Por un momento reinó un silencio sepulcral en el pasillo. Draco tenía la mirada seria y decidida mientras que Harry sentía su respiración acelerada.

-¿Que... dijiste?-preguntó lentamente, su mente intentando procesar las palabras que el rubio había pronunciado hace unos momentos.

-Creo que me escuchaste perfectamente-espetó su esposo y pasó por su lado para irse a su cuarto sin esperar respuesta.

Sino fuera porque Lily le había pedido este favor, Draco ya estuviera haciendo sus maletas para marcharse de ahí inmediatamente. En el momento en que cerró su puerta, se apoyó en ella por un momento y dejó salir un suspiro tembloroso. Tenía unas odiosas ganas de llorar pero se rehusaba completamente a hacerlo. Él no era un chiquillo, no iba a lloriquear solo por una simple pelea. Incluso si esa pelea significaba el fin de su matrimonio. Sonriendo de manera amarga e irónica, Draco sacudió levemente la cabeza. Nunca habían sido realmente un matrimonio. Era solo una pantomima, una obra de teatro para la alta sociedad. Harry nunca había sido realmente su esposo porque su mente y su corazón habían estado en otro lugar desde el inicio. El único idiota que había bajado sus defensas y había empezado a tener sentimientos era él.

Necesitaba aire, necesitaba salir de aquí. Se apresuró a cambiarse por algo más apropiado para ir a montar caballo por unas horas. Apenas y miró lo que se estaba poniendo, tanto era su apuro en marcharse. Estaba terminando de colocarse los zapatos cuando Harry entró en el cuarto, sus pasos algo frenéticos mientras se acercaba a él.

-No lo dices en serio.

-Lo digo muy en serio-replicó el más joven, intentando pasar nuevamente por su lado para salir pero Harry se lo impidió, tomándolo del brazo.

-Draco, no estás pensando claramante-el rubio bufó y se soltó con un tirón fuerte, mirándolo con furia.

-No tienes ni idea de lo que estoy pensando, Potter. Este matrimonio siempre fue un error. Ahora lo estaríamos enmendando-Draco salió del cuarto pero el moreno se encontraba siguiéndolo de cerca.

-Draco...

-¡No, Harry!-el rubio se giró con rapidez para encararlo, sus mejillas estaban algo sonrosadas por el enojo y la humillación de hace unos momentos. Él también había llegado al límite de su paciencia, el dolor y el rechazo se revolvían en su mente y en su estómago, mareándolo y haciéndolo decir a borbotones todo aquello que se estuvo guardando por mucho tiempo-Estoy harto, totalmente harto que me culpes por todo lo que va mal en tu vida. Yo no pedí casarme contigo. Quisiera poder seguir teniendo a mi papá aquí, cuidándonos y guiando nuestra compañía, para que de esta manera no estuviéramos en la situación que dio paso a esto. Yo también desearía nunca haberte conocido. Tú nunca entenderías el sacrificio que yo tuve que hacer por la tranquilidad, el comfort de mi madre. Tú nunca has sentido este dolor de perder a tu padre, a tu familia. He tenido que lidiar con tus insultos, con tus desprecios, también con los de Granger y me tragué todas las habladurías a mi espalda. Te dejé ir en paz cuando querías estar con Ginny e incluso cubrí tu ausencia en un vago intento de que podamos llevar la fiesta en paz. Pero ahora veo que eso nunca será posible-Draco inhaló temblorosamente y volvió a hacer su camino hacia afuera.

-¡Espera! Yo...

-¡No me sigas!-exclamó Draco con fiereza al salir de la casa y cerró la puerta con tal fuerza que podría jurar que el estruendo se escuchó por cada rincón


Ron se levantó en el momento en que vio a la mujer de cabellos negros llegar y le brindó una amigable sonrisa, caballerosamente apartando la silla para que pudiera sentarse antes de volver a tomar asiento frente a ella.

-Es muy bueno verte, Pansy. ¿Cómo has estado?-el pelirrojo había estado sorprendido cuando la amiga de Draco lo había contactado pero suponía que tendría que haberlo estado esperando. Ella era muy protectora del rubio y Draco había estado pasando mucho tiempo con él en el hospital; también no tenía ninguna duda que ella sabía que hace poco se habían separado por lo cuál debía tener preguntas acerca de la situación.

