¡Saludos, queridos lectores!
Imagino que si están aquí, es porque la introducción los ha atrapado, así que sin más, los dejo para que puedan leer por fin el primer capítulo de esta historia n.n
Los Uchiha eran una familia muy poderosa y rica que llevaba generaciones en ese estatus. Simplemente eran una de las familias más viejas del país e incluso, antes de que se aboliera la monarquía, ellos poseían títulos nobiliarios de gran importancia.
Este poder, por supuesto, no era fácil de manejar y mucho menos de conservar. Se necesitaba de mucha inteligencia y habilidad de cada una de las generaciones para poder mantenerlo, pero uno de los problemas más complicados siempre eran los socios y trabajadores a su alrededor. Es decir, si había que competir contra enemigos y competencia, los aliados siempre eran muy importantes, porque no había forma más sencilla de derribar un castillo, que quitando a alguno de los pilares.
Por generaciones, los aliados de la familia, siempre habían sido la propia familia y aún así, se sabía de incidentes donde los propios familiares habían cometido traición a pesar de que los Uchiha tendían a ser muy fieles entre sí, pero en épocas recientes, el número de miembros de esta estirpe, había disminuído considerablemente en comparación a los viejos tiempos.
Fugaku, el cabecilla actual del clan, estaba preocupado por los aliados que sus hijos tendrían cuando crecieran y aunque le tranquilizaba saber que contaban con su primo Shisui, de la misma edad que su hijo mayor, sabía que necesitarían de al menos alguien más que fuera el apoyo de su hijo menor.
Mientras pensaba en la mejor forma de encontrar un compañero de apoyo para su pequeño hijo de cinco años, la idea de cómo solucionarlo llegó sin querer de parte de su esposa, cuando volvió de casa de una amiga muy emocionada de conocer a su recién nacida.
¿Qué tenía qué ver con los aliados de sus hijos? Pues bien, cuando Mikoto estaba esperando a su hijo menor, la doctora había dicho que sería una niña, algo que la emocionó muchísimo, sin embargo, la doctora había errado su pronóstico, dando lugar a un varón.
La mujer no lo decía, pero su esposo sabía que ella se había ilusionado mucho con la idea de tener una hija. Empero, el problema era que el nacimiento de su hijo menor se había complicado un poco, lo que concluyó en que no podrían tener más hijos en el futuro.
A Fugaku le rompía el corazón ver a su esposa lamentándose por esa hija que no podrían tener, pues era más doloroso ver que ella ni siquiera lo expresaba para no angustiar a su familia. Además, a pesar del dolor, ella era bastante dedicada a sus hijos y Fugaku hasta podía decir que consentía a su hijo menor, quizá para compensar ese deseo.
De esta situación a Fugaku se le ocurrió la idea de adoptar a una niña de la misma edad que su hijo menor para que fungiera como apoyo de este, algo bastante "novedoso" en su familia, porque los aliados fuera del clan, tendían a ser varones y se concretaban los lazos con matrimonios con familiares de estos. Por supuesto, esto venía de esas tradiciones de antaño, pero ahora, Fugaku veía la ventaja de tener a una chica como aliada porque los tiempos estaban cambiando y una mujer capaz, como aliada, podría ser una ficha valiosa ante los enemigos que la subestimaran.
Si, una hija adoptiva sonaba perfecto para sus planes a futuro, pero necesitaba que esa niña fuera inteligente y de carácter para poder lidiar con su papel como mano derecha de su hijo menor. Sin embargo, esa adopción nunca ocurrió porque Fugaku notó de inmediato que su esposa terminaría por consentir a esa niña y en el peor de los casos, sus hijos harían lo mismo. Una niña así no serviría para sus planes y de hecho, podría convertirse en un problema para la familia.
Tras pensarlo largamente, Fugaku encontró una solución a su dilema: una protegida.
La niña elegida como protegida de los Uchiha, podría seguir viviendo con sus padres, pero tomaría lecciones particulares junto a su hijo y de vez en cuando podría pasar tiempo con la familia para que su esposa satisfaciera ese deseo de una niña, pues aún si Mikoto y sus hijos la consentían, la niña siempre regresaría a sus padres para moderar su carácter.
