Disclaimer: Los personajes son de Mashasi Kishimoto. Esto se hace sin ánimo de lucro.
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Capítulo 4: La merienda
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Un día, todo cambió, y fue gracias a Bolt. Era un día de otoño lluvioso, e Hinata veía triste la lluvia bajo el paraguas. Hoy no podrían ir al parque. Cuando su hijito salió del edificio, no lo hizo solo, un niño lo acompañaba y ambos se acercaron a ella corriendo, dándose ánimos el uno al otro. Era Shikadai.
―¡Mamá, mamá! ¿Puede Shikadai venir a jugar a casa hoy?
Los dos la miraron con ojos de cordero degollado.
―No lo sé, corazón. ¿Qué ha dicho el papá de Shikadai-kun?
Hinata vió en sus ojitos como la idea les sorprendía.
―¡No sé! ¡No le hemos preguntado!
―Bueno, ¿Y por qué no le preguntas ahora?
Ambos se dijeron, ¡Si, vamos! Y se giraron para buscar al padre de Shikadai. Al final, Hinata localizó a Shikamaru apoyado en una pared, bajo un saliente del techo para no mojarse, con cara de fastidio. Sin embargo, cuando el padre vio por fin a su hijito, su rostro se suavizó. Podía ver cómo padre e hijo conversaban, y cómo Shikamaru la buscaba entre la multitud. Cuando sus miradas se encontraron, ella se acercó a ellos sin soltar la mano de Himawari.
―Buenas tardes, Shikamaru-san
Él le dedicó una sonrisa amable. Hubo un tiempo en el que eran muy cercanos, cuando cuidaban de la pequeña Mirai, pero poco a poco la vida los había separado. Eso no quería decir que no se llevaran bien.
―Buenas tardes, Hinata. ¿Cómo estás? Ya me dice Shikadai que quiere haceros una visita esta tarde. Si a ti no te molesta, por mí no hay ningún problema. ―Los niños se pusieron a saltar de alegría, pero Shikamaru los interrumpió. ―Espera un momento, Shikadai, Hinata-san no ha aceptado aún vuestra propuesta.
―Ah, perdón, papá. ―Y se giró hacia ella. ―Hinata-san, ¿Podemos ir?
Bolt se unió
―Si, mamá, ¿puede venir? ¿Puede?
Hinata hizo esfuerzos para no reírse. Estaban muy monos, pero debían aprender a ser educados.
―A ver, chicos, ¿tenéis tarea esta tarde?
Ambos se miraron, nerviosos
―Si…
―¿Y la podéis hacer juntos?
Ambos chiquillos empezaron a animarse
―¡Si! ¡Si! ¡Y lo tenemos todo!
―Pues entonces, si primero hacéis la tarea y cuando la termináis os ponéis a jugar, yo estaré encantada de que vengáis a casa.
―¡Bien! ¡Bien!
Los niños estaban alegres, Himawari daba palmadas.
Shikamaru e Hinata se sonrieron
―Vaya un éxito. En fin, ¿A qué hora voy a recoger a Shikadai? ¿Te parece bien a las 7?
―Sí, muy bien. Muchas gracias Shikamaru-san.
―Descuida. Yo estaré en la torre del Hokage, si necesitas cualquier cosa avísame, ¿vale? ―Sacó un paquete de cigarros de su chamarra. ―Nos vemos en tu casa a las 7. Y tú, dame un beso.
Shikadai se despidió de su padre y pronto los cuatro fueron a la casa, pisando charcos.
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Cuando pasaban cinco minutos de las siete, llamaron al timbre. Hinata agradeció la elegancia de llegar un poco tarde por si acaso, pero aun así no era suficiente. Estaba bastante apurada cuando abrió la puerta, y un poco avergonzada. Fuera llovía muy fuerte, y Shikamaru esperaba fuera con un paraguas muy grande.
―B…buenas tardes, Shikamaru-san. P… por favor, p…pasa.
Hinata se maldijo por dentro, otra vez tartamudeando. Le pasaba cuando estaba nerviosa. Intentaba tranquilizarse cuando notó que Shikamaru ya se había dado cuenta de que algo pasaba.
―Buenas tardes―Cerró el paraguas y lo dejó en un lado. Su mirada se volvió inquisitiva, afilada. ―¿Qué ocurre? ¿Todo bien?
―Si… Es que… Mmm… Han tardado mucho más de lo que pensaban en hacer la tarea y… apenas se han puesto a merendar… Lo siento, ya sé que es muy tarde, lo siento, yo…
El rostro de Shikamaru se suavizó.
―No te preocupes, Hinata. Pensé que había pasado algo malo. ¿Están en la sala?
―Si, pasa, pasa.
