Los medios de comunicación estaban al borde del colapso. Los periodistas, fotógrafos y curiosos se habían agolpado en la entrada de la mansión Reiss. Se mostraban eufóricos, ansiosos y hambrientos de otra primicia como la que les habían otorgado.
La denuncia pública respecto a los resultados de las elecciones había causado conmoción y revuelo en la ciudad. Los habitantes estaban indignados, pues no sabían a quién debían creerle después de conocer la verdadera faceta de Kenny Ackerman.
—¿Estás seguro de que esto es lo correcto, tío? —inquirió una mujer esbelta en un tono de voz calmado. —¿Qué crees que pasará cuando ellos escuchen eso?
Uri Reiss, quien se encontraba en el ventanal, giró su cuerpo en dirección a su sobrina. Ella apenas había arribado a Shingashina después de varios años fuera de la ciudad tras la masacre de toda su familia en manos de la mafia que controlaba los Jaeger.
Él se acercó hasta la muchacha y acarició su larga cabellera oscura, la misma que le recordaba a su madre cuando era joven.
—Ellos deberán caer tarde o temprano y si no arriesgo mi vida para salvar la de otras personas más, nada tiene sentido —confesó y parpadeó lentamente. —. Sé que está revelación ayudará a Kenny y le dará el tiempo suficiente para tomar la mejor decisión.
Su sobrina escuchaba atentamente cada palabra de Uri y analizaba sus gestos. Estaba preocupado y aunque él lo negara, lo que sucedería horas más tarde determinaría su siguiente movimiento.
Reiss se dirigió hasta la mesa frente a los sofás y tomó entre sus manos un sobre de papel madera que le habían entregado previamente. Lo abrió y expuso el contenido. Volvió a leerlo nuevamente y la indignación era más que evidente.
»—Yo aún tengo estas pruebas, así que puedo sentirme tranquilo de que aunque me maten, la información saldrá a la luz —espetó y volvió a guardar los papeles dentro de ella. —. Además, la persona que me brindó esta información prometió traer la que sería definitoria en cuanto a la caída de Zeke Jaeger y sus secuaces. Ellos deben estar con la cola entre las patas y no se imaginan lo que está por venir...
—¿Y cómo puedes estar tan seguro si solamente tienes pruebas en papel? Ellos son peligrosos y podrían incluso incinerar esas pruebas con tal de continuar con sus negocios sucios. —advirtió la mujer, frunciendo su ceño al recordar a Grisha Jaeger y su hijo mayor.
—Frieda, eres inteligente y lo sabes. ¿Tú crees que sería capaz de tener una sola muestra de sus porquerías, aún sabiendo de lo que son capaces? —inquirió Uri con una expresión victoriosa.
La mujer abrió sus ojos para expresar la sorpresa al no tener en cuenta las variables. Uri había manejado perfectamente la información desde que llegó a sus manos y estaba claro que tenía más de un respaldo. Se sintió indignada por haber subestimado a su tío y rió de su propia ignorancia en ese camino difícil donde ella, inevitablemente, estaba involucrada por ser una víctima directa de ellos.
»—Aunque sé que podrá ser contraproducente, pero al menos tengo la seguridad de que los Jaeger no se saldrán con la suya otra vez. Nunca más... —exclamó y cerró un puño.
Volvió a acercarse a Frieda y la abrazó con ternura. Acarició su cabellera y frunció el ceño al mentalizar el rostro de su contrincante. Sin embargo, sentía rabia al recordar que Grisha ya no podría pagar en vida sus crímenes y que, en cierto modo, quien debería hacerlo en su lugar es su hijo mayor; el heredero de su fortuna, su renombre y sus delitos.
«Aún si tuviera que dar mi vida, le diré la verdad a la gente. La corrupción no volverá a pisotearnos mientras tú o yo sigamos vivos, Kenny.»
[...]
El automóvil se detuvo en una antigua casa que se encontraba en el este de Shingashina. Se trataba de una vivienda humilde, con ladrillos a la vista y techo con tejas resquebrajadas. Sus ventanas estaban rotas y la puerta de madera, abierta.
