Disclaimer: Nada es mío. Esto se hace sin ánimo de lucro.
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El punto ciego
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Capítulo 15: La cena
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N/A: Me gustaría poner aquí algunas advertencias: Consumo de alcohol, infidelidad, sentimientos intensos de todo tipo.
Este capítulo está escrito de una forma ligeramente diferente, ojalá os guste
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Al fin llegó el día de la cena de la oficina, e Hinata no podía estar más expectante.
No sólo era la primera vez que participaba en un evento similar, si no que por fin iba a tener un poco de Diversión Adulta, sin canciones sobre ratoncitos o galletas con formas de dinosaurio. Lo había planeado todo con mucha ilusión, y había participado en la elección del restaurante y la decoración del mismo. Había ayudado a configurar el listado de los que iban y de los que no, y a elegir el menú de la cena. Había hecho las gestiones para el pago de la misma, y estaba orgullosa de pensar que había sido delegada para llevar el dinero, el cual ya tenía preparado en un sobre. Incluso había pasado un desayuno muy revelador con Ino, mientras ésta le enseñaba un artículo de una revista de modas llamado "Cómo llevar lookazo a la cena de la Ofi y no morir en el intento". Hinata había sacado de su armario para la ocasión un conjunto de blusa y falda parecido a uno que salía en una de las fotos, pero había tenido que comprar una cosa llamada "maxi-pendientes" porque, claro, según Ino, eran un must. Significara eso lo que significase.
Lo mejor, lo mejor, es que no tenía que preocuparse de los niños. Al rodearse de otras madres y padres trabajadores, había visto lo mucho que podían ayudarse los unos a los otros y esta no era la excepción. Estaba todo planeado.
A las 5 y media habían quedado con Choji y Karui en la puerta del cine. Allí, todos los niños (que en esta ocasión eran los del grupo de siempre) pasarían una tarde de cine atiborrándose de palomitas. A la salida, irían a merendar-cenar pizza y hamburguesa y después se los llevarían a su casa, donde todo lo frágil ya estaba convenientemente recogido y lo peligroso escondido. Bajo la atenta y cariñosa mirada de la señora Akimichi (la madre de Choji, no Karui) los niños podían trastear, bichear y guerrear hasta que cayeran rendidos después de haber tenido una estupenda fiesta de pijamas. Para la hora de la cena, Choji y Karui se unirían al grupo y todos los adultos podrían regalarse una noche de fiesta con la tranquilidad de que sus niños estuvieran bien atendidos. Hinata no había puesto dinero para algo con tanto placer en mucho tiempo.
Por supuesto, estaba el tema de Himawari, que era demasiado pequeña para algo así, pero por suerte su abuelo había accedido a cuidar de su nenita querida esa noche, la cual estaría vigilada por la atenta mirada de su tía Hanabi y de Ko (Hinata sabía que tenía que saber qué pasaba con esos dos, pero no esta noche. Esta noche era suya), por lo que los planetas se habían alineado y todo parecía ir bien.
Quizás, si todo iba bien, por fin Naruto y ella tendrían una noche para ellos solos…
Y allí estaba ella, a medio vestir y empezando a peinarse cuando oyó una voz que le gritaba desde el salón
―¡Oy! ¡Hinata-chan! ¡Ya me voy!
Ella se sobresaltó, ¿Tan tarde se le había hecho?
―¡Espera, Naruto-kun, espera! ¡Aún no me he maquillado! ¡Tardo cinco minutos!
―¿Maquillarte? ¿Para qué quieres maquillarte, ttebayo? ¿A dónde vas?
¿A dónde iba? ¿Cómo que a dónde iba? Hinata dejó las horquillas sobre el lavabo y fue corriendo al salón. ¿Es que había oído mal?
―Mmm… ¿C-cómo que a dónde voy?... ¿N-no vamos a la cena de La Sección?
Lo último le salió con un hilillo de voz. Ahora que había llegado al salón, veía a Naruto vestido y listo para salir, pero su atuendo y su actitud no eran las de alguien que va a una cena de empresa. Le miraba muy extrañado, como si fuera la primera vez que se lo mencionaba.
―¿La cena de La Sección? ¿De qué estás hablando, Hinata-chan? ¡Sasuke ha vuelto esta mañana! ¡Sakura-chan, Sasuke y yo nos vamos a cenar!
A Hinata la boca se le abrió tan deprisa que casi golpea el suelo. Sasuke, Sasuke… Tanto tiempo planeando esto y ahora resultaba que había vuelto el dichoso Sasuke y todo se iba al garete. Hizo acopio de toda su calma, todo su cariño y todo su amor para contestar con toda la suavidad que pudo
―Naruto-kun, amor mío… Esta noche es la cena de la Sección, llevo avisándote por lo menos un mes. Cariño, me dijiste que esta vez iríamos, he puesto mucho empeño organizándola. Por favor, ¿no puedes salir esta noche conmigo y mañana sales con ellos?
Por la cara que ponía Naruto, todo esto era información completamente nueva para él.
―Ah… si… Bueno… Verás Hinata-chan, es que yo… no me acordaba y ya les he dicho que sí… Además Sasuke nunca está mucho tiempo en la aldea y es muy posible que mañana se tenga que ir así que…
―Naruto, me lo prometiste, te comprometiste conmigo antes, me ha costado mucho organizarlo todo, por favor…
―Hinata-chan, compréndelo tú por favor… Además, si salimos los dos, ¿Quién se quedará con los niños entonces?
Las palabras de Naruto golpearon como un dardo el pecho de Hinata. Sabía que esas palabras debían enfadarla, pero en realidad le hicieron daño, y mucho. A muchos niveles, porque significaban muchas cosas. De alguna parte sacó fuerzas para contestar, pero no consiguió suavizar el tono, que le salió duro y herido.
―Los niños… hace dos horas y media que no están en casa. Bolt está viendo una película en el cine con sus amigos y Himawari está con su abuelo. ¿No has notado el silencio?