Cuando Fugaku le planteó la idea a su esposa, ella estaba muy entusiasmada y se vio aún más contenta cuando finalmente le presentó a la niña que él había elegido. Algo que le dio alivio al hombre, porque temió decepcionar a su esposa.
La elegida, había sido Seidou Karin, una niña sólo un mes mayor que su hijo que demostraba excelentes habilidades intelectuales que podrían ser explotadas y cuyos padres tenían una deuda gigantesca que no les permitía tener una vida digna con al menos lo mínimo. Esto era muy importante porque, aunque Fugaku conocía casos de personas de esas condiciones que llegaban a dejarse llevar por la ambición, también podían llegar a ser personas muy leales.
¿Cómo saber que esa niña sería leal a su familia? Ciertamente no había forma de saberlo con certeza, pero Fugaku había elegido a esa pareja y su hija por sus antecedentes, pues habían pasado por tan malas situaciones, que resultaba sorprendente que aún no cayeran en la ilegalidad para poder aliviar sus malos ratos. Esto podría ser una excelente señal de la moral de la familia o bien, podría ser sólo que eran muy cobardes para tomar el mal camino. En todo caso, esto seguía siendo una apuesta y Fugaku estaba apostando a partir de los antecedentes.
Por supuesto, también se hizo un contrato, uno donde Fugaku sería generoso con los Seidou, pero sin solucionar todos sus problemas para evitar que los vieran como un cajero automático.
Las condiciones de ese contrato eran, que los Seidou se comprometían a educar a su hija de la mejor forma posible, prestando particular atención a su desempeño académico y su salud. A cambio, los Uchiha se harían cargo de todos los gastos de la niña y les darían un pequeño sueldo que, si bien no pagaría todas sus deudas, les sería más llevadera su situación, especialmente porque ya no tendrían que gastar en su hija.
Al principio, los padres de la niña se vieron renuentes a aceptar aquel contrato, pues lo leyeron más de una vez e hicieron muchas preguntas enfocadas en el bienestar de su hija, lo que le hizo saber a Fugaku que sinceramente les preocupaba la niña. Tenían miedo de dejarla en manos de una familia de locos y esto sólo le dio más motivos a Uchiha de elegir a esa familia que parecía tener en orden sus prioridades.
—Ella es Seidou Karin, va a ser tu compañera de estudios —Fugaku presentó a la niña a su hijo en cuanto el contrato con sus padres fue firmado y para Sasuke, este día fue inolvidable.
—Hola, mucho gusto. Yo soy Uchiha Sasuke —saludó el pequeño viendo cómo la niña intentaba ocultarse detrás de su madre. Parecía una niña muy tímida— ¿Sabes? Tienes unos ojos muy bonitos.
Sasuke recordaba cuánto le habían llamado la atención sus ojos, primero por el color inusual de estos, pero la calidez, dulzura y timidez que percibía de su mirada lo cautivaron.
Para el niño de cinco años, aquél día fue uno de los más memorables de su vida, porque fue el momento en que conoció a su compañera de estudio y de juegos, con la cuál se sintió tan cómodo desde el primer momento, que para él, el resto de los días se sintieron como si se conocieran de toda la vida.
El menor de los Uchiha no fue el único contento con la llegada de la niña, pues Itachi, el hijo mayor la trataba como a una hermana, Fugaku estaba satisfecho con su desempeño académico, carácter y modales y Mikoto, volcaba ese amor maternal que tenía de sobra por esa adorable niña.
—¿Te imaginas si en el futuro Sasuke y Karin-chan se casaran? —un día Mikoto le planteó a su esposo mientras ella veía a los aludidos jugando en el jardín con la pelota. En tan sólo un par de meses, aquellos niños se habían hecho muy unidos.
—Preferiría que Sasuke encontrara a una joven de nuestro nivel para casarse —respondió Fugaku— Además, no importa cuánto tiempo pase con nosotros, ella terminará por endurecer su carácter por las circunstancias en que viven sus padres —señaló sin levantar la vista del periódico que leía— Es por eso que es una aliada potencial. Sabrá tratar con gente difícil.
