(Will POV)

Will se encontraba en su oficina calificando unos exámenes cuando alguien llamó a la puerta.

— ¿Se puede Mr. Schue? —preguntó Finn asomando ligeramente la cabeza.

—Claro, adelante —concedió Will.

Su alumno entró a la oficina y se sentó en una de las sillas vacías frente a su escritorio. Miró fijamente al profesor y este frunció el ceño al ver el rostro del chico quien parecía esforzarse por encontrar el valor para decir algo.

—Solo venía a decirle que renunciaré al club Glee —soltó de pronto Finn.

— ¿Qué? ¿Por qué? —Exclamó sorprendido el profesor.

—Es solo que estoy muy cansado todo el tiempo. Entre la escuela, el equipo de futbol y el club glee, apenas me puedo mantener despierto. El otro día Kurt me ganó en el Smash con Peach —confesó el chico. Sin embargo, Will sabía que había algo más así que escudriñó con la mirada a su joven alumno.

— ¿Eso es todo? — cuestionó el profesor, arqueando una ceja. Haciéndole saber al otro que no se creía esa historia. Y que más bien la verdadera razón de su renuncia estaba relacionada a aquel incómodo beso que compartieron hace un par de semanas.

—Estar en el Club Glee solía ser divertido, en gran medida porque usted lo hacía divertido. Ahora se la pasa evitándome todo el tiempo y sé que todo es mi culpa. Así que esta es la mejor decisión… Lo siento Mr. Schue —se sinceró finalmente el atleta.

—No Finn. Yo lo siento. No supe manejar bien esta situación —dijo Mr. Schue con franqueza, Tener a su alumno cerca lo confundía y despertaba en él deseos que creía dormidos desde hace mucho. Suponía que mantearse lejos era lo mejor y que Finn sabría entenderlo, pero él era el adulto aquí y tenía que actuar como tal— ¿Qué te parece si nos olvidamos de todo ese asunto y comenzamos de nuevo?

— ¿Cómo?

—Seamos amigos —Propuso Mr. Schue — ¿Qué dices si vamos a jugar bolos y por un poco de pizza? Eso te ayudara a distraerte. Y si al final aun quieres renunciar a Glee, lo entenderé.

Finn lo medito por un momento, luego dirigió una sonrisa a Mr. Schue y aceptó su oferta.

(Aquella tarde)

— ¡Otra chuza! —exclamó Will, festejando con un extraño y gracioso bailecito. Finn se echó a reír.

—De haber sabido que usted era tan bueno en esto no habría aceptado venir —bromeó Finn.

—Solo es cuestión de práctica. Vamos que la pizza se enfría.

Ambos se sentaron a la mesa a comer y recordar momentos graciosos que habían pasado en el Club Glee, como cuando la capa de uno de los tantos extravagantes vestuarios de Kurt se había atorado con la rueda de la silla de Artie haciendo que este tropezara y cayera del escenario. Will observaba a su alumno riendo a carcajadas aun con un bocado de pizza en la boca, recordaba lo que era ser adolecente y que los modales en la mesa y esa clase de cosas no te importaran en lo más mínimo. Luego se percató de que un buen trozo de queso se escurría por la barbilla del chico como si fuera moco de pavo, haciéndolo reír.

— ¿Qué pasa? —preguntó Finn incrédulo.

—Tienes pizza en la barbilla —contestó Will y aún más risa le provocó ver como Finn intentaba lamer su barbilla del lado equivocado con un gesto sumamente gracioso.

—Permíteme —señaló el profesor y con delicadeza limpió el queso con su pulgar de la barbilla del más joven, El simple tacto provocó una corriente eléctrica que viajo como adrenalina por todo su cuerpo, cuando la risa cesó un incómodo y tenso silenció se apoderó del lugar. Will se sentía sumamente atraído por su alumno y eso ya no lo podía negar. Su jovialidad, inocencia y carisma eran como un imán que lo empujaban directo a él. Pero también era consiente que cualquier comportamiento que no fuera pura amabilidad o un gesto paternal debía ser apartado de su mente. A Will le gustaba pensar en Finn con un maestro Jedi y su joven Padawan y eso era lo más a lo que podía aspirar su relación.

— Y bueno, ¿quieres seguir perdiendo en los bolos?

—Eso no es justo, nadie me enseñó a jugar.

—Vamos yo te enseño.

