Disclaimer: Nada es mío. Esto se hace sin ánimo de lucro.
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El punto ciego
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Capítulo 13: El precio de la paz
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N/A: Antes que nada, me gustaría dedicar este capítulo a Sasha545. El título es un pequeño homenaje a uno de sus fics. Algún día, yo seré capaz de escribir pasajes tan preciosos como ella hace.
Por otra parte, aunque este capítulo parezca denso y con poca acción, es vital para comprender toda la trama posterior. ¡Espero que os parezca interesante!
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Hinata acudió a la oficina temprano, pero ya había gente allí. Caminaba por los pasillos en dirección a su zulo cuando una voz le saludó
―¡Buenos días Hinata-chan! ¿Ya tienes las invitaciones para la fiesta de Kinuko?
―¡Buenos días Fubuki-san! Pues…
No pudo responder porque un maleducado se chocó con ella en pleno pasillo y casi la tira. Todos sus informes se fueron al suelo. Se puso a recogerlos inmediatamente
―¡P..por favor! ¡Tenga más cuidado la próxima vez!
Pero le gritaba a un pasillo vacío.
Cuando terminó de recoger informes se dispuso a acercarse a Fubuki, pero ya no estaba…
Cuando se dirigía a su mesa de nuevo se dio cuenta de lo raro que había sido todo.
Muy raro.
De pronto se le ocurrió algo.
Se palpó los bolsillos rápidamente. Allí estaba, un papelito doblado.
"Shura, cuando leas esto ven a la azotea de inmediato.
Saori"
Hinata dejó los informes en su mesa y tomó el ascensor a toda velocidad.
¿Es que no podían convocarla de forma normal?
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Shikamaru estaba en la azotea del edificio, en una esquina a la sombra.
Cuando Hinata le vio, también se fijó en que se veían las ventanas de la oficina del Hokage. Donde seguramente estaba su marido. Intentó ver su silueta, pero no lo consiguió. Shikamaru interrumpió sus pensamientos
―No te preocupes, desde aquí no pueden vernos
Shikamaru estaba fumando. Hinata sintió que algo faltaba. Se sintió tentada a decirle que ahí no se podía fumar.
―¿Cómo puedo servirle, Shikamaru-taisa?
―Hinata-san, ¿te acuerdas de lo que te dije el primer día que empezaste a trabajar aquí?
Hinata estaba un poco desconcertada, le había dicho muchas cosas.
―Te dije que el negocio de Konoha era la paz, y que había que mantenerla a toda costa. Hinata-san, ¿Qué sabes del negocio de la paz?
Hinata se quedó algo descolocada, era una pregunta que realmente no se había hecho.
―Ah… Em… Pues… La paz… La paz es algo bueno…. C-cuantas menos vidas se pierdan mejor… Cuanta menos destrucción haya mejor… ¿N-no?
Shikamaru solo sonrió, como uno sonreía ante las ocurrencias de un niño.
―Y dime, ¿Qué bien le puede hacer a una sociedad de personas entrenadas para combatir que ya no haya combates?
Hinata se quedó muda. No sabía qué responder.
Shikamaru suspiró. Esta iba a ser una conversación larga.
―Hay cinco grandes naciones ninjas y un puñado de naciones pequeñas. Todas ellas usan ninjas como su ejército regular. Teniendo en cuenta que todas las naciones han tenido hasta ahora una economía de guerra, seguro que te imaginas la importancia que cobran esos ejércitos. Cuanto más grande, cuanto más poderoso, mejor. ¿Hasta ahí bien?
Hinata asintió, intrigada por lo que le querría decir su jefe.
―Hasta antes de la cuarta gran guerra, la amenaza más seria para una nación ninja siempre eran las otras naciones. Con la paz firmada y los nuevos enemigos derrotados, los ninjas han pasado a ser, en todo el mundo, un ejército permanente sin enemigos reales a los que enfrentarse. Por favor, ten en cuenta a toda esa gente que es únicamente entrenada para pelear desde que eran niños que ahora se encuentran sin nada que hacer.
Shikamaru se permitió una pausa para dar otra calada al cigarro.
―Los ninjas estamos en declive, en contraste con la clase comerciante. Algunos shinobis se han adaptado bien, e incluso han pasado a ser ellos mismos comerciantes. Este auge ha cambiado la economía: La escasez de materia prima y la abundancia de mercaderes ha hecho que los productos se encarezcan, aunque seguro que eso ya lo has visto.
Por desgracia lo veía todos los días en el mercado, pensó Hinata.
