Harry Potter y sus personajes no me pertenecen. Todo esto es creado por la autora J.K Rowling y esto no tiene fines de lucro.


Porque estar loco por alguien esta bien, y que mejor forma de vivir ese amor que con tus mejores amigos enamorados uno del otro, para no morir solo—

Ron Weasley Hermione Granger


Ron Weasley podía considerarse una de las peores personas que existían a la hora de darle una indirecta por más directa que esta sea; pero no era que fuera muy distraído, sino que no le interesaba mucho lo que la gente a su alrededor hacia sino le afectaba a él directamente o a los que quería.

Hermione Granger era un poco mas astuta en el sentido de la palabra, demasiado perspicaz para el bien de los demás a su alrededor que temían ser descubiertos por ella ante el más mínimo movimiento, no por nada era la numero uno de su generación y la mas inteligente bruja en años.

Sin embargo, aunque ambos notaron que algo le estaba sucediendo a su mejor amigo Harry Potter unas semanas antes de que iniciaran las vacaciones navidad, para sorpresa de todos fue el pelirrojo el primero en saberlo: el niño que vivió estaba un poco más distraído de lo normal, tanto que chocaba con las paredes creyéndose un fantasma con años de experiencia.

También comenzó a ser demasiado torpe, tanto que le hacia competencia a Neville cuando había llegado recién en su primer año: no dejaba de tirar sus libros cuando entraba a la sala común de Gryffindor, llegaba a tropezarse con sus propios pies en todas las escaleras del colegio o también llegaba a ahogarse con el agua y la comida en el gran comedor.

Lo curioso de todo el asunto fue, para sorpresa de Ron que Harry siempre hacia eso cuando su hermana menor se encontraba en un rango de 10 metros. Pero no fue hasta las vacaciones de Navidad, donde su mamá llamo a los padres de Harry para pedirles permiso y que pudieran pasar con ellos las fiestas -como ya lo venían haciendo desde hace unos años- que no le cupo la menor duda.

Esa noche había entrado a su habitación hastiado de tanto sacar a los gnomos del jardín como castigo de la señora Weasley por haberse robado el postre de su hermana menor del refrigerador cuando ella había salido a caminar al pueblo -aunque Ron estaba más que seguro que el traidor de Dean la había ido a visitar para caminar con ella por los alrededores de la madriguera-, y comprobó que el pelinegro estaba en uno de sus momentos soñadores.

Lo sabía porque Harry ni siquiera se habíadado cuenta que habíaingresado a la habitación. No lo notócuando abrió la puerta pues estaba mas al pendiente en la foto entre sus manos que en su alrededor y la sonrisa bobalicona que, ahora era una costumbre que estuviera en su cara solo parecíaensancharsemás con el pasar de los segundos.

—¿Harry?¿Que haces aún despierto?— le preguntó acercándose mientras se sacaba el suéter marca Weasley y lo dejaba botado en algún rincón de la habitación. Total, ni él ni Harry podrían ser considerados los más ordenados del lugar.— Se te quemaran los ojos por estar viendo esa foto todo el tiempo.

El mencionado brinco cayéndose de la cama y soltando la instantánea mágica a los pies de Ron. Este la levanto con la intensión de devolvérsela pero se detuvo al ver que se trataba de una foto de Ginny: esta era de hace unos días cuando había jugado un pequeño partido con los gemelos y Bill -quien venía de visita para acomodar los últimos arreglos de su boda con FLEEEUR-, se veía montada en su escoba de espaldas a la cámara más al comprobar que la observaba la lente, se giro y sonreía a la lente mostrando sus hoyuelos.

—¿Que demonios? ¡¿Que haces con una foto de mi hermana?! Pervertido.— exclamo cuando vio a su mejor amigo de pie acomodándose los lentes antes de casi, otra vez desmayarse por ser descubierto. Afortunadamente estaba la puerta cerrada, porque parecía que toda la familia había decidido subir a dormir en ese instante.

—H-Hay algo que tengo que contarte.— finalmente dijo rojo de la vergüenza por toda la cara. Desde esa noche, Ron descubrió que no era tan ingenuo como creía pues sus teorías internas se hicieron ciertas: su mejor amigo Harry Potter, estaba enamorado hasta los huesos de su hermana pequeña, Ginny.

El único problema, era que ese cabeza rajada no tenia ni idea de lo que debía hacer para volver a llamar su atención.


