó.
En ese momento me puse pensativo y callé rápidamente, habíamos entrado en un tema bastante delicado de manera veloz. Por consecuente traté de remediarlo.
—Lucy, ¿Podrías escucharme sólo esta vez? —Le propuse con un carácter preocupado.
Ella suspiró por un momento y respondió nuevamente sin mostrar ánimo.
—Bien, te escucho.
—Literalmente voy a hacer que te reintegren a la preparatoria.
Cuando ella oyó mis palabras, lo primero que hizo fue reírse.
—Jajajaja, ese sí que fue un muy buen chiste Lincoln. —Contestó empleando sarcasmo.
—Hablo en serio Lucy.
—Sí, sí, como tú digas Lincoln. —Añadió siendo sarcástica otra vez—. Como tú siempre me has ayudado en mis problemas, debo creerte.
Ese último comentario de mi hermanita afirmó que ella no me creerá, las palabras no eran la clave en este momento, así que debí pasar a los hechos.
Era día de escuela, y mamá y papá nos reunió a todos (Excepto a Lucy y a Lily) para llevarnos. Al yo ser de 17 años supuse que estudiaría en una institución diferente y así fue. Posteriormente, Lisa, Lynn y yo llegamos a una preparatoria y nos fuimos a nuestros respectivos salones, no sin antes que nuestros padres nos desearan buena suerte.
— ¡Buena suerte y que tengan un excelente día! —Exclamaron ambos al unísono.
— ¡Gracias! —Contestamos a la vez.
Yo en ese momento pensaba que siendo mayor tendría una vida escolar bastante agradable. ¡Pero qué ingenuo era! Tuve una clase de matemáticas en la que literalmente no entendí absolutamente nada. Aunque creo que es normal siendo un niño de 11 años dentro de un cuerpo de un adolescente de 17.
Luego de esa intensa clase en la que tuve que quedarme callado y suponer que prestaba atención, llega la hora del almuerzo, fui a la cafetería, tomé asiento y luego apareció Clyde junto con lo que parecía ser unos mayores Rusty, Liam y Zach.
—Hola Lincoln. —Saludaron todos al llegar.
—Hola chicos. —Respondí amablemente.
—Lincoln, mañana en la noche tenemos un trabajo. —Me contó Clyde con gran interés.
—Un trabajo en el cual sacaremos muchos beneficios. —Sumó Rusty a la conversación.
—Así que un trabajo ¿Eh? —Dudé un poco—. ¿Y qué trabajo es? —Pregunté además interesado.
—Ya sabes Lincoln, son de ese tipo de trabajos que tanto te gustan. —Mencionó Liam sin darme ninguna clave de que se podría tratar.
— ¿Y cómo es que no lo sabías Lincoln? —Me preguntó Zach sospechando.
En ese momento, todos sospecharon, tuve que pensar en algo, sentí que podría pasar algo malo si no tomo el papel del Lincoln de esa dimensión. Tuve que enmendar ese error.
— ¡Ah! Sí, literalmente ya lo recuerdo. ¿Cómo se me pudo haber olvidado? ¡Qué tonto soy! —Exclamé fingiendo saber.
—Ya decía yo que estabas algo raro, menos mal que me equivoqué. —Aclaró Clyde ya despreocupado.
Logré calmar el ambiente con los muchachos y luego inicié conversaciones a las cuales ya tenía más dominio del tema, con eso los pude despistar un poco, y al terminar decidí realizar lo que había prometido anteriormente.
Ingresé durante el descanso a la oficina del director, claro que antes tenía que tocar la puerta, de inmediato el director me deja pasar.
—Bienvenido, señor Loud. —Saludó el director—. ¿Tiene algún inconveniente que necesite ser solucionado por mi persona? —Preguntó además.
—Sí, claro señor direc...
Cuando logré girarme y observar el rostro del director, quedé completamente paralizado, su cara me sonaba bastante, me recordaba a alguien que me caía un poco mal, pero lo que de verdad terminó de impactarme, fue cuando dijo su nombre.
—Sea un poco más respetuoso, no soy cualquier director, llámeme director Huggins. —Mencionó antes de sacar una pipa y empezar a fumar tabaco.
En ese momento, mi cabeza no pudo terminar de procesar esa información, comencé a sudar de los nervios, aunque intenté disimular lo que pensaba.
— ¿¡El directo Huggins!? ¡Esto no puede estar pasando! —Pensé bastante aterrado—. Se parece mucho, ¿Pero de verdad es él? —Me pregunté confuso.
