Capítulo 6: Primer enfrentamiento

Después de terminar sus clases temprano ese día, Ino había decidido juntarse con su novio Sai para acompañarlo a ver a los niños del orfanato. Ya se le había hecho una costumbre y todos ellos la conocían, la trataban como si fuera una hermana mayor y se ponían muy felices con cada una de sus visitas.

La mayoría de esos pequeños eran demasiado grandes para que una pareja quisiera adoptarlos, normalmente preferían a los bebés con poco tiempo de nacidos, así que sus posibilidades de irse de ese lugar y de conseguir una familia eran cada vez más escasas. Ino, que siempre lo había tenido todo, se sentía siempre triste cada vez que regresaba y veía que los mismos niños continuaban en el hogar.

—Los chicos te adoran, Ino-chan —escuchó la voz de Sai, ella estaba sentada en una banca del patio, viendo jugar a los niños. Su novio había regresado de jugar con ellos y se sentó a su lado.

Desde su sitio, vio que los niños le saludaban.

—Son como hermanitos pequeños para mí —dijo la rubia—. Me da mucho pesar que nadie los quiera adoptar, son niños adorables e inteligentes.

Sai se le quedó mirando mientras ella hablaba, los ojos de Ino no se apartaban de donde los pequeños jugaban con un balón de fútbol nuevo que ella les había traído, ya que el otro que tenían se había gastado. En cambio, los ojos negros del chico no dejaban de apuntarla a ella, mientras una leve sonrisa aparecía en sus labios.

—Realmente eres una persona diferente de la que conocí —dijo Sai, acercando su mano a la de Ino, para tomar ésta delicadamente—. Ya nada queda de la chica arrogante y presumida que sólo pensaba en sí misma.

La Yamanaka no pudo evitar sonrojarse de la vergüenza, de sólo recordar cómo solía ser, le daban ganas de que se la tragara la tierra, pues era cierto que se comportaba como si fuera la dueña del mundo, era caprichosa y solamente pensaba en sí misma.

—No me recuerdes eso, es vergonzoso —masculló, cubriendo la mitad de su rostro con una de sus manos—. Lo peor es que con todo y mi arrogancia todavía le tenía envidia a Matsuri.

—¿Así que lo admites? —Sai se llevó una mano al mentón, en pose pensativa—. Aunque tiene sentido, después de todo, Matsuri siempre ha sido una chica lin… auch —se quejó cuando Ino le golpeó el brazo con bastante fuerza—. Solamente estaba bromeando, Ino-chan.

La joven a su lado frunció el ceño.

—No se me olvida que estabas enamorado de ella, así que más vale que te calles —habló en tono de enfado, se suponía que no debía sentir celos o envidia hacia su prima, pero no podía evitarlo si se trataba de Sai.

El pelinegro, sobando su brazo adolorido, buscó la mirada de su novia, quien había desviado sus ojos hacia un costado con fastidio.

—Es cierto que me atraía, pero nunca estuve enamorado de ella —aclaró, tomando a Ino del mentón para mí obligarla a verlo—. La única chica de la que me he enamorado está aquí frente a mí —dijo con seriedad, sus palabras firmes y esa expresión serena hicieron que Ino se sonrojara como un tomate, cuando Sai quería, podía ser demasiado asertivo, aunque la mayoría del tiempo sacara de quicio a los demás con sus frases incómodas.

—Tonto… —dijo la avergonzada rubia—. Oye, ¿qué hora es? Quedé de ver hoy a Sakura —cambió rápidamente de tema o acabaría con el rostro más rojo y temperado que la luz de un semáforo.

Sai miró la hora en el reloj de mano que siempre llevaba, que le resultaba más cómodo que andar sacando el teléfono a cada momento.

—Son las siete —contestó, volteando a ver a los niños y luego a Ino—. ¿Quieres que nos despidamos y que te acompañe a casa?

—Sí, por favor —dijo la chica, asintiendo con la cabeza.

Después de eso, los dos se levantaron de su asiento y se dirigieron a los niños para despedirse, prometiendo volver otro día.

—*—*—*—*—*—*—*—

—¿Entonces en tu casa? —preguntó Sakura, estaba hablando por teléfono con Ino, mientras terminaba de comer un poco de ramen, no era su platillo favorito, pero el de Ichiraku sabía muy bien, se notaba que su dueño era un chef excelente, además, ella y Sasuke habían sido invitados por Naruto, quien estaba feliz de que ya le habían pagado.

Mientras la peli rosa charlaba con su amiga y permanecía en su mesa, los dos chicos estaban en la barra. Sasuke ya había terminado su ración de ramen y Naruto estaba comiéndose el suyo a toda prisa, sentado a su lado, esa tarde no tenía que trabajar, así que podía comer todo lo que quisiera.

Cuando terminó, sonrió satisfecho y dejó salir un hondo suspiro, sobando su barriga llena.

—¿Algo te preocupa, teme? —le preguntó a su amigo, quien había estado callado todo el tiempo, casi como si esperara a que él terminara de comer.

—¿Por qué lo dices? —Sasuke arqueó una ceja.

—Estás más serio de lo normal —respondió el rubio, encogiéndose de hombros, pero Sasuke solamente negó con la cabeza y cerró los ojos.

—No es así, estoy bien —aseguró, cruzándose de brazos—. Gracias por la comida.

En ese instante, Naruto lo miró como si estuviera viendo a un enfermo terminal, lucía entre asustado y sorprendido.

—Definitivamente te pasa algo… —apuntó hacia el azabache con el dedo índice de su mano derecha, mientras el Uchiha lo veía con confusión—. ¡Tú jamás me das las gracias por nada!

Sasuke rodó los ojos.

—Serás idiota…

Antes de que Naruto pudiera decir otra cosa, la campana que indicaba que un nuevo cliente había ingresado hizo un ruido, aunque ninguno de los dos volteó a ver a dicha persona hasta que escucharon su voz familiar.

—Lamento la demora, Sakura-chan, Toneri-san quería que lo acompañara a un sitio —oyeron la voz dulce y armoniosa de Hinata, la cual se sentó junto a la peli rosa.

Los ojos del Uzumaki se fijaron en ella de forma inmediata, lo cual fue notado por Sasuke, ya que su amigo no sabía disimular.

—Hinata, por fin llegas, nos iremos con Ino —dijo Sakura—. Ya hablé con ella y nos espera en su casa.

—Ya veo, entiendo —asintió con la cabeza.

En ese momento, apenas después de un rato de ya haber entrado, Hinata se percató de que Naruto estaba ahí. Sabía que él trabajaba en Ichiraku, pero se suponía que esa tarde la tenía libre, o eso le dijo esta mañana, mientras estudiaban. Sus mejillas enseguida enrojecieron, le era imposible mantener la compostura frente a Naruto y odiaba que eso le siguiera pasando después de tanto tiempo de haber terminado.

No era justo que solamente ella se sintiera de ese modo.

—H-Hinata, no sabía que ibas a venir —habló Naruto desde su lugar, alzando si mano derecha a modo de saludo.

La ojiperla respondió haciendo un gesto similar.

—¿Quieres que te invite un ramen? ¡Yo pago! —exclamó, apuntando su dedo pulgar hacia sí mismo, cuando él y Hinata eran novios, jamás pudo darle nada que fuera pagado por él mismo, pero ahora podía, aunque sea, pagarle una comida.

—Oh, no tienes que molestarte, Naruto-kun —la chica bajó la cabeza con vergüenza, no quería que Naruto gastara su poco dinero en ella, pero él insistió, incluso se levantó de su cómodo lugar y se acercó a la mesa de las chicas, apoyando sus dos manos contra la superficie.

—Anda, Hinata, te aseguro que está delicioso.

Sabiendo que no podía discutir contra Naruto, porque seguramente perdería por falta de argumentos, no le quedó más que sonreír amablemente y asentir con la cabeza.

—Está bien, Naruto-kun —aceptó, así que el chico no dudó en mostrarle la carta del menú para que pudiera escoger lo que más le gustaba.