No tenía jardín y la entrada estaba delimitada por un alambrado que estaba a punto de caerse. Mikasa no recordaba esos detalles pero sí algunos del interior de ella.
—Quédense aquí y ni se les ocurra entrar —advirtió y tomó su bolso. —. Eren, cuida de Levi y por nada del mundo vayan por mí.
Y cuando estuvo a punto de bajar, la mano de Levi sujetó la muñeca de la azabache. Ella volteó a mirarlo y notó en sus ojos la preocupación que residía en su ser.
—¿Tú piensas que me quedaré aquí de brazos cruzados? —inquirió. —¡¡No pienso esperar a que ese malnacido te ponga un dedo encima!!
Eren estaba de acuerdo con Levi. Sin embargo, temía que su estado actual impidiera que pudiera actuar con naturalidad. Quería proteger a Mikasa, pero su debilidad física sería un preocupante obstáculo.
»—Iré contigo. —sentenció y soltó a Mikasa.
Ella simplemente no lo contradijo, sino que enfocó su mirada en la entrada a su hogar. Las lágrimas se acumularon en sus ojos y el pesar se tornaba pesado en su corazón.
—Mika —Eren decidió romper el silencio. —, Levi podrá protegerte mejor que nadie y confío plenamente en él. Lo hago desde esa primera vez que lo vi y no tengo dudas de que estarás en excelentes manos. —espetó.
La azabache se acercó hasta su ventanilla y se arrimó a él. Acarició su mejilla y acomodó su desordenada cabellera.
—Haré mi mejor esfuerzo, Eren —respondió con seguridad. —. Acabaré con esta miserable persona que me persiguió por años y volveré a vivir por mí, te lo prometo.
Eren tomó su mano y la besó con ternura. Acarició sus dedos y suspiró.
—Eren... —La voz de Levi captó su atención por completo. —Si las cosas salen mal, haré lo posible para que ella esté a salvo. Pase lo que pase, váyanse muy lejos de esta ciudad.
La seriedad con la que se expresaba los estremeció. Tanto Eren como Mikasa eran conscientes de que el peligro continuaría mientras Zeke siguiera con vida. Sin embargo, escuchar cómo Levi les advertía que se fueran de Shingashina era sinónimo de que el objetivo de sus enemigos podrían cumplirse de un modo más rápido.
—Tú vendrás con nosotros, ¿no es cierto? —inquirió el joven Jaeger, esperanzado de contar con él.
Ackerman, por su parte, desvió la mirada y frunció el ceño. Evocó varios recuerdos en cuestión de segundos y fue la sonrisa de su madre la que le dio las fuerzas y el valor necesario para continuar con la batalla. Aquella era motivación suficiente para conseguir las respuestas a todas las incógnitas que los rodeaban.
—Mikasa, vámonos. —espetó, ignorando la pregunta de Eren.
Ella asintió y se adelantó. Antes de abrir la puerta de su casa, volteó a mirar a Eren y sonrió. Él sintió una profunda angustia que lo incentivaba a querer acompañarlos. Sin embargo, también era una pieza fundamental para ellos. Debía mantener la calma y estar en alerta para brindarles ayuda, en caso de ser necesario.
Mikasa giró el picaporte y la puerta se abrió. El crujido era ensordecedor y el hedor a humedad, insoportable. Ese mismo olor le recordaba a los suburbios y a la miseria humana que convivía allí.
Caminaron lentamente entre la mugre y los escombros que daban cuenta del gran daño a la vivienda. Y en medio de las pisadas escuchó cómo un vidrio se rompió. Mikasa detuvo su paso y miró en dirección al suelo. Se agachó y levantó un viejo portarretratos que sacudió para eliminar los restos.
Levi pudo observar a una pareja y una niña pequeña. La mujer era idéntica a Mikasa, así que asumió que esa podría ser una fotografía de su familia. Comprobó su teoría al verla llorando en silencio mientras lo acomodaba sobre un mueble que estaba a unos metros. Él la acompañó en silencio y miraba cada mínimo movimiento a su alrededor.
