—Es el tercero que encontramos este mes. —El hombre ubicado en la cabecera de la mesa de juntas lanzó el expediente con toda la información del caso a las manos del recién llegado a la capital y establecimiento—. La persona que ha estado asesinando de esta manera jamás lo había hecho tan seguido.
Ben Solo sin inmutarse por la desagradable manera de entrega de documentación, abrió el expediente echando un vistazo rápido a la portada y primera página con las fotografías y títulos marcados con la información más relevante. Con ojos diestros, pudo notar que llevaba más de dos años abierto, y por el cúmulo significativo de hojas que el presunto asesino ha estado agregando al expediente, supera con creces todos los que había resuelto en el pasado el joven Solo. De inmediato lo tomó cómo un gran desafío.
—Se le ve bastante descompuesto al sujeto. —Agregó Ben de la primera foto que logró divisar al remover la portada, mostrándole el desfigurado cuerpo sin cabeza que el antisocial le había quitado a la víctima de una manera tan grotesca y salvaje.
—Si, suponemos que estuvo dos semanas dentro del auto —explica— Si no es por alguien de curioso andaba deambulando en el vertedero y le llamó la atención la jauría y las aves rapaces que estaban peleándose por la carne, jamás nos hubiéramos enterado del crimen.
Ben se queda observando la fotografía explícita analizando si había algo que pudiera rescatar para proseguir una fluida conversación.
—Los animales hicieron un buen trabajo borrando evidencia—habla sarcástico—. Arrancaron demasiados pedazos de su carne. —Ben hace contacto visual nuevamente con el hombre—. ¿Nadie fue a comisaría a notificar la desaparición del sujeto?
—Nadie que tuviera el perfil de la víctima—respondió el sherrif—, sin embargo, logramos identificar de quién se trataba el cuerpo gracias a un muy peculiar tatuaje en su pierna, siendo lo único teníamos de pista sobre él. —Llevantó los hombros con fastidio desinterés—. En pocas palabras, era un antisocial alejado de su familia, sin amigos, que nadie le importaría su desaparición, lo que concuerda perfectamente al perfil de los otros cuerpos que hemos encontrado y logrado identificar del asesino. Suponemos que, por el mismo desinterés de las víctimas, también son criminales que no hemos podido capturar a lo largo de todo este tiempo—explica—. Por eso, cuando encontramos los cuerpos, ya es muy tarde. Están demasiado descompuestos para recaudar la evidencia necesaria e identificar a los sujetos.
Ben meditó las palabras del cabecilla de la mesa para inferir correctamente que estaba mencionando con este especial caso y leer su expresión corporal al exponer la circunstancia. Su nuevo jefe no quería contestar con el mismo ímpetu de capturar al malhechor cómo lo era con los otros que tenían antecedentes de asesinar inocentes.
—No lo quieren atrapar ¿cierto?
El sheriff sonrió arrogante, como si lo hubiesen descubierto.
—La opinión está dividida por aquí, y hay muchos que prefieren retirarse de la investigación o hacer oídos sordos a lo que está sucediendo con el asesino, ya que se sospecha que, gracias a sus actos, ha disminuido en el sector los secuestros, robos y violaciones. Aunque de igual medida, ha atraído criminales de otros lugares.
El joven Solo levantó sus cejas demostrando su pequeño sorprender.
—Interesante.
—Hay gente que también cree que el protagonista puede ser una mujer. Lo que nos hace entender que vienen a por ella, someterla. ¿A quién no le gustaría llevarse el crédito de matar a la chica que ha estado dando problemas a sus compañeros de homicidio? —Una sonrisa mordaz se asomó en plenitud.
—A una persona bastante retorcida. —Respondió aun con rostro inexpresivo, alarmándose a sus adentros un poco por el último dicho del sheriff.
—Pero eso es imposible. —Realizó un ademán con la mano, despectivo—. Ninguna mujer tendría la fuerza para hacer tales calamidades. O las agallas. —Ben levantó su ceja a modo de respuesta representando extrañeza. ¿Por qué no podría ser una mujer? —Bueno, quién sabe, para eso estás tú aquí. —Señaló socarrón.
El muchacho no respondió a su implícita burla. Podría contraatacar mencionando la ineptitud de la comisaría entera, pero necesitaba más amigos que enemigos para resolver de lo pronto el caso. Se quedó con el rostro parco.
—¿Por qué lo quieren capturar precisamente ahora?
—Porque al final de cuentas, también es alguien que ha estado violentando la ley, y es nuestro trabajo atrapar a toda persona que lo esté haciendo. —Mantiene su habla—. Sin embargo, fue demasiado el querer dejar de lado el caso, que ahora que tenemos el tiempo para adentrarnos de nuevo, la evidencia es casi inexistente y los cuerpos cada vez están más descompuestos para sacar conclusiones de ellos.
