•
Noche
XXXVIII
— Pesadillas en el Santuario —
…
—¿Por qué ayudaste a Myū de Papillon?
Sentado en un trono de oro nada ostentoso, Haidee miró a su hermana de reojo mientras mecía sus dedos suavemente en el aire como si estuviese tocando una flauta cuando en realidad, no había nada sólido. De sus yemas, un cosmos dorado se manifestaba rodeándolos completamente. Por otro lado, su mirada, estaba puesta sobre un punto enfrente de él, atrás de su hermana; aunque por ratos la veía a ella, en espera de su respuesta.
Cruzada de brazos, Penélope no estaba interesada en ese punto a sus espaldas que entretenía a Haidee.
—No lo ayudé —respondió ella, seria.
—Le diste las memorias de Luciana para que él y el viejo traidor las pusiesen en la cabeza de Gateguard de Aries y debilitarlo. Ahora ambos están peleando aquí; contaminando este espacio con sus presencias violentas.
—Esa era la intención, ¿o no?
—¿A qué te refieres? Ya di lo que planeas.
—Te diré lo mismo que le dije a Athena: mi principal objetivo siempre ha sido joder lo más que pueda a nuestro padre —chasqueó la lengua, luego sonrió con diversión—, y creo que subestimas un poco a ese humano. Las memorias de Luciana no iban a dañarlo. ¿Acaso a ti no te ha demostrado ya, la fuerza mental que tiene?
Haidee no respondió a eso, pero su mirada dijo con claridad que tenía bien presente la fuerza de voluntad de Gateguard de Aries.
—¿Por qué le diste las memorias de Luciana al espectro Myū? Creí que no estabas de lado de Hades —dijo lo último con algo de recelo.
—Y no lo estoy.
—¿Entonces?
Penélope suspiró resignada.
—Quería que Gateguard la conociera bien antes de una segunda elección.
Haidee puso los ojos en blanco antes de hablar.
—¿Qué segunda elección? No entiendo lo que dices —al decir eso, él contrajo sus dedos, volviendo su mano un puño fuerte.
Un desgarrador grito masculino resonó en las paredes blancas de aquella habitación casi vacía. Sin sentir ni un ápice de compasión, Penélope le respondió a su hermano.
—Por si no lo recuerdas, hay dos santos de aries ahora mismo en este mundo —ella alzó una ceja—. Por ley, sólo debe haber uno.
—Aún planeas dejar a Avenir de Aries en el lugar de Gateguard. Él ya rechazó esa oferta una vez, ¿por qué crees que reconsiderará eso ahora que ya inició la Guerra Santa?
—Sólo sé que lo hará —dijo entre dientes alzando una ceja, no queriendo demostrar tan abiertamente que no iba a rendirse con eso con tanta facilidad.
Haidee la miró sin entender nada de lo que había oído. ¿Qué planeaba su hermana ahora?
—Explícate bien —pidió impaciente, haciendo tanta fuerza en su puño como le fuese posible.
Más gritos resonaron al mismo tiempo que los ojos dorados del dios se tornaron rojos por breves instantes; una clara amenaza hacia Penélope, quien no se inmutó.
—¿Qué piensas hacer? —insistió.
—¡Ay, vamos! No es nada de lo que te debas preocupar, tranquilo; yo me encargaré de todo.
—La verdad, preferiría que no te entrometieses más.
—Ya veremos —sonrió—. Aunque, quisiera pedirte un favor, hermanito. Si me lo permites… —divertida, echó una mirada de reojo por encima de su hombro—, ¿puedo tomar prestado a tu… juguete por un rato?
Eso claramente a Haidee no le agradaba siquiera considerar.
—¿Para qué?
—Ay, qué más da; no seas envidioso. No morirá. Lo prometo.
Como cuando eran apenas unos niños, hace ya muchísimos años, Penélope le rogó juntando sus manos encima de sus labios, haciendo la mirada más tiernamente falsa que pudo, y aun así, logró sacarle un suspiro de resignación a su hermano.
—De acuerdo.
Ella sonrió con verdadera efusividad al mismo tiempo que Haidee dejaba de manifestar su cosmos.
Un cuerpo cayó al suelo, y no se preocuparon porque se fuese a levantar e intentar huir, o hacer nada.
Sin brazos ni piernas… y mucho menos una conciencia, ¿cómo iba a correr?
—Te lo regresaré pronto… con pocos rasguños.
Penélope se dio la vuelta con la intención de tomar el cuerpo aún vivo, pero la voz de su hermano la detuvo.
—Espera.
—¿Sí?
—¿Sabes si Luciana ya le dijo todo a Aileen? —preguntó Haidee posando su mentón sobre el dorso de la misma mano que había estado usando para manipular a su total conveniencia los sueños de su propio prisionero, el cual, jamás, jamás despertaría.
—Ya lo hizo —respondió Penélope, ya más seria—. Ella aún está asimilándolo; y Luciana no está mejor. Dales tiempo.
—Tiempo —suspiró él—, nuestro padre nos quitó mucho tiempo a nosotros. Pero creo que no le costará mucho devolvérnoslo. Bastará con un poco de su sangre.
Ahora era Penélope la que no entendía.
—¿Sangre? ¿Piensas hacerlo sangrar? —musitó Penélope sorprendida—, sabes qué pasará si intentas atacarlo.
—No pasará nada si él sangra por algo más que no sea yo.
—Espero que tengas un buen plan; porque si intervienes directamente en su lucha contra Athena…
—Ya no le tengo miedo a nuestro padre, hermana. Aquellos años viviendo encadenado por sus estupideces me quitaron ese sentimiento —gruñó entre dientes—, pero, me dieron tiempo para analizar y verificar algo de suma importancia también.
—Qué es… —dijo ella incitándolo a continuar.
—No sé si lo has notado, pero para servirle a Hades, él mismo, quizás sin darse cuenta disminuyó su propio poder a modo que Hades no se sienta acomplejado por tener a un igual ayudándolo en lugar de un sirviente.
—Thánatos y nuestro padre nunca fueron tan fuertes como Hades, pero de igual forma son poderosos.
—Eso es cierto, pero no eran tan débiles como lo son ahora. En serio, ¿no te has dado cuenta?
—¿Mmm?
—Cada vez que él despierta de la misma prisión, es más débil. Pero está tan confiado en que los seres humanos jamás le dañarán, porque al igual que Thánatos, él usa su verdadero cuerpo para pelear, que ni uno ni otro se ha percatado de que cada vez que pelean contra Athena, en su arrogancia y deseo por humillarla, olvidan completamente que, por ley, su fuerza va en descenso con cada encuentro gracias al decreto que el gran Zeus impuso sobre no pelear entre dioses.
