No pude rescatarte. No pude ayudarte. El temor de perderte me debilitó, los gritos de la desesperanza se apoderaron de mí, el rojo carmín me hizo temblar, me arrastraba para alcanzarte, mientras solo podía verte alejarte sin retorno alguno.

La angustia de su sueño lo estaba dominando. Se removió con fuerza tratando de despertar ¿Por qué sus parpados pesaban tanto? Sus sueños siempre fueron predicciones, premoniciones del futuro que siempre acertaban, ¿Por qué se repetía el pasado donde su prometido moria en las espadas de los jenízaros?

Perdóname. Perdóname. Perdóname.

¿Por qué estaba soñando con ello? Su respiración frenética ante el miedo de la confusión, lo obligaban a aspirar los olores de su entorno, ¿Por qué olfateaba el denso aroma del bosque de pinos de su hogar? ¿Había regresado a su nación?

William.

Sus ojos se abrieron de golpe y se levantó rápidamente, arrastrándose por la gigante cama hasta chocar su espalda contra la fría cabecera del mueble. Sus ojos seminublados comenzaron a explorar el lugar donde se encontraba mientras jadeaba despavorido. Apenas podía enfocar las cosas del sitio, todo lo veía borroso, por lo que empezó a olfatear desesperado.

-Cálmate, William- Una voz de acento extraño, pero entendible al usar su lenguaje, lo hizo tensarse. -¿Te encuentras bien?

El aroma a bosque de pinos se condensó, por lo que frotó sus ojos con exasperación, con la finalidad de poder enfocar su borrosa vista recién despertada.

-¿Q-Quién eres?- Murmuró el rubio en un tono soez. Una risilla le hizo crispar ante la situación.

-¿Desconoces o te haces?- Comentó divertido el desconocido.

Separó las manos de su rostro y comenzó a parpadear, tratando de adaptar sus pupilas a la luz del entorno. La sensación de una persona tomando asiento en la cama donde se encontraba, lo hizo contraerse y dirigir su mirada confusa hacia la presencia. El rostro gentil del extraño se aclaró, descubriendo una cabellera castaña de hebras onduladas y un par de ojos chocolatosos que lo miraban con curiosidad. El rubor en el rostro del rubio fue inevitable al descubrir la cercanía en la que el alfa se encontraba de él.

-No seas reacio y respóndeme, William.- El castaño le ordenó gentil y con una tenue sonrisa en sus labios.

-¿Cómo sabes mi nombre?

Una mueca de desagrado se mostró en el rostro del alfa.

-Responder una pregunta con más preguntas, no es una forma correcta de aclarar la situación. Pensé que al ser el líder de tu tribu serias más inteligente, William-

-¿Cómo es que sabes…?- El castaño levantó su mano deteniendo la pregunta del rubio.

-Suficiente, deja de inquirir. Es molesto-

-El que estés acostumbrado a ser un niño mimado, no es mi culpa.- El Cipher se burló de la actitud petulante del contrario. Aunque aún se sintiera débil y atolondrado, no permitiría que lo viesen indefenso. -Si me respondes, respondo tus preguntas ¿Trato?- extendió su mano izquierda en dirección al joven alfa que lo miraba incrédulo.

Suspiro con irritación para después sonreír con merodeo y tomar de forma agresiva la mano extendida. La curiosidad aumentó por la actitud impávida del omega que tenía en ese momento ¿Realmente no sabía con quién trataba?

Giró la mano ajena, besando el dorso de esta y le guiñó lívidamente, poniendo nervioso al rubio. Cipher intentó apartar su mano sin éxito alguno, pues el castaño lo jaló en su dirección, atrapándolo entre sus brazos y liberando sus hormonas de alfa, amedrentando al omega, quien alcanzo a jadear extenuante.

-Hijo de …- El castaño le siseo y cubrió sus labios con su dedo índice, indicándole guardar silencio. Tomó la muñeca izquierda del rubio y la extendió para que alcanzase a ver el tatuaje de triángulo que su piel blanquecina contenía. El Pines trazo los bordes del tatuaje con suavidad.

