Hola, hola, Luna de Acero reportándose.
Bien, aquí vengo con otro capítulo de esta historia que sin quererlo, es la que más visitas y kudos tiene de toda mi trayectoria en AO3. Yo también la quiero mucho, todo inició por una frase de Twitter que vi en Facebook, iba a ser un one shot y de pronto se desarrolló como un pulpo. La amo mucho, mi hijita querida (le da un beso en la mollera).
Por cierto, veo que mucha gente se la agarró con Eren, no lo voy a defender, pero simplemente piensen en que no todas las personas gestionan las emociones de la misma manera, ok? Hay gente que al sentir el rechazo necesitan con urgencia que los mimen, que los apoyen, y buscan esa compensación en el sexo casual. Muchos echaban espuma por la boca porque Eren se acostó con Floch, para empezar nunca fueron una pareja formal con Levi. Si estaban haciendo cosas como una pareja, pero cuando él quiso formalizar Levi le dejó claro que no estaban en la misma página. No estoy culpando a Levi, lo agarró con la guardia baja la confesión de Eren, como mucha otra gente, necesita tiempo para pensar y procesar, y cuando quiso hacerlo, se encontró con la misma situación de cuando se separaron. Ninguno tuvo la culpa, cada cual estuvo gestionando sus cuestiones como podía. Igual si quieren pueden enojarse jaja, solo quería que piensen que todos tenemos distintas maneras de lidiar con el rechazo, con el dolor, y así.
No los entretengo más, sepan que los amo, por apoyarme, por seguir aquí, por opinar, adoro leer sus opiniones, nunca me falten. Muchos besos lunares!
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime, la historia si es de mi completa invención.
Advertencias: Por primera vez en muchos capítulos no habrá sexo, jaja, no se aguiten, en la próxima entrega irá super recargado, no se porqué esto es una advertencia tipo: perdonen, hoy no hay sexo, jaja. Como sea, habrá otras cosas, muchos sentimientos, angustia, depresión, enfermedades, gritos, llantos. Sobrevivan, mis lunaceros queridos, pronto vendrá la calma. Eso es todo, nos vemos!
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"Sin reflexión vamos a ciegas en nuestro camino,
creando más consecuencias no deseadas y sin lograr nada útil".
Margaret Wheatley
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—Papá, quería pedirte un favor —dijo Isabel mientras lo miraba con seriedad.
—Dime, tesoro.
—¿Cuánto tiempo te lleva construir una galería? Así de madera nomás, con tirantes y tejas.
—Pues, depende de muchas cosas, del tamaño de la misma, la ubicación, las condiciones de clima, el tiempo del diseño.
—Ya sabes que le haremos la reunión de despedida a Falco, y será en cuatro semanas.
Eren evitó suspirar y trató de mantener una expresión neutral.
—Tu lo que quieres es que yo construya una galería en casa de tu papá.
—Sucede que he visto un par de presupuestos sobre la mesada de la cocina, al parecer papi estuvo buscando algunas alternativas, y es que empezó la época de lluvias. La verdad nos dormimos con esto, y el pronóstico del tiempo para la fiesta indica que será una de las peores semanas, porque lloverá a cántaros.
—Mmm —Eren tomó su taza de café y bebió, de ninguna manera iría a casa de su ex otra vez, bueno, solo para la fiesta, no le quedaba opción—. Mira Izzie, no puedo hacerme cargo de eso, es mucho dinero.
—No, no entiendes, papá Levi tiene ahorros, no pretende que alguien lo haga gratis, ya sabes lo terco que es. Pero va a gastar una fortuna con otra gente cuando podría ahorrar mucho con tu ayuda. Aunque más no sea que diseñes la galería, no lo estarías haciendo por él, sino por Falco.
—Ya veo, creo que la solución más efectiva que puedo dar, es que alquilemos un salón de eventos y ya. Yo me haré cargo de eso, tengo contactos que me harán un excelente precio, incluso pagaré le catering de ser necesario.
—No funcionará, ya se lo propuse a papi y me dijo que no hacía falta eso, que iba a encargarse de tener todo listo para la fecha. Anda, papá, ¿no lo vas a ayudar? Tú dijiste en una ocasión que lo harías, y lo hiciste frente a mi.
—Hija, tengo mucho trabajo últimamente, lo cual agradezco porque lo necesito, pero lo cierto es que no puedo encarar un proyecto así justo en este momento.
—Papá, te vas en un rato por dos días completos con Falco, a pescar, no me digas que no tienes tiempo.
—Justamente, se me va a acumular trabajo.
Isabel hizo una mueca de fastidio y cruzó sus brazos sobre el pecho.
—Siempre es igual, ¿cierto? —acusó la joven con molestia.
—¿Qué? ¿Qué cosa es igual?
—Ustedes, se pelean y toda la familia se ve afectada.
—Wow, espera, ¿de dónde sacaste que nosotros hemos tenido una pelea?
—Es evidente, porque te niegas a ayudarnos, incluso si esa ayuda es buena para mi o para Falco, solo porque papá Levi está involucrado.
—Izzie, yo no tengo ningún problema con tu padre y no hemos tenido ninguna pelea —reforzó su punto, sabía que era una mentira descarada pero es que de verdad no quería volver a ver a Levi, por lo menos hasta que pudiera ordenar sus sentimientos.
—Entonces, si no hay problema, ¿por qué no nos ayudas? Pero si es como yo creo, entonces ustedes se han peleado de nuevo y lo estás evitando, como siempre haces.
Eren estaba en una encrucijada, o aceptaba la verdad y admitía que sí, había un problema entre ellos, o seguía fingiendo que ella estaba sacando conclusiones erróneas, pero eso significaba que tendría que ir a casa de su ex y ayudar con la maldita galería. Sonrió con falsedad.
—Eres tan terca e insistente como él, ni modo de negar que eres su hija. Muy bien, Izzie, me haré un tiempo el miércoles por la tarde para tomar las medidas para hacer el diseño, y más te vale que estés ahí, cabrona.
—¿Eh? ¿Por qué me necesitas presente?