-Bien, gracias. Draco me comentó lo de tu hermana. Lo lamento mucho, ¿cómo se encuentra?

-Un poco mejor después de la última operación. Tenemos esperanzas que siga avanzando de manera positiva.

El mesero se acercó en esos momentos y Pansy pidió una copa de vino tinto mientras que Ron prefirió pedir café.

-No quisiera ser maleducado, pero estoy un poco sorprendido acerca de esta reunión. ¿Es esto sobre el tiempo que Draco ha estado pasando en el hospital haciéndonos compañía?

-Parcialmente-respondió ella, recibiendo su copa de vino y la alzó para tomar un breve trago.

-No solo me está acompañando a mí, lo sabes ¿no? Él se ha hecho muy amigo de mi hermana-apuntó el pelirrojo mientras agregaba azúcar a su café.

-Sí, lo sé. No es solo eso, Ronald, es... -la morena guardó silencio por un momento antes de suspirar-Mira, tú has sido muy decente con Draco desde que se conocieron y no sé cuánto les durará esta separación pero hay algo para lo que tienes que estar preparado.

Pansy deslizó un fólder sobre la mesa y Ron lo tomó con el ceño fruncido. Al abrirlo e ir examinando los documentos que se encontraban dentro, el hombre empezó a ponerse más y más tenso hasta que finalmente levantó su mirada hacia ella, su rostro pálido.

-¿...él lo sabe?

-Todavía no-dijo Pansy, mirándolo con seriedad-Pero apenas regrese, lo sabrá.

-Pansy, esto... Draco estará...

-¿Devastado? ¿Dolido? ¿Furioso?-sugirió ella, alzando las cejas-¿Y acaso no tendría razón para sentirse de esta manera? Lo que tú y Harry hicieron fue mezquino y, aunque sea una medida aceptada de negocio, costó muy caro a la familia Malfoy. Perdió a su padre por el estrés que generaron estos movimientos sucios y pronto será anunciado a todo el mundo que ustedes la adquirieron ¿Crees que no pondrá dos y dos junto? ¿Crees acaso que de verdad pensará que Harry compró la empresa para "mantenerla en la familia"? Draco es joven, no estúpido.

-Nosotros nunca... yo nunca pensé que en algún momento conocería a Draco. Cuando hicimos la estrategia para adquirir a Malfoy Corp., sabíamos que tomaría un tiempo y que teníamos que ser cuidadosos pero no esperamos que algo le fuera a suceder a Lucius. Y me sentí un poco culpable pero no lo pensé mucho. Y luego conocí a Draco-Ron puso el fólder de nuevo sobre la mesa, sus ojos mostraban sinceridad y angustia-Pansy, yo nunca quise dañar a Draco. Esto me ha carcomido desde el momento en que lo he conocido y más aún cuando empecé a tener sentimientos por él. La noticia pronto saldrá y le dije a Harry que era mejor decírselo pero no me escucha y francamente... soy demasiado cobarde para mirar la decepción en sus ojos.

-Eso será inevitable, Ronald-la mujer sacudió levemente la cabeza-Draco sabe que yo he estado investigando sobre esto pero no he podido decirle lo que he hallado porque fue justo ahí cuando nos enteramos de lo de tu hermana y Draco ha estado todo lo posible con ella. Son amigos, eso es cierto, ¿pero sabes que Draco también recuerda mucho a su padre con todo lo que está pasando con tu hermana? Está reviviendo todo una vez más. Tiene todo el dolor y la pérdida de su padre fresco en su mente.

-Pansy, por favor... todavía no se lo digas. Quiero... quiero poder decírselo yo mismo antes de que demos el anuncio-pidió él, rogando con la mirada.

-Ronald...

-Por favor. Sé que estará furioso conmigo por ocultarle esto pero... tengo que decírselo frente a frente. Él ha hecho tanto por mí y por mi familia, Draco merece que yo sea por una vez valiente y le digas las cosas a la cara como debí haberlo hecho desde un principio.

Pansy se encontraba dudosa, no sabía si podía confiar en que Ron fuera a decírselo la verdad completa a Draco pero por otra parte, quitando todo lo que había sucedido con el negocio, él había sido una persona muy buena con su amigo. Podía darle el beneficio de la duda y si en caso fallaba, entonces ella contaría todo.

