Disclaimer: Nada es mío. Esto se hace sin ánimo de lucro.
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El punto ciego
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Capítulo 8: El cuadro
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Con el dinero recibido de su primer interrogatorio, Hinata preparó una modesta celebración para su familia. Iba a preparar una cena especial, y de camino a casa compró un pastel que sería el postre de la cena. También paró en una tienda de decoración. En el escaparate había un cuadro precioso de unos pájaros que Hinata llevaba apreciando varias semanas. De alguna forma, le recordaba a su adolescencia, a antes de la guerra. Decidió darse el capricho: adornaría su dormitorio. Cuando llegó a la casa, fue corriendo a colgarlo para darle una sorpresa a su marido, pero comprobó que no tenía los clavos adecuados. Si no lo colgaba bien, podría caerse encima de sus cabezas…
Decidió dejarlo sobre el cabecero de la cama para enseñarle a Naruto como quedaría, y luego le pediría ayuda para colgarlo. Oyó ruidos desde la cocina y tuvo que salir corriendo.
―¡Mamá! ¡Se me ha caído la leche!
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Ya estaba poniendo la mesa para la cena cuando su marido entró por la puerta
―¡Naruto-kun! ¡Has llegado! ¡Qué bien!
―Claro, Hinata-chan, no me lo perdería, estamos de celebración.
Se fundieron en un abrazo y un cálido beso, el cual fue interrumpido cuando los niños se acercaron
―¡Papá! ¡Papá! ¿Vamos a jugar?
Hinata no recordaba una tarde tan feliz en mucho tiempo. Los niños también estaban felices de estar con su padre, y Naruto no dejó de jugar con ellos antes y después de cenar. Cuando ya no aguantaron más y se durmieron, Naruto los llevó a la cama y bajó a reunirse con su esposa.
Hinata estaba terminando de recoger cuando Naruto la abrazó por detrás, cálida y cariñosamente.
―¿Lo has pasado bien?
Su sonrisa era luminosa, Hinata sentía que se perdía en esos ojos azules
―Si, muy bien. Muchas gracias por venir a tiempo amor mío.
Se besaron, y el beso fue cálido y fue sensual. Prendió una llamita en ambos que muy pronto comenzó a avivarse.
Hinata llevó de la mano a su marido hasta el dormitorio. Allí, en la oscuridad, ella se permitió el gusto de desnudarle y acariciar y besar la piel de su marido adorado, justo después de haberse desnudado ella para mostrársele tal y como era. Cuando Naruto la alzó en sus fuertes brazos, ella se sintió la mujer más afortunada del mundo y hubiera deseado fundirse con él en ese momento, capturar ese sentimiento de estar por fin completa. Notaba las manos de su marido en su espalda, sus nalgas, sus muslos. Sus labios en su cuello, su respiración cada vez más agitada, su excitación innegable. Ella le buscaba, le acariciaba, le devoraba. Su lengua recorría su cuello, su pecho. Devoraba sus labios. Y sus manos…
Ah, sus manos.
Cuando Naruto comenzó a explorar todo el cuerpo de su esposa ella se sintió en el cielo. Se fundió con su marido en un abrazo muy íntimo, queriendo notar todo su cuerpo en contacto con ella. Notaba su pecho contra el suyo, su aliento, su cuerpo. El calor la inundaba y sólo él podía ayudarla.
Naruto la depositó en la cama y se situó entre sus piernas, deseoso de hacerla suya. Hinata no pensaba en nada más que en las sensaciones que Naruto le regalaba. Cuando él estaba dentro de ella, Hinata se entregó con frenesí al acto. Gemía y suspiraba, entregada a esa unión. Entonces, en una embestida, lo oyó.
Una especie de tintineo, algo que se movía.
Era el cuadro
―¡Naruto, cuidad…!
Pero no llegó a terminar la frase. En una embestida, el cuadro cayó directamente sobre la cabeza de su marido. Hinata se asustó mucho, pero se sobresaltó aún más cuando su marido desapareció en una nube de humo, dejándola desnuda, boquiabierta, e intentando comprender y asimilar lo que acababa de ocurrir.
