¡Saludos, queridos lectores!

No he podido recuperar mi vieja cuenta de Wattpad, así que todo apunta a que me quedaré con la nueva. Será un largo camino para pasar todo lo que tenía en mi cuenta original, pero de momento, iré subiendo las historias de las que ya tenga un capítulo nuevo. Así mismo, como había comentado en El circo de las rosas negras, me estaba pensando si actualizar este fin de semana esta historia (respetando que he estado actualizando dos historias cada fin de semana) y decidí hacerlo para acelerar un poco el subir las historias de mi vieja cuenta.

Espero que si deciden volver a leer mis historias desde el principio, lo hagan en la cuenta nueva de Wattpad y puedan ayudarme a dar favs y comentarios. Se los agradecería muchísimo n.n

Sin más, los dejo con el capítulo de hoy de esta historia, la cual, espero que disfruten n.n


El sentimiento que Sasuke tuvo en aquel momento fue nuevo para él, tanto, que ni siquiera sabía cómo manejarlo. Sin embargo, fueron su hermano y su amiga quienes le ayudaron a disminuirlo.

—¡Sasuke! ¡Al fin llegaste! —Karin sonrió al darse cuenta de su presencia y se acercó a él.

—¿Quieres una galleta? Karin-chan las hizo —Itachi se acercó a su hermano estirando la mano con la bolsita de tela, pero él dudó— No la desaires. Están muy ricas.

—Sasuke dijo que odia los dulces, no importa si no las prueba —dijo la pelirroja con un gesto contrariado.

Las palabras de Karin le hicieron recordar lo que él le había dicho por la noche cuando ella intentaba sacar algo de su equipaje. Quizá, ella iba a ofrecerle aquella bolsa de galletas, pero debió retractarse con su respuesta.

Pensando en que aquello era una posibilidad, Sasuke se sintió contrariado, pues por un lado, estaba contento de que ella le hubiese preparado un regalo como ese al recordar cuánto le gustaban aquellas galletas de niño, pero también se sentía enfadado porque ella había terminado por dárselas a alguien más, pero entendía por qué lo hizo.

—Tomaré una —aceptó la invitación de probar el postre.

—Si no te gusta, puedes decírmelo. Aún estoy aprendiendo —comentó la pelirroja nerviosa— Aunque ya no te gusten los dulces, seguro podrás decirme si está bien hecha.

—Considera un halago que haya aceptado comerla, aunque si tú se lo ofreces, supongo que Sasuke comería piedras —comentó Itachi y los jóvenes se sonrojaron.

—No está mal —comentó Sasuke muy serio tras haber comido la galleta, pues no quería darle la razón a su hermano, pero tampoco quería desalentar a su amiga.

—Supongo que tengo que practicar más —respondió la chica tratando de sonreír.

—No digas tonterías Sasuke, están muy ricas —regañó Itachi comiendo una galleta más para demostrarlo.

—¿Te gustaría ir al jardín? —Sasuke ignoró a Itachi mirando a la pelirroja.

—Si, claro —asintió la chica para luego mirar al mayor— ¿Vienes con nosotros?

—No, yo también tengo lecciones. No tardan en empezar, pero nos veremos durante la cena —respondió Itachi con una sonrisa cálida— Vayan a divertirse y muchas gracias por las galletas. Me encantaron.

A Sasuke no le agradó oír que Karin invitara a su hermano a pasar el tiempo que estaba destinado para que ellos pudieran convivir y también le molestó ver que ella pareció sonrojarse cuando Itachi volvió a agradecerle por las galletas. Unas que estaba seguro que eran para él.

—Vámonos —la tomó de la muñeca y la llevó hasta el jardín.

—Espera, Sasuke, vas muy rápido —Karin protestaba.

—Mi padre no nos da mucho tiempo libre, no podemos desperdiciarlo con los demás —respondió el aludido y su tono sonaba más a un reproche.

—Pero es que… ¡Ay!

Karin había intentado decirle a su amigo que no podía seguirle el paso por la forma en que la halaba, pero justamente cuando iba a hacerlo, tropezó. Al caer, tiró de Sasuke, pero él pudo permanecer en pie, mientras ella, había terminado en el piso.

