Disclaimer: Nada es mío. Esto se hace sin ánimo de lucro.

X

.

X

El punto ciego

X

.

X

Capítulo 10: El periódico

X

.

X

Los días pasaron. Una mañana, Hinata se encontró con una sorpresa en su mesa del despacho. Había un periódico doblado. En su portada, un titular.

TRAIDORES A KONOHA

Las fotos del abad, el miembro del consejo y el constructor, arrestados por el comisario Tojo, aparecían en portada junto a la noticia completa.

"Un testigo de la acusación ha corroborado la información y se ha prestado a colaborar…"

Hinata sonrió, Ame-chan había sido tan valiente… Y Kurenai-sensei de tanta ayuda… Cuando fueron a hablar con ella habían conseguido que la niña se sintiera segura como para colaborar, no debía preocuparse por nada, nadie la juzgaría, todo iba a salir bien.

Hinata se permitió fruncir el ceño cuando recordó todo lo que esa jovencita había declarado… Esos… Esos miserables… Cómo la habían engatusado, cómo la había utilizado, coaccionándola y chantajeándola con anular las licencias de actividad de la tienda de sus padres, con cancelar la hipoteca de su casa… cómo habían incluso llegado a crear una deuda falsa que la pobre Ame pagaba prostituyéndose… Esos… (¿Lo diría? ¿Se atrevería?) esos cabrones habían usado el amor de la chica por su familia para atarla, para quebrarla, para hacer que hicieran lo que ellos querían. La habían torturado con su amor.

Eran lo más bajo de la especie humana. El mundo sin duda estaba mejor sin ellos.

Hinata se preguntó cuántos más con una fachada perfectamente respetable en realidad eran depredadores.

Ahora ella tenía que verlos, tenía que descubrirlos. Tenía que proteger a Konoha.

Una voz la sacó de su ensimismamiento.

―Ya tienes otra portada. ¿Estás contenta?

Shikamaru se encendía un cigarro. A lo lejos alguien gritaba que allí no se podía fumar.

―Me alegro de que al final todo acabara bien… Después de todo lo que vimos… Pero yo no diría que es una portada en la que salga yo…

Shikamaru sonrió de medio lado

―¿Cómo qué no? También salimos Ino y yo. Mira, aquí.

Shikamaru se acercó a Hinata, tan cerca que ella pudo sentir el calor de su cuerpo. Extendió su dedo índice hacia el texto, buscando un renglón en particular.

― "El comisario Tojo declaró que esta investigación no hubiera podido dar frutos sin la valiosa ayuda de la Sección de Inteligencia de Konoha…"

Lo leyó en voz alta y le sonrió, sin apartarse de ella. Movió la mano del texto al hombro de Hinata, en un gesto amable. Le miró directamente a los ojos, aún con la media sonrisa en los labios.

―Ese renglón se refiere a nosotros, y sobre todo a ti.

Hinata se ruborizó, aunque no supo exactamente por qué. Como era costumbre, quitó mérito a su trabajo.

―No, no… para nada yo… Shikamaru-taisa, yo quería disculparme porque casi echo a perder la misión, yo… si hubiera controlado mejor mis emociones…

―Para nada, Hinata-san. ―Él no quitó su mano―Lo hiciste muy bien, tu trabajo fue esencial, y no hay nada malo en sentir emociones, no te bloqueaste por ellas. De hecho…―En ese momento apartó la mirada, como pensando en otra cosa―Es refrescante ver que alguien aún tiene emociones en este trabajo.

―Muchas gracias, taisa.

Shikamaru se separó, dispuesto a marcharse.

―Pienso llamarte a misiones más veces, estate preparada.

Hinata se quedó sola, con su periódico, feliz.

X

.

X

Hinata y Hanabi estaban limpiando el dojo tras el entrenamiento. Todo le dolía, pero al menos esta vez ella creía que había mejorado. No era la única que lo pensaba.

―Tu resistencia ha mejorado mucho, y tu juego de pies es perfecto, puedes estar contenta. ¡Me duele todo! ―Hanabi se reía con una risa clara y fresca. ―¿Tomamos un té antes de ir a por Hima-chan?

