RinMakoto. Eris ha llegado para demostrar quién manda, pero se ha topado con un Joan el cual no dejará que esta se salga con la suya.

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Sin más, comencemos…

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La diosa Eris pelearía contra Joan el cual sabía que no estaba ante alguien que sería débil, era la mismísima diosa de la discordia quien no dejaría que esto siguiera adelante.

- Te lo diré de nuevo, por más que cambies de apariencia, no significará nada – Eris decía mirando a Joan el cual alcanzó al poder del Super Guerrero de nivel 3, su cosmos era aún más elevado, incluso llegó al punto en el que los rayos que salían de su cuerpo golpeaban el suelo causando un poco de cráteres.

- Y por más que seas una diosa, no dejaré que tus sucias ambiciones hagan que los demás sufran – Joan tomó algo de aire antes de ir hacia la peli morada quien también atacó.

Los golpes que chocaban causaban grandes ondas expansivas las cuales mandaban a volar a cualquiera que estuviera ahí por lo que no solo eso pasaba, sino que la tierra temblaba un poco.

- Puede que me tengas jodiendo… pero recuerda que no eres el único que está batallando contra mí, así como los demás guerreros que forman parte de tu armada, pero dicho, los que quedan con vida – río la diosa.

- ¿Qué has dicho?

- ¡No la escuches Joan! Solo trata de mentirte, sabes que en una diosa como ella no se puede confiar.

- Hm, parece que ustedes los Caballeros solo se dicen mentiras entre sí, pero esta no estoy mintiendo, sé que varios de mis hijos han muertos por culpa de los malditos Caballeros de Athena, pero tengo a unos guerreros que se encargarán de hacerles la vida imposible a aquellos que quedaron gravemente heridos.

- Eso quiere decir que…

- Sí, podemos decir que algunas de las constelaciones dejaron el lado de Athena y se han unido a nuestro bando.

Por más que parecía una mentira de la hermana de Ares, las cosas así eran en realidad, además era algo que el mismo dios de la guerra sabía y aprobó a sabiendas que serían de ayuda en su ejército.

Y fue cuando llegaron a algunas de los guerreros sobrevivientes, siendo Nakano una de estos guerreros, esta iba recorriendo uno de los sitios exteriores de las cámaras, siendo de las pocas que no entró a una.

La Saintia de Andrómeda estaba caminando por un sitio el cual parecía poseer estatuas de muchos guerreros, así como personas las cuales parecían petrificadas.

- Demonios… ese maldito de Ares ha hecho estragos en todo esto, lo haremos pagar caro por lo que ha cometido – la peli verde siguió caminando y se detuvo al escuchar algo similar a una melodía de un instrumento de cuerda, esto fue muy hermoso para la audición – es una bella tonada, pero ¿de dónde viene?

- Me alegra que te guste mi tonada, Andrómeda – Nakano se puso firme cuando escuchó esa voz, no fue hasta que observó al dueño de esta, el cual era un tipo de cabello azul oscuro, llevando una armadura la cual cubría buena parte de su cuerpo, siendo lo más llamativo que tocaba una lira.

- Esa armadura es similar a la un antiguo Caballero de Athena, como un trovador que con su música encanta a los más fieros corazones.

- Pues, así como los ves Andrómeda, soy alguien que es casi de tu mismo estatus o incluso más elevado, soy Vega de Lira y esta tonada será un réquiem para ti.

- ¿Qué dices? – este dio un fuerte salto hasta quedar frente a frente con la Saintia.

- Descansa en paz Andrómeda… ¡Réquiem de Cuerdas! – antes de que Nakano se diera cuenta, varias cuerdas salieron de la lira del sujeto yendo hacia ella envolviendo casi todo su cuerpo y apretándola fuertemente.

- ¡Mierda! – Vega seguía tocando y cada vez que lo hacía, las cuerdas se apretaban más rompiendo de poco a poco la armadura de la peli verde, así como su piel que comenzaba a sangrar en las zonas afectadas, aunque la que la estaba matando era la que tenía alrededor del cuello.

