La dichosa fiesta que habían organizado para Matsuri por fin estaba terminando y, aunque Gaara se mostraba apático como siempre, lo cierto era que se había divertido, nunca lo pasaba mal si se trataba de hacerla enojar un poco, de poder ver su rostro alterado por el enfado, con sus mejillas enrojecidas y sus labios ligeramente abultados.
Era tan linda.
—Mierda… —pensó, se sintió alarmado al darse cuenta de que nuevamente su mente lo estaba llevando por un sendero peligroso, las palabras que había dicho antes Mei también lo estaban atormentando, había escrito una canción pensando en Matsuri y la mujer de quien supuestamente estaba enamorado dijo que era evidente que él sentía algo por esa persona que usó como inspiración; ahora no dejaba de ver a esa chica mientras se divertía y lo pasaba bien con los demás, deseando, de algún modo, ser el motivo de esa sonrisa.
¿Realmente estaba perdiendo la razón?
Después de un rato, cuando ya todos se estaban yendo, el pelirrojo notó que su teléfono sonaba, se trataba nuevamente de su hermana mayor, realmente no tenía nada contra ella o contra su otro hermano, simplemente no quería tener nada que ver con su familia, sentía que estaba mejor solo, haciendo lo que quería, sin tener que preocuparse o darle explicaciones a nadie. La llamada terminó sin que él respondiera, pero seguido de eso recibió un mensaje de texto.
"Si no me contestas te juro que iré a buscarte a tu lugar de trabajo y haré un escándalo"
Molesto, puso los ojos en blanco.
—Lee, voy a salir a hacer una llamada, te esperaré en el vestíbulo para que me lleves a casa —le avisó al mánager, quien asintió con la cabeza enseguida.
—Claro, terminaremos de limpiar e iré por ti —aseguró el mayor, que había decidido echarle una mano a Matsuri y a las dos mujeres que hacían la limpieza.
Gaara no dijo nada, pero miró de reojo a Matsuri antes de salir, pudo notarla ligeramente inquieta, aunque no creyó que eso fuera importante. Subió hasta la azotea del edificio y tomó su celular, esta vez, llamando a su hermana él mismo. Escuchó el tono de repicado y casi enseguida le contestaron.
—¡Hasta que por fin te dignas a hablar con tu hermana, mocoso malagradecido!
Se alejó el aparato del oído, sabía que lo primero que ella haría sería gritar, la conocía demasiado bien.
—¿Qué es lo que quieres, Temari? Sólo quiero evitar que vengas a perturbar mi lugar de trabajo —contestó de modo indiferente, sólo quería acabar con esto e irse a casa a descansar, en unos días comenzaría a promocionar su nuevo álbum y no tenía tiempo para perderlo en tonterías familiares.
—Gaara, tenemos que hablar, necesito verte, es importante —escuchó del otro lado, ella sonaba realmente seria, por lo que el pelirrojo se sintió un poco interesado—. Es sobre papá…
Tras escuchar aquello, dejó salir un suspiro y cerró sus ojos.
—No me interesa, por favor deja de llamarme, estoy muy ocupado —contestó, terminando la comunicación sin dejar que su hermana pudiera decirle algo, sabía que ella no lo llamaría nuevamente por ahora, así que sólo guardó su celular y miró hacia el cielo, como ya era de noche, las luces de la ciudad no permitían ver del todo las estrellas, era un poco decepcionante, porque estaba muy despejado.
Después de estar un par de minutos sólo tomando la brisa suave sobre su rostro, decidió regresar adentro, no había comido casi nada en la fiesta y, sin embargo, tenía un ligero dolor de estómago, aunque pensaba que debía tratarse de algo pasajero, era lo más seguro. Tomando las escaleras, bajó hasta el vestíbulo, en donde esperaría a Lee, pero cuando llegó, ese dolor que al principio era sólo una leve molestia, de pronto era mucho más fuerte.
—¿Qué rayos…? —se preguntó, sobándose el abdomen, mientras se acercaba hacia un mesón, en donde apoyó su mano libre.
—¿Señor? —le habló una de las chicas del staff, había ido a buscarlo por orden de Lee para serle de ayuda en lo que necesitara mientras esperaba por él, pero al encontrarlo en ese estado, inmediatamente se preocupó—. ¿Está bien? ¿Sucede algo?