El té estaba tibio y dulce como a ella le gustaba, todo un bálsamo para sus doloridos miembros. Hinata lo estaba disfrutando cuando Hanabi, que había salido un momento, regresó canturreando como un pajarillo.

―Mira lo que me he encontrado….

Y alegremente dejó encima de la mesa un periódico. Ese periódico. Hinata no pudo evitar sonreír.

―Mira lo que pone aquí… "Esta investigación no hubiera podido dar frutos sin la valiosa ayuda de la Sección de Inteligencia de Konoha" ―Hanabi bajaba y subía las cejas en un estilo juguetón, con una sonrisilla traviesa. Al final formuló la pregunta. ―Has sido tú, ¿A que sí?

Hinata le restó importancia, pero no podía dejar de sonreír

―Hanabi, podría ser cualquiera

―No, cualquiera no. A mí el corazón me dice que ha sido mi hermana la súper espía.

Hinata ya no pudo aguantar más, su sonrisa se ensanchó, sus mejillas se ruborizaron. Se mordió el labio. Mirando a Hanabi, le dio la única respuesta que sabía que la satisficiera.

―No puedo confirmar ni desmentir detalles de una misión sin el permiso del maestro Hokage.

Hanabi soltó una exclamación alegre

―¡Ah! ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ¿Y cómo fue? ¿Fue muy peligroso? Ya sé, ya sé, no me puedes decir nada…. Pero estoy muy orgullosa de ti. ―Hanabi la abrazó, cariñosa, con un lazo más fuerte que cualquier llave de combate.―Espera, espera. Tengo algo para ti.

Se acercó a un mueble y sacó un paquetito de un cajón. Era algo envuelto en una tela. Hanabi lo dejó sobre la mesa y, de un gesto, lo descubrió.

―Es el kanzashi de la tía Chizu, ella también era espía.

―¡Hanabi, es precioso! Pero yo no soy espía, sólo estoy en el archivo.

―Sí, claro, como tú digas. ―Hanabi no la iba a hacer caso. ―Mira, el vástago aún está afilado, debes tener cuidado, y las bolitas son de coral de verdad, ¡Así podrás detectar los venenos!

La sonrisa de Hanabi era tan sincera…

―Hanabi, gracias, de verdad… Es un detalle precioso

―Ni me agradezcas, te mereces eso y más.

Hinata estaba empezando a ponerse triste, ella había creído otras cosas…

―Pero Hanabi, yo… yo pensaba que estabas disgustada conmigo.

―¿Disgustada? ¿Por qué?

―B-bueno, yo…. El otro día entrenando, cuando padre me elogió… Tú… tú no parecías muy feliz.

El ceño de Hanabi se frunció, su expresión pasó a ser amarga.

―¡Es que lo detesto! ¡No puedo más con eso! ¡Lo odio de verdad!

Hinata miraba a su hermana, se había puesto casi frenética.

―¡No lo entiendo! ¿Por qué hace eso, a ver? ¿Por qué cuando tú eras la heredera se dedicaba a criticarte y todo lo que hacías estaba mal y ahora es al revés? ¿Por qué? ¿Por qué tiene siempre que enfrentarnos y compararnos? ¡Es retorcido!

El asombro creció en Hinata, no había pensado en eso. De hecho, nunca se había dado cuenta, aunque para Hanabi parecía que estaba claro.

―De hecho yo…. ―Hanabi parecía exhausta de pronto―La verdad es que te admiro porque no te afecte… ¿Nunca has tenido miedo?

Hinata no sabía a qué se refería

―¿M-miedo de qué?

―Pues de ser como él.

Era la primera vez que ese pensamiento le cruzaba por la mente a Hinata. Pero ahora que lo pensaba… Todas las veces que conscientemente elegía no llamar desgracia a sus hijos… Todas las veces que se enfadaba y no decía nada por temor a arrepentirse luego… Hinata decidió evitar pensamientos tan perturbadores

―¿Por eso no quieres tener hijos?

Hanabi sonrió, era un secreto entre las dos hermanas.

―Si, bueno, mayormente por eso

En su mente, Hanabi sabía que era por eso, y porque había cierto placer en pensar que en ella estaba la llave para terminar con la rama principal. Que todos esos esfuerzos del consejo del clan y de su padre, esa razón sagrada por la que la habían separado de su hermana, las habían enfrentado, por la que habían hecho sufrir a Neji, por la que nunca habían investigado la desaparición de su madre… Ese bien mayor que era proteger a la rama principal se iba a ir a la mierda con ella.