—¡Karin! —el niño se acercó a ella para ayudarla a levantar.

—Te dije que ibas muy rápido —ella intentaba no llorar por el golpe.

—Yo… lo siento. De verdad —se acercó a ella y la ayudó a levantar— Disculpa, no pensé en esto.

—¿Por qué tienes tanta prisa? Parecías enojado —comentó la pelirroja ya de pie y sobándose el brazo. Había caído de lado.

—No estoy enojado. Sólo no quería perder el tiempo —respondió el niño desviando la mirada.

—Vamos a sentarnos —respondió la pelirroja cuando no supo qué responder a eso.

En silencio y ahora caminando, ambos niños fueron a una banca que permitía ver todo el jardín desde allí. Aquél jardín había sido un regalo de Fugaku a Mikoto cuando ella quedó embarazada de Itachi, pues a ella le encantaba tomarse un tiempo en el parque cerca de la casa para relajarse entre la naturaleza, el sonido de las fuentes, los pájaros e incluso de los niños.

Fugaku pensó que ese jardín sería un excelente regalo, y no porque esperara que su esposa no volviera a ir al parque y se quedara encerrada en casa, sino más bien, para que ella pudiera tener un pedazo de ese parque para los días en que sintiera que el embarazo la retenía y que él no pudiera llevarla. Además, con el tiempo, también fue el patio de juegos de sus hijos que podían mirar desde esa banca.

Para Sasuke y Karin, el jardín también era significativo, pues pasaron muchas horas jugando juntos y muchas veces a la vista de Mikoto. Ahora, eran ellos los que se sentaban en la banca contemplando los recuerdos de la niñez que se estaba quedando atrás ahora como adolescentes.

—¿Qué has hecho en este tiempo? —preguntó Karin después de que el silencio se prolongó, pues a pesar de tener prisa por ese tiempo libre juntos para hablar, las palabras se les escaparon, por culpa de los recuerdos y la inquietud de saber que ya no eran los mismos.

—Estudiar mucho.

—¿Y tus pasatiempos?

—Le dedico el tiempo que puedo al Kendo y la caligrafía me relaja.

—Antes lo odiabas —a Karin se le escapó una risita que avergonzó al joven. De niños, era una de las clases que más le costaban— Y eras muy malo.

—He mejorado bastante —usaba el enojo para no delatar su vergüenza.

—Me da mucho gusto —ella le sonrió sincera, pues en aquel entonces, él sufría mucho por ello, pero él no pudo decirle nada porque esa sonrisa le había provocado algo en el pecho.

—Dijiste que ya no te gusta nadar. ¿Por qué? —preguntó Sasuke para disimular el hecho de que algo le pasaba. Además, verdaderamente quería saber el motivo por el que algo que ella amaba hacer, había cambiado.

—Porque… pues yo… —ella se puso completamente roja con la cara agachada mientras se abrazaba y apretaba las piernas. Sasuke no podía entender el motivo de ese comportamiento— ¡Ya no me gusta y ya!

Para Sasuke, aquella respuesta era inusual. Karin siempre le había tenido mucha confianza y estaba seguro que ella no le había ocultado nada desde que se conocieron, por lo menos, hasta ese momento.

—¿Y qué me dices de la pelota? —preguntó descontento de que ella le mintiera.

—Saltaba y corría mucho. Es incómodo —respondió aún sin levantar el rostro ni soltarse a sí misma.

—¿Incómodo? —preguntó confundido.

—Prefiero pasar el día en el club de química y lectura —dijo Karin desviando el tema— También me gusta coleccionar perfumes, aunque apenas tengo tres frascos.

—¿Por qué perfumes?

—Mamá Kushina me llevó a una perfumería para buscarle un regalo a una de sus amigas hace unos meses y me enseñó mucho sobre ellos. Fue muy interesante y divertido —respondió Karin menos nerviosa y recuperando el color— Además, ella me regaló dos de los que tengo. Uno huele como el que usaba mamá, uno como el de Mikoto-san para recordarlas. El tercero lo compré yo, y huele al de ella.