Shikamaru avanzó hasta la sala, donde, sentados a la mesa, su hijito estaba merendando con su amigo. Hinata les había dispuesto un montón de cosas ricas, y desde luego tenía todo buen aspecto. Shikadai puso cara triste al verle.
―Papá, ¿Ya nos tenemos que ir? ¿No podemos quedarnos un poco más?
Boruto también estaba haciendo pucheritos
―Sí, ¿No puede quedarse un poco más? Porfiiiiiiii….
Un trueno sonó con fuerza en el exterior, llovía mucho. Shikamaru miró a Hinata, como queriendo saber la opinión de la dueña de la casa.
―Shikamaru-san, si quieres… si quieres podéis quedaros un poco más… Puedes tomar algo tú también… si quieres…
La voz de Hinata se iba haciendo menos audible. Señor, esa mujer tenía un problema de autoestima de verdad. Shikamaru suspiró, era demasiado trabajo discutir con su hijo y rechazar a Hinata.
―Bueno, sólo un poco, ¿vale?
―¡Bien! ¡Bien!
Los niños se comportaban como si hubieran logrado una gran victoria.
Hinata le invitó a sentarse y Shikamaru miró perezosamente la mesa, buscando algo.
―Oy, Hinata. ¿Dónde me siento? No quiero quitarle la silla a Naruto.
Hinata frunció el ceño. Bolt puso una expresión como si le hubieran dado una bofetada. Fue extraño tanto para Shikamaru como para su hijo, pero antes de que pudieran disculparse Hinata dio una explicación escueta para luego cambiar de tema.
―Naruto no está. ¿Puedo ofrecerte un té, Shikamaru-san? Hace frío
Sin esperar a la respuesta, ella se fue a la cocina, rehuyendo las miradas. Shikamaru decidió evitar una situación tan incómoda.
―Eh… Si… Gracias… Eh… Bueno, chicos, ¿qué habéis hecho hoy? ¿Cuál era esa tarea tan difícil?
Su hijito le contestó, agradecido de que su amigo cambiase la expresión.―Pues teníamos que hacer frases, pero eran muy difíciles
―¡Sí, eso! ¡Muy difíciles!
―¿Ah, sí? A ver, ¿Cuáles eran?
―Mira, papá
El niño le enseñó un papel. En él había escritas oraciones con letras que se repetían.
"Mi mamá me mima mucho"
"El niño no quiere navegar en la nave número nueve"
"El shinobi es sutil y sigiloso"
"La kunoichi usa un kunai y un kodachi"
―Esa era la más difícil
―¿Cuál? ¿La de la kunoichi?
―Sí, esa, esa. No sabemos qué es una kunoichi.
―Una kunoichi es una mujer ninja
―¡Ah! ¿Cómo mamá?
Shikadai estaba muy asombrado
―Claro, como mamá.
Bolt empezó a hacer pucheros
―Jo, qué suerte, ojalá mi mamá fuera una kunoichi también
En ese momento llegó Hinata. Shikamaru esperaba que Hinata le corrigiera, pero ella no dijo nada. Sólo sirvió el té en silencio. Shikamaru no se quedó callado.
―¿Qué estás diciendo, Boruto-kun? ¡Tu mamá es una kunoichi!
Shikamaru estaba bastante extrañado. Temari no hubiese permitido que Shikadai lo olvidase ni por un momento. Sin embargo, Hinata se comportaba como si fuera lo menos importante del mundo. Boruto, sin embargo, no iba a dejar que lo engañasen tan fácilmente.
―¡No, para nada! Mi papá sí que es un shinobi importante, pero mamá es sólo mamá.
Y sonrió para todos, orgulloso de lo bien que se sabía la lección.
Shikamaru no lo pudo evitar. Tiempo después se preguntaría por qué habló, si era más fácil callarse.
―Creo que no tienes razón, Boruto-kun. Aunque ahora se dedique a cuidarte, tu mamá es una kunoichi importante. Yo mismo la he liderado en alguna misión, y te aseguro que no me gustaría encontrarme frente a ella en un combate.
Hinata sonrió, muy poco, muy para ella, sentada a la mesa, frente a su té. Parecía recordar algo que había pasado en otra vida, a otra persona. Boruto abrió mucho la boca
―¡Mamá! ¿Es verdad?
Ella sólo le miró y asintió suavemente, sin decir nada. La atención de ambos niños estaba centrada en ella, pero de repente fue como si ella no pudiera hablar, como si no pudiera extraer de su boca palabras que daban testimonio de otra vida en la que su día no consistía en recoger juguetes. Shikamaru no dejó pasar la oportunidad.