Mientras ellos se ponían de acuerdo, Sasuke miró a su novia Sakura, los dos se sonrieron mutuamente y luego siguieron en lo suyo.

Algo estaban tramando ese par.

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Gaara y Matsuri estaban en el cine, viendo una película de terror, ya que estaban en el mes de octubre, cerca de Halloween, había muchísimas películas del género en cartelera. La chica siempre había sido un poco asustadiza, por eso, cada vez que salía una escena tensa, se abrazaba a su novio, quien solamente se dejaba hacer.

En un momento, tras una escena bastante sangrienta, Matsuri lanzó un grito ahogado y escondió su rostro en el pecho de Gaara, el cual solamente suspiró al verla actuar de ese modo.

—Debimos elegir otra cosa —dijo el pelirrojo, acariciando el cabello de la chica—. ¿Quieres que nos vayamos?

Matsuri negó con la cabeza y alzó la mirada para verlo, la sala estaba muy oscura y no había tantas personas, ellos estaban bastante apartados del resto, en una de las filas de más arriba, así que era casi como estar solos.

—No, es que la sangre me pone nerviosa —contestó, abultando ligeramente los labios—. Pero podemos verla hasta el final, sólo no dejes de abrazarme.

Al ver la expresión tan dulce en el rostro de su novia, Gaara no pudo evitar sentir que sus mejillas ardían un poco, odiaba que le pasara eso, pero era una reacción que no podía controlar.

—Está bien —dijo él, rodeándola con su brazo para acercarla un poco más a su cuerpo.

Cuando salieron del cine eran aproximadamente las seis de la tarde, todavía estaba claro el cielo, pero se notaba que estaba empezando a bajar la luz del sol. Los dos caminaban tomados de la mano, mientras charlaban sobre lo que habían visto.

—No daba tanto miedo, Matsuri, no exageres —decía Gaara, ya que la chica no dejaba de repetir que esta noche tendría pesadillas.

—Eso dices tú, a mí sí me da miedo la sangre, me acuerdo cuando te heriste por mi culpa —dijo la castaña, bajando la mirada.

Gaara casi no se acordaba de eso, había sido hace bastante tiempo, además, tampoco fue una herida grave, pero parecía que a Matsuri le seguía importando, no cabía duda de lo linda que era, siempre lo hacía sentir sumamente querido, era la sensación más satisfactoria del mundo para él.

—Eso fue hace mucho, no recuerdes cosas bobas —Gaara detuvo sus pasos y acunó el rostro de su novia entre sus manos—. Mh, no quiero llevarte a casa todavía —murmuró, aunque ella fue perfectamente capaz de escucharlo—. Hey, Matsuri.

—¿Mh?

El pelirrojo frunció el ceño.

—Oye, hoy en la cafetería… —habló, recordando un hecho que no dejaba de llamarle la atención—. ¿Por qué tus amigas se veían tan sorprendidas de verme?

Matsuri abrió mucho sus ojos, había olvidado por completo contarle lo sucedido sobre todo aquel malentendido, que a fin de cuentas, era enteramente su culpa, porque fue ella la que se quedó callada y no le aclaró a las chicas su relación con Gaara.

—Uhm… —con cuidado, tomó las manos de su novio, que continuaban sobre su rostro, bajándolas y entrelazando sus dedos—. E-es que… yo no les dije que eras mi novio —confesó, mirando al suelo.

Al escucharla, sin entender muy bien la razón, Gaara sintió una pequeña punzada en su pecho, no creía que fuese algo grave el que Matsuri no les contara a sus amigas que ellos eran novios, pero, al mismo tiempo, seguía molestándole.

—¿Por qué? —preguntó, confundido, notando que ella se encogía de hombros. El tono de su voz era tranquilo como siempre, no se podía distinguir que, bajo esa fachada, se había sentido herido.

—B-bueno… —Matsuri suspiró, le daba mucha vergüenza explicar todo esto, seguro iba a quedar como una tonta frente a Gaara—. Ya te lo había dicho, Gaara-kun, eres muy popular entre las chicas —mordió su labio inferior—. Cuando ellas te vieron, empezaron a decir muchas cosas sobre lo guapo que eras, todas sabían tu nombre, se quejaron acerca de la envidia que sentían de quien era tu novia, que ella debía ser poco menos que una supermodelo para poder estar a tu altura, p-pero… —cerró sus ojos y suspiró, ahora mismo se sentía sumamente desanimada—. Yo no soy nada de eso, así que me sentí presionada y no les dije nada.

Si antes Gaara se había sentido herido, ahora estaba molesto, no entendía por qué Matsuri siempre se menospreciaba, ¿por qué se sentía menos que los demás? ¿Qué había tan bueno en él como para que ella no estuviera a la par con su persona?

—Matsuri —la nombró Gaara, soltando una de sus manos para tomarla por el mentón y obligarla a que lo viera a los ojos—. ¿Por qué dices esas cosas? No me importa lo que piensen otras personas, pero tú… ¿qué hay de malo en ti?

—Yo no soy bonita, Gaara-kun, por eso.

—Eso no es verdad —interrumpió él, su expresión era completamente seria—. No entiendo por qué te subestimas, tú eres hermosa, yo no soy la gran cosa, así que el hecho de tenerte a mi lado es lo mejor que me ha pasado.

—Gaara-kun… —Matsuri enrojeció de forma adorable—. ¡Eso no es verdad, tú eres súper sexy! —exclamó, ella también estaba siendo muy seria y eso hizo reír a Gaara, le parecía muy gracioso que dijera esas palabras con esa seguridad tan aplastante, así que al verlo reírse, Matsuri se puso todavía más roja—. ¿D-de qué te ríes?

—¿Soy súper sexy?

Tremendamente avergonzada, Matsuri se cubrió la cara con sus dos manos y le dio la espalda a Gaara, ¿qué le pasaba? ¿Cómo podía decirle eso? Esto era lo más embarazoso que había hecho, ahora sí quedaría como una completa boba frente a él.

—P-perdona… —antes de poder seguir hablando, sintió como los brazos de Gaara, fuertes y cálidos, la rodeaban desde la espalda, entrelazándose justo sobre su vientre. El torso de su novio se pegó a su pequeño cuerpo y su nuca quedó casi descansando junto al hombro del más alto.

—Eres tan boba —le dijo Gaara al oído, agachándose sólo un poco para poder alcanzar su nivel—. Tú también eres muy sexy, Matsuri, para mí lo eres —sus palabras y el tono de su voz sólo hicieron que ella sintiera que le iba a explotar el corazón, ¿acaso había forma de ponerse más roja todavía? Pero se sentía estúpidamente feliz al escucharlo, que él pensara así de ella y que se lo dijera, era algo que la llenaba de emoción.

—Gaara-kun, lo siento —dijo, tratando de calmarse, pues sus latidos continuaban siendo acelerados—. Perdóname por ser así.

Gaara negó con la cabeza.

—No tienes que pedirme disculpas —respondió el pelirrojo, abrazándola un poco más fuerte—. Yo te amo, Matsuri, amo todo de ti, así que me pone triste ver que te sientes inferior a otras personas, no tienes por qué hacerlo, porque tú eres una chica increíble, no tienes nada que envidiarle a nadie y mucho menos tienes que disculparte por nada.

Por cosas como esas, Matsuri se había enamorado completamente de Gaara, él siempre tenía palabras tan cálidas y dulces para ella, haciéndola sentir amada y reconocida, haciéndola sentir feliz y llena de confianza, sabía que ese complejo de inferioridad que tenía muy arraigado no estaba bien, que no era algo sano, pero afortunadamente, él era un apoyo en cada uno de sus peores momentos.

Sin pensar en nada, Matsuri se soltó de su abrazo, giró sobre sí misma y besó a Gaara, tomándolo por sorpresa, él apenas pudo sentir sus pequeñas manos sobre el rostro, cuando sus labios fueron reclamados por los de su novia. Pasados unos segundos, ella se separó y lo abrazó.

