Cuando me levanto a la mañana siguiente y enciendo el ordenador, tengo un email de Christian, de anoche.

De: Christian Grey

Fecha: 23 de mayo de 2011 23:16

Para: Urtica Dioica

Asunto: Esta noche

Señorita Dioica:

Espero impaciente sus notas sobre el contrato.

Entretanto, que duermas bien.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

Venga, a por todas, Ortiga.

Pongo de nuevo en pantalla el documento donde he estado intentado reescribir el contrato, me crujo el cuello, y me pongo manos al teclado.

CONTRATO a día_ de 2011 («fecha de inicio») entre el Sr. CHRISTIAN GREY («el Sr. Grey») y la Srta. Utica Dioica («Ortiga»).

LAS PARTES ACUERDAN LO SIGUIENTE

1. Los puntos siguientes son los términos de un contrato vinculante entre el Sr. Grey y Ortiga.

TÉRMINOS FUNDAMENTALES

2. El propósito fundamental de este contrato es permitir que Ortiga pueda salvar la deuda contraída con el Sr. Grey con respecto a los servicios de abogacía proporcionados y costeados por el susodicho.

3. El Sr. Grey y Ortiga acuerdan que, para la cancelación de dicha deuda, se computará como divisa de intercambio la hora en tanto que unidad de tiempo, no pudiendo en ningún caso aplicarse intereses de ningún tipo.

4. El Sr. Grey y Ortiga acuerdan y admiten que todo lo que suceda bajo los términos de este contrato será consensuado y confidencial, y que las actividades que se realicen serán 100% sex-free, pudiéndose añadir posteriormente actividades a la lista de no permitidas.

5. Es preciso cumplir las garantías y los acuerdos anteriormente mencionados. Toda infracción invalidará este contrato con carácter inmediato, y ambas partes aceptan asumir totalmente ante la otra las consecuencias de la infracción.

ACTIVIDADES

6. El Sr. Grey podrá, si así lo desea, proponer lugares y actividades recreativas con las que ocupar el tiempo convenido, teniendo que ser estas previamente aprobadas por Ortiga, pudiendo dichas actividades ser rechazadas en caso de requerir un presupuesto que superase las posibilidades adquisitivas de Ortiga.

7. Queda excluida de toda consideración cualquier actividad que una o ambas partes puedan considerar insegura.

8. Si en algún momento el Sr. Grey no mantiene los términos acordados (aka, se pasa de la raya), Ortiga tiene derecho a finalizar este contrato inmediatamente y a reclamar que el Sr. Grey finalice asimismo el suministro de los servicios de abogacía mencionados en la clausula segunda.

9. Atendiendo a esta condición y a las cláusulas segunda a quinta, el Sr. Grey y Ortiga deberán alcanzar un acuerdo consensuado con respecto al empleo del tiempo compartido.

INICIO Y VIGENCIA

11. Este contrato será efectivo desde la fecha de inicio hasta que la deuda sea saldada («vigencia del contrato»). Al expirar la vigencia, ambas partes serán libres para seguir su vida felizmente por separado.

DISPONIBILIDAD

12. Ortiga cumplirá sus horas de acompañamiento con el Sr. Grey durante fines de semana alternos, desde el viernes por la tarde hasta el domingo por la tarde, siempre y cuando la fecha elegida sea conveniente para ambas partes, a horas a especificar de mutuo acuerdo («horas asignadas»). Pueden acordarse mutuamente más horas asignadas adicionales.

13. Ambas partes se reservan el derecho de anular determinadas fechas u horas asignadas sin necesidad de tener que dar explicaciones o justificarse, siempre y cuando se cumpla con la cortesía de avisar a la parte perjudicada con una antelación al menos equivalente al tiempo de desplazamiento hasta el lugar de encuentro acordado.