―A Konoha le va bien, por motivos que ahora explicaré, pero a otras aldeas no les ha ido tan bien. El sueldo de Shinobi ya no alcanza. Las misiones escasean. Una manera de que un shinobi reciba un salario mayor es ascender en rango pero… eso es muy difícil en tiempos de paz. Los altos rangos ya no mueren con tanta facilidad. No hay motivos para ascender a nadie, las aldeas tampoco pueden permitirse esos sueldos. No sólo lo están pasando mal los shinobis, también sufren muchos artesanos… Ahora los espaderos ganan más dinero haciendo ollas y sartenes que espadas y kunais. Los cordeleros ya no producen como antes porque no hay tanta demanda. Incluso los mineros de hierro lo notan… En general, Hinata-san, lo que intento decirte es que hay crisis y hambruna.
―Pero… pero… ¿No ha dicho que los ninjas se adaptan?
―No, he dicho que algunos ninjas se adaptan. Para muchos es una deshonra a su clan y a sus enseñanzas convertirse en comerciantes u hosteleros. Para ellos el cambio es difícil, muy difícil.
A Hinata no le sorprendió, seguro que en el clan Hyuga pasaba eso.
―El caso es que Konoha tiene una mano ganadora, y esa es la paz. La paz protege del hambre a Konoha.
―¿Cómo?
―Pues muy sencillo, por la publicidad.
―¿La publicidad?
―Así es, ni más ni menos. Konoha participó en la cuatra gran guerra ninja y consiguió ponerle fin gracias a unos Shinobis de Konoha, precisamente. Sabes de lo que te hablo, ¿verdad?
―Si, claro, Naruto-kun y Sasuke-san…
―Exacto. Eso no sólo los convirtió en héroes al instante sino que además hizo que Konoha fuera a los ojos de todo el mundo la primera potencia shinobi. Grandes señores, comerciantes, empresarios de todas partes acuden a Konoha con sus encargos de misiones para que las realicen los héroes de Konoha. La mera presencia de tu marido es un imán para el dinero.
Hinata estaba un poco desconcertada, nunca pesó que fuera así.
―Por si fuera poco, Naruto es el principal promotor de la paz, por lo que los constructores quieren construir en Konoha, las empresas establecerse aquí, las fábricas también… con la esperanza de que estar en Konoha les traiga estabilidad y prosperidad. ¿Entiendes ahora de lo que hablo? La paz es el negocio de Konoha, es lo que nos trae dinero, es la que nos trae empleo, es la que nos aleja del hambre. Si hubiera otra guerra, todo se iría al traste. Pero, si hubiera otra guerra, y los héroes fuera otros… eso no nos lo podemos permitir.
Hinata estaba absorta en las explicaciones.
―Ahora piensa. Tenemos una aldea ninja a la que le va bien, y otras a su alrededor a las que no les va tan bien, con un montón de gente preparada y armada, entrenada desde niños para luchar, que ahora ya no pueden hacerlo. Tienen hambre, no tienen trabajo. Eso ha provocado dos consecuencias. ―Apagó la colilla del cigarro. La miró directamente a los ojos. ―No te engañes, Hinata-san. Hay guerra en estos momentos, pero es una guerra fría.
Ella se estremeció.
―Pero… Taisa… Las naciones ninja son aliadas…
―¿Si? ¿Como lo era la Arena cuando nos atacó en los exámenes de chuunin?
―P-pero… estaban mal aconsejados… engañados por Orochimaru
Shikamaru suspiró, serio
―Si… Lo he pensado mucho… Lo terrible que es que una nación se alce contra otra así de rápido, estando engañada, sin verificar las acusaciones…. ―Shikamaru parecía derrotado―Las alianzas se firman y se rompen de un día para otro.
Hinata no podía creerlo
―Pero… Taisa… Naruto-kun… Él no dejaría que eso pasara nunca, ¡es muy amigo de todos los kages! ¡Especialmente de Gaara-san y Bee-san!
Shikamaru la miró con ojos cínicos
―¿Ah, si? ¿Cómo de amigos son exactamente?
Hinata no supo qué responder. Shikamaru siguió a la carga.
―¿Cuántas veces se ven? ¿Cuántas veces hablan? Exactamente, ¿cómo de unidos están?
Hinata no dijo nada. Recordaba las cartas de Gaara, con su pulcra y ordenada caligrafía, esperando en casa a que Naruto las respondiera. Cada vez que Naruto enviaba alguna carta, Gaara tardaba muy poco en responder, pero su marido… Era algo más descuidado con esas cosas. Y cuando se habían visto… Gaara siempre era muy amable con ella. La esposa de su mejor amigo, repetía, su amigo más preciado. Era obvio que para él, Naruto era alguien muy importante. Sin embargo… Hinata no había escuchado jamás que Naruto considerase a Gaara su mejor amigo. Su mejor amigo siempre había sido, según el mismo, Sasuke. Con Bee… Con Bee ni siquiera recordaba que hubiera cartas.