Para terminar de resolver toda duda decidí hacerle una última pregunta.
— ¿Es usted Wilbur T. Huggins? —Pregunté muy nervioso, a lo que el hombre se me quedó observando con una cara seria, acto seguido sacó la pipa de su boca para contestarme.
—No, ese es mi hermano menor. —Reveló sin dejar a un lado su seriedad—. Supongo que lo recuerdas a través de mi rostro y mi apellido, ya que vienes de la primaria de Royal Woods donde él es el director. Que te quede claro que yo soy William T. Huggins, y en esta preparatoria yo soy el que manda.
Después de esa revelación, William Huggins prosiguió a seguir fumando. Él a diferencia de su hermano era mucho menos expresivo, era más formal y por supuesto inducía mucho más miedo e intimidación que el Huggins que yo conozco.
— ¿Ya vas a ir al grano? —Preguntó al parar de fumar un rato—. Porque dudo mucho que hayas venido hasta acá para preguntar mi nombre.
—S-si. —Le respondí tartamudeando antes de contar lo que quería contar—. ¿Usted recuerda el caso de Lucy Loud?
—Sí, como olvidar la estupidez que cometió tu hermana menor en aquella escuela, su torpeza casi nos cuesta una demanda en la que nos acusaban por no educar correctamente a nuestros estudiantes, por eso en su lugar decidimos expulsar ya que ella es la única culpable de ese horrible acto. —Explicó Huggins antes de colocarse la pipa en la boca.
—No, no lo entiende, resulta que yo inculpé a Lucy, yo soy el verdadero culpable de aquella catástrofe, Lucy es inocente, la grabación de la cinta la hice yo mismo. —Le confirmé intentando sacrificarme por Lucy.
Luego de lo que le dije, Huggins paró de fumar y se me quedó mirando, esta vez con una cara más de impresión, se levantó de la silla con las manos en su espalda y se me acercó.
—Señor Loud, sé que usted tiene mucho aprecio por su hermana menor, sé que si usted la ama como hermana, estará dispuesto a hacer lo que sea por ella. Pero en éstos casos es donde no se puede hacer nada. —Contó Huggins aclarándome las cosas.
— ¿Por qué no puedo hacer nada? —Le pregunté un poco desesperado.
—Ese horrible acto ya está marcado en el expediente académico de Lucy, todo está archivado en el departamento de educación, yo no tengo poder sobre lo que termine allá. A menos que... Usted utilice una cierta cantidad de papeles, si sabes a lo que me refiero. —Comentó Huggins susurrando en mi oído izquierdo la última parte.
Lo de los papeles no lo tenía bien claro en ese momento, luego me di cuenta que no podía hacer nada por Lucy temporalmente y decidí irme.
—Muchas gracias por su atención director Huggins.
—No hay de que, estaré aquí para servirle de ayuda.
Dejé que pasara el día rápidamente, terminé todas las clases restantes del día, luego acompañé a Clyde en su auto donde nos llevó a nuestro trabajo en la tienda (Teníamos turno allí ese día) para luego regresar tarde a casa donde quedé agotado.
— ¡Uf! Estoy completamente sudado, esos trabajos te dejan exhausto.
Mi presencia seguía alterando un poco a mis hermanas al caminar por el pasillo, aún no tenía algo a la mano para ayudarlas, así que procedí a evitarlas temporalmente.
Me fui a darme una ducha en la bañera, fue un refrescante baño debo admitir, posteriormente me estuve secando con las toallas hasta que me observé en el espejo que tenía algo tatuado en el pecho.
— ¿Qué es esto? —Me preguntaba tocándome el torso—. Se ve bastante genial, ¿Acaso dice... "Big Brother"?
Creo que si lo recuerdo bien ese genial tatuaje decía Big Brother, no tenía idea del porqué eso, no lo podía comparar con nada de momento, así que decidí dejarlo para después.
Llegó la noche rápidamente y sufría de insomnio, no podía dormir así que decidir distraerme investigando si por curiosidad había algo oculto en mi habitación, ya que me daba el presentimiento de que encontraría algo.
Lo primero que llegué a notar fue que en una esquina de un póster de Ace Savin estaba mal colocado, quise arreglarlo, pero cuando lo toqué se sentía mucho más duro de lo que creía.
—Hay algo oculto detrás de esto. —Pensé en ese momento.
Agarré la esquina y tiré de ella, de allí el póster pronto se abrió como si se tratase de una puerta y detrás de ella había una caja fuerte escondida.