La voz de Hinata la sacó de sus pensamientos.

―Hanabi, no debes ser tan dura con padre. Él sólo piensa en nuestro bien y en el del clan. Y míranos, no salimos tan mal, ¿no? Tú eres una heredera digna y fuerte y yo tengo una familia feliz.

Hanabi clavó su ojo blanco en el de su hermana. Esperó unos segundos antes de decir algo, y cuando lo dijo, dio por terminada la conversación.

―Hinata, yo soy tu hermana. Te conozco desde siempre. Te quiero. El día en el que te canses de fingir, ven a verme. Yo te estaré esperando.

X

.

X

Los miércoles eran una mierda, pero había días que eran toda la mierda del mundo. Días insoportables, días en los que Shikamaru sólo quería huir, huir a algún lado donde estuviera solo, donde no tuviera ninguna responsabilidad, donde pudiera dedicar sus pensamientos a algo efímero y sin importancia. Pero no podía. Debía hacer su trabajo.

Para proteger al Rey hay que hacer todo lo necesario. Todo. Y eso incluye estrategias que salen mal. Estrategias en las que muere gente.

Gente que no debía haber muerto.

Gente que seguiría viva si él lo hubiera pensado todo mejor.

Había llegado el reporte. El cuerpo de un shinobi de Konoha había sido encontrado sin vida en territorio del país del rayo, en un sitio donde se suponía que no debía estar. Para evitar conflictos, el Hokage le iba a declarar renegado y haría un anuncio público de que ese ninja no seguía sus órdenes mientras realizaba esas acciones.

Shikamaru sentía ganas de vomitar.

El nombre de ese shinobi era Taro. Nombre en clave: Milo.

No supo de dónde obtuvo la fuerza para hacer lo que tenía que hacer.

Tomó una caja de cartón y salió de su despacho. Taro ahora era un renegado. No se le harían honores, no habría anuncio oficial de su muerte, no se recuperaría su cuerpo, no habría funeral ni tumba donde rezarle. Shikamaru llegó al archivo y se acercó a la mesa de Taro, donde empezó a meter todos los objetos que en ella había, sin ceremonias, sin decir una palabra.

En el archivo se formó un silencio sepulcral.

Todo el mundo había dejado lo que estaba haciendo, y miraba con terror las acciones de Shikamaru, con una súbita comprensión de la situación y un horror desmedido.

Kinuko empezó a temblar. Sus sollozos no tardaron en aparecer, con una marea de lágrimas que brotaba de sus ojos. Se mesaba los cabellos, se derrumbó.

―¡NO! ¡NOOO! ¡POR FAVOR, NO!

Shikamaru no se volteó hacia ella. Simplemente apretó los dientes y siguió con lo que sabía que tenía que hacer. Ahora no podía pensar en Asuma, no podía pensar en su padre, no podía recordar su propio dolor. Terminó de llenar la caja y, en silencio, salió del archivo, sin mirar a nadie, sin pensar en nada, sin dejar que el llanto desgarrador de Kinuko se metiera en su cabeza.

X

.

X

Más tarde, en su casa, delante del tablero de shogi, no podía pensar en otra cosa. Taro estaba muerto. Muerto por su culpa. Un buen hombre, un buen ninja, muerto por su planeación de mierda. El rostro de su maestro Asuma no dejaba de aparecer en su mente, por más que intentaba apartarlo. La culpa se sumaba y se multiplicaba con los recuerdos, con los "y si", con los "pensé que" y "creí que".

Temari se acercó a él.

―¿Qué ocurre, amor? No tienes buena cara.

Shikamaru se tapó la cara con las manos. ¿Qué le iba a decir a su mujer? ¿Qué un compañero había muerto en una misión no reconocida que él no había planeado bien? ¿Qué pese a todos los años que habían pasado, él seguía pensando en Asuma con cada fallo?

―Shikamaru, vamos, puedes contármelo.

Él la miró, y vio en los ojos de su mujer la preocupación y el cariño. Quizás sería una buena idea desahogarse con alguien.

