El Club de Autodefensa
El salón multiusos del segundo piso no era ni la mitad de grande que el salón de Defensa Contra las Artes Oscuras, y solo era posible usar dos terceras partes del espacio debido al gigantesco podio de piedra que ocupaba toda una pared. Arrimados a los pies de ese podio se encontraba amontonada una ruidosa multitud de estudiantes. El cartel de invitación para la primera reunión del «Club de Autodefensa» apenas si había estado colgado desde el almuerzo, pero la noticia se había propagado entre las estudiantes femeninas como la espuma sobre las olas.
- Es muchísima gente- comentó Harry, mirando con preocupación a su alrededor- No pensé que vendría tanta.
- Sí, ¿no es genial?- Hermione no podía ocultar su alegría- Creo que de entre todos tus planes, este es el que ha dado mejores resultados.
- Así parece- concordó Harry. "Y no sé si eso debería hacerme reír o llorar».
La puerta trasera del salón se abrió de un golpazo. Vestido con una espléndida túnica turquesa y su ya acostumbrada capa negra, Gilderoy Lockhart se abrió paso entre la muchedumbre y se subió a la tarima.
- ¡Muchachos, muchachos!- Lockhart alzó los brazos y exclamó con voz cantarina- Veo con satisfacción que el pequeño club que he abierto ha despertado gran interés entre muchos vosotros- sonrió- Nada me hace más feliz. Pero he de advertirles que el fino arte de batirse en duelo no es un camino sencillo de seguir. Requiere disciplina, esfuerzo y mucha perseverancia. Cualidades que les ayudaré a cultivar, tal y como yo lo hice a través de mis muchos viajes…
Harry sintió un fuerte empujón que vino de su derecha. Frunció el ceño y se giró enojado, pero el reproche murió en su garganta. Penélope Clearwater se encontraba en medio del grupo que se abría paso hacia la primera fila. La chica no mostraba signos de trauma y reía con sus amigas como si nada hubiera pasado.
- Da un poco de miedo, ¿verdad?- comentó Hermione a través del vínculo mental- Que se pueda alterar así la memoria de alguien.
Harry había crecido en un mundo donde la obliviación era comúnmente aceptada, desde su uso para proteger el estatuto del secreto hasta la supresión de recuerdos traumáticos. Era normal. Su incomodidad no provenía de la obliviación, sino del hecho de que había vendido su silencio y el de Hermione a cambio de la apertura de este club.
- Era lo mejor para ella, lo dijo Madame Pomfrey- respondió en tono calmo- No necesitaba vivir con esa carga.
Hermione hizo una mueca, pero no dijo nada más.
- … y sin más demora, permitidme presentarles a los fundadores de este club- Lockhart usó su mano como visera y empezó a buscarlos entre el público- A ver, ¿dónde están? Suban por favor. No sean tímidos.
Harry sintió una incomodidad diferente empezar a recorrerle la espalda. Se giró hacia Hermione para apresurarla, pero vio que ella ya había empezado a avanzar hacia la tarima dando saltitos. Se disculpó internamente con ella y, sin apenas aminorar su paso, echó su sombrero hacia adelante y cambió mágicamente el color de sus túnicas. Algo le decía que si se quedaba a plena vista para cuando iniciaran los duelos, terminaría en la enfermería con treinta maldiciones punzantes picándole por todo el cuerpo.
Tomó una ruta alejada de los grupos más grandes de Slytherin, se deslizó por en medio de una pareja de novios y avanzó a tropezones a través de un grupo de Hufflepuff, casi derribando a un pobre chico en el proceso. Quiso disculparse, pero oyó a Lockhart llamarlo por su nombre y prefirió apurar el paso.
"Con Cassius Warrington ya tuve suficiente este año", pensó ya casi llegando a la salida.
- Mírala, parada ahí con esa cara de presumida. Esa sangre sucia es una total sinvergüenza.
Harry reconoció la voz de Pansy Parkinson. Giró la cabeza y alcanzó a ver a una Ravenclaw de quinto año sobresaltarse por lo que había dicho la chica.
- No hables así en público- reprendió la Ravenclaw en voz baja- Yo solo te pregunté si la conocías. Me pareció muy joven para ser presidenta de un club.
Harry desvió su camino y avanzó por detrás de ellas, tratando de encontrar un buen escondite desde el que escuchar la conversación.
- Pues sí, la conozco. Y por eso te digo que es una sinvergüenza- continuaba Pansy- Si tan solo la vieras, paseándose por ahí creyéndose la gran cosa, usando las cosas que nos pertenecen a los Slytherin como si fueran para ella.
- Hey, que yo también hago eso.
- Es diferente, tú eres mi prima, tienes buen apellido. Pero ella…- giró los ojos- Si tan solo la vieras. Te lo juro, si no fuera porque es la pequeña mascota de Potter, hace tiempo que las chicas y yo le hubiéramos enseñado cuál es su lugar.
- ¿De qué hablas?, ¿mascota?
- Se pasa el día siguiéndolo como un cachorrito- soltó Pansy en medio de un bufido- Por el parque, por la biblioteca, arriba y abajo por las escaleras. Siempre están juntos. Te lo digo, es exasperante.
- ¿Te refieres al hermano de Gerald?, ¿el chico que vimos el otro día levitando las planchas de metal desde el quinto piso?