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Al alba, su marido entró por la puerta. Ella se acababa de vestir. Los niños aún dormían.
Nada más mirarse, supieron que iban a discutir. No podían gritar, se susurraban con fuerza para no despertar a los niños
―¡No entiendo por qué has hecho eso, Naruto-kun! ¡No lo entiendo!
―¡Tenía mucho trabajo! ¡Yo no puedo faltar así como así!
―¡Pero mandar un clon….! Y luego… luego hacer eso….
―Oh, ¡Vamos! ¡Ni que fuera la primera vez!
Hinata sintió que le habían dado una bofetada, se puso completamente roja. Naruto se arrepintió inmediatamente de haber dicho eso.
―No me puedo creer que digas eso ahora―Las lágrimas empezaban a asomar por sus ojos―Además, no es lo mismo, ¡no es lo mismo! ¡Siempre habías estado presente y además….!
No pudo seguir, una vocecita alegre les interrumpió.
―¡Papá! ¡Papá!
―¡Hola, princesa! ¿Quieres desayunar?
Hinata se giró suavemente para que Himawari no le viese limpiarse las lágrimas, pero no vio que otro par de ojitos azules le miraban tristes desde lejos.
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En la basura, un cuadro de pájaros esperaba a que se lo llevasen.
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En el complejo Hyuga, dos figuras peleaban. Hinata se había tomado muy en serio su entrenamiento y luchaba por recuperar el ritmo después de varios años de bajar el nivel. Hanabi no tenía piedad, a veces parecía hasta que lo disfrutaba. No paraba hasta hacerla besar el suelo.
―No tienes nada de fuerza, y de resistencia ni hablamos. ¿En serio quieres pelear así, nee?
―Dame un segundo, por favor
Hinata estaba exhausta en el suelo del dojo. Le dolía todo. ¿Cómo había perdido tanta forma?
―No creas que ningún enemigo te dará un segundo. ¡Arriba!
Sus palabras eran duras, pero le tendió la mano para ayudarle a levantar.
―Hay que ver, Hanabi-chan, qué dura te has vuelto.
Hinata sonreía, no se había dado por vencida
Hanabi también sonrió traviesamente, pero cambió el gesto al oír una voz familiar
―Sí que se ha vuelto dura, ¿verdad?
Hiashi había entrado en el dojo, y se movió con dignidad hasta encontrar un sitio donde sentarse con elegancia, mirando a sus hijas. Les hizo un gesto que ambas conocían y temían: "combatid".
Hanabi arremetió con fuerza. Hinata bloqueó y resistió cuanto pudo, pero Hanabi era muy rápida. Hinata fue al suelo. Hiashi no se inmutó, sólo repitió su gesto. Hinata comenzó a ponerse nerviosa, pero Hanabi volvió a atacarla por lo que se tuvo que concentrar.
Ella podía.
Ella podía.
Hinata encajaba algunos golpes y recibía otros. En uno de los combates la cosa se igualó, pero al final el resultado siempre fue el mismo. Ella acababa tendida en el suelo y Hanabi le tendía la mano, sonriendo. Al cabo de un rato, Hiashi ya no hizo el gesto, e Hinata pudo descansar.
Le dolía todo, pero de alguna forma, lo había echado de menos: el tacto del dojo en los pies, el calor que emanaba de su piel, el sudor corriendo por su frente…
―Hanabi, ¿Qué opinas de tu desempeño?
La voz de Hiashi interrumpió todos los pensamientos
―Ha sido bueno, padre, he ganado todos los combates, pero no debo descuidarme y seguir entrenando
Hanabi respondió con premura y diligencia, haciendo una reverencia.
―Y tú, Hinata, ¿qué opinas de tu desempeño?
A Hinata le costó más responder, no le gustaba lo que iba a decir
―Creo que ha disminuido mucho. No entrenar ha empeorado mi habilidad mucho más de lo que yo pensaba.
Ella no estaba contenta, pero Hanabi le sonreía desde su posición. Su sonrisa era dulce, amable, y a Hinata le consoló.