―Hoy… Hemos recibido un reporte, uno de los hombres que mandé en una misión ha muerto…

Shikamaru se quedó en silencio

Temari también, pero su expresión había cambiado. No comprendía.

―¿Y qué?

―¿Cómo que y qué? ¡Pues que se ha muerto! Ha muerto en una misión especial y no podemos ni recuperar su cuerpo, ni hacerle honores…

―Pero… ¿La misión se ha visto comprometida?

―No, pero… Tú no lo entiendes, ¡Kinuko está embarazada! Y ahora ese niño…

―Shikamaru, de verdad que no me puedo creer que esto te afecte. ¡Somos shinobis! ¡Esto pasa todos los días!

―¡Pero a mí no me pasa! ¡Yo me esfuerzo mucho para que nadie muera! ¡Y menos así, sin tumba!

Temari le miraba como si fuera un niño con una rabieta en un lugar público.

―¿En serio vas a ponerte a lloriquear por esto? Desde que te hiciste Chuunin sabías que la gente podía morir a tu cargo. ¿Es que en este pueblo nadie recibe entrenamiento emocional? Esto es increíble ¿por una muerte te pones así? ¿En serio?

Shikamaru apartó la mirada, cansado de que le insultaran en su propio hogar cuando mostrara alguna debilidad. Temari no se callaba.

―Shikamaru, debes replantearte tus prioridades, mientras siga afectándote tanto la gente que muere a tu mando nunca vas a dejar de ser más que un niño, un bebé llorón. Apechuga con tus acciones y sigue adelante, no puedes permitirte estas cosas.

Y se fue, a atender asuntos más serios, dejándole sólo.

Shikamaru sentía que iba a desgarrarse, que iba a explotar. En vez de eso, con un grito angustiado, lanzó el tablero de shogi contra la pared.

X

.

X

Naruto había vuelto de su misión, e Hinata estaba impaciente por hablar con él. La noticia del arresto no había dejado de comentarse, y Kurenai, Kiba y Shino también la habían felicitado pese a que, por supuesto, no había podido confirmar su participación en el operativo. Hinata fantaseaba con la idea de que quizás su marido también lo sabía, que esa noticia tan importante le había llegado, y que la felicitaría con un abrazo largo, diciéndole lo orgulloso que estaba de ella.

Por supuesto, cuando llegó, Naruto sólo quería ducharse, comer y dormir, por lo que ella no le dijo nada. Sin embargo, no pudo evitar la tentación de dejar encima de la mesa, con el desayuno, el periódico de ese día, "el de la portada". Cuando su marido se sentó para empezar el día, estuvo maravilloso con los niños, y muy amable con ella, pero no dijo nada del periódico…

―Oy, Hinata-chan, ¿Es ese el periódico de hoy?

―¡Ah! Mmmm… No… tiene ya unos días.

Naruto no dijo nada, sólo retiró el periódico de la mesa y lo dejó en el montón del papel.

No volvió a hacer mención a él.

Cuando Naruto se iba, Hinata ya había dado por perdidas sus esperanzas de que le dijera algo de su misión, del arresto o… de algo. Recogió con tristeza el periódico del cubo del papel, y miró esa portada de la que estaba tan orgullosa… Entonces Naruto le habló

―Por cierto, Hinata-chan…

―¿Si?

Ahora Hinata lo sabía, lo sabía. Ahora Naruto le diría algo, algo bonito. Le mencionaría la misión, o el arresto, o quizás sólo le diría lo mucho que la había echado de menos esos días. Allí estaba él, el protagonista de sus sueños, tan guapo, con esos ojos, con esa maravillosa sonrisa, mirándola, a ella, sólo a ella, y ella esperaba sus palabras como un hechizo revelador…

―Hay que comprar papel higiénico.

Hinata se grapó la sonrisa a la cara, no dejó que su expresión cambiara. No dejó que su voz mostrara más que amabilidad y gentileza.

―Claro, amor, hoy haré la compra.

Naruto asintió, sonriendo, y se marchó.

X

.