—Por eso Athena y Hades usan recipientes humanos —pensó Penélope en voz alta—. No tienen las mismas fuerzas que si usasen sus cuerpos reales, pero sus poderes no disminuyen cuando terminan; porque esos cuerpos terminan muriendo. Y es porque ellos han estado orquestando sus batallas usando esos cuerpos mortales. Estos al caducar y al liberar sus almas, permiten que estás vuelvan a sus cuerpos originales por otros doscientos años, donde pueden recobrar esa fuerza que perdieron, y hasta aumentarla con cada reencarnación.
—Así es. Athena y Hades son bastante listos. Pero nuestro padre y nuestro tío, al parecer, no.
—Todo eso da igual. Nuestro padre sigue siendo muy fuerte —insistió Penélope—, más que nosotros.
—No lo creo. No somos menos dioses que él aunque nuestro cargo sea inferior. Y… "muy fuerte" no quiere decir "invencible". No por nada ha sido encerrado una y otra vez por los seres humanos con la ayuda de Athena, durante siglos. Él podrá ser un dios, más fuerte que nosotros, hermana, pero no es una deidad primordial. Su muerte, y menos aún, su presencia, no da y no quita nada al mundo. Nosotros, sus hijos, ya hacemos su trabajo con los sueños. ¿Para qué el universo lo extrañaría a él?
—Sabes bien que no es tan fácil. En verdad, tú… ¿planeas matarlo?
Haidee sonrió de lado.
—¿Matarlo? No. No soy tan tonto —sus ojos brillantes en rojo se desviaron al pedazo de carne en el suelo—. Además, la muerte es libertad. Yo no busco eso para nadie que odie.
—Eso ya lo noté. ¿Entonces? ¿Cuál es tu plan?
—Primero dime qué planean tú y Athena con Gateguard y Avenir de Aries.
—¿Y por qué crees que Athena tiene algo que ver con lo que yo planeo? —preguntó Penélope sonriendo.
Ambos se sostuvieron las miradas sin parpadear.
—Llámalo: intuición —respondió Haidee.
…
Avenir de Aries no podía creer el caos que se había desatado de un momento para otro en el pueblo de Rodorio. Así como tampoco podía creer quienes eran los responsables de ese mismo desastre.
En retrospectiva…
Aquella mañana Avenir se había despertado con cierta pereza, luego se había despejado lo suficiente para ir en busca de alimentos para la casa de Hakurei de Altar, que era su refugio temporal hasta saber con más exactitud qué iba a ocurrir con él.
Por mucha indignación que le diese; al parecer, tendría que abstenerse de participar de algún modo en esta guerra santa.
En principio. La Athena de este mundo, le había dicho a Avenir que Crono se mantenía en silencio ante sus llamados, pero estaría atenta si la entidad llegaba a manifestarse de alguna forma. Ella por sí misma no podría devolverlo a su mundo, y menos a su época exacta sin la ayuda del titán ya mencionado, porque, para empezar, Athena no era omnipotente así que no sabría a dónde mandarlo, y entre intentos, sus poderes podrían verse afectados, lo que en resumen, podría significar un grave problema si Hades llegaba a manifestarse.
Avenir entendía esa posición, y por más molestia y/o impotencia que sintiese, también entendía que no podía exigirle nada a la Athena de este tiempo si es que la deidad que lo había metido a él en este sitio, ya no estaba cerca.
Él por sí mismo seguía quebrándose la cabeza acerca de cómo podría volver a su propio universo y descubrir la forma de derrotar a ese Hades ahí.
Aunque en el fondo quisiera también ser útil en este sitio, Avenir pensaba que su presencia no era necesaria ya que aquí ya existía un santo de aries, Gateguard. O bueno, al menos sabía que él aún existía porque desde que aquella deidad menor se fue con la mujer civil, Avenir no había vuelto a ver a Gateguard.
Por lo poco que sabía, gracias a los gemelos albinos, era que la mujer humana que él había visto irse con la deidad que lo había involucrado a él en esto, tenía su propia historia con Gateguard, lo que le dejaba en claro que no se había equivocado cuando detectó que su contraparte de Aries, se había enamorado.
Al parecer Hakurei no tenía en claro si ya había ocurrido algo serio entre ellos o no, pero era evidente que Gateguard sí mostraba un profundo afecto hacia esa mujer, y por lo mismo, su partida le afectó.
Avenir desconocía si esa aparente tristeza era la que había mantenido a Gateguard encerrado en su templo o no, pero lo que sí sabía era que esa emoción no tendría que ser lo único que le impidiese al pelirrojo volver a sus actividades diarias; ¿será acaso que tenía órdenes de no abandonar la casa de aries? ¿Sería algo más?
Por otro lado, desde que Avenir llegó, hace ya casi 3 semanas, él reconocía que le había costado mucho acostumbrase a su entorno. Había cosas casi iguales a las que recuerda de su propio universo, pero las diferencias siempre estaban ahí recordándole que estaba muy lejos de su casa; para empezar, muchas personan que él recordaba, ya no estaban, y en su lugar, había otras.
Bueno, si había cambiado de dimensión, eso tenía sentido.
De su mundo, no recordaba a ningún Hakurei, Sage, Aeras ni Gateguard. Ninguno de ellos estaba en su mundo, y si estaban quizás él no los recordaba porque nunca los había notado dado a que ellos no habían sido elegidos por el destino para ser santos; eso al menos en el sitio que Avenir recordaba.
Tal vez, por suerte, Avenir tampoco se había encontrado a sí mismo en este mundo. De hecho, por varios días él temió dar la vuelta en alguna calle y ver a otro Avenir.
Por muchos días, las cosas no cambiaron mucho.
Quizás no había tenido mucha suerte haciendo "buenas migas" con Gateguard cuando recién se conocieron, pero con Hakurei y Sage las cosas fueron un poco diferentes; ambos se presentaron con él y lo pusieron al tanto de varias cosas, entre ellas, la ya mencionada relación de Gateguard con la mujer llamada Luciana; además de los oniros (los hijos del dios del sueño, Hýpnos) y por último, lo que le relacionaba a él con todos ellos.
«Esa diosa me extrajo de mi universo para ser el sustituto de Gateguard en este» no le costó mucho creerse eso, la diosa Penélope se lo había dicho en su cara el día que se llevó a esa mujer a quien sabe dónde.
Gateguard desde entonces había estado recluido en Aries, supuestamente en castigo por haber desobedecido órdenes, o algo así.
Y volviendo a lo mismo. ¿Tres semanas, encerrado en sus aposentos, como castigo por desobedecer órdenes? ¿Qué clase de castigo era ese?
Avenir no era experto en el tema y por muy distinto que sea su universo de este, era de ley básica que los castigos usualmente fuesen infringir dolor físico. Aquello no era algo normal, y al parecer no era el único que pensaba en eso. Sage y Hakurei también consideraban extraño que el pelirrojo no se haya manifestado en varios días y poco se supiese de él. Continuamente Sage se quejaba porque no era nada habitual que Gateguard faltase a los entrenamientos; menos con la guerra tan cerca.