―Eh, chicos, ¿os he contado la historia de aquella misión en la que fuimos a liberar unos rehenes a la frontera con el país del rayo? Íbamos seis personas, mi equipo y el de tu mamá, Boruto-kun, y cuando nos acercamos, ella activó su byakugan y…
Los niños escucharon extasiados esas historias de misiones en la oscuridad, de sombras que todo lo cubrían y sólo un par de ojos podían atravesar. Hinata también escuchaba con atención, recordando, sonriendo.
Afuera llovía, el tiempo pasaba sin notarse.
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―…Y hasta salimos en la portada del periódico, nos dedicaron un reportajey todo.
Ahora era Hinata la que contaba la historia. Boruto y Shikadai la miraban con las bocas bien abiertas, como si la mujer que les hubiera servido la leche fuera la princesa Tsunade en persona. Himawari también escuchaba atentamente esos cuentos en los que su mamá era la protagonista.
―¡Halaaaa! ¿De verdad? ¡No puede ser!
―Sí, pues así es, yo compré ese periódico. ―Shikamaru le dio la razón, para gran alborozo de los niños.
―¡Pero no puede ser! ¡Mamá no está fuera todo el día como papá!
En ese momento, algo hizo clic dentro de Hinata, y los Nara pudieron ver cómo se le había ocurrido una idea.
―Ummm… ¿Y si os lo enseño?
―¡Sí! ¡Sí!
Hinata se levantó muy tímidamente, como si estuviera avergonzada pero decidida. Salió de la sala y desde allí se pudieron oír los ruidos de quien está rebuscando en un armario. Shikamaru se sintió algo apurado, parecía que Hinata estaba haciendo muchos esfuerzos.
―Eh… Hinata, ¿Necesitas ayuda?
―No, gracias, ya puedo yo sola.
La respuesta sonó algo ahogada, y el líder Nara no se quedó muy convencido, pero cuando iba a levantarse a ayudar igualmente, apareció por la puerta su anfitriona cargada con una caja enorme. La dejó en el suelo, y los tres niños se lanzaron a disponerse a su alrededor, sabedores de que encerraba tesoros. Cuando la abrió, a Shikamaru le llamó la atención cómo todo había sido perfectamente dispuesto entre pliegos de papel de seda y bolsitas de espliego, como si el contenido almacenado fuera precioso. El primer paquetito que salió era pequeño, e Hinata desenvolvió su bandana ninja, entre exclamaciones de asombro de los niños. Siguió sacando objetos, hasta llegar a lo que buscaba, un gran álbum. Dentro de éste, había un periódico cuidadosamente guardado. Cuando lo desdobló, Bolt y Himawari gritaron de puro gusto. En la portada había una foto de Kiba, Shino y ella, sobre una colina, con el viento agitando su melena y la mirada en el horizonte. Bajo su foto, un titular que no dejaba lugar a dudas: "Héroes Salvadores".
―¡Mamá! ¡Pero si es la foto que tiene la tía Kurenai en su casa!
―Sí, amor, la sacó de aquí.
Hinata sonreía, ¿podría ser orgullo eso que se veía en su cara? Esa portada era el testimonio de su última misión con el equipo 8. Había habido un derrumbe en una aldea civil, y un colegio había sido sepultado. Kiba aún decía que había sido la misión más dura en la que había estado, "El Infierno". Siete días sin comer y sin apenas dormir, buscando niños entre los escombros, rompiéndose las manos apartando piedras, sin poder estirarse, sin ver el cielo, a contrarreloj. Al final mereció la pena, encontraron a 46 supervivientes. Y 14 cadáveres. Los supervivientes les dieron fama y reconocimiento. Y los cadáveres les pesaron tanto que el equipo 8 se deshizo. Su sonrisa se tornó agridulce, como siempre que lo recordaba.
Más gente a la que no pudo proteger, que murió por su culpa, que le acompañarían siempre.
―¡Mamá, estás tan guapa que no pareces tú! ―Los niños siempre tan sinceros.
―¡Si, parece la señora que anuncia la colonia que usa mamá!
Hinata no sabía muy bien qué decir ante ese comentario, pero rápidamente su hijito volvió a tomar la palabra, señalando el interior de la caja.
―Máma, ¿Qué hay en ese paquete?
―¿Esto? Mira amor, son los kunais con los que mamá trabajaba―Hinata sacó una cajita. En ella, había unos kunais de extraña manufactura. Eran mucho más largos y finos, muy afilados. En el mango, tenían trenzadas cuerdas de diferentes colores. ―Estos son kunais de rastreo y marcaje. Sirven para señalizar posiciones. Los tíos y yo los usábamos en las misiones.
