A los golpes ya estaba acostumbrada. Se frecuentaba más cuando trataban de someterla en sus peculiares excursiones. Pero a los vidrios, o acero en balas, aun no lo estaba tanto. Sólo hubo una ocasión que la cuestión se volvió bastante agresiva, lo que, en el momento del escándalo de su metamorfosis se hizo presente, el susodicho no encontró mejor alternativa que dispararle en medio de las costillas para detenerla. Dolió de la mierda, y a su vez la enfureció de sobremanera. Lo único que recuerda de esa circunstancia es que terminó asesinando al sujeto de un solo zarpazo, y maldecir cuanto fuera necesario para quitarse la maldita bala incrustada profundo entre sus músculos.
Pero no el momento de traer esos recuerdos a la mesa.
Algo más apremiante estaba sucediendo cerca.
Ella estaba más que al tanto que la policía local la buscaba por sus crímenes, pero que había una disyuntiva significativa entremedio de los subordinados de aprisionarla o no en la cárcel. La cafetería era una piscina llena de pirañas chismosas, era fácil de enterarse de todo lo que acontece en la cuadra. La situación obstruía la determinación para continuar fluidamente su propio caso. Para algunos era un suspiro de alivio para ahorrarse trabajo, y para los otros, un asesino serial sediento de sangre como cualquiera, que si o si debía estar tras las rejas.
No obstante, el que Ben haya llegado en exclusivo por sus crímenes, significaba que los altos mandos ya estaban tomando acciones más severas para encarcelarla de lo pronto. El traer a un personaje no perteneciente a la capital para que no hubiera razones como la de los lugareños en no querer atraparla era una decisión bastante inteligente.
No había alternativa. Debía ser mucho más precavida, y alejarse en lo posible del sujeto. Tener el menor contacto posible con él, pero… lo suficiente para estar al tanto cómo va la investigación de ella en el papel.
O, al contrario, estar tan cerca de él para hacer todo lo que estuviera a su alcance y obstruir la investigación de su caso cada que pudiera. Cómo… coquetearle. Lo que cuadraba mucho mejor en esta circunstancia. El muchacho era muy obvio al mostrar sus intenciones con ella. Aunque su pareja no estaría muy de acuerdo si se lo comentaba. Era lo lógico.
La idea quedó totalmente descartada.
Por suerte, el quebrajar entre sus manos no produjo eco en la estancia y de las heridas no brotó sangre a goteras. Estimuló el sanarse rápido y limpio veloz sus palmas con un sucio paño puesto en la escoba de trapero, y sin que nadie se diera cuenta, limpió el desastre que dejó en el suelo que la pobre azúcar que se llevó todos los efectos laterales de su fortuito descontento.
Arreglado todo, fue al mesón a recoger toda la orden lista, y a medio caminar notó que Ben se encontraba solo viendo hacia las afueras el horizonte de la mañana. Se le veía muy ensimismado en sus pensamientos, a tal grado que se percató cuando ya estaba sirviendo su taza de café el que Rey estaba ya al lado.
—Por casualidad ¿a qué hora generalmente termina mi padre de trabajar?
—Es relativo, a decir verdad. Pero lo habitual, en días de semana, da término a su turno a las once de la noche y los fines de semana pasado a las dos de la mañana.
—Entonces vendré por él a las once. —Mencionó al aire.
—¿Necesitas algo más?
—No, gracias. Estoy bien. —Contesta simple. Su mirada penetrante ya no estaba presente.
Rey no dijo palabra y se retiró afirmando sutilmente con la cabeza demostrando la amabilidad tan icónica de una camarera.
Aunque Ben no se había predispuesto a asomar su intensidad nuevamente, no pudo evitar girarse una vez más para verla. Sería lo único que podría hacer si ella estaba casada, lo que lamentaba profundamente en su alma.
—Te dije que no la miraras tanto. —Regañó su padre descubriéndolo. Su paseo por el baño había terminado. Ben sólo atinó a levantar las manos a modo de paz con una risa en el proceso del gesto.
