Si bien el cuerpo había desaparecido en totalidad a manos de los dos hombres lobos, la sangre del propietario quiso persistir en quedarse impregnada en las pieles de sus homicidas esa noche. En sus dientes. En sus mandíbulas. Rey al final de cuentas terminó ayudando a Poe a comer parte del cuerpo. A tragar carne y triturar huesos. Querían evitar a toda costa dejar restos en el escenario que pudiera delatarlos.

Por suerte, la humedad que estuvo presente en todo momento hizo la suyo, y después que bajó a la temperatura de saturación del aire, precipitó lluvia luego de unos minutos que finiquitaron la comida. Sus cuerpos abismales ya no estaban, por lo que la desnudez de la dermis expuesta ayudó a que desapareciera rápido ese tinte carmesí expelente a olor a hierro caliente y las gigantescas patas que marcaron en virgen tierra, y todo bajo un incómodo y silencio ambiente. La pareja jamás había compartido a lo largo de su historia una transformación lobuna, mucho menos el alimentarse de esa forma con carne humana, de alimentarse como unos totales hombres lobos salvajes del décimo siglo jamás contada.

Se sintieron muy extraños durante todo el calvario, especialmente Dameron. No solo porque esto le estuvo recordando los amargos recuerdos de la maldita guerra de la que fue partícipe hace algunos años, sino también por el comportamiento distante y frío de Rey durante los asesinatos. Verla sin mostrar ni una pizca de duda a la hora de matar lo dejó congelado. ¿Era realmente así cuando cometía asesinatos y volvía a casa perturbada y confundida? No podía creerlo. Era difícil reconciliar esa imagen con la dulce Rey que trataba a cualquier persona con amabilidad. Su Rey, la persona que regresaba a casa a lavar sus pecados con agua caliente después de comer... o ¿asesinar? Ya no estaba seguro de nada.

Rey también lo pasó muy mal al sentir lo incómodo que estaba Dameron mientras comían el cuerpo y al comer carne prohibida, lo que la convirtió en cómplice de un crimen aborrecido por los humanos. Sobre todo cuando los ojos de su amado se tornaron juzgadores y la observaron detenidamente, descubriendo una faceta de Rey que ella misma creía jamás alguien la vería en este mundo: un ser totalmente carente de sentimientos, agresiva y despiadada

Y lo fue más con este último, pues aun estando inconsciente, la manoseó en todas las oportunidades que se le cruzó por la mente al malnacido en el trayecto. Rey apenas pudo contener sus ganas de asesinarlo en ese momento cada vez que sentía sus dedos recorrer lo que no estaba permitido. Lo único que tenía en mente mientras avanzaban por la carretera era comérselo, esperando ansiosa el momento en que pudiera quitarse la ropa, transformarse rápidamente y despedazarlo con sus dientes. Quería acabar con su miserable vida entre sus jugos gástricos y hacer que sus restos desaparecieran en el alcantarillado a través de sus heces. Por eso, no quiso mantener la compostura delante de Dameron. No merecía vivir tal individuo. Desaparecerlo sería hacerle un favor a la sociedad, evitando que lastimara a alguien nuevamente. Nadie lo extrañaría en absoluto. Sin embargo, Dameron no la comprendió y esto le costó demasiado caro a Rey por el comportamiento que había adoptado en aquel desalentador panorama.

En el regreso a casa, reinó el silencio entre ellos, mientras el sonido de la lluvia golpeando el parabrisas del coche se hacía presente en el trayecto. La hora todavía pertenecía a la madrugada, y la oscuridad hacía que la noche pareciera aún más peligrosa.

Durante el viaje, Rey apenas pudo ocultar sus inquietos sentimientos y su ansiedad por llegar a casa. Aunque Poe no le había pedido explicaciones, después de tantos años juntos, ella sabía que le debía una explicación sobre lo ocurrido.

La bienvenida a casa fue de lo más lúgubre y desalentador. Rey fue la primera en entrar y el moreno el último en cerrar la puerta, mientras observaba la silueta de la espalda de la castaña, que se había convertido en su único centro de atención en esa casa. Recordaba cómo Rey había perdido esa aura tan pura que alguna vez admiró en ella, cómo se había desvanecido por completo. Ahora solo había maldad emanando de sus poros, una sombra oscura absorbiendo toda fuente de luz que se cruzara en su camino. Casi le temía a su ex amada. ¿Cómo demonios habían sido tan ciego con ella? Realmente no podía creer lo ingenuo que había sido todos esos años.