En algún punto de la mirada de Naruto asomó la vergüenza, pero rápidamente bajó la mirada y la sacudió, como queriendo disipar esa idea, y volvió a la carga
― ¿Y por qué no vienes tú con nosotros? Cenas de esas hay muchas, y además, las de Operaciones siempre son muy aburridas…
Hinata volvió a coger aire.
―Amor, amor, ya sabes que debo ir, yo llevo el dinero para pagar la cena.
―Bueno, Hinata-chan, tienes que entenderlo. ¡Somos un equipo! ¡Es importante que los vea! ¡Tú ves a tus compañeros todos los días!
―¡Pero la Sección también es mi equipo ahora! Para mí también es importante verlos fuera del trabajo y cenar con ellos.
Naruto se giró hacia la puerta
―Da igual, ya les había dado mi palabra, voy a cenar con ellos
―¿Y yo? ¿Y la palabra que me diste a mí?
Hinata sintió que la furia se revolvía en su interior. Ya estaba cansada. Por una vez, sólo por una vez, se iba a atrever a contestarle, a no dejar que la ignorase. Naruto abrió la puerta y empezó a salir de la casa, mientras salía alcanzó a escuchar las palabras de Hinata, pero no les hizo caso.
―¿Y no crees que igual prefieren pasar esa noche ellos solos con su hija?
Pero la puerta ya se había cerrado. Hinata se quedó sola, en el salón, a medio vestir, a medio peinar, sin maquillar, y suspiró. Se le había puesto un nudo en la garganta que luchaba por salir por sus ojos.
Hizo lo que pudo por terminar de arreglarse, pero la verdad es que le fallaba el ánimo. Al salir de casa, empezó a caminar tímidamente, teniendo que reunir las fuerzas.
Se sentía ridícula con cada paso que daba. Se sentía ridícula con su blusa de un tejido demasiado brillante, con su falda, con sus incómodos zapatos. Total, seguro que nadie se había arreglado tanto. Se sentía ridícula con sus labios demasiado rojos que llamaban la atención hacia su cara, la cual no podía ocultar. Se sentía ridícula con su pelo peinadito y pulcro, como queriendo ser más de lo que era. ¡Pero si ni siquiera llevaba un año trabajando allí! Se sentía ridícula con esas condenadas cosas colgadas de las orejas, que tintineaban, que relucían. Se sentía ridícula con su bolsito, colgando de una cadenita ¿Quién se había creído que era? Estaba claro que no era nadie, que no era nada, que era despreciable. Ojalá, ojalá pudiera volver a casa y ponerse su ropa holgada y sus pantalones largos, o mejor, meterse bajo las sábanas y ya no salir de la cama.
Cómo odiaba la capacidad que tenía Naruto de hacerla sentir así, como si volviera a tener 12 años, como si fuera su padre quien le hablaba para recordarle la desgracia que era. ¿Qué más tenía que hacer para que alguien considerase que lo suyo era importante? Daba igual lo mucho que se esforzase, siempre había algo más importante que ella.
Pero era normal, ¿no? Al fin y al cabo se lo merecía. No tenía muy claro por qué, pero estaba claro que se lo merecía porque si no la gente que amaba no se portaría así.
Naruto tenía razón, tenía razón en todo. No debía haber dejado a los niños, y no debería haber puesto su cena por encima de las necesidades de él.
Cuando llegó a la puerta del restaurante, había tomado una decisión. Le daría el dinero a un compañero o al encargado y se daría la vuelta, volvería a casa, se cambiaría e iría en busca de su marido.
Sin embargo, cuando abrió la puerta, se quedó asombrada y su intención de irse flaqueó.
La cena se celebraba en el patio trasero del restaurante y el lugar estaba precioso, encantador más allá de toda expectativa. Hinata había trabajado mucho en la preparación de la cena, pero ahora que veía el resultado le quedaba claro que desde luego no había sido la única. Claramente aquello había sido el resultado de mucha gente trabajando junta, con ilusión y esfuerzo. Gente que, como ella, había dedicado tiempo a esa fiesta.
La mesa, en forma de U, se disponía bajo las ramas de unos árboles cuajados de cálidas lucecitas y guirnaldas, que otorgaban al lugar un ambiente mágico y festivo. Las mesas tenían copas, platos, cubiertos preciosos y estaban llenas de adornos de vivos colores, y en las sillas decoradas ya había gente sentada en pequeños grupos, tomando algo mientras esperaban a sus compañeros.
El ambiente era alegre y festivo. Todo el mundo parecía feliz.
Apenas había podido reponerse de su sorpresa cuando le llamó la atención la mujer más guapa de la fiesta, haciéndole amplias señas con la mano. Era Ino.
―¡Hinata! ¡Hinata! ¡Estamos aquí!
Ino estaba tan espectacular que hasta dolía verla. Llevaba los ojos gloriosamente sombreados, el pelo peinado de forma deslumbrante y un vestido tan divinamente llamativo, tan absolutamente favorecedor, que, si no fuera porque eran amigas, Hinata no hubiera tenido más remedio que odiarla inmediatamente. Sin embargo, sus sonrisa al verla era sincera y sus ojos brillaban de alegría cuando se acercó a darle la bienvenida, con sus brazos extendidos hacia ella para tomarla de las manos.
―Hinata, querida, qué bien que has llegado, ya estaba empezando a preocuparme. ―No paraba de hablar mientras la llevaba hacia la mesa de la mano. ―Déjame decirte que estás guapísima, esa blusa te favorece una barbaridad. De verdad, guapísima. ¿A que sí, Sai? Guapísima, ¡guapísima! Oye, ¿Dónde está Naruto?
―Um… Um…. Naruto no… No va a venir.
En la frase iba implícita una disculpa.
―¿Ah, no? ―Ino no se lo pensó dos veces―Pues entonces él se lo pierde. Mira, así puedes sentarte con Shikamaru.
Hinata se dio la vuelta para ver a donde señalaba Ino. Shikamaru estaba allí, pero no estaba Temari. Iba a preguntar, pero Sai se le adelantó.
―Hola Hinata, ¿A ti también te han dejado tirada?
―¡Sai! ¡No digas esas cosas, por favor!
―Si a los dos les han dejado tirados, ¿se sientan juntos porque tienen eso en común?
