Hola gente, P.B. aquí. Les dejo el capítulo 3 de esta historia. Les tengo que confesar algo: no soy alguien perfecto, me disculpo si esta historia tiene algún error de ortografía. Dicho esto me procedo a despedirme.

Gracias por leer este fanfic. Si tienen alguna reseña por favor déjenla, me encantará leerlas. Ninguno de los personajes de Junjou Romantica me pertenece. La finalidad de este fanfic es solamente entretener.

-P.B.

Cuando por fin regresé a mi apartamento no podía creer todo lo que había pasado. Todo esto era una locura, yo ¿saliendo con Haruhiko? ¿Qué acaso el mundo se estaba volviendo loco? No, el mundo no, yo era el que se estaba volviendo loco.

Estaba tan confundido que decidí irme a la cama de inmediato. No podía dormir, estaba repasando todo lo sucedido aquél día. No podía olvidarme del dulce rostro de Haruhiko. Tengo que admitir que era un hombre muy guapo. Era diferente a Akihiko pero guapo a su manera.

No podía dejar de pensar en mi nuevo novio, ¿novio?, esa palabra me dejó pensando, era cierto que acepté salir con Haruhiko pero él jamás me pidió que fuéramos novios. Tal vez eso era cosa mía e iba muy rápido con esta nueva relación. Después de lo que pareció una eternidad me dormí.

Soñé, soñé con Akihiko, volvía a soñar que me dejaba por Takahiro. En el sueño vi como ellos dos se hundían en su propio mundo de sensualidad y pasión. Todavía me dolía. Quería confrontar a Akihiko. Quería arruinarlos. Quería decirle todo lo que no le dije en todos estos años. Quería ver su reacción. Quería herirlo como él inconscientemente me hirió. No podía mas, cerré los ojos.

Cuando volvía a abrir los ojos aquellas personas que estaban ocupando la cama ya no eran las mismas. Aquellas personas eran diferentes y me asusté al reconocerlas. Esas personas que estaban en la cama éramos Haruhiko y yo.

Quedé en shock. Haruhiko y yo nos besábamos. Él acariciaba mi piel con sus grandes manos. Estaba bajo su control pero a pesar de eso se veía que él era muy gentil y amable con migo. Yo me veía muy feliz, eso fue lo que más me asustó.

Me desperté, era de madrugada. Después de ese sueño no me pude volver a dormir. Aunque me haya asustado ese sueño ya se había convertido en mi favorito. Nunca lo quiero olvidar.

Cuando uno se siente enamorado pareciera que el tiempo no pasa, pero la cruel realidad es que el tiempo sigue su camino, siempre hacia delante y nunca hacia atrás. Cuando me di cuenta de la hora vi que ya iba tarde al trabajo. Maldición, pareciera que todo lo que me pasa era culpa de los Usami, pero el tan solo pensar en Haruhiko me ponía un poco alegre.

Nunca pensé que yo fuera un tonto romántico, pero parece que esto estaba escondido muy dentro de mí.

El día en el trabajo transcurrió de una manera muy normal. Mi trabajo era uno muy monótono. Trabajaba como profesor suplente del departamento de literatura. Mi trabajo era tranquilo, excepto por aquel fastidioso profesor Miyagi que siempre me estaba molestando y provocando. Me traía vuelto loco. Hoy llego y me abrazó y me plantó un beso en la mejilla. Me puse hecho una fiera, él me hacía sentir que estaba traicionando a Haruhiko.

Oh Dios mío, que no se entere Haru de este maldito profesor. Esperen ¿Haru? ¿Acaso llame así a Haruhiko? Demonios, pensé toda la mañana en él que ya me siento familiarizado para llamarlo así.

Después de lo que hizo el estúpido de Miyagi el muy desgraciado se marchó riendo como si lo que me había hecho fuera una gracia. Maldito. Maldito mil veces.

El resto de la tarde me la pasé en el departamento de literatura. Miyagi podía ser un puerco y a mí me tocaba limpiar todo su chiquero. Estaba tan absorto en mis pensamientos que me asusté al oía el timbre de mi celular. Era Haru. Me hice un manojo de nervios, sentía mariposas en el estómago pero logré contestar al tercer timbrazo.

-Hola…- contesté

-Hola, amor- Oí al hombre que estaba llamándome

Cuando escuché el apodo tan cursi con el que me llamó me puse rojo, tan rojo que si hubiera cruzado la calle en ese momento los carros se detendrían pensando que soy una señal de vialidad. Me quedé mudo.

-Hola ¿Estás ahí?

- S… sí, contesté, hola Haru.

Haru, HARU. Había llamado a Haruhiko Haru. NO. Me quería morir. Si la torpeza fuera una flor, yo sería la primavera entera.

-Ha... Haruhiko-san, quise decir Haruhiko-san. No podía hablar de tanta vergüenza que sentía

Al otro lado del teléfono oí la suave y dulce risita de Haruhiko, esa risita que quería monopolizar.

-Me gusta que ya me tengas esa confianza. Apuesto a que tú cara debe de estar tan roja como un tomate. Mi gran y dulce tomate.

Oh Haru mío, ¿qué comes que adivinas?

-En fin, te llamo porque no puedo dejar de pensar en ti. Ya quiero verte otra vez.

No sé cómo logró escapar de mi boca pero lo que dije fue: "Ya quiero volver a soñar contigo."

Después de decir eso sentí hielo. Ya era hora de que la tierra me tragaba y que nunca más se supiera de mí.

-Eso suena muy interesante- rompió el hielo

-¡NO! Eso no fue lo que quise decir- traté de excusarme.

-Con solo unas palabras me has hecho tan feliz. Quiero verte, quiero verte esta noche. Ven conmigo, te invito a cenar.

No me dio tiempo de contestar ya que lo siguiente que me dijo fue un "te amo" y procedió a colgar. Yo creo que debería dejar de ser profesor y convertirme en payas. Con todas mis tragedias la gente pagaría por verlas y así en un santiamén sería tan rico como Haruhiko.

De golpe me di cuenta que tendría una cita con Haru. No estaba preparado. ¿Qué iba a hacer?

Oh Haruhiko, mi misterioso y romántico Haruhiko.