Y después del pasillo, llegaron hasta la sala. Un viejo sofá polvoriento y con el tapizado dañado los recibía. A su alrededor, un sinfín de papeles abollados, ropa manchada y los vidrios de las ventanas completamente rotos. Frente al sofá había una silla y en ella se encontraba Kenny Ackerman maniatado y con su boca tapada con cinta. Él se había caído al suelo y al escuchar los pasos comenzó a moverse e intentaba gritar para ser oído.
Atónitos, tanto Mikasa como Levi corrieron en su ayuda. Él estaba por sacar la navaja de su bolsillo cuando el sonido de unos cubos de hielo cayendo en el vaso captaron su atención. Volteó lentamente en la dirección opuesta y allí lo vieron.
—Cuando dije que quería verte, me refería a ti sola —espetó entre falsas risas. —. Pero me alegra mucho que me hayas traído más diversión.
Las vibras espantosas que emanaba Magath eran incomparables. Se trataba de una mezcla de repulsión y horror.
—Magath, maldito hijo de mil puta... —murmuró Levi, frunciendo su rostro.
El hombre estaba apoyado contra una de las paredes, con un vaso de whisky en su mano izquierda, la cual vació por completo de un sorbo. Se fue acercando hasta ellos y lo dejó sobre un mueble que estaba a escasos metros.
Mikasa se encontraba de cuclillas, sosteniendo los hombros de Kenny. En su mirada se podía percibir la impotencia y el dolor. Magath, por su parte, sonreía con malicia al regocijarse de sus sentimientos. Seguidamente, miró la hora de su reloj y suspiró en voz alta.
—Bien —espetó y aplaudió. —, es momento de hablar de muchas cosas interesantes y es muy oportuno que te encuentres aquí, Levi. —Sacudió el sofá y se sentó cómodamente, apoyando su pierna izquierda sobre la rodilla derecha y los brazos extendidos sobre el respaldo.
—¡¡Primero, suelta a mi padrino!! —exigió la mujer, levantándose rápidamente. —¡¡Hazlo ya!!
Magath, por su parte, negó con la cabeza y sonrió.
—Si tú quieres, puedes quitarle la cinta. Aunque creo que le va a doler un poco... —Cruzó sus brazos.
Mikasa no dudó en hacerlo. Con sumo cuidado, fue quitándolo hasta liberar su boca por completo. Kenny movió sus labios de un lado a otro y se quejó por el pegamento de la cinta, la cual había irritado su piel.
—¡¡Hijo de puta!! —Fue lo primero que gritó y Magath hizo caso omiso a sus palabras. —¿¡Qué mierda pretendes de nosotros!?
—Hola, Kenny~ —expresó en un tono irónico. —¡¡Es un gusto contar con tu presencia!! —reverenció. —Hoy simplemente seremos testigos de un gran evento que cambiará por completo las vidas de los niños Ackerman —Extendió sus brazos y, posteriormente, señaló a Mikasa y Levi. —. Ella viene para acabar con esta persecución y él, para conocer una desgarradora verdad que sé que esperas con muchas ansias, ¿no es cierto?
Levi, encolerizado, apretó su mandíbula con fuerza. Kenny gruñía y Mikasa volvía a ceder al shock tras recordar el día más traumático de su vida. Ella temblaba por dentro, pero mantenía la serenidad en su rostro para evitar que Magath atacara su punto débil.
»—Es momento de contarles una gran historia. —regresó hasta el mueble donde había dejado el vaso y buscó la botella de whisky dentro de ella. Lo cargó y lo regresó a donde estaba. Dio un sorbo y prosiguió: —En este cuento de horror y misterio hay dos protagonistas y un villano. Bastante despiadado, por cierto... —Apuntó con su vaso hacia Levi.
El silencio los acompañó por unos largos minutos y Magath sólo se limitó a beber sin control. Seguidamente, rió fuerte y de sus ojos caían lágrimas por la risa. Levi no quitaba la vista de él y observaba cada mínimo movimiento que hacía.
