Capítulo 4: Las Pruebas Físicas
Después de aquel incómodo momento, al menos para mí, en el que ambos nos presentamos mutuamente, nos pusimos en marcha en dirección al área de entrenamiento número cuatro, que se encontraba más allá del edificio donde estábamos.
De camino, Daiki, Hiromi y yo debatimos sobre en qué podrían consistir las pruebas físicas. Lo lógico sería pensar que simplemente tendríamos que correr ciertas distancias, saltar lo máximo posible o levantar algo de peso, pero teniendo en cuenta lo peculiar que estaba resultando esta academia hasta el momento, sabíamos que eso no sería lo único.
Tal vez nos harían hacer un conjunto de repeticiones, como dominadas o flexiones, hasta que no pudiésemos más; o incluso tuviésemos que pelearnos entre nosotros, de manera similar a como jugamos a los partidos quemados en la "ceremonia de presentación". Sin embargo, al fin y al cabo, sabíamos todos que, en cierta manera, no saldríamos vivos de esa.
Así, tras aquellas locas conspiraciones que ideamos entre los tres, llegamos finalmente a un recinto vallado con altos muros de cemento, en donde el señor Yoku, nuestro nuevo profesor, se paró en seco.
-Aquí es. Ahora, por favor, necesito que os pongáis esto.-dijo, abriendo la bolsa que llevaba encima y sacando de ella una serie paquetes de plástico con nuestros nombres puestos-. Ahí al lado, a mano derecha, tenéis un pequeño vestuario donde podréis cambiaros y dejar la ropa que lleváis ahora. Nos hubiese gustado daros ayer los uniformes para que pudieseis venir hoy ya cambiados, pero no hubo manera de que estuviesen listos para entonces. Os espero aquí mismo en cinco minutos.-añadió, mirando su reloj-.
Acto seguido, nos acercamos a él para que nos diese nuestro uniforme correspondiente, y entramos al vestuario que nos había indicado. Este estaba dividido en una serie de cabinas individuales, en donde entramos por separado. Ahí, abrí el paquete de plástico que el señor Yoku me había dado, para encontrar dentro un chándal bien doblado, el cual estaba compuesto por unos pantalones negros, una camiseta interior blanca y una chaqueta blanca y gris.
Tras quitarme la ropa que llevaba puesta, la dejé en un espacio que se encontraba al fondo de la cabina, y me puse el nuevo uniforme. Así, me estiré un poco para comprobar cómo me quedaba y, al ver que me encajaba bastante bien, a pesar de que la parte superior no me dejase estirar los brazos del todo, salí de la cabina y me dispuse a salir del vestuario, sin embargo, alguien desde atrás me agarró del hombro.
-Oye, perdona.-dijo una voz de mujer que no reconocía, cosa normal, puesto que aún conocía a muy poca gente de dentro de la academia-.
-¿Sí?-respondí, girándome para descubrir que la voz que me hablaba era la de la chica de la larga coleta castaña a quién habían nombrado primero. Tenía una cara muy seria, así que supuse que es que le daba vergüenza presentarse, por lo que intenté dar el primer paso tal y como Mizuko hizo el día anterior-. Ah, tú eres Saya Kimura, ¿no? Creo que no nos hemos presentado, soy Hiroto Kato.-añadí, extendiendo la mano-.
-Ah, sí. Esa soy yo, sí. Pero no venía a presentarme.
-¿Qué pasa entonces?
-No puedes salir así.
-¿Cómo?-pregunté confundido-. ¿Qué dices?
-Que no puedes salir así.
-Pero, ¿qué pasa?
-La chaqueta.
-La chaqueta...-dije, esperando que terminase su frase-.
-¡Que llevas la chaqueta del revés!-dijo de repente Hiromi, que salía de la cabina que se encontraba detrás de mí-.
-Eso.-añadió la chica-.
-Espera, ¿qué?-exclamé tras lo que me di cuenta de que tenían razón y de que me había puesto la chaqueta al revés. Así, avergonzado y arrepentido de, por primera vez en esta academia, haberme presentado yo primero y sin razón, me sonrojé y, rápidamente me quité la chaqueta, le di la vuelta y me la puse de nuevo, viendo así que, realmente, los colores de esta eran el amarillo y el negro.
-Bueno, hagamos como que no ha pasado nada, ¿no?-dijo Hiromi-.
-Sí...-respondí casi susurrando, tras lo que otro brazo me abrazó por el cuello.
-Ey, Hiroto, ¿pasa algo? Estás muy rojo.-dijo Daiki, con una sonrisa en la cara-.
-Déjalo, el pobre se ha quedado del revés.-añadió Hiromi, tras lo que Kyoko, la amiga de Mizuko, quien también había presenciado la escena, soltó una carcajada que se notaba había intentado retener-.
-Bueno, deberíamos irnos, el señor Yoku nos está esperando.-interrumpió Saya-.
Todos asentimos y finalmente salimos del vestuario y, por mi parte, de esa vergonzosa situación. Vimos que todos los demás compañeros que estaban en nuestro grupo ya habían llegado y nos estaban esperando. Así, al acercarnos, el señor Yoku nos indicó con un gesto de manos que le siguiésemos hacia el interior del área de entrenamiento.