-Triangulum, la constelación del norte, descubierta por William Croswell, y apodada de la misma manera en su honor, de ahí tu nombre, ¿no es así?- El castaño miro de soslayo al rubio, quien se encogió en su lugar. El Pines sonrió victorioso -La estrella Alfa apunta hacia tu mano, por lo que debo entender, tú eras el líder de la tribu de donde provienes. - Cipher se removió incómodo, pues le disgustaba que supiera tanto de él sin siquiera conocerlo. Pines lo libero de su agarre, levantándose de la cama y acomodando su elegante mintan oscuro - Y por último, soy Mason Dipper Pines. El enviado de alá, dador de la ley, líder del gran ejército jenízaro y sultán del gran imperio otomano. Y ahora, amo de tu insignificante vida.

El aroma de las hormonas se intensificó y el Cipher flaqueo aturdido, retrocedió débilmente cubriendo su boca y nariz con sus manos ¿Por qué le afectaba? No le había pasado algo así antes, ningún alfa lo había podido someter con su aroma y ahora el castaño le doblegaba sin problema alguno.

-Esto es por querer llamar mi atención con tu fuerte esencia. - Retomó la palabra el Pines, refiriéndose a la vigorosa fragancia que liberaba sin pudor. Se acercó al rubio para tomar sus mejillas y mirar los orbes ambarinos - Admito que me gusta el aroma a vainilla de tus feromonas, pero detesto que utilicen trucos tan bajos para atraerme. Considera que estamos a mano ahora.

El rubio apenas pudo gruñir soezmente. No le importaba si el mismo Dios bajaba del cielo a ordenarle, no se dejaría por nadie y menos por alguien como el tal Mason Pines.

El castaño observaba divertido como el rubio trataba de tolerar, sin éxito, el aroma que él desprendía. Su risa hilarante fue silenciada al escuchar un tenue gemido de desesperación proveniente del rubio, que retumbo en sus sienes como si de una orden se tratase. Inmediatamente, cortó el flujo de su esencia y lo libero de su agarre. ¿Acaso él…?

William asintió jadeante, como si le hubiera leído la mente.

-Sé perfectamente quién eres.- Gruñó débilmente el rubio, cumpliendo con la parte de su trato y respondiendo las preguntas que le había hecho el castaño - Y sí, soy un omega dominante.- Cipher rio débilmente al notar como la actitud del Pines había cambiado totalmente a una expresión de asombro- dos preguntas de tres ¿Qué más quieres saber?

-No te pregunté tu nivel de casta.

-No fue necesario que lo dijeras, tu mirada de curiosidad fue suficiente.

-Eso no es justo.

-Tu ejército destruyo mi pueblo y me hizo esclavo. Eso es, verdaderamente injusto.

Dipper gruñó ante la afirmación del omega, mostrando sus colmillos de forma amenazante. William no cedió y respondió de la misma manera a la actitud del castaño.

-Qué constelación tan vil -una idea fugaz cruzó por su mente, sonriendo de forma maliciosa.- Es una abreviación de la constelación, me gusta. Así te llamaré: Bill. Ese será tu nuevo nombre.

El rubio estaba perplejo ante las palabras del sultán. Estaba por responderle, pero fue interrumpido.

-Eres mi esclavo, así que puedo llamarte como se me venga en gana, y ese va a ser tu nuevo nombre a partir de ahora. Ahora quiero saber tu linaje, tu edad, tu historia, tu casta... Y no me hagas utilizar la voz para sacarte información. Detesto emplear mis habilidades para hacer que los demás me obedezcan.

-¡Acabas de usar tus hormonas para someterme!

-Como dije, estamos a mano por querer llamar mi atención con tu olor.

