Disclaimer: Nada es mío. Esto se hace sin ánimo de lucro.
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El punto ciego
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Capítulo 16: Después
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N/A: Me temo que esto es una despedida, al menos de momento. Mi salud no mejora. Tengo mucho dolor. Cuando no estoy trabajando o cuidando de los míos tengo que acostarme e intentar descansar. No he podido escribir casi. Espero que entendáis que debo ahorrar energías para atender otros aspectos de mi vida.
Esto va a ser duro unos meses, ¡pero no voy a morirme de esto! Así que con pensamientos positivos en mente, he decidido darme un descanso. Quisiera plantear este episodio como un final de temporada, un hasta luego. Pienso darme unos meses para recuperarme, y mientras seguir escribiendo. Estoy bajo cuidado médico. Todo va a ir más que bien.
Sin más dilación os dejo con el capítulo. Más aclaraciones abajo.
Advertencias: Lemmon
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Levantarse por la mañana y descubrir que no eres la persona que creías que eras es una experiencia traumática para cualquiera.
Hinata y Shikamaru, cada uno en sus respectivas casas, al día siguiente, luchaban con esa certeza mientras se preparaban para recoger a sus hijos.
A parte de la terrible resaca, Shikamaru se sentía fatal por otros motivos.
Él no era así, no era así, joder. Él era una persona leal, una persona de palabra. No era alguien que le ponía los cuernos a su mujer a la primera de cambio. Temari… Temari no se lo merecía. Era verdad que su matrimonio no estaba en su mejor momento, pero eso no era excusa. Lo que había hecho era terrible e iba más allá de todo perdón. Además… ¿cómo había ocurrido? Es verdad que se habían besado pero… sólo había sido un beso, nada más.
…Los labios de Hinata, suaves, ardientes, jugosos, contra los suyos…
Shikamaru sacudió la cabeza. No quería pensar en esas cosas. No quería recordar esas cosas.
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Hinata observaba la suave respiración de su marido dormido. Naruto había llegado en algún momento de la noche, cuando ella ya no había podido aguantar más y se había dormido. Ahora que le veía, le parecía un ser puro e inocente que desde luego no se merecía lo que ella había le había hecho. ¿Cómo había podido ser? Si ella sólo le había amado a él toda su vida… desde que era una niña sólo había existido él. Hinata sacudió la cabeza con tristeza. Ella no era así, ella era una persona leal, era una persona entregada. ¿Cómo había podido llegar a ese punto?
… El aliento de Shikamaru, ardiente, intoxicante, embriagante… sus besos oscuros acariciando su núcleo…
Hinata evitó esos pensamientos, esos recuerdos. No, no. Mejor no.
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El domingo por la tarde, padre e hijo fueron a la estación de tren a recoger a Temari. Shikamaru se planteó seriamente llevarle flores, impulsado por la culpa y el remordimiento, pero nunca lo hacía… A lo mejor Temari sospechaba que algo pasaba…
Su hijito interrumpió sus pensamientos
―¡Papá! ¡Ahí está mamá!
Shikadai agitaba su manita para saludar a su mamá, que le devolvía el saludo desde la ventanilla mientras el tren se paraba. Parecía cansada. La verdad es que el fin de semana no había sido fácil para ella.
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Temari salió al balcón únicamente para poder respirar el aire del desierto. La cena había sido tranquila, aparte de las insistencias de Kankuro, y ahora disfrutaba de la noche desértica que tanto había echado de menos. El aire frío y seco, la arena en el ambiente, las chicharras, las montañas de ese extraño tono violáceo… La cena había sido deliciosa, llena de comida familiar y reconfortante, y ahora seguro que podría disfrutar de un sueño reparador…
―¿Buscas soledad o puedo acompañarte?
Kankuro había ido a buscarla, Temari no pudo evitar fruncir el ceño
―Mientras no quieras hablar de política, eres siempre bienvenido.
Kankuro se molestó
―La situación aquí no es fácil, Temari. ¿Es que no te quieres dar cuenta?
―Creo que eres tú el que no se da cuenta de lo que me pides. Konoha es mi aldea ahora.
―Si, y eres embajadora de la Arena. Sigues trabajando para la Arena.