Ino suspiró ruidosamente, e Hinata se giró de nuevo hacia su jefe, que miraba a su amiga de toda la vida y su marido con cara de profundo fastidio. Debió decidir que ni siquiera iba a molestarse en contestar nada, simplemente le dio una calada al cigarro y saludó.
―Buenas noches, Hinata.
Hinata sonrió, sorprendida.
―¿Hinata? ¿Puedo prescindir aquí del Taisa?
El aludido se encogió de hombros.
― Aquí no estamos en el trabajo, aquí estamos de fiesta.
Justo en ese momento llegaron Choji y Karui, y volvieron a repetirse los saludos y las efusiones, aunque con más cariño si cabe. Al fin y al cabo, ellos eran lo sacrificados héroes que habían llevado a todos los niños al cine y luego les habían preparado una fiesta de pijamas. Pronto todos se sentaron e Hinata comprobó que lo que había dicho Ino era verdad, Temari no aparecía y ella había quedado sentada con Shikamaru. Fuera del grupo, dos servicios de mesa quedaron desiertos.
―Bueno, ¿Y qué estáis tomando?
―Hemos empezado con cervezas. ¿Queréis una? ¿Tú también, Hinata?
Karui y Choji asintieron rápidamente, y cuando Ino le preguntó directamente a Hinata, pedir agua le cruzó momentáneamente por la cabeza, pero la idea de que por fin estaba una noche de fiesta, aunque fuera ella sola, y que no era algo que le ocurriese tan a menudo se impuso. Total, por una cerveza no iba a pasar nada, así que ella también se subió al carro y asintió.
―¡Muy bien! ¡Cerveza para todos! ―Ino se giró y levantó la mano―¡Mozo! ¡Tres cervezas más por favor! Y retire esos dos platos, no se van a usar.
Pronto la sala se llenó de gente que se saludaba con alegría, y el ambiente festivo y relajado era más que evidente. A Hinata le extrañó bastante que gente tan contenida y paranoica en su día a día ahora se mostrara tan relajada. Shikamaru la debió leer perfectamente, porque sus palabras la sobresaltaron pero dieron justo en el clavo.
―La verdad es que es problemático, pero trabajamos mucho para poder hacer esto. Al fin y al cabo, todos necesitamos desconectar, aunque sea sólo dos noches al año. Es nuestro único momento para soltarnos.
Hinata no acababa de comprender, pero le dio vergüenza preguntar más. Las palabras de Shikamaru no explicaban la ausencia de la paranoia habitual. Asintió sin tenerlo todo claro, pero se le hizo la luz cuando empezaron a repartir los entrantes. Los camareros empezaron a servir la comida, y se veía deliciosa. Hinata fue a tomar los palillos para empezar a comer, pero Shikamaru le tomó de la mano, firmemente.
Asociado al sobresalto de notar esa mano sobre la suya, con tanta familiaridad, a sus mejillas subió un leve sonrojo. Levantó la cabeza para pedir una explicación, pero él ni siquiera la miraba. Estaba atento a una anécdota muy graciosa que Choji explicaba sobre una misión que implicaba a un monje, un comerciante de caballos y una prostituta retirada. Sin embargo, su agarre se hizo incluso más firme. En la mente de Hinata apareció la súbita certeza de que su relación realmente había cambiado mucho, y que no tenía caso seguir sobresaltándose así. La cercanía física con Shikamaru había pasado a ser parte de la rutina diaria. En fin, seguro que en seguida averiguaba de qué iba esto.
Miró a su alrededor. Nadie estaba comiendo.
Tras unos segundos en los que Hinata ya se preguntaba si es que no iban a comer, una camarera salió de las cocinas con una gran bandeja vacía, se colocó al lado de la puerta y movió su bandeja hasta colocarla por delante de ella, sujetándola con las manos juntas.
La sala se encrespó, era evidente que eso era una señal, pero Hinata no sabía interpretarla. Shikamaru no la soltaba, el agarre era incluso más firme, y ahora todos estaban callados, expectantes. Él, el primero. Pasaron lentamente unos cuantos segundos más, y de pronto, desde un asiento más allá en la mesa, una voz firme y cantarina se hizo oír en todo el salón.
―¡Itadakimasu!
Y como si fuera un hechizo, todos en la sala se relajaron y exclamaron
―¡Itadakimasu!
Y comenzaron a comer. Shikamaru le soltó la mano y le sonrió amablemente.
―Buen provecho, Hinata. Disfruta de la comida.
Estaba claro que en la sección de Inteligencia la paranoia no se dejaba de lado, pero por lo visto ahora tenían una noche de relax.
Según iba transcurriendo la cena, Hinata se lo iba pasando mejor y mejor, aunque claramente no era la única. Los chistes, las anécdotas, las historias, seguían una tras otra.
La comida era deliciosa y después de la cerveza llegó el vino.
Para ese momento de puntillo alcohólico de alegría, estaba feliz de haberse quedado y coincidía con Ino al 100%, Naruto se lo perdía y no al revés.
Para más inri, la gente se estaba mostrando muy cariñosa con ella. E Hinata se refería a toda la gente. Siempre estaba muy insegura en el trabajo, pensando que si alguien era amable era desde luego por educación y no porque realmente le tuvieran aprecio, pero ahora la gente se levantaba de sus asientos y, quizás a propósito o quizás porque ella estaba de camino a donde quisieran ir, le saludaban cariñosamente, le expresaban lo contentos que estaban de verla, que qué bien que hubiera podido venir a la cena, y, en general, le demostraban de diferentes formas que se alegraban de que hubiera pasado a formar parte de su equipo. Hinata estaba que no se lo creía. Ino brindaba por ella, Choji y Karui le sonreían y le incluían en la conversación y hasta Sai le hacía sentir integrada, a su manera. Incluso el Jefe parecía contento y bromeaba con ella como cuando eran jóvenes y cuidaban de Mirai.
Después del vino, vinieron los licores con el postre, y después de los licores, el brindis con el espumoso.
Hinata pensaba que el alcohol debía estar rebajado, porque ella no notaba que se le estuviese subiendo a la cabeza nada de dada. Nana. Nada.