Quiso buscar una respuesta lógica a su comportamiento, una justificación razonable para entender esa conducta. Realmente quería hacerlo. Pero no era lo correcto. No había excusa suficiente. Y aunque si la hubiese, preferiría no exponerse a una respuesta que pudiera hacerle cambiar de parecer sobre su ex pareja. Después de todo lo vivido juntos, Rey Palpatine se había convertido para él en una camuflada, despiadada y aterradora psicópata.

—No hablaremos de esto, Rey —dijo Poe adelantándose—. ¡Jamás!

Ninguno logró conciliar el sueño después del incidente, ni siquiera pudieron hacerlo en la misma cama. Cada uno fue a una habitación a vivir su dolor.

No fue en vano que no pudieron dormir. El insomnio de la mala noche hizo lo suyo y al amanecer, Dameron le comunicó la sorprendente noticia de que iría donde sus padres para superar la mala experiencia, cuanto fuera necesario, al otro lado del país.

—¿Te vas? —su cara de espanto lo decía todo.

—Necesito pensar sobre lo que pasó anoche, y no puedo hacerlo contigo aquí bajo el mismo techo.

—¡Pero Poe, déjame...!

—¡Recuerda lo que te dije anoche, Rey! —la interrumpió—. ¡Jamás hablaremos de esto!

La soledad se hizo presente cuando el moreno cruzó la puerta y dejó a Rey completamente destrozada por dentro, abatida por todo lo que había pasado. Lloró todo el resto de la mañana antes de marcharse a su trabajo totalmente derrotada sobre la cama. Su corazón se había roto en mil pedazos y no veía forma de que volviera a unirse si Poe no estaba presente y la perdonaba.

Por suerte, desde que se quedó sola, la cafetería se convirtió en su mejor compañera y en la mejor distracción para pasar su profundo lamento. El estar ocupada le hacía olvidar todo lo ocurrido, por lo que siempre estaba predispuesta a todo lo que necesitara el señor Han para distraer su mente. Aunque no era del todo efectivo, agradecía que hubiera mucho trabajo.

Todos esos días que Rey pasó en vela, se arrepintió en absoluto. Darle a entender a la única persona que más amaba en esta tierra algo erróneo le devoró casi toda el alma por completo y decidió tomar acción para no continuar de esta manera.

Dio por finalizadas todas sus andanzas nocturnas, de la cacería, para así demostrarle a Poe que realmente no quería seguir con ello, demostrarle a su pareja que el amor que le tenía a él era mucho mayor que el deseo de asesinar rufianes. Dispuesta a lo que fuese para rescatar la relación que tenían con Dameron y recuperar esa vida que tanto amaba compartir con él.

Tomó medidas algo exageradas para su especie. Retraer todos sus instintos lobunos cuando volviese a casa, y además regresar en vehículo para quitar cualquier tipo de tentación que se presentara en el camino. Si era necesario, gastaría medio salario en gasolina para que no sucedieran desperfectos.

En varias ocasiones Rey quiso llamar a Poe para saber de su existencia. Si todavía la amaba o si algún día la perdonaría, pero Dameron se estaba hospedando con sus padres y después de lo que había sucedido respecto a los hijos no quedaron en muy buenos términos con ella. No era la mejor idea tratar de contactarse con él si las cosas estaban de esa manera. Hasta que llegó el día que Dameron se hizo presente a través de una línea telefónica. Rey pensó que sería una conversación llena de redención y disculpas, promesas de amor y un anuncio de un próximo retorno por parte del moreno, sin embargo, terminaron siendo pequeñas charlas vacías compuestas de su mayoría monosílabos. Poe solamente quería saber cómo estaba llevando su vida Rey, cómo estaba tomando la separación momentánea entre ellos, pero sin tocar el tema de las danzas nocturnas de la muchacha. Aún no tenía el coraje para preguntarle ni las ganas de hacerlo por el momento. Ella siempre lo notó, y por respeto a él, nunca lo mencionó, aunque por dentro estuviera a punto de explotar por hacerlo.

Hasta que llegó el día que no pudo sujetar más su lengua, y en medio de sus tantas conversaciones cortas, expulsó lo que Dameron no estaba preparado para oír todavía.

—No he salido a cazar...