Temari apretó los dientes.
―¿Esto lo ha autorizado Gaara?
Kankuro no dijo nada.
―Dime, Kankuro. ¿Es una orden del Kazekage?
Kankuro desvió la mirada, Temari entendió la respuesta.
―Pues mientras Gaara no lo autorice no pienso ir aireando secretos de Konoha sólo porque a ti te apetezca. ¿No lo entiendes Kankuro? ¡Konoha es el hogar de mi hijo!
―Si, y hablando de eso ¿Por qué no lo has traído? Sabes que tiene una responsabilidad con la Arena
―¿Perdona? ¿Cómo? ―Temari se enfadó―¡Eres tu el que tiene una responsabilidad! ¡Gaara tiene una responsabilidad! Cuando me fui a Konoha ya discutimos esto, y ambos concordasteis en que buscaríais esposa para tener un heredero. ¿Dónde están esas mujeres? ¿Dónde? Ahora, de pronto, Shikadai es el heredero a Kazekage, cuando el pobre sólo tiene 5 años y ha nacido en otro país. ¿Y quieres que lo traiga para que le entrenes? ¿Para que lo adoctrines? Si traigo a Shikadai es para que conozca parte de su cultura, ¡no para que te sirva a ti de marioneta!
Kankuro también estaba enfadado
―Qué fácil te ha sido olvidar tus raíces, Temari.
La discusión se extendió hasta el amanecer.
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Cuando Temari bajó del tren, su marido la abrazó con fuerza, y la besó con pasión, como buscando algo, como intentando transmitir algo. Pese al cansancio, ella no pudo evitar sonreir.
―Vaya un recibimiento, voy a tener que irme más veces para que me recojas en la estación y me beses así.
Shikamaru sonrió, pero evadió la mirada.
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Se evitaron todo el fin de semana, pero el lunes fue imposible evitarse más.
Hinata esperaba a la puerta de la escuela, sonrojada, cabizbaja. Cuando vió a Shikamaru, ninguno supo qué hacer.
Ella estaba cohibida, él parecía muy cabreado cuando la vio.
Al final, Shikamaru decidió acortar la distancia entre los dos. Cuando habló, su tono era impaciente, seco.
―¿Qué quieres?
―Um... Um… Yo… Hoy es lunes, Taisa. Debo reportarle…
―¿Y tienes algo que reportar?
―Um… pues… Um… En realidad…
La mirada se Shikamaru le dijo que se dejara de tonterías.
―La situación continúa más o menos igual… Aún no tengo indicios claros de otros temas que reportar…
De repente, decirle que Iwashi echaba mucho de menos a su familia y que Bakuhatsu y Hahen en realidad se amaban le pareció irrelevante. La pregunta de Shikamaru la desconcertó.
―¿Se lo has dicho a alguien? ¿Se lo has dicho a Naruto?
―Eh… ¿Cómo? Taisa, no el entiendo.
―Lo de la cena, lo que pasó… el otro día. ¿Se lo has dicho a tu marido?
Hinata se sonrojó del todo, recuerdos que había reprimido se lanzaron a ella en un momento.
… Las manos de Shikamaru, impacientes, ansiosas, exigentes, acariciando sus muslos por debajo de la falda… Sus labios, devorando su cuello…
Como pudo, negó.
Shikamaru sólo la miró un momento, fijamente, y luego le habló de forma cortante.
―No te acerques a mí
Y se fue, dejándola sola y confundida, luchando con reprimir lo que habían vivido.
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En el camino a la torre, Shikamaru, por una vez en su vida, intentaba no pensar. Al ver a Hinata así… sonrojada…
… Los labios de Hinata, rojos de tanto besarla… Sus manos, desnudándole, acariciando su abdomen… Su cálido cuerpo, presionado contra el suyo…
No, no, no. No podía pensar en eso. No estaba bien.
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Se siguieron evitando cuidadosamente, pero hubo un momento en el que ya no pudo ser. Hinata había detectado otro informe mal clasificado. Lo estuvo mirando un cuarto de hora antes de reunir el valor para verle. Cada vez que le veía… cada vez que pensaba en él… no podía evitarlo…
…La lengua de Shikamaru, acariciando sus pezones…Su mano, sujetando firmemente el cabello de su nuca…
Carraspeó para evitar el pensamiento.