—Para que me ayudes a tomar las medidas, y porque si tu padre ya estuvo investigando presupuestos en otros lugares, de verme ahí se va a sulfurar, que sepa que tú eres la que me obliga. Hazte cargo de tu decisión, y también otra cosa, si él de verdad se niega de manera rotunda a recibir mi ayuda, tendrás que aceptar su postura sin rechistar.
La chica se puso de pie y fue a abrazar a su padre con alegría, mientras besaba su mejilla.
—¡Gracias, papi, eres el mejor!
Mientras tanto Levi trataba de enfocar la vista en la computadora en su oficina, se sentía como la mierda. La verdad no había descansado bien, le dolía mucho el cuerpo, el pecho era lo peor, cada vez que respiraba parecía como si el aire no le entrara. Cuando prestaba atención a ese dolor, de inmediato venía a su cabeza Eren y todo se volvía peor. Inspiró y trató de calmarse. No quería preguntas indiscretas de su jefa o de Hange o de sus hijos o de quien puta fuera, si lo tocaban con un dedo sentía que se iba a desmorar, por lo que había evitado a todos como la peste, mintiendo que estaba con muchísimo trabajo. Ya había terminado dos informes en tres horas, eso debía ser alguna especie de récord, pero es que necesitaba distraerse, poner su atención en otra cosa que no fuera su ex.
Una lágrima se deslizó de su ojo derecho y salió corriendo al baño donde lavó su cara y se miró al espejo. Ugh, parecía que lo estaban maquillando para protagonizar una película de zombies. Sus ojeras estaban marcadas y sus ojos demasiado rojos, algo inflamados, la boca la sentía pastosa, el dolor de cuerpo parecía incrementarse, carajo. De seguro se estaba engripando, y como no, después de haber estado bajo la lluvia helada. Cerró los ojos pero no pudo contenerse, por lo que se metió a uno de los cubículos, bajo la tapa del váter, tomó un trozo de papel y se sentó, secó su rostro.
Maldita sea, necesitaba un poco de autocontrol, no podía ponerse así en su trabajo. Tosió y le ardió el pecho, luego el recuerdo le vino como si su mente intentara explicar las cosas. Luego de haber descubierto a Eren con la chica bonita esa Mikasa, allá hace cinco años atrás, su estrés había sido tan grande, y su frustración, la decepción y todo lo demás, que provocó que tuviera un principio de úlcera gástrica. Vaya, pensar que había olvidado todo eso, al parecer su cuerpo respondía a las decepciones amorosas enfermándose. Cierto, cuando rompió con Erwin también tuvo una infección ocular. ¿Coincidencia? No, lo más probable es que le hubieran bajado las defensas, después de todo no había cenado, ni había desayunado. Sí, mejor ir y comer un croissant con café, o algo similar. Pero es que la verdad sentía náuseas, no estaba para tragar nada.
Se golpeó los cachetes con ligereza con la palma de sus manos. "Vamos, Levi, ¿qué es esto? Tú eres fuerte, no te dejes abatir". Se dio ánimos y regresó a la oficina dispuesto a trabajar hasta reventar.
Para el martes su semblante era aún peor, y además se había sumado una constante tos carrasposa.
—Buenas, buenas —saludó Petra su jefa y aunque Levi estaba con barbijo se sorprendió de su aspecto—. Epa, no tan buenas por lo que parece.
—Hola, Petra, lo siento, creo que estoy resfriado.
—Si, más bien estás super engripado —le siguió hablando desde la puerta—. Deberías irte a casa, Levi.
—Pero es que puedo seguir trabajando.
—No lo dudo, has estado muy productivo, pero recuerda que hay gente en el edificio, puedes contagiarlos también.
—Oh, tienes razón. De acuerdo, iré a casa, llevaré la computadora y trabajé de manera remota.
—De acuerdo, pero, ¿por qué no descansas? Realmente se te ve mal, ¿has ido al médico?
—No, no es necesario, pasaré por una farmacia y compraré algunos antibióticos, con eso será suficiente —dijo con la voz carrasposa, se notaba que le costaba respirar y una fuerte tos lo atacó de repente.
—¿Estás seguro? Levi, ve a un médico.
—Ok, lo haré... si lo creo necesario —susurró lo último y como tenía el barbijo su jefa no lo alcanzó a escuchar.
—Cualquier cosa me avisas, que estés bien.
Manejando de regreso a su casa, se miró por el espejo retrovisor, carajo, se veía de la mierda, con razón Petra le había dicho que fuera a descansar. Le dolía cabeza con insistencia, sentía punzadas en las sienes. Siguió tosiendo y estornudando, notó que tenía el pecho cargado.
—Carajo, ¿es que acaso me puede ir peor?
Llegó a su casa, se dió un baño, el vapor caliente de la ducha lo ayudó a expectorar un poco. Luego revolvió en la caja de remedios, encontró los antibióticos y bebió uno de inmediato, después programó su celular para no olvidarse de tomar el siguiente.
No tenía hambre en absoluto, pero se obligó a comer un poco de arroz con queso. Puso una botella de agua al lado de su cama, junto a un paquete de pañuelos descartables y su portátil. Quería seguir trabajando, estar solo en la casa y sin hacer nada no era lo ideal en su situación. Lo bueno es que si lloraba su gripe cubriría sus ojos rojos, algo bueno tenía que sacar de todo esto. Sintió escalofríos y fue hasta su armario. Miró la remera que le había regalado Eren, la de Rodes y volvió a lagrimear. Agarró un buzo grande color negro que era de Falco, que él se había propiado, le quedaba holgado y le gustaba eso, se lo colocó, se metió en la cama y retomó sus tareas.
Hizo una pausa a eso de las dos de la tarde y se puso a ver una serie sobre maquillaje en Netflix, una competencia entre personas con diferentes historias que amaban ese arte. Cuando llegaba la parte en que los participantes hablaban de sus vidas no pudo evitar ponerse por demás de sensible.
—¡Maldita sea, estúpido tóxico, esto es tu culpa! —dijo gruñendo al aire y luego se calmó.