- Sí, ese mismo.
La chica de Ravenclaw alzó la vista y observó a Hermione con aquella mirada crítica que solo una chica puede dirigirle a otra.
- No sé Pansy. En mi experiencia, los cachorritos casi siempre son los hombres.
Pansy volvió a entornar los ojos.
- Ni siquiera Potter caería tan bajo- espetó- Si siquiera se le pasara por la cabeza hacer algo tan estúpido, Draco y los demás se lo impedirían. Por la fuerza si fuera necesario.
La Ravenclaw se agachó y le revolvió el pelo a Pansy de forma cariñosa.
- Oh prima, eres muy joven aún para entender que tan estúpidos pueden ser los chicos.
Harry no soportó por más tiempo la cháchara de arpías. Salió del salón y fue en busca de un buen lugar donde entretenerse durante un par de horas. Frente a él se encontraba la oficina de Lockhart, y por el pasillo a la derecha una de las salidas de la Cámara Secreta (ahora sirviendo como entrada), pero optó por tomar el camino de la izquierda. No tenía nada que hacer en la Cámara en estos momentos.
Diez minutos después había llegado al puente de piedra que conectaba el cuerpo central del castillo con la torre Gryffindor.
No era una ruta popular. Las lechuzas acostumbraban ocupar las garitas, dos a cada extremo del puente, como una extensión de la lechucería, por lo que el olorcillo a salitre repelía de forma natural a los estudiantes durante el verano. Filch había renunciado hace décadas, y los elfos de limpieza no podían hacer mucho por culpa de la resistencia mágica que poseían las estructuras defensivas del colegio.
"Un colegio con garitas, almenas, murallas y un foso".
Era curioso. Había estudiado aquí por un año completo, y solo después de visualizar aquella batalla entre muggles y magos se empezaba a dar cuenta de lo poco que Hogwarts se parecía a una escuela. El grosor de las murallas, las aspilleras en las torres, la gran cantidad de salones desocupados… este era un castillo construido para resistir un asedio. Un asedio ejecutado tanto por muggles como por magos.
- ¿Qué demonios creían los fundadores que iba suceder?
Harry entró en una de las garitas, agitó su varita y amontonó las plumas de lechuza en un rincón. Se apoyó en la pared opuesta, desde donde se podía ver el patio del colegio a través de las angostas ventanas, y rebuscó entre sus túnicas la libreta del joven Tom Ryddle. No la primera, esa ya la había terminado de leer, sino la segunda.
Tom era un muchacho metódico y trabajador, de eso no cabía duda. Siempre iniciaba con un dibujo de cuerpo completo, seguido de una descripción breve y docenas de retratos con diferentes gestos faciales. A la profesora Merrythought, por ejemplo, una anciana bruja de cabello corto y nariz ganchuda, la había descrito como: «Solitaria, con elevado sentido del deber, orgullosa de sus logros profesionales y avergonzada del poco tiempo que invirtió en su familia».
Las páginas siguientes casi siempre las llenaba con entradas anecdóticas. En el tercer año de Tom la profesora le había invitado su primer vaso de hidromiel y ayudado en la apertura del «Club de los caballeros de Walpurgis». En cuarto le había ayudado a volverse invisible, a incursionar en magia sin varita y a transfigurar su cuerpo para resistir ciertos tipos de veneno.
Pero en quinto año su trato sufrió un fuerte cambio. Tom había escrito: «Siente envidia de mí. Ya no me ve como el niño inofensivo al que le contaba sus problemas. No es seguro seguir pidiendo su consejo en magia oscura. Urge recuperar su confianza». Y más abajo, con otro tipo de tinta: «Tengo que deshacerme de ella».
Luego de eso no se había vuelto a mencionar a la profesora Merrythought.
Harry llegó a la página donde se había quedado y contempló por largo rato los pequeños retratos de Dumbledore, un tal Mulciber e incluso Myrtle la llorona, cuando la fantasma no era fantasma y todavía corría por los pasillos. Cada uno tenía media docena de líneas y símbolos que indicaban el ángulo de las cejas, el tamaño de los ojos, la caída de las mejillas, las arrugas en la frente, etc.
Harry casi podía imaginárselo en la cima de una montaña, observando a los gigantes y hombres lobo con la misma frialdad con la que alguna vez había estudiado a la humanidad.
- ¿Practicas tus dibujos?- preguntó una vocecilla cerca de su oído.
Harry pegó un grito.
- ¡Santo cielo! ¿De dónde…? ¿Cómo entraste aquí?
- Este lugar no tiene puerta.
La chica que le hablaba era menuda, bastante más pequeña que Daphne, aunque también rubia. Sus ojos eran de grises, grandes, saltones, y no habían parpadeado ni una sola vez desde que la descubrió observándolo. El cabello enmarañado le caía por ambos lados del cuello y cubría los adornos en las hombreras de su vestido.
"Espera, ¿lleva un vestido?"
Harry retrocedió un paso para verla mejor.
La túnica de la chica presentaba un extraño patrón compuesto por franjas horizontales de color grafito oscuro en el área del pecho y pequeñas espirales por debajo de su cintura. Visto sin cuidado podría confundirse con un vestido anticuado, pero con un poco más de atención, resultaba evidente que se trataba de la túnica de la escuela.