Si realmente Gateguard estaba siendo castigado, ¿por qué no se le había visto haciendo algún tipo de trabajo forzado o por lo menos dando alguna señal de vida?
Hace poco, por Sage, Aeras y Hakurei, él supo que Gateguard había estado indispuesto; algo relacionado a su salud del sueño, otra vez; y aunque el Patriarca mismo hace poco dijo que ya estaba mejor, seguía sin vérsele por ninguna parte.
¿Gateguard al menos comería? ¿Qué hacía todo el día en Aries?
Otra cosa que Avenir quería destacar era lo que más preocupación le daba:
El Patriarca.
Había que empezar diciendo que el Patriarca de este lugar distaba mucho del de su mundo.
Para empezar, apenas estuvieron solos en los aposentos del santo mayor, luego de su primera plática con Athena, este, con toda la frialdad del mundo le había dicho a Avenir que la casa de aries no era su templo, y ahora viviría con Hakurei, hasta devolverlo por donde había venido.
¿Por qué Avenir no podría quedarse con Gateguard en alguna de las habitaciones vacías?
Bien, Avenir entendía que esta casa de aries ya no fuese su templo, pero, ¿por qué negarle cualquier tipo de acercamiento?
Gateguard y él ya se conocían; y si bien, no habían iniciado con el pie derecho, podrían tener algunas cosas en común. Avenir entendía que el tipo no era un mal sujeto; sólo estaba un poco loco. Y quién sabe. Tal vez dos santos de aries en esta guerra santa fuesen mejores que uno solo.
No debía acercarse a aries y ya.
Esas eran las órdenes que recibió a pesar de que Avenir ofreció su ayuda de buena fe aunque en teoría no tendría por qué hacerlo ya que este no era su hogar.
Hasta cierto punto, Avenir entendía la desconfianza. Pero… el tono roñoso con el que el Patriarca se lo dijo era lo llamativo. Incluso su mirada hacia él era de completo desdén. Y vale, Avenir sabía que no podía caerle bien a todo el mundo, ¿pero acaso no se supone que el Patriarca debía ser gentil y amable con todos los santos de Athena o por lo menos cordial?
Este Patriarca parecía odiarlo de primeras. Lo rechazaba como si fuese un leproso. Y ni siquiera se conocían.
¿En serio no importaba si en su otro universo Avenir era un santo dorado?
¿Qué diablos significaba esto?
¿Acaso creían tener el suficiente poder por sí mismos que se negaban a aceptar su ayuda? Una ayuda que, por cierto y repitiendo, Avenir podría negarse a darles siendo que este no era el universo que él juró proteger.
El Patriarca de este mundo se lo dejó muy claro. No lo quería merodeando por ahí; menos por la casa de aries.
¿Por qué?
»En tu mundo tú podrás ser quien tú quieras… —de nuevo, su tono ronco casi iracundo le dio mala espina a Avenir—, pero aquí, Gateguard es el santo de aries. Athena ha aceptado tu existencia por lo que no me opondré a su decreto, pero si quieres vivir aquí, tendrás que acoplarte y hacerse a la idea de que tu papel en esta guerra será nulo.
No mínimo ni secreto, de plano, nulo.
Sonaba a una locura.
Sonaba extraño… y bastante sospechoso.
Eso era algo que él no supo si estaría bien decírselo a alguien, y menos en un mundo desconocido donde cualquiera podría ser un enemigo traidor, pero al final Avenir terminó confiando en Hakurei y compartió su preocupación con él.
»¿Siempre es así de encantador? —le había preguntado Avenir a Hakurei, luego de que el Patriarca le ordenase mantenerse a bajo perfil o no tendría tanta suerte como Gateguard si también desobedecía sus órdenes.
»Me cuesta creer que él te haya dicho todo eso —expresó Hakurei sorprendido.
»Tal vez se deba a que técnicamente soy un forastero vistiendo una armadura dorada duplicada —comentó divertido, tratando de no tensar más el ambiente.
»No lo sé —Hakurei había respondido con un semblante pensativo.
Pero esa conversación entre ellos dos quedó ahí.
Él no era ningún estúpido. Y observador como siempre ha sido, Avenir se dijo en sus pensamientos que quizás este Patriarca estaba usando dos caras; una con él y otra con sus propios santos.
¿Cuál sería la verdadera? Y lo más importante, ¿en verdad este Patriarca no quería que Avenir se inmiscuyese en la guerra porque no confiaba en él o porque quería ocultar algo que sólo un santo sin ningún tipo lazo afecto hacia su persona pudiese descubrir sin miedo a encararlo por ello?
Avenir sabía el alcance y el poder que tenían los lazos emocionales. Y él mismo reconocía que si su propio Patriarca hubiese actuado tan raro como este, quizás, como Hakurei, él tomaría una actitud un poco escéptica ante lo que un extraño le dijese.
Si este Patriarca como otros pocos en el pasado, estaba planeando algo turbio, más ahora que estaba a punto de explotar la guerra santa, ¿acaso no sería lo conveniente tratar de alejar a un tercero que pudiese desconfiar de sus acciones?
Cuando lo pensó en frío, Avenir se dijo que, en definitiva, no confiaba en ese tipo.
El Patriarca de este mundo no era en nada parecido al que Avenir conocía. Y no se refería al carácter o a la apariencia. Aquel a quien Avenir servía, para empezar, nunca tuvo una mirada ni un aura tan pesada como la del Patriarca Itiá.
No quiso decírselo a nadie, pero el Patriarca Itiá le había dado un muy mal presentimiento.
Lejos de su trato hostil, el anciano le daba la sensación de estar contaminado por la oscuridad de alguna forma; y eso, su propio Patriarca (qué en paz descanse) le había dicho que eso era un muy mal presagio.
»Da igual qué hombre o mujer sea; si tiene esa oscuridad en sus ojos, ten por seguro que su alma no estará muy diferente.
Curioso. Su propio Patriarca le había dicho cómo identificar la oscuridad que años después encontraría en los ojos de otro Patriarca.
Avenir se mantuvo alerta y a bajo perfil en los últimos días, pero no se mantuvo ignorante de su entorno. Había guardado bien su armadura y si alguien preguntaba, él sólo era un aspirante a santo más. Un muy talentoso aspirante que era capaz de ganarle a cualquier otro que quisiera enfrentarlo aunque sea en un entrenamiento.
Eso claro hasta que, lo malo, eventualmente ocurrió.
Faltaba un poco para el atardecer cuando él se encontraba dando un paseo por el pueblo con una canasta en manos y un pequeño saco de monedas adentro de uno de los bolsillos de su pantalón desgastado; el cual fue prestado por Hakurei.
Sus instintos le hicieron reaccionar rápido, convocando el "muro de cristal", impidiendo que una explosión se llevase al hades a muchas personas.