X

Kiba y Shino habían insistido tanto en celebrar el evento, que al final Hinata había accedido. Ya no podían ir a los clubs de la zona del lago, porque Hinata no iba a dejar a sus hijos solos, así que al final harían una pequeña celebración el viernes por la noche, en casa de Hinata. Algo muy informal, quizás verían una peli. Hinata sacaba de la bolsa de la compra las cervezas que había comprado para Kiba y las ponía a enfriar, mientras vigilaba que Himawari no alcanzase una bolsa de dulces. Aún tenía tiempo para preparar algo de cenar, y además, con suerte, Naruto llegaría y podrían cenar todos juntos. Sin embargo, sus compañeros de equipo se presentaron en su casa mucho antes de lo que ella había pensado

―¡Taráaa! ―Kiba iba cargado con varias bolsas, y sonreía efusivamente. Shino estaba a su lado, como siempre.―¡Ha llegado la caballería! ¿Dónde pongo todo esto?

Y pasó sin más dilación, ante el asombro de Hinata.

―Kiba, ¿Qué has traído? ¡No hacía falta que trajeras nada!

―¿Cómo qué no? ¡La fiesta es en tu honor! No vamos a dejar que hagas tu todo, ya pones la casa… ¡Y la compañía! ¡Pero si son los shinobis más fieros de Konoha! ¡Venid aquí! ―Boruto y Himawari corrieron hacia él y se echaron a sus brazos―¡Pero bueno! ¿Se puede saber qué os da vuestra madre de comer? ¡Cada día estáis más grandes!

Los niños reían, felices. Muy pronto se lanzaron a jugar con Akamaru, que hizo gala de una paciencia infinita. Mientras Himawari intentaba montar al perro, Kiba le hizo una pregunta a Hinata. Su mirada era seria.

―Dinos, sobre la investigación de esos tres, ¿Fue muy duro?

Hinata sólo podía contestar una cosa, pero ella sabía que sus amigos entenderían

―No lo puedo saber, al fin y al cabo yo no estuve ahí, yo no hice nada.

Shino tuvo la mejor respuesta de todas. Se acercó a ella con lo que Hinata sabía que era una mirada de aprecio y un gesto amable.

―Estamos muy orgullosos de ti.

Para ocultar su turbación y cambiar de tema, Hinata volvió a la carga

―Kiba, ya había hecho yo la compra…

―Bueno, pues ya la aprovecharás, ¿no? Mira, mira lo que hemos traído… ―Kiba iba sacando cosas de las bolsas―Palomitas…, patatas fritas…, tiras de bacon… Eso es para Akamaru. También he traído refrescos para los niños y unas cervecitas para cuando se duerman. Y para cenar, Hamburguesas, voy a cocinarlas yo. Así que tú no tienes que hacer nada.

Hinata estaba asombrada. Kiba sonreía sabiendo que le había hecho ilusión. Una voz seria dio la réplica.

―Falta el pastel

Kiba se puso pálido ante las palabras de Shino

―¡El pastel! ¡Se me olvidó!

Shino sólo lo miró reprobatoriamente. Kiba se defendía.

―¡Pero es que yo he traído todo! ¡Eran muchas cosas! ¿Qué has traído tú, a ver?

―Yo he traído el entretenimiento.

Shino había traído dos películas para ver en la televisión. La primera era "Aventuras Súper Divertidas con el Dragón Kai-chan". ¿Por qué? Porque consistía en un sano y lúdico entretenimiento familiar con trasfondo educativo y moraleja edificante. La segunda era "Shinobis Rebeldes 2". ¿Por qué? Porque en algún momento los niños se irían a dormir, y eso era cine del bueno.

Hinata estaba emocionada. Le encantaba "Shinobis Rebeldes", pero no pudo ver nunca la 2. Cuando por fin los niños se habían dormido (No fue fácil, Boruto se había comido tres hamburguesas y seguía pidiendo más), pusieron la película. Mientras los chicos se tomaban las cervezas y brindaban por Hinata (Ella apenas dio un sorbito a una. No quería beber por si los niños la necesitaban), ella veía extasiada cómo el trío protagonista de la película realizaban toda clase de hazañas violentas que, en la vida real, hubiesen supuesto una enorme cantidad de papeleo.