Antes de poderle contestar, Gaara se vio invadido por unas enormes ganas de vomitar, así que corrió hacia el baño más cercano, no entendía qué le estaba ocurriendo, ni siquiera aquella vez que se contagió de gripe se sintió tan mal, era como si hubiese algo mal con él, ¿quizá algo de la comida de la fiesta estaba en mal estado? La chica del staff corrió en busca de Lee, estaba desesperada, no sabía qué hacer, así que lo mejor en lo que pudo pensar fue en pedirle ayuda al mánager, pero cuando llegó ahí, descubrió que la asistente del cantante también estaba sufriendo de los mismos síntomas.
—¡Gaara! —Lee llegó corriendo al baño en donde estaba el pelirrojo, lo encontró limpiándose la boca, agitado, incluso lucía un poco sudado, como si tuviera fiebre—. ¿Qué sucede? ¿Estás bien?
—Creo que algo me hizo mal —respondió, aguantando una nueva arcada—. ¿Seguro que no trajiste comida echada a perder? —cuestionó molesto, frunciendo el ceño.
—¡Claro que no! —exclamó su amigo, negando con la cabeza y tomando su teléfono—. Revisé todo lo que comimos, no había nada en mal estado, pero esto es raro, Matsuri también está enferma —explicó, por lo que Gaara abrió ligeramente sus ojos, sin que Lee lo notara.
Justo cuando estaba llamando al médico para que los revisara, la misma chica de antes, quien le avisó que Gaara estaba enfermo, apareció en la puerta del baño, más desesperada que antes.
—¡Señor Lee, es la señorita Matsuri, se desmayó y parece que delira! —gritó asustada, contagiando de aquella misma emoción a los dos hombres, que la miraron con sorpresa y algo de horror.
Lee colgó la llamada y en lugar de hablarle al médico, decidió llamar una ambulancia, mientras que Gaara, así de mal como se sentía, no dudó en correr hacia donde estaba Matsuri, en la misma sala de ensayos en donde habían celebrado su cumpleaños. Cuando llegó, la vio recostada sobre un sofá, tenía sus ojos cerrados y estaba ardiendo en fiebre, lo notó cuando le puso una mano sobre la frente, también se quejaba de dolor, sosteniéndose el estómago sin siquiera estar consciente de ello.
—Matsuri… —la llamó, su corazón latía con rapidez, aunque no lo quisiera admitir, estaba terriblemente preocupado por ella, incluso más que por sí mismo.
En eso, Lee llegó corriendo, encontrando al pelirrojo arrodillado a un lado de la desmayada jovencita, que evidentemente estaba mucho más grave que él, nunca pensó ver a Gaara con aquella expresión en su rostro, se notaba que le importaba lo que le ocurriera a Matsuri.
—¿Cómo puedes correr tan rápido estando enfermo? —cuestionó el mánager, tomando aire debido al esfuerzo físico realizado—. La ambulancia ya viene, les pedí que no llamaran demasiado la atención, pero no creo que eso sea posible.
—Lee —dijo Gaara, todavía le dolía el estómago, pero después de vomitar se sentía bastante mejor, era como si hubiera expulsado aquello que le estaba causando malestar—. No importa eso, creo que nos dieron algo… —un nuevo retorcijón le hizo cerrar un ojo e interrumpir sus palabras, así que simplemente se quedó callado, dejando que su mente recordara la imagen de aquella joven que le ofreció un trozo de pastel a Matsuri, el mismo que él también había consumido, aunque fue sólo una mordida.
La ambulancia llegó un par de minutos después, honestamente, todos estaban más preocupados por Gaara, los paramédicos intentaron ayudarlo a ponerse de pie, pero él los apartó de inmediato.
—¿No ven que ella está desmayada? Yo puedo caminar solo —dijo de mala gana.
Los paramédicos le hicieron caso y se ocuparon de llevar primero a Matsuri, ella se veía cada vez peor. Lee estaba respondiendo algunas preguntas sobre qué habían comido, para saber si cabía la posibilidad de que se tratara de alguna intoxicación alimentaria, pero entonces un plato de los que habían usado en la fiesta apareció frente a ellos, siendo sostenido por Gaara, todavía quedaba un pedacito de pastel que Matsuri no se había comido, lo sabía porque la estuvo observando en todo momento.
—Creo que alguien le puso algo, sólo ella y yo comimos de aquí —explicó, perdiendo el equilibrio luego de decir aquello.
—Hey, Gaara —Lee se apresuró en atraparlo, incluso si el cantante estaba resistiendo, si era cierto que habían comido algo sospechoso, él también tenía que ser atendido lo más pronto posible—. Vamos a subirte a la ambulancia con Matsuri, tampoco te ves bien.