No, bueno, no era su culpa... no del todo. Porque, ¿quien carajos ofrece ser pareja y se confiesa a alguien y tres doritos después está cogiendo con otro? Porque él no sería tan inconstante. Bueno, estaba hablando de su ex, maldito follador insensible. Se secó el rostro y suspiró, escuchó el ruido de la puerta y bajó a ver. Era Izzie, fue hasta la escalera y la saludó desde allí.
—Hola, papi.
—Hola, hija.
—Papá, te ves muy mal, ¿no fuiste a trabajar hoy?
—Si, si fui pero me volvieron a la casa. No, no te acerques, lo único que falta es que te contagie la peste, estaré en mi cuarto por cualquier cosa.
—Papá, me avisas si necesitas algo, ¿no?
—Sí, corazón, no te preocupes —tosió un poco más, tiró un poco de desinfectante en aerosol antes de entrar a su pieza, y cerró la puerta.
Menos mal y Falco se había ido con xxx, no quería ni nombrarlo (ni siquiera en sus pensamientos), así no lo veía tan venido a menos, después de la conversación el día anterior, no quería que lo viera así.
Mientras tanto Eren ya estaba conduciendo a Lago Escondido, un sector alejado de la ciudad, pero muy tranquilo y hermoso donde el centro del paisaje era un lago enorme donde se podía ir a pescar en cualquier época del año. Incluso en invierno. Pusieron algo de jazz a reproducir y Eren notó el semblante decaído de su hijo.
—¿Qué sucede, campeón? Pareces algo bajoneado.
—Mmm, si puede ser. Me cuesta creer que será la última vez que salgamos juntos los dos, bueno, al menos en un buen tiempo.
Eren recién cayó en cuenta de las palabras de su hijo, era verdad. ¿En qué momento había pasado la vida? De repente su hijo ya estaba recibido, era una eminencia y que ahora se iría a vivir a otro continente. Pudo indentificarse con su ex, que se ponía muy sentimental cada vez que recordaba que Falco se iría.
—¿Sabes? Me da algo de pena que no pude consentirte tanto como me hubiera gustado. Es decir, recién hace poco más de dos años que me va realmente bien con el trabajo.
—Bueno, siempre nos has consentido, papá.
—Sí, pero me refiero, ya sabes, ahora puedo llevarte de viaje, si necesitas una computadora o cosas así.
—Me regalaste el auto cuando me recibí, es más que suficiente.
—Puedo hacer más, así que si necesitas algo, solo pídelo, te lo conseguiré, incluso si estás al otro lado del planeta.
—¿Por qué me hablas como si me debieras algo?
—Es que, bueno, durante mucho tiempo yo no pude aportar en casa y la verdad vivíamos de una manera tan... precaria.
Se produjo una pausa pesada y melancólica.
—Pues, yo no lo veo así. Es cierto, ahora tenemos suficiente dinero como para hacer cosas que antes no podíamos, o mejor dicho tú y papá Levi. Pero según lo veo, a veces extraño aquellos años en los que los cuatro fuimos felices aunque tuvieramos poco dinero —había un persistente sentimiento de añoranza en las palabras de su hijo que le atravesó el corazón a su padre—. Tal vez Izzie no se haya dado cuenta, porque es un poco menor, pero yo si lo sabía. De esas veces que había que ahorrar, recuerdo como encima del arroz en las loncheras, nos hacías dibujitos. Un dinosaurio, un corazón, una flor sonriendo, siempre eran cosas diferentes. Izzie y yo nos juntabamos en los recesos y jugábamos a adivinar qué nos habías dibujado con pedacitos de pimiento, zanahoria y otras cosas. Yo sé de las veces que papá Levi llegaba casi a la medianoche para poder hacer horas extras para cumplir con los ingresos mínimos que el gobierno exigía para no quitarles la tenencia de nosotros, y tú cortabas el pasto de los vecinos y arreglabas jardines en el muy poco tiempo que te quedaba libre entre estudiar y cuidarnos. Aún recuerdo cuando cumplí diez años y vendiste tu consola de juegos para poder completar el dinero para hacerme una fiesta. Por eso, no necesitas esforzarte tanto ahora, tú y papá Levi son los que merecen disfrutar ahora. Yo me siento muy bendecido con todo lo que me dieron.
—Mocoso, ¿me quieres hacer llorar, acaso? Porque vas por buen camino.
—No era mi intención —dijo con una sonrisa extraña—. Es solo que la ocasión se presta, hace mucho que no tenemos un tiempo a solas y antes de irme, no quiero quedarme con esto adentro, necesitaba decírtelo. Cuando vivíamos en el refugio... recuerdo muy bien el momento en que Izzie corrió hasta tus piernas y se aferró a ti, luego la tomaste en tus brazos. Recuerdo que pensé, diablos, se la llevarán, fue como un presentimiento, y porque nunca eligen a los niños más grandes. Una parte de mi deseaba que pudieran llevarla, pero otra parte estaba sufriendo mucho también, pensando: no volveré a verla. Y entonces papá Levi se giró y me miró, yo no podía decir nada, estaba muy emocionado. Se acercó a mi, se agachó y jamás olvidaré la forma en que me sonrió y puso su mano en mi cabeza. Me saludó, yo no podía contestar, tenía un nudo en la garganta de antas emociones, después se acercó la cuidadora y explicó que era el hermano de Izzie.
—Sí, lo recuerdo. La idea era adoptar un solo niño o niña. Levi fue de la idea de que no fuera un bebé, él también sabía que los niños más grandes tenían menos posibilidades. Y se acercó a ti sin saber que eras el hermano de Izzie, me dijo: mira su carita, ¿no es adorable?, y tu hermana agregó: Ete e Flanco.
Ambos se rieron ante el recuerdo.
—Había olvidado cuando Izzie aún no pronunciaba bien mi nombre.
—Luego la cuidadora se acercó y nos comentó que eran hermanos. Debo decir que dudé, ya de por si era toda una responsabilidad adoptar a uno, pero tu padre solía ser tan optimista. "Es más grande, nos ayudará con Isabel, además se sentirá muy sola sin él, ¿y él? ¿Sin ella? No podemos separarlos, haré horas extras, tú te recibirás pronto", me contagié de su visión, fuimos un poco ingenuos. Pero no estoy arrepentido, ni un poco. Las primeras noches no dejabas a tu padre dormir conmigo, eras como un pequeño koala, prendido a su torso, que apenas lo soltabas solo para ir al baño.