Era un trío de shinobis compañeros de escuadrón, pero a la vez amigos. Juntos habían pasado toda clase de trances y aventuras, lo cual sólo podía forjar un vínculo más estrecho. Por supuesto, cuando se trataba de una misión lo daban todo, jugándose la vida varias veces y sin ninguna consideración ni por la vida humana ni por la propiedad privada de nadie. A veces, se extralimitaban en su misión y entonces su Kage los retiraba del caso, pero ellos no obedecían y dejaban su bandana sobre la mesa de su superior, decidiendo tomarse la justicia por su mano porque ahora era algo personal. Su Kage protestaba pero no podía detenerles porque, diablos, eran los mejores shinobis de su aldea. Denny-san era el más guapo, duro y rebelde a la vez que pendenciero pero de buenos sentimientos. Siempre tenía la frase perfecta para dar la réplica al malvado. Johnny-san era el más inteligente, frío, calculador, un genio. Su pasado tormentoso le provocaba un conflicto interior que resolvía a la vez que la misión. Y sin embargo, siempre mostraba un gran corazón. Y luego estaba Kitty-chan.

Ah, Kitty-chan.

Hinata admiraba a Kitty-chan.

Era una preciosa shinobi entrenada en todas las artes de la kunoichi, mortífera y sensual a partes iguales, pero siempre gentil y amable. Se descolgaba de las tramoyas del teatro kabuki con un kimono imposible que gritaba espía por todas partes con la misma elegancia que una hoja bailando en el viento. Su arma favorita, el pintalabios envenenado.

Mientras Hinata veía el final de la película con emoción, recordaba la primera vez que vio la 1, cómo confirmó que era a eso a lo que debía aspirar, a ser una kunoichi fuerte y reconocida por todos, pero a la vez bondadosa, porque no había necesidad de hacer el mundo un lugar más difícil. Ese pensamiento le trajo recuerdos de años atrás, cuando entrenaba con sus compañeros, cuando realizaba misiones, cuando se esforzaba cada día. ¿Qué había pasado? ¿Cuándo había cambiado todo?

Hinata no lo sabía, pero recordó el frescor del aire del alba en un traje cuasi ANBU y se hizo una promesa, volvería a esforzarse al máximo. Ella sería un ejemplo a seguir para Boruto y Himawari igual que Kitty-chan lo había sido para ella.

En el sofá, Kiba y Shino reían y comentaban la película. Hacían chistes con Hinata. Prometían volver a entrenar juntos. Los tres se divertían.

Naruto no apareció por casa esa noche.

X

.

X

Shikamaru estaba sentado en el despacho del Hokage. El cigarro encendido, la mirada perdida.

―¿No se te ocurre otra estrategia?

Kakashi miraba por la ventana, hacia el horizonte.

Shikamaru soltó el humo que estaba reteniendo.

―Sí, claro. Podemos confiar en la bondad inherente al ser humano. Confiar en que a nadie se le cruce un cable. En que ningún Daymio se ponga codicioso.

Kakashi entrecerró los ojos. Había vivido dos grandes guerras, incontables batallas, demasiados conflictos. La codicia del ser humano era infinita. Sin embargo, la solución propuesta por Shikamaru era demasiado… retorcida.

―Comprendo

Suspiró

―Sin embargo, creo que es mejor que lo pensemos un poco más. Dejemos madurar la idea.

Shikamaru asintió.

―Por cierto―El Hokage no había terminado―Pronto se dará la visita de la comitiva de la Nube. Hay que tenerlo todo previsto.

―Descuide, Kakashi-sama. Todo estará listo.

X

.

X

Los martes tocaba desayuno con las chicas. Ino e Hinata habían llegado un poco antes, y esperaban a Sakura y Tenten en la cafetería. Cuando entraron por la puerta, se lanzaron hacia Hinata con grandes exclamaciones.

―¡Ahí está nuestra salvadora!

―¡Sí! ¡La mejor de Konoha! ¡La mejor!

Hinata no pudo evitar sonrojarse por el escándalo, aunque sonreía al oír tantas palabras bonitas dirigidas a ella. No sabía qué ocurría. Ino tampoco.

―¿Pero qué pasa? ¿Qué ha ocurrido?

―Pues ha ocurrido, Ino, que Hinata es un ángel caído del cielo. Eso ha ocurrido.