—¿Un perfume como el que usaba madre? —preguntó Sasuke con nostalgia.

—Si, Mikoto-san olía a lirios, mamá a rosas y mamá Kushina usa un perfume que huele a verbena —respondió con una sonrisa triste, pero como no quería arruinar ese momento, amplió su sonrisa— Quiero asociar los perfumes con personas importantes, así, aunque estén lejos, podré sentirlas cerca.

Aquella declaración despertó en Sasuke la curiosidad por saber con qué aroma ella lo asociaría, especialmente porque él no usaba lociones, pero no quería preguntarle tan directamente.

—¿Sólo tienes tres personas importantes?

—No, pero los perfumes buenos no son baratos. Me llevará un tiempo tener los que quiero y aún no he pensado en todos los aromas —respondió la niña— Además, con los hombres es más difícil porque no suelen variar entre una y otra loción. Podrían comprar un frasco y usarlo todos los de la casa.

—¿Qué hay de tu padre?

—Papá olía a su desodorante combinado con tabaco y tu padre huele a tabaco para pipa y su whisky. No puedo conseguir perfumes así, aunque podría intentar hacerlos con lo que aprendí en el club de química.

Sasuke había hecho esa pregunta esperando que a su amiga se le ocurriera decirle el cómo olía él, pero ni siquiera lo mencionó.

—No le he prestado atención —dijo enojado por no saber lo que él realmente quería oír, pues no iba a preguntarle y Karin soltó una risita al ver su expresión.

—¿Quieres saber a qué hueles para mí?

—Me da igual —bufó desviando la mirada, pero la vigilaba de soslayo.

—Hueles a talco de bebé.

—¡No digas tonterías! —exclamó Sasuke enojado.

Karin sonreía entre risitas.

—Nos conocimos cuando teníamos cinco y a eso olías, así que cada vez que ese aroma pasa por mi nariz, me acuerdo de ti.

—No uso talco desde los siete años —dijo irritado, pues su madre solía ponérselo sobre todo en invierno que se le resecaba la piel por el frío.

—Fue el primer aroma que percibí de ti cuando nos conocimos.

—¿Y a qué se supone que huele Nii-san? —preguntó malhumorado.

—No sé… a chico, supongo —respondió la pelirroja de modo que la respuesta no convenció a su amigo.

—¿A qué te refieres?

—Recuerdo que cuando conocí a Itachi-niisan, sólo nos saludamos y fui a jugar contigo. Después de eso, sólo llegué a verlo cuando regresaba de su práctica de Judo y se metía a bañar —respondió Karin recordando— Olía a sudor, pero no olía mal, así que supongo que así huelen los chicos cuando no apestan. Después se bañaba y rara vez estábamos cerca, pero supongo que olía al jabón que usa ahora. Huele a hierbabuena.

—Yo también debo oler así ahora —comentó Sasuke aún más descontento, pues ella parecía haberse quedado con el recuerdo de niños, pero con su hermano parecía haber prestado mayor atención. Eso sin mencionar que indirectamente lo había llamado "bebé" y a su hermano "chico".

—No… no lo sé —titubeó Karin desviando la mirada.

—Estoy a un lado tuyo.

—Bien, también hueles a chico —aseguró la pelirroja nerviosa de acercarse a comprobarlo, pues si bien ella no tuvo reparos en abrazarlo anteriormente, se sentía nerviosa con esa petición.

—No mientas.

La mirada inquisitiva del chico la puso más nerviosa. No la había mirado así antes, así que se sintió intimidada y terminó por acercarse a él.

Para Karin, las mejores partes para poder percibir el olor de alguien era su cabello o su cuello en un abrazo. Sin embargo, los ojos azabaches la seguían intimidando, por lo que, apresar de haberlo hecho muchas veces de niña, no se atrevía a darle un abrazo.

Tímida, acercó su nariz al rostro de su amigo sin tocarlo. Si se inclinaba lo suficiente, la punta de su nariz tocaría el límite entre la cara y el cuello de la mejilla derecha del joven y estando a unas centímetros le dió algunos olfateos.