Hinata desvió el tema de conversación.
―Por favor, Taisa, continúe con lo que me decía.
Shikamaru no insistió en ese asunto.
―Como te decía, se han dado dos consecuencias. Las cinco naciones se llevan muy bien sobre el papel, pero ya les empieza a morder el hambre… en cualquier momento va a ser más rentable empezar una guerra, aunque de momento la balanza no se ha inclinado hacia ningún lado. Por otra parte, las naciones pequeñas se mueren de hambre. Los shinobis que en ellas había se han diversificado, por así decirlo: Crimen organizado, narcotráfico… Todas actividades muy lucrativas que pueden poner en jaque a cualquier nación grande en cualquier momento. Eso por no hablar de sus esfuerzos por incriminar a alguna de las grandes naciones para que vaya a la guerra contra otra y beneficiarse del caos… Las alianzas con gente tan violenta son muy peligrosas, pero lucrativas. Creemos que alguna gran nación ya tiene sus tratos con ellos.
Hinata lamentaba oir esas palabras.
―No te equivoques, Konoha también los tiene.
Ella se sobresaltó.
―¡¿Cómo?!
Él se encogió de hombros, cínicamente.
―Konoha no puede permitirse amenazas cercanas corriendo libremente por ahí y haciendo lo que quieren, así que de vez en cuando provee de materiales y recursos al jefe de la facción violenta que es más afín a Konoha… O se asegura de que las rutas del narcotráfico pasen por donde a ella le interesan….
―Taisa… ¿Me está diciendo que Konoha financia al crimen organizado?
En la mirada de él había cinismo y desesperación. A él tampoco le gustaba.
―Es una forma de verlo.
Hinata maldijo que no hubiera sillas en la azotea. Se tuvo que apoyar en la pared para recomponerse de tal idea.
―No creas que esas son las únicas amenazas a la paz. No son solo factores externos, también hay factores internos. ―Shikamaru suspiró, esto le tocaba de cerca.―Muchos shinobis son contrarios a la idea de la paz. Seguro que sabes el dicho… "Ningún hombre puede vivir bajo el mismo cielo que el asesino de su padre"
Hinata asintió. Era una idea muy arraigada en los clanes tradicionales. También se ampliaba al "asesino de su Señor", el padre del clan. Al shinobi que buscaba la venganza se le reconocía como un hombre de honor, pero al que dejaba que el asesino siguiera libre se le consideraba débil y sus compañeros le despreciaban. Shikamaru siguió hablando, muy consciente de que él mismo había tenido su vendetta particular contra el asesino de su maestro.
―Muchos shinobis perdieron familia y seres queridos en las guerras. Al igual que si estos seres queridos fueran asesinados en una misión, son contrarios a la idea de que las otras aldeas sean perdonadas, pueden mantener el rencor toda la vida, y buscan cualquier excusa para justificar un ataque. Al fin y al cabo, la guerra es nuestra forma de vida, al igual que las misiones.
Hinata se avergonzó recordando sus sentimientos por la Aldea de la Nube.
Shikamaru hizo una pausa. Miró al cielo, buscando una salida en una nube. Lo que dijo a continuación le llenó la boca de hiel
―Incluso dentro de mi propio clan se me considera un traidor por casarme con una extranjera que proviene de un enemigo ancestral.
A Shikamaru le hervía la sangre en las venas al ver las miradas de desprecio que esos viejos Nara le echaban a veces a Shikadai.
Hinata no sabía qué decir.
―No soy yo el único del que piensan así. Es muy común ese pensamiento, ese sentimiento de que los que mantenemos la paz no somos más que traidores a nuestro pasado. Muchos ninjas, sobre todo los mayores, estarían encantados de volver a la guerra. Eso sería volver a la muerte. Eso sería hacer que nuestros hijos comenzaran a matar.
Hinata se horrorizó ante el pensamiento.
―Dime, Hinata-san, ¿A qué edad comenzaste a matar?
Hinata frunció el ceño ante el pensamiento, demasiado amargo. Toda la conversación era desagradable para ella.
―A los doce años… Supongo que igual que usted.
―¿No te parece horrible un sistema militar que se basa en niños soldado? ¿No querrías evitar ese trance a sus hijos a toda costa?
―Más que nada, taisa.
No sólo quería evitarles que matasen, también quería evitar que pudieran morir. No quería ni pensarlo. No podía ni pensarlo. Dioses, pero si Boruto había apenas empezado a hacer una colección de cromos, no era más que un crío… Hinata ya no podía más, era demasiada información.
―Taisa… ¿Por qué me cuenta todo esto?
