Disclaimer: Nada es mío. Esto se hace sin ánimo de lucro.
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El punto ciego
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Capítulo 7: El peón
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Hinata siguió quedando con las chicas los martes para desayunar. Pese al disgusto del primer día. Al fin y al cabo ellas no tenían la culpa de nada. Una vez Sakura estaba especialmente contenta. En cuanto se sentaron, le preguntó a Ino muy excitada
―Ino, ¿Los tienes?
Ino no estaba tan contenta, más bien, parecía resignada. Suspiró.
―Si, aquí están…
Sacó un paquete envuelto en papel de estraza. Sakura se lo quitó rápidamente de las manos y lo abrió. Dentro había panfletos. Sakura le tendió uno a Hinata y otro a Tenten rápidamente.
―¿Sai hace una exposición?
Ino respondió inmediatamente
―Si, bueno, pero el lugar es pequeño… y no tiene importancia, la verdad, no os sintáis obligados a venir…
―¿Pero qué dices, Ino-cerda? ―Sakura estaba extasiada, ni siquiera se fijó en que Ino se señaló la frente y le sacó la lengua. ―¡Claro que vamos a ir! ¡Iremos todos! ¡Esto es muy importante para él!
Hinata miró el panfleto, la exposición se titulaba "La belleza". Salía un dibujo de unas flores muy bonito. La inauguración era ese fin de semana. Ino no las miraba a los ojos.
―Si… bueno… gracias… Sólo… No juzguéis muy duramente, ¿Vale?
Tenten la consoló rápidamente
―No te preocupes Ino, estaremos ahí para decirte lo preciosa que estás en cada cuadro.
Ino sonrió nerviosamente, a Hinata le pareció que era precisamente eso lo que le preocupaba.
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―¡De verdad es que no lo entiendo, Shikamaru! ¡No lo entiendo! ¿Por qué me haces esto?
―¡Mujer, no seas así! ¡Yo no he hecho nada! ¡Es que es este fin de semana cuando le han dejado el local!
―Bueno, ¿y ahora resulta que tenemos que ir a la inauguración? ¡Ya sabías que me quería ir a Suna!
―A Sai le han dejado el local sólo este fin de semana, y lo lógico es que estemos en la inauguración. ¡Es el marido de Ino! ¡Hemos estado mil veces en su casa! ¡Kami-sama, fui su padrino de boda!
―De verdad, Shikamaru, que esta me la debes
―¿Yo? ¡Pero si a mí también me ha tomado de sorpresa!
Temari se fue de la habitación enfurecida, y Shikamaru se quedó solo, fumando un cigarro, para ver si se le pasaba el dolor de cabeza que se le había puesto. Por suerte Shikadai no les había oído.
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―Amor, ¿Cuándo llegarás el viernes del trabajo?
―Eh, ¿Qué pasa el viernes?
Era ya muy tarde, Naruto estaba durmiéndose ya cuando Hinata le hizo la pregunta.
―Pues… La exposición de Sai… empieza a las 7 de la tarde.
―Ah, es verdad, se me había olvidado. ―Naruto se arrebulló en las sábanas. ―No sabía que querías ir.
―Mmm… bueno… Creo que es importante para Sai… él querrá que sus compañeros de equipo estén allí, ¿no crees? Hay… Hay que apoyarlo
Naruto abrió los ojos, como si las palabras de su esposa le hubieran hecho recordar algo que ya había olvidado. Hinata se sintió mal por Sai.
―Si, es verdad. ―Cerró los ojos y bostezó. ―No te preocupes Hinata-chan, llegaré a tiempo.
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Hinata confirmó que podía llevar niños a la inauguración, así que el viernes por la tarde les tenía a los dos en perfecto estado de revista, y a ella sólo le faltaba peinarse. Naruto llegó a tiempo, y los cuatro se dirigieron juntos al local, como hacía mucho tiempo que no iban a ninguna parte: juntos.
Al llegar, Sai e Ino les recibieron con una sonrisa. La de ella nerviosa, la de él… como siempre.
―Naruto-kun e Hinata-chan, muchas gracias por venir. Por favor no olvidéis ver la pieza central de la exposición, está al fondo.
Ino estaba nerviosa
―O no, cariño, déjales que vean lo que quieran, hay muchas piezas bonitas…
Boruto salió corriendo para unirse a sus amigos, que estaban echando carreras por los pasillos de la sala contigua, Hinata paseó delante de los cuadros, admirándolos, mientras su marido se iba a hablar con Rock Lee, que estaba por allí. Ninguno hablaba de pintura.