UBICACIÓN

14. A determinar por el Sr. Grey y Ortiga de acuerdo a su mutua conveniencia.

PALABRAS DE SEGURIDAD

15. El Sr. Grey y Ortiga admiten que el Sr. Grey tiene una irritante propensión a pasarse de la raya. En este tipo de circunstancias, Ortiga puede utilizar una frase de seguridad a modo de advertencia. Se incluirán dos frases de seguridad en función de la intensidad de la situación.

16. Se utilizará la frase de seguridad «eh, tú, capullo» para indicar al Sr. Grey de que la Sumisa está llegando al límite de su paciencia.

17. Se utilizará la frase de seguridad «cállate o te corto los huevos» para indicar al Sr. Grey de que a Ortiga ya no le queda paciencia para tolerar más tonterías. Cuando se diga esta frase, la acción del Sr. Grey cesará totalmente con efecto inmediato y deberá disculparse apropiadamente.

CONCLUSIÓN

18. Los abajo firmantes hemos leído y entendido totalmente lo que estipula este contrato. Aceptamos libremente los términos de este contrato y con nuestra firma damos nuestra conformidad.

El Sr. Grey: Christian Grey

Fecha

Ortiga: Urtica Dioica

Fecha

Guardo todos los cambios y regreso a la bandeja de correo.

De: Urtica Dioica

Fecha: 24 de mayo de 2011 09:02

Para: Christian Grey

Asunto: Nuevo contrato

Querido señor Grey:

Confío en que haya descansado bien esta noche.

A continuación encontrará mi propuesta de contrato. Espero que el miércoles la discutamos con calma en nuestra cena.

O.

Cierro el ordenador, me desperezo y comienzo a prepararme para ir a trabajar.

Al volver a casa del trabajo, me veo atrapada en una conversación telefónica con mi madre. Bueno, una mujer que por lo visto aquí es mi madre aquí, gracias a Dios no tengo que llamar a la loca de mi madre de verdad, porque eso sí que iba a ser un DRAMA con todas las mayúsculas.

Mi «madre» está muy triste, siente mucho no poder venir a la entrega de títulos. Y yo lamento no tener una buena excusa para no tener que ir yo misma.

Actos sociales. Brrrr.

Un tal Bob se ha torcido un ligamento y cojea así que por lo visto mi «madre» tiene que atenderlo todo el tiempo. Hasta donde yo sé cojear no te impide mover las manos para, no te digo ya cocinar, Dios me salve, pero cosas más asequibles como pedir comida a domicilio. No sé en qué otro tipo de labores tendrá que atenderle esta pobre esclava doméstica que no pudiesen solucionarse con un par de robustas muletas. Pero bueno, esto son dos personas menos presentes en el acto en cuestión, no voy a ponerle objeciones a semejante regalo de los cielos.

—Ortiga, cariño, lo siento muchísimo —se lamenta mi «madre» al teléfono.

—No pasa nada.

De verdad, si pudiera faltaría yo.

—Ortiga, pareces distraída… ¿Estás bien, mi niña?

Veamos: estoy atrapada en una historia en la que un millonario tarado y sadomaso me stalkea. Por otro lado, quizá consiga firmar un acuerdo #100%sex-free con él para salir de aquí.

—Sí, podría ser peor.

—¿Has conocido a algún chico?

—¿A lo largo de mi vida? —Menuda pregunta extraña—. A muchos.

No los he ido contado pero más de uno, seguro.

Se hace un silencio al otro lado de la línea.

—¿Hola? —pruebo.

—Bueno, cariño, el jueves pensaré en ti. Te quiero. Lo sabes, ¿verdad?

Yo el jueves pensaré… en lugares felices donde podría estar si no tuviese que asistir a una graduación. Al final va a resulta que sí soy un poco masoquista.

—Bueno. Venga, chao.

—Adiós, cariño.

—Adiós.

Cuelgo. Mientras hablaba con ella, he entrado en mi habitación. Enciendo el ordenador. Tengo un e-mail de Christian, de esta mañana.

