Pasado.
Bosque de Băneasa, un lugar privilegiado por la naturaleza.
—Juleka dime algo no te parece precioso este lugar.
—Mi lady si lo permite creo que debería cubrir su piel del sol así...
—No te fijes en eso y disfruta del aire fresco, cuando regresemos a Transilvania no saldremos tan seguido de esa vieja y solitaria mansión. —Dije mirando el precioso bosque.
La doncella miraba a la jovencita de larga cabellera marina que caía en cascada trás su espalda.
—Lady Apafí ya debemos volver, lord Michael debe estar buscándola señorita.
Suspiré derrotada ante tantas restricciones escogí a Juleka cómo mi doncella porque era la más joven, creí que en ella encontraría una amiga y una cómplice lastimosamente no fue así.
—Juleka juguemos a las escondidas y si tú me encuentras, tú ganas y nos iremos a casa. —Hablé tratando de convencer a Juleka.
La doncella miró incrédula a la astuta jovencita que en un tono convincente trataba de persuadirla a ella su chaperona.
—No es buena idea que este sola este bosque es muy grande y...
—Y nada además no caminaré tanto Jul, así que no exageres amiga.
La doncella rendida ante la muchacha terminó cediendo a la petición pedida, solo quería volver a casa y salir de aquel endemoniado bosque estaba cansada su vestido estaba sucio y sus pies dolían.
Apenas la albina se dió la vuelta, la peliazul se fue caminando rápidamente quería respirar un poco y Juleka era como su sombra.
Llegué a un pequeño lago de aguas cristalinas las piedrecillas podían verse bajo el agua miraba a los lados asegurándome de estar sola y que Juleka no estuviese por ahí espiando mis pasos como siempre.
Levanté un poco la vaporosa falda de mi vestido color lila, seguidamente me despoje del calzado dejándolos en una roca. Para luego adentrarme a las cristalinas aguas un poco más arriba de mis tobillos.
—Ojala pudiera sumergirme por completo el agua está deliciosa. —El agua me hacia sentir libre plena sin ataduras, pero eso no era posible debía ceñirme a las reglas de la corte.
La veía juguetear en el agua como una chiquilla, quería acercarse más pero sentía que de hacerlo arruinaría tan enternecedor momento.
—Sabes que no es bueno jugar con la comida. —Susurró una voz femenina con burla.
Volteó de inmediato, creyó estar solo, pero esa era la especialidad de Anka ser como el viento, ella está en todo, pero nadie sabe dónde está ella era su especialidad ser un escudo imperceptible ante los demás, además de sentir las emociones y su poder más codiciado era el poder tener visiones tan exactas como perturbantes.
—Sabes que no consumo sangre humana —respondió hastiado entornando sus ojos—, dime no tienes a nadie más a quien molestar.
—No solo estaba aquí buscando una presa, esa que estas mirando jugando en el agua tiene un rico aroma, pero ví que la mirabas y pensé que podíamos compartir. —Dijo la albina relamiéndose sus labios carmesi.
Miró a su recién llegada compañera con repudio la sangre humana nunca fue de su agrado.
—¿Por qué esa cara? —empero la vampiresa con fingida inocencia—, Zoisite hasta cuándo evitarás lo inevitable, no negaras que el aroma de esa chica es deliciosa, encajar los colmillos en esa tersa piel de alabastro ¿No te parece exitante? —cuestionó ella burlesca.
No se iba a quedar allí escuchando las idioteces de Anka, de un salto se marchó dejando sola a la vampiresa furiosa con la palabra en la boca.
•••
—Le dije que nos fuéramos ese vestido quedó arruinado lady Amelie, ahora usted podría enfermarse por hacer estás locuras.
La peliazul solo reía divertida ante la histeria exagerada de su sombra, mejor dicho su doncella la muchacha de platinada cabellera la miraba con molestia la burla era obvia en la jovencita.
—No te preocupes si —respondí tranquila—, además se lava y listo se van las manchas de lodo, solo es un vestido.
Replicó Amelie irritando más a la histerica doncella.
Juleka se esfumó entre los amplios corredores de la mansión, al ver a su señor sabía que a la señorita Apafí nada bueno le aguardaba y prefería no estar allí para la reprimenda de la joven dama.
La sonrisa que tenía se evaporó de mis labios, mi padre no tenía buen semblante.