»—Justamente aquí, en este mismo sitio, el jefe de la familia Ackerman del Oriente fallecía en manos de alguien que arrebató su vida a sangre fría —Comenzó a caminar alrededor del sofá, acariciando el respaldo con la palma de su mano. —. Pero lo paradójico de esto es que creo que ni ese hombre se imaginaba lo que le pasaría cuando invitó a su compadre a su casa...
Poco a poco, el relato de Magath ayudaba a Mikasa a recordar momentos que había bloqueado inconscientemente. Ella era pequeña y se acordó de ese momento en el que escuchó el timbre de su casa. La niña corrió hasta la entrada y le abrió la puerta con mucha ilusión, pues la llegada de esa persona era un día de mucho júbilo en su familia. Arrastraba una valija y en su otra mano llevaba un perro de peluche que le regaló a la pequeña Mikasa.
»—¿¡Quién iba a suponer que la persona en la que más confiabas terminaría con tu miserable vida!? —gritó y miró a Kenny, quien se limitaba a apretar su mandíbula y no miraba a su ahijada. Magath, por su parte, suspiró y sonrió para continuar con su show. —¿Quién imaginaría que Kenny Ackerman, tu compadre y el hombre más importante de la vida de tu hija, se encargaría de matarte delante de sus ojos por una mísera deuda de drogas que tenía conmigo?
Mikasa estaba absorta. La imagen de su padre cayendo al suelo, abatido y el espantoso ruido blanco ensordeciéndola es uno de los pocos instantes en los cuales experimentó una parálisis que le impidió pensar o moverse. El grito desgarrador de su madre y el pedido de súplica para que huyera fue lo que le devolvieron las fuerzas para escaparse de su hogar.
»—¡¡Vamos, Kenny!! ¡¡Niégale la realidad a Mikasa!! —exigió.
La joven se sentó en el suelo y se arrastró hacia atrás, ignorando el rostro de su padrino. Ella tuvo la desafortunada revelación el día de las elecciones, mas escuchar cada detalle fue un shock que no pudo controlar. Levi corrió hasta Magath y lo arrinconó contra la pared, dándole un fuerte puñetazo a su mejilla.
—Mikasa... —susurró Kenny, buscando la mirada de la joven. —Perdóname.
Ella volteó lentamente hacia él y mostró sus ojos cargados de lágrimas. Su pecho se oprimía y sus manos formaron puños que se dirigieron hacia su padrino. Se lanzó hacia él y lo golpeó una y varias veces más.
Levi contuvo la fuerza de Magath con su antebrazo y éste decidió utilizar otra fuerte carta bajo su manga.
—Tú no te imaginas cuánto esperaba este momento en el cual los Ackerman finalmente cayeran rendidos —Tosió ante la presión de Levi. —. Desear a Mikasa después de saber que Kenny la dejó escapar fue la principal motivación que tuve por tantos años...
—¿¿Para qué mierda la querías a ella?? ¿¡Te das cuenta siquiera lo decrépito y degenerado que te ves y oyes al hablar de ella!? —gruñó Levi, aplicando más fuerza.
—Ella se convirtió en una deliciosa mujer, no lo niego... —Automáticamente, Levi le propinó un fuerte golpe en su rostro, provocando que su nariz sangrara. —Pero poder hacer de ella y su cuerpo lo que quisiera sería suficiente para cobrarme la deuda de su inmundo padre.
La ira en la que se sumió era desmesurado. Sostuvo a Magath de su ropa y lo arrojó contra otra de las paredes. El hombre se levantó y secó los restos de sangre de su rostro. Él prefirió defenderse como podía de los ataques de Levi. En ese momento, entre puñetazos en diversas partes de su cuerpo, entendió que era mucho más fuerte que Kenny. Fue entonces cuando Levi decidió darle una fuerte patada en su estómago que lo dejó tirado por varios minutos.
Por otro lado, Mikasa se levantó del suelo y miró sus nudillos. Estaban inflamados y sangraban tanto como el rostro de su padrino. Él simplemente optó por recibir casa golpe en silencio, aún cuando su desventaja era más que evidente.
—La orden era matarte a ti y lo sabes, yo te lo conté... —exclamó en voz baja. —Estaba seguro de que podrías salir adelante sin mí, sin tu familia. No obstante, el precio que pagué por dejarte con vida fue mucho más alto.