―Si, gracias, Hinata, te lo agradecemos mucho, eres la mejor. No te preocupes, si rompen algo, te lo pagaremos, y te dejaremos dinero también, para la comida o lo que sea.

Si Hinata no sabía de qué iba el asunto, ahora ya estaba desconcertada del todo. ¿Romper cosas? ¿Comer?

―Eh… Um… Perdón, Tenten, pero… No… No sé de qué me estás hablando.

―Ah, claro, perdona. Verás, es que Metal puede ser un poco energético a veces, y ya hemos tenido algún accidente… Con que quites de su alcance las cosas delicadas, todo estará bien.

Hinata seguía con cara de no entender. Sakura se dio cuenta.

―Hinata, hablamos de la fiesta.

Hinata no reaccionó.

―La fiesta de Operaciones.

Hinata frunció el ceño. Naruto le había dicho que la sección de operaciones organizaba una fiesta la semana que viene. Planeaba con ilusión ir a esa fiesta del brazo de su marido, pero, que ella supiera, los niños no podían ir. Ya estaba pensando en pedirle a Hanabi que los cuidaran en el clan o decírselo a Ame-chan. Seguro que el dinero le venía bien.

―Sí, es la semana que viene, pero… Pero los niños no van a estar con nosotros… ¿no?

Tenten y Sakura se miraron, alarmadas. Ino contenía la respiración. Hinata pestañeaba, confundida. Al final Sakura fue la que rompió el silencio.

―Hinata… es que… Es que Naruto nos dijo que tú te ibas a quedar cuidando a los niños de todos para que pudiéramos ir a la fiesta…

Las palabras cuajaron rápidamente en Hinata, dejándola muda. Sakura estaba espantada, Tenten negaba con la cabeza. Ambas se habían dado cuenta.

―Hinata, cielo, mira, esto ha sido un error. Vamos a contratar una canguro, ¿vale? Que venga a mi casa y ya está, así todos vamos a la fiesta y…

Hinata las interrumpió, una dulce sonrisa en sus labios, los ojos cerrados para que no pudieran ver el dolor en ellos.

―¡Qué tonta soy! ¡L-lo había olvidado! ¡Claro que cuidaré a los niños! ¡Naruto tiene razón! Y-yo no puedo ir a la fiesta porque… p-porque últimamente estoy muy cansada y… ¡No os preocupéis de nada! ¡Se lo pasarán muy bien conmigo!

Sakura y Tenten se miraron sin saber qué hacer. Todas, por un motivo u otro, querían que se las tragase la tierra. Hinata no supo qué más decir. Cómo seguir mintiendo.

―P-perdonadme, debo… debo ir al aseo… En seguida vuelvo.

Hinata se levantó y fue al baño velozmente. Allí intentó normalizar su respiración, que las lágrimas no salieran, que el amargor de su boca se fuera, intentando no pensar en que su marido no había considerado llevarla a la fiesta con él. Intentando juntar fuerzas para seguir fingiendo.

Evitó a toda costa mirarse al espejo. Ahora no podía soportar su propia imagen.

X

.

X

El camino desde la cafetería a la Torre del Hokage empezó siendo algo incómodo. Ino se sentía mal por su amiga.

―Hinata, Sakura y Tenten lo decían en serio, ¿sabes? Podéis contratar una canguro e ir todos…

―¡P-pero si yo puedo cuidarles! ¡No es molestia! Tampoco tenía ganas de ir a esa fiesta… De verdad…

Ino la miró fijamente, sabía que mentía. Pero también sabía que las relaciones pueden ser muy complicadas y que no puedes ayudar a quien no quiere ser ayudado. Suspiró.

―Como quieras, cielo.

Y continuaron andando en silencio.

El aire era cada vez más cálido. Se acercaba la primavera.

Hinata no quería que hubiese tensión entre ellas. Decidió preguntar algo que llevaba rondándole la cabeza unos días.

―Ino… ¿Puedo hacerte una pregunta?

Ino rió.

―Puedes hacerme otra pregunta también.

―Perdona… Um… ¿Tú… tú realizas muchas misiones como la del otro día? Ya sabes… en el taller abandonado.

―Eh… bueno… muchas, muchas… Alguna, supongo. ¿Por qué?