-¡Fue sin querer!, pensé que eras…

-Como haya sido, lo hiciste. No vuelvas a hacerlo o habrá consecuencias. Ahora. Dime tu linaje

El rubio aspiró con pesar y cerró los ojos con fuerza, recordando las palabras de Sarabi, la Delta pelinegra que le había aconsejado. Tenía que ser astuto para doblegar la actitud arrogante del sultán y poder aprovecharse de él a su beneficio. Por ahora había llamado su atención, así que era un buen paso, pero necesitaba más que solo eso. Sus ojos ambarinos se abrieron y posaron en el rostro del otomano expectante por respuestas.

-Soy William Cipher, Hijo de Jheselbraum Cipher, Hija de Axolotl Cipher. Líderes del pueblo del Norte…

-oO◊Oo-

La tarde paso vivazmente entre las conversaciones de los extraños.

El linaje, su edad, su historia, su casta e inclusive su habilidad le fueron descubiertos con la plática con el sultán, y aunque omitió detalles como el linaje antiguo de omegas dominantes de su región y la existencia de Tyrone en su vida, reconoció el ser apreciado por el alfa curioso por su nación.

Su cultura, su lenguaje, inclusive sus tradiciones, fueron preguntas que complementaron su extensa platica. Al rubio le sorprendía que el castaño hablará su idioma a la perfección, pero el alfa se negó a saciar su curiosidad, con la escusa de que sería conversación de otro momento.

Al atardecer, Sarabi los interrumpió con formalidad, indicándole a su amo que era hora de la cena con su madre y que esta le esperaba en su recamará.

-¿Sabes, Bill? Es la primera vez que converso tanto con un omega que no sea de mi linaje- el castaño se levantó de su lugar para luego sonreír gentilmente - Es una lástima que tenga que salir del reino por cuestiones bélicas.

-Es una verdadera pena- Comentó el rubio con un tono de ironía, siendo reprendido por la delta con un siseo, y causando una risilla en el alfa ante la actitud infantil de sus sirvientes -Pero si su majestad lo desea, puedo venir a seguir dialogando con usted cuando regrese- musitó, extendiéndole su mano derecha.

Dipper asintió satisfecho, y jaló de la extremidad ajena para acercarlo a él. Frotó juguetón el cabello rubio, despeinándole y causando gruñidos de fastidio en Bill. El alfa lo liberó entre risas, y dirigiéndose a delta, le indico órdenes en el idioma local antes de abandonar la habitación.

La delta le ordenó al omega, salir de la habitación del sultán, indicándole que la siguiera.

-Así que… Bill- musitó la pelinegra en su idioma con sorna, causando un gruñido de fastidio en el rubio que le causo gracia- ¿Qué encontraste que te sea de utilidad?

-Muchas cosas- le susurró -entre ellas, que el sultán es contumaz y entrometido, malcriado.

Sarabi rio en lo bajo y negó con su cabeza.

-He de admitir que el amo Dipper es un alfa muy obstinado y testarudo.- Admitió la mujer -Pero dale el beneficio de la duda, el amo Pines te llevo a su habitación cuando te desmallases, en vez de mandarte a la enfermería.

-¿Por qué hizo eso?

La pelinegra se encogió de hombros -No cuestionamos al amo Dipper porque él sabe lo que hace, además- el rostro de la mujer se tornó a uno de picardía y se detuvo justo enfrente del Cipher, deteniendo su andar - Tú deberías saber por qué el amo Pines te llevo a sus aposentos.

El Cipher se ruborizó con ferocidad, entendiendo la dualidad de la oración.

-¡No te atrevas a mal pensar de mí! ¡Nunca me entregaría a un sujeto como él!

La risa jocosa de la pelinegra se escuchó por todo el pasillo, avergonzando aún más al rubio.

-El fuerte aroma de tus feromonas que liberaste ayer en el aire cuando lo viste, dijo todo lo contrario.- le comentó entre risas -Además, nunca digas nunca. No sabemos si tus lindas piernas terminarán enrolladas como serpientes en la cintura de mi amo. - Las risas chuscas continuaron en la mujer quien se presionaba su estómago por su excesiva diversión.

-Dumbom- masculló Bill con irritación y cruzando sus brazos en señal de fastidio, pero sus acciones solo lograron aumentar las carcajadas de Sarabi.