Con su cuerpo protegió a la anciana que le había estado atendiendo en el puesto de frutas, y aunque casi todas ellas salieron volando, la mujer mayor al menos estaba ilesa.
—Gracias, joven —dijo ella asustadísima, apenas incorporándose, ayudada por Avenir; que le sonrió y le dijo que se escondiese.
Muchas personas gritaron y se alejaron lo más posible; para cuando Avenir llegó corriendo hasta donde se oía el alboroto, notó con sorpresa cómo Hakurei y Gateguard peleaban a puños cerrados usando sus respectivas armaduras.
—¿Pero qué…? ¡Oigan! —exclamó acercándose a ellos.
Avenir esquivó escombros, miró como Gateguard lograba darle una patada al abdomen de Hakurei, lanzándolo contra un puesto de pescados.
—¡Gateguard! —gritó Avenir al pelirrojo, que, al verlo, no dudó en atacarlo también a él—. ¡¿Qué diablos?!
Esquivando sus ataques, Avenir estuvo a punto de atacarlo también, pero la voz de Hakurei le impidió hacerlo.
—¡Está siendo controlado! ¡Gateguard no está haciendo esto por su voluntad! ¡De hecho, parece que se está conteniendo! ¡Hay que buscar la forma de pararlo!
«¡Claro, y mientras eso pasa, nosotros nos quedamos sin energía y la gente alrededor corre peligro!» pensó Avenir deduciendo que si sólo se centraba en esquivar, las cosas no iban a estar bien para él ni para nadie que estuviese cerca.
—¡Creo que tengo una idea! —gritó Hakurei—. ¡Mantenlo entretenido!
Gateguard logró darle un puñetazo en la mejilla, Avenir reaccionó dando una vuelta completa, pateando su cabeza con más fuerza, lanzándolo lejos en otro establecimiento de madera, la cual se rompió por completo bajo la espalda del santo pelirrojo.
—No hay problema —dijo Avenir sintiendo adolorida su mejilla afectada; pero decidido a no mostrar dicha debilidad.
—¡No lo lastimes!
—¡No prometo nada! —exclamó convocando su propia armadura dorada, la cual lo cubrió por completo al instante en un resplandor—. ¡Apresúrate con lo que tengas que hacer!
Con una cara de póker, Gateguard salió de los escombros al mismo tiempo que Hakurei se perdía de su vista.
Sea lo que sea que se le haya ocurrido al santo de plata, ojalá funcionase, porque a diferencia de él, Avenir no tenía un lazo amistoso con Gateguard; al menos no uno lo suficientemente fuerte para preferir ser pisoteado por él a matarlo en defensa propia.
«No hay otro modo» pensó Avenir convocando su poder al máximo.
Gateguard iba a atacarlo nuevamente, pero Avenir reaccionó más rápido, convocando un muro de cristal para encerrarlo. El cuerpo del pelirrojo chocó de cara contra el muro, y de su nariz salía mucha sangre.
«Creo que Hakurei tenía razón; su cuerpo está siendo manipulado por alguien. Si actuase por voluntad propia, no lo habría podido encerrar tan rápido y fácil» se dijo viendo cómo Gateguard no se inmutaba ante el dolor que debería significar tener la nariz rota y la frente rojiza.
Imperturbable, y tocándose la nariz para reacomodarla en su sitio, sin dejar de sangrar, Gateguard miró el muro de Avenir y se preparó para atacar con su propio cosmos en respuesta.
Se sentó sin dificultades en el suelo, reuniendo poder, el suficiente para romper la técnica de Avenir, la cual, gradualmente iría consumiendo el poder del santo de cabello blanco, quien le miraba de vuelta, comenzando a planificar lo que haría cuando se quedase sin poder y Gateguard reuniese el suyo propio para ser libre otra vez.
«Seguro usará Revolución de Polvo Estelar» predijo Avenir esperando que Hakurei volviese antes de eso—. Gateguard —espetó Avenir con fuerza—, si quieres vivir, será mejor que busques la forma de recuperar el control sobre tu propio cuerpo.
Las figuras de Gateguard y Avenir brillaban en dorado. Pero uno estaba reuniendo energía para lanzar un golpe, y el otro estaba esforzándose en no dejarlo salir antes de que Hakurei volviese. Si Gateguard reunía todo su poder y atacaba antes de eso, Avenir estaría en problemas.
«Esto lo hago para que los pueblerinos corran lejos; ojalá todos hayan salido de aquí para cuando Gateguard se libere» deseó con fuerza.
Para Avenir sería muy fácil seguir peleando contra Gateguard hasta hacerlo perder el conocimiento. Pero había muchas personas aún por los alrededores, y su prioridad máxima ahora era que ninguna de esas personas salga herida.
«¡Apresúrate, Hakurei!»
…
En el mundo de los sueños, Gateguard se encontraba de espaldas contra aquel suelo sólido con la imagen de un segundo cielo.
Su cuerpo finalmente había cedido al dolor y al cansancio.
¡Y Myū de Papillon estaba como si nada!
¡¿Cómo diablos era esto posible?!
¡Se supone que él iba ganando! ¡Myū de Papillon no logró darle ni un solo golpe hasta que Gateguard comenzó a cansarse de atacarlo!
No sabía exactamente qué era este lugar, pero en definitiva no fue llevado ahí sólo para que se recreara la pupila con la vista. Todo era parte de una trampa.
—Mmm, parece que ya no tienes fuerzas, me pregunto qué estará haciendo tu cuerpo ahora mismo.
—¿Mi… cu-cuerpo? —agitado, él miró al espectro sin entender.
Sonriendo de forma que a Gateguard le dio nauseas, Myū se agachó, fresco como una lechuga, para hablarle cerca de su rostro.
—Tu maestro, dijo que eras fuerte, pero no creí que lo serías tanto.
—¿De qué hablas? —preguntó confundido y enfadado. Confundido porque no sabía qué tenía que ver su maestro con esto; y enfadado porque no podía levantarse; incluso hablar le salía caro.
—¿Aún no sabes cómo es que tú estás aquí, verdad? —se rio en verdad divertido—; sé que él no quería que lo supieses, pero, ¿qué diablos? Sería injusto matarte sin sacarte de tu ignorancia.
Gateguard apenas tenía fuerzas para respirar entre dientes.
Maravilloso, el perro infeliz iba a comenzar a monologar.
Curiosamente, su nariz dolía demasiado; durante su batalla, de pronto la había sentido quebrándose al mismo tiempo que su frente dolía y su vista se perdía por breves momentos. Myū de Papillon no lo había tocado en ninguna de esas zonas cuando eso ocurrió; lo que lo tenía aún más confundido.
Tenía que respirar por la boca porque la sangre estaba pasando sin permiso por su garganta, dejándole un sabor metálico en la lengua y el paladar.