—Sí, es que... tenía miedo que fuera un sueño.
—Aún tengo en mi cabeza, ese comportamiento, como un perrito, te quedabas al lado de la puerta cuando se iba a trabajar y cuando volvías de la escuela ponías un almohadón cerca de la puerta y lo esperabas. Muchas veces te dormías y te llevaba al sofá. Siempre envié un poco la conexión que tenías con él, estábamos casi todo el día juntos, pero era a él a quien lo esperabas.
—Es que lo veía menos, no era porque lo quisiera más o algo como eso. Supongo que significó mucho para mi cuando él me habló en el orfanato. Los quiero por igual, ¿eh?
—Si, está bien. No lo dije desde una postura de celos.
Siguieron evocando cosas de la infancia, de los actos escolares, disfraces de Halloween, juegos en la casa, Eren se empapó del ánimo familiar que su hijo le estaba prodigando, ¿qué había pasado con todos esos recuerdos? ¿Dónde los había escondido?
Llegaron luego del medio día, Eren ya había rentado una cabaña para estar más cómodos, pero Falco había llevado la tienda de campaña porque quería una aventura más rústica. Así que la armaron cerca de la cabaña. Luego tomaron todas las cosas y caminaron hacia el lago para pescar. Se pasaron toda la tarde hablando de arquitectura (a Falco también le apasionaba) y del nuevo trabajo que haría su hijo, sobre tecnología, el mundo, y filosofaron sobre muchas cosas, pero de pescar, ni una mojarra.
Volvieron algo depcionados, pero decididos a hacer un mejor esfuerzo al día siguiente, esta vez rentarían un bote e irían a la madrugada. Al llegar, improvisaron una fogata, asaron malvaviscos, tomaron café y comieron algunos sandwichs que Falco había preparado. Se rieron de anécdotas de su padre y luego les hizo frío, por lo que se metieron a la tienda de campaña. Las bolsas de dormir eran incómodas y frías, luego de girar de un lado al otro, decidieron ir a la cabaña.
Se sorprendieron que la habitación principal tenía un tragaluz sobre la cama que permitía ver el hermoso y despejado cielo nocturno, por lo que Eren aceptó compartir el colchón con su hijo, era una cama matrimonial de todas formas. Querían dormir, pero el firmamento los tenía absortos.
—Papá...
—¿Mmm?
—Tú y papá Levi... están teniendo algo, ¿cierto?
Eren se quedó mudo, iba a negarlo, tal vez Isabel le había dicho algo a su hermano, pero luego lo pensó mejor, su hija no iba a exponerlos así, menos con Falco, así que si él estaba preguntando es porque lo había deducido por si mismo. ¿Tan mal habían hecho las cosas? Bueno, mucho no se habían cuidado.
—¿Puedo pedirte algo?
—Mmm...
—No lo hagas llorar, por favor.
Esta vez Eren se giró y miró a su hijo, se sorprendió de notar que su semblante era en extremo desanimado.
—Cuando... cuando ustedes peleaban, Izzie lloraba, yo trataba de entretenerla. Ya éramos grandes pero teníamos miedo de volver al orfanato. Sé que no era la intención de ustedes, que estaban muy agobiados, y cuando te fuiste casa, fue muy difìcil para todos, pero sobre todo para papá Levi. No estoy seguro cuánto, pero fue mucho, mucho tiempo. Él nos daba la cena, nos mandaba a bañarnos, nos venía a arropar aunque yo ya fuera un universitario e Izzie estuviera a punto de terminar la secundaria. Y luego, iba a la cocina, se servía una copa de vino y lloraba en silencio, a veces lo hacía en su habitación. Me esforcé para traerle las mejores calificaciones, quería ayudarlo, de alguna manera. No importaba las veces que le preguntara o que le pedía que hablara conmigo, él siempre me respondía: No te preocupes, cariño, estoy bien. Pero sabía que era una mentira, nadie estaba bien.
—Las separaciones son dolorosas.
—Lo sé, pero él, él se aferra mucho, ¿sabes? Por eso, si van a intentarlo de nuevo, por favor, no lo lastimes, porque yo ya no estaré para apoyarlo. Por favor, papá.
—Lo que me lastima es que creas que yo siempre soy la causa de todos los males, Falco. Por si no sabes, también sufrí mucho y en esta ocasión, fui rechazado por él, no entraré en más detalles, solo, dejen de pensar en mi como el villano.
—Papá, nunca te vi como el villano. Es solo que parece que tu capacidad de recuperación es diferente a papá Levi. Quiero decir, pudiste ponerte en pareja al poco tiempo que se separaron y-
—No todos los que lloran son los únicos que sufren, ¿sabes? —lo interrumpió Eren frunciendo el ceño—. Cada uno lleva el dolor a su manera, y no creas que por salir con otra persona se puede superar todo el dolor.
Hubo un silencio pesado entre ambos, solo se escuchan sus respiraciones y los movimientos esporádicos de las sábanas sobre sus cuerpos al mover una extremidad. Eren suspiró largo y tendido.
—Lo siento, papá.
—No, soy yo el que lo siente. Se supone que teníamos que cuidarlos y al final, sufrieron demasiado por nuestro egoísmo. Nunca podré compensarlos lo suficiente.
—No debes hacerlo, nos dieron una vida en familia, un hogar, nos amaron. Ninguna familia es perfecta, e incluso al separarse, tú siempre estuviste presente. Nunca te vi como el malo, no pienses eso. Es solo que al ver sufrir a papá Levi, no noté que fue muy duro para ti también.
—Bueno, ya, dejemos de halar de cosas tristes o tendremos malos sueños.
—¿Podrías contarme una historia? Sé que es muy infantil, pero era lindo cuando venías a mi cuarto y te inventabas cosas tan cómicas, con efectos especiales y todo —dijo recordando una vez que Eren había llevado una linterna y había intentado hacer sombras sobre la pared.