- ¿Cómo le hiciste eso a tu uniforme?- preguntó Harry sin poder contenerse.
- Con mi varita.
Ciertamente el diseño no parecía posible de lograr con únicamente agua, vinagre y colorante para ropa, pero tampoco parecía ser obra del encantamiento de cambio de color. Tardó un rato en procesar qué rayos estaba mirando, hasta por fin cayó en cuenta que las distintas tonalidades de negro se correspondían a cuan maltratada estaba la tela.
El cuello estaba plagado de estrías, las franjas del pecho lucían como un trapo percudido, y las espirales a lo largo de la falda eran solo tela arrugada; pero el resto del vestido estaba liso y brillante como la más fina de las sedas.
- ¿Pero por qué?- alzó la vista- ¿Por qué?- repitió.
- Quería usar un vestido y Flitwick me prohibido teñir el uniforme- dijo con voz suave.
"¿En serio esa es toda tu razón?". La miró de arriba abajo, intentando adivinar un rastro de mentira, pero la chica parecía seguir una lógica separada al resto del mundo.
- Pues te quedó muy bien- dijo, señalando sin señalar realmente nada- Muy… original
- Tus dibujos también están bonitos. No deberías avergonzarte de ellos.
- ¿Avergonzarme?- miró el libro negro todavía en sus manos- Oh sí, he estado practicando mucho últimamente. Pero te pediría que mantuvieras mi pasatiempo en secreto, no es algo que sea muy popular y mis compañeros pueden llegar a ser un tanto…
- No te preocupes, entiendo.
Harry metió la mano dentro de su túnica y deslizó el libro dentro de un bolsillo oculto. Lo había cocido él mismo, en caso algún profesor se le ocurriera revisar su mochila. Sonrió a la niña a modo de despedida y trató de salir de la garita.
- Luna, ¿dónde estás?
- Aquí- gritó la niña- Dentro de la torrecilla.
Una niña de la misma edad que Luna se asomó por la puerta. Tenía puestos unos aparatosos guanteletes de cuero y estaba cubierta de manchas de barro de pies a cabeza. La suciedad cubría sus mejillas y el casco ocultaba su cabello rojo intenso, pero incluso con todo ello era imposible no reconocer a la más joven promesa de quidditch de Gryffindor.
- ¡Eh, tú eres Ginny Weasley!- exclamó Harry.
Ginny Weasley abrió los ojos como platos y pegó un brinco hacia un lado, como si de pronto su único propósito en la vida fuera dejar de obstruirle la salida. Pero su ímpetu fue tal que terminó chocando contra la pared y cayendo de espaldas al suelo.
- ¿Estás bien?- preguntó Harry, ayudándola a levantarse.
- No fue nada, no fue nada- decía ella- La escuela tiene cascos de buena calidad…- alzó la vista con timidez y reparó en la falta de cicatriz en la frente de Harry. De pronto su voz dejó de sonar tan aguda- Un momento, tú no eres… es decir, tú eres…
Harry se limitó a sonreír.
- Sí, así es. Y tú eres Ginny Weasley.
La niña no respondió. Sus ojitos marrones no dejaban de estudiarle el rostro.
- Eres Ginny Weasley, ¿verdad?
- Oh, sí, sí. Soy Ginny Weasley.
- Genial, yo soy Harry Potter.
- ¡Y yo soy Luna Lovegood!- exclamó Luna con voz alegre.
No sabía muy bien cómo responder a eso.
- Pues encantado de conocerte Luna- dijo al cabo de cinco segundos de absoluto silencio. Luna asintió satisfecha y volvió a mirar por la ventana. Harry continuó su conversación con Ginny- Te vi volar el otro día el patio del colegio. No soy un gran fanático del quidditch, pero incluso yo pude reconocer el amague Columbus. Déjame decir que fue algo verdaderamente impresionante.
- Gracias- su nerviosismo iba disminuyendo con cada palabra que salía de sus labios- pero aquello fue un golpe de suerte.
- Pues ya quisiera la mitad de los jugadores del colegio tener uno de tus golpes de suerte. O tu resistencia.
- Exageras- dijo sonriendo. La niña tenía una bonita sonrisa.
- Para nada. Las clases de Madame Hooch ya me son difíciles de completar. El entrenamiento que llevas con ese tipo de sexto me sería completamente imposible.
Ginny parpadeó dos veces.
- ¿Cuál tipo de sexto?- replicó en un tono de voz quizá ofendido- Madame Hooch es la única que me enseña.
- Te vi el otro día en el campo con el capitán de Gryffindor. No sé su nombre…
- Oh, te refieres a Oliver Wood. Que va, solo me ha dado unos consejos, nada más- parecía querer cambiar de tema- Son tan parecidos. Perdón una vez más por confundirte, pero… ya sabes, tu ropa.
Harry miró sus mangas y se reprendió por el descuido. Buscó su varita y empezó a disolver los tonos dorados y rojizos de su túnica.
- A veces se me olvida quitarlo.
- ¿Lo haces seguido?
