Harry Potter y sus personajes no me pertenecen. Todo esto es creado por la autora J.K Rowling y esto no tiene fines de lucro.


Porque es más fácil fingir que las cosas van bien, que no sucede nada y que somos inmunes a cualquier cosa.

Pero cuando ese algo finalmente nos ataca, es imposible resistirse. De alguna u otra forma, terminamos tan jodidos como siempre.

Harry James Potter—


A lo largo de mi corta vida de dieciséis años he escuchado versiones incontables de lo que trata el amor y lo que conlleva: existe el amor fraternal, el cual tuve la vivencia de experimentar con mis padres James y Lily Potter desde el primer momento en que nací, al igual que mi padrino Sirius y mi tío político Remus; tambien conocía el amor de una amistad, ese lo había encontrado con Ron Weasley y Hermione Granger el primer día que los conocí en el expresso de Hogwarts en una de las cabinas, ese momento cambio parte de mi vida, pues sino hubiera sido por eso, tampoco pude haberla conocido a ella.

Es aqui cuando llego a este punto de la historia, donde en algún lugar, en lo más recóndito de mi mente, me gustaría regresar el tiempo e impedir ciertos sucesos que detonan a una gran desilusión. Y es difícil no creer que a gracias de la magia se pueda lograr, sin embargo muchas veces mi mejor amiga me ha dicho lo peligroso que pudo haber sido para ella regresar en el tiempo gracias al accesorio que la profesora McGonagall le había dado en nuestro tercer año, para que cada que la idea cruzaba por mi cerebro esta misma fuera desechada por una voz en mi cabeza muy similar a la de Hermione.

Pero eso no explica nada, desde pequeño incluso antes de que pudiera caminar, intente tomar el ejemplo de no desperdiciar oportunidades gracias a la historia de mis padres y su experiencia: su historia de amor adolescente. James y Lily Potter habían desperdiciado mucho de su tiempo para estar juntos, y aunque al final lo habían conseguido, simplemente uno pudo acelerar las cosas dando el primer paso.

Es por eso que yo no me detenía por nada, iba de lleno a lo que quería terminando ganando a mi favor en la mayoría que me propusiera; más en este caso, estaba claro que el destino y mi propio razonamiento me estaban jugando en contra, no podía creer que, de entre todos mis ejemplos a seguir, haya terminado igual que mi atolondrado padre, quien se había enamorado a tan corta edad pero demasiado tarde a mi parecer; sin contar que no de cualquiera. O no, tenía que ser de una pelirroja.

Ginny Weasley era la causa de mis sueños mas hermosos del mismo modo que mis pesadillas mas oscuras. No había tenido ninguna otra pesadilla que no involucrará al malvado que casi asesina a mis padres sino fuera porque ellos lograron ser más fuerte y derrocarlo. Era un motivo para levantarme temprano en las mañanas, bajar a desayunar con una sonrisa mientras la veía almorzando con sus amigas para yo terminar con la cara cubierta de leche por no masticar bien y casi atragantarme.

En clases la concentración me abandonaba: cada que hacia algo, terminaba mi mente asociandolo de alguna manera a cosas de la Weasley más chica -que su cabello tiene el mismo tono que estas yerbas, que sus ojos marrones brillan igual que la bola de cristal, que que pensara Ginny de este tema de transformaciones- para al final del día, verla en la sala común haciendo sus deberes mientras yo, intentaba hacerlos pues siempre me terminaba distrayendo ante cualquier movimiento por parte de ella, que me resultaba hipnótico.

Recuerdo que todo esto, toda esta maraña de sentimientos nuevos que en mi vida crei experimentar habían sucedido una tarde que no pensaba siquiera en lo que hacia, solo recuerdo el haber tenido el primer entrenamiento del equipo de Quidditch de Gryffindor siendo yo su nuevo capitán. Había reclutado a los nuevos golpeadores al igual que los cazadores tras el infortunio de Kate Bell con un maleficio que le había lanzado en la primera excursión hacia Hodsmade.