—¿Y qué mejor aliada que una esposa? —planteó Mikoto.
Fugaku quedó callado unos instantes antes de responder. Bajó su periódico y miró a su mujer.
—Aunque tengas razón, a Sasuke lo que gusta de esa niña es que es frágil y tímida porque así puede sentirse fuerte y protector con ella. Puede ser su héroe como Itachi lo es para él —respondió el hombre— Cuando cambie por fuerza de las circunstancias, ella será muy diferente y Sasuke perderá el interés. Especialmente porque verse del diario los aburrirá eventualmente.
—Querido, creo que estás olvidando una cosa muy importante —Mikoto rió sutilmente y con la mirada, su esposo le preguntó a qué se refería— Karin-chan no es la única que va a cambiar por fuerza de las circunstancias. Nuestro hijo también se verá afectado al conocer a toda esa gente que nos rodea y en la que es difícil confiar, porque es difícil saber con qué intenciones se acercan a nosotros —señaló la mujer— También olvidas que la convivencia diaria fortalece lazos. Aún si pelean.
De nuevo, el hombre permaneció callado antes de responder.
—Si ella se convirtiera en esposa de Sasuke. ¿Quién lo ayudaría en la empresa? ¿O es que ella dejaría de ser ama de casa para ayudarle?
—El mundo ya no es como cuando se establecieron las tradiciones Uchiha. Ni siquiera es como cuando éramos jóvenes, así que no te sorprendas si ella o cualquier otra posible esposa decide tomar un camino diferente del que se acostumbra en nuestra familia —respondió Mikoto— ¿Acaso no es porque el mundo ha cambiado tanto que decidiste elegir a una niña como aliada de Sasuke? No intentes forzar el mundo que nosotros conocimos en el mundo de nuestros hijos porque sólo conseguiríamos rebeldía de su parte.
—Nuestros hijos son obedientes.
—Porque aún no son adolescentes. Ese será el momento en que más se opondrán a nosotros sin importar si tenemos o no razón —respondió Mikoto— Itachi está pisando esa etapa de su vida, así que quiero aprovechar para decirte algo importante, cariño.
—¿Qué es?
—Hasta ahora has sido un padre excelente, por ello los niños son tan buenos y obedientes, pero cuando entren a la adolescencia, tendremos que ser un poco más flexibles y dejar que tengan sus propios errores para que aprendan —se acercó a su esposo mientras hablaba calmadamente.
—La adolescencia es el momento en que se cometen más errores imprudentes que impactan el futuro, no podemos hacer eso.
—No estoy diciendo que dejemos de regañarlos o llamarles la atención en cosas significativas. Estoy diciendo que debemos dejar que empiecen a tomar sus propias decisiones para que tengan la confianza de informarnos y podamos aconsejarles antes de que hagan las cosas advirtiéndoles de las consecuencias —respondió Mikoto estirando su mano a la mejilla de su esposo— Una vez iniciada la adolescencia, los hijos tienden a hacer todo lo contrario a lo que los padres quieren cuando los padres son controladores. Es su forma de expresar que ellos pueden tomar sus propias decisiones. Si queremos que nos tengan en cuenta, debemos respetar que están creciendo.
—No…
—Si, sé que tu padre no lo hizo así y tú fuiste obediente y acertado en muchas cosas, pero ¿recuerdas que al principio no querías casarte conmigo? ¿recuerdas por qué?
Fugaku frunció el ceño indicando que si lo recordaba.
Él siempre había sido obediente a toda orden de su padre porque sabía que él tenía razón en muchas cosas, pero eso también lo alejó de cosas que le habría gustado probar o experimentar.
Tocar un instrumento, dedicar más tiempo al deporte o salir con una joven de la secundaria que había sido su primer amor, eran algunas de las cosas que Fugaku no había hecho por obedecer a su padre y cuando su madre le presentó a Mikoto, él la rechazó.
Desde el primer momento, Fugaku supo que si se la estaban presentando, era porque esperaban comprometerlos y a pesar de que él siempre fue muy obediente, sintió que aquella era la única manera de elegir, pues sus padres no podrían culparlo por no sentir nada por ella porque nadie puede mandar sobre el corazón. El problema fue que él se enamoró de ella y en su momento tuvo que elegir entre mantener su única acción de rebeldía o aceptar que podría ser feliz con esa mujer.