―Mira a tu alrededor, mira Konoha.
Shikamaru miraba a la ciudad desde la azotea, Hinata le imitó. Allí estaban ambos, observando a la gente que iba y venía, pacíficamente, haciendo sus recados.
―Toda esa gente ahora vive en paz. Todos esos niños ahora pueden vivir tranquilos.
Se hizo el silencio unos instantes.
―Esa paz tiene un precio.
Hinata seguía atenta a las explicaciones. En estos momentos, se le hacía que Shikamaru se le estaba mostrando en su forma más humana, más vulnerable. Ahora le miraba y creía firmemente en lo que Ino le había dicho. Si, ella tenía la confianza de Shikamaru.
―Hinata-san, ¿Recuerda a Uchiha Itachi?
Ella suspiró, comenzaba a entender.
―Si, taisa.
―Uchiha Itachi pagó el precio de la paz. Con sólo 13 años mató a todo su clan, incluyendo a sus padres, a sus seres queridos, a los 7 niños menores que él que residían allí, a excepción de su hermano, y a sus madres que seguro que le suplicaron por sus vidas. No sólo tuvo que realizar ese sacrificio de aniquilar a su familia, si no que tuvo que verse toda su vida perseguido y criminalizado, compartiendo su vida con otros criminales a los que seguro despreciaba. Todo ello para que su tierra no se viera envuelta en una guerra civil. Todo ello para que tu y yo, y todos, pudiéramos seguir felices y tranquilos… Nada ha cambiado. Todo sigue igual. La guerra es siempre una amenaza, y sigue habiendo gente en Konoha que debe pagar el precio de la paz. ―Shikamaru miró a Hinata―Esos somos nosotros, la sección de inteligencia. Nosotros nos manchamos las manos para que otros puedan disfrutar de la paz. Hacemos todo lo que haya que hacer, y nunca decimos lo que hacemos.
Hinata había comprendido.
No sólo había comprendido la naturaleza de su trabajo, también había comprendido a Shikamaru. Un hombre que todos los días cruzaba el infierno para que todos a los que quería pudieran seguir en el cielo. Un hombre que hacía ese camino todos los días en absoluto secreto, intentando no quemarse.
Una muralla discreta, un guardián en la sombra.
Un hombre que ponía a Uchiha Itachi como ejemplo era un hombre con una carga pesadísima sobre sus hombros.
Hinata no le iba a fallar.
―Taisa, yo sirvo a la aldea de la Hoja. Dígame qué quiere que haga.
Shikamaru lanzó la colilla del cigarro al suelo y la pisoteó
―Uzumaki Hinata, a partir de este momento formas parte de la Operación Faro. En esta Operación, la inteligencia de Konoha va a establecer una vigilancia activa sobre objetivos seleccionados para monitorizar sus movimientos y poder realizar acciones preventivas ante cualquier amenaza a la paz. Tu misión, si decides aceptarla, será mantener una vigilancia diaria a través de tu Byakugan de los embajadores en la Hoja de las grandes naciones ninja: Roca, Niebla y Nube. Quiero saber qué hacen, qué comen, con quién hablan. Quiero saberlo todo de ellos, para poder obtener datos con los que poder realizar una contraofensa en el caso necesario. Debes tener en cuenta que esta es una misión del más alto rango de la cual no quedará nunca ningún registro. Se te gratificará bajo otro concepto. Actuamos bajo órdenes directas del Hokage, pero es una misión estrictamente confidencial para el resto de la aldea. Si se te sorprende en el transcurso de esta misión, el Hokage negará todo conocimiento de tus acciones y serás declarada traidora. Si decides no aceptar, no pasa nada, pero deberás ir con Ino Yamanaka para que te borre de tu memoria los últimos minutos. ¿Cuál es tu respuesta?
Hinata no se esperaba una misión así.
No supo qué responder. Shikamaru la evaluaba con la mirada.
―Veo que tienes dudas…
―Señor, con todo respeto…. ¿Es esto legal?
Shikamaru suspiró.
―¿Legal? Teniendo en cuenta que el Hokage lo ha autorizado, que no estamos invadiendo territorio enemigo y que eres una kunoichi de Konoha actuando en Konoha… Sí completamente. Sin embargo... entiendo que tengas dudas sobre la moralidad de la misión. Te sugiero que te preguntes qué es peor, invadir la privacidad de alguien o la guerra. Y que recuerdes que nosotros no somos samuráis. Los ninjas no se entrenan para luchar con honor.
A Hinata la daba vueltas la cabeza con todo lo que estaba pasando. Como siempre que estaba nerviosa, dudó de su capacidad.