Como buenos futuros shinobis, a los niños les excitaba muchísimo cualquier cosa relacionada con los operativos
―¡Halaaaa! ¡Qué chulo!
―¡Qué chulo! ¡Qué chulo!
―¡Mamá! ¿Nos los dejas?
―¡Sí! ¡Por favor! ¡Por favor!
Hinata no estaba nada segura, a sus ojos no eran futuros ninjas, sólo niños pequeños.
―No sé amor… no me parece buena idea… Mira que están muy afilados y os podéis hacer daño. Además, son delicados y nada fáciles de conseguir. No quiero que se rompan.
Una vocecilla le preguntó por qué no quería que se rompiesen si no los usaba nunca, pero Hinata no llegó a hacerle caso, porque su hijo no iba a dejarse convencer.
―¡Pero mamá, nosotros vamos a ser ninjas!
Shikadai también se puso de su lado
―¡Eso, eso! ¡Hinata-san, mi padre ya me está enseñando sellos!
―¡Y además no nos vamos a cortar! ¡Tendremos cuidado!
―¡De verdad, de verdad, se lo prometemos!
―¡Y ya verás cómo no se van a romper!
―¡Eso, eso!
Ante tal avalancha de peticiones, Hinata miró a su invitado. Shikamaru simplemente se encogió de hombros. Si a él le parecía bien… Hinata confiaba en poder intervenir antes de que algo malo ocurriese.
―Bueno, pero no podéis alejaros, que yo os vea, ¡y tenéis que ser cuidadosos!
―¡Sí! ¡Sí!
Hinata les entregó los dos kunais más viejos y desafilados, y vio cómo los dos amigos se ponían a jugar a que eran grandes héroes del mundo shinobi. Una voz la sacó de su ensimismamiento.
―Oye, Hinata, sobre esa foto… Esa foto de la portada…
Hinata se giró a verle, extrañada de que sacara ese tema
―La verdad es que estás muy guapa.
Ella frunció el ceño, asombrada. ¿A dónde iba a parar esto?
―Y Kiba, y Shino. Ellos también están como de anuncio. Con esas poses heroicas, y la mirada a la lejanía.
El ceño de Hinata se desfrunció, para ponerse en posición de interrogante. Shikamaru continuó.
―Y la foto es muy natural, como robada, ¿no? Como si no supierais que os la estaban haciendo
Hinata empezó a enrojecer, ya sabía lo que Shikamaru estaba pensando.
―Y, quiero decir, qué raro que un equipo de rastreo de élite no supiera que les estaban haciendo una foto desde lejos.
La cara de Hinata era la viva imagen de la inocencia. Quizás hubiera podido engañar a Shikamaru, pero su experiencia en interrogatorios y el hecho de que ella estaba totalmente roja lo impedían. Él sonrió con picardía.
―Déjame que lo adivine, fue idea de Kiba, ¿Verdad?
Ella estaba tan roja, tan avergonzada. Les habían descubierto, tras tantos años.
―En… En realidad… En realidad fue idea de Shino… Pero Kiba dijo que sí en seguida.
Shikamaru se rió de la situación, imaginándose a Kiba y Shino posando en la lejanía para salir bien en una foto. Hinata también reía, aliviada de la reacción de su colega. Cuando se acabaron las risas, Shikamaru volvió a captar su atención.
―Vaya una colección que tienes aquí.
Él tenía la bandana de ella entre las manos, y la observaba minuciosamente. Estaba tan limpia, bruñida y brillante como el día que se la dieron. Era la bandana de alguien que cuidaba mucho ese símbolo. Hinata sonrió, algo incómoda de la intromisión en su intimidad pero, al fin y al cabo, ella había traído la caja.
―¿Y este álbum? ¿Qué coleccionabas?
―Em… Um… E-es un álbum de misiones… Son cosas de las misiones que hicimos…
Shikamaru alzó las cejas, interesado.
―¿Puedo?
Ella sólo atinó a asentir, pero cuando Shikamaru tomó el álbum ella se acercó a él, como temerosa de su reacción, como dispuesta a cerrar el libro en cualquier momento.
La primera foto era la típica foto que les tomaban el día que formaban el equipo. Eran tres críos, y su maestra. Kurenai sonriente, Shino serio, Kiba fastidiado. Hinata era una bolilla de nervios. En los márgenes de la foto, la fecha de la misma y anotaciones cuidadosas sobre quiénes eran y qué estaban haciendo. A Shikamaru le llamó la atención la cantidad de trabajo que Hinata había puesto en todas y cada una de las páginas de ese álbum. Al lado de la foto, preservada por una lámina de papel de seda, había una flor prensada. Shikamaru la señaló.
―¿Qué es esto?