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Shikamaru y Temari estaban en un rincón, mirando los cuadros.
―Hoy pareces muy contenta
―Gracias, Shikamaru, estoy contenta
Su mujer era el ser más maravilloso de la tierra cuando sonreía, su padre tenía razón, no sabía por qué dudaba a veces.
―Me alegro, ¿ya no estás enfadada?
Temari frunció el ceño
―¿Enfadada yo? ¿Cuándo?
―Eh… Pues… el martes, te enfadaste por tener que venir a la exposición
La cara de extrañeza de Temari era genuina
―¿Qué dices? Yo no me he enfadado por venir, es más, era yo la que quería venir. ¿Por qué dices eso?
―Pero… ―Shikamaru no supo qué decir, ¿Estaría él equivocado? ―Mujer, sí que eres problemática.
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Los cuadros eran preciosos: Unas flores, unos gatos en los tejados, un paisaje de Konoha… Hinata admiraba el talento de Sai con Himawari en brazos cuando le agarraron por el brazo. Era Tenten, que la llevó donde estaban Sakura e Ino
―A ver, Ino, ya estamos todas. La exposición es muy bonita. ¿Se puede saber por qué estás tan nerviosa?
Ino se tapó la cara con las manos
―¿Habéis visto el último cuadro?
Todas negaron con la cabeza
―No, aún no hemos llegado
Ino se estrujaba las manos
―Bueno pues ese… es que me da mucha vergüenza… Yo no quería que se incluyera, pero Sai insistió y es su exposición… Por favor, no seáis malas
Tenten materializó lo que todas pensaban
―¿Es que sales desnuda?
―No, ¡peor!
El último cuadro era un enorme lienzo con un dibujo de grande dimensiones. Allí estaba expuesta la vergüenza de Ino. La protagonista era ella, y estaba sentada en el suelo de la cocina, en pijama y bata, zapatillas de conejito, el pelo sin hacer, una mascarilla de barro en la cara. En su rostro, una dulcísima sonrisa y una mirada llena de amor: Miraba a Inojin, que estaba a su lado, de pié, con apenas un añito. Él la miraba con el mismo amor y otra sonrisa mientras tomaba el biberón que le daba su mamá, únicamente vestido con un pañal y unos calcetines. Hinata lo observaba impactada mientras Ino a su lado no podía levantar el rostro del suelo. Sai explicó su obra solícito, con la amabilidad de siempre.
―Cuando conocí a Ino me pareció bastante fea, pero con el tiempo he visto su verdadera belleza y he querido compartirla con todos vosotros.
Por la mirada que puso Ino, estaba dispuesta a buscar un juez que la divorciase en el acto.
Hinata, por su parte, estaba extasiada. La sola idea de que un hombre hubiese encontrado la belleza de su mujer en un momento de tan íntima cotidianeidad, que de todos los momentos que podía compartir el elegido fuera ese, tan imperfecto, tan dulce… Le hablaba de un amor profundo de Sai a su esposa, pero sobretodo le hablaba de un aprecio por la familia, por todos los altibajos del día a día, por los misterios de la crianza. Ah… ¿podría ella tener esa suerte? ¿Podría ella tener un marido que apreciase precisamente esas cosas? ¿Todo el esfuerzo que ponía una madre en criar a sus hijos? ¿Ese vínculo de confianza sin necesidad de apariencias? La respuesta le llegó enseguida, mientras su marido le susurraba al oído
―Vaya unos gustos raros que tiene este Sai
Hinata le respondió, y por una vez lo hizo alto y claro, mirando a Ino a los ojos
―Pues a mí me parece maravilloso
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Shikamaru e Ibiki estaban charlando.
―¿Estás de broma? ¿Me lo estás proponiendo en serio?
Shikamaru dio otra calada al cigarro y le contestó, apoyado relajadamente en la pared.
―Creo que podría sernos muy útil
―Eso, si tiene lo que hay que tener
Ibiki no estaba tan seguro
―No veo por qué no, al fin y al cabo, pasó tu examen
El humo desaparecía en volutas perezosas hacia el cielo
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En la sala del archivo había una tetera para que los ninjas que trabajaban allí se sirvieran te si querían tomar algo. Hinata se acercaba a ella un par de veces al día y de paso interactuaba con sus compañeros. Todos le parecían amables y profesionales. Estaban Mariko-san, Fubuki-san, Hideo-san, Aritomo-san… Ella hacía esfuerzos en aprenderse rápidamente todos los nombres y tener buenas relaciones con ellos, pese a que muchas veces faltaba gente (muchos se ponían enfermos. Debía haber un virus por ahí. Hinata empezó a tomar vitaminas por si acaso) y las conversaciones eran algo raras.