―Taisa, con todo respeto, yo… No se si soy la persona indicada… Mis habilidades no…
Shikamaru la miraba fijamente
―No creo tener la pericia suficiente para establecer una vigilancia de tanto alcance.
―¿A qué te refieres, Hinata-san?
―Bueno, y-yo… No… no creo que mi byakugan sea lo suficientemente bueno para…para… ver a esos rangos… Konoha es muy grande.
Shikamaru se le quedó mirando fijamente. Levantó una sola ceja.
―¿No? Pues yo ya te he visto hacerlo antes.
Hinata enrojeció inmediatamente
―¿A mi? ¿Cómo? Um… Um… ¿Cuándo?
―Esa noche. Hace tres años.
Hinata comprendió inmediatamente. Ante el recuerdo de esa noche fatídica enrojeció vivamente.
―Ah… Si… Tiene razón.
Shikamaru suavizó su tono. Se había pasado.
―Hinata, necesito que me digas si aceptas o no la misión.
Hinata tomó aire y lo exhaló, para relajarse. Era mucha información, muchas implicaciones. Mucha sombra.
Sin embargo, sus ojos veían a través de la sombra.
Tomó su decisión.
―Puede contar conmigo, Taisa. Acepto la misión.
Shikamaru asintió, satisfecho.
―Necesito que hagas tus vigilancias a diferentes horas del día, en diferentes patrones para abarcar más actividades. Nadie debe verte activar tu byakugan y vigilar, por lo que debes gestionar tu tiempo de forma independiente. Debes seguir manteniendo tus actividades normales. A ojos de todos sigues trabajando en el zulo, y de hecho se te seguirá exigiendo que revises informes pues tu ayuda en ese campo no deja de ser valiosa. Toma. ―Shikamaru se sacó un objeto del bolsillo. Era una moneda de curso legal, con una pequeña abeja tallada, como si hubiera sido obra de un gamberrete. ―Nunca sabrás quién más forma parte de la misión, pero te voy a dar dos cosas por si te ves en la necesidad de contar con un compañero. Esta moneda, y un santo y seña: "Hay tanta soledad en ese oro." Y "La luna de las noches no es la luna que vio el primer Adán." El santo y seña te permitirá identificar a otros agentes implicados en la operación. La moneda también te dará acceso a recursos de la aldea. Presentala en cualquier organismo oficial y estarán obligados a ayudarte. No la uses a la ligera. Proteger tu identidad es prioritario.
Hinata tomó la moneda y memorizó las frases.
Shikamaru le dio una indicación final.
―Me darás tus informes todos los lunes. Sólo me reportarás a mí.
Hinata asintió, pero no se movió.
―¿Tienes alguna duda de tu misión?
Hinata lo preguntó lo más suavemente que pudo
―Taisa… No he podido evitar notar que no ha mencionado a la embajadora de la aldea de la Arena…
Shikamaru, hasta entonces revestido de autoridad, mostró vulnerabilidad en ese momento. Su mujer, vigilada. Su matrimonio, vigilado… No podía decirle nada a Temari, no quería que la estuviesen vigilando sin su consentimiento. Ya se sentía un cabrón al vigilar a la esposa de su mejor amigo sin decir nada, espiar a su mujer… No, no se sentía capaz. No podía hacerle eso a Temari. Al menos, aún no. No sin pruebas de que su estrategia funcionaba.
Se aclaró la voz.
―Hinata-san, dejaremos a la embajadora de la Arena fuera de la vigilancia por el momento.
―Comprendo, Taisa.
Como siempre, Hinata sólo le decía que sí. No le discutía. Shikamaru no pudo evitar sonreir.
―Enhorabuena, Hinata. Ahora eres una espía de Konoha.
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El siguiente lunes, cuando Hinata llegó a la escuela con Boruto, Shikamaru se acercaba con Shikadai. El niño parecía muy preocupado por un tema, y lo discutía vehementemente con su padre…
―¿Y cómo consigue un Shinobi el dinero?
―Pues acepta misiones que le encargan
―¿Misiones en las que hay que pelear mucho?
―Bueno… Depende. Yo, por ejemplo, esas las evito si puedo.
―¿De qué sirve ser un ninja experto si luego no se pelea?
―Uno llega a ser un ninja experto para no tener que pelear, hijo.
Shikadai no entendía
―Pero mamá dice que el acero es la única medida del Shinobi y que nuestro único honor es morir en el campo de batalla.
Shikamaru aprovechó que Boruto estaba esperando a su amigo para entrar en la escuela.
―Si, ya sé lo que dice tu madre…. Hablaremos de eso cuando salgas esta tarde, te lo prometo. Dame un abrazo. ¡Que tengas un buen día!
―¡Adiós papá!