Hiashi asintió, mirando hacia el infinito. Habló tras unos instantes.
―Morino Ibiki habló conmigo el otro día. Me lo encontré en la plaza. Me felicitó por tu Byakugan, Hinata. ―Ahora su padre le miraba fijamente, con una sonrisa amable. ―Me dijo lo útil que está siendo para la aldea tu habilidad, y expresó el orgullo que debías ser para el clan.
Hinata no sabía qué decir, un calor desbordante empezaba a formarse en su pecho. ¿Estaría soñando?
―Es verdad que tu fuerza y resistencia han decaído mucho, pero eso se entrena. No has olvidado las técnicas de combate del clan y esos movimientos no se han viciado. En general creo que puedes estar orgullosa de haber retenido esos conocimientos tras estos años. ―Se levantó y se marchó diciendo aquello por lo que Hinata hubiera matado sólo unos años antes. ―Muy bien, Hinata. Muy buen trabajo.
Hinata estaba exultante, ¡su padre le había hecho un cumplido! La sonrisa no se podía quitar de su boca pero, ah, si era un momento tan feliz para ella… ¿Por qué parecía que Hanabi se había comido un limón?
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Los días pasaban, y ella no se sentía bien. Se sentía inquieta, un poco triste. Sus jornadas estaban llenas de ejercicios, papeles y cuidados del hogar, y algo le faltaba. Se sentía sola. Los niños estaban siempre con ella, pero una madre es una madre y no una amiga. Naruto seguía siempre ausente, y Hanabi tenía muchas cosas que hacer también. Se encontró anhelando algo perdido tiempo atrás, buscando la forma de poder volver a otros días más felices.
Suspiró. Ese día se sentía especialmente sola porque Kaori no estaba. Ella y Taro se habían puesto enfermos. Había pensado en ir a visitar a su compañera, pero Kinuko se había reído y le había dicho que se lo quitara de la cabeza.
Suspiró otra vez. Hacía tiempo que ya no llevaba dos bentos a la oficina. Seguro que Naruto-kun estaba comiendo con alguien más. Él siempre puso a sus compañeros de equipo por delante de todo. Ella, sin embargo….
Miró por la ventana.
Se le había ocurrido algo.
Los terrenos Inuzuka estaban algo lejos de la torre del Hokage, por eso tuvo que darse prisa. Mientras golpeaba la puerta de la casa de su amigo, se dio cuenta de que debía parecer estúpida llamando sin avisar, sin saber si Kiba estaría allí o no, después de tanto tiempo. Antes de que pudiera pensar nada más, la puerta se abrió.
―¡H-hola, Tamaki-san!
―¡Hinata-san! ¿Cómo estás? ¿Puedo ayudarte en algo?
―Um… Bueno… yo….
―¿Estoy oyendo bien? ¡Pero si es Hinata que ha venido a vernos!
Una voz alegre se acercaba desde el interior de la casa. Era Kiba, sonriente y efusivo, con Akamaru a su lado. El perro estaba mayor pero sus pasitos renqueantes estaban llenos de alegría
―¡Guau!
―¡Hola, Kiba!
―¡Hola Hinata! Me pillas de milagro, ya me iba. Dime, ¿en qué te puedo ayudar?
Era verdad, Kiba llevaba puesto el abrigo. Sin embargo, recostado en el marco de la puerta, su sonrisa y su mirada le aseguraban a Hinata que siempre tenía tiempo para ella.
―Em… yo… Um…―No sabía por qué estaba nerviosa, ¡ese hombre era su mejor amigo! ―Pues venía a ver si querías comer conmigo porque… no tengo planes, voy a comer sola y….
Kiba no le dejó terminar, se enderezó rápidamente, sonriendo aún más si cabe y con los brazos extendidos en un gesto amigable
―¡Pero qué dices! ¡Pero si yo iba ahora a comer con Shino! Qué suerte que hayas venido justo hoy, ¡vamos! ¡Vente con nosotros!