Gaara no replicó y dejó que su amigo lo acompañara, tenían que irse lo más pronto posible, pues Matsuri continuaba inconsciente y él empezaba a sentirse cada vez peor.
—*—*—*—*—*—*—*—
Cuando Kakashi llegó a casa, era un poco tarde, lo primero que hizo al entrar fue quitarse los zapatos junto a la entrada y cambiarlos por algo más cómodo, su hija solía regañarlo si él olvidaba este paso, pues odiaba que ensuciara el piso que ella había limpiado.
—Estoy en casa, Matsuri —avisó, pensando que ella tal vez estaría en la cocina, preparando la cena, era la hora a la que normalmente lo hacía; sin embargo, no recibió respuesta alguna—. ¿Matsuri? —volvió a llamarla, pero sucedió lo mismo, nadie le respondió—. Qué extraño, ¿quizá todavía no llega?
Se dirigió hacia la cocina para comprobar si la menor estaba ahí, pero ésta estaba vacía, tampoco estaba en su cuarto ni en ninguna otra parte de la casa, eso era muy raro y no le gustaba nada, normalmente Matsuri volvía temprano del trabajo y por eso él había aceptado dejarla hacer eso, pero si iba a volverse una costumbre el que no respetara sus horarios, creía que tendría que ponerle un alto a ello de inmediato.
—Esta niña… voy a tener que hablar con ella apenas llegue —dijo soltando un suspiro.
Tomó su celular y marcó el número de la chica, pero luego de que escuchara el tono de repicado durante un rato, simplemente comenzó a reproducirse el sonido de la grabadora de voz, indicando que el usuario se encontraba ocupado. Estaba por repetir la llamada, cuando su pantalla se encendió por sí sola, mostrando el nombre y número de su hija, por lo que se apresuró en responder.
—Matsuri, si no vienes a casa ahora mismo vas a tener muchos problemas, jovencita —dijo nada más contestar, pero la voz del otro lado lo pilló desprevenido.
—¿Es el padre de la señorita Koyama? —dijo una mujer, alguien a quien jamás había escuchado antes—. Disculpe, lo llamo desde el hospital general, su hija acaba de ingresar aquí con una aparente intoxicación alimentaria, por favor venga cuanto antes.
Sintiendo como si tuviera un nudo en la garganta, apenas y le dio tiempo al hombre de decir que estaría ahí enseguida, antes de correr a tomar sus llaves, volver a ponerse los zapatos y salir hacia el auto para subirse y encender el motor, no sabía bien qué había sucedido, pero tenía que ir junto a Matsuri cuanto antes.
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No había notado en qué momento perdió la consciencia, pero cuando Gaara abrió sus ojos, se dio cuenta de que estaba recostado en una cama de hospital, en una habitación privada. Su brazo estaba pinchado con una aguja que le proporcionaba suero y se sentía bastante débil, pero tenía las fuerzas suficientes como para sentarse y mirar hacia la puerta, justo cuando Lee estaba entrando.
—¡Gaara! —exclamó el pelinegro, corriendo hacia su amigo para ayudarlo, acomodando algunas almohadas detrás de su espalda para que le fuera más fácil mantenerse equilibrado—. ¿Cómo te sientes? Me metiste un susto de muerte cuando de repente te desmayaste en la ambulancia.
Todavía algo desconcertado, Gaara miró a Lee y luego volvió la vista a su brazo.
—¿Me desmayé? —cuestionó, realmente se sentía confundido, no recordaba muy bien todo lo acontecido—. Me duele la cabeza… —murmuró, llevándose una mano a la sien.
Lee acercó una silla que estaba en la habitación, dispuesta para los visitantes de los pacientes, entonces su mirada se volvió seria y preocupada, tomando la palabra.
—Gaara, hay algo que tienes que saber —dijo, captando la atención del ídolo—. Tanto tú como Matsuri ingirieron veneno para ratas —los ojos de Gaara se abrieron como platos al escucharlo, a pesar de que se temía algo parecido, eso era demasiado osado por parte de quien lo hizo—. Al parecer estaba en el trozo de pastel que comieron, sólo en el de ustedes y no lo que el resto comimos, así que… ¿quién se los dio? ¿Lo recuerdas?
Con su mano todavía en la sien, Gaara intentó hacer memoria, recordaba vagamente a la chica del staff que llevaba puestos anteojos y tenía el cabello corto.
—Fue… alguien del staff —explicó, quejándose un poco por ese dolor que parecía que le taladraba la cabeza—. Era una chica, parecía que era nueva, pero su rostro se me hizo familiar.