Su frase salió como un suspiro total, casi imperceptible al oído clavado en el auricular de Poe al otro lado. Él se quedó callado por varios segundos, pensativo, reflexivo,

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—Rey… debes descansar.

Han estaba sumamente preocupado por la empleada que en su mayoría lo estaba sacando de aprietos al momento de cubrir algunos turnos. La joven Palpatine llevaba más de una semana realizando turnos extras en la madrugada, y ya estaba notando el cansancio acumulado que traía. Sería muy irresponsable de su parte permitir que continura trabajando a ese ritmo. Pero, lo que Han no sabía, era que Rey lo que menos quería era estar en su casa. Detestaba estar en ella. Llegar y ver que Poe no estaba al lado de su cama sólo le ocasionaba que la entristeciera aun más de lo que estaba.

—No se preocupe por mi señor Han—Una sonrisa torcida de su labio se manifestó forzosa. Muchos animos le faltaron para que fuese auténtica.

—No me obligues a correrte a la fuerza—bromeó para animarla.

Aunque Rey estaba preparándose para insistir en que podía seguir trabajando, su cuerpo le manifestó que ya era suficiente. Debía descansar y comer algo para que se recuperase un poco del estado de estrés cual se estaba sometiendo para mantenerse ocupada. No podía seguir con ese ritmo si no llegaba a casa a dormir por lo menos una siesta profunda y devorar un pedazo de carne.

—Está bien señor Han. Me retiraré.

Rey no tardó en terminar sus quehaceres respectivos al local, sin embargo, su estampida a retirarse del lugar tardó en suceder a propósito. Quería observar el crepúsculo de lo que quedaba de tarde en el horizonte. Justo el día había estado en su totalidad despejado cómo cualquier día de primavera y quería aprovechar el espectáculo de vuelta a casa en la caminata. Sólo por hoy había ido a pie hasta su trabajo. Todavía no le llegaba la paga del mes y el poco combustible que le estaba quedando a su vehículo era en exclusivo para ir a la gasolinería a llenar el estanque.

Le había dado en el clavo el señor Han el que le solicitara que se retirase a esta hora y que ella lo aceptara. Más tarde era riegoso, y la noche, en su mayoría, siempre le traía problemas. No quería arriesgarse andar por las calles nocturnas y que su instinto persiguiera algún hombre que quisiera someterla y ocurriera lo que estaba evitando con ahínco. Fue una decisión más que sensata.

Lista, salió a toda marcha entre pisadas, sintiendo el efímero calor irradiante de aquella estrella a punto de esconderse en la salida. Su color era hermoso, como una la flama ardiente del resultado de una excelente combustión entre oxígeno y un combustible fósil. Rojizo a más no poder. Aun cuando el color no representaba a ojos comunes el emanar de calor correspondiente, lograba alcanzar a estremecer el pequeño cambio de temperatura en su piel. Era en plenitud un soplo de armonía, una serenidad para su temple que con urgencia había estado necesitando después de tanto agrio sabor a desconsuelo de todos estos días.

Sonrió para sí misma.

¿Cuándo fue la última vez que salió temprano y los pasos regreso a su hogar no contaban con el estrés de perseguir a alguien? Ya no lo recordaba. Pero sin dudas quería repetirlo pronto.

—¿Rey?

Una conocida, casi que olvidada voz varonil, intervino en su hermoso trance, interrumpiendo la contemplación tan agradable de la atmósfera que la rodeó por un instante. No se había percatado que estaba un auto a su lado detenido con alguien dentro. Realmente había exagerado con retraer sus sentidos.

—¿Ah? —Bajó un poco para ver a través de la ventanilla y observar bien si definitivamente era quién pensaba, olía—¿Ben?

Y fueron certeros. Era el pelinegro, hijo del Señor Solo ¿En qué momento había aparecido? No tenía la menor idea. Hacía mucho que no lo veía. Desde que lo conoció, a decir verdad, y por su ausencia de salidas olvidó por completo la existencia del muchacho que precisamente a ella estaba buscando sin cesar.

—Vaya, aún recuerdas mi nombre—contestó burlón— ¿Vas de regreso a tu casa?

—Eh, s-i…—respondió Rey algo insegura.

—¡Te llevo!