De: Christian Grey

Fecha: 24 de mayo de 2011 09:07

Para: Urtica Dioica

Asunto: Nuevo contrato

Señorita Dioica:

Veo que le ha dedicado muchas energías a elaborar este acuerdo. ¿Por qué no se ha ido todavía a trabajar?

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

—Listo, que eres un listo —le digo a la pantalla con un deje ligeramente gánster.

Este flipao se cree que yo me iba a quedar toda la mañana mirando la pantalla con cara de gamba a la espera a que me contestase al email. Pues claro que me fui a trabajar, no te fastidia.

De: Urtica Dioica

Fecha: 24 de mayo de 2011 18:29

Para: Christian Grey

Asunto: Nivel de stalkeo: PREOCUPANTE

Tal vez debería informar a la policía de que (por algún misterioso motivo) crees conocer mejor que yo mis horarios laborales y el tiempo que tardo en llegar desde mi casa a mi puesto de trabajo. ¿Te gustaría que hablásemos de ello?

O.

De: Christian Grey

Fecha: 24 de mayo de 2011 18:32

Para: Urtica Dioica

Asunto: Hablaremos en la cena

Pasaré a buscarla por su casa a las siete en punto.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

Compruebo el calendario con extrañeza.

De: Urtica Dioica

Fecha: 24 de mayo de 2011 18:40

Para: Christian Grey

Asunto: ¿?

Hoy es martes.

O.

De: Christian Grey

Fecha: 24 de mayo de 2011 18:43

Para: Urtica Dioica

Asunto: Explicaciones

Pasaré a buscarla por su casa a las siete en punto mañana.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

Menos mal, ya me lo estaba viendo otra vez en mi cama.

De: Urtica Dioica

Fecha: 24 de mayo de 2011 18:49

Para: Christian Grey

Asunto: Más detalles

¿Dónde vamos a cenar?

O.

De: Christian Grey

Fecha: 24 de mayo de 2011 18:52

Para: Urtica Dioica

Asunto: ¿Suficientes detalles?

En mi hotel.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

Tampoco te flipes, que no es tuyo. ¿O si es suyo? Uf, vete tú a saber.

No importa. Lo importante, Ortiga, es que es un sitio público y con posibilidad de acceso a taxis en caso de que una huida a la desesperada se haga necesaria. Todo está bajo control.

Por otro lado, seguro que cuesta un dineral.

De: Urtica Dioica

Fecha: 24 de mayo de 2011 18:55

Para: Christian Grey

Asunto: Menú de estudiante

Podríamos buscar algún sitio un poco más asequible. Conozco un restaurante decente y no muy caro cerca de mi casa. Comida mejicana, ¿te hace? Así, además, no te tienes que dar el paseo para venir a buscarme y regresar al hotel: se puede ir andando desde aquí.

O.

De: Christian Grey

Fecha: 24 de mayo de 2011 18:59

Para: Urtica Dioica

Asunto: Estudiantes que ponen a prueba mi paciencia

Señorita Dioica:

Cenaremos en mi hotel y, por supuesto, correrá a mi cuenta. Taylor pasará a buscarla a las siete en punto.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

De: Urtica Dioica

Fecha: 24 de mayo de 2011 19:02

Para: Christian Grey

Asunto: Usted no tiene paciencia que pueda ser puesta a prueba

Tú sabrás en qué te gastas tus millones.

O.

Cena por la cara y chófer, pues tan ricamente.

Kate y yo nos dedicamos a empaquetar y compartimos una botella de vino barato que, como tantas veces, se bebe ella sola mientras yo bebo agua. Cuando por fin casi he terminado de empaquetar mi habitación y me voy a la cama, estoy lo bastante cansada como para ni siquiera acordarme de mi cita inminente con Grey. La actividad física de meter todo en cajas ha sido una buena distracción. Quiero descansar. Me acurruco en la cama y enseguida me quedo dormida.