—Eso es una gran idea. Voy a contarte la historia de los peces troll, eran unos peces muy malvados que decidieron hacerle el día a los pescadores, determinados a no morder los anzuelos ni una sola vez.
Falco sonrió complacido y se giró para escuchar a su padre.
No volvieron a hablar sobre el tema de la familia o de Levi. Sin embargo, Eren no pudo parar de pensar en todo, el pasado, el presente, tantas cosas. Floch le escribió al día siguiente para invitarlo a alguna cosa en esa semana, invitación que rechazó con cortesía pero siendo claro.
Desayunaron de camino a la ciudad en un pintoresco restaurante a la vera del camino y luego dejó a Falco en casa de su ex. Llegó a la suya, acomodó todo lo del viaje, lavó la camioneta, y se puso a acomodar su casa. Estaba secando una de las ventanas del comedor que había mojado para quitar la mugre, y notó que el papel que usaba dejaba unas sutiles vetas marcadas. "Ya que, ni se notan casi", se dijo así mismo y casi salta en el lugar cuando escuchó la voz de su ex en su cabeza: "No, ¿que no ves que se ven horribles? No seas holgazán. ¿Cuántas veces te dije que uses papel de periódico? Hazlo ya". Se rio solo como un loco mientras se ponía de pie para ir a buscar el dichoso papel.
—Carajo, ni en mis pensamientos me das respiro.
Al día siguiente tuvo mucho trabajo en la oficina porque se le habían acumulado varias cosas, tuvo a Floch y al resto corriendo de lado a lado, llamadas, emails, reuniones postergadas. Salió agotado, pero Izzie le había mandado varios mensajes desde la mañana para que no olvidara su promesa. "Nunca prometí nada, mocosa, tú me forzaste", dijo apretando el volante mientras se dirigía a casa de su ex.
Se preparó mentalmente para el enfrentamiento, ya que el auto de Levi estaba estacionado afuera, por lo que dedujo que estaría en casa, pero quien abrió la puerta y lo recibió fue su hija. Le ofreció algo de beber y luego fueron al patio. Supuso que lo estaría evitando, lo cual lo molestaba un poco, pero bueno, haría su parte y se iría. Cuando estaban en medio de la medición, escucharon que la mampara que daba al patio se abría. Oh, allí estaba su ex, y parecía un poco desconcertado con el panorama con el que se encontró.
Levi miró a su hija, a Eren y luego frunció el ceño. Su ex se giró para enfrentarlo, mierda, se veía adorable con el barbijo negro y su pijama, luego que su impresión inicial se dispersó pudo notar con mayor precisión que sus ojos estaban algo rojos, su rostro en general también, cuando lo escuchó toser se alarmó, eso no sonaba nada bien.
—Primero hola a ambos, segundo, Izzie, ¿se puede saber qué está haciendo tu padre aquí? —su voz se oía ahogada y nasal.
—Es que yo llame a papi y le dije que viniera a tomar las medidas para la galería.
—¿Qué? Pero Izzie-
—No, nada. Sé lo que vas a decir. Pero, ¿por qué vas a gastar en otro arquitecto cuando papá puede hacerlo? Además, él tiene sus contactos, la mano de obra y el material serán mucho más baratas. Anda, no seas obtuso.
—Eren —habló Levi y el otro trató de no mostrarse afectado por escuchar su nombre en la voz de su ex—, lamento mucho que Isabel te haya comprometido con esto. Por favor, no tienes ninguna obligación, además yo... —tuvo que detenerse porque le dio un ataque de tos.
—Te traigo agua —dijo Eren yendo a la cocina, regresó rápido y le dio un vaso con agua a temperatura natural.
Levi se alejó un poco, bajó el barbijo y bebió con avidez, ¡ah que refrescante! Se colocó de nuevo el barbijo y los miró, mierda, se sentía mareado, le ardía mucho el pecho, ¿era porque Eren estaba cerca? Hizo un esfuerzo para recordar de qué estaba hablando antes.
—Ah, si, como decía, que yo ya busqué algunas alternativas, no te dejes engatusar por las palabras de la mocosa.
—¡Oye, estoy aquí por si no te diste cuenta! —replicó Isabel.
—De seguro tienes tus obligaciones, y ella te estuvo insistiendo hasta el hartazgo. ¿Me equivoco?
—Bueno, para ser honesto —aceptó el más alto mirando a la joven—, es verdad que me ha insistido mucho, pero no es como si hubiera venido por obligación. Después de todo esto es para la despedida de Falco, y lo que tenemos lo van a heredar ellos tarde o temprano, así que... y no me complica con otros compromisos, si eso te deja más tranquilo.
Levi rodó los ojos, suspiró y tosió un poco más, se cruzó de brazos y miró a ambos. Se sentía demasiado débil para iniciar una pelea.
—Papá... —exclamó Isabel mirándolo suplicante.
—De acuerdo —se resignó Levi—, si de verdad no te complica, sería de gran ayuda que te encargaras de esto —le habló a su ex con parsimonia, tosió un poco más y continuó—. Solo, te pido que me dejes colaborar, compraré los materiales y pagaré la mano de obra, después de todo es mi casa por el momento, no es justo que cargues con esos gastos, es la única condición que tengo para aceptar tu colaboración.
Eren sonrió de manera breve.
—Así será, tienes mi palabra.
Isabel sonrió complacida.
—Al fin, ¿vieron que no es tan complicado comunicarse y ponerse de acuerdo?
—Bien, los dejo, iré a acostarme.
—Pa, vamos al médico yo te llevo —ofreció Isabel, pero Levi negó.
—Sé que me veo mal, pero es solo cuestión de reposo, estoy tomando antibióticos. Si necesitan algo, me avisan.
Una vez que se retiró Izzie se quedó en silencio observando como Eren no despegaba los ojos de el lugar por el que su otro papá se había ido. Cuando giró la cabeza y notó que había sido descubierto, intentó disimular.
—Vamos, tenemos que terminar con las mediciones.
—¿Realmente no me vas a contar?
—No quiero hablar de eso.
