Disclaimer: Nada es mío. Esto se hace sin ánimo de lucro.
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El punto ciego
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Capítulo 5: El cementerio
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El miércoles no era un buen día para Shikamaru. Ese era el día en el que iba al cementerio, escapándose del trabajo unos minutos. Allí, entre blancas piedras que eran testigos de la memoria de colegas caídos, buscaba la tumba de su padre y rezaba una oración por su alma.
Había muerto un miércoles.
A veces hablaba con él, a veces simplemente se sentaba en aquél sitio tranquilo donde no tenía responsabilidades sobre sus hombros. Luego, iba a buscar otra tumba. Esta solía tener flores que no había llevado él.
Por una especie de coincidencia, Asuma-sensei también había muerto un miércoles.
Allí Shikamaru hablaba más, como si esa piedra le pusiese contestar, como si Asuma-sensei aún estuviese vivo y le pudiera enseñar qué hacer ante un problema, ante una situación en la que la solución no aparecía clara. Cuando se había desahogado, cuando esa charla unilateral le había servido para aclarar sus ideas, volvía al trabajo.
Ese día, sin embargo, cuando estaba realizando el camino de vuelta a casa, vio otra figura en otra tumba, y decidió acercarse a saludar. Al fin y al cabo, Hyuga Neji también había muerto un miércoles, por lo que no era inusual ver a Hinata, que solía ir con Himawari. Según se acercaba, Shikamaru notó dos cosas distintas. Hinata estaba sola, no se veía a su hijita por ninguna parte, y además estaba llorando.
En cuanto notó esto último, Shikamaru decidió darse la vuelta para no molestarla, no quería meterse en problemas, pero ella ya le había visto y se secaba las lágrimas rápidamente. Irse ahora hubiera sido más problemático. Decidió acercarse con cuidado.
―Buenos días Hinata
―B-Buenos d-días, Shikamaru-san
Nadie dijo nada más en un rato. Ella se veía desconsolada, tan desconsolada…
―Hinata, no hay nada de malo en echar de menos a los que nos faltan
Ella siguió callada, más lágrimas cayendo por sus mejillas. Ella estaba muy afectada, era obvio, así que mejor irse. Cuando se iba a despedir, Hinata habló.
―Shikamaru-san… ¿t-tu… tu c-crees… tú crees que tu padre y Asuma-sensei… Um… bueno…
Ella no podía seguir la frase, pero había captado la atención de Shikamaru
―Es que yo…. Yo a veces creo… ―Más lágrimas. Lo siguiente salió de su boca tan incontroladamente como esas lágrimas―Yo a veces creo que Neji-niisan murió en vano.
De todas las cosas que Shikamaru hubiera creído que no iba a oír ese día, esa era la primera.
―¿¡Pero qué estás diciendo, mujer?!
Le había impactado tanto lo que ella había dicho que no pudo controlarse, pero enseguida vio que ella se había retraído más cuando oyó su respuesta, sabedora del gran pecado que estaba diciendo. Era obvio que ella sufría mucho. Shikamaru se pasó la mano por la cara para tranquilizarse y suavizó el tono.
―¿Por qué piensas eso? ―Ella no habló, sólo lloraba. ―Vamos, puedes contármelo. Nos conocemos desde hace mucho. Si necesitas hablar, puedes hacerlo conmigo.
Estupendo, ahora sonaba como una canción adolescente. Pero debió funcionar, porque ella empezó a abrirse. Poco a poco, ella fue llenando el silencio.