Rey escucha a lo lejos haciéndole gracia. El hombre era toda una caja de sorpresas. Pero, no podía olvidar que precisamente él era quién en exclusivo estaba buscándola…
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Cómo era de esperarse Ben llegó puntual a la hora, preguntando en dónde se encontraba su padre a Kaydel. Rey alcanzó a oír desde el otro extremo en los vestidores la respuesta de la rubia mencionándole se resguardaba en su oficina en la zona administrativa. Ella estaba al tanto gracias a su característico olor que había llegado… cómo también Poe había arribado sorpresivamente en su auto a las afueras de la cafetería. No esperaba que justamente hoy él fuera por ella esta noche.
Precisamente hoy no era el día que deseaba que fuera por ella.
Sabía que no iba a entrar, que la esperaría en el estacionamiento a que saliera. No necesitaban palabras, si con el olfato podían transmitir sus pensamientos, su propio consenso. Rey se apresuró en salir, aprovechar que el policía no la interceptara a medio camino. Quería evitarlo. Más aún con su pareja cerca.
—Adiós Kaydel. Hasta mañana. —No la miró y se despidió con la mano, corriendo luego a la calle donde estaba estacionado Poe evitando a toda costa que la detuviese por lo que fuese.
—¡Rey, esper..! — Connix se quedó con la palabra a medio terminar.
La mujer lobo había escuchado su intervención, pero hizo oídos sordos al llamado cuando el vidrio de la puerta cerró a sus espaldas.
Poe la miró sonriente, feliz de verla. La extrañaba. Se la pasaban trabajando cada uno por su cuenta, que olvidaban disfrutar un poco de sus vidas. Por eso, cuando poseía el tiempo de entregarle el detalle recogerla a su trabajo y pasar la noche disfrutando de sus anécdotas, jamás se los perdía. También Rey amaba cuando Poe le entregaba esos lujos cada que podía. Pero justo esta noche no la estaba considerando propicia para realizar una salida romántica entre ellos. Tendría que aplazar lo que tenía en mente de hacer en un par horas.
—¡Rey! —Una voz masculina se manifestó a sus espaldas. Se detuvo en seco, dándose la media vuelta a contestar a la pronunciación de su nombre. Era Ben quién lo había hecho. Se acercó a ella a medio trote con un objeto en la mano que conocía a la perfección. Se le había quedado olvidado su destapador. —Me lo pasó Kaydel. Olvidaste esto.
—Oh, que distraída. —Simuló su aturdir creíble mientras su supuesto salvador le entregaba el objeto en sus manos. Esta vez no rozaron pieles y la muchacha lo agradeció a sus adentros.
—¿Sucede algo Rey?
Poe se hizo presente a la sorpresiva intervención del pelinegro. No se le veía muy contento. Inclusive, había borrado totalmente su expresión de felicidad por verla.
—Olvidé mi destapador. —Respondió a la interrogativa la muchacha, levantando el objeto para que lo viera su pareja.
—Ben Solo. —Interrumpió la interacción de la pareja el blanquecino sujeto, imponiéndose con el saludo camuflado de cordialidad ofreciéndole su mano al trigueño.
Dameron le molestó su repentino actuar bastante imprudente a su parecer, cómo intentando imponerse. Si no fallaba su intuición, por la manera de su comportar, está tratando de resaltar su porte para intimidarlo con esa total confianza. Podía hasta olerlo, percibirlo literalmente. Había cosas que no cambiaban entre machos en el reino animal y el humano.
—Poe Dameron. —Se presentó. Sin embargo, aún con el recelo encima, respetuoso recibió el saludo apretando su mano, pero, de la misma forma que Rey hacía unas horas, sobrepasando ligeramente la fuerza de sus músculos en sus dedos para contrarrestar esa seguridad del hombre que tenía enfrente. Por supuesto que no se iba a dejar amedrentar por un simple ser humano. Si quisiera, podría matarlo de solo un golpe por entrometerse en lo que no le concierne. Pero, para sorpresa de Poe, Ben intentó igualar la fuerza del apretón en el agarre.
No había dudas, el malnacido quería a su chica.
Rey por su lado, se le hizo imposible pasar por alto todo el acontecimiento que estuvo sucediendo frente a tu temple totalmente incomoda. También podía olerlo y percibirlo con sus habilidades extra de animal. Su enamorado jamás había hecho notar los celos. Eso no existía entre hombres lobo. Se respetaba la pareja lobuna y la unión sagrada a la cual se sometían. Pero Ben era un humano, y no conocía tales costumbres. En ese sentido, la castaña odiaba cuan inoportunos y entrometidos podían lograr ser los bípedos.