-Está bien-aceptó lentamente la morena, volviendo a guardar el fólder-Cuando vuelva de la villa Potter, se lo dirás. Solo tienes unos días, Ronald, no puedo darte más que eso.

-Gracias-Ron se sentía aliviado que ella hubiera aceptado y al menos tenía unos días para poder pensar como iba a decírselo sin sonar como el bastardo que él sabía que era. Pero...-Espera, ¿dijiste que está en villa Potter?

-Sí, se fue ayer.¿Por qué?

-No... no es nada.

Ron no pudo evitar fruncir el ceño mientras sentía preocupación y molestia. Harry también estaba en villa Potter.


Draco maldijo al caballo, a la lluvia, a su suerte y sobre todo; a Harry Potter.

Había salido lo más rápido que había podido sin escuchar palabra de nadie que quisiera detenerlo y se lanzó a cabalgar sin dirección alguna, solo queriendo alejarse por ahora, necesitaba la distancia para poder despejar su mente y saber lo que haría. Bueno, ya sabía lo que haría. Lo había dicho. En el momento en que regresaran, llamaría a los abogados de su familia y empezarían a negociar lo que era su divorcio. Llevaban cerca de un año casados, lo suficiente como para fingir que lo habían intentado por un tiempo pero habían tenido problemas de compatibilidad. Era una excusa válida y los libraba a ambos de culpa. Los intentos de Harry de detenerlo probablemente fueron solo por la sorpresa pero pronto lo pensaría claramente y estaría feliz de que Draco hubiera decidido dejarlo, ahora tendría todo el camino libre para poder estar con Ginny o con quién se le dé la gana.

El rubio cerró los ojos por un momento cuando sintió las traicioneras lágrimas derrarmarse por su rostro. Dioses, era un completo idiota. Como era posible que se sintiera mal con la idea de dejar a ese bastardo que no hacía más que insultarlo y tratarlo como si fuera un títere en sus manos. Harry nunca lo había respetado y por más que Draco tratara, el moreno no iba a cambiar en su forma de verlo. Tenía que terminarlo. Tenía que divorciarse y alejarse de él lo más pronto posible.

La lluvia lo agarró por sorpresa, volviéndose torrencial en cuestión de segundos y el rubio maldijo en voz alta, girando el caballo para regresar a casa pero la tierra de los Potter era muy amplia y no estaba seguro en qué dirección había venido. Maldijo una vez más, apartándose el cabello de los ojos e instó al caballo a moverse en una dirección que esperaba que fuera hacia la casa. El sonido estridente de un trueno lo sobresaltó tanto a él como al caballo y este relinchó, alzándose en dos patas y haciendo que Draco perdiera el equilibrio, cayendo hacia atrás.

-¡Mierda!-el rubio observó al asustado caballo salir corriendo como loco mientras lo dejaba ahí tirado, con el trasero adolorido pero por suerte ileso. ¿Y ahora qué demonios iba a hacer sin el caballo? Todo esto era culpa de Potter, si el idiota no se hubiera comportado como un bastardo, él no habría tenido que salir huyendo y no estaría en esta situación. Se levantó con cuidado, sacudiendo su ropa y se debatió en lo que debía hacer. Caminar bajo la lluvia con truenos sonando no parecía lo más conveniente por lo que se apresuró hacia un conjunto de árboles para poder ocultarse bajo ellos y a esperar a que la lluvia pasara.

Maldito, Potter. Maldito mil veces y maldito él mismo por sentirse de esta manera. Porque Draco no podía negarlo que había empezado a tener sentimientos por Harry, que ya no era solo lujuria por su toque lo que estaba sintiendo, sino también compasión, ternura, ansia; se sentía protector de él desde el momento en que había visto la vulnerabilidad en sus ojos. Y sabía perfectamente que si no se iba ahora, saldría muy dañado de todo esto. Harry estaba enamorado de Ginny, no había ningún espacio para él en su corazón y se lo prometió a Ginny también.

El divorcio era la mejor opción para los tres.


Harry se recostó en el sillón y soltó un largo suspiro.

Cuando el rubio se fue, se dio cuenta que las cosas se habían salido mucho de control. Su esposo tenía razón, por supuesto. Él se había empeñado tanto en ponerlo en el papel de villano desde el inicio pero ya no podía negar que nada de esto era culpa de Draco. El rubio había sufrido una gran pérdida y luego había sido forzado a este matrimonio para que Narcissa pudiera mantener su forma de vida. Era admirable, de hecho. Su esposo era más fuerte de lo que Harry le había dado crédito pero había estado tan furioso por sus circunstancias que se había cegado ante ese hecho y se había comportado como un verdadero patán.