- Lo siento, pero hasta aquí llegaste, Andrómeda – Lira tocó la cuerda que estaba en el cuello de la periodista y justo cuando estaba por decapitarla, alguien llegó en su ayuda.

- ¡Maelstrom Celestial! – una fuerte corriente de agua llegó hacia donde estaban las cuerdas y con su fuerza terminaron rompiéndolas, liberando a Nakano de su sufrimiento.

- ¿Quién se ha atrevido a interrumpir mi diversión? – este miró a la culpable, pero antes de que se diera cuenta, resultó que otra persona llegó.

- ¡Mordedura Infernal! – unas fauces fueron hacia Lira quien apenas esquivó el ataque, pero llevándose un susto.

- Vaya, parece que han venido a joderme la diversión entre los dos – los culpables de esos ataques no eran otros que Akane y Shinzuke quienes llegaron a tiempo.

- Nakano-san, ¿estás bien? – la castaña fue a ver a su compañera quien apenas estaba recuperándose del trato recibido.

- ¿Acaso solo han venido a morir? – Vega decía mientras empuñaba su lira, Shinzuke se puso en pos de combate.

- Como si fuera a permitir que eso pasase, prepárate para mi nueva técnica, ¡Puertas del Infierno! – en eso momento, la figura de Shinzuke parecía cambiar a la del guardián de Inframundo, Cerbero, aunque esto fue horrible para el tipo que lo recibía ya que podía ver el mismo infierno ante sus ojos.

Lo que Lira estaba viendo en estos momentos era como su cuerpo caminaba hacia una enorme puesta en la cual una gran fila de almas iba hacia él, arriba de este portón, estaba el perro de tres cabezas, Cerbero, quien con su mirada vigilaba quienes entraban y al ver al peli azul este se lanzó hacia él a devorarlo entre sus tres fauces destripando su cuerpo.

- Creo que con eso será suficiente – decía el Caballero de Cerbero el cual se estaba dirigiendo hacia las dos Saintias, pero cuando estaba por llegar, escuchó risas detrás de él solo para ver al guerrero el cual no parecía afectado en lo más mínimo.

- Shinzuke-san, no parece que le haya afectado tu técnica.

- ¿Qué diablos? Se supone que cualquiera estaría aterrado de esto – exclamó el peli turquesa.

- Idiota, nosotros somos Guerreros Fantasmas, aquellos que le juramos fidelidad al dios Ares y a la diosa Eris, el infierno el cual era morada del Rey Hades era nuestro hogar, por lo que hemos venido como fantasmas aquí, el infierno no nos asusta, es como nuestro segundo hogar así que tu técnica es basura.

- ¿Guerrero Fantasma?

- N-No puede ser cierto – Nakano decía poniéndose de rodillas – los muertos solo pueden ser revividos por Hades, pero él fue derrotado por Athena hace mucho tiempo, ¿Cómo es que alguien como tú ha regresado del más allá, Vega de Lira?

- Hm, no soy ningún muerto que ha regresado, solo poseo este cuerpo nuevo que me dio la diosa Eris cuando le juré fidelidad.

- ¿Por qué haces eso? Se supone que los guerreros atenienses deben luchar por el amor y la justicia – Akane dijo.

- ¿Vendiste tu alma a una diosa como Eris solo para venir hasta acá a batallar contra nosotros? Eso es rebajarse y mucho – reclamó Shinzuke, comentarios que no le hicieron bien al peli azul.

- Pues veamos quien es el que sobrevive aquí – el Guerrero Fantasma estaba por atacar a Shinzuke con su arma, pero Nakano se levantó.

- Yo seré tu oponente.

- Nakano-san, estás muy lastimada para batallar.

- No me importa… no me puedo perdonar el que casi pierdo de esa manera, es una manera que busco para redimirme – la peli verde se alistó.

- Hm, como sea, ¡morirás Andrómeda! – este tocó de nuevo la lira haciendo que las cuerdas de esta fueran hacia la periodista.