—Yo también te amo, Gaara-kun —le dijo, escuchando los latidos del corazón de su novio, que en ese instante estaban totalmente disparatados.

Como respuesta, Gaara volvió a abrazarla, dibujando una pequeña sonrisa en sus labios, ahora entendía lo rara que había estado la chica durante días, pero él no pensaba permitir que nadie hiciera sentir mal a Matsuri, ni siquiera ella misma.

De pronto ambos escucharon el teléfono de Matsuri sonar, ella rompió el abrazo y sacó su celular de la pequeña mochila que llevaba colgada en un solo brazo.

—Es Sakura-chan —dijo esbozando una sonrisa, sintiendo que Gaara acariciaba su cabello suavemente.

—Contesta, anda —habló el pelirrojo, sin dejar de verla, no podía apartar sus ojos de ella, verla sonreír mientras hablaba con una de sus amigas era algo que lo hacía feliz.

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Temari y Shikamaru estaban juntos saliendo del centro comercial, habían ido a comprar un par de cosas que ella necesitaba y, como cada vez que él acompañaba a su novia de compras, Shikamaru estaba llevando las bolsas, aunque no eran demasiadas.

Su cara de fastidio podía verse desde lejos, cualquiera se daría cuenta de que ese chico solamente quería irse a casa a dormir.

—Gracias por ofrecerte a llevar todo —dijo Temari, quien estaba caminando unos pasos delante de él, revisando su lista de compras en la aplicación de notas de su celular—. Ya no me falta nada más.

—Sí, no fue nada —contestó Shikamaru, bostezando. Tanto se quejaba mentalmente de tener que cargar las bolsas de su novia, pero había sido él mismo quien se ofreció a acompañarla y a llevar todo, debido a que quería pasar tiempo con ella, cosa que no admitiría en voz alta, obviamente.

Temari guardó su celular y disminuyó un poco la velocidad de sus pasos, para que él pudiera alcanzarla, entonces sonrió y tomó la mano de su novio.

—Cambia esa cara, parece que no quieres estar aquí —bromeó la rubia, pues lo conocía bien y sabía que él seguramente estaba aburrido, pero hacía esto por ella—. ¿Tan malo fue acompañarme?

El Nara rodó los ojos.

—Eres como mi madre, incluso con una lista te pones a comprar cosas que no necesitas —respondió, observando la leve carcajada que dejaba salir la chica, le gustaba verla así, a pesar de su mal genio, Temari siempre sonreía y eso lo estremecía—. Pero está bien, a fin de cuentas, así es como me gustas, Temari.

Ya que ella no estaba esperando nada más que una queja, las últimas palabras de Shikamaru la sorprendieron, haciéndola sentir avergonzada y sonrojándose.

—Ay, qué bobo eres —dijo, apretando un poco más el agarre de su mano, entrelazando sus dedos—. Oye, pero hablando en serio… —su expresión cambió ligeramente, volviéndose más seria—. Lamento que haya estado tan ocupada, pronto viene el primer periodo de exámenes, sabes que es el más complicado.

Su novio volteó a mirarla, detuvo sus pasos y le mostró una sonrisa, aquellas que pocas veces solía enseñarle, ya que, aunque no lo pareciera, Shikamaru era bastante tímido cuando de demostrar sus emociones se trataba.

—No tienes que explicarme esas cosas, tonta, yo entiendo —aseguró, soltando la mano de Temari para acariciar su mejilla, ya que la otra estaba ocupada—. Y no es como que yo no esté en la misma situación.

—Sí, pero tú no necesitas estudiar —Temari acercó un poco su rostro a él, robándole un pequeño beso—. Me encanta que mi novio sea tan listo.

El pelinegro solamente chasqueó la lengua ante el vergonzoso halago.

—No es para tanto.

Temari solamente rio tras la respuesta modesta de Shikamaru, volviendo a entrelazar sus dedos para que retomaran juntos el camino de regreso. Por su parte, Shikamaru se sintió algo más aliviado, el hecho de haber estado sintiéndose celoso por causa de Neji Hyûga no tenía ningún sentido, ellos dos estaban muy bien, todo estaba perfecto.

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Sari estaba aburrida en casa, hace un rato había recibido una llamada de Ino, quien le dijo que todas se reunirían en su hogar, así que estaba esperando a que llegara la hora para salir. No le gustaba vivir sola, siempre extrañaba hablar con alguien, pero era mejor que su mamá permaneciera lejos de esa ciudad donde el hombre que les hizo tanto daño todavía estaba, aunque siguiera tras las rejas.

—Creo que ya debería salir —dijo mirando su celular, iban a ser las siete de la tarde y pasaría la noche en casa de la rubia, así que preparó un poco de ropa, tendrían una pequeña pijamada.

Con cierta flojera se levantó del sofá, estaba viendo televisión, así que la apagó y fue por sus cosas. Hoy había terminado las clases temprano, no tenía nada mejor que hacer, Kankuro le habló hace unas horas, pero ella prefirió no contestar, era mejor que mantuviera un poco su distancia con él.

Una vez que salió de casa, cerrando muy bien todas las entradas, caminó para tomar un taxi, cuando estaba dentro del mismo y le indicó su destino, sintió que su teléfono vibraba. Pensó que se trataba de nuevo de Kankuro y quiso apagar el móvil, pero al mirar la pantalla se dio cuenta de que se trataba de un número desconocido.

—¿Bueno? —respondió, pero nadie dijo nada del otro lado, solamente podía escuchar una respiración—. ¿Hola? —insistió la chica, frunciendo el ceño; sin embargo, de pronto colgaron.

Ella miró extrañada el teléfono, no entendía nada de lo que había sucedido, ¿tal vez se equivocaron? Bueno, eso no importaba, simplemente se encogió de hombros y lo volvió a guardar en su bolsillo del pantalón, no le daría importancia a algo tan poco relevante como un llamado equivocado.

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Después de haber acompañado a Matsuri hasta la casa de Ino, Gaara se despidió de ella y se dirigió a su trabajo. Normalmente no tenía que ir ahí en días de semana y mucho menos de noche, pero la señora Chiyo le había pedido su cooperación para hacer el inventario y, ya que las otras dos personas que trabajaban ahí no podían, Gaara aceptó sin dudarlo.

Ahora mismo estaba haciendo un recuento de lo que había en las estanterías, uno pensaría que algo como una tienda de música ya no vendía tan bien en esta era digital, pero lo cierto es que a mucha gente le interesaba tener los productos de sus artistas favoritos en físico, sobre todo los discos de vinilo, que eran de colección.

—Creo que este es el último —murmuró para sí mismo, anotando en su libreta los registros que llevaba. Justo en ese momento, la campana que avisaba que había entrado un cliente hizo un ruido—. Lo lamento, está cerrado —dijo alzando la voz, sin mirar a aquella persona, pues no estaban atendiendo clientes a esas horas.

La persona no le respondió nada, así que Gaara se enderezó para mirarlo, dándose cuenta de que se trataba de un tipo joven y alto, con el cabello rojo.

—No vengo a comprar nada —dijo él, frunciendo el ceño—. Busco a la vieja que es dueña de este sitio, dile que venga.

La forma de hablar tan grosera del tipo molestó a Gaara, ¿por qué se refería en ese tono y con aquellas palabras a la anciana Chiyo?

—Disculpa —contestó el de ojos aguamarina—. En este momento ella está ocupada, vuelve en una hora más prudente y te aconsejo que seas más respetuoso con tus mayores.

Sorprendido por el modo en que ese "empleado" le respondió, Sasori abrió ligeramente sus ojos, crispados de rabia, ¿quién se creía ese chico?

—¿Y tú quién rayos eres para darme consejos, mocoso? —cuestionó, dibujando una sonrisa ladina y arrogante—. Más te vale que llames a esa vieja o haré pedazos este cuchitril —con la mirada buscó algo que pudiera usar como "rehén" y, al encontrar un carísimo disco de vinilo muy antiguo, lo agarró e hizo un además de querer partirlo por la mitad—. Odio que me hagan esperar.