Draco era joven. Recién iba a cumplir 19 años. Harry solía olvidar la diferencia de edad que ambos tenían porque el rubio se comportaba con mucha calma y madurez, era centrado, enfocado, generoso y compasivo. Al moreno no le gustaba pensar muy profundo sobre Draco ya que sentía que si lo hacía, de alguna manera estaría traicionando el sentimiento que tenía hacia Ginny y por ello prefería solo enfocarse en el deseo carnal, en lo que sentía cuando lo tocaba, e ignoraba con ahínco todas aquellas sensaciones que aparecían en él cuando dormía cada noche con sus brazos alrededor de él.

Ahora, estando solo aquí y lejos de los demás, decidió dejarse de tonterías y analizar que es lo que lo tenía así. Podía recordar que el día de su boda había pensado que Draco era la persona perfecta para un matrimonio. Era hermoso, con unos ojos plateados que te hacían olvidarte del mundo, unos labios que lo podían volver loco de pasión con apenas un roce y un cuerpo en el que Harry simplemente quería perderse por días; pertenecía a una buena familia, con un apellido antiguo y reconocido. Finalmente, era realmente una persona considerada, se había portado de una manera increíble con Ginny; era valiente, a pesar de estar asustado por este compromiso, igual lo llevó a cabo por amor a su madre; era desafiante y tenía mucho carácter cuando se defendía de cualquier abuso. Pocas personas conocían ese temperamento feroz y mordaz que podía tener el rubio, probablemente solo Harry lo había visto de esa manera. Era tierno, tan suave al tocarlo, tan dulce al consolarlo y tan ardiente al besarlo. No quería admitirlo, pero era mucho más que lujuria lo que sentía por su esposo. Y eso era en parte lo que tanto lo hacía enojarse, porque no debería estar teniendo sentimientos de ningún tipo con alguien más que no fuera Ginny. Le había prometido su amor y durante años había mantenido esa promesa; pero Draco simplemente lo volvía loco. Quería todo de él. Su cuerpo, sus besos, sus caricias, sus sonrisas, su tiempo. Odiaba que Ron lo hubiera tocado, le quemaban los celos por dentro al solo pensar que el rubio podría regresar con él. No lo permitiría. Draco era su esposo y se mantendría su esposo. Harry se aseguraría de ello.


Draco se abrazó a sí mismo, intentando controlar los temblores que sacudían su cuerpo pero no estaba teniendo mucho éxito. Los truenos habían parado pero la lluvia no daba señales de que fuera a amainar en algún futuro cercano. Si se quedaba aquí por más tiempo, le daría una gripe de la que solo los dioses lo salvarían. Aparte, se estaba poniendo tan helado y entumecido que pronto no podría moverse y eso no sería nada bueno.

-¿Dónde estaba la casa?-murmuró para sí mismo, intentando distinguir algo entre tanta lluvia. Recordaba vagamente que el caballo se había ido corriendo en forma diagonal así que armándose de valor, salió de debajo del árbol y empezó a caminar en lo que esperaba fuera la misma dirección que el animal.

Quería volver a casa o viajar a Francia y visitar a su madre, pasar unos días lejos de todo esto para poder pensar y aclararse. Sin embargo, sabía que estos momentos no se podía marchar, no con Ginny estando en la condición que se encontraba. Todos estaba esperanzados en que la reciente operación mejorara la condición de la chica pero él no podía sentir lo mismo. El doctor le había dicho que el tipo de cáncer que la pelirroja tenía era bastante agresivo por lo cuál el chance de recurrencia era alto. Solo quedaba ver como evolucionaba y él no la iba a abandonar en ello, divorcio o no.

-Maldito Potter...-rumió con fastidio mientras seguía caminando. Esperaba con todas sus fuerzas que la casa no estuviera tan lejos.


Harry estaba caminando de un lado a otro, como bestia enjaulada, con la mirada fija en el exterior, esperando a ver algún signo de Draco. La lluvia y los truenos lo habían tomado por sorpresa, hace solo una hora que se encontraban con buen clima y ahora esto. Lo peor era que Draco había salido y probablemente lo había pillado en alguna parte de los terrenos. Solo esperaba que encontrara donde refugiarse o regresara pronto.