―¿Seguro? N-no quisiera molestar…
Algunos hábitos son difíciles de eliminar
―¡Claro mujer! ¡Tú nunca molestas! Shino estará encantado de verte
Le pasó el brazo por los hombros y la guió hacia la academia
―¿No viene Tamaki-san?
―Ah, no te preocupes. Ella ya ha comido, su turno en el hospital empieza en 15 minutos. Seremos sólo el equipo 8 otra vez.
Hinata sonrió, aquella idea le gustaba mucho.
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―… Y entonces le agarré del pelo, le puse el kunai en el cuello y le dije: ¡Es que me lo he olido!
El equipo 8 al completo estalló en carcajadas, o lo que se podría interpretar como carcajadas si tenemos en cuenta que Shino sólo sonrió levemente y que Hinata ocultó su risilla con la palma de su mano.
―¡No puede ser! Kiba, ¿en serio dijiste eso en una misión?
A Hinata ya se le habían saltado las lágrimas de la risa
―Ah, ya me conoces. Genio y figura hasta la sepultura
―¡Guau!
Shino no dijo nada, sólo levantó una ceja, casi imperceptiblemente. Eso fue suficiente para Kiba
―Pero bueno, ¿Cómo puedes ser tan borde? ¿Eh? ¿A ver?
Hinata se reía más, encantada de ver cómo sus amigos discutían. Habían recogido a Shino a la puerta de la academia y de verdad parecía feliz de verla. Luego habían ido donde siempre solían ir, y todo era tan maravillosamente familiar, tantos recuerdos habían venido a su memoria… Les había echado tanto, tanto, de menos… Con ellos no estaba nerviosa, no tenía que ser tímida, era más libre. No pudo evitar decir sus pensamientos en voz alta.
―Chicos, me lo estoy pasando genial, hacía tanto tiempo que no hacíamos esto… ¿Por qué dejamos de juntarnos?
Aquella frase inocente le sentó como un jarro de agua fría a los dos hombres. Se quedaron tiesos, confundidos, mirándose entre ellos sin comprender. Al final, fue Kiba el que habló, como el que tiene que explicar una obviedad.
―Pues… Te casaste y ya no viniste a vernos más…
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Hinata estaba en la oficina, verificando papeles, intentando no pensar en otra cosa. En cuanto Kaori salió, entró Shikamaru.
―Hinata-san, tengo que hacerte una pregunta. ¿A través de qué cosas no puede ver el byakugan?
Hinata se sobresaltó, no esperaba una pregunta como esa, de forma tan directa.
―Eh… Um… ¿Quiere decir…. Quiere decir qué elementos impiden nuestra visión?
―Sí, sí, eso mismo. Venga, responde.
Shikamaru se encendió un cigarro, a lo lejos se oyó un "Aquí no se pude fumar", pero él no le hizo caso, sólo hizo un gesto con la mano.
―Shikamaru-taisa, con todo el respeto… No sé si puedo compartir información sensible del clan con usted, yo…
Shikamaru frunció el ceño
―Venga, no fastidies, esto no es charla de café. Responde de una vez.
Hinata se quedó pensativa
―Um… Um… Pues hay materiales muy densos que dificultan nuestra visión, pero aun así algo podríamos ver, como el oro o el plomo….
Shikamaru exhaló el humo
―¿Y opciones que no necesitase tanta preparación? ¿Alguna alternativa más sencilla?
Hinata pensó un poco más
―Bueno… supongo que lo más obvio es una barrera de chakra, la veríamos pero no podríamos ver inmediatamente detrás…
Shikamaru estaba muy interesado de pronto
―¿Una barrera de chakra? ¿Cómo con un jutsu?
―Bueno, no tendría que ser un jutsu, a veces para garantizar la privacidad en el clan usamos unos sellos que disponemos a lo largo de una pared, y van acumulando chakra, absorbiéndolo del ambiente…. En unas horas forman una barrera de chakra. Solo hace falta papel, tinta, y saber la técnica, pero toma tiempo prepararlos.
Hinata esperó más preguntas, pero de repente Shikamaru parecía absorbido por sus pensamientos.
―Muy bien, muchas gracias, Hinata-san, has sido muy útil.
Y se fue igual que llegó.