Gaara estaba a punto de tirársele encima para darle una buena tunda, pero la voz de la dueña lo interrumpió.

—Ya deja de hacer escándalo, Sasori —dijo Chiyo, que acababa de emerger desde la bodega, había escuchado la voz de su nieto y no dudó en salir, sabía que sería grosero con Gaara—. ¿Qué es lo que quieres?

—Abuela —Sasori la nombró con sarcasmo, él jamás la llamaba de ese modo, siempre era la "vieja", dicho en un tono despectivo—. No me diste suficiente dinero, necesito más —dejó el disco que tenía en su mano en donde estaba, mirando a Gaara casi por encima del hombro, como si fuera alguien superior—. Tu empleado es muy respondón.

La mujer solamente frunció el ceño, había escuchado todo y sabía perfectamente que Gaara no le había dicho nada fuera de lugar, después de todo, ese chico era demasiado educado y paciente, cualquier otro habría sacado a su nieto a patadas.

—Ven aquí, te daré más, pero no vengas a molestar a mis empleados —dijo Chiyo, volviendo a entrar a la bodega, hacia donde Sasori la siguió a paso rápido, ignorando completamente al trabajador que no dejaba de verlo con enojo.

—Entonces ese es su nieto… —dijo Gaara para sí mismo, estaba molesto, ese estúpido era todavía peor de lo que pensó, nunca creyó que la descripción de "ingrato" que le había dado la señora Chiyo fuese, en realidad, mil veces más terrible—. Qué estúpido es —masculló, regresando a sus deberes, lo mejor era que no se involucrara en ese tema.

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En casa de Ino, ella y Matsuri estaban preparando algunas bebidas, mientras esperaban a las demás. Sari había aparecido hace unos minutos y se encontraba en la sala, acomodando algunas cosas que había traído para comer. Debido a un asunto académico, todas las clases del día siguiente habían sido suspendidas, por lo que podrían quedarse a dormir y levantarse tarde, tenían que aprovechar de pasar tiempo juntas.

—¿Entonces no pasó nada entre ustedes? —preguntó Ino, que estaba poniendo algunos hielos dentro de varios vasos, no planeaba morirse de sed durante aquella reunión.

Matsuri negó con la cabeza, avergonzada.

—No, pero creo que Gaara-kun quería… —respondió, apoyando sus manos sobre la mesada, mientras se mordía el labio inferior—. Me da mucho miedo, no hemos estado juntos desde nuestra primera vez, ¿qué pasa si lo hago mal y no le gusta?

—¿Por qué piensas eso? —Ino puso los vasos sobre una bandeja y empezó a caminar hacia la sala, Matsuri la siguió con pasitos cortos—. Gaara te ama un montón, ¿no es así? Y estoy segura de que sabe que tu única experiencia ha sido con él.

Las dos llegaron junto a Sari, la cual estaba comiéndose un trozo de queso.

—Lo sé, pero él tiene más experiencia que yo, a veces pienso que podría aburrirlo.

—¿Gaara aburrirse de ti? —Sari dejó escapar una carcajada al unirse a la conversación—. ¿Es una broma? Ese chico se muere por ti, ¿lo embrujaste o algo?

—Seguro que lo hizo —opinó Ino, asintiendo varias veces con la cabeza, mientras dejaba la bandeja con los vasos sólo con hielo sobre la mesa de centro—. Ya confiesa que eres bruja.

—No soy eso —se quejó la castaña, frunciendo los labios en un puchero.

El timbre sonó, así que Ino se levantó para ir a abrir, estaba sola en casa, era el día libre de la empleada de la casa y su padre estaba de viaje, solamente estaba el chofer, pero seguramente pronto iría a descansar.

—Entonces, ¿Gaara te contó sobre sus experiencias anteriores? —preguntó Sari, mientras su amiga se sentaba al lado de ella. La vio asentir con la cabeza y mostrarse algo desanimada—. ¿Tienes conflicto con eso? ¿Te molesta que haya estado con otras chicas?

Matsuri negó con la cabeza.

—No es eso… —respondió, observando los deliciosos snacks que estaban sobre la mesa, así como las latas de cerveza que había justo a un lado, sobre el piso—. Amo a Gaara-kun, quiero hacerlo feliz, pero todo aquello de… ya sabes, me da muchísima vergüenza y no quiero actuar como una tonta frente a él —explicó, recordando las palabras que él mismo le había dicho esta tarde, antes de venir aquí—. Sé que él no se enfadaría conmigo, pero aún así no quiero decepcionarlo.

Sari se cruzó de brazos, tratando de analizar la situación para aconsejar a su amiga. Hace dos años atrás no se habría imaginado tratando de ayudar a Matsuri, la envidia que solía tenerle ahora le parecía tan estúpida, pues Matsuri siempre se preocupó por ella, era una buena chica y estaba segura de que era precisamente eso lo que mantenía a Gaara tan aferrado a ella, esos dos eran tal para cual.

—Bueno, ¿y si se lo explicas a Gaara?

—¿Eh?

—Sí, ya sabes —la chica alzó su dedo índice, parecía como si éste brillara como un foco, indicando una nueva idea—. Dile que no sabes mucho al respecto, pero que estás dispuesta a aprender con él, hazle saber lo que te gusta y lo que no y que él haga lo mismo, estoy segura de que si comparten una buena comunicación, las cosas fluirán con naturalidad entre ustedes.

—Ya veo —Matsuri sonrió, no le desagradaba el consejo de Sari, definitivamente tendría que ponerlo en práctica.

Ino regresó en compañía de Sakura y de Hinata, las cuales se sentaron junto a ellas, todas estaban acomodadas en el piso, encima de mullidos cojines de colores, habían apartado los muebles de la sala hacia un costado, dejando sólo la mesa para apoyar los aperitivos.

Al cabo de un rato, todas estaban charlando animadamente y bebiendo un poco de cerveza fría, aunque Ino y Sakura eran las que más bebían. Matsuri era recatada con eso, sabía que no era buena tolerando el alcohol.

—Entonces, chicas, cuenten chismes sobre sus relaciones, aquí todas tienen novio a excepción de Sari, así que imagino que hay mucho de qué hablar —dijo Ino, que a pesar de ser temprano todavía, ya estaba un poco mareada y hablaba más de la cuenta—. Tú, Hinata —señaló a la ojiperla, la cual enseguida se sonrojó—. Ni siquiera conocemos al tal Toneri, ¿tan pesado es que no quiere acercarse a tus amigas?

—Él no es así —aseguró Hinata, levantando las palmas de sus manos como si la estuvieran arrestando, mientras una gotita de sudor frío recorría su sien—. La oportunidad no se ha dado, es todo.

—Yo lo conocí en una de esas reuniones a las que me llevó Sasuke-kun —habló Sakura, que no soltaba el vaso ya casi sin contenido, hasta el hielo se había derretido—. Es bastante amable, pero se veía muy distante, no sé cómo explicarlo —rio divertida, era obvio que estaba un poco ebria—. Aunque es guapo, obvio no más que Sasuke-kun.

—Frente de marquesina, ya te dije que el más guapo es Sai —corrigió Ino, frunciendo el ceño.

—Ni lo sueñes, cerda —contestó la peli rosa.

Matsuri y Hinata se miraron la una a la otra, soltando un suspiro, mientras Sari permanecía en silencio, sosteniendo el vaso de cerveza entre sus dos manos. Ella tenía el rostro algo rojo y había lágrimas enmarcando sus ojos.

—Ya dejen de hablar de hombres —se quejó, su voz sonaba algo atropellada y graciosa, un poco gangosa también, como si estuviera resfriada—. Son todos idiotas, sobre todo el estúpido ese… —dejó el vaso de golpe sobre la mesa—. Es más, si lo veo le daré una patada en los hue…

—¿Quién? —preguntó Hinata, interrumpiendo la frase de la chica, que se bebió lo que quedaba de su vaso de un solo trago.

—El hermano de Gaara —dijo Ino, encogiéndose de hombros.