Ella respondió, algo sonrojada
―¿Eso? Bueno… Um… Es que… Es que me gusta prensar flores y… Ummm… Bueno… cuando tomábamos una foto o habíamos una misión yo… Yo recogía una flor del lugar que fuera y… y la ponía en el álbum… Yo… ya sé que es una tontería pero…
Shikamaru no estaba de acuerdo
―Es un detalle muy bonito
Eso era más trabajo añadido. Shikamaru estaba impresionado, a esa mujer le debía gustar mucho ser ninja. Siguió pasando las páginas.
Más fotos y más flores. Los protagonistas iban creciendo. Poco a poco las expresiones iban cambiando, y había muchas más sonrisas. En sus ojos podía verse la alegría, el alivio, el cansancio… pero sobretodo la confianza de los unos en los otros. A Shikamaru le llamó la atención una página. La foto era muy rara, parecía que no tenía fondo, todo era blanco, la luz era muy rara, y además no había flor. La expresión de los tres era de un alivio supremo, estaban bastante demacrados y aun así, sonreían. Se la señaló, interrogante.
―¿Eso? ―Hinata sonrió, sumida en sus recuerdos. ―Eso fue una misión de búsqueda en la nieve. Fue horrible, horrible del todo. Tres días siguiendo un sujeto a través de la tormenta. Estábamos en alta montaña. No había nada más que nieve, no había comida, no había referencias, faltaba el oxígeno…
Pese a lo dramático del relato, Hinata lo contaba con la expresión de quien cuenta una anécdota con un final gracioso
―Los insectos de Shino-kun no aguantaban, tuvimos que vendar las patas de Akamaru porque casi se quema con la nieve, el pobre,y Kiba-kun no olía nada con la tormenta. Yo tenía que ir con el byakugan activado todo el día, y por la noche… por la noche era horrible, las temperaturas se desplomaban. Al caer la noche parábamos, hacíamos un hoyo en la nieve y nos metíamos los cuatro juntos a intentar dormir, muy juntos dándonos calor. Lo bueno es que el objetivo tampoco podía avanzar de noche, así que íbamos igualados. El último día la tormenta cesó y pudimos atraparlo, pero para esas alturas ya estábamos convencidos de que íbamos a morir congelados allí… Tomábamos siempre una foto al final de la misión y en esa estamos tan contentos de seguir vivos… Por eso estamos tan felices. ―Su cara era la de quien acaricia un recuerdo preciado.
Shikamaru la escuchaba con atención, no se había imaginado que los equipos de rastreo tuvieran que soportar esas condiciones, pero, claro, al fin y al cabo ellos llegaban primero a donde aún no había nadie más… Un pensamiento apareció en su mente.
―Oye, ¿No os tomasteis también foto en la misión de rescate de rehenes?
Ella sonrió
―Sí claro, aquí está.
Todas las misiones estaban allí, hasta la del derrumbe. Tras el periódico, no había nada más. Sólo hojas en blanco. Shikamaru vió que la expresión de Hinata se tornaba algo triste, así que desvió su atención a la caja.
―¿Y este paquete?
―Ah, es mi chaleco de chuunin.
También estaba perfectamente limpio, doblado y preservado para que no se dañase.
―¿Y es que te dieron dos?
Había otro paquete exactamente igual. Uno estaba al lado del otro. La expresión de Hinata volvió a cambiar, con algo parecido a la nostalgia dolorosa.
―N-no, es que… Es que ese es el chaleco de Neji-niisan.
Shikamaru deseó no haber preguntado, pero ella siguió hablando.
―Verás, es que… ―Ella lo agarró y lo desenvolvió. Estaba impoluto. ―Ummmm… yo…. Tras la guerra lo solicité, al fin y al cabo… Yo era la familia que le quedaba y… Bueno…
Era obvio que le costaba hablar del tema, pero sacó fuerzas de alguna parte.
―Neji-niisan y yo hablábamos y… Él tenía grandes planes, iba a hacer muchas cosas… Y teníamos esta especie de acuerdo… Juntos íbamos a cambiar muchas cosas… Pero él…―Hinata no pudo ni mencionarlo, siguió adelante con su relato. Al fin y al cabo, todo el mundo sabía lo que le había pasado a su primo. ―Lavé y reparé su chaleco. Y me juré que lo usaría en todas las misiones siguientes.
Shikamaru observó el chaleco. Los sitios donde había sido atravesado lucían un remiendo. Alguien lo había cosido cuidadosamente.
―Yo… sé que te parecerá una tontería pero… Yo… Así siento que vamos juntos a las misiones, y que está conmigo siempre… como habíamos acordado.