―Querida, ¿estás bien?
―¿Eh? ¡Ah! Si, Kaori-san, si. No se preocupe.
Kaori la miraba maternalmente, con preocupación.
―Si no te encuentras bien deberías irte a casa. Aquí también nos ponemos enfermos de verdad, ¿sabes?
―¡P-pero si no es nada! De verdad, gracias… Es que creo que me he vestido muy abrigada para el calor que hace. ¡Qué torpe soy!
Kaori suspiró, ella sabría.
―Como quieras.
Hinata tomó fuerzas para afrontar lo que debía hacer y dirigirse al despacho de Shikamaru.
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Shikamaru llevaba días intentando pensar en lo que tenía que pensar. Sin embargo, sólo pensaba en una cosa, por mucho que lo evitaba. Había necesitado de todas sus fuerzas y toda su concentración para poder realizar una parte de todo el trabajo que debería haber hecho. Esa mujer le había embrujado, le había hecho algo. ¿Sería un jutsu?
Tocaron a la puerta
―Pase
Para su desgracia, allí estaba ella. Sonrojada, cabizbaja. La imagen pura de la inocencia. Esos pensamientos que llevaba días intentando controlar reventaron la presa de su autocontrol.
…Hinata le besaba, con unos besos ardientes que le estaban volviendo loco. Notaba su tórax desnudo contra los pechos de ella, que le estaba desabrochando los pantalones mientras le mantenía cerca, muy cerca de ella. Todo era calor, todo era bruma. Cuando le desabrochó el cinturón, buscó más piel por debajo de la ropa. Sus lenguas se frotaban, él le acariciaba la nuca, la espalda, las nalgas. Ella había metido sus manos bajo sus pantalones. Al principio, sólo unos dedos, tiernos, suaves, amables, pero luego introdujo las manos y le acarició en…
Shikamaru se deshizo de esos pensamientos inmediatamente. Carraspeó
―¿Qué quieres?
―Taisa… He encontrado otro informe mal clasificado… Se lo traigo como usted me pidió.
Ella lo dejó encima de la mesa al ver que él no contestaba. Él miraba el informe con el ceño fruncido.
―Qué oportuno, ¿no?
Hinata no entendía
―¿Cómo dice?
―Nada, sólo que te he dicho que no te acerques a mí y de la nada aparece este informe y tienes que venir a mi despacho. ¿Qué pretendes? Lo del otro día no se va a repetir.
Hinata se ofendió ante esas palabras, pero intentó ser profesional
―Taisa, yo he venido con este informe porque esas son mi órdenes. No sé qué está insinuando. Lo que usted y yo hicimos fue algo personal y no lo voy a mezclar con algo profesional.
―¿Ah si? Pues cualquiera podría pensar que te has acostado con tu jefe para obtener un trato de favor.
Hinata se quedó clavada en el sitio, como si le hubieran dado una bofetada. Al verla, Shikamaru se sintió un cabrón retorcido. Se arrepintió de inmediato. Esperó que le gritase, esperó que le diese una bofetada ella a él, pero nada de eso pasó. Ella se quedó allí, clavada en el sitio, mientras las lágrimas empezaban a salir de sus ojos.
―Shikamaru… Yo sé que lo que hicimos estuvo mal… muy mal… Pero lo que hicimos no tuvo nada que ver con eso… Al menos para mí…
Shikamaru tuvo un primer impulso de levantarse y abrazarla, pero lo reprimió. No podía asegurar que no la besara.
Para defenderse, decidió volver a atacar
―Tú tienes muy claro por qué lo hicimos, pero yo no. ¿Es que usaste tus trucos de kunoichi conmigo?
Hinata se quedó con la boca abierta
―¿P-pero… q-qué insinúas?
―No sé, dímelo tú. Tú fuiste la que viniste a mi casa.
Ella hacía esfuerzos por mantener la calma.
―Shikamaru, ¡Tú fuiste el que me llevó a tu dormitorio! ¿I-intentas decirme que tú n-no querías también?
―Lo has dicho tú, que no yo.