-¡Joven Harry!

-¿Qué sucedió?-preguntó él, acercándose con rapidez a su agitado capatáz.

-El caballo del joven Draco... acababa de volver... pero el joven no estaba en él-resolló el hombre y Harry se paralizó, sintiendo un fuerte miedo golpear su pecho.

-Tengo que ir a buscarlo-empezó a caminar hacia allá pero uno de los vaqueros rápidamente lo detuvo.

-Joven Harry, espere, por favor. No podrá encontrar al joven entre esta lluvia. Los terrenos son muy grandes y usted no los conoce todos. Deje que nosotros vayamos por él-le pidió el hombre y el moreno negó con la cabeza.

-No puedo quedarme aquí. Draco puede estar lastimado. Tengo que ir a buscarlo ahora.

-Joven, por favor. Solo logrará perderse usted-rogó nuevamente el vaquero-No sabemos si el joven Draco está en camino o no, déjenos buscarlo y si en caso llega antes, usted estará acá para recibirlo. -pidió una vez más, al ver que Harry no lucía convencido.

-No. Voy a ir a buscar a mi esposo y ustedes no me van a detener-espetó con enojo mientras cogía una chaqueta para salir. Una de las sirvientas le alcanzó un bolso con una manta para cuando encontrara a Draco y él se lo agradeció con un ligero asentimiento antes de salir junto con los vaqueros.

"Tiene que estar bien" rogó silenciosamente mientras salía a toda velocidad del establo.


Draco estaba muy cansado. Había caminado por quién sabe cuánto tiempo; no tanto como sentía, pero añadiendo la lluvia y el viento helado que soplaba, su cuerpo se encontraba agarrotado lo que hacía caminar bastante difícil. Aún no tenía idea de a dónde iba, no podía ver más allá que árboles y campos, se había alejado mucho de la casa y ya no estaba seguro que esta fuera la dirección en la que el caballo se hubiera alejado. Temblando incontrolablemente, el rubio se sentía ya sin fuerzas y estaba debatiéndose si nuevamente acercarse a un árbol para descansar o seguir, cuando escuchó el ruido lejano de pisadas de caballo.

-¡Joven Draco!-llamó una voz de hombre.

-¡Joven Draco!-se escuchó nuevamente.

Alzando la mirada, vio unas siluetas borrosas acercándose pero pronto identificó a los caballos que se acercaban. Sintió un profundo alivio y casi cayó sentado pero logró mantenerse de pie a duras penas, esperando a que lo notaran porque no creía ni siquiera que pudiera alzar sus brazos.

-¡Draco!-la voz de Harry lo sorprendió y llenó de emociones contradictorias. ¿Qué hacía Harry aquí? ¿Él en serio había salido a buscarlo? ¿Se había preocupado por él? El moreno desmontó su caballo en el momento en que lo vio y corrió hacia él, tomándolo de los brazos y atrayéndolo hacia él, el miedo por fin despejándose al tener al rubio en sus brazos. Se separó después de un instante y lo miró de arriba abajo-¿Estás lastimado?

-N-n-no-tartamudeó el menor, congelado hasta los huesos.

-Dios, estás helado. Vamos, hay que llevarte rápido a casa.

Ayudó a Draco a subir al caballo y luego montó él, posicionándose detrás de su esposo. Sacó la manta guardada y la envolvió alrededor de él, tomando las riendas con una sola mano mientras su otro brazo mantenía al rubio pegado a su pecho. Draco sentía que debía mantener distancia pero estaba tan cansado que solo cerró los ojos y se apoyó en Harry, intentado impregnarse del calor que desprendía el moreno incluso bajo la lluvia. El rubio no notó cuánto tiempo se demoraron en llegar, se sentía demasiado cómodo donde estaba y gimoteó silenciosamente cuando se detuvieron y Harry se separó de él. Con renuencia, bajó del caballo ayudado por los vaqueros; su esposo hizo lo mismo y envolvió un brazo alrededor de él protectoramente mientras lo guiaba dentro del benditamente cálido hogar.