Como instinto, Rey desconfió. ¿Cómo iba a compartir el asiento de un automóvil ajeno con alguien que no sabía nada de él? Bueno, no del todo. Sabía que era el hijo de su jefe y el detective que estaba exclusivamente en la capital por su caso. Lo básico, aunque esto último sin que él lo supiera. Además, ella jamás se subía a autos de desconocidos a menos que fuera necesario para asesinar a alguien. Rey era bastante precavida en ese aspecto. Ben perfectamente podía ser un encantador psicópata que, como todos los anteriores, estaba tras de ella, y no tenía ganas de descubrir si esa faceta existía en ese hombre y tener que hacer lo que estaba evitando con ímpetu: comérselo. Porque ciertamente, no dudaría en hacerlo si ese fuera el panorama. Ella no daba un paso atrás cuando se trataba de exterminar seres de esa índole.

Además, no le apetecía ver al señor Han sufrir por un hijo asesinado por su propia mano. Ese hombre lo que menos merecía era sobrellevar tan horrible suceso por el resto de su vida

—Oh, no gracias. Estoy bien, no te preocupes—contestó Rey con timidez.

—¡Vamos! —insistió— No me cuesta nada.

Rey, aún con la duda en su mente, se enderezó y cuestionó a Ben nuevamente sobre la solera. Quizás estaba exagerando y Ben le estaba ofreciendo el aventón sin ninguna mala intención. Esperaba estar en lo correcto.

Finalmente, aceptó la oferta y se subió al automóvil. Al abrir la puerta, notó que el asiento del copiloto estaba cubierto por varias carpetas desordenadas. Ben se apresuró a retirarlas para que Rey se acomodara, guardando los documentos en la cajuela. Rey al verlo, entró en un ligero lapsus de paranoia cuando los vio moverse ¿Serían documentos de homicidios… quizás, estaría ahí el suyo?

—¿Son… expedientes? —se aventuró a preguntar la castaña, tratando de no ser tan obvia al mencionar que sabía cuál era su profesión, ya que recordaba que no lo había mencionado cuando se conocieron. Por su parte, Ben solo sonrió ante la curiosidad y la observación acertada de la joven.

—Sí.

—¿Eres… policía?

—Detective, para ser exactos —corrigió Ben, mientras el sonido del motor se mantenía en pausa de fondo.

—Oh —respondió ella, levantando sus cejas en señal de falso asombro por la corrección—. ¿Podría verlos?

—Preferiría que no.

—Oh, claro —se mordió el labio por dentro por la negativa. Estar tan cerca de su propia hoja de vida bajo el nombre que había usado en su barrio y no poder ver nada era demasiado frustrante para ella—. Deben ser confidenciales.

—No es por eso —negó rotundamente—. Es porque las imágenes que hay ahí son demasiado perturbadoras para alguien que no está acostumbrado a ver ese tipo de cosas.

Pobre alma, si supiera que yo los dejé así, se caería de espaldas y no dudaría en encerrarme.

—¡Oh, vamos! Si te digo que amo las series de asesinos seriales, ¿me dejarías verlos?

Rey quería insistir, necesitaba ver si su expediente estaba ahí y saber hasta qué punto tenían información sobre ella. Pensó que podría mejorar su técnica para no dejar rastro si le echaba un vistazo, y así poder observar solo un poco.

—Está bien —cedió Ben, sin mucha presión—. Pero te lo dejo bajo tu responsabilidad si esta noche tienes pesadillas.

—Estaré bien.

Ben no quiso hacer esperar mucho a la castaña ni dar muchos rodeos. Abrió la cajuela delantera y entregó los folios resguardados en las manos de Rey. Eran varios, cada uno con un color diferente. Rey se tomó el tiempo de leer cada título en las portadas, prestando mucha atención para encontrar el suyo. Finalmente lo encontró.

—El cazador... —dijo en un susurro casi sin modulación, mientras sus dedos se deslizaban por el cartón marcado con su nombre artístico con extrema delicadeza. Estaba fascinada, al borde del colapso mental por la emoción de tener en sus manos parte de los asesinatos que había cometido en el pasado, una enferma colección de todos los sujetos a los que les había arrebatado la vida, acumulada ahí, en físico. Bueno... partes de los restos que dejó de los sujetos.

—¿Lo conoces? —preguntó Ben.

Por supuesto que lo conozco

—Claro, ¿quién en esta zona no lo conoce?

Rey intentó disimular perfectamente el torbellino de emociones que surgió al leer la portada con una sonrisa sincera y una mirada amigable. Estaba haciendo un gran esfuerzo por mantener la compostura y mantener la calma mientras su corazón latía aceleradamente en su pecho.