Hinata había acabado su relato con mucho esfuerzo y un hilillo de voz, avergonzada de sus sentimientos. Shikamaru no pudo evitar pensar en Asuma, su maestro. Cómo odiaba el tabaco entonces pero, cuando su maestro murió, él empezó a fumar para estar con él siempre que el humo le rodease.
―No me parece una tontería, en absoluto.
Ella le miró con sorpresa.
Shikamaru pensó en el contenido de esa caja, en un armario. Pensó en el cariño y la devoción de esa ama de casa a toda su vida de kunoichi. Una idea cruzó su mente, pero justo cuando iba a preguntárselo a Hinata, un grito de dolor resonó en el salón. Al otro lado de la sala, Shikadai se sujetaba la mano llena de sangre, con lágrimas corriendo por sus mejillas. A su lado, Boruto aún sujetaba un kunai ensangrentado con cara de terror.
Cuando vio la sangre de su hijito, a Shikamaru le dio un vuelco el corazón. Quiso abalanzarse hacia él, pero alguien se le adelantó. Hinata se irguió a su lado, colérica, imponente y Shikamaru pudo apreciar por primera vez en ella la misma expresión que siempre había llevado Hiashi Hyuga pintada en la cara. Ella atravesó el salón entres zancadas y le arrancó el kunai de las manos a su hijo. Entonces, ante la cara de puro terror y las lágrimas de ambos niños, ella sólo alcanzó a decir algo, con la voz llena de enfado
―¡Boruto….
Y allí ella cerró los labios. Quizás, si hubieran sido más cercanos, Shikamaru hubiera sabido lo que venía después, aquello que estaba luchando por salir de los labios de su anfitriona. Aquello que mil veces le repitieron y ella se había jurado no usar jamás contra sus hijos. Aquello tan arraigado en su mente que llegó a pensar que era un método de crianza normal. Aquello que intentaba salir de ella sin su permiso cuando su hijo la llevaba al límite.
"… No eres más que una desgracia."
Pero, si bien no supo qué pugnaba por salir de sus labios, pudo ver qué pasó después. Fue como si Hinata tomase aire para desinflarse inmediatamente. Su expresión se suavizó inmediatamente, volviendo a ser la de siempre. La calmada, dulce y gentil Hinata.
―… corazón, cuidado. Tu amigo se ha hecho daño y te necesita. ¿Puedes ir a por el botiquín?
El niño asintió, aun llorando y corrió escaleras arriba para ir a por lo que su madre le había pedido. Shikamaru ya estaba con su hijo, pero era ella la que llevaba la voz cantante.
―Shikadai-kun, ven conmigo, vamos a lavarte. ―Ella lo tomó de la mano sana y lo llevó a la cocina, donde empezó a lavarle el corte. ―Ya está, querido, ya verás cómo no es nada. Es un corte muy superficial, es que la mano es muy escandalosa para las heridas, ¿sabes?
Su presencia no sólo era todo calma, también era calmante. Shikadai había dejado de llorar y miraba cómo esa señora amable y gentil le lavaba la mano cuidadosamente con agua y jabón. Shikamaru observaba toda la operación, aún impresionado por lo que había visto. Boruto llegó enseguida con el botiquín. Himawari también quería aprender.
―Mirad, queridos, si alguna vez os pasa esto, esto es lo que hay que hacer. Laváis bien la herida y la presionáis con un paño limpio así. Ahora, ayúdame Bolt, amor, ponemos un poco de yodo. Cuidado Shikadai-kun, va a picar un poco. ―El yodo cayó sobre la manita, y Shikadai hizo acopio de valor. Esa mujer seguía sonriéndoles con dulzura, convirtiendo una herida en una aventura, implicándoles a todos, como si no fuera la misma que antes tenía vergüenza de hablar de su pasado laboral.―Pero qué fuerte eres, Shikadai-kun, a mí siempre me escuece mucho
El niño puso carita de orgullo, la situación ya no era tan penosa.
―Y ahora, mira Bolt, corta la venda así. Otra más, y ahora la gasa. Muchas gracias. ―Y la mano quedó perfectamente vendada. ―Y ahora, Boruto-kun. ¿Te has dado cuenta de qué ha pasado?
El niño bajó la mirada, avergonzado.
―Si… te dijimos que íbamos a tener cuidado pero… corté a Shikadai.
―¿Y sabes por qué pasó eso?
―Si… Porque me distraje con los kunais
―¿Y eso te va a volver a pasar?
El niño negó con la cabeza enérgicamente.
―Bueno, y ahora: ¿No le debes una disculpa grande a Shikadai-kun?
El niño asintió, y se acercó a su amiguito.
―Shikadai-kun, por favor, ¡discúlpame!