El mánager asintió con la cabeza, pensativo, ¿así que había sido alguien que trabajaba con ellos? Pero eso no podía ser, ¿qué clase de persona haría algo así? Sobre todo, a Gaara, la estrella de la empresa.
—¿Habrá sido una fan obsesionada o una hater? —analizó, llevándose una mano al mentón—. Entiendo si no le caes bien a alguien, en serio —dijo con cierto sarcasmo—. Pero de ahí a llegar a esos extremos, creo que es demasiado…
—No —Gaara dejó de sostener su sien y bajó ambas manos, empuñándolas contra la manta que lo mantenía caliente, acababa de recordar algo más, algo muy importante y que, a su vez, lo llenó de rabia—. No era para mí, Lee.
—¿Cómo? —preguntó sin entender.
Gaara apretó sus puños un poco más, estaba furioso, ¿cómo era posible que hubiera una persona tan mala para hacerle algo como eso a una chica inocente?
—Intentaron lastimar a Matsuri, Lee —dijo por fin, estaba más que seguro de su afirmación—. Esa chica le dio el pastel a ella, no a mí, yo sólo comí un trozo porque la quise fastidiar —explicó, dejando estupefacto a Lee, que tenía la boca abierta después de enterarse de dicha información.
—¿Por qué querrían hacerle algo a ella?
—Ha estado corriendo el rumor de que una chica que trabaja para mí es mi novia, lo vi… en un foro de fans… —el pelirrojo cerró sus ojos y se mordió el labio inferior, si lo que estaba pensando era cierto, entonces todo esto era su culpa, él había expuesto a Matsuri a esto, pensando que nada malo pasaría—. Dile a Sakura que venga, ahora.
Lee no sabía para qué Gaara quería ver a Sakura, pero era mejor que no le preguntara nada en este momento, era obvio que su amigo y representado estaba hirviendo de ira y él no quería ser su blanco, así que se levantó de su asiento y se dispuso a salir para hacer una llamada, pero Gaara habló antes de que pudiera alcanzar el pomo de la puerta.
—Lee —lo llamó, haciendo un esfuerzo por mantener la compostura—. ¿Cómo está Matsuri? ¿Ella está bien? —preguntó, no podía evitar querer saber algo, después de todo, él era el responsable de que algo malo pudiera ocurrirle a la chica, si eso sucedía, no se lo iba a perdonar, por muy insoportable que fuera con ella, no le deseaba algo tan horrible; aunque estaba bastante seguro de que ese sentimiento amargo que lo atormentaba no era sólo culpa.
Por su parte, el mayor suspiró, apoyando una de sus manos sobre el pomo.
—Ella está bien ahora, han pasado tres horas, tuvieron que hacerle un lavado estomacal, ella ingirió mucho más veneno que tú así que está inconsciente todavía, está en cuidados intensivos, pero dijeron que se recuperará, su padre vino y está cuidándola.
Tras saber que ella estaba fuera de peligro, Gaara se relajó un poco, era un verdadero alivio, así que se recostó nuevamente, dejando salir un hondo suspiro y mirando al techo, así que Lee simplemente salió para hacer la llamada, sabía que Gaara odiaba perder el tiempo.
Una vez que supo que estaba a solas, el cantante se llevó una mano al pecho, el cual sentía apretado, su corazón latía rápido, ¿qué le estaba sucediendo?
—Qué bueno… —murmuró para sí mismo, sabiendo que Matsuri estaba en buenas manos.
—*—*—*—*—*—*—*—
Su estómago sonó por milésima vez en el día, como si hubiera pasado un tiempo muy largo sin probar bocado, lo cual era cierto, pues no había comido nada desde esta mañana. Como parte de su dieta, Sakura sólo estaba ingiriendo un alimento cada veinticuatro horas, de ese modo no ganaría peso demás, o eso es lo que pensaba.
—¿Qué fue ese sonido? —le preguntó su mánager, ella era una mujer joven, tan sólo un par de años mayor que Sakura, de hecho, tenía la misma edad que Lee, de quien era muy amiga.
—No fue nada, Tenten —dijo la peli rosa, ligeramente avergonzada de que su hambre fuese tal, que hasta la castaña delante de ella había podido escucharla.
Tenten, la mánager, iba conduciendo la camioneta en donde Sakura era transportada hacia su casa, ya habían dejado a Karin en la suya y se estaban deteniendo frente al hogar de la Haruno, así que ésta se despidió y abrió la puerta para bajarse, pero su teléfono comenzó a sonar, así que lo sacó de su bolsillo.