Ya dentro, vimos que esta estaba infestada de gran cantidad de vegetación, con grandes arbustos y árboles que casi llegaban tan alto como los muros de la zona. Así, tras atravesar varias decenas de metros hacia el interior del área, llegamos a un amplio claro que, aunque también estaba cubierto de césped, no tenía árboles y otros matorrales que cortasen el paso.
Dentro de aquel claro, se habían colocado una serie de aparatos y marcas que supuse que servirían para las propias pruebas, como, por ejemplo, media pista de atletismo que había dibujada en el suelo o una pelota de gimnasia. Así, el señor Yoku sacó una serie de papeles y nos entregó uno a cada uno, mientras nos explicaba en que consistirían estas pruebas.
-Bueno jóvenes.-inició con la explicación-. En estos papeles que os estoy entregando está escrita y remarcada con dibujos una guía de como debéis realizar cada una de las pruebas, sin embargo, yo mismo os las iré explicando a medida que las vayáis haciendo para que no quede ninguna duda. Como podéis ver, no son demasiadas pruebas, tan solo doce, y tampoco son muy complicadas, ya que su único propósito es darnos a nosotros, los profesores, una pequeña muestra de cuales son vuestras aptitudes físicas básicas.
Mientras él seguía con la explicación, yo fui leyendo por encima el papel para ir viendo cuáles pruebas tendríamos que hacer. Como él había dicho, no parecían muy complejas y no eran nada más allá de lo que ya nos habíamos imaginado en un principio, es decir, había pruebas tan sencillas como correr cuarenta metros a la máxima velocidad posible, escalar un rocódromo, trepar una cuerda atada a un árbol o levantar pesas, así que, si bien no tenía práctica con ello, no podría resultar demasiado complicado.
-Ahora, os tengo que decir una última cosa muy importante.-siguió, dándole énfasis para retomar nuestra atención-. Estas pruebas las haréis dos veces, una vez esta mañana, y la otra en el horario de la tarde. En estas primeras, necesitamos que las hagáis prescindiendo de vuestros dones. Sé bien que para algunos puede ser complicado realizar ciertas acciones sin depender de ellos, puesto que los activáis involuntariamente, sin embargo, es para ello que os vais a tener que poner estas pulseras.-dijo, acercándose a nosotros uno a uno y poniéndonos en la muñeca una banda de plástico-.
-¿Puedo preguntar que hace esto?-dijo Kyoko-.
-Eso.-añadió Kenta Sasaki, un chico bastante más alto que yo con pelo castaño y rapado por los lados-. ¿Nos van a anular nuestros dones o algo?
-Ah no, que va.-respondió el señor Yoku-. No podemos hacer eso, aunque si pudiésemos sería de gran utilidad. Estas pulseras lo único que hacen es detectar si su portador está usando su don y, en ese caso, producir una pequeña descarga eléctrica y mandar una señal a mi tableta. Así, os dará una advertencia y a mí me avisará para que repitáis esa prueba.
-Entiendo.-respondió Saya-.
-Sí bueno, tiene sentido, sería complicado restringir nuestros dones de cualquier otra forma.-añadió Yuudai Ju, un chico con pelo muy alborotado de color negro-. No es como si pudiesen utilizar el don de Aizawa.
-¿Ese es el profesor de la UA? ¿Ese que borra dones con la mirada?-preguntó Kyoko-.
-Sí, ese mismo.
-Entonces.-intervine, cortando su conversación-. ¿En las pruebas de esta tarde sí que podremos utilizar nuestros dones?
-Sí, exactamente. Así posteriormente podremos analizar las diferencias entre ambas pruebas y ver cuanto dependéis realmente de vuestros dones. Ahora, si no hay ninguna duda más, empecemos cuanto antes con las pruebas. La primera prueba será el sprint de cuarenta metros, así que, por favor, dirigíos hacia la pista para poder comenzar.
Así, de uno en uno, empezamos a hacer las todas las pruebas la una seguida de la otra siguiendo el mismo patrón, el cual consistía en que el señor Yoku nos la explicase, hiciese un par de demostraciones y posteriormente nosotros la repitiésemos por un orden determinado.
Algunas de las pruebas, como las de velocidad y flexibilidad, eran bastante sencillas e intuitivas, sin embargo, cada vez se iban volviendo un poco más complejas. Por ejemplo, en una de las últimas pruebas, la de agilidad, que consistía en recorrer un pequeño circuito pasando por encima y por debajo de una serie de vallas, algunos del grupo, entre los que me incluyo, nos caímos en el primer intento y tuvimos que repetirlo.
Además, tal y como dijo el señor Yoku, sin darnos cuenta muchos de nosotros activamos nuestros dones involuntariamente por simple costumbre. Por ejemplo, en mi caso, mientras realizaba la prueba de levantamiento de peso, una de las últimas en la que ya estaba notablemente cansado, activé mi don a punto de terminar para evitar que se me cayesen las pesas encima. Sin embargo, debido al chispazo de la pulsera, mi don se desactivó solo y las pesas se me cayeron encima igual.
A fin de cuentas, si bien en principio por separado parecían pruebas sin complicación alguna, al hacerlas todas en una sola mañana, terminamos todos exhaustos, incluso con los tiempos de descanso entre medias.
Así, finalmente, tras lo que pareció una eternidad, la última prueba terminó, por lo que nos fuimos directos al vestuario a cambiarnos. Sin embargo, muchos de nosotros no conseguimos ni entrar en las cabinas y nos quedamos ahí recomponiéndonos.