- No me malinterpretes, no es que quiera hacerme pasar por Gerald. Es solo que es más fácil deambular por el castillo siendo de otra Casa- jugó con los bordes de sus mangas, coloreándolos de amarillo, luego de celeste y luego de regreso al verde- Veras, nadie le presta atención a un Hufflepuff al azar, pero cuando un Slytherin se adentra en ciertos lugares todos piensan que está planeando algo macabro.
- Bueno… sí, tienen esa fama. Lo siento.
Harry se encogió de hombros.
- Ya me he acostumbrado.
Uuuuuuuuuooooooo.
Una ola de aplausos y aclamaciones les llegó desde el pasillo. El eco y la distancia enturbiaban el significado de las palabras, pero era claro que algún favorito del público acababa de ganar un encuentro reñido.
- ¿Ya empezaron los duelos?- Ginny miró a Luna- ¿Se me hizo tan tarde?
- Un poco- respondió Luna
- Cielos, no pensé demorarme tanto. ¿Sabes dónde es?
Luna negó con la cabeza.
- Yo sé el camino- dijo Harry- Vengo desde ahí.
- ¿En serio?- Ginny Weasley volvió a animarse- ¿Sabes hace cuánto comenzó la reunión?
- No te preocupes- dijo mientras lideraba la marcha- cuando salí de ahí todavía no daban el primer silbatazo.
Pero en el camino escucharon tres pitidos, cada uno seguido de una ronda de un gran bullicio. Harry había ayudado a Ginny con el encantamiento de aire caliente. Hablaron del viaje a través del lago, del calamar gigante, de cómo conoció a Luna, otra vez del calamar, de los gemelos Weasley y el reciente descanso que se habían tomado de las bromas: mi madre espera que estén madurando, pero claro, lleva esperándolo desde hace años; y muy a su pesar también de Gerald. Mucho de Gerald.
- Escuché que mandó a Draco Malfoy a la enfermería en su segunda semana de colegio.
- Fue en la primera semana, yo estuve ahí cuando pasó- dijo Harry- Es muy bueno. Lo he visto varias veces batirse en duelo con mi padre.
- ¿En serio?, ¿crees que participe en los duelos de hoy?, ¿sabes si se unirá al Club de Lockhart?
"Espero que no… ¿lo llaman Club de Lockhart?".
- No lo sé, pero conociéndolo es muy probable. Si te interesa, podría reservarte un cupo. La dirección solo dio permiso para cuarenta miembros como máximo.
Ginny dio un paso hacia adelante, lista para aceptar, cuando Luna la interrumpió:
- No deberías unirte- dijo con severidad- Ese no es un simple club. Es la tapadera de una organización que busca acabar con todos los duendes. Gente muy poderosa se encuentra involucrada, lo sé de buena fuente. ¿Por qué crees que quieren alumnos de todas las edades?, es porque van a enseñar a sus futuros miembros como pelear contra oponentes más pequeños.
Harry abrió la boca, pero no supo cómo contradecir esas acusaciones.
- Debió leerlo en alguna revista- se apresuró a aclarar Ginny- No le hagas mucho caso.
- Puedes encontrar mucha evidencia si sabes dónde buscar- continuó Luna- El año pasado trataron de robar una bóveda en Gringotts, hace una semana los dos duendes encargados de la investigación desaparecieron en extrañas circunstancias y ayer el ministro en persona inauguró tres pastelerías en el Callejón Diagon. Los asistentes dijeron que nunca habían probado sabores tan únicos. Sospechoso, ¿no crees?
- Soy el vicepresidente y cofundador del club- la interrumpió Harry- Te puedo asegurar que no somos ninguna organización malvada.
Luna se quedó callada. Parecía verdaderamente sorprendida por su identidad.
- ¿Es cierto que cada dos semanas comen una tarta hecha de duendes?
Ginny soltó una pequeña risita.
- No horneamos duendes.
- Es lo que diría alguien que hornea duendes.
Harry levantó las palmas y renunció al debate. Cuando alguien estaba totalmente convencido de algo, era imposible demostrarle lo contrario. Y no tenía nada que ver con la edad. Rumores mucho más absurdos eran creídos por gente adulta, como ese que decía que los "sangre pura" acostumbraban corregir las deformidades endogámicas de sus hijos.
Como si los "sangre pura" reconocieran sus imperfecciones en primer lugar.
- Santo cielo- exclamó Ginny, adelantándose un par de metros en una corta carrera- Ron, ¿pero qué ha pasado? ¿Contra quién has peleado?
Ron Weasley parecía como si acabara de salir del corral de los gallitos de fuego. Estaba acompañado por Seamus Finnigan y Dean Thomas, igual de avergonzados y de maltrechos que el primero, aunque con el pelo menos chamuscado.
- Estoy bien, tranquila- Ron Weasley alejó de su cabeza las manos de su hermana. Alzó la vista, frunció el ceño al notar a Harry, y volvió a bajar la mirada- Estoy bien, de veras. Se ve peor de lo que realmente es. Tengo que ir a buscar a Fred y George.
- Tienes un moretón en la frente. Mamá va a enloquecer cuando se entere. ¿Cómo es que Percy te permitió participar en esta locura?
