Disclaimer: Esto se hace sin ánimo de lucro. Los personajes no me pertenecen.

Capítulo 2: Cosas que no nos gustan

A veces Hinata se sentaba en el parque y observaba a su alrededor. Mientras seguía las evoluciones de sus hijos, mientras se tiraban por el tobogán o se subían a los balancines, se daba cuenta de cómo había cambiado la vida a su alrededor, mientras ella había estado ocupada con la maternidad. Veía con curiosidad a otras parejas, preguntándose si lo que a ella le estaba pasando podía considerarse un fenómeno normal.

La verdad, no lograba saberlo.

Todos llevaban de puertas para afuera una vida tan plena y perfecta como ella y Naruto. Observaba a los padres de los amiguitos de Bolt: Choji y Karui parecían llevarse especialmente bien. Desde luego, estaban siempre atentos el uno del otro, tocándose con amor y mirándose a los ojos. Su hijita parecía tener un apego muy sano a ellos, y muchas veces los tres se fundían en un abrazo. En el otro lado del espectro, estaban Sakura y Sarada. Muy obviamente, Sakura era a todos los efectos una madre soltera. Parecía muy apegada a la niña, pero siempre cansada.

Hinata comprendía la parte del cansancio completamente.

Suspiró. Quizás debería sacar algo de tiempo y echarle una mano como ella se la había echado cuando la necesitó.

En el medio, se fijó en Inojin y Shikadai. Ino siempre hacía gala de que Sai y ella eran una pareja súper bien avenida, aunque eso no tenía que significar nada. Al fin y al cabo, para Ino la apariencia siempre había sido muy importante. Sin embargo, era notable que al parque fueran tanto Ino como Sai, a veces juntos o a veces separados, repartiéndose las tareas del cuidado de los hijos. El niño parecía muy feliz de ver a cualquiera de los dos. Respecto a Shikadai… era curioso porque la inmensa mayoría de las veces la persona que lo acompañaba al parque era su padre.

A Hinata le resultaba curioso sobre todo por esto: Shikamaru trabajaba en la torre del Hokage, junto a Naruto. De hecho, por lo que ella sabía, en un puesto similar. Y sin embargo, allí estaba.

Casi todos los días.

En el parque.

Parque que Naruto habría pisado tres veces.

Y Shikadai le adoraba, se notaba en sus preciosos ojillos verdes llenos de luz. Ojillos que ahora iban a dar contra la arena gracias a un golpe de su hijo

―¡Boruto-kun! ¡No hagas eso! ¡Discúlpate ahora mismo!

Xxx

Desde que fue consciente de cómo se había degradado la relación con su marido, Hinata intentó ponerle remedio rápidamente. Mientras los niños se dormían, ella analizaba cómo ponerle remedio. Se le ocurrió la respuesta más obvia la primera de todas.

Segura de que sus hijos descansaban tras mucho cantar y bailar El Cerdito Va A La Escuela, ella se permitió un momento para ella. Fue al dormitorio, se puso delante del espejo y se observó.

Luego, se desnudó y se observó más.

Obviamente, su cuerpo no era el mismo tras dos embarazos, pero no estaba tan mal. Había áreas de mejora, pero poco que ella pudiera hacer en una noche. Rápidamente se duchó, se depiló, se perfumó, se puso algo que le sentara bien y corrió a prepararle a Naruto una cena ligera, no vaya a ser que luego se sintiera demasiado pesado.

Cuando su marido por fin llegó, estaba visiblemente cansado, pero ella esperó animarle. Le sirvió la cena con dulzura y con una sonrisa especial, mirándole a los ojos con amor. Naruto pareció en seguida atento

―Oy, Hinata-chan, hoy estás muy guapa…

―¿Ah, sí? Gracias, Naruto-kun― Ella le contestaba con una picardía y con una familiaridad que no dejaba lugar a dudas de sus intenciones―¿Has terminado de cenar, Naruto-kun? ¿Te apetece un postre?

Él sonrió con disculpa

―No sé, Hinata-chan… Es que estoy muy cansado

Ella no se dio por vencida, y se sentó a horcajadas sobre él.

―Vamos, amor, no será para tanto, si yo sólo quiero conversar un poquito…

Y comenzó a besarle. Eran los besos fogosos y profundos de un par de amantes experimentados. Llegado el momento en el que Hinata empezaba a notar que todo se ponía más caliente, él la alzó en sus brazos y, así, aún unidos en el abrazo, aun besándose con pasión, la llevó al dormitorio.