Eso ya era el colmo. Decidió irse. Su voz intentaba no temblar.
―Pocas personas me han decepcionado como tú, Shikamaru.
Cuando salió, Shikamaru se quedó solo, frustrado, sintiéndose como un cerdo, como un miserable y sin saber seguro por qué había sentido la necesidad de cargarle a ella sus propios errores.
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Los días pasaban. Hinata se sentía fatal. Había resultado ser exactamente lo que su padre decía de ella. Había resultado ser una desgracia.
Había sido infiel a su adorado marido, había roto sus votos. Naruto venía a casa y se iba sonriéndola como siempre, y ella no se atrevía a decirle nada, porque no quería que el amor de su vida le mirase como ella se miraba al espejo.
La persona con la que se había acostado, su jefe, la evitaba como la peste, haciendo que ir al trabajo fuera una experiencia bastante desagradable.
Para colmo, ella no podía evitar pensar en lo que pasó esa noche
…Él la abrazaba, la acariciaba, como si no hubiese nadie más en el mundo… El tórrido contacto de su piel desnuda le abrasaba y le aliviaba a partes iguales…Sus manos hurgaban en su intimidad otorgándola un placer inaudito…
Sacudió la cabeza. Lo peor era que…
No, mejor no pensar en eso. Mejor no admitirlo.
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Shikamaru se sentía como una mierda. Notaba el conflicto dentro de él. Notaba cómo su espíritu se partía ante la dicotomía de lo horrible de sus actos y que…
Uf, no, que idea más escandalosa.
Se sentía como un cabrón por cómo había tratado a Temari, pero se sentía como un cabrón también por cómo había tratado a Hinata. No podía evitar atacarla en un intento de defenderse de la perturbadora idea que le asaltaba constantemente: Lo fácil que le había sido serle infiel a Temari. No, más bien, lo fácil que le había sido serle infiel a Temari con Hinata. Le era más fácil atacar a otro que aceptar sus actos.
Shikamaru se tomó la cabeza con las manos. Maldita sea. Ojalá estuviera su padre, ojalá estuviera su maestro. Todo esto había conseguido que se volviera a comportar como un crío.
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Hinata salía de la escuela con Boruto. Maternalmente, le desenvolvió la merienda que le había llevado y se la dio.
―¡Gracias mamá!
―De nada, querido. ¿Quieres agua?
El niño negó con la cabeza.
Caminaron unos pasos en silencio mientras Boruto daba buena cuenta de su bocadillo, pero pronto rompió el silencio.
―Mamá, ¿Puede venir Shikadai-kun a dormir una noche este fin de semana?
Hinata se puso tensa ante la sola idea. El niño intentó convencerla.
―Andaaa, porfiiiiiii… Es que nos lo pasamos muy bien en la pijamada. Te prometo que nos portaremos muy bien.
Hinata tenía la boca seca.
―¿Qué… qué ha dicho el papá de Shikadai-kun?
―No lo sé, se lo preguntará hoy, supongo.
Hinata se conmovió. Los niños no tenían que pagar por sus errores.
―Bueno, si a sus padres le parece bien, a mí también. ¡Pero papá debe darte también permiso!
―¡Bien! ¡Gracias mamá!
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Shikadai estaba terminando de merendar en su casa.
―Mamá, ¿puedo ir a dormir a casa de Boruto una noche este fin de semana?
Temari le miró dulcemente
―¿Y eso? ¿Es una fiesta?
El niño estaba un poco cohibido, pero sonreía.
―Um…. No…. Es que… Nos lo pasamos muy bien el otro día y teníamos ganas…
Temari frunció el ceño. Su hijito insistió.
―¿Por favor?
La madre sonrió. ¿Por qué no? Tenía que aprovechar ahora que sólo era un niño. Después de todo… las cosas podían complicarse en el futuro.
―Bueno… pero antes tendré que hablar con su madre, ¿Vale?
Shikadai estaba eufórico.
―¡Gracias mamá!
Shikamaru llegó en ese momento.
―¡Hola! ¿Qué pasa? Shikadai-kun, ¿por qué estás tan contento?
―¡Mamá me ha dado permiso para ir a dormir a casa de Boruto-kun!