Sasuke deseaba que su amiga se retractara de llamarlo bebé, y no iba a dejarla en paz hasta oírlo. Lo último que quería oír, era que era inferior a su hermano, especialmente si venía de ella.

Cuando la niña se acercó a él, Sasuke no pensaba en nada más que en el hecho de que ella cambiara de opinión sobre llamarlo bebé, pero al darse cuenta de la cercanía de la chica, comenzó a sentirse nervioso sin entender el motivo y cuando la oyó olisquearlo, aunque no pudiera verse a sí mismo, supo que se había sonrojado. Además, él también podía percibir el aroma de la adolescente: olía a lilas.

—¿Y bien? —preguntó el niño impaciente por una respuesta, así como esperando que ella se alejara. Odiaba sentirse nervioso aunque no le molestara tenerla cerca.

—No sé —ella se alejó rápidamente ocultando su rostro mirando para otro lado.

Sasuke miró de reojo lo que ella hizo, pero también mantuvo su rostro oculto mirando para el lado contrario.

—¿Cómo es que no sabes?

—Hueles a ti.

—¿Y eso qué quiere decir?

—No sé describirlo. Sólo sé que es tu aroma —respondió la pelirroja y ninguno de los dos se atrevía a mirarse.

Por un tiempo, ambos se quedaron sentados en la banca en silencio, mirando a lados opuestos y al pendiente de que el otro se moviera o fuera a decir algo. El único ruido del jardín, era el trinar de los pájaros. el sonido del agua de la fuente y de vez en cuando el rechinido de los columpios que sonaban suavemente cuando el viento soplaba. Sin embargo, al mismo tiempo, esa sensación que les había nacido fue bajando de intensidad conforme el tiempo pasaba y Sasuke fue el primero que habló.

—Eres muy extraña si te fijas en cosas como los aromas —comentó con sinceridad, pues era la primera persona que le hablaba de algo como eso.

—¡No soy extraña! —exclamó enojada, pero también triste de saber que él la llamara de ese modo. Eso era lo más cercano a un insulto que él le había dicho en todo el tiempo que tenían de conocerse.

—¿Cuántas personas que hagan eso conoces? —le señaló el azabache más tranquilo. De hecho, ya había regresado la vista hacia ella, pero tuvo que desviar la mirada porque ver su rostro le recordó la cercanía con la que la había tenido hacía poco.

—Mamá Kushina dice que es original —respondió la chica con emociones como el enojo, la vergüenza y tristeza que se acumulaban en su pecho. Así como Sasuke, lo había volteado a ver, pero desvió la mirada.

—¿De verdad te tratan bien? —Sasuke preguntó no sólo para desviar el tema y evitar que ella siguiera sintiéndose inquieta, pues al parecer, ella seguía sin ser muy buena para ocultar sus emociones, sino también porque tenía curiosidad.

—Si. Mamá Kushina y Papá Minato son muy buenos conmigo y Naruto-niisan me cuida mucho —Karin respondió al fin mirando a su amigo con una sonrisa cálida— Creo que si Akiro-niisan y mis padres no hubiesen muerto, seríamos una familia parecida.

Sasuke la miró cuando oyó el nombre del hermano de la chica y aunque ella seguía sonriendo, podía notar cómo intentaba no llorar.

—¿Hay algo más que te guste hacer? —preguntó el niño queriendo ayudarla a fingir que no estaba triste, porque aunque él siempre había sido su pañuelo de lágrimas y de hecho, le dolía ver que ella intentaba ser fuerte frente a él, también sabía que su padre apreciaría que ella fuera menos expresiva en sus emociones si iba a ser su mano derecha.

—Jugar videojuegos con Naruto-niisan. Es divertido ganarle —respondió la pelirroja.

—¿Te dejan jugar videojuegos? —preguntó Sasuke tentado a abrazar a su amiga para consolarla, pues de todos modos, ella derramó un par de lágrimas. De hecho, él sí que la habría abrazado, de no ser que aún sentía en el pecho aquella inquietud de la cercanía anterior.