—Señorita Weasley, ¿se puede saber que diantres esta haciendo en mi clase?— la voz de la profesora McGonagall distrajo de sus pensamientos a Hermione que, para su sorpresa no había prestado nada de atención a la clase; se había perdido en sus pensamientos de hacia un mes más o menos tras el relato que sus amigos le hicieron para mantenerla al tanto.

La castaña giro medio cuerpo para ver que, en efecto Ginny Weasley se encontraba en una clase que no era la suya pues la ojiazul era un año menor que todos los de la generación de Hermione, aun así ella solo se encogió de hombros con un Dean riéndose a escondidas y cubriendo con una mano su boca mientras su brazo izquierdo rodeaba los hombros de la ojiazul.

—Qué pregunta tan interesante, profesora McGonagall.— recargo sus codos en la superficie de madera sin dejar a un lado esa confianza que era característica de ella, muchas veces la castaña admiraba su forma de ser de Ginny y en secreto deseaba ser un pelin parecida a ella en cuanto a valentía o confianza se trataban.— No tuve mi clase de Defensa gracias a que al profesor Snape le surgió un inconveniente, pero descuide que estoy aprovechando todo lo que usted dice para cursos posteriores.

Eso le hubiera proporcionado a la pelirroja un castigo por la osadía que mostraba, y del mismo modo en que deseaba la confianza en si misma de Ginny, también deseaba que la chica supiera de filtros cuando se trataba de terceros. Muchas veces se lo había comentado como mejor amiga pero, cuando lo hacia ella solo sonreía y decía que eso solo la hacía más especial.

Claro que hubiera tenido su castigo sino fuera porque al parecer a Harry en ese momento se le ocurrió no hacer algo peor que estar en tontolandia y haberse golpeado la cabeza con la mesa de madera.

Literalmente, el bruto se había dado tremendo golpe en la madera para evitar que la conversación siguiera.

—Mierda...— el ojiverde comenzó a frotarse la frente que comenzaba a ponerse roja y con lineas que eran del material de la mesa.

—¿Te encuentras bien, Harry?— la castaña pregunto un poco angustiada.

—Oh, joder. ¿De verdad lo hiciste?— fijo su vista en Ron quien estaba aguantándose las ganas de reír al mismo tiempo en que veía preocupado a Harry de que no le hubiera pasado nada.Su comentario se mezcló con su voz así que no se había entendido ni pi ni pa.

—¿Todo bien, Potter?— la profesora veía con una ceja alzada al pelinegro por su "repentino" accidente. Hermione estaba segura que ese comportamiento solo le provocaría a Harry un castigo y a Ginny una sanción, pero para su sorpresa la profesora solo suspiró y siguió en su explicación como si nada.

O le había dado ternura el vago intento del ojiverde por llamar su atención para que no le dijera nada a Ginny, o lo consideraba un idiota por dejarse pegar con tal de llamar la atención. Pensaba más en la segunda opción.

La cara de Harry se había puesto roja de la vergüenza y no dejaba de sobarse un lado de la cabeza; se hubiera preocupado por su mejor amigo sino fuera porque él ya estaba más que acostumbrado a semejantes golpizas, tanto en el Quidditch como en la escuela en general.

Al menos durante el ultimo mes eran su pan de cada día.

La campana sonó casi media hora después del percance. Hermione recogió rápidamente sus cosas y espero a los chicos cerca de la puerta para que la acompañaran a la biblioteca en busca de unas cosas; no tardaron mucho en acercarse con Ron aun soltando risas por el show de Harry en transformaciones.

—Estas enamorado hasta los huesos, amigo.— negó la cabeza una vez más, con las manos en los bolsillos, y siendo él el que estaba en medio de ambos.— Quien lo diría, la única persona que te hace hacer cosas estupidas, resulta ser mi hermana pequeña. Creo poder ocupar esto a mi favor.

—Y te creía mi mejor amigo.— Harry se frotó una vez más el costado de la cabeza.— Te pasaste, Weasley. Te dije pegame, no estrellame contra la mesa. Idiota.

—¿Y todavia me dices idiota después de ayudarte? Ya no tienes mi bendición para sus catorce hijos. Es más, ni para el primero; desde ahora morirás solo y con treinta colacuernos.

—¿Cómo?— ambos amigos se giraron a la tercera rueda del grupo. La castaña tenía los ojos demasiado abiertos que se parecian un poco a los saltones ojos de Luna Lovegood, y sino fuera por la extrema sorpresa que ella reflejaba, ambos amigos se hubieran reído a carcajadas.— ¿Fingiste todo esto para que McGonagall no regañara a Ginny?