Los ojos del espectro lo miraron con burla.
—No estás aquí por casualidad. Déjame te aviso, antes de matarte, que tu maestro, tu querido padre, fue quien planeó todo esto, Gate-boo.
«¡No es cierto! ¡Este bastardo miente!» pensó, apretando sus temblorosos puños, en completa negación.
¡Es que eso era imposible! ¡¿Cómo se atrevía este pedazo de estiércol a intentar manchar el nombre de su superior?!
—¿No me crees? —Myū ensanchó más su sonrisa, soltando una sonora carcajada—. ¡Tú eras su eslabón débil! Y…
La mano fría del espectro le apartó el fleco de la frente.
—¿Cómo no serlo? —parpadeó una sola vez, hablando con una falsa ternura—. El amor los hace débiles y fáciles de manipular. Eres tan débil, porque sientes afecto. Y no creas que tu maestro es diferente; él siente mucho afecto hacia ti, y por eso prefirió mandarte a mí en lugar de matarte por él mismo.
No lo creía.
¡Gateguard no creía nada de lo que él decía!
—Mmm, ¿crees que te estoy mintiendo? —alzó una ceja sin dejar esa sonrisa estúpida—. Vaya, en serio lo quieres. Tu corazoncito en serio se romperá.
Myū de Papillon dejó de acariciarle su fleco, alzando su mano en dirección a su cuello. Estaba dispuesto a encajar sus dedos en su carne y desangrarlo, o decapitarlo.
—Bueno voy a matarte. Tu cuerpo quedará sin alma, y ya no habrá nada que le impida matar a los gemelos de cáncer bajo mis órdenes.
«¡Sage, Hakurei!» pensó en ellos tratando de tomar algunas fuerzas… de alguna parte. «¡No, no debo morir aquí! ¡Debo ayudarlos!»
La mano de Myū de Papillon bajó rápido hacia él. Sin parpadear, Gateguard sólo vio cómo antes de que esta llegase a tocarlo, la extremidad se cortó limpiamente desde la muñeca y salió disparada hacia la derecha. La sangre cayó sobre su rostro, haciéndolo cerrar los ojos, y al mismo tiempo que el espectro gritaba sosteniéndose su brazo, su cuerpo fue alzado y cargado, lejos del enemigo.
—¡Maldito, hijo de perra! —insultó Myū en medio de su agonía—. ¡¿Cómo entraste aquí?!
Al no poder abrir los ojos debido a la sangre que le cayó encima, Gateguard no vio quien lo sostenía. Pero lo que sí supo; gracias a su sentido del tacto, fue que esa persona era un hombre. Los musculosos brazos lo delataban. Además, a diferencia de él, ese sujeto sí tenía una armadura.
«¿Quién…?» se preguntó con las pocas fuerzas que le quedaban.
—¡Responde! ¡Infeliz! ¡Juro que te mataré por esto!
El espectro lanzó un ataque, pero este sujeto logró esquivar dicho movimiento, alejándose de él con Gateguard en sus brazos, el cual dejado en el suelo con cuidado.
—Será mejor que resistas. Deberé acabar con este tipo pronto; luego nos iremos. ¿De acuerdo? —le dijo este hombre a Gateguard, y con su poco razonamiento que le quedaba, el pelirrojo sólo dio con un nombre.
—A… ¿Aeras? —musitó en verdad sorprendido. De su boca salió un poco de sangre, la cual lo hizo toser.
¡¿Sería en verdad Aeras de Sagitario?!
Myū de Papillon tenía razón, ¿cómo es que él estaba aquí?
—¡Prepárate a morir! —exclamó el espectro abalanzándose sobre ambos santos, en especial sobre Aeras, quien no tardó en alejarlo de nuevo con un fuerte puñetazo.
Gateguard los oyó pelear por un rato, pero por alguna razón, Aeras derrotó al espectro sin dificultades cuando él no logró hacerle ningún dado en todo el tiempo que estuvieron aquí encerrados.
No sabía aún qué era aquí, pero pronto lo descubriría cuando Aeras se acercó y le dio a beber algo de un frasco de vidrio, lo cual le devolvió energías y le curó heridas, incluso su nariz rota volvió a la normalidad.
Al limpiarse la sangre de la cara, Gateguard miró a Aeras, quien llevaba su armadura y parecía ser bastante real.
—¿Qué está pasando?
—El plan de Hýpnos, eso está pasando.
Aeras se levantó, extendiéndole su mano a Gateguard para ayudarlo a incorporarse también. A lo lejos estaba el cuerpo del espectro, el cual iba desvaneciéndose en humo negro.
—Aeras, ese espectro dijo…
—Lo oí —dijo el santo de sagitario, desanimado—. Y no mentía. Nuestro Patriarca nos ha traicionado.
Sintiendo algo quebrarse en su corazón, Gateguard se tambaleó, necesitó de un minuto para asimilar lo que Aeras le dijo.
—Parte de su plan era usarte como un medio para matarnos; a todos los santos dorados, al menos a todos los que pudiese. Pero no contaba con dos pequeños factores. Uno, ese tipo, Avenir. Y otro… bueno, los oniros.
—¿Avenir? —preguntó Gateguard inhalando profundo, pasando saliva por su seca garganta.
—Él está conteniendo tu cuerpo para que no hagas daño a nadie; en verdad es fuerte.
«Menos mal» por ese lado, el pelirrojo se sintió aliviado.
Aunque le dolía saber que había caído en esta maldita trampa con facilidad.
—Los oniros pusieron en alerta a Athena antes de que comenzara todo este desastre. Ella está en un sitio seguro, de hecho, es gracias a ella que yo estoy aquí.
—¿Qué es este sitio?
—No me dijeron cómo se llama, pero es un espacio inmenso donde en teoría sólo los oniros pueden estar; aquí por lo regular traen las almas de las personas que duermen para darles confort y paz.
Aeras hizo un gesto de disgusto.
—Pero a mí no me agrada en nada. Hace que me maree.
—Ya veo.
Ahora que lo pensaba, este sitio ya lo había visto antes.
En las memorias de Luciana.
—Gateguard, debes volver a tu cuerpo, y luchar con la técnica que te manipula antes de que Avenir se quede sin fuerzas. ¿Estás listo?
La verdad, Gateguard quiso quedarse aquí, arrodillarse y ponerse a llorar como un niño.
No se sentía listo para enfrentar a su propio maestro y descubrir que lo que le habían dicho era cierto.
¿Era un traidor?
¿En verdad había planeado matar su alma para que su cuerpo matase a Hakurei y Sage? ¡Ellos eran como hermanos!
Gateguard pensaba que el Patriarca Itiá los veía como sus hijos… de verdad lo creyó.
¿Desde cuándo había planeado esto?
¿En qué momento su querido maestro se había dejado seducir por la oscuridad?