—¿Lee-san? —contestó, un poco sorprendida de recibir una llamada del mánager de Gaara, ya le había entregado el vídeo que tenía de él, así que no había motivos para que éste la contactara.
La castaña se volteó a mirarla con interés, observando con cautela como los ojos de su representada de pronto se abrían con enorme asombro, dejando en claro que no esperaba oír lo que escuchó.
—¡Por supuesto que no! —exclamó con enfado—. ¿Por qué haría algo así? Dile a Gaara que está loco y no, no puedo ir allá ahora, mañana haré lo posible, sí, buenas noches.
Después de colgar, guardó su teléfono y soltó un suspiro, no podía creer que Lee le preguntara si acaso había –por accidente– puesto algo raro en la comida de Matsuri o si le pidió a alguien que lo hiciera, era cierto que no le agradaba la castaña, pero no era una maldita psicópata.
—¿Qué sucedió? Te ves furiosa —preguntó Tenten, mas Sakura simplemente negó con la cabeza y se bajó del automóvil.
—No es nada, nos vemos mañana, gracias por traerme —dijo, cerrando detrás de su espalda para dirigirse al interior de su hogar, mientras su estómago volvía a resonar del hambre e incluso le dolía un poco.
Por su parte, la mánager suspiró, si Sakura se había molestado de ese modo, debía ser por algo bastante serio, lo mejor era que llamara a Lee y lo averiguara.
—*—*—*—*—*—*—*—
Kakashi se encontraba en el hospital, junto a la maquina de café instantánea. Estaba muy cansado, eran cerca de las doce de la noche y el día de mañana tenía programado un examen para sus estudiantes, además, la hora de las visitas estaba por finalizar y no quería dejar sola a Matsuri durante toda la noche, pero tampoco podía quedarse y dejar tirado el trabajo, debía pensar en una solución.
—Olvídalo, Matsuri es más importante… —murmuró, bebiendo un sorbo del café que acababa de salir de la máquina.
—¿Usted es el padre de Matsuri? —escuchó una voz masculina a sus espaldas, por lo que se volteó y asintió con la cabeza—. Soy Rock Lee, soy la persona que la contrató y, por tanto, me hago responsable de lo que ocurrió hoy, realmente lo lamento —explicó, haciendo una reverencia hacia el mayor, quien no se mostraba enojado, pero sí bastante serio.
—Entiendo que esto no fue culpa de nadie, sino de una fan de Gaara-san —contestó Kakashi, a quien le habían explicado brevemente lo sucedido y, por supuesto, no podía recriminarles algo que no sabían que sucedería.
Lee se irguió, asintiendo con la cabeza.
—Gaara quisiera verlo, ¿le podría dar unos minutos?
El peli plateado asintió con la cabeza, honestamente, no tenía muchas ganas de conocer al tal Gaara después de haberse enterado de que ese cantante había amenazado a Matsuri por arruinar una de sus prendas de vestir, ella nunca le contó nada de eso, simplemente dijo que quería tener dinero para sus cosas, pero la pobre había estado aguantando malos tratos por la culpa de ese sujeto tan ruin y déspota, Matsuri tendría que haberle dicho la verdad desde el inicio.
En silencio, Kakashi siguió a Lee hasta la habitación de Gaara, en donde éste se encontraba recostado nuevamente, pero levemente inclinado hacia arriba por las almohadas que tenía puestas. Todavía se sentía un poco mal, pero no era mucho comparado con lo que experimentó hace unas horas.
—Gaara —Lee lo llamó, captando su atención—. Es el padre de Matsuri.
Al ver al hombre entrar en la habitación, Gaara inmediatamente se volvió a sentar, no había sido tan difícil como la primera vez y pudo hacerlo sin ninguna ayuda de parte del mánager.
—Lamento lo sucedido, es mi completa responsabilidad que una de mis fans le haya hecho daño a Matsuri —habló, agachando la cabeza con respeto hacia aquella persona que era mayor que él, había pocas ocasiones en las cuales Lee lo había visto actuar de ese modo, Gaara no solía comportarse ni siquiera frente a los ancianos, esto era bastante novedoso viniendo de él.
Por otro lado, Kakashi, que se mantenía sereno, cerró sus ojos y asintió con la cabeza.