—¿Dameron? —Crispó su ceño el joven Solo algo confuso—. Pensé por un minuto que era Palpatine.
—Estamos casados —Intervino Rey con la mentira, explicando deprisa algo alarmada. No estaban casados de manera legal por medio de un papel de lo menos importante para su especie, sino bajo la bendición de los longevos ancianos de los clanes en el país—. Pero, decidimos mantener nuestros apellidos de solteros.
—Exactamente… —Le siguió la corriente el moreno a su enamorada, tomando de su mano suave, presumiendo una sonrisa radiante que Rey Palpatine era totalmente suya sin quitarle los ojos encima al susodicho.
—Oh, claro.
—Bueno Ben, gracias por el destapador —Cambió el tema Rey con un tono desesperado de despedida. Le apetecía con ímpetu terminar la penosa escena entre machos y retirarse cuanto antes de ahí.
—No hay problema. —Ben se despidió de la pareja levantando sutil la mano—. Nos vemos mañana. —Rey no emitió sonido, y solo afirmó con la cabeza a modo de despedida—. Un gusto Dameron.
—Igualmente —. Mintió Poe a diestras y siniestras. Por supuesto que no le agradó para nada saber de su existencia, y mucho enterarse las implícitas intenciones del pelinegro respecto a su mujer.
No hubo mucho rodeo entre ellos, y cada tomó sus respectivos caminos. La pareja al auto y Ben retornando a la cafetería de su padre.
—¡Menudo imbécil! —La puerta perteneciente al lado de Dameron se cerró estrepitosa, resonando fuerte el choque de las hojalatas.
—¿Me puedes explicar que acaba de suceder ahí? —La castaña se quitó la actitud introvertida y reflejó al entrar al vehículo su desagrado e indignación por la situación. Se sintió cómo un objeto tironeado por dos perros rabiosos.
—Malditos humanos. —Regañó entre dientes ignorando la pregunta de su compañera. —¿Quién es él? ¿Es nuevo? ¿Trabaja contigo?
—No. —Responde sin más—. Es hijo del Señor Solo. —hizo una pausa con rostro parco—. Y es policía… o detective. —Poe tomó atención a las palabras de Rey haciendo a un lado sus celos. Era más apremiante lo que traía el significado bajo las letras del comunicado—. Y me está buscando…
La pareja se inunda entre sus cuencas, mirando con determinación. Era más grave lo que estaba comunicando Rey.
—¿Cómo lo sabes?
—Los escuché hablar hoy en la mañana.
Poe se inquieta. Estaba sucediendo lo que pensaron pasaría en varios años más. Atraparla cueste lo que cueste. Que los altos mandos tomarán acciones más severas con su búsqueda.
—Debes mantener si o si la distancia con él. —Recalcó su frase.
—Demonios, y hoy sería el día que volvería más tarde a casa… —Lo ignoró por completo.
Su actual acompañante abre los ojos alarmantes después de oír las palabras de la joven Palpatine, infiriendo rápido lo que había dicho entre palabras y expresiones.
—Supo..
—¿Desde cuándo no te alimentas? — Lo interrumpe la castaña pétrea.
—No creo que me estés sugiriendo…
—Contesta la pregunta Poe. —Con mirada aguda, exigió Rey su contestación. Cuando la muchacha deseaba ser atemorizante, lo lograba sin ningún esfuerzo.
—Hace tres semanas… —Terminó respondiendo exhalando sus palabras en un suspiro.
—¿Hueles al sujeto que está en el auto a tres cuadras doblando a la derecha cerca de la cancha? —Rey miró hacia el oscuro horizonte que proyectaba parabrisas mientras Poe la imita, gesticulando algo inseguro el respingar de su nariz hipersensible, buscando entremedio de todo objeto al sujeto.
—Lo huelo.
—Esta vez, su sudor es más prominente a las veces que he pasado cerca de él —habló sombría—. Supongo que es por culpa del polvo blanco que tiene en el costado. —Continúa—. Hoy me iba a secuestrar
—¿Cómo lo sabes?
—Por el cloroformo detrás de su asiento. Los otros días no andaba con el en su auto, y tampoco sudaba tanto.