En la ferretería hay un tipo que no reconozco, pero que debo de conocer de algo, porque está fingiendo trabajar conmigo. Lo único que hace en realidad en todo el día es ir siguiéndome por la tienda y pidiéndome que quedemos, pero lleva puesta la camiseta con el logo. Tengo como una sensación de déjà-vu, pero su cara no me dice nada.

Hay un número limitado de maneras en las que se puede rechazar a alguien de manera amigable. En mi caso, ese número suele ser el cero. Sin embargo, a juzgar por la conversación que escucho entre mi jefa y el pesado al comienzo de la mañana, parece que hay entre ellos algún tipo de relación de consanguineidad. Se supone que no hay que cabrear a la mano que te da de comer, incluso aunque esa mano sólo vaya a darme de comer durante dos días más.

—Venga, Ortiga, ¿por qué no? —repite por vez, probablemente, un millón.

—¡Por Dios! —estallo al fin, llevándome ambas manos a la cabeza.

¿Quién eres y qué coño quieres de mí?

—¡Cállate ya! Me estás poniendo jaqueca.

Me encaro con él con el gesto crispado por la desesperación y la tensión acumuladas de haber estado mordiéndome la lengua durante las últimas cinco horas mientras sentía en mi nuca la mirada fija de mi jefa.

—No, no, NO. No voy a quedar contigo. —Agito las manos con violencia hacia su cara—. Aunque no tuviese ya planes, en lo que a ti respecta tengo planes para el resto de mi vida. Toda ella.

—No, no tienes planes —continúa sin descorazonarse—. Lo dices para darme largas. Siempre me das largas.

AAAAAAAAGH.

—No te estoy dando largas. Te las estoy dando cortas. Muy cortas: NO. Lo único aquí más corto que un monosílabo ERES TÚ.

Tengo como ganas de comenzar a correr por entre las estanterías agitando los brazos y gritando como una desquiciada. Que es lo que soy ahora mismo.

Él parece de pronto muy asustado. Mi jefa me mira, también con los ojos muy abiertos, desde el otro lado del mostrador de cobrar.

Podría hacerlo. Quizá lo haga. Siempre puedo alegar enajenación mental transitoria. Ahora tengo un abogado muy caro. Puedo permitírmelo.

¿Ortiga?...

—¡AAAAAAAAAAAGH! —le grito en la cara al pesado, que retrocede un saludable paso.

Me doy la vuelta y sigo colocando estanterías.

Si los hados me sonríen, eso basta para que me deje tranquila el resto de mi turno. A las cinco en punto salgo echando leches.

Para lo que me queda en el convento ya me cago dentro.

Kate me ha prestado dos vestidos y dos pares de zapatos para esta noche y para el acto de mañana. Con mucho primor y agradecimiento yo los meto en una de mis cajas de ropa y me calzo unos vaqueros relativamente nuevos heredados de Zarza y unas deportivas negras relativamente discretas.

Muy bien, Ortiga, lista para ir a negociar un contrato en un hotel de superlujo.

A las siete menos cinco asomo la cabeza al pasillo para asegurarme de que Kate no está en el salón para verme salir.

No hay moros en la costa.

Con el sigilo y habilidad de un ninja que no ha recibido mucho adiestramiento consigo abandonar el apartamento sin ser vista ni interceptada. Abajo ya me está esperando el coche pijo de Grey. No que reconozca el coche en sí, pero su guardaespaldas espera junto a la puerta, así que eso lo hace más sencillo de identificar.

—Gracias, Tyler —le digo con una sonrisa amable cuando me abre la puerta.

Él inclina la cabeza y tiene la deferencia de no comentar nada sobre mi atuendo, aunque le veo mirarme de reojo por el espejo retrovisor en varias ocasiones durante el corto trayecto. Me deja en la puerta del hotel y se marcha con el coche. El tipo que hay a la puerta del hotel se muestra algo menos discreto a la hora de valorar mis vaqueros.