―¡Hola! Tú has empezado a trabajar aquí hace poco, ¿verdad?
―Ah... Si… Mi nombre es Hinata
―¡Es un placer, Hinata-chan! Yo me llamo Taro, y ella es Kinuko―Una chica le saludó desde un escritorio―Si necesitas algo no dudes en pedírmelo
―Muchas gracias Taro-san. ¿Trabajáis aquí, en el archivo?
―Ah… bueno… A veces aquí y a veces allá. Ya sabes cómo es esto.
Hinata aún no lo sabía
―Um... ¿Y a qué os dedicáis?
―A nada, realmente.
Kinuko se rió
―Hinata-chan, aquí nadie hace nada.
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Hinata estaba muy orgullosa de su trabajo. Poco a poco, revisando informe tras informe, había descubierto que las paredes del zulo eran de color amarillo, e incluso había aparecido una misteriosa moldura que a ella le gustaba imaginar si sería de una puerta o, mejor, de una ventana. Si seguía trabajando duro, pronto lo sabría.
Estaba perdida en esos pensamientos cuando se abrió la puerta de su cubículo.
Shikamaru le hizo un gesto para que la siguiera.
Caminaron juntos por los pasillos, en silencio, para llegar al ascensor que les llevaría al piso de arriba. Se metieron en un pasillo en el que no había gente, y Shikamaru le indicó que entrara a una habitación. Él entró tras ella. Era una sala de interrogatorios.
Ino estaba sentada en una de las sillas, mortalmente seria. Hinata jamás la había visto así. Shikamaru tomó bruscamente de un brazo a Hinata y la arrastró hacia la otra silla, haciendo que se sentase con fuerza. Luego se retiró a un rincón oscuro, donde las sombras le tapaban el rostro.
―¡Shikamaru-taisa! ¿Pero qué…
―¡Silencio!
Hinata no pudo reclamar su comportamiento a su jefe, porque Ino le había mandado callar con un grito. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿A qué venía esto? Ino la miraba fijamente.
―Hinata-san, usted está aquí porque sus compañeros la han acusado de filtrar información de Inteligencia fuera de la sección, ¿Qué puede alegar respecto a esas acusaciones?
Hinata se quedó boquiabierta. No entendía qué estaba pasando, no sabía a qué se referían. ¡Ella era inocente! No podía dejar que pensaran lo contrario, no podía perder la oportunidad de volver al servicio activo.
Esto era terrible.
Se giró hacia Shikamaru. Las sombras cubrían completamente su rostro, no podía ver su expresión, sólo la brasa de su cigarro.
La habitación le parecía más oscura, más pequeña, como si las sombras se cernieran sobre ella. Empezó a asustarse. Intentó razonar.
―Shikamaru-taisa yo le aseguro que…
―Conteste a la pregunta, Hinata-san
Una tercera voz le comandaba desde fuera de la habitación. No podía reconocer a quién pertenecía, dada la distorsión del altavoz. Hinata supuso que quien fuera estaría tras el espejo. ¿Sería esto una prueba?
―Yo… Yo…―Tragó saliva. Debía ser fuerte. Debía calmarse. ― Eso es mentira.
―¿Ah, sí? Pues tenemos pruebas.
Ino hablaba con seguridad y desparpajo, como si fuera lo más evidente del mundo.
¿Pruebas? ¿Qué pruebas? A Hinata esto ya le parecía que pasaba del castaño a oscuro. No podía ser. La acusación era muy seria… ¿Qué iba a pasarle? Boruto, Himawari…. Sus caritas sonrientes pasaron a toda velocidad por su mente, y la carrera de Naruto peligraba por su culpa… Pero no podía ser, ella no había hecho nada. Todo era un error y ahora ella estaba en esa situación… Miró fijamente a Ino y entonces… entonces… ¿Podía ser?
―I-Ino-san… ¿Por qué… Por qué estás mintiendo?
Ino sólo levantó una ceja
―¿Crees que miento?
―Um… Yo…
―Hinata-san, responda a la pregunta
Ahora era Shikamaru el que hablaba mientras exhalaba humo
Hinata tomó fuerzas para contestar
―Si, Ino-san está mintiendo
Ino no se sobresaltó
―¿Y cómo lo sabes?
Pues porque lo sé. Porque lo veo en tu cuerpo.