-Preparen un baño de agua caliente, por favor-ordenó mientras sentaba a Draco en un sillón y se arrodillaba frente a él, frotando sus brazos con la húmeda manta. -¿Cómo puedes ser tan irresponsable? ¿Acaso no sabes lo preocupado que estaba?-Harry gruñó mientras lo sacudía por los hombros ligeramente.

-No l-lo hice a propósito-masculló el rubio, con todas las ganas de soltar un puchero pero solo siguió estremeciéndose.

-Eres un tonto. Pudiste haberte hecho daño-espetó el mayor, frunciendo el ceño.

-Harry, estás...-Draco estaba rodando los ojos, creyendo que el moreno estaba exagerando pero no llegó a terminar su frase.

Harry se inclinó hacia arriba, tomando los labios de Draco por sorpresa y sus manos se movieron para acunar su rostro con ternura. El rubio soltó un quejido débil, una muda protesta porque ellos habían estado peleando, eso era lo que había generado todo esto. ¡Por un demonio, Draco había pedido el divorcio! Se movió hacia atrás para separarse pero Harry solo movió una mano para posarla en su nuca y mantenerlo pegado a él. No quería caer, no quería dejarse llevar porque después no querría parar e iba a doler cuando Harry se lo reclamara. Por suerte el moreno terminó el beso unos segundos después y se separó de él solo lo suficiente como para poder mirarlo a los ojos, sus dedos acariciando su mejilla con delicadeza, haciéndolo temblar por una razón diferente.

-Estaba de verdad preocupado-murmuró suavemente y Draco se mordió el labio inferior con inseguridad. Su respiración se aceleró cuando vio la mirada de Harry bajar a sus labios y sabía que si lo besaba, estaba vez caería completamente. En ese momento volvió la sirvienta, indicando que el baño ya estaba listo. Contrario a lo que esperaba, Harry no saltó hacia atrás como si se sintiera culpable; sino que se quedó en esa posición unos momentos más y luego se paró, tomando las manos de Draco para ayudarlo a levantarse, guiándolo despacio hasta el cuarto que ellos compartían y el baño con la bañera llena de agua caliente. El moreno se aseguró que el agua estuviera a una buena temperatura antes de girarse hacia Draco.-Está listo.

-Gracias-musitó el rubio, quitándose con pesadez la mojada manta de sus hombros. Harry tomó la manta y la puso en la canasta de la ropa sucia.

-Ve, toma un baño. Esperemos que este vuelva tu temperatura a la normalidad. Dejaré tu pijama en la cama para cuando termines-sus manos volvieron a enmarcar el rostro del rubio y este se vio incapaz de separar sus ojos de los de él-Iré a prepararte un té caliente y algo de comer. Llámame si me necesitas-el moreno le dio una ligera sonrisa y se inclinó hacia adelante, dejando un beso en su frente antes de salir del baño. Draco se mantuvo parado donde estaba, paralizado por la sorpresa de sus acciones y por el latido frenético de su corazón.


Harry se encargó personalmente de preparar el té de Draco pero dejó que la cocinera se encargara de poner junto algo rápido para que el rubio comiera en caso tuviera hambre. Poniendo todo en una bandeja, el moreno hizo su camino hacia el cuarto que ellos compartían y tocó ligeramente la puerta antes de asomar la cabeza. Draco ya había salido del baño, se había puesto la pijama y ahora parecía estarse intentando secar el cabello pero sus movimientos eran poco entusiastas.

-Déjame ayudarte-le dijo el mayor, dejando la bandeja a un lado y tomando la toalla de manos de esposo, dedicándose a secar su cabello con cuidado y eficiencia. Draco se encontraba extrañamente callado y quieto, probablemente muy exhausto por el día de hoy como para hacer algo más que tomar el té. Harry terminó y dejó la toalla a un lado, mirando el rostro adormilado de su esposo lo que hizo que sonriera levemente.-Ven, entra a la cama-el rubio se dejó hacer pasivamente y soltó un suspiro complacido cuando al fin estuvo tapado con el edredón, durmiéndose casi en el momento en que su cabeza tocó la almohada.