Hinata había observado toda la escena. Se acercó poco a poco cuando Shikamaru le hizo una seña.
―Shikadai-kun es un niño encantador, muy inteligente.
Su padre sonrió orgulloso
―Si, la verdad es que hemos tenido mucha suerte. Shikadai es único.
Hinata observó cómo los ojos de Shikamaru se llenaban de amor y orgullo paternal.
―Se le ve con muchas ganas de ser shinobi
―Si, ¿Verdad?
Shikamaru parecía preocupado por esas palabras. Hinata intentó animarle.
―Eso es algo bueno, él sólo quiere ser como su papá.
Él sonrió, esperanzado, pero no dijo nada.
Hinata cortó el silencio.
―Ha sido una lección muy valiosa, esa que le has dado. Bueno… si me permites decirlo…
―¿Tú crees? No todo el mundo estaría de acuerdo.
―Bueno… ―Hinata se atrevió a decirlo―Yo también discuto con Naruto a veces sobre cómo criar a los hijos…
Aunque en su caso la discusión era sobre que nunca estaba con los niños.
―Si… supongo que es normal aunque….―Él resopló―Es complicado
Ella le miró con simpatía
―¿Problemático, quizás?
Se sonrieron, cómplices
―Si―Dijo él, traviesamente―Problemático
La complicidad duró sólo un segundo, hasta que él apartó la mirada rápidamente y ella se volteó, sonrojada.
Al cabo de unos segundos él carraspeó, y volvió a hablarle con un tono mucho más profesional.
―Bueno, hoy es lunes, y no puedes darme la información de la Operación Faro en la torre por motivos de seguridad… He pensado que puedes dármelo en este tramo de la escuela a la torre. La última vez tardamos 20 minutos. Puede ser tiempo suficiente para un informe preliminar.
―Ah, claro…
Hinata pensó unos instantes y luego metió la mano en su bolso. Hurgó hasta que sacó un pequeño cuadernito donde llevaba todo anotado.
Antes de que pudiera empezar a hablar, Shikamaru la interrumpió.
―¿Qué demonios es eso? ¿De dónde has sacado esa… esa cosa? ¿Se lo has robado a tu hija, que no lo quería por feo?
Shikamaru miraba horrorizado el cuaderno. Lo cierto es que era un cuadernito pequeño de hojas amarillas y cubiertas rosa. El tono de las portadas era el más chillón que se pudiera imprimir, y para colmo llevaba estampado, en peluche de verdad, el dibujo de dos gatos blancos con una expresión estúpida y un enorme y cursi lazo. Dos pares de ojos bobos miraban a Shikamaru desde la portada. Hinata se rio, franca y sencilla.
―No… ¡Lo he comprado así a propósito! Me pareció que así la información estaba más a salvo, creo que nadie pensaría que aquí hay escrita información importante.
Shikamaru le miró, sorprendido.
―Además… Bueno… además también he cifrado la información… por si estaba equivocada… yo… Yo no quería que esto cayera en malas manos.
Hinata estaba algo asustada de la expresión de Shikamaru, que le miraba fijamente, impresionado. No podía creer que se debiera a algo bueno.
―Vaya, vaya… Está claro que empiezas a pensar como alguien de la Sección de Inteligencia… Muy bien, Hinata, es una buena idea.
Ella sonrió, feliz, aliviada. Shikamaru puso cuidado en desviar la mirada de esa preciosa sonrisa.
―¿Entonces? ¿Qué tienes para mí?
Ella consultó sus notas
―Pues… El embajador de la niebla, Iwashi-san, vive solo… Um… Creo que es vegetariano… Pero yo diría que es pronto para saberlo. Le gusta mucho leer y el otro día acudió a una cena con otros exiliados de la niebla en un restaurante de comida típica de allí… Aún no sé si es algo regular o no…
Shikamaru se había encendido un cigarro.
―Hinata, nada de eso me interesa. No puedo hacer nada con esa información.
Hinata bajó la cabeza, compungida.
―Lo siento, taisa. Yo... Si al menos supiera qué estoy buscando… quizás lo pudiera hacer mejor.
Shikamaru exhaló el humo.
―Lo que buscamos, de momento, es cualquier información que pudiera servir para presionar a los embajadores en el caso de que las relaciones se pudieran torcer. Información personal sensible.
―¿Para… Para coaccionarlos?
Shikamaru asintió, aunque estaba claro que a él tampoco le gustaba la situación.
Hinata se quedó pensativa un momento. Luego volvió a rebuscar en su cuaderno.