—Si, mamá Kushina y papá Minato no son tan estrictos como Fugaku-san —ella se limpió las lágrimas con las mangas de su blusa y volvió a sonreír sin el deje de tristeza— Aunque mamá Kushina puede llegar a ser un poco explosiva si se enoja.

—No creo que a padre le agrade eso —respondió Sasuke y no como un reproche a su amiga, sino más bien porque se suponía que ambos debían seguir las órdenes de Fugaku para poder volver a estar juntos.

Los videojuegos no eran muy bien vistos por su padre, que decía que eran sólo una pérdida de tiempo. Ni a Itachi ni a Sasuke se les permitía tener consolas de ningún tipo y esa también era una razón más por la que él no tenía un celular como su hermano, a quien le dieron uno a los quince.

—Sólo es de vez en cuando porque Naruto-niisan siempre está "practicando" para ganarme, pero no lo ha logrado —Karin empezó a reír— A veces también juego Shōgi con un chico en el parque cerca de la casa, pero rara vez le gano. Se llama Nara Shikamaru.

—No sabía que te gustara el Shōgi —comentó el azabache y algo en eso le incomodó— ¿Dónde lo aprendiste?

—Papá Minato estaba jugando un día con Fugaku-san y le pregunté por el juego, así que él me enseñó y…

—¡¿Padre fue a tu casa?! —preguntó Sasuke confundido y sorprendido— ¡¿Cuándo fue eso?!

Karin se llevó las manos al pecho asustada, y Sasuke pensó que era por la reacción que había tenido, pero no le prestó demasiada atención porque su amiga parecía renuente a contestar.

—No recuerdo bien… creo que fue el año pasado —respondió ella tratando de ocultar su nerviosismo.

—¡¿Lo has visto más veces?! —Sasuke la tomó del brazo bastante exaltado.

—Pues yo…

La niña evitaba la mirada de su amigo y aunque aquello respondía la pregunta de Sasuke, sintió una punzada en el pecho de saber que ella le estaba ocultando algo.

—¿Ya no confías en mí?

—¡Si confío en ti! —Karin se volvió a él preocupada.

—Entonces ¿por qué no me dices las cosas? —le preguntó muy serio tratando de ocultar lo dolido que se sentía y Karin, herida por esa mirada, no pudo quedarse callada.

—Fugaku-san me dijo que no debías saber que él iba a visitarnos —le respondió empezando a llorar— Él no quiere que nos veamos tanto como cuando éramos niños.

—¿Por qué? —preguntó confundido.

—No me lo dijo. Sólo me dijo que debíamos permanecer separados hasta que llegara el momento oportuno.

—¡Tengo que saber! —exclamó Sasuke furioso con su padre, pues todos esos años, él le había dicho que no podía ir a visitar a Karin ni ella irlo a ver. Al principio lo argumentaba diciéndole que debían esperar a que se efectuara la adopción completa y después dijo que su amigo no tenía tiempo de recibirlo o llevarla a la casa.

—¡Sasuke, no lo hagas! —Karin, que aún lloraba, lo había alcanzado a tomar del brazo.

—¡Se supone que nos veríamos cuando se realizara la adopción completa! ¡Él estuvo mintiéndome del por qué…!

—Lo sé, pero si le reclamas, sabrá que te enteraste por mí —dijo Karin abrazándolo fuertemente para que no se fuera— Si él sabe que te dije, tal vez no nos volvamos a ver.

—¿Qué fue exactamente lo que mi padre te dijo? —preguntó Sasuke— ¿Por qué él iba de visita? ¿Lo sabes?

—Fugaku-san iba a casa para ver cómo iba con mis estudios y les daba algunas indicaciones a mis padres adoptivos sobre mi educación —respondió Karin— Él siempre habla conmigo cuando nos visita. Me pregunta sobre la escuela, las clases extracurriculares y me pregunta si aún te extraño —ella soltó su agarre porque él parecía menos tenso, pero no lo soltó— Antes de venir, me dijo que no debo decirte al respecto. No me dió una razón concreta, sólo me dijo que podría arrepentirme si lo hago.

—¡¿Cómo es que…?!