Will y Finn se dirigieron hasta uno de las pistas, el profesor previamente había seleccionado la bola que se adaptaba a la perfección a la fuerza y complexión del atleta. Este hizo que su alumno sostuviera la bola en la posición correcta y se colocó justo detrás de él, tan cerca que podía notar como su aliento chocaba contra el cuello del chico. Lo siguiente fue mostrarle el movimiento adecuado que se supone debía realizar con el brazo antes de lanzar, por lo que colocó su mano sobre la mano de Finn que sostenía la bola. Will no pudo evitar pensar que esto era lo más cerca que habían estado desde aquel infame beso por lo que tomó discreta distancia casi al instante. Finn puso en acción todo lo aprendido y lanzó la bola con fuerza y dirección. Ambos observaron el viaje que realizó el objeto redondo hasta impactarse con los bolos a varios metros de distancia, sin dejar en pie uno solo. Finn se dio la vuelta boquiabierto y en una reacción natural y nada premeditada corrió a abrazar a su profesor para festejar. Will correspondió aquel enérgico y zarandeado abrazo, pero casi enseguida ambos recordaron el lugar tan público en el que se encontraban y la naturaleza de su relación, Incómodamente se separaron, Finn mirando al suelo y Will observando discretamente por si alguien los miraba con sospecha.

—Ya es muy tarde ¿Te llevo a casa? —propuso el profesor todavía un tanto avergonzado.

—Está bien —contestó el chico.

Durante el camino a casa de Finn en el viejo y destartalado auto de Mr. Schue ambos apenas intercambiaron palabras, por lo que Will decidió encender la radio. Para su sorpresa estaba comenzando "Don't stop Believing" de uno de sus grupos favoritos, Journey.

—O por dios, tiene que subir el volumen a esa canción —rogó el chico casi al instante.

—No sabía que te gustara Journey.

— ¿Bromea? Era el grupo favorito de mi padre —Will apenas tuvo tiempo de sentirse mal por aquel comentario que le recordaba la diferencia de edad entre ambos porque Finn comenzó a cantar el estribillo a todo pulmón. Will bajó las ventanillas del auto y se unió al canto.

Minutos después Mr. Schue estacionaba el auto frente a la casa de su alumno. Este agradeció el aventón y se dispuso a bajar pero Will lo detuvo colocando una mano sobre su hombro y haciendo que este se volviera en su dirección.

—Finn, entiendo las razones por las que quieres abandonar Glee. Pero sería un pésimo profesor si no te pidiera que no lo hagas. Tienes un gran talento, talento con el que incluso podrías lograr una beca para la universidad. Lo que debería importar es tu futuro, lo demás sale sobrando —Will terminó su discurso solo para percatarse que en algún punto su mano se había trasladado involuntariamente al muslo del más joven y la aparto de inmediato.

—Gracias Mr. Schue. Me quedaré —decidió Finn y esta vez sí bajo del auto. Will encendió el motor y miro al chico por la rendija de la ventanilla.

—Y solo algo más. Si algún día tienes problemas, nunca dudes en llamar —Ambos se despidieron con un gesto y Will echó a andar el auto atreves de la calle vacía del suburbio.


(Finn POV)

—No lo sé Finn, no estoy seguro de esto —dijo Kurt mientras esperaba junto a su amigo en la fila para entrar al único club gay en las afueras de Lima.

—Oh vamos, ¿Qué podría salir mal? —le incentivó Finn con un ligero golpe en la espalda.

—No lo sé. Para empezar estas identificaciones falas se ven… muy falsas —mencionó el chico sosteniendo un par de credenciales con fotos mal encuadradas y con los nombres de Tim y Allan en ellas.

—Kurt no gasté todo ese dinero en el taxi para venir hasta acá y ni siquiera intentarlo. Además, los exámenes fueron muy estresantes este periodo. Necesitamos esto amigo.

—Bien, supongo que un poco de distracción no nos vendría mal —accedió Kurt. Finn sabía que podía ser muy convincente cuando se lo proponía. Pero también sabía que la verdadera razón de arrastrar a su mejor amigo hasta aquí era para no pasar otra noche en vela pensando en el maldito Puck.

El tipo grande y gordo que cuidaba la entrada apenas y vio las credenciales falas que le entregaron, y al mirar a ambos chicos ni siquiera se molestó en disimular que no sabía que tenía a dos menores de edad frente a él. El hombre les entrego sus identificaciones y los dejó pasar con una expresión de hartazgo en el rosto. Los chicos fueron recibidos por el golpe de calor, música estruendosa, olor a sudor masculino y un humo sintético que se colaba a todas partes. Kurt tomó a Finn del brazo y ambos se abrieron paso al interior entre empujones y algunas miradas curiosas hasta que llegaron a la barra. Un atractivo chico con sombrero vaquero rosa, brillo en los párpados y el torso desnudo les sonrió a ambos y les preguntó qué beberían. Finn pidió una cerveza para él y un Cosmos para su amigo.