Pero… él ya no era un niño; ya tendría otros momentos para llorar. Era un santo y tenía trabajo que hacer.
Preparando su espíritu, Gateguard miró a Aeras a los ojos.
—Estoy listo.
La alta traición se pagaba con la muerte.
¿Sería él capaz de cobrar semejante ofensa? ¿O lo haría alguien más?
…
Por otro lado, de vuelta a la tierra mortal y algo lejos del Santuario, sobre un pastizal verde y solitario, además de una humilde cabaña de madera, y bajo el sol, la diosa de la sabiduría se hallaba emanando un poderoso cosmos cuando fue importunada por las pisadas de alguien más a sus espaldas.
Se dio la vuelta con lentitud al saber que su compañía no era una amenaza.
—Vaya, vaya; lograste mandar al santo de sagitario justo a tiempo para ayudar a Gateguard, felicidades Athena.
«Si lo hubieses hecho tú, Aeras habría llegado con Gateguard antes de que casi lo mataran» pensó la deidad un poco fastidiada, y es que encontrar a Gateguard y al espectro de Papillon no había sido nada fácil siendo que tenía que ser cuidadosa para no alertar de su intrusión al dios del sueño o algún oneiroi que estuviese peleando para él.
Sendai Athena miró a Penélope mientras esta se acercaba, arrastrando un cuerpo sin extremidades con ayuda de un costal de papas. Ambas entraron a la cabaña, donde la deidad menor arrojó sin ninguna consideración el costal sobre una cama de paja y hacía aparecer sobre la mesa de madera del centro una caja de metal color plateado.
—¿Y qué piensas hacer con todo esto? —preguntó seria, mirando a uno de sus antiguos santos en un estado completamente inhumano.
Podría protestar, pero, al estar consciente de lo ocurrido con él y la hija de Haidee, no hizo comentario alguno con respecto al castigo que se le había dado.
—Mmm, nada malo, te lo prometo.
Athena tuvo la impresión de que Penélope le mentía.
—Necesitaba privacidad para esto, y en la casa que comparto con mi hermano hay muchos ojos. Además, también me apetecía estar con alguien y hablar un poco —dijo Penélope abriendo la caja, empezando a sacar varios artefactos.
Cajas pequeñas y grandes, muchos frascos llenos y medio vacíos, botellas, sobres de papel, un mortero, unos cuantos vasos de precipitado de diferentes tamaños y medidas, matraces variadas, cucharas de madera y de metal, frascos de goteros con diferentes tipos de líquidos y de distintos colores, algunas pipetas, buretas y varillas además de una cápsula de porcelana.
La mesa se llenó de todo tipo de artículos de química; y Penélope sacó por último una jeringa grande. Athena dejó de mirar el cuerpo, el cual se removía un poco, para prestar su completa atención en ella y sus juguetes.
—Los humanos que te llevaste, ¿todos están bien?
—Mejor preocúpate por los humanos que están en Rodorio ahora mismo —sonrió Penélope, acomodándole la aguja a la jeringa.
La deidad se acercó al cuerpo humano sobre la cama. Los ojos de ese hombre estaban cosidos al igual que la boca, y por la sangre fresca, Athena podría decir que eso apenas se le había hecho. Gracias a los golpes en su rostro, hacía mucho ruido al intentar respirar por su rota nariz. Tales heridas deberían matarlo, pero era claro que Haidee no quería darle un final tan piadoso.
—Ya que tus santos tardarán un poco en hacerse cargo de su Patriarca traidor, ¿qué te parece si hablamos sobre un favor que tengo que pedirte? Ya sabes, por ayudarte a no morir antes de enfrentarte a Hades.
Aún afectada por saber que su Patriarca estaba peleando con sus santos y lo mejor para todos es que ella no se involucrase directamente, puesto que era a Hades a quien ella debía enfrentar, Sendai se cruzó de brazos.
—Ya sabía yo que ustedes no podían ser completamente altruistas —musitó entrecerrando sus ojos—. ¿Tiene algo que ver con Gateguard?
—Ningún dios es altruista; ni siquiera tú —decretó Penélope—. Y sí, tiene todo que ver con él. Además… haznos un favor, no le digas nada de esto a mi hermano; él no sabe nada.
La diosa menor del sueño usó la jeringa para extraer del cuello del cuerpo 3ml de sangre, la cual luego vertió en el interior de un vaso de precipitado.
De entre sus frascos, tomó uno pequeño de gotero, cuyo líquido interior era de color negro y puso 4 gotas sobre la sangre.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Sendai curiosa al ver cómo Penélope mezclaba líquido tras líquido en diferentes y exactas cantidades sobre el vaso de precipitado.
—Un regalo —dijo con sencillez.
Al frasco redondo de porcelana blanca, al cual solo le levantó la tapa con telequinesis, tomó con 3 de sus dedos un poco de polvo de algo extraño y también lo echó a su mezcla, la cual expulsó un vapor rojo.
—Mi último regalo para ti.
—¿Y qué es?
Como si siguiese al pie de la letra una receta que ya se sabía de memoria, Penélope buscó otro frasco en específico.
—Primero dime, ¿me ayudarás con Gateguard?
Alzando una ceja, viendo una clara muestra de chantaje en esto, Sendai suspiró.
—Háblame sobre ese favor y ya veremos.
De un frasco de porcelana extrajo una cucharada de un extraño líquido verde agua, vertiendo la cantidad exacta en el vaso de precipitado con sangre y otras cosas.
Sin dejar de trabajar, Penélope comenzó a decirle a Athena lo que quería de Gateguard, y lo que estaba haciendo para ella.
—No lo creo. Es imposible que lo logres —dijo Athena mirando sorprendida cómo el vaso de precipitado, ya terminado y con 500ml de diferentes líquidos, reposaba sobre la mesa. Su contenido estaba cambiando de colores: amarillo, anaranjado, rojo, rosa, morado, azul… rosa otra vez.
El color se hizo turbio hasta tomar un tono negro.
Penélope suspiró con decepción, evaporando el contenido.
Volvió a extraer sangre con la jeringa y comenzó a repetir sus actos, cambiando cantidades de líquidos y polvos de diferentes colores.
—La sangre manchada con el más profundo sufrimiento es la clave. Siéndote honesta, no podía hacer esto a menudo porque no me gusta ver a los humanos sufrir hasta ciertos grados, pero creo que este imbécil es un buen sujeto de pruebas.
Sin ningún tacto ni piedad, Penélope, luego de echar toda la sangre en el frasco de precipitado otra vez, dejó la jeringa a un lado e hizo aparecer en su mano una roca, luego se giró la lanzó con fuerza en la cara del hombre, que hizo un gesto de dolor al mismo tiempo que la zona afectada comenzaba a sangrar.
—No será fácil, pero te aseguro que funcionará.