—Sabía que habían más cosas ocultas.
Luego descubrí que había un problema con esa caja fuerte y es que para abrirla se necesita una combinación de 4 dígitos la cual sería la contraseña y por supuesto no tenía ni idea de cuál era así que nuevamente cerré esa escotilla y dejé todo como si nada hubiera pasado allí.
Más tarde como el insomnio perduraba, sospeché ahora de los cajones de un escritorio que tenía, nunca tuve la necesidad de revisarlos y luego observé el porqué. Cuando intenté abrir uno, resultó estar cerrado y para abrirlo se necesitaba decir una contraseña por voz.
— ¡Ah! Por favor. —Pensé frustrado—. Espera... creo que ya sé.
Decidí revisar debajo de mi camiseta para observar nuevamente el tatuaje que tenía en el pecho, y acto consecuente dije la contraseña.
—"Big Brother"
De pronto todos los cajones se abrieron, todos y cada uno contenía por lo menos 3 cajas algo pesadas de cartón. Allí tomé la decisión de sacar una de ellas y abrirlas, sorprendiéndome con lo que había dentro de ella.
— ¡Son fajos, fajos y más fajos de billetes de 100 dólares! ¿¡Pero cuánto dinero tenía este Lincoln!? —Pensé impresionado.
El hecho de saber que el Lincoln de ésta dimensión era rico en secreto era algo que me carcomía los huesos, pero también me serviría de utilidad para lo que yo estaba planeando con mis hermanas.
Aunque por curiosidad también decidí intentar si el diario de la otra vez se abriría con esa contraseña.
—Big Brother.
Pero el diario no se abrió.
—Demonios, ésta es otra contraseña.
Decidí esconder las cajas de dinero y el diario nuevamente, dormí hasta mañana y al día siguiente tenía un plan para ayudar a Lucy.
Llegué inmediatamente a la oficina del director esa mañana a hablar con este Huggins.
— ¡Director Huggins! —Le avisé en voz alta.
— ¿Otra vez usted señor Loud? Ya le dije que no será posible...
Le hice callar la boca cuando le puse sobre la mesa unos 800 dólares. Ahí el hombre cambió de parecer.
—Creo que estos son los papeles que usted mencionó. —Le dije además.
—Vaya, vaya, señor Loud, parece que usted y yo hablamos el mismo idioma, creo que con esto podré avisarle que el departamento de educación de que todo fue un error de un informante, dándole una especie de perdón a la señorita Lucy Loud, y su acto será olvidado. —Explicó William Huggins cambiando con una actitud más expresiva—. Lástima que ya no podrá recuperar las evaluaciones perdidas y no podrá reincorporarse hasta que realice este acto y...
De nuevo lo interrumpo añadiendo unos 1200 dólares a la mesa.
—200 para que deje a mi hermana recuperas sus evaluaciones y 1000 para que la reincorpore ahora mismo. —Aclaré con gran confianza.
—Trato hecho. —Aceptó Huggins mientras nos dábamos un apretón de manos.
Más tarde llego a casa y nuevamente le toco la puerta a Lucy, ella decide abrirme a la primera.
—Lucy, te tengo una excelente sorpresa. —Mencioné alegremente.
— ¿Cu-cual sorpresa? —Tartamudeó mi hermana algo asustada de los nervios.
—Espéralo. —Dije pacientemente.
En cuestión de segundos sonó el teléfono, a lo que mamá contesta, se quedó un par de minutos hablando y colgó, de inmediato se acercó al cuarto de Lucy con una gran sonrisa en su rostro.
— ¡Lucy! ¡Cariño! ¡Te han reincorporado! —Contó mamá muy alegre.
— ¿¡Enserio!? —Preguntó casi derramando lágrimas—. ¿Pero cómo? —Se cuestionó además.
—Yo lo hice Lucy, convencí al director de que todo fue un error. —Respondí a su pregunta—. Podrás incluso recuperar tus exámenes.
Lucy se me quedó mirando con ojos llorosos, y de pronto me dio abrazo mientras me pedía disculpas.
— ¡Perdóname Lincoln! ¡Debí confiar más en ti! —Dijo durante su llanto mientras me abrazaba.
Yo de inmediato correspondí al abrazo y traté de calmarla con suaves palmadas en su delicada espalda.
—Ya, ya, ahora deberás esforzarte en estudiar, vamos que aún te falta mucho camino por recorrer hermanita. —Alenté amablemente.