Nuestro regreso entre mi mejor amigo y yo hacia la sala común de Gryffindor no fue mas que hablar de sus grandes hazañas como guardian y que había mejorado mucho en todo el verano. Sin contar de estarme burlando de él y su, al parecer nueva relación con nuestra mejor amiga Hermione Granger, pues la castaña no había perdido el tiempo y fue a animarlo en las gradas ante cada gol que paraba el pelirrojo.

Recuerdo haber pensado en lo patético que se veian ambos derramando miel en cualquier lado a donde ellos iban, además de decir más de una vez, que la sonrisa embobada y estúpida de Weasley era lo que nunca iba a hacer si mi corazón llegaba a pertenecer a alguien. Después de todo, ¿quien no quisiera estar con el niño que vivió, dos veces?

Pero el destino es una mierda. Una jodida mierda.

Porque me hizo darme cuenta, de la peor forma posible y a quien menos imagine, que mi corazón ya tenía una dueña grabada al rojo vivo e incrustado como una vil astilla en el dedo, cuando al querer pasar por el pasaje secreto que nos conducía más rápido al retrato de la dama gorda, a una pareja que se besaba de manera apasionada al otro lado del tapiz.

Ver a Ginny Weasley besarse con Dean Thomás fue como el destino me dijo: jódete, Potter.


—Juro que mataré a Dean cuando lo vea atravesar esa puerta.

Pero la amenaza de Ron no paso de ahí al ser dicha cuando llegamos a la habitación con las miradas inquisidoras de Seamos y Neville sobre nosotros, pues cuando su cabeza toco su almohada al micro segundo se hallaba roncando metido en el quinto sueño. Sin embargo no dejaba de murmurar en sueños todos los planes macrabros que el pelirrojo le estaba haciendo al moreno en su mente.

No fue hasta pasadas la una de la madrugada cuando llego el mencionado al cuarto, caminando de puntillas para evitar que el hermano de su novia no lo viera y lo asesinara. Aun así, no conto con que yo estuviera despierto cual león casando a su presa, sentado en mi cama de piernas cruzadas, clavando sus ojos en él cuando se percato de mi presencia.

—Lo lamento, Harry. No esperaba que vieras esa escena tan bochornosa.— no conteste, ni siquiera cuandodejo sus zapatos a un lado de su cobertor de la cama, él susurrando para evitar despertar los chicos.- Y tampoco quiero que pienses mal de Ginny, ella es una gran chica; no me gustaría que la dejaras de ver de esa forma.

Pues claro que seguia pensando de ella como una santa. Era él quien, por algún extraño motivo, ya no me simpatizaba del todo; pues algo en mi estómago me exigía cumplir la promesa de Ron por él aquí y ahora; decir que había sido un encargo del pelirrojo. Sin embargo, no se comparaba en nada a lo que yo tenía planeado hacerle a Dean con lo que Ron estaba soñando.

¿Era algo drástico aventarlo por la ventana?¿Y decir que una lechuza lo había confundido con un vil insecto? No, pobre de la lechuza.

—No pasa nada.— decidí no compartir mis pensamientos asesinos y guardarlos para cuando me encontrara solo, en silencio. Ysin dejar de cruzar sus brazos, le mostré la sonrisa mas sincera que pude, y claro el chico no se percato de las marcas de uñas en la piel de mis brazos gracias a la presión que ejercía, para no estamparle un puño en la cara.—Todo esta normal.

Pero obvio nada estaba normal, en mi mente no dejaban de pasar imágenes de mi utilizando a el moreno de cabello negro como una vil Bludger mientras descargaba mi ira con un bate de golpeador, no dejando de perseguirlo alrededor del campo de Quidditch. Por otro lado, una alegre Ginny me victoriaba por mis maravillosas jugadas a un lado en las gradas.

No sonaba tan mal la fantasia. Quizás y podía hacerlo. Era el capitán, por consiguiente podía hacer lo que se me pegara la gana.