—Saliste de nuevo ¿Verdad? —cuestionó el aristócrata con voz enfurecida.
—Padre yo...
—Tú Amelie no tienes remedio, no eres un animal silvestre para corretear como un cervatillo por el bosque, pero se acabó niña está noche haré lo que sea para conseguirte un buen hombre, ya estás en edad de casarte. —Hablo el noble con cansancio.
—Pero padre yo no deseo casarme, yo...
—¡No me interesa si es o no tu deseo, ya estás en edad de casarte dime es eso o te irás a Austria con tu tía Isabel, ya no estoy dispuesto a tolerar tus insolencias liberales, somos la comidilla de todos en Transilvania, creen que mi hija está loca! —exclamó el vizconde de Apafí colérico por la actitud de su rebelde hija.
—¡Yo no quiero! —alcé voz molesta impotente ante la intransigencia de mi progenitor.
—No te estoy preguntando niña, tu deber es obedecer está noche te quiero perfecta, cómo lo que eres una noble, iremos al baile de la familia Von Muntean y te comportaras cómo lo que eres una señorita. —Ordenó Michael molesto.
Iba a refutar lo dicho por mi padre, pero sabía que cualquier cosa que dijese sería en vano, en momentos asi odiaba ser quien era, odiaba ser noble, lo repudiaba con todo mi ser.
Corrí desapareciendo entre los amplios pasillos de aquella enorme mansión.
•••
Vió a su hermano absorto en un libro de cubierta café, Zoisite no dió importancia a la presencia siguió la lectura como si nada, asumió que el recién llegado se iria.
—¿Qué lees?
—Nada que sea de tu interés Jadeite. —Respondió el rubio de largo cabello sin despegar la vista de las páginas.
—Que arisco hermanito, solo quiero hablar contigo.
Cerró el libro, posando su esmeralda mirada en el rubio junto a él.
—Solo vienes aquí seguramente por petición de Darien, te ahorraré las incómodas preguntas —se levantó de la fuente en la cual le gustaba leer escuchando el sonido del agua correr—, es un día más que no consumí sangre humana, si vienes a eso Anka te lo puede confirmar.
Jadeite también se levantó de su asiento, ya su hermano no era ningún chiquillo y la falta del líquido carmesí humano hacia de Zoisite un peligro en potencia.
—Tu abstinencia nos podría hundir a todos. —Reprochó Jadeite perdiendo un poco la paciencia con su obstinado hermano menor.
Zoisite iba a replicar pero en frente de ambos hermanos se interpuso Serenity.
—Ya basta —habló la rubia mirando retadora a Jadeite—, No podemos obligar a Zoisite a tomar sangre si no es su deseó.
—Eres tan blanda como Darien —espetó jadeite con desden en sus palabras—, pero que podíamos esperar de una humano convertida, aunque lo intentes nunca serás una de nosostros princesa.
El rubio de gélida mirada celeste se retiró dejando solos al par de rubios.
La muchacha se dió la vuelta, esbozando una sonrisa.
—Zoisite no permitas nunca que tus ideales sean pisoteados...
—¿Por qué haces esto Serenity? —empero el muchacho confundido, está no era la primera vez que la compañera de su hermano mayor intercede por él.
La muchacha caminó a los rosales, se arrodilló ante los arbustos de hermosas rosas rojas. Volvió su vista a Zoisite, este se acercó a la muchacha también arrodillándose a su lado.
—A parte de mi amado Darien —miró con ternura al muchacho—, eres tú quien me ha tratado con respeto y me has aceptado como soy. —Respondió Serenity con voz calma.
El rubio cabizbajo miró sus manos sobre sus rodillas, no sabía que responder a Serenity.
—Zoisite. —Llamó Serenity sacando de sus pensamientos al rubio.
—¿Ah?
—Quita esa cara si. —Ordenó la alegre rubia poniéndose de pie.
—Para Darien soy una decepción...
—Claro que no y no digas tonterías, para tu hermano eres tan importante como lo es jadeite, o Nephrite y hasta Kunzite, así que no digas esas cosas. —Animó Serenity al rubio deprimido.
La muchacha de vestido azul oscuro y complicadas flores tejidas en hilos dorados, le regaló una sonrisa al muchacho de llamativos ojos esmeraldas.
—Gracias.
—Ya sabes nada de caras largas, está noche tendremos un baile y tú debes verte guapo.