Ella no podía contestar eso, así que se mordió el labio. Ino insistió.
―Hinata-san, ¿Cómo sabes que estoy mintiendo? Contesta.
―Ummmm… Eh… Es que… hay…―Tragó saliva, tenía la boca seca. ―Hay señales sutiles en tu cuerpo que yo… y-yo puedo ver
Otra vez el hilillo de voz. Shikamaru resopló. Esa actitud ya le estaba hartando.
Ino no dejó el interrogatorio.
―Pero no tienes activado el byakugan, ¿cómo lo sabes?
―¡Ah! Bueno, yo…
¿Cómo podía explicárselo? ¿Cómo podía explicar a gente que no era Hyuga como se sentía tener los ojos blancos? Que podía verlo todo, que los pequeños detalles se amplificaban, que todos teníamos un signo que nos delataba al mentir… Lo duro que había sido crecer en una familia en la que no se puede decir ni una mentirijilla…
―Es que… ummm… Ino-san tiene un gesto… un gesto que la delata y yo… ―Suspiró―No me hace falta activar mi byakugan para eso… Pero con él puedo saberlo con más seguridad, claro.
Se quedó cabizbaja. Ino y Shikamaru se miraron. Sólo entonces él habló.
―Hinata-san, activa tu byakugan y mira a Ino
La cosa cada vez se ponía más rara, pero esta vez ella decidió no replicar. Mandó chacra a su cara y sintió su visión cambiar.
―Hinata-san, se te acusa de filtrar información, y tenemos pruebas contundentes en tu contra. Serás juzgada en un consejo de guerra.
Ino estaba mortalmente seria, pero ya no podía engañar a Hinata. Su respuesta fue clara.
―¡Ino-san, todo lo que has dicho es mentira! ¿Se puede saber a qué viene esto? ¿Es que he hecho algo malo? ¡Shikamaru-taisa….
Pero no pudo acabar. Shikamaru había salido del rincón y le apoyaba la mano en el hombro. La habitación parecía más luminosa.
―¿Podrías declarar eso y firmarlo?
―Eh… Ah…
Asintió en silencio, cohibida.
Ibiki Morino entró en la habitación. Ino y Shikamaru fueron a hablar con él a una esquina, entre susurros, dejando a un lado a una Hinata muy confundida.
Al cabo de un rato, Ino se acercó. Los hombres se quedaron detrás, vigilantes.
―Uzumaki Hinata, para poder continuar con este proceso debo someter a prueba tu lealtad. Responde: ¿Tu lealtad está con Konoha?
―¡Si! ¡Yo sirvo a la Aldea de la Hoja!
Hinata no había tardado ni medio segundo en contestar, pero cuando vio cómo Ino se acercaba a ella con el brazo extendido y la mano hacia su cabeza, su determinación flaqueó
―Para comprobarlo debo meterme dentro de tu cabeza, por favor, no te resistas―Ino fue a apoyar su palma en la frente de Hinata, pero su amiga la estaba mirando como si la fuera a quemar con un hierro caliente. Muy suavemente la consoló―No veré nada que no tenga que ver, descuida. No te va a doler. ¿Por qué no piensas en cosas bonitas mientras?
Realizó los sellos con una mano y a través del contacto de su mano con la frente de Hinata, se metió en su cabeza. Mientras tanto, la otra pensaba en sus hijitos…
La sonrisa de Boruto
Las manitas de Himawari
Sus cuerpos cálidos buscando su contacto en el sofá, mientras veían una peli
Antes de lo que Hinata hubiera pensado, Ino había terminado. Soltó el contacto y se dirigió a los dos hombres que aguardaban expectantes. Habló en voz baja.
―Su lealtad a Konoha es incuestionable
Ambos hombres se miraron. Ibiki asintió. Shikamaru se acercó a Hinata, mientras sacaba un cigarro de la cajetilla que llevaba en el bolsillo.
―Hinata-san, ¿Qué sabes de los artículos sobre tortura de los tratados de paz de las cinco naciones?
Hinata negó con la cabeza. No sabía nada de ese tema.
―Verás, según los tratados, es ilegal para cualquier nación ninja torturar o realizar jutsus de invasión mental a cualquier individuo capturado si no tiene la certeza de que está mintiendo. Eso nos ata de manos para conseguir información vital muchas veces. ―Se encendió el cigarro. ―Es problemático, porque no se puede tener una sospecha, se debe tener una certeza. ―El humo salió de su boca rápidamente, de forma violenta. ―Como comprenderás, no hay tantas formas de estar seguros de que alguien miente hasta el punto de poder demostrarlo. Konoha usó el byakugan, pero siempre hemos usado a Hyugas sellados y las otras naciones han alegado que eran byakugans imperfectos, que no habían desarrollado todo su potencial y que podían fallar.