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Desde que había quedado con Kiba y Shino, Hinata no hacía más que pensar en la vergüenza que le daba no haberse dado cuenta de que había estado tan absorbida por su familia que se había olvidado de todo lo demás. ¿Era ese el precio de conseguir un sueño? ¿Le estaría pasando lo mismo a Naruto? Seguía triste, como si algo no encajase. Como si las cosas no fueran como deberían ser. Acudió a ver a otra persona muy importante para ella, alguien en cuyo consejo podía confiar.
Kurenai le sirvió el té recién hecho con delicadeza, mientras en el otro lado de la sala Himawari y Boruto jugaban con Mirai. Lanzaban Kunais de madera a un cojín con una diana. Hinata no pudo si no consolarse en esa visión, sus hijos parecían felices…
―No está mal, ¿eh? A Mirai se le da muy bien la academia, y además tiene ayuda. Shikamaru estuvo antes de ayer ayudándola un rato con el lanzamiento de kunais. No creas que ese chico se olvida de su promesa…
Hinata sonrió, pero pensaba en otra cosa.
―Hinata, ¿Estás bien?
A Hinata le costaba sincerarse, así había sido desde siempre. Además, le daba vergüenza. Le daba vergüenza confesarle a alguien que las cosas no eran como ella las había imaginado.
―No sé, Kurenai-sensei… Es que… Es que últimamente estoy muy cansada…. Me siento un poco sola… Naruto nunca está y yo… No sé… Parece que no quisiera estar conmigo…
De nuevo acabó su frase con un hilillo de voz. Kurenai la miró preocupada.
―Vamos, vamos, Hinata… Seguro que no es para tanto… Mujer, piensa lo que dices, es Naruto, es un héroe… Seguro que está muy ocupado, ¡ser Hokage no es nada fácil!
Si.
Si.
Claro.
Kurenai tenía razón.
No era para tanto.
Ella era una exagerada.
Naruto nunca haría eso.
Kurenai seguí hablando
―Oye, ¿y por qué no vas a ver a Kiba y Shino? Sé que te echan de menos
Eso ya era otra cosa, un tema de conversación más alegre
―¡Ah! Pues hace unos días comí con ellos. Fue muy divertido, ojalá lo repitamos pronto. ―Hinata le dio un sorbo a su té. ―Me puse un poco triste porque… bueno… parece ser que no les he hecho mucho caso durante un tiempo…
―No te preocupes Hinata, ellos no te guardan ningún rencor.
―Pero, Kurenai-sensei… Si me echaban de menos… ¿Por qué no vinieron a buscarme ellos a mí?
La mirada de la mayor se puso algo pensativa
―Bueno… Ya sabes cómo es Kiba, él piensa que la familia es lo más importante… y además está Shino… Para él fue duro que te casaras con Naruto, más que nada porque tú eres muy importante para él y Naruto nunca se molestó ni en acordarse de él. Eso era muy molesto para Shino, siempre tenía en cuenta a Naruto y Naruto casi ni se sabía su nombre. Creo que no se sentía con la confianza suficiente para… Pero, Hinata, ¿Qué ocurre?
Hinata lloraba. No había podido evitarlo. En algún momento, al oír las palabras de Kurenai, el cántaro de su interior rebosó y el agua empezó a salir por sus ojos. Las lágrimas discurrían abundantes pero silenciosas, caían por sus mejillas, mojaban el mantel. En su boca, una sonrisa.
―Nada, sensei… no se preocupe, no me pasa nada.
Kiurenai se levantó a abrazarla, la mecía entre sus brazos
―Hinata, ¿qué ocurre? ¿Qué te pasa? Dímelo, por favor
Pero ella no podía decir nada, sus labios no podían pronunciar las palabras, sólo una sonrisilla nerviosa se dibujaba en su rostro mientras las lágrimas caían y ella negaba con la cabeza
―Nada… si es que no me pasa nada….
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Los días seguían pasando.
Hinata estaba en la torre del Hokage, verificando papeles. Aquello no se acababa nunca. Ino apareció por la puerta, cantarina y alegre como siempre. Llevaba dos vasos grandes en la mano.