— ¿Aún te arrepientes de haber venido? —preguntó Finn casi gritándole al odio al otro para que este pudiera escucharlo.

—Para ser sincero. Sí un poco —confesó Kurt y acto seguido la música cambio de electrónica a una más sugestiva y sensual. Entonces un musculoso chico que no llevaba más que un conjunto de botas, chaleco y sombrero vaquero que hacían juego con su diminuta tanga animalprint de vaca subió al escenario central y azotó su lazo contra el suelo—. Creo que cambié de opinión.

Pasado un par de horas. Kurt y Finn se encontraban bailando junto al escenario. Ambos se divertían y pasaban un buen momento al ritmo de Bad Romance de Lady Gaga. Los pasos de baile de Kurt pasaron de ser extravagantes a extra extravagantes después del séptimo Cosmos y Finn no podía parar de reír por cualquier simpleza después de su octava cerveza. Entonces un extraño tipo con barba, pelo largo y mallas en los brazos se acercó a bailar con Finn, quien accedió solo por cortesía. El desconocido sacó de su pantalón militar unos diminutos cuadritos azules y le ofreció uno a Finn, este lo rechazó educadamente y observó con curiosidad como el otro colocaba uno de los cuadritos en su lengua como si fuera una menta y se alejaba haciendo danzantes movimientos con los brazos. Finn se dio la vuelta para contarle a Kurt lo sucedido y se llevó una sorpresa al notar que su amigo ya no estaba junto a él, Finn estiró el cuello para buscarlo en los alrededores, sin embargo toda la multitud presente y su evidente estado de ebriedad hacían que aquella tarea fuera imposible.

Finn se dirigió a la barra a tropezones, pensando que Kurt podría encontrase allí. Todo le daba vueltas, la música retumbaba en sus oídos y las luces del club lo deslumbraban a cada paso. Como pudo Finn logró escabullirse hasta su desino pero Kurt tampoco se encontraba allí y eso comenzó a preocuparle. Un chico de cabello castaño y ondulado, chamarra de cuero y actitud vanidosa se colocó a su lado recargándose contra la barra y se quedó mirandole fijamente. Finn volteó a verlo y este le devolvió una sonrisa seductora.

— ¿Qué estas bebiendo guapo? —preguntó el desconocido.

—Yo… no estoy bebiendo —negó Finn, pero las palabras se retorcían en su boca y un repentino hipo terminó por delatarlo—. Estoy buscando a mi amigo.

—Aja… ¿Y cómo es tu amigo? Tal vez pueda ayudarte a buscarlo —se ofreció el desconocido dando un sorbo a la cerveza que tenía en la mano. Finn estaba muy ebrio pero no lo suficiente para no notar lo increíblemente atractivo que era aquel chico, y a diferencia de los hombres mayores que les rodeaban, él parecía no pasar de los veinte. Eso hizo que Finn confiara un poco en él y comenzara a describirle cómo era físicamente Kurt.

—Ese chico de allá se parece mucho a quien describes —comentó el desconocido, señalando a dos personas en el otro extremo del club. Finn tuvo que forzar la vista en aquella dirección para notar a un delgado y diminuto chico quien se parecía mucho a Kurt o quien de hecho podría ser Kurt, charlando animadamente con un corpulento hombre con un peculiar parecido a un oso. Ambos parecían disfrutar la compañía el uno del otro.

—Amm… no sé si ese sea Kurt —confesó Finn y dejó escapar otro hipo.

— ¿Cómo iba vestido?

—No lo sé.

— ¿Qué cosa si sabes?

—Que tú eres muy sexy —soltó Finn apenas consciente de que estando sobrio jamás diría algo como eso pero ya era muy tarde para retractarse.

—Y yo no sé porque aún no estás besándome —El desconocido tomó a Finn por el cuello de su camiseta y comenzó a besarle con desesperación, como si el tiempo se les agotara o como si conocer más detalles el uno del otro terminara con la magia del momento.

Sin saber bien cómo ni cuándo, Finn y su bien parecido acompañante entraron a uno de los cubículos del sucio y mal oliente baño del club. Y en un breve momento de lucidez, el atleta logró separarse de aquellos labios que eran incluso más embriagantes que todo el alcohol que había tomado hace unos instantes.