Otra vez el moreno hizo un gesto de la nariz concentrándose un poco más para notarlo, percibiendo luego al terminar el viaje que Rey tenía completamente la razón de ello.
—¿Quieres ir por él? —Giró su cabeza brusco buscando el rostro de Rey con actitud de reproche— ¿Sabes que te está buscando ese idiota hijo del señor Han Solo e igual quieres iras por él? —Demuestró su indignación sacudiendo los brazos y empuñando los dedos— ¡Demonios Rey, tú sí que eres terca maldita sea!
La muchacha haizo caso omiso a la amonestación del aludido de al lado sin inmutarse, con nervios totalmente de acero.
—Nunca lo notará si no dejamos evidencia.
Vuelve a crispar su expresión de espanto Dameron deteniendo toda su reciente actuación, preguntándose seriamente entre sus sienes si Rey estaba hablando cien por ciento en serio en ir a cazar juntos y compartir la comida como dos lobos totalmente salvajes. Ella jamás lo había invitado al acto, y jamás le interesó hacerlo. Siempre lo tomó como algo exclusivo de su pareja.
—No me he alimentado de carne humana hace varios años Rey. —De golpe se calmó de su descontento—. Y no lo voy a volver a hacer.
—Sabes que me es suficiente con sólo devorar la cabeza. —La expresión oscura resaltó sus orbes verdosos, haciendo a un lado la humanidad de la joven Palpatine para referirse al espécimen perteneciente al puesto inferior a la cadena alimentaria—. Si tú te comes el resto no habría nada que buscar—continúa—. Además, te servirá. Por tu trabajo.
Se estremeció el trigueño de mala manera. Su pareja estaba siendo muy fría a la hora de hablar de los humanos tratándolos como comida. Era para alarmarse. ¿Su temple de verdad era así cada vez que salía a alimentarse?
No obstante, no hace recalcar sus pensamientos con la disyuntiva anterior.
Lo meditó bien en el intenso silencio mientras Rey paciente lo atraviesa con su mirar. Por una parte, encontraba lógico la opción que dejó sobre la mesa la mención de su pareja respecto a que, si los dos lo comían por completo, no habría ninguna evidencia para encontrarlos. Aunque, no le preocupaba tan sólo el hecho que los descubriesen, a ella en específico, sino que lo tomara cómo un incentivo a que continuara con esta locura hasta que la capturasen.
Su única salida era acompañar para que no la atraparan pronto.
—Lo haré…
—Bien. —Afirmó la muchacha sin mostrar expresión, lo que lo alegró al muchacho para sí mismo. Había retornado el lado humano de la castaña al no mostrar felicidad el que aceptara.
—¿Qué tienes en mente? —Su actitud fue de lo menos alentadora, sus frases salieron con suspiros de resignación.
—Primero, salir de aquí. —Poe no dio mucho reproche y encendió el auto para arrancar. El motor sonó pesado, como siempre—. Déjame a unas cuadras cerca, y caminaré a su dirección. Cuando sientas que ya estoy dentro de su auto, sígueme el rastro. Pero desde varios metros lejos. Que note que lo estás siguiendo.
—¿Y si te lleva a su casa?
—No lo hará. Su auto huele a pino húmedo. —Sutil elevó una de sus comisuras de su labio burlón—. Has perdido el toque Dameron.
—Sabes que no ocupo demasiado mi lado animal. No me es tan necesario. —Se defiendió.
No perdieron el tiempo en más explicaciones. Poe hizo tal cual lo que le dijo su compañera y pasó exactamente lo de sus instrucciones.
No iba a negarlo, estaba muy nervioso y ansioso. Se sentía como un criminal encubierto esperando a su cómplice.
El sujeto llevó muy lejos a Rey, en medio de la carretera en dirección a otro estado. Su auto era más nuevo que el suyo y no le dio problemas a la hora de adentrarse a la maleza con las luces totalmente apagadas. La noche estaba oscura. Más que en otras ocasiones, con un fuerte viento y nubosidad que daba a entender que pronto iba a llover. Muy húmedo.
En medio del desolado conjunto de pinos, antes de que Rey mostrará su descomunal fuerza, Poe no pudo dejar de pensar cuándo fue la última vez que se transformó. ¿Habrían pasado semanas? ¿Años? ¿Dolería la metamorfosis más de lo habitual por su prolongado estado de reposo? ¿Seguirá el mismo sabor a la carne humana cómo lo era hace setenta años?