Shikamaru no habló, por supuesto, porque hubiera sido demasiado trabajo para un momento en el que estaba de fiesta. Ino se alzó con el micrófono tras un poco de forcejeo y dio el brindis, del cual el momento más gracioso fue cuando Choji y Shikamaru decidieron que ya había hablado bastante y la sacaron del escenario.
A continuación, llegó la música y el baile. Y con ellas, los combinados.
―Hinata, ¿qué vas a tomar? ―Shikamaru se había levantado para ir a buscar un combinado y ahora le ofrecía a ella otro. La gente se había levantado de las mesas y ya estaba bailando, con la vergüenza algo perdida tras las cervezas, los vinos y los licores. Nada mal para gente que no se descontrolaba nunca, pero, al fin y al cabo, en ese momento no estaban trabajando. Así que no eran ninjas, en ese momento, ¿no? Allí nadie parecía recordar los no-no del shinobi.
―Um… Creo que… Un vodka con naranja.
Shikamaru puso cara de sincera extrañeza
―¿Vodka? ¿Tú tomas vodka?
A Hinata le dio algo de pudor asentir, pero al fin y al cabo hacía años que no se tomaba una copa en una fiesta y el vodka era su preferido.
―Vale, vale…
Al cabo de unos minutos, una copa de vodka con naranja estaba delante de ella.
―Ahora dime, ¿Qué es eso de que Hinata-chan toma vodka?
―N-no me parece algo tan raro, ¿Qué tiene de malo?
Le dio un sorbo, le pareció delicioso. Tan refrescante en esa sala en la que empezaba a hacer mucho calor para ella. Tomó otro sorbito más.
―Nada, nada. Mujer, tu puedes beber lo que quieras, pero me imaginaba que tomarías bebidas más suaves… no sé…
Hinata acabó la frase por él, alzando juguetonamente las cejas. Por supuesto, no iba borracha.
―…¿Más de niña?
Shikamaru se revolvió incómodo. Él también iba achispado ya
―Bueno, si… más… no sé…. Tsk, mujer, es sólo que no sé, que no te pega. No lo hubiera dicho. A ver, ¿desde cuándo tomas vodka?
Hinata se rió, no era la primera vez que le pasaba eso.
Pero a ver, genio ―¿Genio? ¿Cuánto había bebido?―¿Es que acaso no sabes que la bebida favorita de Kurenai-sensei es el vodka?
Ahhh…. Claro, ahora todo tiene sentido… ― Shikamaru sonreía, no se había ofendido, se lo tomaba como una broma divertida―Ya veo que Kurenai-Sensei te lo enseñó todo ¿eh?
Y le guiñó un ojo.
Él también iba más bebido de lo que parecía. Hinata no se achantó, y le contestó insinuante.
―No lo sabes tú bien
En ese momento, se acercó tímidamente un joven Hyuuga. Él también tenía las mejillas un poco sonrojadas por el alcohol. Hinata le había visto en la Seccion de Inteligencia, pero en otro departamento. A parte, por supuesto, le conocía del clan. Era un chico de la rama secundaria, amable y cortés, unos años menor que ella. Se llamaba Gennosuke.
―¿Hinata-sama?... Me preguntaba… ¿Querría salir a bailar conmigo?
Hinata se quedó muda del puro asombro. ¿Cuándo había sido la última vez que alguien le había sacado a bailar? Aún estaba soltera. Es más, ¿cuándo había sido la última vez que alguien le había llamado sama? Últimamente muy pocas. Le conmovió firmemente que un chico con el que apenas había hablado, al que siempre había visto de lejos, hubiera hecho el esfuerzo de acercarse a ella, le llamara con tanto respeto y le pidiera con tanta dulzura llevarla a bailar. Tanta emoción le impidió contestar y el pobre chico se lo tomó como una negativa.
―Bueno… Muchas gracias por su atención de todas maneras…
Afortunadamente Shikamaru lo había visto todo
―¡Espera un momento! No tan deprisa… Hinata, ¿Qué contestas?
Hinata se recompuso rápidamente.
―Contesto que sí, con gran placer, Gennosuke-kun.
Al chico se le iluminó la cara con una sonrisa, y ofreció a Hinata una mano que ella no dudó en aprovechar. Juntos, se fueron a la pista de baile.
Al cabo de un rato Hinata volvió a sentarse junto a Shikamaru, que era el único que estaba sentado, viendo como todos sus amigos y subordinados bailaban. Estaba exhausta, hacía mucho que no bailaba en una fiesta y no sabía cuándo volvería a tener la oportunidad, así que había que darlo todo. Shikamaru le acercó una copa.
―Toma, te he pedido otra porque la anterior casi no tenía.
―Muchas gracias, Shikamaru, eres un ángel.
Tomó un buen trago
―¿No vuelves a bailar?
Hinata sonrió.
― ¿Bromeas? Esta es la zona de los que han dejado tirados, y se necesitan dos para defenderla
Ambos rieron. El vodka estaba fresquito y entraba como si fuera agua. Shikamaru también debía tener sed, también tomaba largos tragos de su copa. Pese a las risas, luego pareció disgustado con el comentario.
―Mm… P-perdón Shikamaru. No quería molestarte, yo…
El negó con la cabeza.
―Déjalo, no pasa nada.
Su tono era seco y triste, pero ella sintió la necesidad de consolarle un poco, de no dejar que una fiesta que para ella era tan dulce para él fuera marga. Tomó valor y comenzó a hablar.