-Por fin...Hemos...Terminado...-exclamó Kyoko, jadeando-.
-Sí, ya era hora.-añadí, mientras me encontraba tirado en el suelo bebiendo agua-.
-Pero, ¿qué decís, chicos? No ha sido para tanto.-intervino Daiki-.
-Tú cállate.-le respondió Hiromi, quién también estaba agotado-. Que tú también estas sudando como un pollo.
-Bueno, pero eso es normal. ¿No ves el calor que hace?
-¿En pleno enero?-pregunté-.
-Si sientes calor, tal vez deberías ir a la enfermería. No es buena señal.-añadió Kenta riéndose-.
-Oye, esto no es justo.-dijo de repente Kyoko-.
-¿Qué pasa?-preguntó Kenta-.
-Saya y tú no parecéis casi cansados. Casi da la sensación de que no hayáis hecho las mismas pruebas que nosotros.
-¿Qué dices?-exclamó Kenta en nos has visto hacerlas delante de tus narices.
-Esta chica está desvariando.-añadió Daiki-.
-Sí, ya sé que hemos hecho las mismas pruebas. Es una forma de hablar, vamos.
-Vosotros.-dijo una voz grave de dentro de una de las cabinas-. Tal vez deberíais cambiaros en vez de hablar tanto, que el señor Yoku nos está esperando.-terminó de decir, mientras salía de la cabina, resultando ser Hisao Tanzo, un chico alto y grande que por poco no cabía por la puerta-.
-Hisao, déjalos, que están descansando. El señor Yoku lo entenderá.-le respondió Kenta-.
-Bueno, vosotros veréis lo que hacéis.-añadió, tras lo que salió por la puerta-.
-Pff, qué plasta.-dijo Hiromi cuando la puerta se cerró-.
-Sí, bueno. Pero tiene razón.-dijo Saya, saliendo de su cabina ya cambiada-. Deberíais id cambiándoos. Además, pasar tan repentinamente de movimiento a reposo no es bueno.
-Venga, tienes razón. Vamos.-le respondí, haciendo un intento en vano de levantarme, tras lo que me ella tendió la mano y, con una fuerza sorprendente para su aparente complexión física, me ayudó a levantarme. Después, hizo lo mismo con Hiromi y Kyoko-. Ah, gracias.
-Bueno, daos prisa, y si no tardáis mucho os espero aquí.
Tras eso, me metí en la misma cabina en la que había dejado la ropa y empecé a cambiarme de vuelta.
-Oye.-gritó Hiromi-. ¿Qué habéis hecho con el uniforme? Esta tarde tendremos que volver a ponérnoslo, ¿no?
-Eso.-añadió Kyoko-.
-¿Es que no habéis atendido nada?-les respondió Daiki desde otra cabina-. El señor Yoku ha dicho que los dejemos en la cesta de al lado de la puerta y que ya nos darán otro para esta tarde.
-Bueno, supongo que lo habrá dicho mientras me pitaban los oídos.-respondió Kyoko-.
-Pero, ¿tú estás bien, tía?-le preguntó Kenta-.
-Eso, solo ha sido el primer día y ya estás así.-añadió Hiromi-.
-Mira quién fue a hablar.-dije, habiendo terminado de cambiarme y guardando el uniforme manchado tal y como Daiki nos dijo-. El que se estampó la cabeza contra el techo el día de la inauguración.
-Ahí tienes razón, pero al menos yo no me he puesto la chaqueta al revés.-respondió mientras yo salía finalmente de mi cabina, tras lo que pude ver a Saya, quien siempre estaba con una cara seria, riéndose disimuladamente de nuestra conversación.
Finalmente, los demás no tardaron mucho en salir y volvimos todos juntos a donde el señor Yoku nos estaba esperando junto a Hisao y Yuudai. Ya estando todos ahí, nos empezó a explicar lo que debíamos hacer a continuación.
-A ver, jóvenes. Como sabéis, ya habéis hecho la mitad del trabajo. No sé si mis compañeros habrán terminado también con sus grupos, pero vosotros os podéis ya tomar el resto de la mañana como libre. Aprovechad para ducharos y descansar antes de comer, porque esta tarde a las cuatro realizaréis las pruebas otra vez usando vuestros dones. Así que nos vemos a esa hora justo aquí y ya cambiados con los uniformes que os dejarán en las habitaciones, ¿entendido?
-Sí.-respondimos todos-.
Así, nos fuimos todos en grupo en dirección a la residencia hablando como antes en el vestuario de las pruebas. Sin embargo, y aunque nos quejábamos bastante, todos teníamos una sonrisa en la cara y parecíamos bastante emocionados sobre lo que esas pruebas significaban, es decir, nuestro primer paso oficial en nuestro futuro como héroes profesionales.
Ya en la entrada de la residencia, nos despedimos y yo me fui directo a mi habitación a ducharme, cambiarme de ropa y echarme un rato en la cama. Por suerte, la academia nos proporcionaba un servicio de lavandería, porque si no ir todos los días con la misma ropa sudada no sería nada bueno.
Tras terminar de descansar y por fin decidirme a levantarme, salí de mi habitación viendo que casi era la hora de comer, así que pasé por el cuarto de Neron para irme junto a él al comedor. Sin embargo, para mi sorpresa, él no estaba ahí, así que supuse que ya se habría ido y me fui solo en dirección al edificio principal.