- Percy es la razón por la que tengo que ir a buscar a Fred y George. Se le metió algo en la cabeza y planea participar- señaló con el pulgar hacia el salón. Las puertas se encontraban abiertas de par en par y se podía ver a Cedric Diggory controlar a un enjambre de libélulas para acosar a Lucian Bole- Inició de forma bastante tranquila, pero se ha ido tornando más y más salvaje con cada duelo. Le dije Percy que todavía tenía tiempo para arrepentirse, pero no me hizo caso. Estoy yendo a buscar ayuda para poder sacarlo de la fila.
- ¿De Fred y George? ¿Estás loco?, esos dos son capaces de animarlo a pelear y luego apostar en su contra- se giró hacia Luna- Tengo que evitar que mi hermano se mate. Te veo adentro, ¿vale? A ti también Harry- y se zambulló sin pensar en el mar de gente dentro del salón.
No pareció importarle las quejas que recibía de la multitud. Avanzó a codazos, dando y recibiendo empujones, y una que otra patada en la espinilla. Si no lo estuviera viendo con sus propios ojos, Harry jamás hubiera creído que una chiquilla tan bajita pudiera ser capaz de mostrar tal actitud.
"Osada y con una sana dosis de egoísmo", calificó. Ginny iba acumulando cada vez más puntos a su favor. Si tan solo fuera un poco más materialista, un poco más vulnerable…
…si tan solo le cayera bien a Hermione.
Alguien tosió seca y ruidosamente para llamar su atención.
- ¿Disculpa, dijiste algo?- preguntó Harry mientras se giraba.
- Pregunté…- la voz de Ron Weasley era igual de áspera que la tos- qué tanto hacías hablando con mi hermana
De nariz crecida, con el rostro salpicado de pecas y desgarbado como un perro callejero, Ron Weasley estaba muy lejos del prototipo de matón escolar. Empezando por la pobre postura de sus piernas, inadecuada para cualquier estilo de duelo, el chico no poseía rasgos que resultaran intimidantes para Harry, ninguno en absoluto.
Harry se negó a responder, firme en su decisión de no ser quien rompiera el silencio. Lamentablemente, no tenía forma de comunicar su voluntad a Luna.
- Nos invitó a unirnos al club de autodefensa- dijo ella- y a cocinar duendes.
- ¿Es eso cierto?- Ron Weasley lo miraba con gesto aireado, casi ofendido. El vello rojizo de su nariz empezaba a erizársele- ¿Querías ampliar tu camarilla reclutando a mi hermana?
"¿Camarilla?, ¿Quién sigue usando esa palabra?"
Harry se rascó la cabeza, poniendo cara pensativa.
- Nop. Lo siento, no te recuerdo- dijo- Pareces tener algo en mi contra. ¿Te hice algo malo o solo estás siendo un idiota por el color de mi ropa?
- Sé cosas sobre ti- respondió Weasley- Cosas sobre la gente con la que te juntas, de los problemas en los que estuviste envuelto- "genial, Gerald va por ahí contando mis cosas privadas"- No te quiero cerca de mi hermana.
Estaba empezando a entender por qué Hermione detestaba tanto a este tipo. Acosar a alguien en base a chismes ya era malo, pero lo era aún más la superioridad moral con la que lo hacía. Como si de verdad creyera las estupideces que escapaban de sus labios.
- ¿Me estás amenazando?, porque si es así déjame decirte que eres pésimo en eso.
Weasley arqueó las cejas.
- ¿Amenaza? No, esto es solo una advertencia.
- A mí me pareció una amenaza.
- No Harry, no es una amenaza- le susurró Luna, como si le estuviera pasando las respuestas de un examen- No ha dicho qué pasará si te niegas.
Seamus Finnigan y Dean Thomas se miraron de reojo.
- ¿Acaso mis oídos fallan?- la voz de Malfoy cortó de tajo la incipiente pelea. Estaba acompañado por Crabbe y Goyle, sus siempre fieles guardaespaldas, y por Zabini, quien caminaba un par de pasos más atrás- ¿En serio intentaste reclutar a la pequeña comadreja? Potter, es como si te esforzaras cada día por caer más bajo. Aunque conociendo a Granger, supongo que debo felicitarte por no estar repartiendo volantes usando un chaleco con brillantina.
Harry se encogió de hombros.
- Se nos ocurrió, pero la peluca rubia y el maquillaje me hacían parecer más a ti que a Lockhart.
Malfoy pareció satisfecho con la rápida replica, y trasladó su foco de atención al grupo formado por Ron y los otros Gryffindor.
- Mira a quien tenemos aquí- caminó hasta quedar a dos palmos de Ron- Cielos Weasley, desapareciste apenas terminó nuestro duelo. Y yo que iba a arrojarte algunas monedas para que remendaras ese trapo que llamas uniforme.
Estando tan cerca, era aún más evidente cuál de los dos tenía más experiencia en aquello de ser un matón.
- Cállate Malfoy- gruñó el pelirrojo, avanzando un paso con valentía.
Malfoy retrocedió asustado.
- Hey, tranquilo, tranquilo- miró a Harry- Yo que tú me andaría con cuidado, Potter. No lo parece, pero detrás de esa cara de idiota se esconde un asesino nato- giró su brazo para mostrar la seda intacta que colgaba de su manga- Mira, aquí su maldición falló por tan solo medio metro…
Weasley lo miraba con auténtico odio:
- Te lo advierto.