—Y es por eso que me llamaron.
—Si. —Elevó la comisura de su labio burlón—. Y además para probar que tan ciertos son esos comentarios tuyos, de cómo con tu gran audacia ha resuelto los casos más complicados en el país.
Ben Solo se había hecho leyenda en todos los estados del país por descifrar casos con casi nula información y parámetros bastante erráticos. Sus deducciones e intuiciones eran más que asombroso a ojos expertos. Lograba lo imposible con sólo un par de fotos y pocas preguntas a los testigos.
—Espero entonces cumplir con sus expectativas. —Hizo caso omiso a la pequeña provocación sin expresión. —Bueno, empezaré de inmediato a investigar.
—Claro, por supuesto.
El joven Solo se levantó de la silla tomando el expediente rápido para salir cuanto antes de ahí. Su nuevo jefe le había desagradado bastante, y por aquellas palabras con las que se refirió al presunto homicida, él era parte del grupo que no deseaba atraparlo de lo pronto. De él no sacaría mucho, y si era poco profesional, el sheriff no dudaría en obstruir la investigación para no atraparlo, o no darle la importancia suficiente para resolver rápido el caso. Esperaba con ahínco que no pasara ninguna de las dos opciones.
Sin desviarse del camino hacia la salida, Ben llegó sin inconvenientes a su automóvil. Encendió el motor a los segundos, dejando en el asiento del copiloto el expediente que por lo menos algunos días sería su mejor compañera y más entretenida lectura. Le entusiasmaba de cierta forma comenzar con la travesía. Le encantaba resolver rompecabezas. Literalmente. Sobre todo, cuando se trataba de desmembramiento y erráticos casos.
Pasaran algunos minutos para que el pelinegro dejara de conducir. La cafetería de su padre estaba un poco retira de la comisaría, muy próxima a la zona que estos últimos años desafortunadamente ha sido escenario principal de los acontecimientos que han dado mucho que hablar este último tiempo en la capital. Aun así, tardó mucho tiempo en salir. Hacía mucho que no veía a su padre, varios años, a decir verdad. Después que se graduó de la universidad, al poco tiempo dejó su hogar para encaminarse a trabajar en las ciudades con más problemas sobre crímenes poseían. Desde entonces que no ha vuelto. Por lo menos antes de llegar le pudo comunicar que pasarían a la cafetería primero apenas pudiera pisar tierra capitalina.
Al bajar, aprovechó de ver detenidamente la periferia. La pobreza inundaba, y a las calles le faltaba bastante tratamiento por el desgaste de los años. Seguía igual a como se había ido. Se alegraba que sus padres al fin habían escapado de ahí ya hacía un período. No obstante, perdió toda su atención al lugar cuando vio cómo una chica que estaba cerca de la puerta que señalaba solo la entrada para el personal autorizado, observaba detenidamente cierta mercadería que suponía habían traído ahora temprano. Había cajas por doquier, costales y bebestibles, y ella estaba totalmente sola, y por lo que se podía intuir a larga distancia, que no esperaba a nadie para resguardar todo lo que tenía a su alrededor.
No dudó en querer ayudarla, total la propiedad era de su padre y en parte le permitía entrar a cualquier lugar que quisiera.
—¿Te ayudo? —Ben a toda marcha se encaminó hacia donde estaba la presunta muchacha.
La chica se giró a su dirección mostrando una expresión facial algo confundida por la inusual intervención, mientras Ben, por un milisegundo quedaba deslumbrado en medio del caminar. Los rayos del sol naciente a su espalda se reflejaron en los bellos orbes de tono verdosas en la mujer que tenía enfrente, hipnotizándolo por un instante con su intenso brillar. Ni siquiera el respingar de su nariz de su malestar opacó su belleza. Pero, para desgracia del joven Solo, poco duró el momento. La castaña levantó su palma para tapar la irradiante luz amarillenta que llegó penetrante a sus ojos, quitando toda la magia fugaz que solamente Ben había sido espectador.
¿Desde cuándo su padre tenía en su personal tan bella mujer?
—¿Eh? —Aun con la mano enfrente, Rey respondió con dudoso monosílabo al recién llegado. Cuando notó que se atenuó la luz del molesto sol, quitó su palma de su rostro, y enseguida que sus ojos se adaptaron, notaron que el hombre fue quien le había hecho el favor indirectamente de quitarle el malestar en su mirada. Su porte había hecho todo el trabajo, al igual que su estruendo tamaño la hizo sentir algo incómoda. Incómoda en el sentido que la imagen que había aparecido en su plano visual le había hecho percibir mariposas en el estómago, como las de una niña que se le acercaba un chico guapo—No, no te preocupes, puedo entrar todo sola. —La mujer con la vergüenza encima hizo un gesto con sus manos señalando cortés para que no se preocupara por ella.