Por suerte, de camino al comedor me encontré con Hiromi, quien estaba hablando con Mitsudo.
-Ey, Hiroto. Por fin apareces.-dijo Hiromi-.
-Sí, te estábamos esperando.-añadió Mitsudo-.
-Ah, perdonadme. Estaba descansando un poco. ¿Habéis estado mucho rato esperando?
-No, que va.-respondió Mitsudo-. Si yo acabo de llegar hace nada. Por cierto, ¿has visto a Kioshi? Hemos llegado juntos, pero él aún no ha bajado.
-Ah, no. De hecho, por eso os iba a preguntar. ¿Habéis visto vosotros a Neron y Mizuko? No he visto a nadie de su grupo por aquí.
-Pues sí, tienes razón.-respondió Hiromi-. A lo mejor han ido directamente al comedor.
-Puede ser.-añadió Mitsudo-. Vosotros id yendo, yo voy a ver si Kioshi está bien.
-Vale.-dije-. Cualquier cosa nos dices.
-Sí, nos vemos.-añadió Hiromi mientras salíamos por la puerta yéndonos ya por fin a comer-.
Afortunadamente, el comedor acababa de abrir, por lo que no habíamos llegado tarde y aún había pocas personas dentro. Sin embargo, seguíamos sin avistar a nadie del grupo de Mizuko.
Aun así, puesto que estábamos hambrientos, nos servimos la comida sin demasiadas preocupaciones. Había entre una gran variedad de platos entre los que elegir, como arroz con curry, sopa de miso, carne empanada y piezas de dorada, por lo que nos servimos de todo un poco y nos sentamos en la mesa de siempre para esperarlos.
En pocos minutos, alguien conocido apareció por la puerta, pero no era ni Mizuko ni Neron. Era Mitsudo, quien ya había llegado, aunque sin Kioshi. Tras servirse la comida, se acercó y se sentó junto a nosotros.
-¡Mitsudo!-dijo Hiromi-. ¿Y Kioshi? ¿No habías ido a buscarlo?
-Sí, pero se ve que se ha quedado dormido. Así que nada, cuando terminemos de comer le pediré a los cocineros que si me puedo llevar un plato para él.
Así, seguimos comiendo mientras él nos contaba como habían sido sus pruebas. Según nos contó, fueron las mismas que las nuestras, así que la forma en la que Michiko llevó la clase no fue muy diferente de la del señor Yoku.
Después de un rato hablando de más trivialidades, finalmente, Mizuko y Neron, junto a los demás compañeros de su grupo, hicieron acto de presencia. Parecían agotados, y llegaron por poco a servirse la comida y sentarse junto a nosotros antes de caer rendidos sentados en la mesa.
-Chicos, ¿estáis bien?-dije, tras unos instantes de silencio en los que ninguno nos atrevíamos a preguntar-.
-Ñieh.-respondió Neron con sus pocas fuerzas, levantando ligeramente el puño con un pulgar hacia arriba-.
-Esto, ¿por qué habéis llegado tan tarde?-preguntó Mitsudo-.
Tras esa pregunta, Mizuko, quien estaba tirada en la silla como si no hubiese dormido en días, agarró con fuerzas el vaso lleno de agua de su bandeja, se lo bebió de una, y lo devolvió a su sitio de un golpe.
-¿Que por qué?-dijo tras unos instantes en los que parecía que saboreaba el agua como si fuese lo primero que bebe en toda la semana, dirigiéndome después una mirada furtiva-. Esas pruebas...Casi nos matan.
-Pero, ¿no teníamos todos las mismas pruebas?-preguntó Hiromi-.
-Eso creo.-respondió Mitsudo-.
-¿Entonces?-dije, dirigiéndome a Mizuko-. A ver, las pruebas eran duras, pero tampoco tanto como para estar así. Además, esta tarde tenemos que repetirlas, ¿no?
-No me lo recuerdes.-intervino Neron de repente, jadeando tanto que casi ni se le entendía-.
-El problema no han sido las pruebas.-añadió Mizuko-. Sino el profesor. Ese tío, Shiro Yume... Está loco.
-¿Loco? ¿Por qué?-pregunté, ingenuamente-.
-¡¿Que por qué?!-preguntó Mizuko como respuesta a mi pregunta-.
-"¡Chicos, podéis hacerlo mejor!"-interrumpió Neron-.
-¿Qué dices?-dijo Mitsudo-.
-"¡Venga, otra vez! ¡Sé que puedes hacerlo mejor!"
-¡¿Estás bien, Neron?!-pregunté-.
-"¡Una vez más! ¡Esta vez, intenta hacerlo mejor! ¡Tú puedes!"
-Pero, ¿qué cojones?-dijo Hiromi confundido-.
-Tengo grabada... Esa frase... En los tímpanos...-dijo Mizuko, de forma un poco siniestra-.
Tras unos minutos más, en los que sus palabras no tenían sentido para nosotros, al fin ellos recuperaron un poco la compostura y nosotros pudimos comprender a qué se referían.
-Entonces, ¿todos vosotros habéis hecho las pruebas dos veces?-preguntó Mitsudo-.
-Ha, ojalá.-respondió Mizuko-.