Hinata tragó saliva. Aunque a ningún Hyuga le gustaba oír esas palabras, empezaba a comprender.
―Ahora, te tenemos a ti. ―Shikamaru esbozó una sonrisa de medio lado―Puedes ser extremadamente útil en esta situación. Un informe verificado por un Hyuga de la rama principal… No hay forma de rebatir eso.
―¿Cómo puedo servir a Konoha?
Ella estaba dispuesta
―Lo que queremos de ti, Hinata-san, es que ayudes en los interrogatorios y que te mantengas constantemente vigilante para ver si el interrogado miente y que especifiques por escrito si miente, por qué y cómo lo sabes y que realices por escrito un informe que pueda ser susceptible de ser presentado en un juicio. Deberás compaginarlo con tus labores en el archivo. Se considerará un ascenso y tendrás una remuneración acorde, pero deberás incorporarte a más protocolos de seguridad. ¿Entendido?
―¡Si, Shikamaru-taisa!
¿Y para esto habían montado tal parafernalia? Ino le contaría más adelante que debían estar seguros de que podía hacerlo poniéndole una prueba así. A Hinata le pareció algo exagerado y paranoico, pero pronto comprobaría que era algo muy común en la sección de Inteligencia.
Al cabo de los días Hinata estaba con el byakugan activado, escribiendo frenéticamente al lado de Ibiki. Al otro lado del cristal, Ino interrogaba a un sujeto que negaba las acusaciones.
―¡No sé de qué niño me estáis hablando! ¡Yo no la maté! Estuve en mi casa toda la tarde…
―Está mintiendo. La mató él. Y hay más cosas que no nos dice. ―Hinata hablaba con seguridad―Ibiki-taicho, ¿No podría hacer un dibujo en el informe? Así podría indicar con más precisión todas las señales que veo…
Ibiki estaba sinceramente impresionado. Shikamaru había tenido razón.
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En el jardín de los Nara, Shikamaru estaba sentado ante un tablero de shogi. A veces jugaba consigo mismo, y otras veces simplemente fingía que hacía algo para tener un ratito de paz y soledad. Otras veces, como esta, simplemente aprovechaba las herramientas que le proporcionaba el tablero para pensar.
En su mano tenía una pieza, y la daba vueltas en su mano mientras miraba la composición del tablero. Era un peón, pero Shikamaru se preguntaba si podría llegar a ser algo más. ¿Quizás un lancero? Lo que ahora a él le vendría bien sería otro general de oro o de plata. ¿Podría ese peón soportarlo? ¿Tendría la habilidad? Shikamaru se rascaba la frente, se frotaba la nuca, buscando respuestas en un pedazo de madera.
Una presencia se reveló cuidadosa, tranquila, amable. Su mujer se acercó a él como una ola se acerca a la orilla, rodeó sus hombros con sus brazos y depositó su cabeza en el hombro de él.
―¿Cómo estás? ¿Muy ocupado?
Shikamaru sonrió a su esposa
―No, para nada. Sólo estaba intentando visualizar una estrategia.
Temari suspiró, comprensiva.
―Hay mucho trabajo, ¿Verdad?
Shikamaru sólo se encogió de hombros, desviando su mirada.
―Ya sé que no puedes contarme nada, pero si me necesitas puedo ayudarte. ―Los preciosos ojos verdes de Temari sólo transmitían cariño y amabilidad. ―Aunque sólo sea para escucharte…
Shikamaru levantó el rostro para volver a mirar a Temari, y, entonces, ocurrió la magia y ella le sonrió. Le sonrió con la sonrisa más bonita que Shikamaru había visto, y él supo que todo merecía la pena por estar a su lado. Dejó el peón en el tablero de shogi y ni siquiera esperó a entrar en la casa para fundirse en uno solo con su mujer.
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N/A: Gracias a todos por leer, seguir y comentar. Os recuerdo que pronto subiré el Rating a la historia.
Me gustaría agradecer especialmente sus reviews a Paz, Ani y Tchuma Tendai. Gracias de verdad por transmitirme vuestra opinión sobre esta historia. Me hace especial ilusión ver que os provoca sentimientos y opiniones apasionadas, pero, atención: En esta historia no todo es lo que parece. Gracias de verdad.