Ni siquiera encendió la luz, cayendo ambos a la cama aún fundidos en el apasionado beso, acariciando sus cuerpos. Naruto le besaba el cuello y ella creía que iba a reventar de pasión. Esto estaba yendo incluso mejor de lo pensado. Notaba las manos de su marido en sus pechos, y ella le acariciaba la espada mientras seguían besándose con energía. La excitación crecía, y las expectativas también. Hinata notó que le estorbaba la ropa, así que rodó para quedar encima de su marido. Se apartó con premura para desnudarse, y rápidamente volvió a la carga para quitarle los pantalones a él.

―Naruto… Me he quedado con hambre… ¿Crees que habría algo de comer por aquí para mí?...

Su voz fue un susurro pícaro en la oscuridad. Sin embargo, no obtuvo respuesta.

Se extrañó. De repente… la respiración de Naruto parecía demasiado suave, demasiado acompasada… ¡Se había dormido!

No pasaba nada, no pasaba nada. Esto era normal, al fin y al cabo él le había dicho que estaba muy cansado. La próxima vez lo planearía mejor. Todo iría bien.

Sin embargo, no fue así. Hinata se acercaba a Naruto cada vez que podía. A veces seductora, a veces cariñosa. Cuidó su aspecto exterior e interior, y se aseguraba de que los niños se fueran a la cama temprano. Pocas veces conseguía hacer el amor con su marido, la mayoría de veces él estaba demasiado cansado y ella se sentía demasiado culpable por haberle pedidoeso tras un día tan duro de trabajo. Tenía que ser más considerada con él. Precisamente por ese motivo, decidió que esperaría a que él se acercase a ella. Cuando él estuviese dispuesto y con ganas, ella se lanzaría a sus brazos de inmediato. Esperó día tras día, pero él no parecía tener ganas nunca. Era como si ella ya no le atrajese. No podía dudar de su amor, estaba claro que los quería, pero entonces… ¿Por qué ya no la deseaba? Una duda espantosa empezó a crecer en la mente de Hinata… ¿Podría Naruto estar con otra mujer?

No, era imposible. Imposible. ¿Verdad?

Xxx

En sus noches de soledad, Hinata soñaba…

Ella estaba dentro de una jaula, suspendida de su techo, de tal forma que ni siquiera podía tocar el suelo. No veía nada más allá de los barrotes de la jaula, pero tampoco le interesaba, se estaba tan bien allí… Llevaba puesto un corsé, extremadamente ceñido, que no la dejaba respirar. Desde fuera de la jaula, había gente que le apretaba el corsé a través de los lazos (¿quién estaba fuera de la jaula? Ella no lo sabía, tampoco le interesaba). Cada vez que apretaban, ella sentía que no podía respirar, el dolor causado por la presión y un placer inmenso que le embargaba todo el cuerpo. Cada vez el corsé estaba más y más apretado, y ella sentía más y más placer. No podía respirar, se ahogaba, su visión se tornaba al negro y su corazón paraba de latir… pero, ah, le gustaba tanto… Sentía que se moría, pero a ella no le importaba…

Soñaba siempre lo mismo

Xxx

Para Shikamaru, estar casado con Temari significaba que algunos días eran buenos y otros malos, pero que los días que eran buenos eran maravillosos. Hoy había sido uno de esos días.

Tras un duro día en la Sección de Inteligencia, había vuelto a casa para encontrarse con su amada esposa, que le había recibido muy cariñosamente. Tras pasar la tarde con su hijito, habían cenado y Shikadai ya dormía plácidamente en su camita. Ahora, de noche, Shikamaru y Temari tenían la casa para ellos dos solos. Ella tomó una cerveza de la nevera, la abrió y se acercó a su marido, que encendía un cigarro en el porche, disfrutando de la frescura del aire nocturno. Se la tendió con amabilidad y, con suavidad y elegancia, se sentó a su lado, recostándose en su regazo para abrazar a su marido. Shikamaru suspiró.

―¿Un día duro?

―Un poco, hay muchas cosas que hacer, ahora todo está cambiando. Las cosas no son como antes de la guerra. Los problemas que hay que solucionar son diferentes.

Temari soltó una risita. Shikamaru se giró para verla, encontrándose directamente con sus maravillosos ojos de gata.

―Tal y como lo dices pareciera que te esfuerzas y todo.