―Desde que le vigilo, Iwashi-san ha robado tres libros de la librería que suele frecuentar. No sé si es que es cleptómano o lo hace por otro motivo. Tampoco sé el título de los libros, de momento. Además, pese a que vive solo, tiene una sección de su armario dedicada únicamente a ropa de mujer… R-ropa llena de p-plumas y lentejuelas… No sé si es para uso propio, aún n-no le he visto usarla de ninguna forma. ―Se aclaró la voz, le daba pudor relatar cosas tan íntimas―Por otra parte, Bakuhatsu-san, el embajador de la Roca, vive con su secretaria, Hahen-san, de la Roca también. Aunque públicamente se comportan de una forma muy profesional, en la intimidad… En la i-intimidad m-mantienen una relación, s-sobretodo sexual, basada en vejaciones de todo tipo en la que… En la que Bakuhatsu-san se lleva la peor parte… Pero por favor no me obligue a detallarla porque no he querido ver más de la cuenta….
Shikamaru miró asombrado a Hinata, que estaba profundamente sonrojada y se notaba que le estaba costando mucho esfuerzo relatar todo eso. Él tragó saliva, intentando digerir esta información. Estaba claro que no se imaginaba un relato como este. Por lo visto nada era lo que parecía.
Se conmovió con el sufrimiento de Hinata. Le puso una mano en el hombro.
―Hinata-san, muchas gracias por el esfuerzo que estás haciendo… Yo tampoco imaginaba que nos encontraríamos con esto…
Hinata asintió, agradecida por el apoyo, pero aún sonrojada. Shikamaru intentó pasar a un tema menos arduo.
―¿Y Karui?
La vida de su amigo no podía ser tan turbia, ¿no?
Hinata supiró, algo aliviada. La vida de Choji y Karui era mucho más sencilla, más plena. Se amaban profundamente y habían construido una familia preciosa. Por respeto a sus amigos, había algunas cosas de su intimidad que había preferido no mirar (y Kami-sama, a ese matrimonio le iba muy bien. Había tenido que apartar la vista muchas veces), pero lo demás irradiaba felicidad y llenaba a Hinata de ternura. Bueno, casi todo…
―Pues… Karui es una madre entregada y una esposa muy cariñosa. Es muy diligente en su trabajo. Nada de lo que he visto me ha hecho sospechar…
―¿Pero?
―¿P-pero?
―Hinata-san, estabas a punto de contarme algo más.
Hinata no sabía muy bien si contarlo
―Shikamaru-taisa… yo… Es que no estoy segura… ¿Y si me equivoco?
Shikamaru se puso serio
―¿Es algo grave?
Hinata se encogió de hombros
―Puede serlo
―Entonces cuéntamelo, ya veremos qué hacer con esa información.
Hinata arrugó el ceño con preocupación
―Es que… Es que parece que Karui-san… Bueno… yo creo…
―Dilo de una vez
―Temo que Karui-san tenga problemas de salud
Shikamaru se paró de golpe
―Mujer, ¿Qué dices?
Hinata enrojeció, azorada
―Es que… Es que he visto… ―Tomó fuerzas―En su día a día actúa muy normal, pero cuando todos duermen he visto que se palpa un pecho con mucha preocupación, como si hubiera encontrado un bulto. Yo… yo creo que le preocupa mucho.
Shikamaru le habló con vehemencia
―¿Lo sabe Choji?
―Eh… Yo…
―¡Dime, mujer! ¿Lo sabe Choji?
―¡No lo sé!
―¿Cómo que no lo sabes?
―¡No sé de qué hablan! ¡No los oigo, sólo los veo! He visto que Karui toma muchas vitaminas, y que Choji es el que se las da en el desayuno, pero no sé si sabe lo demás. No sé si sólo cree que es para mejorar sus defensas o no… No he visto que hayan ido al médico o pedido cita en el hospital…
Shikamaru se mostraba visiblemente preocupado. Se mesaba la frente, la barba, la nuca. Esta última información le había afectado.
―Bueno, veremos qué hacemos con esta información. Muchas gracias Hinata-san. Sigue así.
Estaba claro que tenía que hablar más con su amigo.
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En el hogar Uzumaki, en la amplia sala, madre e hijos pasaban la tarde de lluvia haciendo dibujos. Hinata felicitaba a Himawari por el dibujo del gatito que acababa de hacer cuando sonó el teléfono. Hinata corrió a contestar.
―Residencia Uzumaki, ¿Qué desea?
―¡Kami-sama! ¡Cuánta elegancia!
―¡Kiba! ―El tono gracioso de su amigo había hecho reír a Hinata―¡Hola Kiba! ¿Cómo estás? ¡Nunca me habías llamado!
―Bueno, siempre hay una primera vez, ¿No? Y con esta lluvia…
―¿Me llamas para hablar de la lluvia? Ay, espera un poquito―Se separó un poco del teléfono―Boruto-kun, amor, baja un poquito la música, ¿si?