―Si… Oye, ahora que lo pienso. ¿Su madre no trabaja para ti? Podrías quedar tú con ella directamente y llevarle al niño. Yo no sé si podré. Ahora hay mucho lío en la sección consular.
Shikamaru no supo qué cara poner. Se escabulló como pudo para fumarse un cigarro.
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La situación era muy incómoda para Hinata, pero porque ella hubiera cometido un error sus hijos no tenían por qué sufrir. Acordó como pudo la visita de Shikadai con Shikamaru. Seguía evitándola a toda costa, y cuando le hablaba, era muy bruscamente. Ella tampoco quería hablar con él, después de lo mal que se estaba portando con ella, como si aquello no hubiera sido cosa de dos.
Suspiró.
Por suerte o por desgracia, ahora tenía cosas más urgentes de las que preocuparse.
―Los patitos, al bañarse, meneaban la colita….
Hinata cantaba y bailaba para Himawari, que estaba en la bañera. Sin embargo, ella no le seguía. Frunció el ceño. Su normalmente enérgica hijita estaba muy decaída.
―Hijita, ¿seguro que te encuentras bien?
Himawari sólo levantó los hombros, mohína.
Hinata, preocupada, le tomó la temperatura con la mano. A ella no le parecía caliente. Sin embargo, Himawari no había querido comer nada y llevaba todo el día muy decaída. Hinata había decidido bañarla temprano y meterla en la cama para que pudiera descansar sin que su hermano y Shikadai-kun, que venía esta noche, la molestaran.
Le estaba poniendo el pijama cuando llamaron a la puerta. Hinata tomó fuerzas, seguro que era Shikamaru.
Cuando abrió, allí estaba él. Frío. Serio.
Shikadai era todo lo contrario. Saludó alegremente y se fue corriendo con su amigo, que estaba haciendo la tarea en la sala.
Shikamaru no quiso alargar la situación más de lo necesario.
―Yo ya me voy. Recogeremos a Shikadai mañana por la mañana.
La voz de Hinata le sobresaltó cuando se estaba dando la vuelta.
―Shikamaru, ¡espera por favor! ―Él sólo la miró. Ella tomó aire. ―¿Puedes hacerme un favor? Himawari no se encuantra bien. ¿Puedes echar un vistazo a los chicos mientras la acuesto?
Shikamaru se lo pensó un par de segundos, pero cualquier situación incómoda con Hinata quedaba en muy segundo plano ante la necesidad de que tres niños estuvieran bien cuidados.
―Sí, claro.
El alivio de Hinata fue evidente.
―Muchísimas gracias. ―Le señaló la cocina. ―Les he preparado algo de comer en la cocina, por si quieren. Yo en seguida bajo.
―Si, tranquila.
Tras acostar a HImawari y asegurarse de que dormía plácidamente, Hinata bajó a la sala de nuevo. Allí, los niños se habían comido lo que les había preparado y jugaban a intercambiar cromos.
―¡Oye, me dijiste que tenías dos de Hashirama y no encuentro ninguno!
―¡Que sí, que está repe!
―Pues he repasado dos veces el mazo.
Boruto se quedó pensativo.
―¡Igual está arriba! ¡Vamos!
La voz de Hinata fue autoritaria.
―¡Boruto-kun! No hagáis ruido arriba, Himawari está dormida.
―¡Si mamá!
Los dos niños subieron corriendo las escaleras y dejaron a los dos adultos solos.
Estaban solos.
Hinata no pudo evitar ser muy consciente de ello cuando recogía los platos y los vasos de los niños. Sin mirar a Shikamaru, se dirigió a la cocina, intentando no pensar en por qué estaba tan nerviosa. Por qué le temblaban las manos.
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Shikamaru observó a Hinata irse a la cocina. Sin poderlo evitar, sus pies se pusieron en marcha para ir tras ella.
Estaban solos.
De pronto esa idea le dominaba.
Qué raro. Habían estado solos más veces. Pero ahora… Ahora…
Cuando llegó a la cocina, ella estaba dejando los platos en la encimera. Ella le miró.
El aire entre los dos estaba electrizado, denso. Los brazos, las piernas, le ardían. Su cuerpo estaba deseoso de… algo.