— ¿Cómo te llamas? —preguntó Finn en un susurro apenas perceptible debido a todo el ruido de afuera; él supuso que debía ser discreto para que no los descubrieran. Pero aquello debió parecerle gracioso al otro chico porque comenzó a reírse.

—Me llamo Jesse —contestó en un tono de voz normal y sin decir una sola palabra más se puso en cunclillas, desabotonó los pantalones de Finn y los bajó hasta los tobillos junto a sus boxers. El miembro de Finn aún no estaba del todo erguido pero eso no le importó a Jesse, pues el chico comenzó a succionarlo con la misma desesperación con la que besaba al otro minutos atrás.

La verga del atleta no tardó en responder y comenzó a endurecerse alrededor de los labios de Jesse. Finn hecho la cabeza hacia atrás y dejó escapar un fuerte gemido. Nunca antes nadie le había hecho sexo oral, y ahora entendía porque Puck lo había disfrutado tanto aquella última vez que estuvieron juntos. Se sentía tan jodidamente bien que había olvidado por completo en donde se encontraba, y no fue hasta que escuchó a alguien salir de uno de los cubículos contiguos y un minuto después a otra persona que lo recordó. Y aunque cubrió su boca para no dejar salir más gemidos ya era demasiado tarde, seguramente aquellas personas lo habían escuchado.

— ¿Qué? ¿Creíste que éramos los únicos? —Se burló Jesse poniéndose de pie y limpiándose la boca como si acabara de degustar algún platillo—. Tu turno.

Jesse desabotonó su propio pantalón de mezclilla y liberó su ya firme y palpitante miembro viril. Finn obedeció y fue abajo hasta toparse de frente con aquella verga, la cual a pesar de estar circuncidada y en su total esplendor era mucho más pequeña y delgada que la de Puck, además una desaliñada mata de pelos castaños cubrían toda la zona púbica. "Debo dejar de comprar cualquier pene con el de Puck", pensó Finn y si darle más vueltas al asunto tomó aquel miembro para llevarlo a su boca y comenzar a succionarlo. Jesse ni siquiera trato de disimular ni ser cauteloso, gemía con fuerza y se aferraba a la nuca de Finn como si su vida dependiera de ello mientras disfrutaba de la mamada que el otro chico le estaba ofreciendo.

—Más rápido —exigió Jesse casi de inmediato y Finn concedió acelerando el paso y provocando aún más gemidos. El atleta no sabía si era realmente bueno en eso o si el otro chico solo buscaba una pronta libración pero poco antes del precipitado desenlace que se acercaba, Jesse lo hizo frenar en seco, lo tomó de la barbilla y le indicó que se levantara para poder besarlo nuevamente, pero esta vez con más necesidad, si es que aquello era posible.

—Quiero que me folles —soltó de pronto el chico de la chamarra de cuero y esas palabras hicieron que el influjo del alcohol en el que estaba sumido Finn se rompiera. Era como si de golpe el chico volviera a estar sobrio.

— ¿Qué? ¿Aquí? —cuestionó el atleta tratando de disimular su pánico.

— ¿Dónde más tonto? —Jesse se agachó para buscar algo en los bolsillos de sus pantalones que yacían sobre el suelo y sacó un condón dentro de su característico empaque cuadrado—. Toma, quiero que me des tan duro que puedan escucharme allá afuera.

Finn tomó el condón y observó como Jesse se daba la vuelta y levantaba ligeramente el culo en su dirección. También miró cómo su propio miembro perdía vigor y dureza. No es que aquel sumamente atractivo y decidido chico que acababa de conocer no le provocara deseo sexual. Es solo que Finn nunca había imaginado que su primera vez sería en un asqueroso cubículo de baño de un club. Aun así, el atleta se dispuso a abrir el diminuto empaque del condón con los dientes justo cuando se escuchó como la puerta del baño se abría con un estruendo, seguido de algunos murmullos y un golpe seco justo a fuera del cubículo donde se encontraba él y Jesse con los pantalones abajo.

—Entiende que no, es no idiota —exclamó una voz que Finn reconocería en cualquier circunstancia. Era la voz de Puck. Finn rápidamente se subió los pantalones y le concedió tiempo a Jesse para que hiciera lo mismo, pero sin previa consulta abrió la puerta de su cubículo para toparse frente a frente con el mismo Puckerman y un corpulento individuo desvanecido sobre el suelo.

— ¿Finn?

— ¿Puck?

— ¿Finn? —preguntó alguien más pequeño a las espaldas de Puck.

— ¿Kurt?