—No creo que quiera tener eso en mi poder —musitó Athena viendo cómo Penélope echaba un pequeño sobre de polvos grises sobre el vaso de precipitado.
—Lo quieres, pero no quieres decirlo. Tranquila; no caducará tan pronto, según mis cálculos, tendrás dos reencarnaciones más para decidirte.
—¿Y… realmente funcionará?
—Funcionará. Sólo tengo que recordar la receta exacta.
—Veo que esta receta que estás haciendo es muy diferente a la anterior.
—Sí bueno, "error mío" no hacer anotaciones; pero en mi defensa, esto es algo que no queremos en manos de alguien más. Así que sé paciente y espera a que me guíe por lo que recuerdo.
A lo lejos se podían oír algunos choques de energía.
Ambas diosas estaban absortas en el trabajo de Penélope; hasta que Athena volvió a tomar la palabra.
—¿Realmente quieres hacerle esto a tu padre?
—La venganza es un plato que se sirve frío —recitó Penélope fríamente haciendo desaparecer otra mezcla fallida.
Volvió a recolectar sangre, volvió a mezclar líquidos y polvos.
Athena sintió curiosidad.
—¿De dónde sacaste todo ese material?
—Es mío —respondió ella vertiendo con cuidado 3 gotas transparentes a su tercer intento—. Haidee no es el único de nosotros con este tipo de pasatiempos. ¿Sabes?
—Supongo.
Volviendo al silencio, Penélope se centró en terminar lo que estaba haciendo. Para el quinto intento, la tierra se sacudió un poco, pero ninguna deidad se inmutó ante eso.
—Ya casi terminan —susurró Athena con tristeza.
—Sí… ya casi.
Con sus ojos brillando un poco, Penélope inhaló profundo cuando la mezcla se tiñó de un rosa pálido.
—Aquí está —dijo feliz enseñándole a Athena el vaso de precipitado con 500ml—. Mi propia Cerveza Rosada. Un trago de esto, y tus sueños serán inaccesibles para los oniros, o para mi padre.
Pasmada, Athena ladeó la cabeza, confundida.
—Eso no era lo que dijiste que harías —susurró parpadeando lento.
—Ah, sí. Eso.
Con cuidado y con ayuda de un embudo, Penélope echó su creación en un frasco limpio el cual tapó con un corcho.
—Este es para ti.
—Pero…
Aún sin saber qué estaba sucediendo, Athena miró el frasco sobre la mesa mientras Penélope volvía al hombre sobre la cama y extraía más sangre.
—Sé que mi padre no puede acceder a tus sueños, o al menos no es fácil que lo logre. Pero, eso, no es exactamente para ti.
—No entiendo.
—Athena —Penélope le sonrió como si quisiera recordarle algo—. Sin importar cuántas veces reencarne, él sigue naciendo como un ser humano, y como tal, siempre será vulnerable ante nosotros cuando duerma.
Con el corazón hecho un nudo, Athena por fin captó lo qué Penélope le quiso decir.
—¿Pegaso? —susurró dudosa.
Penélope asintió con la cabeza.
—Sé que los espectros lograron encontrarlo y matarlo en esta guerra antes de que pudiese despertar su cosmos, pero volverá. Tú y yo lo sabemos.
Athena al parecer seguía afectada por eso.
—Dentro de doscientos años. Cuando lo vuelvas a ver, dásela. Así mi padre no podrá atormentarlo más cuando duerma, ni en esta reencarnación, ni en ninguna otra. Te lo aseguro.
Deseosa porque esto no fuese una trampa ni un engaño, Athena apretó sus puños, mirando aquel frasco de líquido rosa; ¿será posible que funcionase?
Es bien sabido que los dioses gemelos, por órdenes de su señor, atacaban de diferentes formas a sus enemigos hasta matarlos: sin embargo, con respecto a aquel que nacía con el alma del Pegaso, ellos solían ensañarse desde su renacimiento. Y apenas comenzaba su entrenamiento, la principal vía para atormentarlo eran sus sueños. Aún si Hýpnos estaba encerrado, eran algunos de sus oniros los encargados de que el caballero Pegaso no tuviese un buen sueño jamás. Athena por siglos ha tratado de ayudarlo, pero los sueños no eran su campo y sus intentos por lo regular quedaban en eso; sólo intentos.
¿Esta oneiroi era de fiar?
¿Sería posible que Pegaso por fin pudiese nacer sin temer a ser atacado cuando el cansancio se apoderaba de su alma?
Un choque descomunal de energía la distrajo.
—Se acabó —susurró Athena percibiendo el final de una batalla cruel entre un padre y sus hijos.
—No. Todavía no acaba —dijo Penélope poniendo manos a la obra para realizar su siguiente proyecto.
…
Algún tiempo atrás, en el Santuario, Gateguard miró a Avenir sin verlo realmente; sus ojos estaban opacos, entrecerrados y su semblante decía lo cansado que estaba.
Para cuando su cosmos alcanzó el punto máximo, y las energías de Avenir llegaban a su límite, Hakurei volvió corriendo con un baúl grande en sus manos.
—¡Avenir! ¡Quita el Muro de Cristal!
—¡¿Qué?! —el hombre albino lo miró sorprendido por encima del hombro.
—¡Confía en mí!
El cuerpo de Gateguard estiró una de sus manos hacia ellos; sus labios se abrieron un poco y de ellos salió débilmente su voz.
—Revolución de Polvo Estel…
El muro de cristal de Avenir se fue; Hakurei se lanzó contra Gateguard con toda su velocidad y con la ayuda de su cosmos hizo que salieran de la caja 4 grilletes rojos que apresaron los pies y manos del pelirrojo.
Avenir miró agotado y ciertamente fascinado cómo aquellos artefactos parecían adentrarse en la armadura, sin dejar rastro alguno de que estaban ahí.
El cuerpo de Gateguard entonces se quedó estático en su sitio mientras Hakurei suspiraba aliviado.
—Creo que funcionó.
—¿Qué funcionó? —preguntó Avenir arqueando sus cejas.
—Esos grilletes son especiales; retienen a quien los use para evitar hacerle daño a la persona que use la llave.
Hakurei le mostró a Avenir que en su cuello estaba colgando una pequeña llave roja.
—Las órdenes que le obligaban a seguir, por lo que deduje, eran matarme a mí y a mi hermano. A veces susurraba nuestros nombres durante mi combate contra él.
—¿Y Sage tiene otra llave? —preguntó Avenir dudoso.
—Siempre la tuvo. Cuando el oneiroi Haidee se quedó en el Santuario bajo la condición de usar los grilletes, Athena le confió a Sage la llave original; pero cuando él se fue, Sage no encontraba el momento para devolverle la llave a Athena y menos mal que no lo hizo —Hakurei inhaló profundo, luego suspiró—. Tuve que hacerme una copia para mí, por eso tardé tanto.