―Cuando Neji-niisan y yo éramos pequeños… él me odiaba. Yo… yo no entendía por qué. Antes… antes nos habíamos querido mucho. Yo aún le quería. Por eso… por eso cuando vi su odio hacia mí en los primeros exámenes de chuunin…―Ella hizo un gesto, como si la hubieran golpeado. Sus ojos estaban fijos en la tumba. ―Pero todo cambió, gracias a Naruto-kun. ― Su rostro se iluminó. ―Naruto-kun le dijo: El destino se lo hace uno mismo, tú puedes hacer tu propio destino. Y Neji-niisan lo creyó. ―Su sonrisa era ya sincera y tranquila, mientras acariciaba esos recuerdos. ―Y yo lo creí, llevaba mucho tiempo creyéndolo. Viendo cómo ese niño que lo tenía todo en contra poco a poco luchaba por sus sueños. Naruto-kun me inspiró, pero con la ayuda de Neji-niisan además me sentía capaz. Neji-niisan se acercó a mí. Me dijo, perdón, Hinata-sama. Las cosas no eran como yo pensaba. Cambiemos nuestro destino. ―Una suave carcajada salió de su boca, más bien un resoplido. Shikamaru dejó que continuase el relato. ―Y entrenamos, y entrenamos, y estudiamos, y estudiamos y nos esforzamos más allá de nuestras fuerzas. Yo estaba harta de que me dijeran que era una desgracia, decidí que no les iba a dar la razón. Neji-niisan quería ser libre, no estar siempre atado a su obligación. Al final, cambiar nuestro destino se hizo nuestro mantra, casi nuestro camino del ninja. Y entonces llegó la guerra. ―Allí Hinata se puso seria, no había más sonrisas. ―Neji-niisan murió protegiéndome, justo el destino que quería cambiar. Es cierto que al final escogió su muerte pero… Él tenía planes de futuro… ―Suspiró― Yo no pude hacer nada por proteger a la gente que quería, que era justo el destino que quería evitar. Naruto-kun fue un héroe, parecía que él lo había conseguido… Pero…pero resultó que… Resultó que Naruto era un elegido, un niño protagonista de una profecía para cumplir un gran destino. Además, resultó que no sólo era el hijo del cuarto Hokage, si no que era descendiente del primero. Y, por si fuera poco, resultó que era la reencarnación de uno de los hijos de la princesa Kaguya, un ser místico en sí mismo. Así que no es de extrañar que Naruto hubiese llegado tan lejos, que fuese el alumno de uno de los sannin, el salvador del mundo ninja. Naruto no se fabricó su propio destino, sólo cumplió aquello para lo que estaba destinado. Al final… era mentira… aquello que con tanta devoción creímos… era mentira. No se puede vencer al destino. ―Lágrimas silenciosas caían por su rostro. Shikamaru se quedó pensativo, intentando decidir cuál sería el mejor argumento para consolarla. Ella continuó hablando. ―Y esa sería una idea… casi consoladora, no hay que luchar, no hay que esforzarse, no merece la pena… pero… Si la guerra ya estaba ganada desde el principio, si todo se resumía al destino de dos hermanos reencarnados y esos malditos Uchiha… entonces, ¿Por qué Neji-niisan tuvo que morir? ¿Y los demás? ¿No habrían podido seguir vivos? La historia no hubiera sido diferente… ¿Por qué no? Al menos tener eso…
Hinata terminó de hablar apenas con un hilo de voz. Shikamaru iba a decir algo, pero las palabras que iba decir, que antes se le antojaban seguras y certeras, ahora se le quebraban en la garganta… La lógica de Hinata era aplastante. ¿En qué había cambiado el curso de la guerra la muerte de su padre? Si al final Naruto estaba destinado a cambiar el mundo… ¿Qué importaba que Shukaku siguiera vivo, con su mujer, con su hijo? Apenas estaba digiriendo esa idea cuando Hinata se dio cuenta de que había hablado más que nunca en su vida
―¡Perdón! ¡Perdón!, No tenía que haberte contado nada de esto, perdón, no digo más que tonterías….
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Al cabo de un rato ambos caminaban juntos hacia la salida del cementerio, aún en silencio. Ella aún lloraba un poco. A Shikamaru le pesaba el alma de verla así.
―Hinata, quizás aún no sea muy tarde. Quizás aún puedas cambiar tu vida. ¿Pensaste en lo que te dije cuando Shikadai se cortó la mano? Podrías volver al servicio activo.
Ella le miró fijamente. Dejó de caminar. Sus palabras eran suaves, su tono frío.
―Le di mi solicitud a Naruto-kun hace un mes y medio. No he tenido respuesta. Ya sabes lo que eso significa. El Hokage no opina igual que tú.
¿Pero qué mierdas estaba diciendo esa mujer? ¡Eso no podía ser! Las solicitudes se presentaban en la oficina del Hokage y los tres, Naruto, Kakashi-sama y él, las discutían. La de Hinata no salió jamás. ¿Qué cojones había pasado? La respuesta, la más lógica y contundente, se abrió paso desde el fondo de su mente, sin embargo, era demasiado problemática incluso para pensarla. Puso su mejor cara de póker.
―Lo más probable es que lleve retraso. Ya sabes cómo va la burocracia.
Olvidaba que no se podía mentir a un Hyuga. Ella lo observó, sorprendida de su reacción, y luego en su mirada, se coló un poso de amargura. A ella también le había llegado la respuesta más lógica y contundente. Para ella también era demasiado problemática. Suspiró y miró al cielo.