Shikamaru se incorporó un poco, dispuesto para dar la réplica, pero ella no le dejó.

―No me hagas caso, sólo te estoy molestando.

Volvieron a abrazarse. Se tomaban la cerveza a medias.

―¿Mañana también estarás muy ocupado?

El humo del cigarro salió disparado hacia la noche.

―No, afortunadamente, no, porque mañana Naruto se va a encargar de….―Shikamaru abrió los ojos de golpe. ―¡Mierda! ¡Joder!

―¿Qué pasa?

―¡Mierda, mierda! ¡Me he olvidado de decirle a Naruto una cosa muy importante! ¡Mierda! ¡Joder! ¿Qué hora es? ¡Y encima es muy tarde!

Shikamaru se quedó pensativo, buscando una solución a toda velocidad. Temari estaba molesta por la irrupción de la vida laboral de su marido en la noche, pero procuraba ayudarle.

―¿No se lo puedes decir mañana?

―No, es urgente, tendría que habérselo dicho esta mañana.

Shikamaru miraba el reloj, sopesando sus opciones.

―¿No puedes mandar un pájaro?

―A estas horas no creo ni que le abran la ventana. No sé, es que es confidencial. No me parece buena idea tampoco.

―¿Y un clon?

―Es que es muy tarde, y además… No sé. A ver, no está tan lejos…―Shikamaru miró a su esposa. ―Temari, perdona, pero es importante, voy a salir. Voy a casa de Naruto, hablo con él, y vuelvo. No será más de media hora. Te lo prometo.

Temari parecía molesta y decepcionada.

―¿En serio?... Bueno… Pero no hagas ruido cuando vuelvas, el niño está dormido.Y planéalo mejor la próxima vez.

Shikamaru asintió y salió corriendo por las calles de Konoha. Cuando llegó a la casa de su amigo, suspiró con alivio al ver que la ventana de la cocina estaba encendida. Se acercó a la puerta, pero su dedo se detuvo antes de llamar al timbre. Naruto tenía dos hijos pequeños, quizás ya estuvieran dormidos. En vez de eso, decidió llamar a la puerta con los nudillos. Sólo tuvo que llamar un par de veces antes de que alguien saliera. Era Hinata, que le miraba con ojos asustados.

―Buenas noches Shikamaru-kun, ¿en qué te puedo ayudar? ¿Ha ocurrido algo?

―Buenas noches, Hinata-chan. ―La postura de Shikamaru era de disculpa, sin embargo, esto era importante. ―Eh… Sé que es muy tarde pero es que debo hablar con Naruto. Es urgente.

La expresión de Hinata pasó de la preocupación a la sorpresa.

―¿¡Cómo!? ―Rápidamente ella se tapó la boca, como si haber levantado la voz fuera de muy mala educación. Tomó la mano de Shikamaru y se alejó de la puerta, llevándole al jardín. Entornó un poco la puerta para que la conversación no despertara a los niños. Entonces volvió a preguntar. ―Shikamaru-kun, perdóname, pero creo que no te he entendido bien, ¿Has dicho que quieres hablar con Naruto-kun?

Él ya estaba empezando a molestarse. Era tarde, quería volver a casa, no tenía tiempo de estupideces. Para colmo ella iba en pijama, y se ponía a charlar, así, como si nada.

―Si, si, necesito hablar con Naruto. ¿Dónde está? Por favor, dile que salga. Yo espero aquí.

Ella no dejaba de repetir lo mismo. Tenía su ceño fruncido, parpadeaba mucho, como si la petición de él fuera una idea demasiado compleja.

―Pero…. Um….. Pero…. M-me estás diciendo…. ¿Me estás diciendo que has venido aquí para hablar con Naruto?

Shikamaru estaba ya empezando a exasperarse.

―Si, si, si. ¿Cuántas veces debo decirlo? Mujer, dile a Naruto que salga ya. Vamos, no quiero despertar a nadie.

―Pero Shikamaru-kun… que yo sepa… ¡Naruto-kun está contigo!

Eso sí que Shikamaru no se lo esperaba.

Se quedó sin palabras, sin saber qué decir.

―¿Dónde está mi marido, Shikamaru-kun?

Ella estaba frenética. Fruncía el ceño, parpadeaba, crispaba sus dedos y sus manos. Daba vueltas por el jardín. Shikamaru nunca había visto así a esa mujer, normalmente tan calmada y amable.