—¿P-por qué omitiste algunos detalles? —inquirió envuelta en rabia.
—Porque era una información que podría lastimarte más. Lo que menos quería era que tuvieras una pésima imagen de tu padre y... —justificó.
—¿¡Por eso preferiste convertirte en un monstruo y evitar que yo supiera la razón por la que mis padres fueron asesinados!? ¿P-por qué dijiste que querías su dinero y que al verme no pudiste matarme, impidiendo que tu objetivo se cumpliera? —Mikasa exigía respuestas. Estaba cansada de tantas mentiras y del dolor.
Kenny estaba perdiendo la serenidad pero no quería ser injusto con Mikasa. No de nuevo.
—M-Mikasa, yo...
Levi se detuvo al escuchar a su tío y volteó hacia él. Magath no perdía de vista la debacle familiar. Interrumpió al mayor de los Ackerman al aplaudir y silbar. Todos lo miraron con desdén, pues él amaba mover los hilos y así exponer a sus enemigos. Esa era la oportunidad perfecta para darle un cierre a su magnífica obra teatral, en las cuales tres de sus más grandes personajes estaban al borde del abismo que él mismo había creado.
»—¿Tú buscabas conocer quién fue el asesino de Kuchel? —gritó y el aludido abrió ampliamente sus ojos.
Levi no respondió. Él frunció el ceño y volteó en dirección a Magath. Éste cayó de rodillas al suelo, se llevó una mano a su abdomen y comenzó a reír a carcajadas. Furioso, Ackerman se acercó hasta él y se colocó en cuclillas para sujetar al hombre.
—¿¡Qué carajo te parece tan gracioso!? Que yo sepa, aquí no hay espejos, maldito hijo de puta. —farfulló.
—¿Querías saber la verdad sobre la muerte de tu madre? —inquirió en voz baja y tosió. —Soy un hombre de palabra, así que te diré quién fue el asesino de Kuchel Ackerman.
Los latidos de Levi se aceleraron al instante. Era una verdad que buscó por mucho tiempo y que siempre esperó oír. Sin embargo, él no estaba listo para colocar las últimas piezas del rompecabezas que darían forma a toda su historia.
»—Casualmente, después de que los padres de Mikasa murieran, el asesino fue tras Kuchel. Estaba más que motivado, así que no dudó en regresar a su lugar natal para reencontrarse con su pequeña hermana y convertirse en su ejecutor... —confesó y suspiró. —Lastimosamente, su plan fue frustrado porque un grupo de mugrosos delincuentes no pudieron matar a un niño que estaba débil y hambriento. Entonces, no tuvo otra opción que mostrarse como un héroe una vez más y resignarse en su objetivo...
Absorto, aturdido y cegado por la furia, Levi enfocó sus sentidos en él mismo: su olfato sólo olía la humedad que abundaba en la vivienda, sus oídos escuchaban la voz de Magath escupiendo una verdad colmada de veneno y los latidos de los corazones de Mikasa y Kenny; sus ojos notaban el creciente mareo, oscureciendo todo a su alrededor. El interior de su boca evocaba el espantoso sabor férreo de la sangre tras los golpes que había recibido en su infancia y sus manos ardían tras tocar ese líquido carmesí que inundó la cocina de su antiguo hogar.
»—Si, así como lo piensas, tu tío Kenny fue quien mató a tu madre.
No necesitaba más palabras, ni verdades. El baldazo helado había congelado su cuerpo por completo y no se sentía capaz de reaccionar. Estaba perturbado y petrificado.
«¿C-cómo puede ser posible que tú, la persona que más aprecio y admiro, haya sido capaz de destruir mi mundo y mentirme con tanto descaro, Kenny?»
¿Cómo era posible que él haya matado a su madre? No podía ser cierto. No quería creerle a ese tipo que sólo escupía mentiras de su sucia boca.
Aún faltaba más información, necesitaba comprender y comprobar si aquello que decía resultaba ser cierto. No estaba listo para asumir que Kenny Ackerman era ese ser infame detrás de las tragedias de sus vidas.