Pensando en aquél momento, Fugaku podía darse cuenta que su esposa tenía razón sobre sus hijos, de la misma forma en que ella tuvo razón cuando le dijo que la rebeldía sólo servía para dar un mensaje a sus padres que podrían o no oírlo, pero que la decisión del amor iba a ser una que afectaría toda su vida.
Si Mikoto no le hubiese dicho eso y si él no se hubiese dado cuenta que tenía razón, quizá Fugaku se habría casado con alguien más con tal de demostrarle a sus padres que al menos, tenía ese poder de decisión y no estaba muy seguro que a esa otra mujer la hubiese amado de la forma en que amaba a su esposa.
—No estoy seguro de poder recordar tu consejo si me hacen enfadar —respondió Fugaku.
—Yo estaré allí para recordártelo —Mikoto sonrió y le dió un suave beso— Por cierto, hablando de rebeldías, no le digas a Sasuke que me gustaría que se casara con Karin-chan —pidió Mikoto— No quiero que se arruine.
—Ahora mismo esa niña le gusta mucho, si sabe que te gusta para nuera, pienso que se pondrá feliz —aseguró Fugaku— Apenas tiene seis años, así que no intentará llevarnos la contra todavía. No deberías preocuparte.
—La forma en que le gusta no es como espero que lo haga en el futuro. Por ahora son sólo compañeros de juego —respondió Mikoto— Pero crecerán y si Sasuke y Karin-chan saben de antemano mi deseo, no sé cómo puedan reaccionar cuando crezcan.
—Entiendo.
—Realmente me gustaría que se enamoraran y se casaran, pero ellos no actuarán acorde a mis deseos, así que si al final no están hechos el uno para el otro, podría ser incómodo para ellos saber mis deseos —decía mientras regresaba la vista al ventanal por dónde veía a los niños jugando— Lo peor de todo, es que si eso pasara, se arruinaría tu plan de convertir a Karin-chan en una aliada para Sasuke. Ambos podrían llegar a estar demasiado incómodos como para trabajar en conjunto.
—Si bien entiendo que pueda serles incómodo, no creo que afecte su dinámica laboral si no se les vuelve a mencionar.
—Si Karin-chan aprecia el apoyo que le damos para mejorar su futuro, podría sentirse presionada a aceptar a Sasuke. No quiero que pase eso. Además, tampoco podemos descartar la posibilidad de que uno de los dos se enamore y el otro no. En ese caso, si Sasuke es quien se enamora, ella podría sentirse todavía más presionada a aceptarlo y si es al contrario… bueno, no podemos prever todos los posibles escenarios.
Mikoto no quiso mencionar las probabilidades de que la niña se convirtiera en una interesada en el futuro, pues aunque sabía que su esposo había buscado a una candidata de una familia con buenos valores, nunca se sabía el camino que los niños tomarían en el futuro.
—Quizá no sería mala idea sugerirles la idea como una posibilidad, no como un deseo nuestro —sugirió Fugaku— Así podríamos sembrar la semilla de la duda desde ahora y ver qué hacen con ella.
—No querido, deja que disfruten su infancia y que las cosas se den por sí solas.
Fugaku accedió a los deseos de su esposa y sinceramente esperaba que se cumpliera su anhelo, porque aunque el hombre parecía ser frío y hostil, se desvivía, por debajo de la mesa, para hacer feliz a su esposa. Sin embargo, en algo tan complejo como eran los sentimientos de terceras personas, no podía hacer mucho.
El tiempo pasó desde el primer encuentro entre los niños. Tres años para ser exactos y la tragedia que dió origen a que la relación entre Sasuke y Karin se fracturara llegó.
Todo comenzó porque los padres de Karin, que aún tenían deudas, fueron enviados a trabajar fuera de la ciudad en noviembre. La niña de ocho años estaba con ellos cuando se fueron, pues aunque pasaba mucho tiempo en la mansión Uchiha, sólo iba a tomar clases particulares después de la escuela y algunos tiempos de juego con Sasuke. En pocas palabras, ella se seguía ateniendo a los movimientos de sus padres.