Después de asegurarse que la pequeña tetera y la comida se encontraban tapadas, decidió cambiarse sus ropas mojadas y ponerse también pijama. Todavía era temprano pero no tenía intención de ir a ningún lado. Se había sentido aterrado a medida que buscaban y buscaban pero no había ni rastro de Draco. Pensó lo peor, que tal vez se había herido gravemente al caer del caballo o que estaría perdido en algún lugar del bosque. Si algo le hubiera pasado, nunca se lo hubiera perdonado. El alivio que sintió cuando lo encontró mayormente ileso, fue inmenso. Las ansias de tocarlo, besarlo, asegurarse por sí mismo que se encontraba sano y salvo, fueron imposibles de frenar y aunque sabía que Draco no estaba feliz con él, no se había podido detener.

Deslizándose dentro de la cama con cuidado, se acercó al rubio con cuidado y pasó un brazo alrededor de él, sorprendiéndose cuando Draco se giró hacia él entre sueños y se acurrucó en su pecho como si fuera lo más natural del mundo. Era la primera vez que su esposo se abrazaba a él en vez de solo mantener a Harry entre sus brazos. Se sentía bien. Se sentía más que bien.

-Demonios-murmuró él en voz baja.

Estaba perdiendo la batalla contra aquello que quería evitar. Tenía que tener mucho cuidado o pronto Draco se volvería una persona que Harry no dejaría que nadie separase de él.

Él también se quedó dormido al poco tiempo y solo despertó cuando sintió calor, abriendo los ojos poco a poco para ver que todo estaba oscuro a su alrededor. Debía de ser de madrugada o al menos tarde por la noche. Se quitó el edredón de encima pensando que esa era la razón de su calor y se giró para chequear a su esposo; por la oscuridad no podía ver bien su rostro pero rápidamente se dio cuenta que algo no andaba bien.

-¿Draco?-la respiración de esposo era algo agitada y al tocarlo se percató que temblaba-Draco. ¡Draco!-Harry se apresuró a prender la lámpara, pudiendo así observar el rostro enrojecido de su esposo. Puso su mano sobre su frente y se sobresaltó al sentir lo caliente que estaba.-Mierda-se levantó de golpe, yendo hacia el intercomunicador y presionando repetidamente el botón que llamaba al servicio. No le importaba la hora que fuera pero los necesitaba aquí y ahora.

Dos de las mucamas y uno de los mayordomos llegaron a los pocos minutos, todos vestidos ya en pijama, y Harry les ordenó que llamaran al doctor. A una de las mujeres le pidió que prepara un baño de agua a temperatura ambiente para poder quitarle todo el sudor que se había formado por la fiebre. A la otra le pidió que trajera toallas de mano y un cuenco con agua además de cualquier medicina para la gripe que pudieran encontrar. La mujer regresó al poco rato y traía con ella también un termómetro eléctrónico que Harry usó inmediatamente. Decía 39.2 c°. Mierda. Mierda. Mierda.

-Señor, el doctor está en la línea-dijo el mayordomo, pasándole el teléfono.

-¿Qué temperatura tiene el paciente?-preguntó el doctor apenas contestó.

-39.2 grados-dijo Harry inmediatamente.

El doctor rápidamente empezó a darle instrucciones de cómo iba a proceder de ahí. Harry quiso que viniera pero las lluvias habían hecho que uno de los ríos se desbordara y la carretera estaba completamente enlodada, no era seguro para nadie pasar y menos a esta hora. Le dijo que controlara su temperatura cada dos horas y si pasaba de 39.5 o 40, entonces tenía que buscar una manera de traer a Draco a emergencias. De lo contrario, por las lluvias, era mejor que Draco se mantuviera en casa dónde tenía varias personas para poder cuidarlo. De igual manera, el doctor prometió que apenas las carreteras puedas ser usadas, él iría a revisarlo.

-Harry...-murmuró el rubio, soltando un quejido al moverse un poco. Le dolía todo el cuerpo y sentía que su cabeza estaba a punto de explotar. Aparte que también tenía una combinación de frío intenso y mucho calor.

-Aquí estoy. Estoy justo aquí, no iré a ningún lado-dijo, sentándose a su lado y tomando su mano entre las suyas-Vamos a que te des un baño ¿sí? De esa manera te sacarás todo el sudor y te sentirás mejor.

-Pero tengo frío-protestó el menor sin siquiera abrir los ojos.

-Lo sé, lo sé, pero te hará sentir mejor. Lo prometo.