- Un Caballero de Athena no cae dos veces con el mismo truco, ¡ataquen mis cadenas! – las cadenas de la armadura de Nakano se extendieron protegiéndola de las cuerdas de la lira de Vega.

Y ahí cuando Nakano aprovechó esto para dar un salto esquivando las cuerdas del instrumento del peli azul, su cosmos llenó su cuerpo y decidió que era mejor atacar con algo más que no fuera sus ataduras.

- ¡Tormenta Nebular! – una enorme cantidad de cosmos manifestada en una tormenta violenta fue hacia Lira.

- N-No… ¡¿perderé así?! – el impacto dio de lleno en el Guerrero Fantasma el cual terminó destruyendo su manto protector, así como su cuerpo causando que este perdiera la vida por así decirlo.

- Lo hizo.

- Bien hecho Nakano-san – el de rango de Plata fue a auxiliar a la chica que seguía golpeada por su enfrentamiento.

- Demonios… eso me dolió hasta el alma, pensé que moriría, me confié.

- Pero ganaste que es lo importante – Akane dijo – por cierto, ¿A dónde habrán ido las demás?

- Ni idea, pero deben estar por aquí, es mejor que sigamos adelante por si ocupan alguna ayuda – el peli turquesa llevó a Nakano en sus hombros hasta que se recuperara, Akane iba a su lado y siguieron su camino.

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En otro lado cerca de la cima del templo de Ares, Tomoe y Hibiki exploraban esas zonas las cuales hasta el momento lucían misteriosas.

- Me pregunto cómo estarán los demás – la peli negra decía mientras se sentaba para descansar un poco – no hemos podido encontrar a nadie desde que fuimos transportados aquí.

- Lo sé, pero no puedo usar la tele transportación en este sitio, el cosmos de Ares me lo impide – Hibiki se sentaba al lado de su novia, esta solo recostó su cabeza en su hombro – lo que sí sabemos es que tenemos que encontrar a los demás antes de que pase algo.

- Sí, lo mismo pienso, pero por el momento no nos hemos…

- Cuidado Tomoe-san – susurró este y ambos dieron un gran salto y poniéndose listos para tener que batallar si era necesario – muéstrate, tu cosmos maligno te delata.

- ¡Golpe de Aleta! – ese ataque los tomó por sorpresa a los dos chicos quienes, al darse la vuelta, solo recibieron un fuerte golpe en sus caras que los tiró con violencia en el suelo.

- Mierda, ¿Qué fue eso?

- Hm, parece que quedaron atontados por el ataque que les di – el tipo resultó ser un sujeto de cabello celeste y ojos del mismo color – soy Volatis de pez Volador, un Guerrero Fantasma de la diosa Eris y tengo algunas presas las cuales veo con gran apetito.

- ¿Disculpa?

- No me jodas con eso, además, ¿Por qué llevas esa armadura como si fuera una de las nuestras? – Aries decía eso ya que la armadura de Pez Volador era como una de bronce, pero con colores oscuros denotando la maldad en ella.

- Un guerrero el cual no llegó por una armadura, mi deseo por poseer una fue tanto que acepté jurarle lealtad a la diosa Eris quien, si me dio lo que tanto quise, por eso… mi nueva tarea no es cuidar a una diosa inútil como lo es Athena, sino a alguien por quien realmente vale la pena pelear.

- Maldito traidor, eso no se dice.

- ¿Cómo puedes vender tu alma de ese modo? – la peli negra reclamó.

- Suficiente charla, ¡Manada demoníaca! – varios peces salieron del suelo el cual tomó la ilusión de ser un mar infestado de peces voladores que fueron directamente hacia donde estaban los dos atenienses.

Aunque parecía ser simples peces, cuando estos fueron golpeados de sorpresa, fueron como si un enjambre de abejas fuera hacia ellos picándolos, además de golpearlos.

- E-Es como si me atacarán sin poder defenderme, no puedo ver de dónde vienen – Tomoe decía tapándose el rostro, pero los peces la golpeaban de todos lados.