-Las pruebas las hemos repetido hasta que a Shiro le ha parecido que estaban bien.-dijo Neron con la boca llena de arroz, ya que finalmente había recuperado el apetito-.
-Algunos afortunados las han hecho solo una vez o dos.-añadió Mizuko-. Pero otras con menos suerte, hemos llegado a repetirlas tres o cuatro veces.
-Y luego estoy yo.-intervino Neron, ya con la boca vacía-. Que fácilmente he hecho 60 reintentos en total.
-¿Cómo? ¿Enserio?-pregunté sorprendido-.
-Sí, es verdad.-respondió Mizuko-. Por alguna razón, el profesor tenía una fijación especial con Neron. Hasta que no ha llegado a donde él decía, Neron las ha repetido una y otra vez, incluso cuando estaba exhausto.
-Que mal rollo.-añadió Hiromi-.
-Pero eso, ¿por qué?-preguntó Mitsudo-.
-Eso.-dijo Mizuko-. ¿Tienes alguna idea?
-Pues sí...-respondió casi con la mirada perdida-. Él y yo ya nos conocíamos de antes.
-Ala, ¿enserio?-pregunté-. ¿Conocías a Shiro Yume, el héroe de los Meteoros?
-Sí, él y mi padre eran compañeros como héroes en Estados Unidos, así que de vez en cuando pasaba por mi casa. De hecho, según mi padre, fue él quien me recomendó al comité de la academia.
-Pues tiene sentido.-respondí-. La verdad es que resultaba curioso que tú fueses el único que no fuese de Japón.
-Sí, ¿eh? Así que entraste por enchufe, ¿no?-preguntó Hiromi-.
-Si quieres decirlo así, sí. Pero vamos, para lo que me ha servido, sabes.
-Oye, ¿y vosotros que tal?-preguntó Mizuko, mirándonos a Hiromi y a mi-. A Michiko ya la conocemos, pero el viejo ese también era nuevo, y parecía muy serio.
-Eh, un poco de respeto por el señor Yoku.-le recriminó Hiromi-.
-Para que me lo tengas que decir tú...-susurró-.
-Pues nada.-respondió Hiromi ignorando su comentario-. Al principio parecía serio sí, y tenía pinta de que nos iba a poner unas pruebas imposibles. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Se le veía bastante despreocupado, y con que realizásemos las pruebas correctamente y sin usar los dones le valía.
-Sí.-añadí-. No estaba para nada tan entusiasmado como vosotros describís a Shiro Yume.
-Yo ahora tengo ganas de conocerlo.-dijo Mitsudo-. Seguro que es un héroe impresionante.
-Al menos eso sí.-respondió Neron-.
-Pues yo no estoy tan segura de eso.-añadió Mizuko-.
Mientras que seguíamos escuchando las quejas de Neron y Mizuko, terminamos de comer y los esperamos a que terminase, aunque, debido al hambre que parecían tener, no tuvimos que esperar demasiado. Antes de irnos, Mitsudo se acercó a una cocinera que estaba sirviendo la comida para preguntarle si podía llevarle un plato a Kioshi, a lo que ella amablemente accedió, preparándole un táper de arroz, pescado y carne empanada.
Al llegar a la residencia, nos despedimos los unos de los otros y Hiromi y yo quedamos en estar en esa misma puerta a las cuatro menos diez para ir juntos al área de entrenamiento cuatro y llegar a tiempo a la hora puesta por el señor Yoku.
Así, volví a mi habitación, me puse una alarma a las tres y media para que me diese tiempo a despejarme y cambiarme, y me tiré de una a la cama.
A la hora indicada, la alarma sonó y, tras cambiarme y revisar más veces de las que me gustaría reconocer si me había puesto la chaqueta correctamente, bajé al recibidor de la residencia, donde me encontré con Hiromi, y nos fuimos directamente al lugar acordado, encontrándonos de camino a algunos de nuestros compañeros, como Saya y Kyoko, quienes parecía que se habían hecho bastante amigas.
Al llegar a la entrada del área, no vimos al señor Yoku esperándonos, pero, afortunadamente, Kenta salió del interior de la maleza para indicarnos que él nos estaba esperando en el claro donde realizamos las pruebas por la mañana.
Ya llegando ahí, y al percatarnos de que el resto de los compañeros estaban ya esperándonos alrededor del señor Yoku, rápidamente nos acercamos para evitar hacerlos esperar más.
Entonces, nos explicó más o menos lo que ya nos había explicado por la mañana, es decir, que habría doce pruebas en las que, si nuestro don podía facilitarnos alguna parte, podríamos usarlo sin problema. De hecho, nos invitó a usarlo en todas las pruebas posibles, para así luego poder analizar las capacidades de este con mayor exactitud.
Tal cual él dijo, prueba a prueba, cada uno de nosotros fue ayudándose de su don para facilitarse las tareas. Sin embargo, no siempre era posible. Por ejemplo, en mi caso, me ayudé de mi telequinesis para levantar con menor esfuerzo las pesas del ejercicio de fuerza, pero, en el caso de la prueba de flexibilidad, mi don era inservible, así que me limité a intentar igualar lo obtenido por la mañana.
Así pasaba con todos nosotros, exceptuando una prueba, la última. En esa prueba, la prueba de lanzamiento de peso, se nos pidió lanzar una pequeña pelota de medio kilo lo más lejos posible, pudiendo hacerlo de cualquier forma que se nos ocurriese, es decir, pateándola con el pie, lanzándola con la mano o incluso utilizando un palo como bate de béisbol.