―Shikamaru… A mí también me han dejado tirada… Y estaba muy mal, no sabes cómo, casi no vengo para quedarme en la cama, pero entonces vi esta fiesta y, mira, todos se lo están pasando muy bien. Todos están muy contentos de verte y eso que eres el jefe. ― Él la escuchaba, mirándola a los ojos. En sus ojos, ella veía el anhelo del consuelo. Las palabras le salían atropelladas. ―Yo me alegro mucho de estar aquí, en esta fiesta, contigo. No lo cambiaría por nada. Y además, antes Ino me ha dicho una cosa y creo que tiene razón. Naruto-kun se lo pierde. ¿Entiendes, Shikamaru? Él se lo pierde. Es él que le que se lleva la peor parte. Y a Temari-san le pasa lo mismo, porque es ella la que se está perdiendo esta fiesta y esta comida deliciosa y las bebidas y la música y los bailes y la historia de Choji con el monje, el mercader y la puta. Son ellos los que se lo pierden, no nosotros. Y ni tú ni yo podemos permitirnos que gente que no está aquí nos quiten la posibilidad de divertirnos dos veces al año con gente que sí está aquí, con nosotros. Con gente que quiere estar aquí con nosotros, con gente que nos aprecia. Ellos se lo pierden. Ellos. Y nosotros también nos lo perdemos si les dejamos.
Al terminar su monólogo Hinata se quedó cohibida. No solía hablar tanto, ni tan apasionadamente (¿y… había dicho puta?), pero había debido surtir efecto porque Shikamaru la miraba muy fijamente, muy intensamente, y poco a poco, sin dejar de perforarla con la mirada, se acercó para hacerle una pregunta.
―¿Cuándo te volviste tan sabia?
Hinata no bajó la mirada ni por un segundo
―Algo debo tener, si me han llamado para trabajar en la sección de inteligencia.
Aun mirándose a los ojos, ambos sonrieron. Shikamaru aflojó la tensión, señalando hacia la pista de baile con la cabeza.
―¿Seguimos a los demás?
Hinata sonrió con picardía.
―¡En todo lo bueno!
Los primeros en irse fueron Choji y Karui, que al fin y al cabo no podían llegar tan tarde si no querían despertar a las fieras. Shikamaru y él se despidieron con abrazos efusivos y declaraciones de amor en plena fase de exaltación de la amistad. Desde luego, eran los mejores amigos del mundo. Poco a poco, la gente empezó a marcharse del local, e Ino y Sai también hicieron lo propio.
Al cabo de un rato, Shikamaru e Hinata se enfrentaron con la verdad evidente de que se habían quedado casi solos y la fiesta se había terminado.
¿Terminado? ¡No!
―Este sitio está muerto…
Shikamaru dejó su copa vacía al lado de otros vasos. Hinata lo miró, bastante mareada ¿Cuántas copas se habían tomado? Hubo un silencio en el que Shikamaru pareció meditar algo.
―Yo paso de irme a casa. ¿Y tú?
Hinata no necesitó reflexionar nada. La noche era joven y a ella le habían dejado tirada. ¿Qué más daba un rato más? El alcohol le siguió dando valor.
―Y-yo… tampoco quiero irme.
―¿Y a dónde vamos?
Hubo más reflexión
―No sé… ¿A la zona del lago?
―¿La zona del lago? ¡Pero si eso está lleno de niñatos!
Hinata no supo qué contestar. Echaba la memoria atrás y la última vez que había ido a los clubs de la zona del lago era cuando aún estaba soltera y hacía equipo con Kiba y Shino. Muchas noches fueron allí a celebrar éxitos o a consolarse por fracasos… De aquello parecía que había pasado una vida… cuando era una niñata, justamente.
Pues al final habían acabado en la zona del lago, aunque Shikamaru ya empezaba a no acordarse muy bien de cómo. Habían entrado en el local y se habían pedido otra copa, no sin incidentes.
―¡Un vodka con naranja, por favor!
―¡Señorita, no nos queda vodka!
El ruido era atronador, Hinata no se entendía con el camarero.
―¡Pues entonces un vodka con limón, por favor!
―¡A ver, señorita, que lo que pasa…!
Shikamaru llegó al rescate
―¡No se preocupe! ¡Póngame dos Whisky con Cola!
El camarero asintió y sirvió las copas. Cuando Hinata probó la suya, supo resumir perfectamente toda la situación. Se acercó al oído de Shikamaru y, un poco escandalizada, le informó.
―Shikamaru, creo… creo que esto no es vodka
Aun así, se la bebió.
El local estaba lleno de niñatos, y la música era horrible.
Shikamaru se tomaba su copa mientras veía como Hinata hablaba. Lo veía, porque no le entendía nada. Ella hablaba muy apasionadamente y hacía gestos. Parecía que le contaba alguna historia en la que ella discutía con alguien, pero Kami sabría, porque él no oía nada con esa música horrible. Asentía de vez en cuando y ella parecía contenta con esa interacción. Pronto se le acabaría la copa y no tenía ganas de seguir ahí, le estaba dando el bajón. ¿Qué podrían hacer más divertido?
De una forma completamente incógnita y misteriosa habían acabado en el Karaoke, y había resultado ser un planazo. Shikamaru temía que Hinata sólo quisiera cantar almibaradas baladas sobre el dulce amor juvenil, pero nada más lejos de la realidad. Había resultado tener un gusto musical muy influenciado por Kurenai, la cual compartía gusto musical con Asuma, el cual había adiestrado convenientemente a sus alumnos. Más o menos podría decirse que les gustaba la misma música: Rock clásico algo gamberro y canciones oldies but goldies. Se turnaban en el escenario para hacer los riffs mediante air guitar, se hacían los coros el uno al otro. Les aplaudieron mucho y hasta consiguieron que la gente cantara.
Hail (Hail), what's the matter with you feel right
Don't you feel right, baby
Hail, oh yeah, get it from the main vine, all right
Come and get your love
Come and get your love
Ambos cantaban y Bailaban. Hinata lo daba todo con el alegre ímpetu y el poco sentido del ridículo de quien ha hecho mil veces la coreografía del Ilariairé frente a una audiencia mucho más exigente y en lugares mucho más públicos. Cuando estaba en el clímax coreográficamente hablando, Hinata se cayó del escenario y aterrizó en el foso, de culo. La gente se volvió loca a reír, incluido Shikamaru, que partiéndose de risa, intentó seguir cantando…
Come and get your love
Las lágrimas de la risa no le dejaban ver bien, pero la ovación del público mereció la pena.
Llegó el temido momento y el Karaoke también cerró. Ninguno de los dos quería irse, Hinata seguía sujetando el micrófono en su mano como si fuera un preciado tesoro que impediría que le arrebataran con su vida. Incluso se subió al escenario a cantar otra vez, ya con la corriente cortada y el local vacío.