- D-Demonios, tendremos que cuidarnos de que nos sigan jodiendo… ¡Muro de Cristal! – los dos chicos fueron protegidos por la técnica defensiva del peli humo, pero parecía que esto no era suficiente ya que muchos de los peces atravesaron el muro yendo de nuevo hacia ellos. Mientras se levantaban, la peli negra decidió atacar primero.

- ¡Puño Polar de las 7 Estrellas! – la lluvia de meteoritos fue hacia el sujeto de cabello celeste el cual fue protegido por sus peces quienes evitaron que este tuviera algún daño – mierda.

- Los peces que vuelan son difíciles de atrapar, por lo que sepan que entre más reciben golpes de parte de ellos, su muerte será más dolorosa mientras sus cuerpos sangran poco a poco.

- Bueno, entonces tendremos que atacarlo de golpe, no podemos lanzarla ataques de larga distancia por lo que veo.

- Mis ataques solo son de distancia, no poseo una técnica para atacarlo de frente.

- Tú no Tomoe-san, pero si tengo un ataque que le puede hacer daño, pero tengo algo en mente.

- ¿Qué es? – antes de que Hibiki le dijera, de nuevo la gran cantidad de peces voladores salieron y fueron al ataque, los dos chicos esquivaban la mayor cantidad de animales para evitar salir lastimados.

- ¡Mueran de una vez! ¡No podrán ganarme!

- Tomoe-san, lo atacaré y cuando lo haga, quiero que lo ataques – aunque no podían hablar, Hibiki lo hizo por telepatía.

- ¿Qué harás Hibiki-san?

- No te preocupes, ese ataque lo afectará a él gravemente que es lo único que importa, estate atenta – aun con dudas, Tomoe asintió y decidió hacer caso.

- De acuerdo, confío en ti – mientras el ataque de los peces seguía, Hibiki encontró un hueco en donde aprovechó para correr hacia el sujeto.

- ¿Qué se supone que haces?

- ¡Cabezazo Halmet! – como si de un carnero atacando con su cabeza se tratase, este logró matar a varios peces e impactó en el pecho del Guerrero Fantasma.

- M-Mierda… ¿Qué carajos haces?

- ¡Ataca Tomoe-san! – el Caballero de Aries tomó al sujeto por atrás evitando que se moviera, así como los peces quienes no podían atacar a su amo.

- ¡¿Qué hacen?!

- ¡Puño Polar de las 7 Estrellas! – las estrellas fugaces fueron hacia Volatis quien las recibió de lleno, justo después de que Hibiki se quitara, el impacto le rompió parte de su armadura, pero el peli humo remataría.

- ¡Muérete! ¡Extinción Estelar! – la enorme cantidad de cosmos explotó como si fuera una Supernova la cual evaporó por completo el cuerpo del Guerrero Fantasma.

- Se acabó.

- No del todo Tomoe-san, aún nos falta vencer a Ares y podremos decir que todo acabó – Hibiki dijo mientras iba hacia donde estuvo el sujeto – tenemos que seguir adelante, puede que nos encontremos con alguien más.

- Sí, lo haremos – ambos novios siguieron subiendo el camino hacia el destino final del Santuario de Ares.

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- Tsk, demonios, esos malditos.

- Vaya, parece que te diste cuenta de que esos cosmos eran de tus guerreros, pero al final solo cayeron ante mis chicos – Joan decía limpiándose un poco la sangre de la boca – bueno, entonces acabemos con esto, Eris.

- Serán desgraciados – la diosa de la discordia exclamó furiosa, Joan aprovechó esto y fue corriendo rápidamente superando por un momento la velocidad de la luz e hizo algo que pocas personas han hecho en la historia.

Un fuerte puñetazo en el rostro de la diosa peli morada la cual se quedó en shock, pero fue más cuando este tomó la manzana dorada y se la tiró en su rostro causándole una herida que sangraba.

- ¿C-Como te has atrevido…?

- No tengo miedo de si un dios pelea conmigo… iré contra él y lo asesinaré – por primera vez, Eris sintió algo por estar frente a frente con el castaño.

Y eso era… miedo.

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Continuará…