El primero en intentarlo fue Daiki, quien, gracias a su don de velocidad, el cual le ayudó en prácticamente todas las pruebas que hicimos, empezó a girar el brazo con el que sostenía la bola en círculos, haciéndolo cada vez más rápido, para finalmente lanzar la pelota en medio de uno de los giros.
Así, la pelota, pese a no haber sido lanzada con mucha fuerza, fue impulsada por la energía de la fuerza centrífuga del brazo de Daiki y alcanzó una distancia mucho mayor a la alcanzada esa misma mañana. Sin embargo, y como pasó en el partido del ejercicio de presentación, y en todas las pruebas en las que usó su don ese mismo día, su brazo instantáneamente se prendió en llamas, y Yuudai, quien ya había visto eso pasar varias veces a lo largo de la tarde, le echó un cubo de agua de un pequeño estanque cercano encima.
Gracias a esos sucesos, a lo largo de la tarde me pude hacer una pequeña idea de en lo que consistía su don. Según parecía, Daiki podía mover las partes de su cuerpo a gran velocidad, pero con la desventaja prender en llamas esa misma zona de manera casi instantánea.
Después, fue el turno de Yuudai, quien antes de lanzar la pelota, dio un par de vueltas a la pista de atletismo. Siempre hacía eso antes de una prueba, así que supuse que el movimiento activaba o cargaba su don de algún modo. Así, Yuudai sujetó con una mano la pelota hacia delante, y con la otra sujetó ese mismo brazo.
De un momento a otro, un ruidoso petardazo se oyó saliendo de la palma de su mano, desde donde salió disparada la bola de peso a gran velocidad. Además, una intensa ráfaga de aire nos aturdió a todos, descolocándonos al momento. Al igual que Daiki, la bola llegó sorprendentemente lejos, superando con creces la marca anterior.
Posteriormente, le tocó a Hiromi, quien supuse que patearía la pelota con sus potentes piernas, y así fue. Primero, lanzó la pelota a una gran altura, para después saltar a su encuentro y darle una potente patada desde las alturas.
La pelota salió disparada con fuerza y por su parte, Hiromi bajó lentamente utilizando el aire como si fuese una escalera gracias a su don. Todos nos quedamos asombrados, puesto que el mismo chico que el día anterior solo pudo golpearse contra el techo lanzó a una distancia considerable la bola, por lo que luego me acerqué a felicitarle.
Acto seguido fue el turno de Kenta, quien ya nos adelantó que no tenía mucha idea de cómo ayudarse con su don en esa prueba. Sin embargo, dijo que lo intentaría.
Así, dio un par de palmadas no muy fuertes, tras lo que agarró la bola y alzó su brazo al cielo. En ese momento, sucedió algo verdaderamente extraño, puesto que de la palma de su mano surgió otro brazo idéntico, y así otras tres o cuatro veces.
Entonces, simplemente estiró esa amalgama de brazos hacia atrás y lanzó la pelota lo más lejos que pudo. Si bien no fue tan impresionante como la forma en la que los anteriores compañeros lo hicieron, la pelota llegó sorprendentemente lejos, por lo que a Kenta se le veía realmente contento.
Después, fue el turno de Hisao, el chico algo antipático que nos encontramos en los vestuarios por la mañana. Tras mirar detenidamente la pelota y ojear unos papeles arrugados que sacó del bolsillo del pantalón, se puso en posición de lanzar.
Sin embargo, hizo algo de lo que, los que aún no habíamos visto su don, es decir, Hiromi y yo, que nos saltamos su partido en la actividad de presentación, nos sorprendimos bastante. De repente, la mitad de su brazo, partiendo del codo, se trasformó en lo que parecía un bate de béisbol. Así, con la mano que aún tenía libre, preparó la pelota para hacer un saque y la bateó en el momento justo, lanzándola a una distancia considerable.
Posteriormente fue el turno de Saya, quien no había usado su don aún en todas las pruebas que llevábamos y aun así nos superaba en varias. Sin embargo, esta vez, parecía que iba hacer cierta preparación previa.
Así, sacó un mechón de pelo de su larga coleta y lo extendió, dando la sensación de que este se alargaba aún más. Después, lo enredó dándole un par de vueltas alrededor de su hombro y agarró el extremo con la mano de ese mismo brazo. Como siguiente paso de la preparación, se arrancó otro de los pelos de su coleta, el cual, de repente, se quedó rígido, pasando a parecer una larga aguja.
Agarrando el pelo con la mano libre, lo clavó con gran fuerza y de forma inesperada en la bola de peso que se encontraba en el suelo. Así, con la mano libre, agarró el pelo y lo posicionó junto a su otro brazo, tensando el pelo que había enredado y, utilizándolo como si fuese un arco, se posicionó al frente y disparó la "flecha" de tal manera que esta trazó una curvatura perfecta, sin verse casi afectada por el peso de la bola, por lo cual todos nos quedamos sorprendidos.
-Ala, y ahora me toca a mí después.-dijo Kyoko, a quien se la veía nerviosa por actuar después de Saya-.
Así, Kyoko salió al frente de todos, cogió su pelota y, sin ninguna preparación, al igual que en todas las pruebas anteriores, lanzó la pelota, obteniendo un resultado similar al de la prueba de la mañana.