Con manos temblorosas, abrió la carpeta y examinó su contenido. La primera foto que vio era extremadamente grotesca, y de inmediato reconoció la característica forma en que había matado al sujeto de la grisácea fotografía. Recordaba perfectamente ese penúltimo cuerpo que había desmembrado hacía casi un mes y medio y dejado en un vertedero.

Rey leyó que después de dos semanas de haberlo asesinado, habían encontrado el cuerpo en un estado avanzado de descomposición. También notó que no solo había infligido heridas en el cuerpo, sino que otras partes parecían haber sido mordidas por animales, lo que sugiere que otros depredadores también habían estado alimentándose del cuerpo.

En resumen, el cuerpo estaba hecho un completo desastre.

—Es muy parecido a cómo lo muestran las series de televisión… —Mintió. Jamás había visto una con esa temática.

—Si… parecido—agregó Ben.

—Qu-e… ¿Qué pasó con su cabeza?

—Aún no lo sabemos. No la han encontrado.

Y nunca la van a encontrar, sí estuvo en mi estómago y ahora debe estar perdido en el alcantarillado

Fue inevitablemente para la susodicha no recordar cómo le arrebató la vida. Rebobinar la escena en sí en su mente. El secuestro, los golpes, el terror al momento de ver su bestia interna y las últimas súplicas de misericordia. Realmente era un cortometraje propicio para una persona trastornada que disfrutara de la tortura humana.

—Pobre hombre… —susurró la mentira descaradamente.

Revisó la hoja de nuevo, buscando algo relevante en la información que tenía a disposición, pero no encontró nada que le interesara. Dio vuelta la hoja para leer el resto del expediente, la incertidumbre la estaba matando y deseaba con ahínco saber cuántos cuerpos habían encontrado, cuán grande era su caso. Su dedo índice continuo con la aventura, tomando la esquina superior derecha para echar un vistazo a las fotos de los otros hombres.

Las páginas comenzaron a aletear entre sus manos, algo inquietas, pero sin quitarle la suavidad al desplazar cada una de ellas. Ver sus obras de arte la cautivaron, casi que excitaron. Los cadáveres le traían sus memorias sus excitantes anécdotas, sobre todo ese sabor a carne humana que ha estado extrañando hace semanas. Por ella, si no hubiese estado Ben a su lado, hubiese hecho una pausa para respirar hondo y sacarse la baba que deseaba salírsele de la boca a cascada. Pero no podía. Debía seguir con el teatro, mantenerse serena y calma, aunque le costara.

Mientras tanto Rey se paseaba con libre albedrío por su expediente, no pudo pasar por alto el trabajo de la policía todos estos años, la prolija recopilación de los pocos cuerpos que habían encontrado gracias a la particular forma de matar de la muchacha. A todos les habían atinado. Tan idiotas no estaban siendo.

—Al parecer, tienes bastante trabajo —comentó Rey mientras le devolvía la mirada—. Muchos casos que resolver.

—En realidad, solo tengo uno por resolver.

—¿Cómo? —Se extrañó. —¿Y qué pasa con el resto de los expedientes?

—Son algunas víctimas reconocidas del homicida llamado "El cazador" —respondió Ben—. También hay algunos hombres desaparecidos que la policía supone que pueden ser culpa de él.

Una notable expresión de duda apareció en el rostro de la castaña, desviando su mirada del detective para echar un vistazo rápido a las otras carpetas. Y era cierto, eran ellos, los mismos que estaban recopilados en su expediente, y otros tantos que la policía sospechaba que habían desaparecido por culpa del asesino, pero que no tenían evidencia alguna para agregar a los expedientes (sin el cuerpo, los policías no podían agregar a los criminales a su carpeta). Realmente había subestimado a la policía, y mucho por lo que alcanzó a ver al pasearse por las hojas.

Para satisfacción de Rey, todos tenían antecedentes criminales, ninguno tenía el registro limpio. Se sintió complacida, y en cierta forma, bien por haberlos asesinado. Eran un peligro menos para la ciudad repleta de delincuentes. Pero su entusiasmo fue de corta duración, ya que Poe se le apareció entre sus pensamientos, generando un sentimiento de culpa particular que llevaba encima todo este tiempo sin él a su lado. Se regañó a sí misma. Era suficiente. Debía dejar de pensar que el asesinato era la solución a la problemática, y no podía usarlo como excusa para matar. De lo contrario, Dameron nunca volvería con ella.