El trabajo de los Seidou se extendió a las fiestas navideñas y Sasuke expresó su deseo de ver a su compañera de juegos. Él realmente la extrañaba, pues desde que habían sido presentados, no se habían separado por más de una semana.
Los Uchiha tampoco estaban contentos con la larga ausencia de la niña, Fugaku porque se había perdido varias lecciones y Mikoto porque también la extrañaba, así que se contactaron con los Seidou y por primera vez ofrecieron alojar a la niña en su casa mientras ellos trabajaban.
Para los Seidou, que trabajaban por comisión, debían aprovechar las fiestas decembrinas, pues eran las mejores fechas de ventas. Muchas veces trabajaban horas extras para tener una mejor ganancia y dejaban a Karin sola en el hotel, por lo que la propuesta de que se quedara con los Uchiha fue bien recibida ahora que había esa confianza entre las familias.
El primero de diciembre, Mikoto fue a recoger personalmente a la niña, llevando a Sasuke con ella para que los niños pudieran reencontrase lo antes posible.
Decir que estaban felices era quedarse corto y es que a ambos les emocionaba mucho que pasarían más tiempo juntos. En su mente, eso sólo significaba más tiempo para jugar.
Todo parecía ir bien hasta que un día, poco antes de Navidad, Sasuke fue a buscar a su madre muy preocupado.
—¿Qué tienes?
—Karin-chan está muy triste —respondió el niño angustiado.
—¿Por qué? ¿Qué tiene?
—Me dijo que no les dijera, pero ha estado llorando mucho —decía el niño que no quería traicionar la confianza de su amiga, pero él se angustiaba de verla mal.
—¿Ha estado llorando? ¿Qué tiene? —preguntó Mikoto muy preocupada.
Sasuke le contó a su madre que una noche en que hizo más frío que otras, se había levantado a buscar a Karin a su habitación para llevarle más cobijas, pero que antes de llamar a la puerta, la oyó llorando.
Preocupado, el niño entró a ver qué tenía su amiga y aunque al principio no se lo quiso decir, Karin terminó explicándole que extrañaba mucho a sus padres.
La deuda tan grande que sus padres tenían, era por pedir préstamos para pagar las quimioterapias de su hermano mayor, el cuál no sobrevivió a la leucemia que tenía. Desde que su hermano se enfermó cuatro años atrás, las navidades para Karin se habían convertido en momentos tristes, pues si no se quedaba en la casa con su hermano enfermo, la pasaba con él en el hospital y cuando falleció, se quedaba sola mientras sus padres trabajaban.
Karin deseaba una Navidad a lado de sus padres como las que sus compañeros en la escuela le contaban, pero entendía que ellos estaban tratando de pagar los préstamos que solicitaron para las quimioterapias y arreglos fúnebres de su hermano que se elevaban entre más tiempo pasara.
El hecho de que ella llorara particularmente en esas fechas cuando la estaba pasando acompañada de una familia y de su mejor amigo, era que sus padres le habían prometido que ese año tendrían una navidad en familia. Es decir, ellos se habían esforzado muchísimo para terminar con sus deudas y el apoyo de los Uchiha les había ayudado bastante, así que ya veían próxima la fecha de liquidación, pero el problema era que uno de los préstamos que pidieron, fue a gente poco… confiable. En pocas palabras, les tendieron una trampa para pagar mucho más de intereses. Si no lo pagaban, tomarían represalias.
Los Seidou jamás habrían tomado ese camino, pues sabían que podrían jugarles chueco, pero en ese momento estaban tan desesperados por salvar a su hijo, que no lo pensaron demasiado, especialmente porque sus otras opciones de préstamo ya las habían utilizado.
Con la trampa de los usureros, los Seidou no pudieron cumplir su palabra y esperaban que el trabajo de ese diciembre pudiera ayudar a saldar esa deuda. Entre más rápido la terminaran, menos oportunidad les darían a los bandidos de explotarlos más.
Por supuesto, el detalle de esos préstamos no eran cosa que una niña supiera, para ella, sólo estaba triste y decepcionada de no estar con sus padres cuando me habían prometido algo, pero cuando Sasuke le habló de esto a su madre, ella se puso a investigar.