—¿Enserio? Vaya, creí que te ibas a molestar, pues eres como uno más de la familia de mi novia; casi eres como un hermano más para mi novia.

¡No necesitaba toda esa información! Mi estómago comenzó a arder como el fuego vivo por ver la cruda realidad; hubo un tiempo en el que la más chica de la familia de pelirrojos veneraba el piso donde yo pisaba, cada que invitaba a Ron a mi casa, por algún motivo la chica se colaba con su madre o su padre y se distraía con la absurda charla de Lily y James Potter.

—Te aseguro que no.— ya la quijada comenzaba a dolerme por el insistente dolor que me estaba produciendo al tener apretados los dientes todos estos minutos.— Yo no soy ni remotamente un hermano más Weasley.

Soy mucho peor.

—¡Genial!- estaba tan contento por creer que, al menos yo no iba a golpearlo, que se olvido de bajar la voz, por lo que gracias al grito mi mejor amigo a su lado se levantó de golpe, y al verlo ahí, parado con la ropa del uniforme más desarreglada que cuando lo encontramos y siendo ya casi las dos y media de la madrugada; sus ojos brillaron como dos brasas rojas de un incensante fuego azul.

—¡DEAN!—el chico salió despavorido ante la furia Weasley, saltó de un lado a otro entre las camas de Neville y Seamus. Una técnica algo estúpida para que estos impidieran un amasacre. ¿Por que no era un hombre y enfrentaba con los huevos que tenía al hermano de su novia?—PEDAZO DE IMBÉCIL. ¡¿Por que mierdas le metes mano a mi hermana pequeña?!

Viendo todo este desastre que había a mi alrededor, decidí mantenerme fuera de esta absurda pelea y me termine acostando de costado; intentando hacerme oidos sordos por los hechizos poco prácticos que le lanzaba el ojo azul a Thomas, no tenía la menor intención de ayudar. Tan solo esperaba McGonagall no se enterara que sus queridos estudiantes se estaban matando con sus hechizos vistos en clase.

Finalmente caí en los brazos de morfeo después de una hora y media más dando vueltas en mi cama. Y fue la primera vez, de muchas de las que se aproximaban, en que soñe con Ginny Weasley en una situación mas de simples amigos.


Mi brazo ya comenzaba a entumecerse pero eso no impedía que mis ojos se apartaran del punto de mi atención, y mi sonrisa menos iba a desaparecer pues la pelirroja había soltado una carcajada de un comentario gracioso por parte de Demelza; y solo eso necesitaba para ser feliz toda la maldita semana.

Hermione tambien se encontraba con ellas en una de las esquinas de la Sala Común, se veía que ambas chicas de quinto año habían salido de otro arduo entrenamiento por parte de un servidor, pero no podían culparme; después de haber regresando de las vacaciones de invierno tras haberlo pasado con Ginny, se me hacia menos probable en separarme de ella.

Y para mi desgracia, los entrenamientos era lo único que me salvaba para poder verla "discretamente" pues era demasiado raro para todos -incluyendo a la misma ojiazul-, el que yo me acercara de la nada a intentar entablar conversación. Ahí se demuestra que, a pesar de que en las últimas vacaciones de verano nos había acercado más, nunca tome la iniciativa de hablarle por mi propia cuenta en años anteriores.

Es por eso que, para no levantar sospechas de nadie, había hecho un arduo trabajo para que al menos una vez a la semana tuviéramos entrenamiento para estar preparado, con el pretexto de que se acercaba un poco más la final.

—Hola Harry.— desperté de mi hermosa ensoñación cuando mi mejor amigo volvía a su asiento después de haber ido a robar algo a los elfos domésticos de comer; estaba seguro de que en cuanto la castaña que tenía por mejor amiga se enterara, iba a arder troya.— ¿Haz acabado ya el reporte para McGonagall? Yo aun voy a la mitad.