—¿Qué le hiciste?
—¿Ah? ¿Cómo qué le hice? ¿Por qué sería yo el que hizo algo?
—Porque siempre eres tú el que hace algo malo.
—A ver, momento, ¿de donde sacaste eso? Sin pruebas, sin conocimiento de causa, me acusas de la nada. ¿Por qué todo el mundo me tiene que echar la culpa de todo?
—Algo hiciste, papá, estoy segura. Te digo más, estoy segura que se enfermó por tu culpa.
—¡Claro, ahora resulta que yo le hice tomar frío o le llevé los gérmenes! ¿Por qué no me echas la culpa de la pandemia del 2020 también?
Isabel comenzó a reírse mientras sostenía la cinta métrica y Eren se alejaba para seguir con el trabajo.
—Para que sepas, yo no le hice nada. Tal vez fue al revés —siguió despotricando.
—Imposible, papá Levi es un ángel —lo siguió molestando la jovencita para luego estallar en carcajadas—. Sino cuéntame, como fue, quien le hizo qué a quien y tal vez te crea.
Eren la miró por unos segundos y decidió hacerse el desentendido.
Media hora después, ya había tomado todas la medidas y fotos necesarias para poder empezar con los planos. Izzie le invitó la merienda, pero luego recibió una llamada de su nueva novia, Gloria, que le pedía si podía ir a buscarla.
—¿Quieres que te lleve?
—La verdad, si, pero —miró escaleras arriba y escucharon toser a Levi—. Son las siete, Falco me dijo que vendría como a las nueve, ¿es mucho pedirte que no lo dejes solo? Solo serán dos horas.
—No lo creo, si baja y me ve, me reñirá.
—Buuu, entonces iré a buscar a Gloria y regreso, como mucho será media hora o un poquito más, iré en el auto de papá para acelerar las cosas, ¿por favor?
—Está bien, hey, maneja con cuidado, no me moriré por esperar unos minutos más, a menos que tu padre quiera matarme. Si lo hace, que sepas que es toda culpa tuya.
—¡Te amo, te amo, eres el mejor! —dijo la chica contenta—. Juro que no demoraré.
Diez minutos después estaba sentado en el comedor, con un té negro y haciendo los primeros bocetos de la galería en un cuaderno de hojas de dibujo que había llevado para la ocasión. No tenía ganas de prender la televisión y hacer ruido, capaz y Levi bajaba, mejor no molestarlo. Comenzó a dibujar algunas ideas para organizarse para el proyecto. La casa estaba en silencio, excepto por la tos casi constante de Levi.
Miró escaleras arriba. Sería mejor si tomaba un té con miel, tal vez eso le aclarara la garganta, o que fuera al médico. ¿Por qué siempre había sido tan renuente a hacerse chequear la salud? Lo escuchó tosiendo que parecía que iba a botar los pulmones, dejó el lapiz a un costado y se puso de pie, eso no sonaba para nada bien, ¿debería subir a chequear? Dudó, pero cuando escuchó un ruido sordo sus piernas se movieron solas. En dos trancos estuvo frente al dormitorio, pero la puerta estaba cerrada, ¿debería tocar? Escuchó a Levi mascullando algo, ¿estaría hablando por teléfono? Apretó los dientes y tocó una vez, dos, tres, cuatro veces, pero en ningún momento su llamada fue contestada. Luego de unos minutos se animó a entrar, a ver si Levi se había desplomado, mejor fijarse bien.
Abrió con cautela y metió la cabeza, notó la cama desordenada, pero no había nadie allí.
—¿Hola? ¿Levi? ¿Estás en el baño?
Escuchó una respiración forzada y finalmente metió el cuerpo. Lo buscó con la mirada, la puerta del baño estaba abierta pero no había nadie, cuando regresó al cuarto divisó los pies de Levi del otro lado de la cama, en el suelo, se lanzó hacia ese lugar, efectivamente estaba desparramado en el piso. Lo tomó de los hombros y lo sacudió.
—¡Levi, Levi!
—¿Qué, qué? No me grites, maldición, ¿qué sucede?
—Estás en el suelo.
—Si, me vine aquí, el piso está fresco —explicó entre resoplidos, había un casi imperceptible silbido cada vez que aspiraba aire—. Ya déjame, tengo sueño y me hace calor.
Eren puso su mano en la frente del otro.
—Estás ardiendo.
—¿Cómo?
Eren lo levantó entre sus brazos y Levi se despabiló un poco y protestó. Lo dejó sobre la cama con cuidado y se puso a buscar la caja de medicinas, ¿dónde la guardaban? Ahí sobre el mueble con espejo. Abrió la tapa, revolvió y encontró el termómetro digital, para cuando se giró Levi estaba de pie y lo miraba arrugando la frente.
—¿Eren? ¿Qué haces aquí? Estoy soñando esto, si eso debe ser.
El más alto se acercó, prendió el aparato y pidió permiso para meter su mano dentro del pijama.
—Aprieta tu brazo para que no se caiga —indicó, pero Levi parecía algo perdido.
—¿Estamos bien? —le habló con dificultad y tosió de nuevo.
—¿Qué?
—Que si estamos bien, porque yo quiero estar bien contigo —soltó y sus ojos se llenaron de lágrimas, Eren estaba mudo—. Estoy cansado de las peleas, no más peleas, por favor. Estemos bien.
El sonido del termómetro alertó a Eren quien miró el resultado, 39,5ºC, carajo, Levi estaba muy mal, iba a colapsar en cualquier momento.
—Nos vamos a la clínica, ahora mismo —resolvió, hizo que su ex se sentara en la cama para luego ir a buscar zapatos y un abrigo en el vestidor.
—¿A la clínica? ¿Por qué?
—Porqué estás malditamente enfermo, por eso.
—¿Por un corazón roto? No, pero si esas cosas no las reparan en las clínicas —habló Levi y luego tosió con mucho dolor.
—¿De qué corazón roto hablas? Levi, estás delirando por la fiebre.
—¿Cómo que de qué corazón roto? ¡Pues del mio, estúpido! —regañó mientras le arrojaba un almohadón que no llegó ni cerca de Eren.