La felicidad de mamá no podía ser más grande al ver nuestro abrazo que decidió buscar rápidamente una cámara y tomar una foto. Una foto que jamás olvidó.
Después de ese gran acto de hermandad (Donde no mencioné que hubo dinero de por medio) mi hermana estaba eternamente agradecida conmigo, había recuperado toda su confianza en mí y por supuesto que no desaprovechó su regreso a clases, aprobó sus exámenes con altas calificaciones de 8, 9 y 10 y fue bien recibida por sus compañeros. Sentí que ahora tenía a alguien en quien confiar. Gracias Lucy.
Pero no todo fue felicidad y alegría, pues en mi dimensión original, el malvado Lincoln que estaba dentro de mi cuerpo entró en acción. La noche en la que él escapó de casa, regresó a las 3 de la mañana en su habitación con las luces apagadas, nadie se había enterado de su salida, hasta que de pronto cuando él cerró la puerta, alguien encendió la luz y lo atrapó in fraganti.
—Hola hermanito, ¿Qué estuviste haciendo hace 3 horas en la calle? —Le preguntó curiosa mi hermana Lynn quien notó su escapada.
—Vaya, no sabía que las ratas madrugaban. —Opinó el Lincoln de manera grosera.
—Oh... espero no haber oído lo que creo que creo que oí. —Amenazó Lynn enojándose.
El ambiente se puso tenso rápidamente, pero este Lincoln era muy astuto, sabía que a Lynn le gustaba retar y decidió callarse un rato y esperar a que ella actuara.
—Ya que me hiciste enojar Lincoln y no me quieres contar nada, hagamos un juego llamado "Los golpes". Consiste en que cada uno dará un golpe al brazo del otro, ganará el que dé el golpe más fuerte, quien gane deberá hacer lo que ordene el otro. —Explicó Lynn.
—Lo haremos. —Aceptó este Lincoln con una sonrisa de criminal.
— ¿De verdad aceptaste? No creí que podrías ser más tonto Lincoln. —Se burló Lynn—. Pues aquí voy.
Lynn con su brazo derecho golpeó a este Lincoln en el brazo izquierdo, pero el resultado no fue el esperado, Lincoln no sufrió ningún dolor, mientras que Lynn sí.
— ¡Ay! ¿Pero qué fue eso? ¿No sentiste nada? —Se quejó Lynn adolorida mientras sanaba su mano derecha enrojecida.
—Mi turno.
Cuando llegó el turno de este malhechor, dio un puñetazo izquierdo que dio a mi verdadera hermana en su brazo derecho. El impacto fue tan fuerte que el golpe hizo llorar a Lynn dejándola en el suelo.
— ¡Ah! ¡Duele mucho! ¡Duele mucho! —Gritó de dolor Lynn mientras lloraba.
— ¡Ja! Supongo que gané. —Exclamó el malévolo Lincoln sonriendo.
Los llantos y quejidos de dolor de Lynn siguieron hasta que no pudo más y se levantó a despertar a mamá y papá quiénes se levantaron de inmediato.
— ¿¡Lynn!? —Se sorprendió papá despertando.
— ¿Qué pasa Lynn? ¿Por qué lloras a las 3 de la mañana?
— ¡Lincoln me dio un golpe muy fuerte en el brazo —Decía mi hermana deportista llorando.
A primera instancia mis padres no creyeron que yo podría hacer llorar a Lynn, pero aún así quisieron asegurarse y fueron a interrogarlo, por lo que éste Lincoln negó su acción.
—Es mentira, solo busca culparme, en realidad se golpeó con un objeto de metal para inculparme, deberían hacerle un diagnóstico.
Inmediatamente mis padres llevaron a Lynn al hospital, donde el médico realizó un diagnóstico en el que inexplicable llegó a la conclusión de que Lynn se había fracturado el brazo derecho con un objeto de metal, librando de culpa al malvado Lincoln y como consecuencia la regañaron a ella.
— ¿Hacerte daño a ti misma para culpar a tu hermano? —Preguntó papá muy enojado.
—Estás castigada en tu habitación hasta que te recuperes de la fractura. —Ordenó mamá
—Pero...
— ¡Sin peros!
Lynn no tuvo otra opción que aceptar su castigo y al día siguiente permaneció en su habitación con un yeso en su brazo derecho. Ese mismo día con la ausencia de Lucy, el Lincoln irrumpe en su habitación aplaudiendo sarcásticamente con una mochila en su espalda.
—Vaya, vaya Lynn, y pensar que en éste momento serías la mayor perdedora de la historia. —Burló Lincoln malévolamente.