—Mmm, no entiendo muy bien todo eso, pero… supongo que ahora él estará quieto.
—Eso espero. Ya no tengo material para hacer más llaves y no sé exactamente cómo es que Gateguard está siendo controlado. A menos que le orden atacar a nadie más, creo que estaremos bien.
—¿Y si le ordenan atacar a Athena? —musitó Avenir preocupado.
—Athena impregnó con su propia sangre los grilletes; aunque ella no tenga una llave, Gateguard no la atacará.
—Ya veo. Entonces será mejor ir con el Patriarca.
Ambos santos se vieron a las caras sabiendo bien que en la punta del Santuario se estaba librando una segunda batalla entre dos cosmos muy conocidos.
Uno era el de Sage de Cáncer… el otro…
—No puedo creer que mi maestro esté haciendo esto —dijo Hakurei decaído.
—Yo no lo conozco, así que no puedo compartir ese sentimiento de sorpresa contigo, Hakurei —respondió Avenir preparándose para pelear—. Entiendo si prefieres quedarte con Gateguard; ya sabes, por si acaso.
Queriendo ir a ayudar, pero también queriendo verificar que el cuerpo de Gateguard no causase problemas, Hakurei tomó su decisión.
—Por favor, ayuda a mi hermano.
El santo de aries no supo qué decirle a Hakurei; pero si sobrevivían a esto, quizás se le ocurriría algo.
—Sí.
Avenir se apresuró a subir las 12 casas. Todas estaban vacías. Era extraño que los 12 santos dorados no estuviesen completos en este mundo. Seguro Francesca de Tauro ya estaba acompañando a Sage. ¿Y qué sería de aquel santo de sagitario?
«¡Resistan! ¡Por favor! ¡Resistan!» pedía Avenir subiendo las escaleras de cada casa. Agotado, más no desmotivado.
Con Gateguard quieto, las cosas no tendrían por qué salir ma…
«¡¿Pero qué…?!»
Avenir apenas pudo reaccionar antes de que una espada dorada saliese de la oscuridad y estuviese a punto de clavarse en su pecho. Esquivando por poco, el arma se clavó en uno de los pilares en el interior del templo de libra.
Lamentablemente, distraerse con eso, le costó que un escudo le golpease el estómago tan fuerte que su cuerpo salió disparado con el arma hasta otro pilar, el cual se derrumbó ante la fuerza con la que ambos fueron lanzados.
Avenir cayó sobre los escombros mientras sentía cómo perdía todo sentido del tiempo y su propio entorno, al intentar sentarse, tosiendo sangre, oyó unas pisadas y una voz madura hablándole a lo lejos.
—Te dije… ¡qué no quería verte merodeando en los templos del Santuario!
Apenas incorporado, inhalando con esfuerzos y agradeciendo a su armadura no haber dejado que aquel escudo lo partiese a la mitad, Avenir miró cómo aquel hombre vestido con la armadura de libra sujetaba una daga que él sólo había visto en pergaminos antiguos. Además de que le acompañaban muchas mariposas del inframundo.
«No… puede ser… cierto. La… ¿la daga de Khrysos?» Avenir maldijo.
Ese objeto estaba manchado con sangre, tanta, que incluso goteaba.
«No puede ser… ¡Sage!»
—Continuará…—
Primero que nada, ¡feliz navidad y feliz próximo año nuevo!
En todo este mes no pude prestarle toda mi atención a este capítulo como me hubiese gustado debido a mi trabajo (estos días suelen ser muy pesados para mí) además de que algunos asuntillos con mi salud también me limitaron. Pero no quería que se terminara el año sin poder compartirles la continuación de este fanfic. Así que contra todo pronóstico, me desperté esta mañana y lo primero que hice fue desayunar y encender la computadora para revisar el archivo.
Actualmente ya trabajo en el capítulo que sigue y puedo decir con seguridad que el próximo año, este fic tendrá un final sí o sí.
Wow. Este es sin duda mi fic más largo y no creo poder agradecer lo suficiente por el apoyo que se le ha dado.
Insisto, esto era nada más un proyecto que salió de una charla con una amiga, Tany, en Facebook, a quien por cierto, agradezco infinitamente que me haya compartido algunos fanarts de un par de mis fics, que tengo bajo mi posesión (entre ellos una de Gateguard y Luciana) y no puedo exponer aún dado a que aún no están completos (por así decirlo, porque yo los veo perfectos) y no creo que sea correcto subirlos a mis redes así como así. Si lees esto, Tany; de nuevo te agradezco el apoyo que en especial, tú has dado a este proyecto.
Por otro lado, ¿qué tal les pareció el episodio de hoy?
El espectro de Papillon fue derrotado por Aeras, quien ayudó a Gateguard. Según entiendo, en el canon ambos son manipulados por el patriarca para la rebelión. Aquí ambos actuaran bajo su libre albedrío.
Planeaba meter a los otros santos dorados en la batalla, pero ahora no sé si eso sea posible. Creo que deberemos conformarnos con los santos que han estado apareciendo desde que inició el fic.
Aún me planteo si Krest de Acuario nos sorprenderá o no.
Como sea.
También vimos que Haidee y Penélope no perdonan a su padre y quieren verlo sangrar.
Me saqué de la manga que el Pegaso del siglo XVI fue asesinado cuando todavía era un infante; no recuerdo qué pasó con él en el canon, así que... XD. Lo siento, me quebré la cabeza, pero no se me ocurrió otra cosa. ¿Y qué opinan del regalo de Penélope para él? ¿Creen que realmente haya Quid pro Quo con el asunto de Gateguard?
En esta ocasión no supimos mucho de Luciana ni de Colette (Aileen) por el motivo que Penélope expuso; ambas tienen en claro una gran verdad y necesitan asimilarlo. Una vez que termine la batalla en el santuario, volveremos a verlas, lo prometo.
...
¡Muchísimas gracias por el apoyo!
¡Muchísimas gracias por compartir un año más conmigo de locuras y ojalá nos veamos en otro más!
¡Muchas gracias por comentar en este fic!
¡Muchas gracias por leerme!
¡Gracias!
¡Gracias!
¡Gracias!
Tengan un feliz principio de año y que todas las deidades en las que crean les sonrían siempre.
...
Gracias por leer y comentar a:
Nyan-mx, Natalita07, camilo navas, y Guest.
Reviews?
Si quieres saber más de este y/u otros fics, eres cordialmente invitado(a) a seguirme en mi página oficial de Facebook: "Adilay Ackatery" (link en mi perfil). Información sobre las próximas actualizaciones, memes, vídeos usando mi voz y mi poca carisma y muchas otras cosas más. ;)
Para más mini-escritos y leer mis fics en facebook de Saint Seiya, por favor pasen a mi página: Adilay de Capricornio (antes: Êlýsia Pedía - Fanfics de Adilay Fanficker) ¡y denle like! XD