Christian está inclinado sobre la barra, bebiendo un vaso de vino blanco. Va vestido con su habitual camisa blanca, y el resto del traje negro, incluida la corbata. Lanza una mirada, creo que nerviosa, hacia la puerta y al verme se queda inmóvil. Pestañea un par de veces y después esboza lentamente una sonrisa resignada. Avanzo hacia él. Se levanta y viene hacia mí.

—Estoy impresionado —murmura mirándome de arriba abajo—. Vaqueros, señorita Dioica. ¿No hay ninguna manera de que pueda convencerla de ponerse al menos una vez un vestido?

—Nope.

—Lástima —susurra.

Me coge de la mano, me lleva a un reservado y hace un gesto al camarero.

—¿Qué quieres tomar?

Esbozo una ligera sonrisa mientras me siento en el reservado. Puede que esta sea la primera vez que pregunta.

—Tienen una bodega excelente —me informa.

Hoy me siento temeraria.

—Venga. Tomaré lo mismo que tú.

Divertido, pide otro vaso de «Sancerre» y se sienta frente a mí.

Apoya los codos en la mesa y junta los dedos de ambas manos a la altura de la boca. En sus ojos brilla una incomprensible emoción.

—¿Estás nerviosa? —me pregunta amablemente.

—No sabría decirte —respondo, considerando con cuidado la pregunta—. No especialmente.

—¿De verdad?

Compone una sonrisa ladeada y se inclina hacia adelante para acabar casi susurrándome al oído.

—Yo sí lo estoy.

Retuerzo los hombros para calmar el cosquilleo.

Contrólate, le advierto con la mirada.

Llega el camarero con mi vino, un platito con frutos secos y otro con aceitunas. Antes de que se retire aprovecho para pedirle disimuladamente que me traiga también un vaso de agua. Aunque no sé si me oye.

Levanto la copa de vino y la agito, la miro con curiosidad antes de acercármela a la nariz. El olor es suave y afilado, muy frío. Me mojo los labios. Ahí están las agujas clavándoseme en la lengua.

—¿Qué le parece?

Me relamo los labios con aire pensativo y me encojo de hombros.

—No es que el sabor sea desagradable, pero sigue siendo vino —contesto.

Y pincha.

—Bueno, ¿cómo lo hacemos? —le pregunto—: ¿quieres revisar punto por punto el nuevo contrato?

—Siempre tan impaciente, señorita Dioica.

—¿Prefiere que le pregunte por el tiempo?

Sonríe y coge una aceituna con sus largos dedos. Se la mete en la boca.

Mmm, aceitunas.

Me agencio yo otra.

—Creo que el tiempo hoy no ha tenido nada de especial —me dice riéndose.

—Y así es como se mata una conversación. —Me meto otra aceituna en la boca.

Él se ríe. Le doy otro sorbito cauteloso a la copa de vino. Mi agua aún no ha hecho acto de presencia y empiezo a tener sed.

—¿Cuál es el objetivo de estos contratos, de todas formas? —le pregunto—. No tienen ningún tipo de validez legal, al fin y al cabo.

—No importa si es legal o no. Es un acuerdo al que me gustar llegar con mis sumisas, lo que me gustaría conseguir de ellas y lo que ellas pueden esperar de mí.

—Ya —le interrumpo—, excepto por la parte en que hay muy poca información sobre lo que realmente tus sumisas pueden esperar de ti y sí muchas cláusulas sobre lo que a ti te gustaría conseguir de ellas. Se trata de un acuerdo muy poco equilibrado.

—¿Significa eso que estaría dispuesta a reconsiderar mi propuesta si equilibrásemos un poco más las cláusulas adecuadas? —me lanza con voz densa, la sonrisa ya muy amplia, y esperanzada.

—No. Solo era una apreciación aséptica. —Voy a por otra aceituna y la boca se me llena de un sabor muy desagradable de repente.