―Eh… No lo sé…. Yo… No sabía…

―¿Y ayer? ¿Ayer tampoco estuviste con él hasta la una de la madrugada?

Shikamaru luchaba por sacar palabras de su sequísima boca. Por no haber hablado con Naruto en la oficina ahora estaba en una situación en la que no podía salir bien parado.

―Yo… No sé… Yo…. ―Al final se rindió―Tsk, Hinata-chan, la verdad es que no sé qué decir…

Ella tenía la mirada desesperada. Él confundida y angustiada. Ella clavó sus ojos en él, como una fiera. Él nunca la había visto así. Su voz tenía una firmeza absoluta.

―No intentes mentirme, Shikamaru-kun.

―Es que de verdad que no sé qué decirte… Yo pensé que estaría aquí… Es problemático…

Tras unos segundos, ella dejó de mirarle y él suspiró aliviado. Había pasado el examen, fuera el que fuese. Sin embargo, ahora ella parecía estar librando su propia batalla dentro de su cabeza. Se retorcía las manos, se mesaba el pelo. Toda ella era inquietud. Miraba a un lado y a otro, como buscando algo, y pronto, empezó a mirar a Shikamaru, como preguntándose algo, como evaluando si podía hacer algo delante de él.

Tras unos segundos de dudas, ella tomó una decisión, y su voz sonó clara en la noche, ante la mirada incrédula y espantada de Shikamaru.

―¡Byakugan!

¿Podía ser cierto? Ella acababa de violar la regla de etiqueta más elemental de su clan, ¡había activado su línea sanguínea dentro de la aldea, violando la intimidad de su marido y de quién sabe cuánta gente más! Mientras ella escaneaba la aldea buscando a su marido, Shikamaru no pudo evitar preguntarse, ¿Cuántas noches habría hecho esto Naruto? ¿Cuántas veces habría dejado sola a esa mujer para llevarla hasta ese extremo? De pronto, ella fijó su mirada en un punto, había encontrado a su objetivo. Miró en esa dirección unos segundos, y Shikamaruvio como toda la tensión acumulada desaparecía, dejando paso a lo que él en un primer momento interpretó como relajación pero luego pudo comprobar que era tristeza, decepción y resignación.

Cuando ella se volvió a mirarle, su byakugan estaba desactivado y una lágrima solitaria rodaba por su mejilla como un shuriken de plomo. A Shikamaru no le hizo falta más para comprender que debía irse de allí.

―Buenas noches, Hinata-chan.

Su despedida sonó torpe y apresurada. Cuando apenas iba a salir a la calle, la voz de ella le alcanzó. Suave como un lamento perdido en el tiempo, mucho tiempo atrás.

―Mi marido está dormido en un sofá de la oficina de la torre del Hokage, en el tercer piso, solo. Si quieres hablar con él tendrás que ir allí.

De todas las opciones que habían pasado por la mente se Shikamaru, esa no era la peor pero sí una de las más retorcidas. Se volvió hacia ella para decirle… algo que aún no se le había ocurrido, pero ella ya estaba desapareciendo tras la puerta, sin mirar atrás.

Cuando la puerta se cerró del todo, el jardín delantero se quedó a oscuras. Shikamaru miró hacia la torre del Hokage y, tras pensar unos segundos, decidió que mejor irse a casa con su mujer. Ya madrugaría al día siguiente.

En el interior de la casa, en la cocina, Hinata miró en silencio su hogar. La luz cálida, el ambiente caldeado, los muebles confortables sobre el suelo pulido y suave. Pensó en su cama, con el mullido colchón, las sábanas de hilo, el ligero edredón. Pensó en cómo su marido elegía pasar la noche en un destartalado y sucio sofá, del año de la tos, en una destartalada y fría oficina antes que en su casa, que ella mantenía cómoda y confortable para él. Cómo su marido prefería pasar la noche solo, antes que durmiendo con ella y su hijos. Pero mejor no pensar en eso, porque ella debía aguantar, ella debía seguir hacia delante, sus hijitos la necesitaban, así que… mejor no pensar en eso.

Y así pasó el tiempo. Sin pensar en eso

Xxx

N/A: Muchas gracias a todos por leer y en especial a Skies and Turtles, Diana Marcela-Akemi y Hinata Hyuga -NxH por dejar review. Siento mucho los problemas que he tenido con el formato del capítulo, espero que ahora no encontréis ningún probelma.