—Claramente necesitan mejorar su seguridad y no sé si le permita a Matsuri continuar con este trabajo, como su padre, es mi obligación cuidar de ella y no lo he estado haciendo como es debido, ni siquiera sabía acerca de su deuda —al escuchar aquello, el ceño del pelirrojo se frunció un poco, de sólo pensar en que podrían llevarse a Matsuri, la sensación era similar a tener una espina clavada en el pecho—. Quisiera saber cuánto es lo que debe y pagarlo yo mismo, así ella podrá enfocarse en sus estudios.
Los labios del cantante se movieron para hablar, pero Rock Lee fue más rápido.
—Si me permite, le enseñaré a cuánto asciende la deuda de su hija, pero independiente de ello, nos gustaría que ella siga con nosotros, es un gran aporte para nuestro equipo.
Gaara se rio internamente al escuchar a Lee decir eso, recordando todas las torpezas cometidas por Matsuri, las cosas que siempre rompía, cuando le robaron su ropa cara, el hecho de que siempre terminaba enfadada con él y llamándolo de todo, a pesar de ser su fan acérrima.
Matsuri no podía irse.
Después de discutir un par de minutos sobre la resolución de la deuda, Kakashi recibió una llamada de carácter urgente, por lo que tuvo que despedirse, le pidió de favor a Lee que cuidara por un rato a su hija, ya que él tenía que atender un asunto de suma importancia, aunque ninguno de los dos llegó a enterarse sobre qué se trataba.
—Bueno, Gaara —el pelinegro se cruzó de brazos y suspiró—. Parece que al fin te saldrás con la tuya, es posible que no vuelvas a ver a Matsuri rondando por la empresa, debes estar feliz, ¿no es así?
Gaara no le contestó, solamente se recostó y le dio la espalda.
¿Por qué tenía esa sensación tan amarga invadiéndolo?
—*—*—*—*—*—*—*—
Cuando Matsuri por fin abrió sus ojos, se sentía terriblemente desorientada, le dolía un poco el estómago y la cabeza. Rápidamente notó que estaba en una habitación de hospital, lo supo por las paredes blancas y aburridas, además de la aguja que estaba clavada en su brazo derecho. Miró hacia su costado, dándose cuenta de que Kakashi estaba dormido a su lado.
—¿Papá…? —lo llamó con dificultad, le dolía un poco la garganta, como si tuviera gripe.
Kakashi se despertó apenas la escuchó hablar, soltando un hondo bostezo, sonrió tras comprobar que la menor parecía estar bien, después del tremendo susto que había pasado, verla finalmente consciente era un verdadero alivio.
—¿Cómo te sientes? —preguntó, incorporándose—. Estás algo pálida.
Matsuri se tocó el rostro con una mano, aunque no podía verse, ese gesto no había tenido sentido, pero fue puro instinto, un movimiento involuntario.
—Me duele un poco el estómago y la cabeza —contestó, su voz sonaba extrañamente débil y eso la dejó un poco desconcertada—. ¿Qué pasó? ¿Por qué estoy aquí?
—Te envenenaron con arsénico —tanto Matsuri como Kakashi voltearon a mirar la puerta del cuarto cuando escucharon la voz de Gaara, él estaba de pie justo en la entrada, manteniendo su habitual expresión de seriedad, también llevaba puesta la ropa del hospital, por lo que la castaña entendió de inmediato que ambos habían sufrido el mismo destino.
—¿A-arsénico?
Antes de que ella pudiera reaccionar, los pasos del pelirrojo lo acercaron hasta los pies de la cama, en donde él se inclinó, de modo que su cuerpo formaba casi una L.
—Matsuri, lo lamento —dijo, sin poder ver que la chica abría tanto los ojos, que sus globos oculares ardieron—. Todo esto fue mi culpa, soy la persona que está a tu cargo y fue una de mis fans quien hizo esto, me disculpo sinceramente —tras hablar, volvió a enderezarse, solamente para encontrarse con la expresión anonadada de Matsuri, que tenía la boca abierta.
—¿Quién eres y qué le hiciste a Gaara?
El pelirrojo frunció el ceño, él estaba ahí tratando de ser serio y ella le salía con esa tontería, era por eso que siempre discutía con Matsuri, eran tan diferentes, completamente distintos, sin embargo, incluso sabiéndolo con certeza, Gaara no quería alejarse de Matsuri, porque anoche se había dado cuenta de algo muy importante.
Kakashi empezó a reírse de pronto, la interacción entre esos dos le había causado gracia, así que no pudo evitarlo.
—Entonces, jovencita, ¿por qué no me contaste nada acerca de tu deuda? —cuestionó, dejando de lado su momento de diversión—. Es bastante dinero, Matsuri, me temo que no podré pagarlo por ti.