Su ex se acercó y comenzó a ponerle las zapatillas, notando como hipaba y se secaba las lágrimas con la manga de su pijama.
—No sé de qué hablas, la fiebre te tiene así. Me preocupas, maldición.
—Si, y tan preocupado, que me bloqueas de todas partes, total, yo puedo morir y que te puede importar.
Eren lo tomó de los hombros y le habló con firmeza.
—No digas tonterías, sí que me importas, eres una de las personas más importantes de mi vida, ¿por qué crees que sigo aquí si pensara diferente?
Le puso una campera abrigada, una bufanda y zapatillas sin cordones, luego lo ayudó a bajar las escaleras y subir a la camioneta.
—¡No, espera! —dijo Levi alarmado—. Falta la, la, la maqueta para ciencias, hoy hay que presentarla.
—¿Qué maqueta?
—¡La de Falco!
Eren no lo podía creer, que tan mal estaba su ex para haber perdido la cabeza de esa manera. Le puso el cinturón de seguridad antes de hablarle.
—No te preocupes, yo subí la maqueta está en el portaequipaje, vamos de una vez.
—¿Lo hiciste? Que alivio.
Antes de arrancar le mandó un audio a sus dos hijos, informándoles que iba camino al hospital Sina, que se vieran allá. De tanto en tanto, chequeaba a Levi que iba quieto y callado, mirando al frente pero perdido, respirando cada vez peor, tosiendo.
—Oh, mi barbijo, te voy a contagiar, no te acerques. ¿Dónde está mi barbijo? —dijo revolviendo en los bolsillos de su campera.
—No importa, tengo buena salud.
—Sí, es así. Cuando sea tu cumpleaños te haré un pastel, mi decoración es de la mierda, pero tienen buen sabor, ya verás.
—De acuerdo, realmente espero que me hagas uno, y si conozco tus pasteles.
Luego hubo un silencio de unos pocos minutos, hasta que Levi volvió a hablar con debilidad.
—Eren, nosotros, no estamos bien, ¿verdad?
Eren miró a su ex cuando sintió el ruido de su cabeza golpeando contra el cristal de la ventanilla.
—¡Levi, Levi, contéstame, Levi!
Se había desmayado.
—¡Joder, joder! —aceleró lo máximo que permitían las leyes y en menos de cinco minutos estuvo en la clínica. Sacó a Levi entre sus brazos, lo montaron en una camilla y mientras un enfermero le tomaba los datos otro ya lo ingresaba. Una vez con la planilla en mano, le pidieron que subiera al segundo piso, a terapia intermedia, que esperara que el médico hablara con él.
Se sentó en la sala de espera, aún aturdido con todo lo que había pasado. ¿Iba a estar bien, no? ¿Y si se moría? No, no, eso, no, no estaba tan grave, ¿no? ¿y si era Covid? De repente, sus manos comenzaron a temblar, su corazón se aceleró al máximo. El 2020 había sido un desastre, había visto muchas familias perder sus miembros como si nada, gente que parecía totalmente sana que de un día para el otro se deterioraba al punto de marchitarse sin posibilidad alguna de recupero.
De prnto recordó a sus hijos, tenía llamadas perdidas de ambos. Los llamó y les dijo que estaba en la clínica y que ya estaban asistiendo a Levi, que vinieran con calma, que estaba esperando el diagnóstico. Luego se percató que había un sector donde había una virgen rodeada de velas y unas sillas alrededor. Se puso de pie y se sentó allí, solo recordaba el padrenuestro así que jutó sus manos y lo repitió y lo repitió sin parar. Se refregó el rostro al darse cuenta que estaba llorando, no, Levi no se podía morir.
—¿Ackerman? ¿Parientes de Ackerman?
—¡Aquí! —corrió hasta el médico que venía con otra enfermera o asistente.
—Bien, le comento señor Jaeger, ¿usted es...?
—El esposo.
—Ok, mucho gusto, soy el doctor Onyakopon Yande. le comento, su marido está bastante delicado, hemos aplicado un estabilizante para que su fiebre baje, está deshidratado, y sus defensas muy bajas, tiene neumonía.
—¿Neumonía?
—Cálmese, por fortuna no es un cuadro excesivamente grave. Ahora está con oxígeno, para mejorar su capacidad pulmonar que se redujo mucho por la inflamación en los alveólos, la flema, en fin. Haremos un lavaje para quitar mocos y demás, una vez que recobre la consciencia. Está con suero para recuperarlo de la deshidratación. Necesito que compre estos antibióticos que aplicaremos por intravenosa. Por el momento, es necesario que quede hospitalizado, mañana haremos el siguiente chequeo y el primer lavaje, pero es probable que deba permanecer un par de días aquí hasta que se estabilice del todo.
—Entiendo, ¿podemos verlo?
—No, hasta que pase a terapia regular no es posible ingresar. Solo en horarios de visita y de a uno por vez, en la mesa de entrada la enfermera le dará más detalles al respecto. Los medicamentos, una vez que los adquiera, también los deja en mesa de entrada a nombre del paciente, por favor. Ya tenemos su número de móvil, en caso de ser necesario nos contactaremos con usted.
—Lo que sea necesario, por favor, infórmeme.
—Si, quédese tranquilo, está en buenas manos. Con su permiso.
Eren tragó en seco y se apoyó contra un pilar, esperó que llegaran sus hijos, les explicó todo y fue a comprar los medicamentos. Cuando regresó aún estaban en la sala de espera.
—Hasta mañana no creo que podamos hacer mucho —les indicó—. ¿Quieren venir a casa? Tienen mi número, si pasa algo me avisarán. Mañana podemos venir de una a dos y media de la tarde. Es probable que ya esté despierto para entonces, mejor que descanse ahora.
—¿Estará bien que nos vayamos? —dijo Isabel secándose unas lágrimas.
—Si el médico lo dijo, es por algo —aceptó Falco devastado.
Eren los subió en la camioneta, volvieron a casa de Levi, buscaron ropa y otras cosas para el enfermo, para ellos también, y se fueron a su casa. Pidió dos pizzas a domicilio y se sentaron en el sillón frente al televisor.
