Capítulo corto porque se me borró como tres veces el comienzo y ya quiero acabar con este.


Harry bajó su mirada hacia su copa de vino, moviéndola lentamente entre sus dedos y perdiéndose en su color oscuro. La reunión había terminado hace unas horas pero se sentía incapaz de dormir, además de que podía sentir como una gran jaqueca empezaba a formarse tras sus ojos, mandándole punzadas de dolor. Lo había hecho. Se había arrodillado frente a ese niño y le había ofrecido el anillo familiar con el que había soñado proponérsele a Ginny algún día, ese precioso anillo que ahora brillaba en el dedo de ese chiquillo ambioso.

El moreno tomó un trago y desvió su mirada, su mente se sentía confusa y furiosa al mismo tiempo, no entendía en nada a Draco Malfoy, tampoco quería hacerlo pero el mocoso mandaba señales indirectas, podía mirarte con cara de inocente y actuar inocente pero unos segundos después podía decirte las cosas de frente, como una persona madura.

-Maldito niño-murmuró Harry para sí mismo, recordando la conversación que tuvieron esa noche.


Lily había logrado que todos los dejaran solos en el salón y ambos se habían quedado en lados opuestos, poco dispuestos a mirarse o a iniciar una conversación. Finalmente, Harry se encaminó hacia el minibar y se sirvió una copa, últimamente estaba bebiendo mucho pero le daba igual, lo necesitaba.

-Deberíamos aclarar un par de cosas ahora que estamos solos.

-¿Cómo qué?-preguntó el rubio, mirándolo de soslayo.

-Como que este matrimonio será una completa farsa-Draco asintió.

-Ya lo sabía-el moreno se giró hacia él, alzando las cejas.

-¿Y aún así piensas casarte conmigo?

-Difícilmente podía esperar que estuvieras enamorado de mí o yo te ti, no nos conocemos-replicó el rubio tranquilamente, sentándose en uno de los sofás.

-Entonces ¿Por qué haces esto? Es el dinero ¿verdad? No hay otra razón para que nos casemos más que esa-Harry bufó-eres un interesado más.

-Mira, Potter, Granger ya me contó ese cuento y te diré lo que le dije a ella: Yo no voy a mover ni un solo dedo para terminar este acuerdo, no haré a mi familia caer en desgracia solo porque tú eres incapaz de hablar con tu madre-dijo Draco con frialdad.

-Por supuesto que no harás nada ¿quién no quisiera toda la fortuna de los Potter en su poder? La gente como tú me da asco ¿sabes? Espero al menos que tu madre te haya educado correctamente y que valgas lo que pagaré por ti-dijo con desprecio y el rubio lo enfrentó, alzando su mano rápidamente y llevándola hacia su rostro, Harry giró la cara con el impacto y soltó una risa desagradable-Fiero. Me gusta-Draco retrocedió, asqueado.

-Jamás me pondrás una mano encima-siseó y Harry bufó.

-Ni que quisiera, yo tengo a una persona que amo, que es toda una mujer y no una niñita ridícula como tú-Harry empezó a caminar en círculos alrededor de él-Mírate nada más ¿quién podría quererte? Tienes la piel traslúcida como un fantasma, el rostro de un niño, el cuerpo de un adolescente ¿quién podría siquiera desearte?-Draco se quedó rígido, mirando fijamente al frente-te venderás como una zorra pero no te tocaré, tengo más gusto que eso-Draco se giró hacia él, sus afilados ojos plateados brillando.

-Me das pena ¿sabes? Hablas tanto de la persona que amas, te llenas la boca con palabras de amor pero al parecer eres incapaz de hacer que tu madre te case con esa persona. Debe ser muy triste para ti-Harry parpadeó, sorprendido-Entiendo, será difícil para ti y yo no soy una mala persona, no te quiero de esposo más de lo que tú me quieres a mi; la diferencia, Potter, es que yo no me las voy a agarrar contigo porque no es tu culpa realmente, pero tú si te la agarrarás conmigo incluso si es injusto. Para ser una persona madura, dejas mucho que desear-el moreno estaba con la boca abierta, mirándolo fijamente y sintió su rostro enrojecerse de verguenza y cólera.

-¡Mira, niñito...!

-¡Harry!-ambos giraron y miraron a Ron que se encontraba en la puerta, sus manos en sus bolsillos-mi tía Lily te llama-dijo neutralmente y él respiró profundamente, calmándose; le lanzó una mirada airada al rubio y salió a paso fuerte.


Harry observó el antiguo cofre y lo abrió, cogiendo entre sus manos el delicado relicario que descansaba dentro. El relicario Potter era un precioso collar con su dije ovalado y sus grabados en forma de rosa que habían pasado de generación en generación por los esposas/os de los Potter, en el salón familiar estaban colgados los cuadros de la familia y en todos uno de los esposos tenía colgado el relicario en el cuello. Su madre se lo había entregado diciéndole que se lo tenía que dar a Draco, por su pronta adición a la familia. Harry casi se había puesto enfermo mientras tenía que ir a entregarlo.

Pero el niño lo había sorprendido de nuevo.


-Yo...-Draco giró su cabeza, encontrándose con los fríos y duros ojos de Harry.

-Tómalo, Draco, te pertenece a ti ahora-dijo Lily, su sonrisa suave.

-Yo...-el rubio miró a su madre y ella asintió, aunque lucía dudosa.

-Tómalo, hijo-el rubio dudó de nuevo antes de finalmente poner el relicario de vuelta al cofre.