Harry alzó la mano del rubio y le dio un suave beso en la palma antes de ayudarlo a poder ir al baño. Draco estaba más dormido que despierto, mansamente dejando que Harry le quitara la ropa para que entrara en el baño. La servidumbre ya se había marchado, dándoles privacidad y atentos ante lo que pudieran necesitar. Draco siseó al entrar en el agua y tembló, haciendo un puchero como si fuera un niño pequeño, que si Harry no estuviera tan preocupado, hubiera encontrado adorable. No fue un baño largo, solo lo suficiente como para sacarse el sudor de la fiebre. Además Draco parecía listo para quedarse dormido allí dónde estaba, así que Harry lo ayudó a salir, secarse el cuerpo y ponerse el pijama. En ningún momento pensó en nada sexual al hacer esto, simplemente quería que Draco se sintiera mejor lo más pronto posible.

El moreno guió a su esposo de regreso a la cama, quitando el edredón y solo dejando la sábana para no aumentar su temperatura. Draco protestó porque a pesar de la fiebre, él tenía frío, pero Harry se mantuvo firme en su posición y finalmente logró que estuviera en la cama, tomando las pastillas indicadas por el doctor con un vaso de agua que al rubio honestamente le supo a bendición. Sintiéndose exhausto pero sin sueño, el rubio se quedó recostado sobre su almohada y sus ojos entre abiertos observaron al mayor.

-¿Por qué haces esto?-le preguntó repentinamente, sorprendiéndolo.

-¿A qué te refieres?-Harry estaba mojando uno de los paños luego lo escurrió antes de posarlo sobre la frente del menor, refrescando y disminuyendo un poco su dolor de cabeza.

-Dijiste que me odiabas...-Draco desvió la mirada al decir eso, teniendo el recuerdo de sus gritos fresco en su mente.

-Draco...-el moreno volvió a sentir esa culpabilidad carcomiéndolo por dentro y dejó el paño a un lado antes de sentarse en la cama, tomando la mano de Draco entre las suyas-No te odio.

-Pero...

-Mira, todo lo que dije antes... nada de eso es cierto. Estaba enojado, frustrado pero fui muy injusto contigo. A decir verdad... no me tomó mucho saber que no eras una persona interesada. Y luego pasó todo esto de... desearte-Draco sintió las mejillas tibias pero estaba seguro que no era por la fiebre esta vez-Me siento culpable. Por Ginny. Pero también porque me descargué contigo y te dije un montón de cosas que de verdad no pienso. Yo no te odio, Draco.

-Yo nunca... no te he pedido más que aquello que hemos estado compartiendo. Yo sé muy bien que Ginny tiene el papel principal en tu vida, no esperaba que este matrimonio fuera verdadero pero al menos deseaba algo de cordialidad. Que seamos... compañeros en todo esto. Yo no quiero pelear, Harry. Estoy honestamente cansado de eso.

-Lo sé. Yo también he estado pensando en todo esto. Sé... probablemente mejor que nadie, que tú no tienes la culpa de que hayamos acabado en este matrimonio. Y me he comportado como un total idiota debido a mi frustración pero ya no más. Tú eres mi esposo. Te trataré con el respeto que te mereces. Haré mi mejor esfuerzo para que este matrimonio funcione.

-¿Estás seguro de esto?-preguntó Draco con inseguridad, no convencido que Harry estuviera hablando en serio o que hubiera pensado a fondo en todo lo que ganaría si es que se divorciaban. Una parte de él quería mantenerse callado y disfrutar de esto pero también sabía que solo estaría engañándose a sí mismo y que a la larga, él saldría más herido en todo esto-Lo decía en verdad cuando te ofrecí el divorcio. Firmaré lo que necesites, Harry.

-Las razones por las que accediste a casarte conmigo siguen siendo válidas y yo no deseo crear ninguna incomodidad a Narcissa. Tú me has ayudado más de lo que pensé y probablemente más de lo que lo merecía. Con mi familia, con Ginny, con la alta sociedad.-acariciando su mejilla levemente, Harry le dio una suave sonrisa-Ahora yo te ayudaré a ti. Haremos esto funcionar, lo sé.

-Harry...-el rubio se sentía conflictuado, no estaba seguro de poder creer en lo que él le decía pero estaba demasiado cansado y podía sentir el sueño haciendo sus párpados.

-Shh... Solo descansa ¿si? Podremos hablar de esto luego-posó el paño frío sobre su frente y Draco soltó un suspiro de alivio ante un respiro del calor, quedándose dormido a los pocos segundos.