—¿Logras reconocer alguno? —inquirió Ben con tono neutro.

A todos los de las fotos. Jamás los olvidaría

—Mhm, sólo a él—señaló al que mejor se le veía el rostro—Si es quién pienso que es, esa persona todos los miércoles venía a la cafetería a beber un café negro y comer homelet por las mañanas. Siempre me dio mala espina, pero cuando uno charlaba con él, era de lo más cordial que se podía pedir de un cliente.

—¿Por qué mala espina? —Ben estaba más que atento a la información que estaba planteando la castaña. Podría ayudarlo.

—Miraba demasiado a Kaydel, y varias noches que fue mi esposo por mí—Mintió. Poe nunca la buscó en ese entonces, y el susodicho no miraba a su compañera, sino a ella—, vi su coche estacionado cerca de por ahí. Aunque, siempre lo veía vacío, lo que me hacía dudar ciertamente si mal pensar de él o no. Hasta que no lo apareció más ni él ni su auto.

Rey recordaba esa instancia a la perfección. Fue de los pocos antisociales cuales interactuó que poseía un encanto único y una cordialidad de lo más agradable. Sin embargo, su interés bastante inusual por ella lo delató a la brevedad de sus malas intenciones.

Cuando llegó el día que la secuestró, hizo exactamente lo que le ofreció Ben. Llevarla a casa. No lo pensó dos veces y aceptó, pues por nada en el mundo iba a perder la oportunidad de matar a una persona de esa índole.

Recuerda que el muy idiota bajó del auto para mostrar su caballerosidad queriendo abrirle la puerta, y para cuando estuvo lo suficientemente cerca de ella, la golpeó con una llave de tuercas en toda la cabeza. Después que le pegó, ella le hizo creer que se desmayó. El la tomó brazos para subirla al auto y la llevó hasta un lugar seguro dónde no pudiera ver nadie su delito. Al momento que llegaron a las inhóspitas tierras, la mujer se sorprendió cuando sus manos rodearon su cuello para estrangularla y no le le quitara la ropa interior primero. Le dio a entender el hombre que sólo quería asesinarla a sangre fría, y disfrutar el que recibiera la joven Palpatine un par de golpes. Sin embargo, en el momento que alzó la llave por los cielos para torturarla, se llevó la sorpresa del siglo cuando Rey lo detuvo de improviso.

Su cara de espanto fue icónica.

La castaña no encontró mejor manera de devolverle la mano con el artefacto golpeándolo de la misma forma, pero sin demasiada fuerza para no matarlo de un solo movimiento y no perdiera la conciencia. Lo quería vivo, con todos sus sentidos activos. Sentir su pánico y oír pedir clemencia. Deseaba con ahínco que la última imagen que viera antes de dejar esta tierra fuera la suya.

Cuando lo golpeó, cayó al suelo con el estómago tocando el césped. Rey se sentó sobre su espalda, y con la misma llave que tenía en sus manos ella ahora, lo rodeó por debajo del mentón para obstruirle todo el paso del aire hasta matarlo. Lo desmembró después dejando la cabeza (por eso lo pudo identificar rápido. Era el más sencillo) y se comió las demás partes para alimentarse.

—Entiendo…

Las palabras de Ben salieron en automático sin expresión alguna, observando la nada, totalmente absorto entre sus pensamientos mientras Rey hacía lo mismo entre las líneas del papel bajo sus dedos aun cuando no había mucho que continuar leyendo. Cada uno estaba viviendo las conclusiones de la particular charla, compartiendo el mismo pensamiento que todavía no era apropiado el mirarse. Creían que podían delatarse sí es que no controlaban ese tan sencillo movimiento.

—Creo que ya sé cómo pasar más tiempo contigo—, El tono sonó más engreído esta vez, perfecto para romper el hielo entre ellos.

Su actitud había cambiado radicalmente, pero necesitaba hacerlo para llamar la atención de la muchacha y que lo mirase (había llegado el momento pertinente para hacerlo). Ella lo notó a la brevedad el cambio de ambiente, e hizo exactamente lo que deseaba el pelinegro para que Rey dejara a un lado el cúmulo de papeles.

—¿Qué? —se oyó confundida.

—Vamos, te pasaré a dejar a tu casa.


No se si alguien esta leyendo esta verga, pero perdón por la espera. Muchos saludos.