—¿Estás segura? Se ve que son demasiadas cosas.
—Lo son, pero ya estoy acostumbrada.
A decir verdad, Rey no deseaba para nada que la ayudara, si generalmente mientras nadie la veía tomaba y juntaba toda caja pertinente para entrarlos de una vez y ahorrar varios viajes extras que un simple mortal jamás lo podría hacer. Pero más no tenía opción que aceptar la proposición innecesaria para la mujer lobo poseedora de una fuerza extraordinaria. Además, no quería ser grosera con él. Se veía bastante simpático y se le notaba que la quería ayudar.
—Bueno… si insistes. —Sonrió la muchacha para demostrar su afirmación.
En un principio fue algo tedioso el tener que simular que le costaba levantar algunas cosas a la joven Palpatine, agotador en cierta medida. Pero llegó a un punto que le pareció gracioso, y ver cómo no quería quedar mal su acompañante lo hacía aún más. Un hombre no podía quedar como un debilucho delante de una dama que le había ofrecido su ayuda respecto a fuerza.
Por suerte, no pasó mucho para que terminaras de arrumar y entrar la mercadería la dupla, prácticamente habían tardado lo mismo la chica cuando lo realizaba sola.
—Por cierto, soy Ben. —Con respiración agitada, el hombre le ofreció su mano para presentarse.
—Rey. —Contestó sin más la joven Palpatine levantando la suya, estrechándosela enseguida amablemente. Su tacto fue cálido y suave a la vez. Amigable. Aun así, a Rey se le revolotearon las entrañas y gracias sus habilidades extraordinarias, notó que al muchacho también se les alborotaron algunos órganos a sus adentros, sobre todo el latir de su corazón, el fluir exagerar por un segundo de su sangre por la emoción. —Bueno Ben, tengo que volver.
—Claro. —Se acomodó el pelinegro en su lugar para retirarse algo nervioso ya más recompuesto.
—Muchas gracias por la ayuda. Fue muy amable de tu parte.
—No fue nada.
—Bueno… ya sabes dónde está la puerta. —Mencionó nerviosa, sin que sonara descortés—. Mi jefe me regañará si te ve aquí.
Ben se rio en sus adentros. Su padre haría exactamente todo lo contrario a su parecer si lo veía ahí charlando con su empleada.
—Si, claro. —Sin embargo, no le refutó en absoluto y tomó en cuenta sus palabras—. Un gusto Rey.
—Igualmente Ben.
El aludido dio media vuelta y se retiró en breve llegando a las afueras cerrando la puerta detrás de sí sonriente. La circunstancia de que lo echaran de una forma sutil le pareció de lo más entretenida. Le alegró el día, un día que sin dudas había comenzado de extremo tenso por todo lo que acontecerá su larga estadía en la capital.
Rey por su parte se quedó ordenando lo que fuera necesario, dubitativa por si en realidad había sido algo tosca y descortés el pedir que se retirara cuando señaló sutil su saber del lugar de la puerta mientras tanto pensaba lo entretenido que había sido el tener que simular que todo le costaba, cómo una indefensa mujer que necesitaba con urgencia ayuda para realizar una tarea que dominaba los hombres. Le alegró más que el día.
No obstante, entremedio de todo el ajetreo del ordenar, su olfato y su oído no pudieron pasar por alto que el señor Han Solo pronunció con un tono un poco más alto ese nombre que hacía poco le había sacado unas sonrisas nerviosas junto ese olor peculiar que lo rodeaba.
—Hola papá.
¿Papá? Rey quedó atónita, pestañeando veloz entre víveres. ¿El señor Han Solo era su padre? ¿Desde cuándo el dueño de la cafetería tenía un hijo?
Se sintió más que engañada e ingenua. ¿Por qué lo había hecho? Ben perfectamente pudo comentar que era hijo del propietario de la cafetería y por ello, pedirle el favor de avisar a su padre que estaba rondando en las instalaciones. Pero, al parecer, no quiso hacerlo. Aun así, Rey no reaccionó cómo era de esperarse, enojándose por pasarse de listo con ella, sino que, lo hizo avergonzándose. Estaba segura de que se burlaría de ella en seguida que saliera de ahí a hacer su trabajo. No le apetecía para nada hacerlo. Pero para desgracia de Rey el tener que volver obligatoriamente a su oficio, no le permitiría quedarse encerrada hasta que terminara, al parecer, por lo que lograba escuchar, la incómoda reunión familiar.