Acompañó sus palabras con una gran reverencia. Shikamaru estaba algo impresionado, e incómodo. Toda esta situación estaba siendo controlada por Hinata. Desde luego no estaba acostumbrado.
Shikadai hizo gala de un gran corazón
―No te preocupes Boruto-kun. ¡Estoy bien! Tengamos más cuidado la próxima vez.
―Vaya, sí que dominas esto. ―Shikamaru estaba con ella en la cocina. Hinata sonrió, los niños volvían a jugar. ―Oye… ¿Qué ha pasado antes? Cuando Shikadai se ha cortado la mano. ¿Qué ha pasado?
Hinata estaba empezando a estar algo incómoda otra vez
―Um.. um… No sé a qué te refieres, Shikamaru-kun.
―Te has puesto como una fiera y luego te has desinflado. ¿Se puede saber qué les ibas a decir?
―N-no veo c-como eso p-puede tener im-importancia…
―Si mi hijo va a presenciar cómo amonestas a tu hijo, creo que me interesa.
Ella le miró fijamente, firme esta vez, aunque Shikamaru podía ver claramente el miedo en sus ojos.
―C-creo que todos tenemos derecho a cambiar de opinión. ―Él sólo alzó una ceja, mortalmente serio. ―L-lo que importa es que no lo he dicho, al final no lo he dicho…
Shikamaru no varió su expresión. Ella se recompuso y se acercó a él, amable.
―Shikamaru-san, yo creo… Yo creo que a las personas a las que se quiere hay cosas que se les dice y cosas queno se les dice. Um… um… a mí a veces… a mí a veces la situación me sobrepasa pero… pero entonces recuerdo lo mucho que quiero a mis hijos y… y que a la gente que se quiere… bueno… a la gente que se quiere no se le grita, no se le insulta, no… no se le dicen cosas feas.
Hinata terminó la frase un poco preocupada. No se le insulta, ¿Lo había dicho en voz alta? Ojalá Shikamaru no siguiese el rastro de esa frase… no quería tener que dar explicaciones sobre su familia. Sin embargo, Shikamaru estaba siguiendo otro hilo de pensamiento. Uno que de repente había nacido en su cabeza, uno que era incómodo, doloroso, y que se le había clavado entre las cejas como uno de los kunais de rastreo de Hinata. Una idea que parecía cierta, que parecía simple, pero que no casaba con su realidad. Una gota de ácido que iba a corroer poco a poco su vida.
A la gente que se quiere no se le dicen cosas feas.
¿Por qué esa idea parecía tan importante? ¿Por qué hacía que se disparasen las alarmas? ¿Por qué era eso importante para él? ¿Cómo podía encajar eso en su vida?
Shikamaru no lo sabía, o a lo mejor no quería saberlo, pero en el fondo de su mente subconsciente la conexión debía haberse hecho, porque allí, y rompiendo el silencio de la cocina una idea apareció en su mente.
―¡Joder! ¿Qué hora es? ¡Temari me va a matar!
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Rápidamente habían recogido todo, y Shikadai ya estaba terminando de ponerse al abrigo y de despedirse de Bolt. Shikamaru esperaba en la puerta, paraguas en mano, junto a la dueña de la casa. Mientras los niños terminaban, Shikamaru retomó una intención previa.
―Hinata, antes no me ha dado tiempo a decírtelo, pero creo que podrías ser una excelente incorporación para el ejercicio activo. Piénsatelo, podrías volver a las misiones. Lo decía en serio antes, eras una gran kunoichi.
Desde luego esa frase había captado la atención de Hinata
―¿Tú crees? Pero… Los niños…
―Puedes pedir una jornada flexible, y que se tenga en consideración tu condición. Recuerda a Kurenai-sensei, ella se reincorporó enseguida, y le fue bien. Además, los niños ya no son tan pequeños, y puedes pedir ayuda. ―Ella le miraba muy fijamente. Una idea había nacido también en ella. Shikadai ya estaba listo, y se acercó a su papá. ―Bueno, piénsalo. ¡Gracias por todo, Hinata!
Y ambos se fueron, dejando a una Hinata muy pensativa. Cuando los Nara llegaron a casa, Temari no les mató, pero les gritó bastante.
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Tres días después, Naruto se encontró que su esposa estaba despierta esperándole al llegar a casa. Ya era muy tarde, pero ella le saludó muy amorosamente.
―Amor mío, ¡bienvenido a casa!
―Gracias Hinata-chan. Eh… Discúlpame, es muy tarde.
―No pasa nada, mi amor. ¿Tienes hambre? ¿Quieres cenar algo? Hoy he hecho ramen.