Dameron poseía muchos años más encima que Rey, bastante, a decir verdad. Pero por el don cambiaformas, el deterioro se manifiesta lento a comparación a un simple mortal. Estuvo en la primera guerra hacía ya setenta años y por extrema necesidad tuvo que comer para recuperar fuerzas. Era muy fácil en ese entonces. El estrés postraumático de los soldados enemigos provocaba hablar incoherencias y era mucho más sencillo culpar a la locura de lo que habían visto. Sin embargo, a Poe nunca le gustó comer a sus enemigos. Siempre fue fiel al pensamiento que un ser viviente poseedor de un arma y un uniforme era un simple títere que no tenía la culpa de estar entremedio de los planes burócratas que no encontraron mejor forma de arreglar las cosas de manera bélica.
Rey por su parte, su edad relucía su vejez correspondiente a ojos de un ser humano normal. Jovial. Si no fuera porque su don postergaba el deterioro, sería muy extraño verlos juntos para la sociedad.
No perdió mucho el tiempo, y Poe comenzó a sacarse la ropa luego. Todavía recordaba ese principal detalle para no volver cómo un loco desnudo a su casa. Se bajó del auto y comenzó a caminar cómo un humano a por la tempestad completamente desnudo. Podía oír todo el proceso dentro del vehículo cómo Rey comenzaba a manifestar sus verdaderas intenciones, cómo el curso de las cosas para su secuestrador daba un vuelco considerable. Ella era la cazadora y él la presa.
Llegó al destino, cambiando su percepción auditiva a visual, viendo todo el espectáculo a esplendor. El hombre ya estaba abajo, sentado de trasero muy atormentado, mientras la joven Palpatine abría la puerta que le correspondía para descender. Se veía a duras penas el ambiente, demasiado oscuro, demasiado tenebroso. Aun así, el sujeto pudo notar que estaba alguien más en el lugar, y no dudó en ir a por él para implorar un rescate, aunque fuera muy incoherente que estuviera ahí de pie con ellos.
—¡Ayúdame por favor! —Se arrastró por la tierra húmeda dónde estaba Dameron expectante al suceso.
El tocar de la súplica del futuro homicida no movió ningún músculo del trigueño. Estaba tieso por ansiedad y nerviosismo mirando enfrente preguntándose una y otra vez si estaba bien el hacer lo que iban hacer, si era lo correcto. Aun así, con todo el dilema encima, logró sentir las manos del violador sudadas y con temblor entre los dedos, pidiendo auxilio en el tacto, mientras veía cómo Rey en su semblante arrugaba la nariz furiosa quitándose la vestimenta. De repente, el hombre a sus pies se elevó sorpresivo. Al fin se había dado cuenta que era ilógico que él estuviera tan retirado cómo ellos sin vestir. Iba a huir. Pero Rey lo detuvo a su espalda tomando su hombro, con la garra cubierta ya de pelo blanco. Se transformó muy rápido.
Aunque era el escenario menos propicio para notarlo, había olvidado cuán hermosa era su lobo. Ese lobo.
Majestuoso.
¿Cuántas veces la había visto de esa manera?
No tenía la menor idea y no era momento para pensarlo.
La atención se distorsionó y el sujeto se predispuso a gritar de horror cuando observó tal descomunal animal a sus espaldas. Sin embargo, Poe dejó su propósito a medio camino, y fuerte y violento le cubrió la boca para que no se escuchara su alarido.
Lo haría.
Por ella lo haría.
Sus huesos anatomía empezó a cambiar sin quitarle la mano encima al sujeto. Lento pero seguro. Se sintió viejo, y el dolor de la metamorfosis le recordó a la guerra. La vibración bajo su palma cada vez fue más fuerte y el pánico acechó las cuencas cómo nunca a la presa. Expelía miedo. Miedo que no había visto hacía tanto. No obstante, poco duró a los ojos del animal el reflejo, pues Rey al ver su lobo marrón cubrir por completo su dermis arrancó la cabeza del susodicho a la brevedad sin piedad y trituró entre dientes el hueso y los sesos.
Fue lo último que recordó esa noche.
Cualquier comentario o retroalimentación en la buena onda es bien recibido.
Muchos saludos, y muchas gracias por pasarte a leer!