—¿Guapo? —cuestionó Zoisite pero Serenity ya estaba lejos para responder.
•••
Un castaño de larga cabellera y ojos de igual color esperaba impaciente la llegada de su hermano.
El pelinegro bajó del carruaje, este al ver al castaño se acercó para saludarlo.
—Hola hermano ¿Cómo estuvo todo mientras no estuve?
—Todo bien, a excepción del baile que organizó la humana. —Comentó Nephrite con un aire de molestia y desprecio en sus palabras.
—La humana tiene un nombre Nephrite —recalcó Darien perdiendo su buen humor, odiaba el desprecio que profesaba su familia con la mujer que amaba, no pedía nada solo que la respetaran.
—Ella no nos respeta, nos quiere mezclar con los humanos, Darien que sigue desde que esa mujer entró a tu vida solo te ha hecho perder el juicio. —Espetó el castaño notoriamente irritado.
—Nephrite Serenity solo quiere acallar lo que se dice de los Von Muntean, ya que tú y los otros no han sido los más discretos -?—reprochó Darien a su hermano—, solo tomamos lo necesario para sobrevivir, jadeite y tú ya solo matan por matar.
—Ya estás como Zoisite y ninguno asume lo que verdaderamente somos Darien, somos vampiros, la sangre humana es lo que sacia nuestra sed. —Espeto el castaño dejando al pelinegro con. La palabra en la boca.
•••
El castillo Von Muntean abrió sus puertas ante la nobleza rumani.
El paje abrió la puerta del elegante carruaje, el primero en bajar fue el vizconde Apafí, la segunda en fue su primogénita lady Amelie Apafí.
Ambos se miraron, el aristócrata advirtió a la muchacha con la mirada lo que ocurriría si Amelie cometía un error esa noche.
Temerosa subió las escaleras, quería salir corriendo pero lastimosamente esa no era opción para ella.
—El duque de Bucovina tiene cuatro hermanos Amelie, me daría por bien servido si llegas a pertenecer a la ilustre familia Von Muntean.
Seguía a su padre mientras esté solo le daba instrucciones de lo que debía y no debía hacer esa noche. No había entrado al castillo y ya tenía deseos de salir huyendo de ese lugar.
Suspiré cansada, miró la luna que esa noche tenía una peculiar tonalidad azulada preciosa, me tenía fascinada.
No quería entrar al salón de baile, allí solo habían más personas como su padre y ya estaba cansada de eso.
—No deberías estar aquí sola, la música adentro está animada.
Al ver de quien provenía esa voz apresurada se dió la vuelta, hizo una reverencia.
—Lady Bucovina. —Dije bajando la mirada apenada por hablar sola.
—A ti no te gusta el protocolo, a mi tampoco puedes llamarme solamente Serenity y tú ¿Cómo te llamas? —Inquirió la rubia de delicado vestido rosa.
—Amelie.
—Muy bien Amelie la noche apenas comienza y hay muchas piezas que bailar.
Tomó de la mano a la tímida Amelie llevandole a rastras al interior del castillo hasta el salón donde el baile se llevaba a cabo.
El lugar era precioso, completamente iluminado con muchas velas puestas en grandes arañas doradas, con centenares de pequeños cristales reflejando la luz de las velas.
Las parejas se aglomeraban en el centro del salón, se movían al ritmo del vals, los caballeros hacían girar a sus parejas haciendo ondear sus largas y coloridos vestidos.
Caminaba con cautela no quería llamar la atención de nadie, este tipo de eventos no era mi ambiente, miró el amplio ventanal la vista del jardín iluminado por la luna era simplemente encantadora.
Salí por uno de los balcones el aire nocturno acariciaba mis lacios mechones azules marino haciéndome cosquillas.
—Si tan solo pudiera vivir mi vida a mi manera, sin tener que obedecer y mucho menos casarme con un desconocido solo porque mi padre cree que es lo mejor para mí.
—No eres la única con problemas.
Giré sobre mis pies sorprendida buscando la procedencia de aquella voz, abrí la boca al ver al muchacho sentado en el barandal de aquel balcón se podría caer en cualquier momento.
—¿Qué haces ahí? —inquirió preocupada por aquel muchacho, un mal movimiento y la caída sería mortal.