— ¡Eres una rata Lincoln! Ahora estoy castigada y tengo que usar este yeso por al menos 2 meses. —Dijo una impotente Lynn y estando a punta del llanto—. Sé que un metal no me golpeó ¿Cómo rayos hiciste eso? Se supone que soy mucho más fuerte que tú. —Preguntó además.
—No mentiré diciendo que me volví más fuerte, pero lo que sí sentí es que tú te volviste débil Lynn.
Ser llamada "Perdedora" y "Débil", le afectó mucho a la deportista, ella se sintió deprimida luego de esas palabras, sus ánimos fueron realmente socavados por este Lincoln.
—Y además Lynn, como eres de verdad una gran perdedora, deberás pagar la apuesta que habíamos propuesto. —Mencionó Lincoln sonriendo cínicamente.
—Debes estar de broma. —Reaccionó Lynn muy asustada y temblando de los nervios.
De pronto el villano saca comida de su mochila y se la ofrece a Lynn, entre ellas había: Una caja completa de donas, un pastel de chocolate y una hamburguesa.
—Te ordeno que a partir de ahora deberás comer toda la comida que te proponga, empezando con ésto, de no hacerlo, es posible que se fracture otra parte del cuerpo.
Lynn lo tuvo que pensar un momento, de verdad ella no quería otra fractura en su cuerpo por lo que no tuvo otra opción.
—Acepto. —Contestó Lynn antes de empezar a comer las donas de la caja.
—Ah, y por cierto. Si intentas hacer algo estúpido con la comida, pronto lo sabré y habrá consecuencias. —Mencionó el malvado, consiguiendo asustar a Lynn para que ésta no decidiera esconder o desechar comida en vez de consumirla.
Así el odiado chico fue hacia mi habitación con una sonrisa imposible de borrar, ya que por dentro se encontraba disfrutando del sufrimiento que le estaba ocasionando a Lynn.
Minutos más tarde observa hacia un lugar exacto de mi habitación, descubriendo que tenía mi antigua habilidad de romper la cuarta pared, ya que tenía mi cuerpo.
—Jajaja hola muchachos, es increíble que ahora tenga la habilidad de la cuarta pared, de seguro eso los sorprende un poco. —Mencionó este Lincoln riendo—. Como de seguro ya sabéis, yo provengo de otra dimensión en la que soy el primogénito, podéis llamarme "Prime Lincoln". Tenía una buena vida en aquella dimensión, hasta que de pronto desperté en este mundo donde literalmente soy un niño de 11 años y de paso el hijo del medio. Por cierto, ahora la palabra "Literalmente" como que no pega tanto en mí, creo que dejaré de decirlo por un tiempo.
Prime Lincoln tomó asiento para explicar más a fondo.
—No tardé mucho en comprender que en este mundo mis hermanas cambiaron sus personalidades y órdenes de nacimiento, si bien mi objetivo principal verdadero es el de volver a mi dimensión, no me molestaría divertirme un rato molestando y torturando a éstas nuevas hermanas, lo que pasa es que con éste cuerpo de niño rata y una fama del tonto del pueblo que tiene este Lincoln, no es tan sencillo, así que no me gustaría quedarme aquí por mucho tiempo, es una molestia tener que pasar nuevamente por la pubertad. —Explicó brevemente.
Luego decidió relajarse en la cama para seguir contando.
—Lo de Lynn fue demasiado fácil, es sencillo engañar a una bruta salvaje, he fracturado su brazo, fue castigada y encima estará obligada a comer comida chatarra hasta recuperarse. Pero lo que ella no sabe, es que le fracturaré nuevamente al recuperarse sin que ella lo sepa, y le seguiré dando comida para que engorde hasta que no pueda moverse, hundiendo en la miseria su sueño de ser deportista. ¡Es fantástico! ¿Verdad? —Relató malévolamente.
De pronto él se levantó de la cama.
—Bien, tengo trabajo que hacer, luego tendré tiempo de buscar a mi próxima víctima, esto de verdad me divierte.
Al finalizar su discurso, Prime Lincoln no pudo evitar sonreír de felicidad, planeando su próximo movimiento.
¡Qué bueno es regresar después de mucho tiempo! Al fin tenemos continuación de esta historia, he recuperado la inspiración y posiblemente estaré alternando subir capítulos entre Five Nights at The Loud House 2 y ésta.
Espero mucho que les haya encantado esta parte y nos vemos en el cuarto capítulo de Inversión de Roles.