—¿No le has dicho a Kankuro-san que te gusta? —interrogó Matsuri, notando que Sari agarraba una nueva lata de cerveza, la abría y le echaba el contenido a su vaso.

—¿Quién dijo que ese tarado me gustaba? —cuestionó, haciéndose la tonta, pero las miradas entrecerradas de las chicas la obligaron a soltar la verdad—. O sea, sí me gusta, pero yo no les dije nada —aseguró, señalándolas a todas con su dedo índice.

—A estas alturas no necesitas decírnoslo —Sakura se dio un golpe de palma sobre la frente—. Pero bueno, los hombres no entienden indirectas, ¿o crees que Sasuke-kun se dio cuenta solo de que me gustaba?

—Siendo justas, media escuela andaba detrás de Sasuke —acotó la rubia—. No creo que haya sido tan difícil declararte.

—Te comprendo, Sakura-chan, es horrible que tu novio sea popular —bromeó Matsuri, fingiendo que se desmayaría de forma dramática, a lo que todas empezaron a reírse.

Incluso si sólo chismeaban acerca de chicos y se quejaban de ellos, era divertido estar juntas, esperaban poder hacerlo mucho más seguido.

—*—*—*—*—*—*—*—

Sasuke y Naruto estaban en casa, habían comido demasiado los dos, a pesar de que Sasuke se jactaba de no ser glotón, lo cierto era que la comida de Ichiraku sabía delicioso y era una tentación para cualquiera. El rubio había traído un poco que les sobró, ya que pidió demasiado, así que lo guardó dentro del refrigerador.

—Si llega Gaara dile que puede comer las sobras, es algo tarde y dudo que haya cenado —indicó el rubio, llevándose una mano al estómago—. No me siento muy bien, así que iré a dormir.

El azabache asintió con la cabeza, frunciendo ligeramente el ceño que su amigo se sostenía la panza.

—Te dije que te enfermarías por comer tanto, pero tú nunca escuchas.

Naruto rio, agitando su mano derecha para restarle importancia al asunto.

—Es lindo que te preocupes por mí, pero estoy bien —aseguró, dirigiéndose sin más hacia su habitación, mientras que Sasuke solamente chasqueaba la lengua con molestia.

Después de ver que se quedaba solo, decidió meterse a bañar, no sin antes enviar un mensaje a Sakura para desearle unas buenas noches, se habían separado después de comer los cuatro juntos y quería estar seguro de que tanto ella como Hinata llegaron con bien a casa de Ino.

Dentro de su habitación, Naruto apagó todas las luces y se recostó, ni siquiera se cambió de ropa, solamente se quitó los zapatos. Sí le dolía el estómago, pero lo que más le dolía era el corazón. Era difícil ver a Hinata sin desear abrazarla y besarla como antes, como cuando estaban juntos.

—Hinata… —susurró, sacando su celular del bolsillo para buscar y revisar los mensajes que solían compartir, cuando ella era su amiga incógnita. Sonrió con amargura—. Debí darme cuenta que eras tú, soy tan tonto… nadie más que tú es así de linda —cerró los ojos y dejó caer el teléfono sobre el colchón, tal vez lo mejor era que intentara dormir.

—*—*—*—*—*—*—*—

—Gracias por acompañarme nuevamente, Tenten —dijo Lee, que estaba bebiendo agua de una botella para recuperar algo de fuerzas después de haber realizado con esfuerzo su rutina de ejercicios.

Los dos chicos estaban sentados en el parque, como ya era de noche, parecía una hora poco adecuada para ejercitarse, pero eso era algo que a Lee nunca le había preocupado, además, Tenten no tenía problemas en acompañarlo.

—No fue nada, fue divertido —respondió la castaña, que estaba sentada a su lado, ambos en una banca, bajo la luz de un foco—. Aunque creí que preferías la compañía de Neji —agregó, mostrándose ligeramente molesta.

El pelinegro se atragantó mientras bebía agua, así que empezó a toser escandalosamente.

—¡Lee! —Tenten se apresuró a darle golpecitos en la espalda, tratando de ayudarlo—. ¿Te encuentras bien? Oye —hablaba mientras lo auxiliaba.

El chico, recuperando poco a poco la compostura, se secó las comisuras de los labios con el dorso de la mano, le puso la tapa a su botella y la dejó a un lado, sobre la banca.

—¿Por qué dirías algo como eso, Tenten?

Avergonzada porque seguramente no iba a poder inventar una buena mentira, Tenten se sonrojó levemente y miró sus pies, abultando ligeramente los labios.

—El otro día los vi aquí, escuché que hablaban sobre mí —respondió, era inútil que no dijera la verdad o que tratara de salirse por la tangente, esas cosas no funcionaban con Lee—. Oí como decía que no quería verme, ese idiota…

—Pero él no lo dijo por lo que crees —intervino rápidamente el chico, ganando la atención de su amiga, que lo miró con ojos curiosos—. Neji tenía miedo de hacerte sentir incómoda, cree que lo odias y que no quieres verlo ni por accidente.

Ofuscada, la castaña se cruzó de brazos y frunció el ceño.

—Pues tiene razón.

Al escucharla, Lee dejó escapar una instantánea carcajada.

—Claro que no, no digas eso, tú no lo odias, o al menos eso veo, pero sí continúas muy dolida por lo que sucedió entre ustedes.

Todavía con su expresión de enojo infantil, Tenten volteó a verlo y frunció aún más los labios —¿Ahora te dedicas a dar consejos de vida? ¿O solamente es un pasatiempo?

Lee se encogió de hombros.

—Sólo digo lo que veo, no entiendo por qué hay tanto drama entre ustedes dos —contestó Lee, mientras se echaba un poco para atrás en su asiento—. Honestamente, es un poco incómodo que siempre deba pasar tiempo con uno o con otro, pero no con ambos, es como so mis padres se hubieran divorciado.

—Pff —la chica se empezó a reír, ahora que Lee lo mencionaba, eran exactamente eso lo que parecían, dos padres divorciados que se pasaban a su hijo de una casa a otra, porque ellos no toleraban pasar ni un minuto el uno frente al otro—. Creo que tienes razón —admitió, bajando la mirada—. Quisiera no portarme así, pero no puedo evitarlo, cada vez que veo a Neji recuerdo lo que me hizo pasar y… de verdad no puedo olvidarlo….

Su amigo asintió con la cabeza, aunque alguna vez se había enamorado, realmente nunca fue algo tan serio como lo que sabía que sentían esos dos, así que no podía comprenderlos del todo, lo único que realmente le importaba es que ambos eran sus amigos y que no quería ver sufrir a ninguno de los dos.

—Deberían intentar hablar, ya pasó algún tiempo y es probable que no hayas olvidado todo, pero es cuestión de poner de tu parte para superarlo. Neji tampoco quiso lastimarte, pero sabemos cómo es él —decía Lee, llevándose una mano a la nuca, un poco avergonzado por tener que ponerse en la posición de reconciliador, no era algo que le gustara, pero no le quedaba de otra.

Tenten no le contestó, solamente bajó la mirada una vez más, asintiendo con la cabeza.

—*—*—*—*—*—*—*—

—Ino, ¿verdad o reto? —preguntó Sakura, poniendo una expresión ligeramente pícara en su rostro.

Desde hace un rato se habían puesto a hacer juegos, Matsuri se había negado al principio, pues cada cosa que se les ocurría jugar a sus amigas implicaba beber, aunque al final no logró quedarse fuera.

—Reto, por supuesto —dijo la rubia, que ya se había bebido un par de tragos hace algunas rondas—. No le tengo miedo a nada, frentezota.

Sakura amplió más su sonrisa, mientras Matsuri y Hinata se miraban la una a la otra con miedo y Sari solamente aplaudía como la ebria que estaba hecha esa noche, riéndose de cada payasada de sus amigas.

—Bien, llama a Sai aquí mismo, ponlo en altavoz y dile algo subido de tono.