"Ojalá la muerte fuera una alternativa para mí", miró a la joven con fijeza era ella la jovencita que salpicaba el agua en el lago cual chiquilla, una sonrisa de labios cerrados se dibujó en su rostro era preciosa y no solo físicamente.
—Te estoy hablando baja de ahí, podrías romperte el cuello.
Él reía internamente ella lo Reprendió cual madre a su crío.
Miró divertido a la muchacha enfurruñada, que hacía una mohina si su intención era verse intimidante no lo estaba logrando en absoluto.
De la risa pasó a la carcajada, de un saltó se posicionó frente a la chica, está ahogo un grito de sorpresa llevando ambas manos a la boca, seguido de unos pasos torpes hacia atrás.
El rubio avanzó y ella retrocedió, hasta que su espalda tocó la pared.
—Es usted un imprudente.
—Y usted una miedosa.
—No es miedo pero lo que usted ha hecho es una irresponsabilidad. —dije molesta.
—Que mujer tan histérica y exagerada...
—Zoisite —llamó una voz femenina haciendo al rubio callar—, esas no son maneras de tratar a una dama y menos a una noble. —Reprochó Serenity.
El rubio miró a la jovencita frente a él con fastidio, luego posó sus orbes esmeraldas en la rubia que le reprendió solo con la mirada.
—Lady le presento a mi cuñado, lord Zoisite Von Muntean.
Miré a la rubia y luego al patán de ojos verdes frente a mi. No quería meterme en problemas con mi padre por alzar la voz a ese hombre.
—Gusto en conocerle lord Von Muntean —hice una reverencia ante el rubio—, mi nombre es Amélie Apafí.
Se inclinó a la altura de la joven —mentirosa, no es un gusto conocerme, estás que me matas con la mirada. —Dijo el divertido rubio guiñándole un ojo.
—Bueno si se llevan tan bien ustedes dos, en vez de estar aquí vayan a bailar son los únicos que no he visto bailar, vamos.
—Tienes razón querida Serenity —respondió Zoisite incorporándose, ofreció su mano a la peliazul que aún lo fulminaba con la mirada—, lady Amelie ¿Me permite bailar esta pieza con usted?
La peliazul iba a negarse, pero el astuto rubio se le adelantó, tomando su mano llevando a la muchacha casi a rastras al medio del salón.
—Se que me iba a decir que no, pero dígame ¿Quería quedarse sola ahí toda la noche. —cuestionó el burlesco rubio tomando a la joven de la cintura.
—Iba a decirte que no.
La música comenzó a sonar, la melodía con suaves matices ambos seguían el compas aunque Amelie de vez en cuando rehuía al esmeralda escrutinio de Zoisite. No podía evitar sentirse expuesta ante la nada discreta mirada del rubio de coleta baja.
—En el lago sonreía, y se veía preciosa mi lady.
Abrí los ojos al máximo ese día creí estar sola en el lago —¿Usted estuvo allí? —pregunté en un hilo de voz alzaba el rostro él aún mantenía esa expresión de arrogancia me irritaba tanto.
—Si la vi salpicar el agua cual ganzo dándose un baño. —comentó Zoisite con una sonrisa ladina.
—Sus manos están muy frías —dije percatandome de la baja temperatura de Zoisite.
—No intentes cambiar de tema. —Respondió Zoisite.
—Enserio tus manos...
—Es que soy un vampiro —susurró el rubio con voz misteriosa, haciendo girar a la muchacha sobre sus talones.
—Eres un tonto —repliqué molesta—, no se porque me preocupo por un tonto que no toma nada enserio.
—Que gesto tan amable mi lady por lo general ni mi familia se preocupa por mi —dijo Zoisite con ironía, aunque internamente no era un chiste lo que decía—, no se preocupe Amelie estoy bien es algo normal, mi temperatura siempre ha sido así. —Habló el rubio tratando de sonar convincente ante la insistencia de la joven peliazul.
—Entiendo. —Dije no muy convencida.
El vals terminó y la muchacha se soltó del agarre del rubio.
Él la vió alejarse entre el resto de las parejas que también bailaban en el salón, algo en esa joven le instó a seguirla, pero sabía que ella volvería a sacar las uñas, al verla no podía olvidar aquel tierno momento dónde la apreciaba oculto mientras ella espontánea reía y jugaba a orillas del lago, era única como la peculiar luna zul que los cubría esa noche...