—¡Sasuke! ¡No vayas, por favor! —insistió Karin llorando y abrazándolo de nuevo con fuerza para no dejarlo ir— No dejes que sepa.

—Pero…

—No podemos hacer nada mientras seamos niños. Ni siquiera mis padres pueden porque si tú padre no quiere que nos veamos te retendrá —le decía preocupada— Recuerda que dijimos que nos esforzaríamos para estar juntos y por ahora sólo podemos obedecer, por eso estamos hoy juntos. ¿No?

Sasuke estaba muy enfadado con su padre y la verdad era que no habría poder sobre la tierra que lo detuviera, de no ser que ver la cara angustiada de su amiga le robaba las fuerzas de ir aún cuando aumentaba su enojo.

—No entiendo por qué está haciendo esto. No se supone que estuviéramos lejos si vas a ser mi mano derecha —dijo el chico entre dientes.

—Yo tampoco lo entiendo muy bien, pero creo que teme que lo desobedezcamos estando juntos —respondió Karin— Lo oí decir a papá Minato que éramos muy unidos y que no le sorprendería que un día nos reveláramos.

—¿Eso dijo?

—También dijo que piensa que si vivíamos mucho tiempo juntos, podríamos distraernos mutuamente de nuestras clases. Por eso estando aquí, no nos deja tomar clases juntos.

—Son sólo excusas. Trabajábamos bien estando en las mismas clases.

—Lo sé, pero es lo que le oí decir.

El niño ya sentía resentimiento hacia su padre por separarlo de ella, pero este aumentó con lo que su amiga le decía. Además, lo hacía sentir muy frustrado, porque si Karin tenía razón y le reclamaba, podrían separarlos.

—Enviarte a un instituto fue idea de mi padre, ¿verdad?

—Creo que sí, porque es un internado para señoritas de la alta sociedad, y una vez Fugaku-san dijo que debía aprender cómo comportarme con la gente que te rodea para hacer bien mi trabajo.

—De nuevo es él el que nos separa —dijo enojado apretando los puños— No podemos dejar que mi padre…

—Sasuke, no me gusta que estemos separados, pero quiero ayudarte cuando seamos grandes —ella ya no lloraba, pero tenía la cara hinchada, los ojos acuosos y rastros de lágrimas en las mejillas— Los dos dijimos que íbamos a obedecer para volver a estar juntos y lo haremos cuando tenga que ayudarte.

—Pero…

—Creo que tu padre quiere que los dos estudiemos en la Universidad de Konoha, así que nos podremos ver antes allí ¿No? Tenemos trece. Sólo serán otros cinco años.

—Si mi padre tiene otros planes, nos enviará a diferentes universidades —le señaló enojado, no sólo con la idea de que su padre podría hacer eso, sino que cinco años era demasiado tiempo.

—Lo sé, pero te avisaré si no es así.

—¿Cómo? —preguntó el azabache, pues en los últimos cincos años ellos no se habían podido comunicar.

—¿Ya no confías en mí? —le preguntó Karin devolviéndole sus palabras.

—No es que no confíe en tí, es que temo lo que pueda hacer mi padre. Y los institutos son muy estrictos.

—Yo sabré encontrar la manera —ella le insistió.

Sasuke miraba hacia abajo a Karin que lo abrazaba para detenerlo. Él aún estaba muy enojado y temía que ella no pudiera encontrar una forma de avisarle sobre la universidad. Eso, sin mencionar que le desagradaba la idea de esperar otros cinco años para verla. Sin embargo, no podían hacer mucho en su situación y Karin tenía razón: si no querían ser separados para siempre, tendrían que ser obedientes.

El enojo del adolescente seguía allí, pero la razón estaba predominando en su mente lentamente cuando notó que su amiga estaba nuevamente cerca de él y lo abrazaba con fuerza.

De niños, muchas veces ellos se abrazaron y ella siempre estaba pegada a él, especialmente si algo la asustaba, pero en ninguna ocasión se había sentido cómo cuando ella se acercó a olerlo o ahora que notaba que estaba tan cerca. Ni siquiera cuando ella lo había abrazado la noche anterior había tenido un sentimiento parecido.