Ooh, yeah
Kick start my heart Give it a start
Shikamaru flipaba con el gusto musical de Hinata. Quién lo hubiera dicho.
Intentaron negociar con el dueño que les dejase estar un rato más, pero tras rebuscar en bolsillos y bolsos tenían por todo capital 10 ryuos y un caramelo a medio chupar (cortesía de Himawari). Todo el dinero se les había ido ya gracias a las copas tomadas en la cena, el lago y el Karaoke, que también les había dado mucha sed. Al final tuvieron que rendirse a la realidad y salir a la noche de Konoha, medio abrazados y haciendo alguna s que otra, para volver a sus casas.
El aire de la noche les pareció fresco y agradable. Las calles estaban totalmente vacías. Ninguno lo dijo pero, en su corazón, seguían sin querer ir a sus casas, esos lugares de discusiones y decepciones. El contraste con lo divertida que había sido la noche hubiera sido brutal.
En fin, por dar una vuelta, tampoco pasaba nada, ¿no?
Caminaron por las calles de la aldea, hablando en voz baja.
―Shikamaru…
―¿Si?
―Shikamaru… Me duele… Me duele… La espalda. No me acuerdo de por qué, pero me duele bastante….
Shikamaru alzó las cejas divertido. ¿La espalda? ¡Kami-sama! Lo que le dolía no era la espalda precisamente, pero ella era demasiado fina como para decirlo. Entre las neblinas alcohólicas de su cerebro, Shikamaru maquinó una bromita.
―¿Te gustaría que nos sentáramos en alguna parte?
Ella se sonrojó violentamente
―Um… N-no… Sentarme…. No…
Pobrecilla, le dio lástima.
―Anda, ven conmigo.
Hinata no hubiera sabido decir dónde estaban, o a dónde fueron. Ahora le parecía que estaba un poco borracha, pero días después se daría cuenta de que estaba muy borracha. El caso es que acabaron en un pradito rodeado de árboles, que bien podía ser un parque, una zona de entrenamiento, o un jardín.
―Ven aquí, vamos a tumbarnos a ver las nubes.
―Tsk, no te hagas la tonta, ya me has entendido.
En ese momento Hinata debió darse cuenta de que Shikamaru iba igual de borracho que ella, pero por azares de su vida siempre creía lo mejor de los demás y lo peor de sí misma. Así que encajó el comentario y se tumbó a su lado.
La hierba era mullida, y acariciaba sus cuerpos con delicadeza como la dulce mano de un niño. La brisa era fresca, y hacía sonar las hojas en los árboles como una misteriosa sinfonía perdida. Las estrellas brillaban en la oscuridad, como luces al final del túnel. Los dos las observaban en silencio, juntos, embriagados por su belleza (y por el alcohol). Shikamaru fue el primero en romper el silencio.
―¿Te encuentras mejor?
Hinata sonrió
―Si… Gracias
Y volvió a hacerse el silencio.
―Shikamaru… Yo… Yo ya te he contado en el lago todo lo que me ha pasado hoy con Naruto-kun y por qué no quiero volver a casa… pero… ¿Y tú? ¿Por qué no quieres volver a casa?
Shikamaru cerró los ojos con fuerza, rechazando los recuerdos. La noche estaba siendo tan estupenda, ¿Por qué sacar ahora todo eso? Es más, y si lo sacaba… ¿qué pasaría? Hinata se burlaría de él. Ella debió ver su conflicto en su cara y volvió a la carga.
―Shikamaru…Cuando he tenido un problema tú me has escuchado, y me ha ayudado contártelo… Mi vida ha cambiado gracias a ti, no creas que no lo sé… Puedes contármelo, de verdad que puedes… Yo quiero ayudar a Shikamaru.
Shikamaru se incorporó, sentándose como si tuviese un muelle debajo. Hinata también se alzó.
―Pero es que… es problemático… además contarlo… ¿Para qué? ¿Para que me llames bebé llorón?
Las palabras salieron bruscas, e Hinata las sintió como un golpe en el estómago. Shikamaru se arrepintió de haberlo dicho inmediatamente, su ira no iba con ella, sus problemas no iban con ella. Intentó disculparse como pudo.
―Hinata, lo siento yo… No quería ser tan brusco. Tú eres una de las pocas personas sinceras y amables que hay en mi vida. Una de las pocas personas en las que confío. No quiero hacerte cargar con más.
―…¿Con más?
―Si… mira… no creas que no lo veo… No creas que no te veo siempre tratada como una niña pequeña por las personas a las que quieres como si no fueras una de las mejores kunoichis de tu generación. No creas que no veo cómo luchas por reclamar tu lugar cuando son las personas a las que quieres las que no te lo ceden. Te dejan a un lado y tú lo aceptas sin más, con un papel que no era el que tu querías pero que alguien tiene que hacerlo. Tú vales mucho, muchísimo. Como persona y como ninja. Y veo cómo te quedas siempre en segundo plano por las acciones de unos pocos. ¿Por qué no puedes ver lo mucho que vales? ¿Por qué no te lo crees? ¿No lo has visto hoy? La gente te adora. Tu padre no se dio cuenta de lo buena que eras cuando tuvo la oportunidad, Neji se dio cuenta pero cuando ya era tarde y desde luego ese imbécil de Naruto no tiene ni idea de la suerte que tiene estando a tu lado. No Hinata… tú ya tienes mucho en tu casa como para que yo te eche encima mis problemas.
Hinata, al oír esas palabras, sintió que algo se revolvía dentro de ella. Nunca imaginó que Shikamaru y ella podían parecerse. Pues bien, si alguien sabía lo mucho que se necesitaba un apoyo en momentos como este era ella, así que tomó valor y de paso la mano de Shikamaru. Sus palabras fueron dichas desde su corazón.
―Shikamaru… ¿No te das cuenta? A ti te pasa lo mismo…
Igual dar un discurso desde el corazón medio borracha no era tan buena idea, pero ahora que tenía la atención de Shikamaru no podía dejarlo pasar.