—Es mi culpa —dijo Isabel acongojada.
—¿Cómo va a ser tu culpa, tesoro? No digas tonterías —dijo su padre y fue a consolarla con un abrazo.
—Yo sabía que había tomado frío, pero pensé que solo era una gripe.
—¿Tomo frío, dices? —preguntó su hermano.
—Sí, el sábado por la noche, no sé a qué salió y parece que se mojó un montón con la lluvia.
—¿La noche del diluvio? —siguió preguntando Falco—. ¿Acaso salió afuera justo ese día?
—Yo supuse que salió, porque al día siguiente usé el auto de papi para llevar a Glor, mi novia, a su casa, y había mucho olor a humedad, y el asiento del conductor estaba mojadísimo y no estaban abiertos los vidrios de las ventanillas como para pensar que por ahí entró la lluvia. Tuvimos que secar ese lado con toallas. Así que él debe haber salido a comprar algo, se mojó al hacerlo y creo que eso fue.
—¿El sábado a la noche? —repitió Eren mientras su mente le recordaba el episodio con Floch en su casa.
—Pero, ¿por qué salir a comprar con ese temporal? Podría haber pedido por delivery lo que fuera que necesitara o esperar que menguara.
Los tres se quedaron en silencio.
—Ahora que lo recuerdo, yo si le pregunté por lo del auto mojado, y él me confirmó que había ido a comprar, aunque no me dijo qué —exclamó Isabel pero con duda, luego miró a su padre.
—¿Qué?
—¿No vino a verte ese día? Capaz, discutieron o algo.
—No, claro que no, ¿por qué vendría a verme tu padre?
—Ustedes volvieron de su viaje y luego, ¿no se vieron más? —presionó Falco.
—A ver, no, no volví a juntarme con su padre luego del viaje, que eso quede claro. Nos distanciamos, entiéndanlo. Además, si él hubiera venido, definitivamente me hubiera avisado antes, de ninguna manera se hubiera largado sin mandar aunque más no fuera un mensaje.
—Si, eso tiene sentido —dijo Isabel, relajándose contra el respaldar del sillón.
Eren miró su celular sobre la mesa ratona, ¿avisar? ¿Adónde? Recordó las palabras de su ex: "Si, y tan preocupado, que me bloqueas de todas partes, total, yo puedo morir y que te puede importar". Es que si, lo había bloqueado de todas partes, hasta de sus redes sociales, si Levi hubiera querido avisar sobre ir a verlo... no habría podido hacerlo. No, no, no, momento. Si Levi hubiera ido a su casa, primero que él lo sabría, es decir, él estuvo ahí... excepto esos diez minutos en que se duchó mientras Floch hacía la cena.
¡JAH! ¡Vamos! ¿Que posibilidades habría que de que Levi hubiera decidido ir a verlo? Eso era prácticamente imposible. ¿Y que justo en el preciso momento que llegó, él se estuviera bañando? Eso era prácticamente imposible, también. ¿Y que hubiera sido Floch el que lo hubiera atendido? No, no, no, Floch le hubiera contado: oye, vino tal persona. Era casi imposible. ¿A menos que Levi le hubiera pedido que no dijera nada? Podía imaginarlo ahí sorprendido de que un joven lo hubiera atendido y diciendo: no, está bien, no digas nada.
¡Basta! Era demasiado conveniente que todos esos factores se hubieran producido todos juntos al mismo tiempo, no. Era casi imposible.
Ahí estaba el problema, en el "CASI".
—¿Papá?
—Necesito ir al baño un momento, tesoro. Falquito, recibe al delivery, ya regreso.
Sus hijos se miraron entre ellos extrañados.
Eren se sentía descompuesto, subió a su habitación, cerró la puerta y se sentó en la cama, estaba pálido. Tomó su celular y le marcó a Floch. "Me estoy preocupando demás, no es así, Levi nunca vino, estoy seguro, ¿por qué siquiera lo estoy dudando?".
—¿Eren? ¡Qué bueno que me llamaste! —el joven atendió al segundo timbrado.
—Hola, Floch.
—¿Puedo suponer que esta llamada significa que aceptas mi invitación?
—Lo siento, pero mi respuesta sigue siendo no.
—Ou —respondió con decepción—, ¿en qué puedo ayudarte, entonces?
—Verás. El sábado que te viniste a casa... escucha, es muy importante que me digas la verdad, ¿alguien vino mientras yo tomaba una ducha?
El joven se quedó mudo del otro lado y Eren apretó el edredón de la cama con su mano libre, un vuelvo en su estómago anticipándose a la confirmación.
—¿Floch?
—Es que, él me dijo que no te dijera nada, que no tenía importancia, ni siquiera quiso darme su nombre, Eren. Lo siento, ¿hice mal en no contarte?
Eren apretó los dientes y sus párpados con fuerza, tragó duro.
—La verdad, deberías haberme dicho.
—¿Estás enojado? De verdad, lo siento —insistió el joven con la voz afectada.
—No, no estoy molesto. Gracias por contarme, nos vemos mañana en la oficina.
—¿Eren?
—Todo está bien, no te preocupes, no hiciste nada malo, adiós.
Suspiró con dolor, agarró su laptop y la encendió, buscó las grabaciones de la cámara de seguridad, afortundamente se renovaban una vez al mes, de manera que pudo encontrar el archivo. Y ahí estaba, el auto blanco estacionando afuera del portón, Levi tocando el timbre, corriendo en medio del diluvio, mojándose todo y luego de pie en la puerta, esa cámara mostraba una imagen más nítida. Y en HD pudo ver la reacción de Levi al encontrarse con a Floch.
—Maldita sea. Maldición.
La lógica era la lógica, e indicaba que él no tenía nada que ver con lo sucedido hasta el momento, que nada de lo acontecido era su culpa. Las cosas fueron claras, a él lo rechazaron, y cada uno siguió su vida por separado. Sin embargo, muy dentro suyo... no pudo deshacerse del odioso sentimiento de verse a sí mismo, como un villano.
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By Luna de Acero.-