- … es impresionante. No vi nunca a nadie tener tan buena puntería. Siempre le atinaba al lugar exacto donde había estado hace cinco segundos.
Harry se rió, y aquello fue la gota que colmó la paciencia de Weasley. Sacó su varita y apuntó a Malfoy a la cara.
- Puedo derrotarte en cualquier momento. Saca tu varita.
- ¿Por qué lo haría?- Malfoy no parecía asustado del pedazo de madera mágico a centímetros de su cara- Incluso esa cosa que llamas casa no igualaría en valor de mi nuevo ajedrez- Crabbe sacó un pequeño tablero de caoba de su mochila y lo hizo sonar como un sonajero- Aunque podría pensármelo mejor si te juegas algo valioso. ¿Qué dices?, una capa invisible podría ponerme de humor- Malfoy rió con fuerza- ¿Recuerdas?, supongo que no mucho. Menudo peso muerto fuiste esa noche, ¿cuánto fue la cuenta del hospital?, ¿tu padre ya terminó de pagarle el préstamo que le hicieron los Potter?
Weasley se fue poniendo más y más rojo, tanto que empezaba a ser difícil afirmar donde empezaba su cabello y terminaba su rostro.
- Supongo que no, pero ¿qué se puede esperar de un tipo cuyo único objetivo en la vida es tirar por el desagüe los recursos del ministerio?- apretó los labios y agachó la cabeza, como si toda la situación le provocara tristeza- Ten cuidado Weasley, tú vas por el mismo camino. No siempre vas a poder vivir de las migajas de Gerald Potter. En algún momento se dará cuenta de lo inútil que eres.
Aquello terminó por romper el autocontrol de Weasley. Ni siquiera intentó recitar una maldición, se abalanzó sobre Malfoy con las manos extendidas, con claras intenciones de retorcerle el cuello. Su intento de homicidio, sin embargo, fue impedido por los oportunos Dean Thomas y Seamus Finnigan. A diferencia de Ron, ellos sí que habían percibido la pésima situación en la que se encontraban: rodeados y superados por cinco Slytherins.
Finnigan tiró bruscamente del brazo de Ron y le susurró algo al oído. Dijera lo que dijera, funcionó, y Ron dejó de retorcerse.
- Recuperaré lo que es mío- masculló, guardando la varita- No vas a hacer lo que quieras en este lugar. Eso también va para ti.
- Que miedo- respondió Harry.
Ron ignoró su comentario y se dirigió a Luna:
- Ten cuidado. Todos estos son una banda de matones.
Luna paseó su mirada por todos los involucrados, incluyendo al grupo de Ron.
- Sí, tienes razón. Todos.
Aquello pareció despertar del ensueño de justicia que corría Ron dentro de su cabeza, al menos por un segundo. Echó un último vistazo a Luna, dio media vuelta y se alejó con rapidez. Sus amigos lo siguieron, cuidando con el rabillo del ojo que ninguno de los traicioneros Slytherin decidiera atacarles por la espalda.
- Inútil y encima cobarde- exclamó Malfoy.
Harry sintió una pequeña satisfacción al ver al pelirrojo apretar los puños justo antes de desaparecer tras una esquina.
- ¿Qué le hiciste?- preguntó Harry, de buen humor- Ese no fue un simple berrinche, te quería matar.
- Lo apaleé como a un perro, a él y a esos dos que subieron para vengarlo- echó la cabeza hacia atrás y soltó una fuerte carcajada- Si hubieras visto su cara cuando recuperó la consciencia y vio su bonito tablero de ajedrez en mis manos. Te lo juro, solo habría sido mejor si tu hermano hubiera estado presente. Creo que fue él quien se lo regaló.
- Es lo más probable- Harry recibió el tablero de las manos de Crabbe. El logo en una de las esquinas estaba chapado en oro- Los Heliodoro son bastante caros, y ese parece ser de uso profesional. ¿Cómo es que se le ocurrió apostar algo tan caro?
- Les dije que le daría esto si conseguía arrojarme de la pista- Malfoy hizo bailar sus dedos, exhibiendo el anillo de la Casa Malfoy alrededor de su meñique- Por alguna razón creyó en mi palabra.
- ¿Y lograste ganar contra los tres?
Malfoy era la viva imagen de la vanidad:
- Fue un espectáculo verdaderamente penoso, cada uno me tomó menos de veinte segundos- "Sus padres no tienen la plata para inscribirlos en una academia durante el verano", pensó Harry. "Y tenían prohibido practicar magia en sus casas"- Me hubiera quedado a aceptar más retos, pero Lockhart me suplicó que dejara que otros también tuvieran la oportunidad de lucirse.
Harry frunció el ceño. Miró a Zabini, preguntando sin preguntar que tanto era fanfarronada y que tanto verdad.
- Todos los de segundo año ya habían subido- comentó Blaise a la ligera- Si Malfoy se quedaba, hubiera tenido que defender su racha contra Carmichael.
Eddie Carmichael no era alguien particularmente talentoso, pero era mayor que Malfoy por algo más de nueve meses. Y como muchos otros atributos de los humanos, el poder mágico mostraba su mayor tasa de crecimiento durante la pubertad.