Malditas aceitunas de otros colores engañosamente similares a las deliciosas.

Ortiga, estás en un hotel pijo, no escupas.

Repaso la mesa a la desesperada. Mi agua sigue sin haber venido. Creo que se me debe de estar amoratando la cara de no respirar y no masticar para no liberar más sabor repugnante.

—¿Urtica? —tantea Grey algo preocupado.

A la desesperada, agarro lo copa de vino y doy un largo trago sin pensar. La boca se me llena de amarillo que pincha. Y la mezcla con la aceituna NO LO MEJORA.

Mierda.

Creo que se me van a saltar las lágrimas.

—¿Urtica?

Trago todo de golpe y tomo una gran bocanada de aire. Me lleno la boca con casi todos los panchitos de un zarpazo urgente. Ahora miro el cuenco de aceitunas con un odio cerval.

Oh, oh. Mi copa de vino ha quedado reducida a la mitad. Creo que esto es más de lo que bebido en toda mi vida, junto.

Grey espera un periodo de tiempo prudencial, observando mis reacciones, antes de decidir que todo parece estar más o menos bajo control, y retomar dubitativamente la conversación.

—Las relaciones de este tipo se basan en la sinceridad y en la confianza —sigue diciéndome—. Si mi sumisa no confía en mí… Tiene que confiar en mí para que yo sepa en qué medida la estoy afectando, hasta dónde puedo llegar con ella, hasta dónde puedo llevarla… Si no puede ser sincera conmigo, entonces es imposible.

¡Directamente al grado… al grano de la cuestión! Yey.

Espera. Estamos hablando de su contrato sadomaso. ¿Qué pasa con el mío?

Céntrate, Ortiga.

—Es muy sencillo, Urtica. ¿Confías en mí o no? —me pregunta con ojos ardientes.

No, Aladdín, no confío en ti.

—Tu contrato no me interesa —le digo—. Me interesa el mío.

Uy, qué de puntos brillantes.

—¿Has mantenido este tipo de conversación con las quince sumisas? —pregunto con curiosidad y una sonrisa tonta en los labios.

—No.

Me mira raro. Mira mi copa de vino medio vacía. Vuelve a mirarme. Arrastra mi copa hacia su lado de la mesa.

Sí. Beber puntos que brillan no puede ser bueno para la salud.

—¿Por qué no? —insisto.

—Porque ya eran sumisas. Sabían lo que querían de la relación conmigo, y en general lo que yo esperaba. Con ellas fue una simple cuestión de afinar los límites tolerables, ese tipo de detalles.

—¿Vas a buscarlas a alguna tienda? ¿Sumisas 'R' Us?

Se ríe.

—No exactamente.

—Pues ¿cómo?

—¿De eso quieres que hablemos? ¿O pasamos al meollo de la cuestión? A tu propuesta de contrato, como tú dices.

¿Yo no había pedido agua?

Examino con concentración la mesa.

El agua en realidad no tiene color. A lo mejor mi vaso está aquí y no lo estoy viendo. Achico los ojos para intentar afinar mi visión.

—¿Tienes hambre? —me pregunta, y me distrae de mis pensamientos.

—¡Comida! —canturreo—. ¿Dónde?

Se ríe.

—Podemos cenar aquí o en mi suite. ¿Qué prefieres?

—Creo que mejor nos quedamos en terreno neutral.

Sonríe con aire burlón.

—¿Crees que eso me detendría? —me pregunta en voz baja, como una sensual advertencia.

Me cuesta un instante localizar todos los músculos necesarios para fruncir el sueño… ceño.

—¿Te dentendría de qué?

Él también arruga el entrecejo.

—Urtica, ¿estás borracha? —pregunta muy serio—. Apenas has bebido media copa de vino.

—No sé —Cruzo los brazos sobre la mesa y apoyo la cabeza. Bostezo—, pero los puntitos brillantes están empezando a marearme un poco.