Al escucharla, Ino se empezó a reír a carcajadas —Creí que me pedirías algo más difícil —se burló, levantando su celular para marcar al número de su novio, aunque era tarde, él no tardó en responderle.

¿Bueno?

—Saaaai, amor —habló la rubia, haciendo voz melosa, las demás solamente se aguantaban la risa o trataban de contener la risa de Sari—. Oye, estaba aquí pensando en que me gustaría mucho que vinieras a mi casa para hacerme…

Mientras Ino describía muy gráficamente las cosas que quería hacer con su novio, Sakura se cubría la boca para no reír y Sari era contenida por Matsuri y Hinata, ambas con los ojos muy abiertos por la vergüenza de lo que acababan de escuchar.

Del otro lado de la línea hubo un pequeño momento de silencio, hasta que Sai volvió a hablar.

Ya veo, estás jugando alguna clase de enfermizo juego femenino con las chicas, ¿no? Aunque si no es así, podría ir ahora —el rostro de Ino enrojeció un poco—. Sólo bromeo —se escuchó reír a Sai—. Bueno, quién sabe.

—Qué aguafiestas eres, Sai —le dijo Sakura, colgándole la llamada.

—No es fácil engañarlo —comentó Ino, encogiéndose de hombros.

—¿En serio hacen esas cosas? —cuestionó Sari, que ya estaba un poco más tranquila—. Debí suponerlo, tienes esa cara de que haces de todo —añadió, apuntando a la rubia, quien no se sintió para nada ofendida.

—¿Envidia?

Sari frunció los labios en un puchero y luego se cruzó de brazos —Sí —confesó, haciendo que todas rieran.

—Bueno, te toca, Matsuri, no creas que te irás sin hacer o decir algo vergonzoso —dijo Ino, apuntando a la chica, que hasta ese momento se había salvado de ser el centro de atención.

La castaña se sonrojó de inmediato, no quería saber en qué se iba a meter.

—B-bueno, elijo verdad —respondió, ni loca le pediría un reto a ese par de psicópatas, no quería imaginar qué cosa tan atroz le pedirían que hiciera.

—Mmm —Ino se cruzó de brazos, cerrando sus ojos y pensando en qué le podía preguntar, era obvio que tenía que ser alguna cosa relacionada con Gaara, para asegurarse de que fuera bochornoso—. Bien, tienes que contarnos cómo fue tu primera vez, no omitas detalles.

—¿Por qué eso? —Matsuri frunció el ceño, no quería hablar de temas íntimos de este modo, era demasiado para alguien como ella.

—A mí me parece bien, nunca nos contaste cómo había sido —opinó Sakura, asintiendo varias veces con la cabeza, mientras Sari se reía.

—Yo los escuché, fueron muy ruidosos.

La cara de Matsuri enrojeció completamente con esa información, mirando a Sari con los ojos muy abiertos, totalmente avergonzada.

—¡¿Cómo que nos oíste?!

Hinata se cubrió la boca con una mano para ahogar una expresión de sorpresa.

—Bueno, solamente fue el final, no te sulfures —dijo la castaña de cabello largo, agitando su mano como si el asunto no tuviera real importancia—. No es como que haya visto algo, de todos modos.

—Bueno, ¿vas a contar o no? —insistió Ino, tomando un vasito de alcohol que estaba sobre la mesa—. Si no lo haces, tendrás que beber.

Sin pensarlo dos veces, Matsuri le arrebató el vasito de las manos y bebió de un sorbo todo el contenido, sintiéndose mareada al instante, pero prefería eso que confesar cosas tan vergonzosas como lo había sido su primera experiencia junto a su novio.

—Aish, qué aburrida, entonces tú, Hinata —esta vez, Ino apuntó a la ojiperla, la cual se señaló a sí misma con su dedo índice—. Vamos, cuenta cómo fue.

—Ahora que lo mencionas… —Sakura tomó la palabra, mirando a su amiga con curiosidad—. Hinata, es verdad, nunca nos has contado nada sobre eso.

La joven Hyûga bajó la mirada, negando con la cabeza.

—N-no, yo no… —mientras hablaba, sus mejillas iban tomando más y más color sonrosado—. Yo nunca he estado con nadie.

—¡¿En serio?! —exclamaron las otras cuatro chicas al mismo tiempo, bastante sorprendidas, aunque Hinata no hablara de ese tipo de cosas, todas asumían que ya habría compartido ese tipo de experiencias con su novio, pero parecía que no era así en absoluto.

Por su parte, Hinata solamente asintió con la cabeza, un poco cohibida, preguntándose cómo se sentiría aquello, sus amigas solían decir que era algo increíble estar con la persona amada, pero ella… ¿Con Toneri? No lo podía imaginar, ni siquiera se le había pasado por la mente hasta ahora.

—*—*—*—*—*—*—*—

Era algo tarde cuando Gaara regresó a casa, estaba muy cansado y no llevaba el mejor humor, debido a lo ocurrido con el estúpido nieto de la abuela Chiyo, durante todo el tiempo que el tipo permaneció en la tienda fue muy grosero con él y con la anciana, por no mencionar que lo miró a cada momento por encima del hombro, ¿quién se creía que era?

—Estoy muerto, tomaré una ducha y a dormir —dijo mientras abría la puerta del departamento. Cuando entró, se topó con Sasuke, que estaba saliendo desde el baño hacia la sala, secándose el cabello húmedo con una toalla pequeña—. ¿Y Naruto?

Sasuke frunció ligeramente el ceño.

—No se sentía muy bien, dijo que le dolía el estómago, así que se fue a dormir.

—Seguro es porque lo único que colé es ramen —Gaara suspiró, ingresando a casa y cerrando la puerta detrás de su espalda—. Qué alivio que mañana no haya clases, me duele todo el cuerpo.

—Me imagino —Sasuke comenzó a caminar hacia su cuarto, todavía secándose el cabello—. Si aún no has cenado hay algo de sobras en el refrigerador —indicó antes de atravesar la puerta de su habitación.

—Claro, gracias —contestó el pelirrojo.

Rápidamente fue a su cuarto, sacó ropa limpia para dormir y unas toallas secas, sus artículos personales de aseo y se dirigió al baño. Se desnudó rápidamente para meterse bajo la ducha de agua tibia, era relajante como las gotitas temperadas caían sobre su espalda y su cabello, sus músculos tensos comenzaban a sentirse más sueltos.

Cuando terminó, se secó bien el cuerpo y se vistió, saliendo del baño luego de un rato. Fue hacia la cocina para buscar las sobras de las cuales le habló Sasuke, entonces notó que su celular –que había dejado sobre la mesa antes de meterse a bañar– estaba sonando, así que lo tomó con prisa, pues ese era el tono exclusivo que usaba para el número de su novia.

—Matsuri, ¿todavía no has ido a dormir? —preguntó nada más contestar, pero solamente recibió silencio—. ¿Matsuri? —insistió, frunciendo el ceño.

Gaaraaaa-kuuun —escuchó del otro lado, la voz era gangosa y arrastraba las letras de su nombre como si se tratara de voz robótica de Loquendo—. Gaara-kun, te extraño, ven a vermeee.

Gaara se despegó el teléfono de la oreja, lo miró extrañado durante un par de segundos y luego lo regresó a su lugar.

—¿Estás ebria? No me digas que Ino te dio de beber.

La risa risueña y divertida de Matsuri no se hizo esperar.

Nada más bebí tantito, Gaara-kun, pero ya no quiero más —se le oyó sollozar, como si de pronto quisiera ponerse a llorar—. Quiero estar contigo, ven a vermeeee, hip, andaaa, te daré una sorpresa.

Gaara suspiró, esta no era la primera vez que algo así ocurría, dejar a Matsuri junto a Ino y las demás era un verdadero peligro, con lo poco que ella toleraba el alcohol, era muy fácil que terminara ebria.

—Matsuri —Gaara se mantenía serio, aunque no podía evitar querer reír al imaginar lo tierna que seguramente se vería su novia en ese momento, con su carita de berrinche y sus mejillas sonrojadas—. Está bien, si te vas a dormir, prometo que iré a verte, ¿sí?