En ese momento, supe que era mi turno, así que me tocaba realizar la última prueba del día. Si bien, a diferencia de Kyoko, no tenía nervios por actuar después de una actuación increíble, sí que me preocupaba cerrar la ronda de pruebas.
Sabía que podía usar mi don para lanzar la pelota bastante lejos, al menos lo suficiente como para mejorar la marca de la mañana, pero quería hacer como mis demás compañeros y dejarlos sorprendidos como ellos hicieron conmigo. Así fue que, en el tiempo en que me acerqué a la zona de lanzamiento y me preparé, ya se me había ocurrido un plan.
El plan, en teoría, consistiría en aplicar dos fuerzas a la bola, haciéndolo de manera similar a cuando se tira una goma elástica. Así, con la fuerza aplicada, por un lado, por ejemplo, con la mano derecha, estiraría lo máximo posible la bola hacia atrás, mientras que, con la fuerza aplicada con el control de la mano izquierda, sostendría la pelota en el aire con fuerza para que no cediese al esfuerzo de la mano derecha y no fuese echada hacia atrás.
El miedo de fallar y humillarme como lo había hecho esa misma mañana con la chaqueta seguía ahí, pero traté de calmarme y seguir el plan improvisado tal cual, y como estaba pensado, así que respiré hondo y empecé a aplicar las fuerzas de control con ambas manos. En principio iba todo bien, puesto que la bola de peso permanecía en su sitio sin ceder a la fuerza que la empujaba hacia atrás.
Después de otra honda inspiración, e imaginándome el lanzamiento de una goma elástica en mi cabeza, solté las fuerzas casi a la vez, concluyendo en un lanzamiento casi perfecto. La bola, pese a su gran peso, transcribió una trayectoria recta durante bastante tiempo.
A mí me dolía la cabeza y me temblaban los brazos y, mientras tanto, mis compañeros no decían nada. Sentía como si el silencio también me atacara, sin embargo, al poco tiempo se oyó un ruido. Preocupado, miré al señor Yoku en busca de respuestas.
-¿Sabes qué ha sido eso?-me preguntó, levantándose-.
-No, ¿qué ha pasado?-respondí preocupado, temblando-.
-Mira.-dijo, tras lo cual alzó el brazo-.
En ese momento, vimos pasar a gran velocidad, una mucho más alta que la de cualquiera de nuestros lanzamientos, la misma bola que yo había lanzado regresar a su mano como si de un imán se tratase. Era su don, al que la gente llamaba "Gravitación Inestable", mediante el cual él podía unir dos puntos u objetos que él hubiese tocado y hacer que se atrajesen entre sí.
-Ese ruido ha sido el de la pelota impactando con un árbol y tirándolo.
-Ala, ¿enserio?-exclamó Kyoko-.
-Hiroto, nos tenías guardado eso, ¿eh?-dijo Hiromi, abalanzándose sobre mí y dándome una palmada en la espalda-.
-Eso, eso.-añadió Kenta-.
-Ha estado muy bien, Hiroto.-siguió diciendo el señor Yoku-. Si bien el peso no ha llegado muy lejos, ha llegado con mucha fuerza. Si no hubiese sido porque se ha chocado con el árbol, podría haber seguido hasta llegar al muro. Enhorabuena.
-Gracias, supongo. Aunque no sé muy bien como lo he hecho.-respondí, sonrojándome, sabiendo que al menos me había resarcido de lo de la chaqueta-.
El resto fue similar a lo de la mañana, es decir, volvimos a la residencia, nos cambiamos y descansamos un poco, aunque esta vez sin estar tan cansados. Poder utilizar los dones y ya conocer las pruebas de antemano fue de bastante ayuda para ello.
Así, planificando que no tardaríamos más de una hora en hacer todo aquello, Hiromi y yo decidimos quedar en el recibidor para, en caso de que como por la mañana, los otros grupos tardasen más en llegar, esperarlos ahí.
Sin embargo, para sorpresa de nadie, si nosotros habíamos terminado ya a las siete de la tarde, junto al grupo de Mitsudo, el cual entonces tardó menos que por la mañana, no fue hasta las ocho y media, media hora después de que abriese el comedor, que Mizuko y los demás aparecerían por la puerta de la residencia, reventados y doloridos a partes iguales.
Tras despedirnos de Neron y Mizuko, quienes estaban demasiado cansados como para ir a comer, fuimos al comedor, esta vez con Kioshi, quien no estaba tan cansado como al mediodía, y comimos antes de que cerrasen.
Sin embargo, por suerte para ellos dos, se nos ocurrió llevarles algo de la cena, que consistía básicamente de ramen y algo de marisco, a su habitación.
-¿Mizuko?-dije, tras tocar varias veces la puerta de su habitación-.
-Voy.-respondió ella con voz cansada, tras lo que abrió la puerta y, lo que entonces era una cara de cansancio, se transformó en una de felicidad al ver la comida que le habíamos traído-. ¡Me habéis traído ramen! Hiroto, ¿cómo sabías que es mi comida favorita?
-Ehmm, no lo sabía, pero me alegro de que te guste.-dije con una sonrisa-.
-Oye.-intervino Mitsudo-. Vamos a ir a llevarle comida a Neron también y supongo que nos quedaremos ahí a hablar, ¿te vienes?