―Lo que quiero decir es… No sé qué te ha pasado, no sé qué te han dicho no quién te lo ha dicho, aunque me lo puedo imaginar porque, como me has dicho tú a mí, las heridas más profundas nos las hacen las personas a quien más queremos. Pero es mentira. No eres un bebé llorón, eres una de las personas más valientes y amables que he conocido nunca, alguien que de verdad se preocupa por la gente que quiere, alguien apasionado que sólo tiene cariño que ofrecer, y que para cuidar a los que quiere iría hasta las puertas del infierno y más allá. No eres un vago, eres una de las personas más trabajadoras que conozco porque, créeme que lo sé bien, hay más trabajo que el de oficina. Y tú cumples con todos, eres buen trabajador, eres buen amigo, eres buen padre y buen esposo. Te preocupas por Mirai-chan cuando muchos otros ya hubieran pasado a estas alturas, no dejas que Shikadai-kun se vaya a la cama sin haber tenido un rato de enseñanza y conexión con él…. En general te esfuerzas tanto tantísimo que es natural que necesites descansar un poco―Shikamaru soltó una risa que fue como un resoplido. No dejaba de mirarla mientras hablaba. Sus ojos brillaban. Hinata continuó. ―En la oficina todos te aprecian y nadie diría ni que eres un vago ni que eres un quejica. ¿No lo ves? A ti te pasa lo mismo, todo el mundo te quiere y no lo ves… No perdona, más bien es: Todos te queremos y parece que no lo ves. Eres un buen hombre, Nara Shikamaru, Temari es la mujer más afortunada del mundo por tenerte, más te vale empezar a creértelo tú también.
Cuando Hinata terminó, Shikamaru no dijo nada. Simplemente se quedó mirándola, y su expresión era la de alguien que ha recibido una caricia sincera cuando hace mucho tiempo que no había tenido contacto humano.
Él sólo le miraba a ella.
Ella le sonreía dulcemente a él.
En ese momento, lentamente, poco a poco, ocurrió.
Eliminaron con suavidad el espacio que había entre los dos, y se besaron. Y el beso fue largo, fue profundo, y fue sensual. Duró bastante más de lo que debería haber durado para que la excusa de Ha Sido Un Accidente Y Yo No Quería fuera creíble.
Aun así, cuando se separaron, y quizás dos segundos demasiado tarde, se sobresaltaron y se deshicieron en excusas
―Hinata, perdóname, yo no…
―No, no, esto ha sido un error, no sé qué pasó, perdón, perdón, perdón
―No, perdóname, perdóname
―No, perdóname tu a mí, mejor… mejor me voy
Hinata se fue corriendo hacia las luces más cercanas, cuando llegó a la farola más cercana, pudo orientarse y encontrar el camino a casa. A lo lejos, Shikamaru también se iba.
Para Hinata, la vuelta a casa fue el infierno mismo. Kami sama, ¿Qué había hecho?
¿En qué momento?
¿Por qué?
Naruto no se merecía esto, Kami-sama, ¿Qué iba a hacer? Sus manos temblaba, las lágrimas luchaban por salir de sus ojos. No, no, no, no…. ¿Cómo había podido traicionar así, de esa manera a su marido, al padre de sus hijos? No era más que un ser humano horrible, y ahora seguro que Naruto estaba en casa, esperándola, deseoso de hacer las paces. Y ella… se había ido de fiesta para acabar… Mejor no pensarlo…. Al finar era verdad, no debía haberse ido de fiesta, se lo había pasado muy bien pero… ¿Qué iba a pasar el lunes?
No, espera, ¿Qué iba pasar el lunes?
Hinata había llegado a su casa y estaba a punto de meter la llave en la cerradura cuando se dio cuenta de eso. El lunes volvería al trabajo y vería a Shikamaru, y todo estaría tenso y terrible y podría interferir con sus labores.
Allí, en su puerta, Hinata pensó en que mejor no entrar, porque debía aclarar todo con Shikamaru, asegurarse de que podrían superar ese error, que sólo había sido un beso y nada más, una estupidez de borrachos como… ¡como cuando Kiba, Shino y ella habían acabado dentro de una fuente la primera vez que probaron el sake! ¡Si, eso! Una tontería, algo que no debía ser tomado como algo que definiera su vida… Bajo el influjo del alcohol la gente hace muchas estupideces… Lo hablaría con Shikamaru, que ya debía haber llegado a su casa y luego volvería a casa, despertaría a Naruto y le abrazaría y le recordaría que sólo le amaba a él.
Hinata se dio la vuelta y se marchó hacia la casa de los Nara.
Tiempo después, cuando por fin pudiera ser sincera con ella misma, cuando ya no se pudo engañar y todas las excusas que se ponía a sí misma se derrumbaron como un castillo de naipes, pudo admitirse la verdad. Que no entró en casa y despertó a Naruto, que no le contó lo que había hecho y suplicó su perdón, porque no quería. Porque lo que quería, lo que de verdad quería, era no entrar en su casa e ir a la de Shikamaru.
Tocó a puerta y Shikamaru abrió en seguida. Ella entró como un ciclón en la casa, totalmente dominada por sus emociones, de una forma muy poco propia de ella…
―Shi… Shikamaru, eee… escucha, n-no quería irme a dormir s-sin haber hablado esto antes contigo, c-creo que tenemos que aclararlo, n-no sé lo que pasó pero creo que podemos atribuirlo al alcohol y a un momento de debilidad. P-p-por favor, no quiero que esto interfiera en el trabajo, p-por favor, debes creerme, Naruto es el amor de mi vida, y yo sólo quiero estar con él.
Shikamaru lo había oído todo sorprendido, pero cuando Hinata terminó, se relajó y sonrió.
―Me alegro mucho de que digas eso, porque la verdad es que yo estoy completamente enamorado de Temari.
Hinata suspiró aliviada, todo se había solucionado entre ellos.
―Bien, entonces.
―Si, bien.
Y se miraron a los ojos. Y en ese momento se olvidaron de todo.