—¡N-no quiero que hagas eso! —exclamó la castaña, sintiendo de inmediato la presión en su abdomen tan sólo por alzar un poco la voz, así que se presionó el mismo con sus manos, causando preocupación en los otros dos hombres, pero fue el peli plata quien se acercó a ella para ayudarla a acomodarse.
—No grites, no te hace bien —le aconsejó—. Y no te preocupes, Matsuri, no haré nada de eso, sé que no es lo que deseas —añadió, mirando de reojo a Gaara; Kakashi sabía bien que, si Matsuri hubiera querido que él resolviera sus problemas, le habría informado inmediatamente sobre la deuda y el trabajo, pero en cambio lo ocultó, precisamente para prevenir que él hiciera algo, porque quería resolverlo por sí misma, tal vez porque pensaba que ese no era su deber, por no ser su verdadero padre.
Tras sacar sus propias conjeturas al respecto (las que le disgustaron por completo), Kakashi suspiró, había avisado en la universidad que retrasaría el examen de sus estudiantes un par de horas, por lo que todavía tenía tiempo para llegar.
—Matsuri, tengo que irme al trabajo, pero hablaremos más de esto cuando vuelva, por ahora descansa y recupérate —dijo con la mirada fija en la menor, quien asintió con la cabeza. Sus ojos vieron fugazmente a Gaara, el cual continuaba dentro de la habitación—. También hablaremos después, Gaara-san.
El pelirrojo no dijo nada, simplemente lo vio salir y luego observó a la joven, que estaba nuevamente recostada, él no tenía mucho más que hacer ahí, así que se dispuso a salir también, pero sólo dio dos pasos cuando ella lo interrumpió.
—Gaara… —lo nombró la menor, él le estaba dando la espalda, pero ella igualmente continuó hablando—. ¿Cómo te sientes? También te viste afectado, ¿verdad? ¿Estás bien?
Gaara dio una media vuelta sobre sus talones y mostró su ceño fruncido —¿Por qué me preguntas eso? Deberías preocuparte por ti, eres la que recibió la peor parte —contestó, casi mordiéndose la lengua para evitar decirle que era una tonta por estar más pendiente de sí misma que de él—. Yo estoy perfectamente.
—Pero estás usando la ropa del hospital —insistió Matsuri, su expresión dejaba en claro su estado de alarma—. Eso significa que te sucedió lo mismo que a mí —se interrumpió a sí misma mordiéndose débilmente el labio inferior—. Tú eres alguien importante, yo sólo soy una don nadie, así que…
—No digas eso —dijo Gaara, cerrando sus ojos—. No digas que eres una don nadie, a tu padre le importas, a tus amigos también… —sus labios se callaron por un instante, despegando sus párpados para mirar fijamente a la contraria—. Y la verdad es que yo…
Antes de que terminara su frase, vio a Matsuri quejarse de dolor, así que se aproximó hacia ella asustado, no sabía por qué lo había hecho, tal y como cuando se enteró de que ella se había desmayado anoche, su cuerpo se movió por sí solo.
—¿Estás bien?
—¿P-puedes ayudarme a sentarme? Me duele un poco…
Sin decir nada, el cantante asistió a la jovencita para que pudiera sentarse sobre la cama, acomodando los cojines detrás de su cabeza y espalda, pero al hacer eso sus rostros se acercaron demasiado y, sin poderlo evitar, sus miradas se cruzaron y se quedaron fijas la una sobre la otra. De pronto, Gaara sintió el aliento suave de Matsuri tan cerca de sí mismo, que le pareció adictivo, sentía como si un imán lo atrajera, incluso su corazón había empezado a bombear más rápido.
—G-gracias —dijo la chica, cuyas mejillas estaban rojas, pues al igual que él, sentía la necesidad de estar más cerca.
—De nada —Gaara desvió su rostro y rápidamente se alejó, habiéndose asegurado de dejar cómoda a Matsuri—. Tengo que volver a mi habitación, no tengo permiso de estar aquí, le diré al doctor que venga a verte —dijo antes de caminar nuevamente hacia la puerta, esta vez mucho más rápido que la primera vez.
—Me alegra que no te haya pasado nada —dijo Matsuri, dibujando una suave sonrisa en sus labios—. Eres un idiota, pero todavía me caes un poco bien.