Si, Fugaku había investigado a los Seidou, así que estaba al tanto de las deudas y los motivos de esas deudas, pero él nunca leyó los contratos ni pagarés de la familia, así que tampoco sabía de la trampa en la que los habían metido.
Los Uchiha revisaron la situación y concluyeron que ellos pagarían la deuda de esa estafa y los Seidou podrían tomarlo como un préstamo en el que no les cobrarían intereses. Con ello, los padres de Karin podrían pasar la navidad con su hija y como ya habían saldado el resto de las deudas, sólo les quedaría la deuda con los Uchiha.
Decir que los padres de Karin estaban más que agradecidos con la generosidad de los Uchiha era quedarse cortos. Ni siquiera podían creer el ofrecimiento cuando se contactaron con ellos por teléfono para decírselos y no dudaron en volver junto a su hija. La amaban mucho, incluso podría decirse que la amaban aún más después de la muerte de su hijo mayor, y les había roto el corazón decepcionarla, pero con ayuda de los Uchiha iban a poder volver a reunirse, o eso pensaron.
El veinticuatro de diciembre, Mikoto fue a recoger a los Seidou al aeropuerto para llevarlos a la mansión Uchiha a pasar la navidad con ellos. No le habían mencionado nada a Karin para que fuera una sorpresa, pero cuando ya estaban en camino a la mansión, un tráiler chocó con la limusina dónde iban y ninguno sobrevivió.
Aquello fue un golpe muy fuerte para Karin y el resto de los Uchiha. Ninguno nunca pudo prever que algo como eso pasaría. Incluso, Fugaku llegó a pensar que los usureros que habían engañado a los Seidou se habían vengado por no haber podido exprimirles más dinero, pero no, todo fue culpa de uno de esos ebrios de las fiestas que conducen a pesar de estar intoxicados.
Desde ese momento, Fugaku mostró un enorme rechazo hacia la niña tras la muerte de su esposa, pues en su mente, había sido culpa de Karin que Mikoto muriera, porque, si no fuera por esa mocosa, ella no habría ido a buscar a sus padres. Si esa niña no se hubiese puesto a llorar, su hijo no habría ido a decirle nada a la piadosa mujer que pensando en ella, quiso consolarla y darle una buena Navidad.
Sin embargo, el rencor que le nació al hombre se esfumó casi de inmediato un mes después de la muerte de su esposa. Y no es que se hubiese esfumado como por arte de magia, sino que sus hijos le recordaron los deseos de su esposa.
El primero en hacerlo, fue Sasuke, pues además de haber perdido a su madre, había perdido a su amiga cuando su padre no quiso saber nada de Karin cuando la enviaron al orfanato. Además, el niño estaba muy ansioso al respecto, porque no podía consolar a su amiga sabiendo que estaría igual o más devastada que él al perder a ambos padres.
—Padre, ¿cuándo volverá a venir Karin-chan a casa? —se acercó a Fugaku con su cara suplicante— Ella debe estar muy triste como nosotros. Quiero verla.
—No volverá a venir —declaró el hombre bastante enojado.
—¿Por qué? Dijiste que Karin-chan y yo creceríamos juntos. Que ella sería mi mano derecha —preguntó Sasuke muy confundido, pues él no podía entender que su padre culpaba a su amiga del accidente.
—Conseguiremos a alguien más. Ahora, sal de aquí. Estoy ocupado.
—No quiero a alguien más. Karin-chan y yo le prometimos a madre que nos cuidaríamos siempre —insistió el niño— Ella debe estar muy triste llorando porque no tiene a sus papás y no puedo consolarla si no está aquí.
—Sabes que tu madre ya no está con nosotros. Olvida a esa niña —contestó Fugaku.
—Pero padre, madre le había prometido que nos llevaría a patinar sobre hielo y que le compraría un lindo vestido —decía el niño desesperado, pues él no podría simplemente olvidar a la amiga con la que había pasado tantas horas por tres años— Madre quería ver a Karin-chan feliz y si no cumplimos todas esas promesas, será como olvidar a madre.