―Shikamaru-san… ¿Tú piensas alguna vez en el Tsukiyomi infinito?
Llegados a ese punto, él ya no pudo ocultar más su sobresalto. ¿Pero en qué clase de mierda se había metido al acercarse a esa mujer? Nadie, NADIE, hablaba del tsukiyomi infinito. ¿Hablar de un gengutsu (espejismo maravilloso) que te presentaba (concedía) tus anhelos más profundos (la felicidad total) y del cual todos fueron despertados (arrancados abruptamente) al final de la guerra (porque iba a matarles)? Intentó cerrar su mente a los recuerdos, pero ya era tarde.
Recuerdos de cosas que no habían pasado, pero que ojalá lo hubieran hecho.
Konoha no estaba destrozada, y Asuma-sensei miraba feliz y orgulloso los ojillos vivaces de Mirai-chan. Esa niña iba a crecer en los brazos de su padre. A su lado, Kurenai-sensei le miraba con ojos amorosos, y su maestro estaba feliz, y estaba tranquilo, y le llamaba para incluirle en ese momento dichoso, para que fuera parte de su vida y su familia. Su padre también estaba ahí, vivo, fuerte, feliz. Discutía con su esposa, como siempre, y su madre no era la viuda llorosa y solitaria que era ahora, si no que estaba llena de luz y de fuerza, y él estaba ahí, con ellos. No se quería casar, no iba a casarse, iba a quedarse siempre así, con ellos, feliz y libre. La realidad era decepcionante en comparación. Se enfureció con Hinata por simplemente haberle recordado la felicidad que acariciaron y no pudieron tener, un mundo perfecto que no existía.
―¡Mujer, no se habla del Tsukiyomi infinito!
Si ella notó su ira, no le hizo caso.
―Y-yo… yo pienso mucho en él… En ese sueño… yo era feliz… y tenía algo que se parecía mucho a lo que tengo ahora… sin embargo…―… Sin embargo, mientras en su sueño ella sentía el tacto de la cazadora de Naruto contra su mejilla, mientras sentía la seguridad de su abrazo y como toda su atención estaba puesta en ella, salir con Naruto en la realidad nunca había supuesto sentir tal atención sobre ella, tal seguridad, tal relajación. En la realidad, con el paso de los años, ella había conseguido lo que quería, que era estar con Naruto, pero más que un sueño feliz a veces parecía más bien un mal sueño, una pesadilla retorcida donde ella siempre estaba sola, sin salir de casa, poniendo lavadoras, en vez de en el banco de un parque, recibiendo un abrazo. Acabó la frase como pudo. ―… Sin embargo… el contraste es peor, porque nada es como debería ser.
Ella miraba al suelo, destrozada, echando de menos una ilusión creada para matarla. Echando de menos una realidad alternativa. Shikamaru vio tanto dolor en ella, tantas grietas… delante de él había un ser patético que sólo intentaba aguantar y seguir hacia delante, pese a que no viese hacia dónde tenía que seguir. Encendió un cigarro y, echando el humo, apoyó su mano en el hombro de ella, ofreciendo el único consuelo posible, aquello a lo que él se había aferrado en las noches sin estrellas.
Una frase que cambiaría las vidas de ambos.
―Las cosas son como son, no como nos gustaría que fueran.
Ella le miró, y cuando sus ojos se encontraron, misteriosamente se entendieron, consolándose en la inevitabilidad de las cosas.
Ambos se volvieron hacia una voz que les llamaba. Era Ino, venía caminando hacia el cementerio con dos arreglos de flores bajo el brazo, y les saludaba agitando el brazo. Seguramente serían para su maestro y para su padre. Shikamaru suspiró.
Desde luego, los miércoles eran una mierda.
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En la oficina del Hokage, Kakashi-sama daba el discurso inicial de la mañana a sus dos subordinados más inmediatos. Naruto y Shikamaru escuchaban diligentes, dispuestos a conocer las indicaciones para el trabajo de ese día. Kakashi explicaba las labores a desarrollar y las prioridades, así como los planes a futuro y los objetivos a cumplir. Al final, si no había dudas, les despachaba y dejaba que las secciones de Operaciones e Inteligencia fueran comandadas por ambos shinobis.
Cuando Kakashi-sama iba a terminar la reunión, se llevó una sorpresa.
―Hokage-sama, permiso para hablar.
―Permiso concedido, Shikamaru.