Antes de los diecisiete, una disparidad de unos pocos meses podía significar la diferencia entre una batalla pareja y una paliza unilateral. Más de un año se consideraba un muro infranqueable, un abismo imposible de superar a menos que fueras un monstruo al nivel del propio Voldemort.
- ¿Y esta quién es?- preguntó Malfoy- Cielos Potter, ¿sigues con tu manía de coleccionar bichos raros?
- Es Luna Lovegood, una chica bastante divertida que acabo de conocer- el sentimiento más extraño invadió a Harry, como si de pronto fuera el responsable de presentar la abuela aficionada a los gatos al cuñado que piensa postularse a concejal el próximo año- Y este es Draco Malfoy, un Slytherin genérico con un gusto femenino por las joyas.
- ¿Qué tal?- saludó la niña.
Malfoy ignoró la burla de Harry, interpretándola correctamente como un intento de provocarlo y desviar su atención, y se acercó a Luna con la espalda recta como un militar en servicio. Había pegado un estirón en las vacaciones y ahora era más alto que Harry, aunque no tanto como Zabini, quien sí hubiera podido obligar a Luna a alzar la cabeza para mantener el contacto visual.
- ¿Qué rayos es lo que llevas en el pelo?- la interrogó Malfoy.
Harry echó un vistazo al largo y desordenado cabello de Luna. Entre los bucles y las greñas de color pajizo se podían entrever pequeños adornos iridiscentes. No se había dado cuenta hasta ahora, el extraño vestido había desviado por completo su atención.
- Es una peineta de saltamontes- respondió Luna- Un saltamontes arcoíris.
El adorno al que se refería colgaba a la altura de sus sienes. Era gordo, de colores excesivamente diversos y a decir verdad, algo deforme. Pero incluso con esos defectos, saltaba a la vista que era el resultado de incontables horas de minucioso trabajo.
- Con razón arrestaron a Odette la Intocable- dijo Malfoy en tono despectivo- Con falsificaciones tan lamentables, me sorprende que hayan tardado tanto en atraparla.
- No es una falsificación, yo misma elaboro mis accesorios.
El Slytherin sonrió.
- Ya veo, retiro lo dicho- la sonrisa se le amplió- Hiciste un buen trabajo, los insectos encajan a la perfección con el resto de tu apariencia.
- Muchas gracias- respondió Luna con voz suave. Sus ojos vagando inocentes por el rostro de Draco- También hicieron un magnífico trabajo con tu nariz, encaja muy bien con el resto de tu rostro.
Blaise se giró bruscamente y tosió una, dos, tres veces… antes de que su risa estallara como una serie de graznidos entrecortados. Era la primera vez que Harry lo había visto perder la compostura. Volteó para ver a Draco. Tenía la expresión alterada, pero no parecía estar pensando en ninguna réplica.
Quizá Luna se había ganado su respeto, o más probablemente no tenía idea de cómo enfrentarse a una chiflada.
Un cegador destello provino del salón del club. Todos se giraron justo a tiempo para ver a Lockhart correr hacia el cuerpo caído de Lucian Bole. Sorprendentemente, Cedric Diggory acababa de obtener su tercera victoria consecutiva.
- Que escandalosos- se quejó Malfoy, olvidando de momento a Luna- Estos Hufflepuff hacen demasiado ruido. Yo también gané tres veces, no es algo demasiado complicado.
- Hay una gran diferencia entre Lucian Bole y Ron Weasley- declaró Harry.
- Y la hay aún más entre Oliver Wood y Lucian Bole- añadió Zabini, ya más calmado y con la mirada fija en el corpulento Gryffindor que ahora subía a la pista de duelo- ¿Cuánto es?, ¿quince?, ¿veinte meses de diferencia?
- No lo sé- respondió Malfoy- Pero más de diez libras de peso, eso seguro.
El profesor Lockhart se acercó a Diggory y le susurró algo, tal vez preguntando si necesitaba un descanso. Diggory se negó y retrocedió hasta el extremo izquierdo de la pista, haciendo bailar la varita entre sus dedos.
El silbato sonó tres veces, dando comienzo al duelo. Oliver Wood tomó la iniciativa, su brazo casi desdibujándose en el aire mientras avanzaba a paso firme, un pie seguido del otro. Sus maldiciones ignoraron el pecho y la cabeza de Diggory, y se enfocaban en los brazos y rodillas más vulnerables.
Diggory se limitó a brincar de un lado a otro sobre la punta de sus pies, como si jugara, esquivando siempre que podía y cediendo terreno únicamente cuando era imprescindible, lo que ocurría bastante a menudo. Wood no parecía creer en la teoría del tira y afloja, sino que continuaba presionando en una acometida que brillaba más por su constancia que por su poder bruto.
Escarlata, aguamarina, plateado… los rayos de luz cruzaban la pista implacables, pero silenciosos. Violeta, carmesí, azabache… sin pausa, sin misericordia. Tan pronto como el escudo mágico de Diggory desviaba un hechizo, volvía a ser convocado para apartar el siguiente.
Pero por muy integra que fuera una defensa, no podía ser mantenida por siempre. La pista solo medía veinticinco metros de punta a punta y Diggory había sido obligado a retroceder hasta el extremo de tener tan solo tres pasos de maniobra a su espalda.
- ¡Ya lo tienes, ya lo tienes!- se podían escuchar vitorear a un grupo de chicas- ¡Solo un poco más!