¿En serioooo?

—Sí, en serio, pero solamente si te duermes —aseguró, era como hablarle a una niña pequeña, Matsuri era bastante infantil cuando bebía de más—. Ve a descansar, ¿sí?

Miró hacia la ventana, las luces de la ciudad brillaban con fuerza, se preguntaba qué tanto tardaría si de verdad fuese donde estaba ella justo ahora.

Bueno, Gaara-kun, estaré esperando a que vengas a dormir conmigo, te quiero abrazar muy fuerteee —dijo Matsuri, que enseguida cortó la comunicación.

Gaara río levemente, ¿así que quería dormir con él?

—También quisiera hacer eso —murmuró, soltando un suspiro. Sabiendo que dormiría sin ella esta noche, no podía evitar la ansiedad que lo invadió con esa idea y anhelo de pasar toda la velada abrazado a ella.

—*—*—*—*—*—*—*—

Itachi llegó algo tarde a casa, su novia estaba sentada en el sofá cuando él atravesó la puerta, estaba viendo la televisión. Él se quitó el saco, lo colgó en el perchero junto a la puerta y luego se sacó los zapatos, calzándose unos más cómodos para estar dentro del departamento. Ella todavía no lo había visto, así que él se le acercó por la espalda, dispuesto a abrazarla, pero se detuvo cuando la escuchó sollozar.

Sorprendido, se dio la vuelta por el costado del sofá para pararse delante de ella.

—¿Izumi? ¿Qué pasa?

Sorprendida por la aparición tan repentina, Izumi abrió un poco sus ojos, limpiándose rápidamente las lágrimas.

—Itachi, no te sentí llegar.

—¿Qué ocurre? —el azabache se agachó frente a ella, atrapando una lágrima que rodó por su mejilla con el dedo pulgar—. ¿Alguien te hizo algo? ¿Por qué estás llorando?

La castaña negó con la cabeza, dejando salir una pequeña risita.

—No es nada de eso, solamente estaba viendo una película muy triste —explicó, señalando el televisor con su dedo índice—. Creo que me emocioné demás, es todo.

Al escucharla, Itachi frunció el ceño, se había asustado cuando descubrió que ella estaba llorando, pero no parecía ser nada serio, así que suspiró, se levantó y se sentó a su lado.

—Me alegra, pensé que había pasado algo —dijo tomando sus manos, mientras la miraba fijamente a los ojos, no estaba seguro, pero pudo notar una pequeña inquietud en su mirada—. ¿Estás segura de que sólo es eso? —insistió.

Izumi miró en otra dirección, era imposible engañar a los ojos tan agudos de Itachi, a veces era como si pudiera leerle la mente o predijera sus acciones.

—En realidad… —suspiró, mordiéndose el labio inferior—. Me siento un poco intranquila, pero no estaba llorando por ello, te juro que es verdad.

—Entiendo —el hombre asintió con la cabeza, acariciando el cabello de su novia, sin apartarle los ojos de encima—. ¿Me podrías decir qué es lo que te hace sentir así?

—No quisiera hablar de eso en este momento —dijo Izumi, apoyando su cabeza contra el pecho de Itachi, escondiendo y acurrucando su rostro ahí—. Solamente quisiera que me abraces, ¿se puede?

Un poco desconcertado e insatisfecho por no entender cuál era el problema, Itachi asintió con la cabeza, rodeando el cuerpo más pequeño con ambos brazos.

—Por supuesto —susurró, cerrando sus párpados—. Puedes contármelo cuando lo desees, mientras tanto, te reconfortaré.

—Está bien —Izumi sonrió, abrazándolo con fuerza y ganas, quizá no se atrevía a decirle qué era lo que le preocupaba, pero, sin duda, Itachi era todo lo que necesitaba para sentirse mejor.

—*—*—*—*—*—*—*—

Matsuri estaba durmiendo tranquilamente en la habitación que Ino le había prestado, las demás seguían despiertan, viendo una película y charlando, pero ella estaba ya descansando, o eso creía, pues pronto el susurro de alguien y el suave aliento sobre su cuello le hizo abrir los ojos lentamente.

—Querías que viniera, ¿no? —escuchó la voz de Gaara, quien se encontraba de pie a un lado de la cama, inclinado hacia ella, mientras le sonreía de forma seductora.

La chica parpadeó confusa, ¿acaso seguía medio dormida? Por si acaso, echó una rápida mirada a su alrededor, la puerta estaba cerrada, pero sentía el viento frío proveniente desde la ventana, ¿él había escalado y subido por ahí?

—Gaara-kun, ¿qué estás haciendo a…? —antes de terminar de formular su pregunta, sus labios fueron tomados de forma demandante. Ella no pudo negarse a corresponderle, permitiendo que el cuerpo de su novio se recostara sobre el suyo, atrapándola contra el colchón. Las manos de él no tardaron en recorrer su figura, sus piernas, sus caderas, parecía desesperado por tocarla—. G-Gaara-kun… —intentó llamarlo cuando él liberó el beso—. ¿Qué haces…? —preguntó, su respiración era agitada, su rostro estaba rojo y el corazón casi se le iba a salir por la boca.

Gaara la miraba fija e intensamente, como si quisiera leerle la mente, o como si intentara que ella leyera la suya.

—¿Qué parece que hago? —dijo él, repartiendo besos húmedos sobre el cuello de la chica, quien se mordió el labio inferior como respuesta, sentía que se estaba derritiendo bajo el calor que Gaara le proporcionaba—. Vine a hacerte el amor… —murmuró dentro de su oído, lo cual la hizo temblar de pies a cabeza.

—P-pero las chicas están abajo… —Matsuri se cubrió el rostro totalmente bordo de la vergüenza con las dos manos, mientras que Gaara bajaba sus besos desde su clavícula, dirigiéndose peligrosamente al nacimiento de sus senos.

De reojo, lo vio sonreír ladino.

—Entonces no hagas ruido —contestó con sorna, como si no le importara que fueran oídos o descubiertos.

Bueno, si a él no le importaba, a ella tampoco, ¿no? Rindiéndose ante su propio deseo, Matsuri lo jaló hacia ella y lo besó apasionadamente. Este momento se sentía como estar en el paraíso, como un hermoso sueño, uno del cual no habría querido nunca despertar.

—¡Matsuri, despierta! —la voz de su prima le hizo abrir los ojos de golpe, solamente para darse cuenta de que ahí no estaba Gaara y que ya ni siquiera era de noche, el sol se colaba sin piedad por la ventana, que estaba cerrada, por cierto.

—¿I-Ino-chan? —cuestionó, sorprendida—. ¿Qué hora es?

—Son más de las diez, te dormiste como un lirón y eso que apenas bebiste —respondió la rubia, que estaba parada junto a la cama. Riendo, se acercó a la ventana y abrió, dejando pasar un poco de aire fresco—. Por cierto, ¿qué estabas soñando? No dejabas de repetir el nombre de Gaara —el tono pícaro de su pregunta hizo que Matsuri se pusiera cual tomate maduro, recordando las imágenes del sueño que había tenido, que se sintió sumamente real.

—N-nada, me voy a bañar —dijo apenada, levantándose de su lugar para correr al baño.

No podía creer lo que había soñado, pero lo peor de todo es que estaba muy decepcionada de que nada de eso hubiese sido real, porque sí que quería haber estado con Gaara esa noche y todas las demás, incluso su subconsciente lo sabía mejor que ella misma.

Una vez que se bañó y desayunó junto a sus amigas, todas se despidieron. Tenía que preparar algunas cosas en casa, podía no tener clases hoy, pero el día siguiente sí que las habría y prefería adelantar todo ahora que tenía tiempo, aunque le dolía un poco la cabeza. Había pedido un taxi para que la llevara, a pesar de que Ino le ofreció a su chofer, ella prefirió irse por su cuenta, no quería molestar.

Iba sentada en el asiento de atrás, mirando por la ventana, mientras pensaba en el sueño que había tenido, todavía le avergonzaba recordarlo, ¿sería por la conversación de la noche anterior con las chicas?