—No le diré nada a mi padre, pero si vuelve a engañarme de esta forma, no me quedaré callado —dijo desviando la mirada y el corazón empezando a acelerarse— Así que ya puedes soltarme, pero si no me sueltas y limpias tu cara, se va a dar cuenta que me dijiste.

Karin se soltó rápidamente de él y comenzó a limpiarse la cara y los lentes con las mangas de la blusa, algo que disgustó al adolescente porque no esperaba que ella se separará tan rápido. Era un sentimiento contradictorio de querer seguir teniéndola cerca y al mismo tiempo alejarla.

—Gracias —dijo Karin ocultando su rostro mientras limpiaba el empaño de sus lentes.

Para cuando se dieron cuenta, el tiempo que les habían dejado para ellos se había terminado, pues habían tenido algunos silencios más. Por desgracia, esos mismos silencios los siguieron los pocos días que Karin estuvo presente y no porque no intentaran olvidar esa extraña sensación que les había nacido para aprovechar el tiempo que les quedaba juntos, sino porque cada vez que lo intentaban, se tropezaban con detalles que ya no le gustaba al otro o que esa inquietud que la cercanía les provocaba, los paralizaba.

El día de su despedida, no fue tan emotiva como cuando eran niños, tampoco hubo lágrimas, pero Sasuke agradeció que a pesar de todo, su amiga sí lo abrazó, porque cualquier incomodidad o inquietud que les diera, quedó en segundo plano al saber que tardarían en volver a verse aún si Fugaku les había dicho que sería pronto.

—Voy a seguir esforzándome. Te lo prometo —le dijo la niña que trataba de no llorar. Ahora hacía un mejor trabajo porque sus lágrimas estaban contenidas.

—También me esforzaré —él le prometió con dificultad, pues ahora que ella lo abrazaba sabiendo que era una despedida, quería reclamarle a su padre.

—La próxima vez que nos veamos, te traeré otro obsequio —dijo la niña antes de darle un beso rápido en la mejilla, soltarse y acercarse a Itachi— Gracias por el apoyo, espero verte pronto.

—Cuando quieras. Me alegró mucho ayudarte —Itachi le sonrió— También espero que nos veamos pronto.

Tras el beso, Sasuke sintió su corazón acelerarse de nuevo, pero algo no le gustó de ver ese diálogo entre su amiga y su hermano. ¿Cuándo Itachi había ayudado a Karin y con qué? ¿Por qué Karin se veía tan nerviosa frente a su hermano?

Él quiso averiguar al respecto con su hermano, pero la respuesta que recibió, supo de inmediato que se trataba de una mentira… o quizá fue Karin la que mintió cuando se lo preguntó, pues para fortuna de él y su amiga, se vieron mucho antes de lo que pensaron.


¿A qué huele Sasuke? ¿En qué ayudó Itachi a Karin? ¿Por qué Fugaku engañó de esa manera a Sasuke? ¿Está realmente funcionando el obedecer y por ello se verán antes de lo esperado? ¿Irán a diferentes universidades? ¿Cuáles son los verdaderos planes de Fugaku? ¿Qué otras dudas les han nacido con este capítulo?

Me encantará ver sus teorías y dudas en los comentarios n.n

Espero que este capítulo les haya gustado, pues a pesar de que Karin y Sasuke han descubierto que el tiempo los ha cambiado (sin mencionar la pubertad), al mismo tiempo se dieron cuenta que aún hay cosas de las que pueden hablar para volverse a conocer. Por cierto, para quienes no lo notaron, los celos que Sasuke ha estado experimentando no son románticos, son más bien que se ha dado cuenta que Karin pasó de tenerlo a él como su centro de atención a tener a otros a su al rededor, así mismo, la atracción apenas ha comenzado.

Deseo que el capítulo haya sido de su agrado y siga dejándoles intrigas.

Sin más, nos vemos en la próxima actualización n.n

Respondiendo los comentarios que me han dejado: Muchas gracias por los comentarios, los he leído y me anima ver el buen recibimiento de la historia. Le he tomado gusto al SasuKarinIta y confieso que no será la única historia que tenga a estos tres en conflicto n.n