La voz de Kiba sonó preocupada al otro lado
―Oye, si te pillo en mal momento…
―No, para nada, desde aquí les puedo ver bien, no te preocupes. Bueno, ¿A qué se debe el honor de tu llamada? ¿Es para planear la excursión del domingo?
―Pues… si…. Más o menos…. La verdad es que no voy a poder ir a la excursión, lo siento. Me han convocado para una misión.
―Ah…―Hinata estaba un poco desilusionada. El equipo 8 con sus hijos iba a hacer una excursión por el campo como las de antes, a ella le gustaban mucho y seguro que a sus hijos le iba a gustar también. ―¿Es una misión muy larga? ¿Va también Shino?
―Pues… sí parece larga, al menos un par de meses… Pero bueno, al menos hay una misión… Shino no va, por lo que podéis seguir quedando y… oye…―Kiba se revolvió al otro lado del auricular, habló más bajo. ―Si vais, si pudierais invitar a Tamaki estaría muy bien… A ella le apetecía mucho pero ahora le da vergüenza pediros ir también.
Hinata respondió con sinceridad y cariño
―¡Ah! ¡No tiene por qué! Nosotros encantados.
―¡Gracias! ¡Sois los mejores!
―Oye Kiba… ¿Tienes un minuto para hablar un poco más?
―Sí, claro
―Es que… Bueno… Tú mismo has visto que ya casi no hay misiones… Quería saber… Um… ¿Al clan Inuzuka… Al clan Inuzuka le va bien?
Kiba estaba algo asombrado
―¡Vaya! Bueno, pues… Vaya, es muy considerado por tu parte preguntarte pero… no debes preocuparte, la verdad es que gracias a los dioses nos va bien
―¿De verdad?
―Si, si… Hemos tenido que diversificarnos, pero nos va bien. Ahora sobretodo entrenamos perros, ¿sabes? Y la gente paga muy bien por ellos
―¿Entrenáis perros? ¿Les dais perros ninja a cualquiera?
―¡No! ¡No! ¡Para nada! Son otros tipos de perros… Perros de guardia, de pastoreo, de rescate, policías… también entrenamos perros lazarillo y unos que han resultado tener mucho éxito son perros actores.
―¿Perros actores?
―Si, como el del anuncio de la lotería. ¿Lo has visto?
―¿Pipo-san es Inuzuka?
Hinata estaba encantada de pensar que el perro más simpático de la televisión tenía relación con su mejor amigo.
―¡Si! ―La risa franca de Kiba se coló por el auricular―¡En realidad se llama Kai! Si quieres vente a verlo al clan un día, igual a los niños les gusta.
―Kiba, les vas a hacer felices, ¡gracias! ―Pero otra cosa le pasó por la mente―Oye, ¿y a los Aburame? ¿Sabes cómo les va?
―También muy bien, ya sabes cómo son. Ahora se han especializado en no sé qué cosa forense y en no sé qué de polinización de campos y van saliendo adelante. Hace no mucho Shino me dijo algo de que se iban a meter en la industria cosmética, pero preferí no preguntar más porque a Tamaki le encantan esas cosas y prefiero no saber qué se ha hecho con insectos. Y bueno, a Shino le va bien… agarró ese trabajo tan bueno y es feliz. A él seguro que no se le acaba el trabajo. Todos los clanes quieren que sus hijos se eduquen como shinobis, aunque ya no haya conflicto.
Hinata estaba más relajada
―Me alegro, Kiba, me alegro mucho. Gracias por decirme todo esto.
―De nada, amiga, pero… ―La voz de Kiba ahora estaba preocupada―Oye, yo lo que había oído es que a los que no les iba bien era a los Hyuuga.
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N/A: Gracias a todos por leer, seguir y comentar. Siento mucho el retraso en la publicación, pero tengo problemas de salud. Ni pasear a mi perrita he podido.
Espero que os guste este capítulo. Me gustaría agradecer especialmente sus reviews a yamiylucas2011, EvilRegalNeoQueen, Nacha Aluciflipa, Tchuma Tendai, sasuhinas fan, tomatilla y KattytoNebel. Agradezco muchísimo vuestras palabras.
Tomatilla: Muchas gracias por tu review. ¡Siento mucho haberte tirado el NaruHina! Nada más lejos de mi intención, sin embargo aprecio muchísimo que hayas vuelto a amar a Hinata. Espero que sigas amándola en los siguientes capítulos.
Pese a mis altibajos, tengo mucha historia escrita, espero al menos poder publicar pronto.
Cualquier crítica o comentario también es siempre bienvenido
Gracias a todos.