- ¡Mátalo, mátalo!- chillaban otros, más emocionados.
Diggory retrocedió de un salto hasta el borde mismo de la pista, bajó la punta de su varita hasta casi tocar sus pies y, en una sorprendente muestra de conciencia espacial, profirió el primer encantamiento verbal en todo el duelo al mismo tiempo que el grito de apoyo de los Gryffindor resonaba ensordecedora.
Wood se quedó petrificado. Sin rayo de luz, sin chispas de colores, incapaz de oír el encantamiento… para todos los efectos, bien podría haber estado sordo y ciego. Giró su varita, convocó un poderoso escudo y esperó lo peor.
Bruuuuuuuuuuum.
La plancha de metal onduló como una alfombra halada por uno de sus extremos. Wood perdió el buen pie y cayó hacia adelante, más o menos al mismo tiempo que Diggory empezaba a correr a toda velocidad hacia él. Su única opción era expandir su escudo para cubrir la totalidad de su cuerpo y esperar lo mejor, y eso fue lo que hizo. Solo para que el Hufflepuff saltara por encima de él sin siquiera mirarlo.
Wood rodó para recuperar el equilibrio y se puso de pie de un salto. Su rostro estaba lleno de amargura. En un solo instante Diggory le había arrebatado todo el espacio por el que había luchado, y con ello toda su ventaja.
- ¡Bah!- resopló Wood, viendo como Diggory volvía a tomar una postura pasiva- Abandono. Que forma tan desesperante de luchar.
Se reunieron en la mitad de la pista y se estrecharon la mano. Los Hufflepuff aplaudieron más fuerte que antes, y una vez más le pidieron a Diggory que se quedara, pero en esta ocasión el chico rechazó las exigencias de sus compañeros con una sonrisa cansada y se bajó de la pista.
- No pensé que Diggory conociera ese estilo- dijo Zabini- Es muy antiguo, creo que solo lo he visto una vez, en un recuerdo con más de cien años de antigüedad. Es un estilo que se enfoca en presentar una defensa impenetrable y esperar que el otro malgaste sus energías.
- Muy antiguo e inútil- intervino Malfoy- En los siguientes años se inventaron muchas maldiciones que pueden atravesar los escudos mágicos. Las defensas impenetrables ya no existen.
- ¿Entonces por qué Wood perdió?- preguntó Harry.
- Porque ese no era el estilo de desgaste. Diggory tenía muy poca mágica en reserva, solo estaba luchando de forma eficiente. Al final ganó con transfiguración, al igual que en sus anteriores batallas. Ese es su verdadero estilo.
Dos voluntarios de cuarto subieron para el próximo duelo. Diggory el Hermoso había desorganizado las parejas al enfrentarse a alumnos de curso superior, pero con su salida las batallas empezaban a volver a la normalidad.
Una normalidad que pintaba para ser aburrida. Malfoy y los demás empezaron a perder interés al primer Expelliarmus mal ejecutado. Para el segundo ya ni siquiera tenían ganas de quedarse. Se despidieron de Harry y continuaron su camino, dándole a Luna solo un leve asentimiento con la cabeza cuando pasaron por su lado.
- No son muy simpáticos- dijo Luna.
- Créeme, para sus estándares te trataron como si fueras de la realeza- dijo- Pero tienes razón, no son gente que despierte la simpatía de nadie.
Dio dos pasos en dirección al salón antes detenerse y mirar hacia atrás. Luna no lo estaba siguiendo.
- ¿No vienes?
Luna pareció indecisa.
- ¿Crees que ofendí al hermano de Ginny?
- ¿A Ron?- Harry se encogió de hombros- En cierta forma, pero no te preocupes. Se lo merecía.
- Ginny podría estar molesta. A la gente no le gusta cuando ofendes a su familia- declaró Luna en tono angustiado- Ginny me lo explicó.
Harry experimentó un repentino aluvión de recuerdos, como si el destello de un trueno hubiera entrado por la ventana y echado una nueva luz sobre sus planes. "Santo cielo, cómo no lo había notado antes". Él conocía a una niña muy similar a Luna, quizá no tan extraña, quizá no tan inoportuna, pero igual de torpe a la hora relacionarse con los demás.
Una niña que le había dado mucho a cambio de muy poco.
- No es una regla estricta, algunos son más tolerantes que otros- dijo con voz suave- Pregúntales a tus compañeras de cuarto si no me crees.
- No hablo mucho con ellas.
"Ellas no hablan mucho contigo".
Harry sonrió, comprensivo.
- Sí, te entiendo- hizo un gesto con la cabeza, invitándola a seguirlo- De todas formas no creo que debas preocuparte. Los hermanos pelean todo el tiempo, estoy seguro que Ginny ya debe conocer el carácter de su hermano. Y en caso no lo haga... bueno, habrás perdido un amigo, pero habrás ganado otro.
- ¿El rubiecito?
- Hablo de mí, Luna.
- Oh, está bien- lo miró con sus grandes ojos grises- Pero no voy a hornear duendes.
- Tranquila- señaló una fila de personas donde un muchacho alto y pelirrojo era regañado por su hermanita más pequeña- Eso viene después de convertirse en una acólita de cuarto nivel, todavía tienes tiempo.