―Es que… A mí me sorprendió que Shikamaru me reclamara para una misión de esas… Al fin y al cabo no soy una gran ninja… Soy bastante débil y….

―¿Por qué dices eso? ―Ino la interrumpió―No eres en absoluto débil, y debes saber que si Shikamaru te reclamó con un nombre en clave para ese tipo de misiones es porque eres de su completa confianza. No todo el mundo hace ese tipo de misiones, para nada.

―¿De su completa confianza? ¿Yo?

Hinata se había parado en seco al oír eso

―Si, así es. Si no, no te hubiera llamado.

―Pero si yo no destaco nunca en nada…

Ino la miró y suspiró. Miró fijamente a Hinata y le hizo un gesto con la cabeza para que continuaran caminando. Cuando volvió a hablar, su voz estaba llena de dulzura.

―Hinata, ¿Puedo contarte algo personal?

Hinata asintió con la cabeza.

―Cuando Asuma-sensei nos tomó como alumnos, no éramos más que tres tarugos, pero él estaba encantado. ―Ino sonreía, acariciando el recuerdo. ―Nos decía que todos éramos más de lo que aparentábamos. En ese momento sólo éramos un niño gordo, un perezoso y una niñata superficial, pero él supo ver más allá de las etiquetas y sacar el mayor partido de todos nosotros. Decía que un equipo no se hace con gente que es hábil en muchas cosas a la vez, si no con gente con habilidades que se complementan, y que lo más importante no era ser el más fuerte o el más inteligente, si no el que mejor se supiera adaptar a las necesidades de cada momento. ―Hinata sonrió con Ino. Kurenai-sensei decía algo parecido. ―Recuerdo que me decía, "Ino, un martillo es más débil que un taladro neumático, pero te aseguro que la herramienta que todo el mundo quiere tener en su casa es el martillo".

Ino rió.

―Supongo que se notaba que era el hijo de Sarutobi-sama, con esas lecciones de vida propias de un abuelito.

Ya estaban en los escalones de la torre, Ino seguía hablando.

―Supongo que Shikamaru ve en ti una habilidad muy versátil, y nadie tiene unos ojos como los tuyos. Además, ¿sabes qué otra cosa seguro que le gusta de ti? Que sabes seguir órdenes. No era nada fácil aguantar en aquel taller, y tú apechugaste y seguiste al pie del cañón, no cualquiera lo hubiera conseguido. ¿Te imaginas lo que hubiera pasado si allí hubieran estado Naruto o Sasuke? ―Ino soltó una carcajada―Seguro que hubieran entrado como las tanquetas que son y ahora esos tres seguirían libres y ellos en un consejo de guerra. Eso también decía mucho Asuma-sensei. Que había que ver más allá para comprender las consecuencias de nuestras acciones. Me decía: "Ino, ¿sabes cuál es la definición de héroe? Un héroe es aquel que consigue que maten a otros".

Ino sonrió, pero inmediatamente su mirada se tornó amarga, como si se hubiese acordado de algo.

Ya habían llegado a la puerta de su puesto de trabajo.

―Bueno, Hinata, yo me quedo aquí. ¡Hasta luego!

E Hinata Uzumaki, esposa del héroe de la cuarta gran guerra ninja, se quedó en ese pasillo, terminando de asimilar las palabras de Ino.

X

.

X

.

X

N/A: Gracias a todos por leer, seguir y comentar. Espero que os guste. Me gustaría agradecer especialmente sus reviews a Tchuma Tendai, KattytoNebel , lenasletters, Tamashitsumo y myca97. ¡Cuántos reviews esta semana! Reconozco que me hace mucha ilusión, y algunos son verdaderamente inspiradores. Gracias de verdad.

Este es un capítulo de transición que he tenido que dividir en dos partes porque si no me quedaba muy descuadrado. En mi opinión la siguiente parte es la que tiene más interés, más salsa, más chicha… Os dejo con el interés para que no os perdáis la siguiente entrega. La semana que viene no habrá actualización. Independientemente de vuestra religión o creencias os deseo una muy feliz semana santa a todos.

Espero que este capítulo os guste.

Cualquier crítica o comentario también es siempre bienvenido