-Bueno, dejad que me arregle un poco y voy, que tengo unas pintas...-respondió, tras lo que la miré para extrañarme, puesto que, en comparación a mis pintas de cuando estaba cansado esta mañana, ella parecía una modelo-.
-Pues venga, te esperamos.-dijo Hiromi-. Pero no tardes mucho, que seguro que Neron se queja si la comida que le llevamos ya no está caliente-.
-Valee.-dijo, mientras se metía en el baño-.
Tras unos cinco minutos, que para nosotros parecieron horas, ella salió y, aunque teniendo en cuenta el hecho de lo ignorantes que éramos a veces, creo que puedo decir por todos que no notamos ninguna diferencia más allá de que se había peinado un poco el pelo.
Así, nos fuimos directos a la habitación de Neron, el cual, bien por el ruido que hicimos hablando mientras llegábamos, o bien por el olor de la comida que le traíamos, abrió la puerta antes de que pudiéramos llamarle.
-¿Eso es...?-preguntó, con una voz y una cara las cuales, a diferencia de las de Mizuko, si parecían las de alguien que no podía más-.
-Ramen, gambas rebozadas y un par de onigiris de salmón. ¿Te apetecen?-dijo Kioshi, tras lo cual Neron se los quitó de las manos-.
-Bueno, ¿pasamos?-preguntó Hiromi-.
-Si queréis, adelante, pero no me juzguéis demasiado si mi habitación os parece un desastre.
Así, pasamos dentro y, debido al gran número de personas que éramos, nos sentamos donde pudimos. A partir de entonces, y probablemente por el cansancio que llevábamos encima, parecía que las horas pasaban volando.
Durante todo ese tiempo, nos pusimos al tanto de todo lo que había pasado durante el día, en nuestro verdadero primer día como estudiantes de una academia de heroísmo: Mizuko y Neron se quejaron otra vez de su profesor, Hiromi contó todo lo sucedido en la última prueba, además de mi "accidente" con la chaqueta, y Mitsudo y Kioshi nos hablaron entusiasmados sobre todos los dones que, por culpa del accidente de Hiromi, él, Neron y yo no pudimos conocer. Así fue que, hasta las doce de la noche, hablamos de multitud de temas y contamos cantidad de historias que, sorprendentemente, sucedieron en un único día.
-Buah, la verdad es que hoy ha sido un buen día.-dije, cortando uno de esos silencios que a veces surgían entre tema y tema de conversación-.
-¿Y eso a qué viene?-me respondió Mizuko-.
-Ala, pobrecillo.-dijo Neron, quien estaba tumbado en la cama, al otro lado de donde yo estaba-.
-No, a ver.-siguió diciendo Mizuko-. Por algo lo dirás, ¿no?
-Sí, supongo.-dije, mientras me levantaba de la cama para quedarme sentado-. No sé, hasta ayer solo os conocía a vosotros, y no por mucho, pero hoy he conocido a un montón de gente muy interesante.
-Me siento igual.-dijo Neron-. Era muy raro estar aquí con todas estas personas sin saber absolutamente nada de ellos, la verdad.
-Bueno.-le contestó Mitsudo-. Tampoco es como si ahora los conocieses a todos, pero entiendo a qué te refieres.
-Sí, es verdad.-añadió Kioshi-. No es fácil hacerse amigo de todos tan a la ligera, sabes.
-Pues no debería ser así.-intervino Hiromi, levantándose de una de la cama-. Solo tenemos que llevarnos bien entre todos, no es tan difícil.
-Si tú lo dices.-susurró Kioshi-.
-Pues sí, lo digo yo. De hecho, ahora me has dado una idea.
-A saber que has pensado ahora.-le dijo Neron-.
-Ya sé cómo vamos a hacernos todos amigos. El jueves por la noche organizaré una reunión para que, de una vez por todas, nos conozcamos entre todos.
-¿El jueves? Eso es...-dije, mirando mi reloj, que ya marcaba las doce y diez-. Técnicamente eso es mañana.
-Sí, no te va a dar tiempo.-añadió Mitsudo-.
-Si yo le ayudo sí.-intervino Mizuko-. Le diré a Kyoko y las demás y entre todos lo organizaremos.
-Bueno, eso ya lo veremos.-le respondió Hiromi-. Pero tu ayuda me parece bien.
-Y entonces.-intervine-. ¿Qué vas a hacer?
-¿Ah?-dijo con un tono burlón-. El jueves lo veréis, hasta entonces solo Mizuko y yo lo sabremos.
Entonces, me recorrió un escalofrío. Me daba terror imaginarme que podrían montar esos dos en tan solo dos días, pero a la vez tenía curiosidad.
No mucho tiempo más tarde, en torno a las doce y media, hora la cual el tiempo que pasó hasta entonces consistió en Kioshi, Mitsudo, Neron y yo insitiendo a Hiromi para que desvelase su plan, nos fuimos todos a nuestras respectivas habitaciones.
Ya tumbado en la cama, y aunque en mi cerebro se encontraba la curiosidad de saber en qué consistiría tal evento, me dormí en menos de un minuto debido al cansancio, rompiendo el récord que yo mismo había establecido el día anterior. Así, tendría que esperar hasta el jueves por la noche para descubrir qué era eso que montarían aquellos dos.
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FIN DEL CAPÍTULO 4