Instantes después, en el dormitorio, cuando Shikamaru había finalizado de ser presa del orgasmo, cuando Hinata aún estaba disfrutando de los últimos coletazos de placer que sentía encima de él, él dentro de ella, en esos momentos de pura relajación inmediatamente posteriores al clímax, Hinata bajó la mirada y se encontró con la de Shikamaru.
En ese momento, se dieron cuenta de lo que habían hecho, y se tensaron con horrorizado estupor. Lo que hacía un momento era placer, ahora era espanto. ¿Qué habían hecho?
Hinata se bajó de Shikamaru y preguntó dónde estaba el baño. Él se lo señaló con un gesto, y ella fue corriendo hacia allá, intentando recoger su ropa de la forma más digna posible y sin exponerse.
Para cuando salió, Shikamaru se había puesto los pantalones y estaba quitando las sábanas. Se miraron, ella aun totalmente sonrojada, él con la cara de quien la situación le ha pillado desprevenido y le está sobrepasando por momentos. Ambos se quedaron completamente callados, esperando. Al final, Hinata rompió el silencio.
―Esto… Esto ha sido un error
Shikamaru parecía muy molesto
―Concuerdo completamente, es la mayor estupidez que he hecho en mi vida.
―Um… Yo… Yo ya me voy…
Según Hinata se daba la vuelta, oyó la voz de él.
―No volveremos a hablar de esto, no lo mencionaremos, actuaremos como si esto no hubiese pasado. Es más, esto no ha pasado, ¿entiendes?
Hinata asintió sin girarse y salió hacia la noche. Nadie podía saberlo.
Si la vuelta a casa tras un beso había sido mala, la vuelta a casa tras… eso… fue la experiencia más terrible de su vida. Esto ya no se podía ocultar, le había puesto los cuernos a su marido con su amigo, su compañero. ¿Y todo por qué? ¿Cómo había ocurrido tan fácil?
Kami-sama, ¿En qué momento se había vuelto una persona tan horrible que era capaz de anunciar su amor por una persona y luego… luego acostarse con otra? ¿Y todo por qué? ¿Es que Naruto trabajaba mucho y ya se merecía esto?
Kami-sama, ¿Cómo iba a ir a casa ahora, esa casa que compartía con él? ¿Cómo iba a ir a la cama ahora, esa cama donde él la estaría esperando? ¿Cómo iba a acurrucarse entre sus brazos? ¿A recibir sus besos? Si no era más que una sucia traidora…
Y los niños, Kami-sama, los niños… Qué necesidad había de exponerlos a estos daños, de jugar con su felicidad de esa manera…. Hinata no se merecía volver con ellos, no se merecía su cariño, no merecía su amor. Cuando llegara, haría promesa, voto, juramento, de ser la madre más abnegada y servicial posible. Incluso podría dejar su trabajo en la sección, sí, eso haría. Se dedicaría únicamente a su familia.
Naruto se lo merecía todo y ella se aseguraría de que lo tuviera.
Introdujo temblorosamente la llave en la cerradura, y le dio la vuelta para abrir.
Un momento, ¿Qué era esto? ¿Por qué la puerta estaba cerrada?
Hinata siguió girando la llave y su angustia fue opacada por la incredulidad que fue opacada por la ira.
La puerta estaba cerrada.
Ella quiso creer que era porque Naruto al volver la había cerrado sin darse cuenta, pero cuando entró, la casa estaba silenciosa y fría.
Demasiado.
Subió corriendo al dormitorio, y despejó sus dudas encendiendo la luz.
La cama estaba vacía.
En el corazón de Hinata había tormenta, y el rayo de la angustia, la ira, la desesperación le hirió en lo más profundo. Las lágrimas le brotaron y empezó a llorar, rompiéndose. Deshizo la cama con brusquedad, con locura, en medio del llanto, para no verla así, tan pulcramente hecha, tan obvio que nadie había llegado allí.
Daba igual, ¿no? Daba igual todo. Daba igual que ella se hubiera ido de cena, que hubiera bailado con todos, que se hubiera emborrachado. Daba igual que se hubiera ido al club y al karaoke. Daba igual que se hubiera acostado con otro. ¡A quién le importaba! ¡Desde luego a su marido no! Porque eran las 4 de la mañana y su cama estaba vacía. ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué siempre la dejaba sola?! ¿Por qué ella no importaba ni cuándo…? Ni cuando…
Nunca. Ella no importaba, no importaba ni lo que hiciera ni lo que dejara de hacer. No importaba nunca. Ella se moría del arrepentimiento y la preocupación cuando su marido la había dejado sola, como siempre. A él no le importaba. Él estaba donde quería estar, y no era a su lado. Eso estaba claro.
Fue al baño y se miró en el espejo. La cara sonrojada, el maquillaje corrido. Agarró la toalla y la lanzó contra su reflejo con fuerza y luego se sentó en el suelo del baño, echa un ovillo, escondiendo su cara entre las rodillas para no ver, para no oír, para que no le entraran ganas de deshacer más camas.
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N/A: Gracias a todos por leer, seguir y comentar. Gracias por vuestros buenos deseos. Esta semana todo han sido idas y venidas al hospital…
Espero que os guste este capítulo, yo tenía muchas ganas de publicarlo. En realidad fue el primero que escribí (mi forma de escribir es algo caótica). Quizás notéis que falta cierta parte… Tendréis que esperar al próximo capítulo para eso. Después de todo, Naruto no sería Naruto sin flashbacks.
Me gustaría agradecer especialmente sus reviews a hinatalphard, Tchuma Tendai, tomatilla, KattytoNebel y Tamashitsumo. Agradezco muchísimo vuestras palabras.
Tomatilla: Gracias por tus palabras. Intento seguir publicando mientras pueda, pero quién sabe… Has dicho algo muy importante sobre el clan Hyuuga: Algo importante se está cociendo. ¿Podrá descubrirlo Hinata a tiempo? ¿Por qué no conformarse con sus labores de farmacia? No creo que sea spoiler si te digo que el consejo del clan (ese malvado consejo que tantos villanos ha hecho en tantos fics) no se va a conformar con ser un clan de boticarios. Habrá que ver qué planean.
Cualquier crítica o comentario también es siempre bienvenido
Gracias a todos.