―¡Hola, Hinata-chan! ¿Cómo estás? ¡Mira lo que te he traído! ―Agitó delante de su cara dos vasos grandes de té con tapioca. ―¡Acaban de poner un negocio de estos, y están riquísimos! ¿Los has probado?
Hinata negó con la cabeza. El líquido era de un color rosa brillante, y en el fondo del vaso había pelotitas y gominolas. Parecía muy apetitoso. Ino le tendió uno.
―¡Ah! ¿Para mí?
Ino asintió sonriendo
―P..pero… ¿por algo en especial?
―Ay, chica, cómo eres. Los vi y pensé en ti. Creo que son dulces… ¿No lo quieres? Se lo puedo dar a otra persona
―¡No! ¡Me apetece mucho probarlos! Pero…―Hinata miró a su alrededor―Aquí no se puede comer ni beber…
Ino le guiño un ojo
―No te preocupes, guardaré el secreto.
Hinata tomó uno de los vasos, y le dio un sorbo. En seguida puso cara de gusto. ¡Estaba muy rico!
―¡Mmm! ¡Qué bueno está! Pero… Ino-san… ¿No te has pasado? ¡Es enorme!
El vaso era por lo menos de tres cuartos de litro
―Es que era el de la oferta, dos por uno. Uno para mí y otro para ti.
―Ah, claro
Hinata siguió bebiendo con ganas, bajo la atenta mirada de Ino.
―Oye Hinata-chan, ¿vas a ir a la cena de la sección de inteligencia?
―¿La cena? ¿Hay una cena?
―¡No sólo hay una, sino que hay dos! Una en invierno y otra en verano. Es un buen momento para relajarnos, si no… hay mucha tensión aquí siempre…
¿La había? Hinata no lo había notado desde su mesa.
―¿Y cuándo es?
―Es este sábado mujer, ¿No has visto los carteles? ¡Pero si tienes los mejores ojos del departamento!
―¡¿Este sábado…?! Este sábado no puedo… Lo siento yo… ya me he comprometido…
A estar sola en casa. Naruto tenía una misión programada y no tenía con quién dejar a los niños. Le daba vergüenza dejárselos a su hermana por una excusa tan pueril como irse de fiesta cuando su marido no estaba. Ino se le quedó mirando. Ella también era madre.
―Si es por los niños, a veces nos organizamos para que les cuiden…
―No, no, gracias Ino, pero no es por eso. Es que… n-no puedo con tan poca antelación, l-lo siento.
Ino la miró un momento y decidió no insistir. Al fin y al cabo, la mente humana era lo suyo.
Suspiró
―Está bien, pero tienes que prometerme que irás a la de verano.
―Si, si, te lo prometo.
―Y esa la organizo yo, así que me vas a ayudar con la organización y todo.
―Si, si, sin duda
―No creas que me voy a olvidar, ¿eh?
―No, no, para nada
Hinata sonreía, aliviada.
―Bueno, pues te dejo que sigas trabajando. Tómate todo el té, ¿eh? Que tibio ya no está bueno.
―¡Si, gracias!
Hinata le dio otro sorbo a su té. Ino le sonrió y salió de la sala, cerrando la puerta.
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Al otro lado de la puerta cerrada, lo primero que hizo Ino fue tirar su te, aún intacto, a la basura. Caminó por los pasillos de inteligencia hasta que se encontró con Shikamaru, que estaba apoyado en la pared.
No dijo nada, solo hizo un gesto "Está bebiendo"
Shikamaru asintió, y ambos se separaron en silencio.
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N/A: Gracias a todos por leer, seguir y comentar. Espero que os guste. Me gustaría agradecer especialmente sus reviews a Paz y Tchuma Tendai.
Paz, querida, gracias por leer y comentar, pero gracias sobre todo por dar con la palabra clave en esta historia: Espía. ¿Será Temari? ¿Será otra persona? Es pronto para confirmar, pero os aseguro que esto es un drama de espías. Espero que te guste.
Cualquier crítica o comentario también es siempre bienvenido.