Con la timidez encima, se asomó en el umbral de la puerta perteneciente a la despensa buscando el instante óptimo para salir de ahí al mesón y continuar con su trabajo dando un fugaz vistazo para cerciorarse de que no la estuvieran viendo. Sin embargo, la mirada de los hombres interceptó en el instante preciso con su temple cuando vieron que su porte apareció fuera del almacén, tirando en absoluto al basurero el plan que había ideado en su mente.
—Rey ¿Nos podrías atender? —El señor Han le realizó un gesto para llamar la atención de la castaña en el otro extremo, mientras Ben estaba cabizbajo burlón, entretenido entre dientes. Había notado desde antes que la peli castaña estaba al pendiente.
—Cla-ro que sí señor Han.
Padre e hijo fueron los primeros en moverse mientras Rey esperaba paciente tomar una distancia prudente para ir detrás de ellos. Al llegar, tomaron asiento a la brevedad mirando desde abajo a la mujer que estaba en su costado atenta a lo quisieran ordenar.
—Por cierto Rey, él es mi hijo. —Señaló orgulloso Han sonriente al hombre que tenía enfrente.
—Si nos…
—Ben Solo. —El muchacho la interrumpió ofreciéndole por una segunda vez estrecharle la mano.
La castaña se extrañó en su cabeza. ¿A qué estaba jugando el recién aparecido?
Aun así, no medita de lo mucho el propósito que lo llevó a hacer tal maniobra y prosigue a seguirle la corriente.
—Rey Palpatine. —Con una sonrisa radiante, tomó su mano de nuevo para presentarse.
Esta vez, su toque fue más intenso, pero bajo un temple mucho más calmo y una mirada increíblemente más penetrante. La estaba devorando con sus orbes llenos de oscuridad sobre su semblante, actuando totalmente al contrario cómo lo había hecho hacía un momento guardando las cosas.
Ningún humano la había logrado intimidar e incomodar con un simple vistazo. Pero él estaba resaltando fuerte la excepción a la regla. Él único ser que la había hecho sentir de esa manera fue Poe cuando recién estaban saliendo y compartiendo cama en esos tiempos. Un hombre lobo.
Sin embargo, Rey no se permite amedrentar y leve hace notar con un apretón el brotar de su reciente confianza emergida. Se hizo recordar a la fuerza que ella siempre era la depredadora. Ben por su parte notó a la brevedad su cambio de postura y reflexión a su temple. Le encantaban las mujeres de esa índole.
No dieron muchos rodeos con el escoger de beber y la selección de comida. Ni siquiera quisieron ver la carta. Rey anotó todo rápido, sin dar tiempo para arrepentimientos se retiró a zancadas del espacio.
—Es bonita. —No se pudo contener el comentario Ben mientras giró a darle un último un vistazo.
—Te recomiendo que no la mires demasiado. —Le reprochó el mayor de los Solo.
—¿Por qué?
—Es casada.
La confesión le cayó cómo el verter de un balde de agua bien fría sobre su cabeza, pero no extrañándose para nada que lo fuera. Las mujeres hermosas jamás estaban solteras.
Aunque, algo no encajaba bien con la información que le había dicho su padre cuando observó a Rey escribir en la comanda.
—Pero, no le vi ningún anillo.
—Nos contó que lo perdió en unas vacaciones que tuvo con su esposo en un balneario.
—Oh. —Maldice a su interior por su mala suerte—. Una lástima.
—Supongo. —Carraspeó Han la garganta—. Que no pasaste por la ciudad simplemente a saludar.
A Ben se le apretó el pecho y su cara detonó tal malestar con una mueca de disgusto incómodo. Su padre hacía sonar horrible esa frase, aunque tuviera toda la razón de ello.
—No… —No obstante, intentó guardarse su reciente expresión facial e intercambiarla por una de perfecta seriedad—. Me llamaron por un caso. Un asesino serial que ha estado acechando hace unos cuantos años.
—¿Cuál de todos los asesinos seriales que están buscando? —Mencionó burlón y sarcástico.
—Uno que está asesinando a otros criminales.
—Sí he oído hablar de él. —Agregó serio el padre. Aun cuando el ambiente era bullicioso, en el espacio de ellos estaba demasiado tenso—. Lo llaman "El cazador"
—Si… el mismo.
Aun así, resguardada entre cuatro paredes, Rey no pudo pasar por alto al oír la conversación ajena la información abismalmente significante que soltó el pelinegro a su padre, descontrolando completamente sus habilidades extraordinarias para hacer añicos lo que tenía sujeto en sus manos en ese instante.
El hijo de su jefe quería capturarla.
Siempre un corazoncito y un comentario fugaz es bien recibido.
Muchos saludos a todos y gracias por pasarte a leer!