—Eh... Pues...— el sonrojo en las mejillas de Potter lo hacía parecer un foco de navidad que iluminaba incluso el camino por el oscuro pasillo por el que ahora pasaban.— Q-Quizas...-

—¡Harry!

El gritó detuvo demasiado abrupto al trío de oro: mientras que Ron y Hermione se giraban hacía la pelirroja que venía detras de ellos con sus cuadernos en brazos, el ojiverde ya comenzaba a sentir sus manos sudorosas y un calor tipico de los radeadores saliendo de sus mejillas.

Hermione enserio estaba comenzando a pensar si a su mejor amigo no lo habían hechizado con algo. Eso no parecía ser normal.

—Gracias.— fue la palabra que salió de la chica de pecas cuando quedo frente a frente con Harry; Ron estaba mordiendose la lengua para evitar carcajearse de las muecas nerviosas de el azabache, se tapó la boca por si las dudas.— Sino fuera por tí, hubiera sido demasiado penoso mi castigo frente a todo tu curso.

—¿Q-Q-Qué te hace p-p-pensar que fue a prop-posito?— tierra tragame y escúpeme en Nueva York, más puberto sin experiencia no podía parecer.

—¿De verdad piensas que no fue evidente tu accidente?— parecía decirlo de lo más sería pero, su sonrisa de hoyuelos delataba lo tierno que se le había hecho el gesto a la chica.

Para la parejita que era espectadora de todo este bello momento casi se va de espaldas cuando la mano de Ginny fue a descansar en la mejilla derecha de Harry, acariciando lentamente durante unos segundos antes de pasarse a su frente donde se veía aun rastros de rojo por el chipote que muy probablemente aparecería en unas horas.

El pelirrojo inclusive podía escuchar los latidos del corazón del chico Potter. Tum Tum TUM.

—Prometo no causarte más problemas.— finalmente se separo, y Harry tuvo que hacer de todo su autocontrol para no seguir a su mano y aullar como un perro sin sus mimos.— En fin, tengo Pociones en unos minutos, y a esa si no puedo darme el lujo de faltar.— se despidió de su amiga y su hermano con un movimiento de muñeca pero, sin fijarse demasiado en ninguno.— Nos vemos, chicos.

No fue hasta que la perdieron de vista en el pasillo que la castaña y el pelirrojo se voltearon a ver a Harry. Si antes parecía en las nubes, ahora creían que estaba en la Luna o inclusive más allá de la galaxia, y no parecía regresar.

—¿Te encuentras bien, Harry?— Hermione a pesar de casi nunca ver las reacciones de Harry, se sentía un poco preocupada por la taquicardia de su amigo.

—Ginny me acarició la cabeza...— murmuraba mientras seguía su camino, apretando su mochila en su pecho.— Me tocó el golpe, esta preocupada por mi y se le hizo tierno mi gesto.— se detuvo abruptamente antes de girarse al hermano de la chica de sus sueños.— Te compraré esa mercancía de los Chundy Canons cuando vayamos a tu casa, Ron. A cambio quiero que me pegues con todas las Bludgers posibles mañana en entrenamiento.

—¿Estas completamente loco?— por más que la oferta fuera tentadora -aún Ron no le perdonaba que, de todas las chicas habidas y por haber en el colegio, tuvo que fijarse precisamente en su hermana-, el pelirrojo podía sentir la mirada penetrante de Hermione, y no quería estar aguantando sus sermones durante todo lo que restaba del día.— No lo haré amigo.

Pero ya habían perdido a Potter, pues este los ignoro mientras seguía divagando y se encaminaba al gran comedor. Si bien dice la señora Weasley que el amor te deja hambriento.

Ron y Hermione solo se quedaron viendo su camino, juraban que flores y corazones dejaba a su paso, y no eran los únicos en notarlo.

—Hermione... Prometeme algo.

—¿Si, Ron?

—Si alguna vez me pongo así, por favor se amable conmigo.

Eso desconcertó mucho a la joven.

—¿Por que me pides eso?

—Tu serias la única chica por la que me pondría así. Así que procura no torturarme tanto, y que no me vea tan sediento por tu amor.

Las mejillas de Hermione se pusieron rojas. ¿Acaso esto era un efecto de Ron Weasley? No podía estar más empática con Harry que en ese momento.


Nota de Autora:

Recuerden que esta historia también la pueden encontrar en Wattpad, mi usuario es conocido como @filevengirl011

La canción para este capítulo sería Teeth de 5 second of summer. Siento que va muy bien para este capítulo.

Nos vemos en la próxima publicación.