-No puedo aceptarlo-dijo, cerrando la tapa. Harry lo miró con ojos ensanchados al igual que Hermione, claramente sorprendidos; Narcissa y Lily parecían en shock, paralizadas en sus sitios; Ron tenía las cejas tan altas que casi desaparecían en su cabello y James tenía una sonrisita conocedora que a Draco le recordó mucho a Lucius.

-Pero...

-Yo todavía no soy oficialmente un Potter, no debería usarlo hasta que ese día llegara-dijo rápidamente, moviendo las manos nerviosamente. Harry entrecerró los ojos entonces, bufando. Por supuesto, el niño quería tener el título oficial antes de usarlo, debió de haberlo sospechado.


Cerró la tapa del cofre de nuevo y suspiró, acabándose el resto de la copa y sirviéndose un poco más. Draco había convencido a su madre de irse al poco rato y el moreno había soltado un suspiro de alivio cuando por fin se marcharon, sintiéndose más cómodo instantáneamente. Sus padres no se quedaron mucho, despidiéndose del trío y dejándolos solos en el salón. Hermione había estado muy molesta, diciendo que lo que Draco había hecho era solo una técnica para engañar a sus padres y ganar su simpatía, luciendo como un pequeño ángel. Harry había coincidido con ella inmediatamente, para nada dejándose engañar por su acto.

Pero Ron no pensaba lo mismo.


-Están demasiado cegados por sus prejuicios como para ver la verdad ¿no?-dijo, mirándolos fijamente, casi con desinterés.

-¿De qué hablas?-preguntó la castaña, frunciendo el ceño.

-Draco es solo una víctima en todo esto tanto como Harry lo es pero ustedes han decidido juzgarlo como el malo de la historia desde un principio. Por qué no piensan más bien que él ha perdido a su padre, su estilo vida y su libertad a una edad tan corta como él tiene, es difícil y veo el miedo en sus ojos cada vez que se menciona el matrimonio. Es un niño, como ustedes dicen y no tiene la culpa de nada.

-No te dejes engañar, Ronald-dijo Hermione con desdén-ese "niño" sabe perfectamente lo que hace, es inteligente, mucho, sus notas eran las mejores que se han visto en años y su récord lo certificaba como genio, ese niño puede planear todo esto y seguir fingiendo ser una paloma inocente.

-Él no quiere casarse contigo, Harry pero tendrá que hacerlo ¿no puedes siquiera darle una oportunidad?

-No-negó el moreno sin pensarlo-Porque él es lo único que está arruinando el que yo me case con tu hermana-el rostro de Ron se vació de emoción y giró el rostro.

-Eso nunca va a pasar-dijo en voz baja y el moreno lo enfrentó con desesperación.

-¡Amo a Ginny, Ron! ¿Por qué no puedes aceptarlo?

-¡Porque si rompes su corazón te odiaré para toda la vida!-exclamó el pelirrojo, mirándolo con ojos encendidos-Y tú eres mi amigo, Harry, no quiero odiarte.

-Lo dices como si ya supieras que romperé su corazón-susurró y Ron esbozó una sonrisa rota.

-Es porque sí lo sé-murmuró antes de marcharse sin una palabra más.


Harry soltó un suspiro cansado, cerrando los ojos, masajeando sus sienes para mejorar un poco su dolor de cabeza y bebiéndose lo último de su copa, abandonándola sobre la mesita y caminando hacia su cuarto. El moreno se cambió de ropa rápidamente, poniéndose solo un pantalón de algodón para dormir y se tendió en su cama, apoyándose en la almohada. Era demasiado. Demasiadas cosas en qué pensar, qué resolver pero Hermione tenía razón, ese niño era un diablo disfrazado de ángel y no le daría ni una oportunidad para arruinar su vida más de lo que ya lo había hecho.

-Jamás amaré a alguien como a él-susurró antes de quedarse dormido.


Draco no podía dormir. El rubio bajó su mirada hacia el reluciente anillo que estaba en su dedo y sintió ganas de arrancarlo y lanzarlo lejos de él para jamás volver a verlo. Su madre equivocada, Potter jamás sería capaz de amarlo, él ya tenía a alguien y solo haría la vida de Draco miserable ¿Pero cómo podía escapar? No había forma, no podría zafarse de esto, se casaría y viviría miserable toda su vida.

-Ahora estoy siendo dramático-susurró para sí mismo y volvió a apoyarse en su almohada, cerrando fuertemente los ojos y rogando por coger el sueño.

No lo logró realmente.


Ron observó el rostro dormido de su hermana y sonrió tiernamente, arropándola y saliendo silenciosamente del cuarto, dejándola descansar. Molly se encontraba en la sala, dos tazas de té puestas frente a ella.

-Entonces... ¿lo hizo?-Ron suspiró y se sentó.

-Sí-contestó en voz baja y la mujer asintió.

-¿Crees... crees que cumpla su promesa a Ginny?-el pelirrojo frunció los labios.

-No. Harry romperá el corazón de Ginny de una forma u otra, eso lo sé.

-¿Por qué, hijo?-Ron desvió su mirada, sus ojos perdidos en el vacío.

-Porque Draco Malfoy tiene todo en él para hacer que cualquiera caiga enamorado de sus encantos-respondió finalmente, una media sonrisa formándose en su rostro. Molly alzó las cejas.

-¿Cualquiera?-preguntó significativamente y el pelirrojo rodó los ojos, levantándose y dándole un beso a su madre en la mejilla.

-Buenas noches-dijo sin contestar a su pregunta y se marchó, Molly sonrió para sí misma.

-Ay, hijo, te conozco mejor de lo que crees. Me suena que Draco será un problema para más de uno...-musitó y rió ligeramente, bebiendo su té.