"Si no cumplimos sus promesas, sería como olvidarla" fue la idea que congeló por completo a Fugaku, porque ello no sólo incluía las promesas que su difunta esposa le había hecho a esa niña o a sus hijos, sino todo lo relacionado con ella: sus costumbres, sus ideales, sus deseos, etc.
Fugaku había hecho desaparecer casi todo lo relacionado a su esposa para encerrarlo en un cuarto. De esa forma, él esperaba olvidar su dolor y al mismo tiempo tener un lugar dónde recordarla, pero lo cierto es que Mikoto no vivía en esos objetos que estarían almacenados, sino en su legado.
—Necesito trabajar —el hombre dijo muy serio a su hijo y Sasuke iba a seguir insistiendo, pero la llamada de un socio de su padre lo hizo retroceder.
A pesar de haber tenido esa especie de revelación por las palabras de su hijo menor, Fugaku se rehusó a dejar volver a la niña y sólo quedó convencido cuando su hijo mayor solicitó hablar con él.
—¿Qué necesitas? —preguntó Fugaku a su hijo de catorce años apenas una semana después de la petición de su hijo menor.
—Quisiera saber el motivo por el que usted ya no permite a Karin-chan venir a casa —dijo Itachi muy serio— Ahora más que nunca, es que Sasuke necesita de su compañera para superar esto.
—Ella ya no vendrá, porque buscaré a alguien más para tu hermano —respondió el hombre muy serio— No necesita de esa niña porque se puede encontrar un reemplazo.
—Karin-chan ha sido la compañera y amiga de Sasuke por más de tres de sus ocho años de vida. ¿Cree que él podrá reemplazarla sólo porque usted cree que ese reemplazo es una mejor opción? —planteó el adolescente— Dígame, padre ¿usted podría reemplazar a madre con esa facilidad con cualquier otra mujer sólo porque es más adecuada según una lista arbitraria de requisitos?
—¡No es lo mismo! —exclamó Fugaku muy enojado.
—Si lo dice porque usted y madre se amaban como pareja, si, no es lo mismo, pero Sasuke y Karin-chan se aman como amigos, quizá como hermanos —señaló Itachi, porque pensaba que usar la palabra "querer" no podía compararse al afecto que los niños se tenían— Y así como madre fue su compañera de vida por poco más de la mitad de su vida, por hoy, Karin-chan es esa compañera de casi la mitad de vida de Sasuke.
—Él es muy joven, lo superará pronto y seguramente la olvidará.
—¿De verdad lo cree, padre? Porque si sigue con esta postura, para Sasuke, el día del accidente habrá perdido no sólo a nuestra madre, sino a su mejor amiga. Le aseguro que eso es algo que jamás va a olvidar —señaló Itachi— Además, ¿qué cree que diría madre si viera lo que está haciendo? Ella quería a esa niña como a una hija. La amaba tanto, que quería verla feliz. Por eso subió a ese auto aunque no tenía por qué ir personalmente a buscar a los Seidou —hizo una breve pausa— Sé que culpa a Karin-chan por la muerte de madre, pero ella sólo es una niña triste que amaba y extrañaba a sus padres. El conductor ebrio que murió en el mismo lugar fue el culpable de que se perdieran todas esas vidas.
Las palabras de sus hijos retumbaron en su mente por varios días hasta que finalmente se dio cuenta que ambos tenían razón y por sobre todo, le dolía pensar que su esposa estaría decepcionada de él al ver la forma en que vertió todo su odio hacia una niña que, sí, no había tenido ninguna culpa de lo que ocurrió y que de hecho, ella había perdido mucho más que él ese día.
—Perdóname, mi amor. He actuado mal, pero te prometo que haré todo lo posible para que esas promesas y deseos que no podrás cumplir, se cumplan —declaró Fugaku frente al altar de su esposa dejándole unas varitas de incienso y bastante decidido a cumplir su palabra.
¿Cuál será el proceder de Fugaku para cumplir su promesa? ¿Cómo es que la amistad entre Sasuke y Karin se romperá?
Me encantará saber sus teorías y preguntas en los comentarios n.n
¡Hasta la próxima actualización!