—No puede ser… —susurró, soltando un suspiro.

En ese momento, desde atrás, sintió un fuerte golpazo contra el auto, el cual le hizo dar un salto y golpearse la cabeza contra el respaldo del asiento. No fue algo grave, pero sí muy doloroso, incluso sintió que se le nublaba la vista por un momento.

—¡Pero qué demonios! —exclamó furioso el chofer, bajándose del auto para ir a ver lo que había sucedido, pues un auto los había chocado desde atrás.

—¿Q-qué pasó…? —la castaña, confundida y asustada por no saber qué sucedía, intentó bajarse del auto, dejando dentro su bolso y su teléfono. Abrió la puerta justo cuando el último empezó a sonar, aunque ella no podía oírlo por el fuerte pitido que resonaba en su cabeza.

Vio al taxista discutiendo con el dueño del otro auto, algunos otros conductores se quejaban porque estaban ocupando la pista, pero Matsuri se sentía cada vez más mareada, hasta el punto que no pudo sostenerse en pie y cayó desmayada sobre el pavimento.

—¡Señorita! —el taxista se asustó al verla caer, al igual que el dueño del otro vehículo, si le sucedía algo a esa chica, sería su culpa, así que el hombre corrió a revisar su estado y se agachó junto a ella, entonces, cuando vio que alguien la estaba llamando, se apresuró a contestar para avisarle a esa persona—. Hola, disculpe, la señorita está desmayada, soy el taxista que la estaba llevando, tuvimos un accidente —explicó con desespero, escuchando a la otra persona asustada ante su noticia—. Sí, sí, enseguida —asintió, sacando su propio teléfono para llamar a una ambulancia.

—*—*—*—*—*—*—*—

Gaara se levantó tarde esa mañana, no había dormido del todo bien, estaba muy incómodo en la noche, así que se quedó hasta tarde viendo una serie para distraerse, hasta que le diera sueño. Cuando despertó se fue a desayunar, Naruto parecía que seguía enfermo, pero Sasuke desayunó con él.

Estaban los dos sentados a la mesa, viendo las noticias matinales, mientras comían un par de tostadas y bebían un poco de jugo.

—¿Naruto no comerá nada? —preguntó el pelirrojo, viendo a su amigo negar con la cabeza.

—Dijo que aún le dolía el estómago —respondió, soltando un suspiro—. Oye, hoy me toca hacer el lavado, ¿separaste tus cosas?

—Ah, sí —Gaara asintió con la cabeza, bebiendo un sorbo de jugo de naranja, se lo había recomendado el médico porque estaba algo falto de vitaminas. En eso, escuchó que su celular sonaba, no tardó nada en responder al ver que se trataba de Matsuri—. Buenos días, ¿ya llegaste a tu casa? —preguntó con una suave sonrisa, pero aquella expresión se borró rápidamente de su rostro—. ¿En dónde estás? Por supuesto, iré enseguida, tranquila.

Al ver que Gaara se ponía de pie como un resorte, Sasuke lo miró un poco preocupado, era evidente que algo había sucedido.

—¿Todo bien?

—Matsuri tuvo un accidente —explicó Gaara, por el tono de su voz, se oía desesperado—. Voy a ir a verla de inmediato.

Sasuke también se levantó de su asiento.

—Te llevo, dame cinco minutos para ponerme algo, así será más rápido —dijo el azabache, yendo hacia su habitación.

Gaara asintió con la cabeza, él ya se había vestido, pero Sasuke seguía en pijama, así que decidió esperarlo, era cierto que sería más rápido si se iban en el auto de su amigo, obsequio de sus padres, que más parecía un chantaje para recordarle que seguía siendo su niño mimado. Su amigo no tardó mucho en ponerse algo y los dos partieron al hospital en donde habían llevado a Matsuri, aunque ella le dijo que estaba bien cuando lo llamó, él no dejaba de sentirse preocupado, por eso, apenas llegaron, Sasuke se detuvo sin siquiera parquear.

—Ve, buscaré lugar en el estacionamiento y te alcanzo.

—Gracias —respondió Gaara, asintiendo con la cabeza para luego bajarse del auto. Entró apresurado al hospital, no sabía muy bien en dónde tenía que preguntar, así que se acercó a la recepción—. Señorita, mi novia tuvo un accidente y me dijeron que estaba aquí.

La enfermera lo miró y asintió con la cabeza, volviendo su vista a la computadora en donde estaba la información de todos los ingresados.

—Dígame su nombre.

—Matsuri Koyama —contestó el chico, sus manos temblaban del nerviosismo, recordaba lo sucedido hace dos años, el accidente de Matsuri, lo horrible que fue todo aquello, ella había sufrido demasiado y él no quería siquiera pensar en esas cosas otra vez.

—Sí, ella está aquí, le indicaré dónde puede ir a verla —la mujer le sonrió, tratando de tranquilizarlo, era bastante evidente que estaba muy preocupado.

Una vez Gaara obtuvo la información que necesitaba, se dirigió al ala correspondiente, ella estaba ingresada en urgencias, pero le habían dicho que estaba fuera de peligro, así que estaba mucho más aliviado. La sala de urgencias era grande y había muchos pacientes, todos divididos por cubículos que eran separados por cortinas blancas y muy gruesas. Gaara buscó la de Matsuri y corrió la cortina, la encontró recostada, con sus ojos cerrados y con una venda en su brazo derecho, también tenía una alrededor de la cabeza, pero no se veía mal.

—Matsuri —la llamó, tomando su mano con el brazo sano—. ¿Estás bien? ¿Qué pasó?

La chica abrió sus ojos y lo miró, mostrándole una sonrisa.

—Viniste muy rápido —respondió, se sentía muy feliz de verlo—. Estoy bien, Gaara-kun, el taxi donde iba fue chocado, me golpeé la cabeza y me herí el brazo, estaba un poco mareada por el golpe, pero parece que no fue nada grave.

—Tonta, me asustaste —Gaara se sentó a su lado, había una silla ahí, dejada para las visitas del paciente. Él afianzó su agarre con ambas manos y se inclinó hacia ella para besar su frente—. Qué bueno que estás bien, pensé que era algo peor, pero me alegra que no.

—Todo está bien, Gaara-kun —aseguró Matsuri, estirando su brazo herido para acariciar la mejilla de su novio, podía sentir que él continuaba temblando del nerviosismo y trató de calmarlo con eso, podía imaginar su angustia, porque si a él le pasara algo, ella estaría igual.

De repente, la cortina se abrió de golpe, llamando la atención de ambos.

—Matsuri, regresé, perdona la demora —dijo la voz masculina, aquella que Gaara reconoció enseguida, era ese estúpido sujeto que ayer lo había importunado en su trabajo y lo comprobó cuando lo miró.

Sasori también lo miró, los dos se veían con enojo, preguntándose qué hacía el otro ahí, con qué derecho estaba ahí junto a Matsuri. Se podía sentir la tensión en el ambiente, como si de pronto la temperatura hubiese bajado, lucía como un campo de guerra de un momento a otro.

—Oh, sempai —la castaña sonrió, la persona que la llamaba cuando tuvo el accidente era él, así que Sasori fue el primero en enterarse de su estado y la cuidó mientras estaba inconsciente, por supuesto, Matsuri apenas despertó, llamó a Gaara, mientras Sasori iba a conseguirse algo de comer.

Gaara frunció el ceño, apretando un poco el agarre de sus manos.

—¿Sempai?

Por su parte, Sasori se dio cuenta de que ese chico odioso estaba tomando las manos de Matsuri, pero ¿quién se creía que era?

—¿Y tú quién eres? —preguntó con molestia, casi con ira, estaba por pedirle a ese "aparecido" que soltara a la chica, pero la respuesta de Gaara lo dejó congelado.

—Soy el novio de Matsuri, ¿y tú?

¿Novio? Sasori no podía creerlo, ¿la pequeña y dulce Matsuri tenía novio?