La expresión de Naruto al oír esas palabras no dejaba lugar a dudas y ella se dispuso a cocinar los fideos y montar su cuenco. Mientras tanto, su marido se sentaba en la mesa, la cual ya estaba dispuesta para él.
―¿Quieres una cerveza, Naruto-kun?
―Oi, Hinata-chan, me mimas demasiado.
Ella se la sirvió sonriente. Estaba fresca y espumosa. Tras ello, le sirvió la cena. Naruto la degustaba a buen ritmo.
―¿Está bueno, amor? ¿Te gusta?
―¡Está riquísimo Hinata-chan! Desde luego te has superado.
Ella sólo sonrió, amorosamente.
―Dime, Naruto-kun, ¿Has tenido un buen día?
―Uf… Muy cansado, hay mucho trabajo que hacer. Desde que Kakashi-sensei me dio el puesto de Jefe de la Sección de Operaciones es todo buscar ninjas para asignar a misiones, mucho papeleo y seguimiento… Hoy hemos tenido problemas por falta de operativos… Faltan shinobis tras la guerra, y Shikamaru para colmo también está reclutando para la Sección de Inteligencia… Al final es mucho discutir, e ir de un lado a otro todo el día.
Su esposa se acercó y empezó a masajearle los hombros
―Naruto-kun, qué horror, trabajas demasiado amor. Tienes que bajar el ritmo amor mío.
Naruto se dejó mimar por los masajes y los besos de su esposa, y pronto suspiró, relajado. Ya pensaba en ir a la cama para una buena noche de sueño reparador, cuando su mujer le hizo una pregunta.
―Naruto-kun, ¿No quieres que te cuente lo que he hecho yo hoy?
―Claro, Hinata-chan, ¿Cómo ha ido tu día?
―Pues mira qué casualidad, amor, hoy he ido a la torre del Hokage y he pedido una solicitud de reincorporación al servicio activo.
Naruto se quedó clavado en el sitio, como si le hubiera alcanzado un rayo.
―¿Qué has hecho… qué?
―Sí, mira, aquí la tengo. ―Y sacó un papelito―No quería rellenarla y entregarla sin decirte nada, claro, pero si me dices que faltan shinobis entonces la decisión está clara. ¿No? He pensado en pedir una jornada reducida y sólo misiones cercanas, para no tener problemas con los niños, y estar siempre por la tarde en casa. ¿Qué te parece?
Naruto aún no podía cerrar la boca.
―Pero… Hinata-chan, ¿Qué estás diciendo? Los niños son muy pequeños… y la casa…
―Pues ya lo tengo todo pensado, amor, Boruto está toda la mañana y parte de la tarde en la escuela, así que por eso no me tengo que preocupar. He pensado en llevar a Himawari a la guardería Hyuga, mi hermana cree que es buena idea. Y respecto a la casa… bueno, si gano algo de dinero… puedo contratar a alguien.
―Pero… pero…. Himawari tiene que estar con su familia…
―¡Claro, amor! ¡Eso es lo bueno! Himawari estaría con sus primitos, con su tía y su abuelo. Hanabi-chan cree que fomentará mucho los lazos entre ramas, que Hima-chan juegue con todos los niños.
A Naruto no le gustaba la idea, Hinata comenzaba a darse cuenta.
―Entonces… ¿Es por dinero? ¿Es que algo nos falta? ¡Yo trabajo todo el día para que tú no tengas que hacerlo y…!
―Amor, ¿qué dices? ¡Claro que no es por dinero! ¡Eso lo sabes de sobra! Es que…. Es que yo echo de menos ser kunoichi. Siempre quise ser una gran ninja, ya sabes todo el esfuerzo que he puesto en comprender bien el arte de mi clan… No quiero que todo ese conocimiento se desperdicie. Por favor, verás como todo sale bien….
Naruto estaba serio, no decía nada.
―Por favor, amor mío, dame una oportunidad. Tú eres el jefe de operaciones, eres el que tiene que contratarme… Solo haré las misiones que tú quieras. De verdad. Los niños siempre estarán bien, ya sabes que para mí eso es lo primero. Y además estaré aquí todas las noches, contigo.
Naruto suspiró, derrotado.
―Bueno… está bien. Dame el formulario, yo me encargaré de la petición. Pero recuerda que si no lo aprueba el Hokage, no hay nada que hacer.
Hinata creyó que se volvía loca de alegría. Daba saltitos como Bolt, daba palmas como Himawari.
―¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias, amor mío! ¡No te arrepentirás!
Y se lanzó a los brazos de su marido para besarle y mostrarle su agradecimiento. Esa noche, por suerte, Naruto no estaba nada cansado.
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N/A: Gracias a todos por leer y comentar. Muchas gracias, Nina Chan, espero que también disfrutes este capítulo.