Ni siquiera me había dignado en tomar la pluma, se podría decir que mi cerebro fue vaciado en el poco tiempo que tenía de estar sentado en la banca. Fue otra carcajada por parte de la pelirroja a unos metros que me hizo sonrojarse como jitomate, bajar la mirada y comenzar ese bendito escrito.

Claro esta que Ron se percato de la presencia de su hermana desde el momento en que detecto a Hermione en el lugar, no era ningún secreto que estaba esperando el momento justo para pedirle una cita con ella. Casi el tambien se carcajea al saber que mi distracción estaba a solo unos metros de mi.

—Deja de tontear que se dará cuenta.— murmuro demasiado bajo abriendo su pergamino, donde la inconfundible letra de el pelirrojo estaba un poco borrosa por haberlo guardado antes de que se secara.— Mierda, odio la tinta.

—C-Crees que Ginny sepa...-

—Hola, chicos.— ambos nos giramos para ver a nuestra compañera de curso Parvatti, a un lado de nosotros en la mesa. Ron al ver a la mejor amiga de su ex, intento ocultarse tras el libro de transformaciones para evitar momentos incómodos.— Tranquilo, Ron. No vengo con Lavander.— le baje de un jalón el cuaderno antes de voltear a ver a la pelinegra.— Vengo a invitarlos a la fiesta de San Valentín que estamos organizando las casas junto a los profesores.

—¿Fiesta?— tome la invitación que me extendía, esta era llamativa con diferentes tonos rosas y rojos, corazones se movian en el pergamino y daba a decir que este evento se celebraría en el gran comedor además de la etiqueta de la vestimenta y la hora.

—Las chicas de Gryffindor y Hufflepuff nos dimos cuenta que, además de la vez que el profesor Lockhard vino e hizo su día de cartas anónimas, no hemos tenido ningún otro evento con esos propósitos.— no pude evitar que mis mejillas terminaran rojas recordando al querubín que me había llegado ese día, me hacia rabiar.

¡Pude haber hecho algo parecido! Ginny había sido en extremo valiente para que ese poema -de mas defectuoso, aclaro- y yo, no hice mas que sonrojarme y avergonzarme.

—Así que hemos decidido organizar un baile de parejas. A los profesores les agrado la idea así que nos concedieron el permiso; quizá tuvimos uno que otro problema con el profesor Snape, pero eso McGonagall ya lo resolverá.

—¿No podemos ir solos? Como los solterones que somos.— expuso el pelirrojo, de verdad esperaba que si. Aunque creo que lo decía solo por mí, ya que él como sea tendría a su novia acompañandolo en todo momento.

La mueca en el rostro de la pelinegra no me dio tan buena espina.

—En lo personal, no se los recomendaría.— Parvatti negó un poco asustada.— Las chicas están planeando llenar todo el salón de Amortenita; y claro, sin que se entere el director.— vio nuestras caras de espanto, y solo atino a carcajearse como si no hubiera mañana.— Solo bromeo, chicos. Claro que pueden ir solos; quien sabe, a lo mejor y las chicas que les gusta les conceden una pieza.

Desapareció cuando nos vio atontados a ambos. Por inercia, gire hacia la chica que me hacia suspirar.

Fue ahí comprobé lo peor. Dean en algún momento se había acercado a la ojiazul, el sentado en un taburete con ella entre sus piernas y besandose con Ginny Weasley y una expectante Demelza que lo miraba todo con ojos soñadores.

Un crucio hubiera dolido menos.

—Ron.— mi mejor amigo había visto lo mismo que yo, pero a diferencia mía el no sentía como su mundo se caía abajo, ni como unas llamas abrazadoras rodeaban mi estomago, producto de un dragón celoso en mi interior.—¿Es tan malo querer que la chica de la que estoy enamorado deje a su chico para estar conmigo?


Nota de Autora:

Este libro también pueden encontrarlo en Wattpad, encuentran mi usuario como @filevengirl011
Este capítulo tiene una canción en concretó. Recomiendo mientras leen Crush de David Archuleta.