Lo que la mujer le decía eran estupideces, patrañas que solo humillaban el orgullo del omega.

Pasaron breves instantes para que la delta retomara la postura con dificultad y retomará su camino hacia el harem del palacio. El rubio la siguió con molestia.

-Solo, asegúrate de mesurar tus acciones- murmuró -No creo que el amo Pines sea indulgente la próxima vez.

-¿La próxima vez? ¿Estás loca o qué té…?

-¿Has considerado mi propuesta?- Interrumpió la pelinegra expectante del contrario. -Justo ahora, ha transcurrido un día.

Cipher se detuvo cuando reconoció el pasillo en el que se encontraban. Estaban cerca del harem. Sarabi detuvo su andar de igual manera, impacientándose por la respuesta del omega. El rubio suspiro rendido, llamando la atención de la mujer.

-Aceptaré el trato con una condición-

La delta inclinó su cabeza con curiosidad.

-Quiero todos los secretos de este palacio y de sus habitantes.- La mirada desafiante del rubio hizo temblar a la pelinegra en un éxtasis inigualable.- Si queremos poder, debo conocer este lugar aún mejor que la palma de mi mano. Ayúdame y en la cima te compensaré tus esfuerzos.

Cipher extendió su mano diestra en dirección a Sarabi, dando a entender la culminación de los términos de su acuerdo. La sonrisa ladina de la pelinegra se rebozó en su rostro y tomó la mano del rubio apretándola con suavidad.

-Me parece un trato justo, Bill Cipher. Ahora vamos a la enfermería a revisar la causa de tu desmayo.

-oO◊Oo-

Las puertas se abrieron a la par, dejando ver un alfa de porte vigoroso y enérgico. Sonrió al ver una mujer de cabellera castaña sentada en el suelo frente a una mesa elegante de madera, que le sonrió al notar su presencia. Dipper se acercó con suavidad y tomó la mano de su madre.

-Madre- Musitó para besar el envés de la mano de su madre con cariño y colocarla suavemente con su frente, en señal de respeto.

-Hijo mío- La mujer omega de cabellos castaños acarició el rostro de su hijo con preocupación -no te vi en el almuerzo, ¿está todo en orden?-

-Hubo un imprevisto en el harem que tuve que solucionar- El alfa se sentó en el suelo junto a su madre.

-¿Imprevisto en el harem?- La actitud de la omega cambio drásticamente y sus orbes avellana le observaron con cierto enojo. No importaba que su hijo tuviera 25 años, o que fuera el sultán del poderoso imperio otomano que su padre le había heredado. No dejaba de ser el cachorro terco que ella engendró y siempre le reprendería sus acciones apresuradas. - Dipper, hijo mío, sabes que ese es mi trabajo, yo pude haberlo solucionado. -

-Lo sé, madre, pero estaba pasando en ese momento, por lo que me fue inevitable no solucionarlo.- Su mirada exploró por breves instantes la enorme habitación de su progenitora -¿Dónde está Mabel?

Antes de que la omega pudiera decir alguna otra palabra, las puertas volvieron a abrirse, permitiendo el acceso a dos mujeres alegres, quienes al ver a Dipper, se reverenciaron con elegancia.

-Mabel, Wendy, que agradable que cenen con nosotros.- El castaño chasqueo, los dedos y los sirvientes comenzaron a servir diversos platillos en su mesa.

Las mujeres sonrieron y se acercaron al sultán. Tomando turnos, tomaron la mano izquierda del castaño, lo besaron y la colocaron en su frente en signo de respeto. Repitieron la acción con la madre de los Pines. Mabel se sentó junto a su madre, mientras que Wendy tomó su lugar junto al castaño.

Dipper sonrió satisfecho, y acarició el abultado estómago de la pelirroja con sumo cuidado, ampliando su sonrisa al sentir como la omega posó su mano con suavidad sobre la del castaño.

-¿Cómo se encuentra mi cachorro? - El castaño besó con cariño la frente de la madre peliroja - ¿Cómo se encuentra mi esposa?