―Hokage-sama, quiero solicitar reincorporar al servicio activo a Hinata Uzumaki bajo las órdenes de la Sección de Inteligencia en vez de la Sección de Operaciones, y me gustaría discutirlo con usted y con Naruto-san.
El silencio que siguió fue sepulcral. Kakashi miraba a ambos hombres, primero a uno y luego a otro.
―Ya veo. Y, dinos, Shikamaru, ¿Por qué deberíamos discutirlo?
―Ella misma me ha expresado que solicitó entrar a Operaciones hace 2 meses, pero que aún no ha obtenido respuesta. Ha debido haber un error burocrático, sin duda, pero creo que su ayuda sería más valiosa en Inteligencia que en Operaciones.
Kakashi asintió, y miró a su alumno.
―Naruto, ¿Tu tenías conocimiento de esto?
―Eh.. si… claro…―Parecía algo nervioso―Tramité la petición pero… No sé qué ha podido pasar…
Kakashi asintió
―A veces estas cosas ocurren. En fin, ¿qué tienes que decir a ello?
―Ehm… Hinata-chan es una combatiente de corto alcance, no veo cómo podría encajar en inteligencia…
El hokage miró a Shikamaru, esperando su respuesta
―Es cierto, pero también posee un byakugan sin sellar. Teniendo en cuenta las condiciones estipuladas en los tratados de paz, sería extremadamente útil en los interrogatorios. ―El Hokage sopesó esa posibilidad. Shikamaru siguió con su alegato. ―Además, hay que tener en cuenta que es madre de familia, en Operaciones estaría obligada combatir, pero en inteligencia podríamos ofrecerle un puesto más adecuado para conciliar con la vida familiar.
Naruto también lo estaba pensando, parecía que esa opción no se le había ocurrido antes.
―Un byakugan sin sellar, ¿eh? ―Kakashi estaba absorto en la idea―No se me había ocurrido, pero podría ser una excelente opción y Hiashi no podría poner restricciones… Al fin y al cabo ella ya no es heredera…
Con un gesto bajo la máscara, pareció haber tomado una decisión.
―¿Qué te parece, Naruto?
―Bueno, evitaría el peligro fuera, pero… ¡Oye! ¡Yo no quiero que a Hinata-chan le ocurra nada malo! ¿No irás a meterla en algo peligroso?
―Descuida, Naruto, hará trabajo de escritorio y algún interrogatorio de vez en cuando. Podemos ponerla de media jornada.
Kakashi no dejó que la conversación se alargara
―Todo decidido, entonces. Que se presente el lunes.
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Unos días después, cuando llegó a casa, Hinata recibió a su marido con un abrazo tan fuerte y sincero como hacía tiempo que no se daban. Había recibido una carta de la oficina del Hokage.
―¡Gracias, Naruto-kun! ¡Gracias!
―¿Estás contenta?
―¡Muchísimo, mi amor! ¡Muchísimo! ¡Muchas gracias! ¡Me hace muchísima ilusión! Te aseguro que vas a estar muy orgulloso de mí pero…
―¿Pero qué?
―Es que… No… No entiendo por qué me mandan a inteligencia en vez de estar contigo…
―Bueno, no estaría bien que fuera tu jefe, ´ttebayo
Su sonrisa era sincera y contagiosa
―¿Fue por esto por lo que se retrasó tanto? ¿Por el cambio de expediente?
Naruto se encogió de hombros, sonriendo, y abrazó a su mujer. Hundió su nariz en su cuello, aspirando su aroma, sintiendo su calor.
―Oye, Hinata-chan…
Su voz se había tornado seria
―¿Si?
―Tu sabes que te quiero muchísimo, ¿verdad? Que nunca dejaría que te pasara algo malo… Eres lo más importante para mí, si algo te pasara, yo…
Ella se derritió en sus brazos, oyendo esas palabras que había esperado tanto tiempo. Abrazó a su marido aún más fuerte, no queriendo que ese abrazo se acabara nunca, disfrutando la felicidad que la embargaba.
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N/A: Muchas gracias por leer y comentar. Gracias especiales a los que habéis incluido este fic entre favoritos, me honráis de verdad. Haré lo posible por estar a la altura de las expectativas.
Mi buzón siempre está abierto a críticas constructivas y comentarios sobre la escritura. Intento desarrollar un estilo que haga que el lector tenga que usar su imaginación. Si lo encontraseis confuso o incompleto, por favor, no dudéis en decírmelo. Gracias