No supo por qué, pero ese comentario no le molestó a Gaara, al contrario, le sacó una estúpida sonrisa con la que abandonó el cuarto, aunque Matsuri no había podido verla. Por su parte, cuando él ya no estaba, la castaña se llevó una mano al pecho y sintió los latidos acelerados de su corazón, por un momento, habría jurado que Gaara tenía la intención de besarla, pero no sólo había sido eso, sintió algo muy familiar al tenerlo así de cerca, algo cálido y dulce que no esperaba que él pudiera provocarle.
—*—*—*—*—*—*—*—
Gaara ingresó a su habitación después de avisarle al doctor que Matsuri había despertado, Lee no estaba, pues había ido a aclarar todos los rumores que habían comenzado a circular acerca de su ingreso urgente al hospital, las redes sociales estaban a reventar y él era tendencia número uno en las búsquedas, muchas de sus fans le deseaban que se recuperara y algunos otros incluso inventaron que él estaba metido en drogas y que había sufrido una sobredosis.
Sinceramente, nada de eso le importaba ahora, simplemente estaba tan cansado, tan harto de que todo el mundo tuviera algo que decir, que lo mejor era hacer oídos sordos, por eso sólo se sentó sobre la cama de su cuarto, tomó un poco de aire y lo arrojó fuera en un suspiro.
—Me estoy volviendo loco… —susurró, mientras los recuerdos de la noche anterior venían hacia su mente.
—Esto es terrible, Gaara, han empezado a circular fotos tuyas ingresando en urgencias, están diciendo cosas sin sentido —dijo un alarmado Lee, el cual tenía su celular y una tablet, cada uno en una mano, le mostró la pantalla a Gaara y este ni siquiera se inmutó—. ¿No te importa acaso?
Gaara cerró los ojos.
—No realmente —contestó—. Si quieres, ve a resolverlo, me quedaré solo.
El mánager no lo pensó dos veces para marcar al presidente de la empresa, Itachi Uchiha, tenían mucho que aclarar, así que decidió salir para hablar más cómodamente y, ese momento en el cual Lee lo dejó solo, Gaara lo aprovechó para escabullirse a través del pasillo, sabía cuál era la habitación de Matsuri, pues el mismo pelinegro se lo había dicho. Antes de acercarse, vio al padre de ella salir, parecía un poco cansado, quizá iba al baño o a comer algo, ya era bastante tarde después de todo.
Sabiendo que no había nadie más cerca, se coló dentro del cuarto y cerró la puerta detrás de su espalda, todavía no se sentía del todo bien, pero evidentemente estaba mejor que ella. Detestaba la culpa que lo carcomía por no haberle hecho caso a las señales de alarma que vio antes, sabía que tenía fans peligrosas, las dichosas "obsesionadas", que no querían que nadie lo robara de ellas, seguramente veían a Matsuri como una amenaza por estar siempre cerca de él.
—Niña tonta… —susurró, tomándole suavemente la mano. Estaba un poco fría, pero lucía muy tranquila mientras dormía—. ¿Sabes el susto que me has dado? Todavía me debes dinero, no creas que te vas a escapar de mí tan fácilmente —aunque sus palabras parecían frías, su tono de voz era suave y tranquilo, casi arrullador—. Tienes que estar bien, ¿me oyes? Es una orden.
Se sentía como un tonto hablándole a alguien que ni siquiera podía escucharlo, pero cuando ella apretó su mano, se sorprendió al punto de dar un pequeño salto de la impresión, Matsuri continuaba dormida, pero de algún modo, parecía que sí podía oírlo.
—Matsuri… —la llamó por su nombre, inclinándose un poco hacia la joven, tras darse cuenta de que ella lucía inquieta—. Oye —posó su mano derecha sobre la mejilla izquierda de Matsuri y se le quedó viendo por un par de segundos.
—Gaara… —murmuró Matsuri en un hilo de voz, entonces él no fue capaz de contenerse y, antes de darse cuenta, sus labios estaban sobre los de ella, fue solamente un segundo, pero fue el tiempo justo para que todo en su interior se sintiera revuelto de un modo que jamás creyó posible.
Se separó de ella, abrumado por lo rápido que iba su pulso, luego se tocó los labios con la yema de sus dedos y recordó las palabras que le había dicho Mei sobre su canción, así como el anhelo y ansiedad que experimentaba desde que había besado a Matsuri en el cine; por fin lo entendía.
Realmente sentía algo por Matsuri.
—Me has vuelto completamente loco, niña tonta —dijo para sí mismo, arrojándose de espaldas contra la cama, tras volver a la realidad, esbozando una leve sonrisa.
Había descubierto que le gustaba esa chica, por primera vez, sentía que le gustaba alguien en serio.