―¿Necesitas algo, Shikamaru?
Ella también estaba tensa. Expectante, más bien.
Intentó recuperar la cordura
―Esto ha sido una mala idea.
Cuando estaba por salir de la habitación, la voz de Hinata le reclamó atención.
―Shikamaru, por favor… Esto ya empieza a ser ridículo… Los niños son amigos, trabajamos juntos… ¿No podemos intentar llevarnos civilizadamente?
La mente de Shikamaru iba por libre, intentaba reprimir todos esos recuerdos pero, al verla… No podía.
… Los gemidos de Hinata cuando estaba dentro de ella… Más, muy dentro, una y otra vez… Gemidos infinitos en la oscuridad…
Se acercaba a ella casi sin darse cuenta.
―¿En serio? ¿No estás intentando engatusarme otra vez?
Ella se quedó en el sitio, seria, retadora. Esta vez no la iban a pisotear. Consiguió reunir fuerzas para contestar, totalmente sonrojada, aplastándose contra la seguridad de la cocina.
―Repite eso las veces que quieras, Shikamaru. Lo que hicimos fue cosa de dos.
Él se seguía acercando, acorralándola.
―La que vino a mi casa en mitad de la noche fuiste tú.
Ya estaban muy cerca, Hinata podía sentir su aliento
… Los besos de Shikamaru, mordiéndole los labios, devorándola, llevándola al cielo…
No bajó la mirada. No se apartó. Tragó saliva, intentando controlarse. Sentía las mejillas ardiendo. Lo sentía todo ardiendo.
―El que te estás acercando a mí ahora eres tú.
Shikamaru la miró a los ojos, tan cerca que debía resistir con todas sus fuerzas no morder esos tentadores labios entreabiertos que le parecía que se le ofrecían.
En la mirada de ella, pudo verlo. Ella se sentía igual que él. Ella también luchaba con los recuerdos. Solo tenía que acercarse. Sólo tenía que besarla para tomarla ahí mismo, sobre la encimera de la cocina. Sólo le diría que no en ese momento por el bien de esos niños que ahora jugaban arriba.
A él le quemaban las manos de no tocarla. A ella le temblaban las piernas.
Shikamaru hizo acopio del poco auto control que le quedaba. Cuando habló, estaba tan cerca de ella que podía sentir el quedo roce de su aliento tocando sus labios. No había podido evitar acercarse incluso más.
―Esto no va a volver a pasar.
Y salió como una exhalación.
Hinata se quedó sola, en la cocina, temblorosa, intentando asimilar lo que acababa de pasar, lo que casi pasa. Lo que ella quería que hubiera pasado.
Kami-sama… ¿Cómo podía ser? Casi… casi pierde la cabeza otra vez. No, no. No podía ser, no podía hacer eso. Shikamaru tenía razón. ¿Cómo iba a comportarse civilizadamente? Era mejor evitarse. A partir de ahora, evitaría a Shikamaru. Incluso… La idea de renunciar a su trabajo le cruzó la mente un segundo.
Aún estaba intentando recomponerse cuando oyó unos gritos del piso de arriba.
―¡Mamá! ¡Mamá!
Hizo fuerza para seguir con su rutina.
―Ya voy, amor, estoy lavando los platos.
―¡MAMÁAA!
Cuando Hinata notó el miedo en la voz de su hijo subió las escaleras como un rayo, dejando cualquier otra emoción atrás.
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Shikamaru caminaba por la calle, fumando ansiosamente un cigarro, intentando comprender cómo había estado a punto de perder el control, otra vez. ¿Qué tenía esa mujer para descolocarlo tanto? Joder, no podía comportarse normal a su lado después de… Aquello.
Pero no podía ser, no podía ser. Un error ya era grave, no podía repetir.
Había que evitarse. Sí, eso. Evitando el contacto se evitaba la tentación. Dejaría de ver a esa mujer y listo. Pero… La operación Faro… Bueno, ya pensaría en algo.
Estaba intentando calmarse cuando oyó una voz familiar que le llamaba.
―¡Papá! ¡Papá!
Cuando se giró, vio a Shikadai y a Boruto corriendo. Solos. Su hijo llevaba a cuestas la mochila con las cosas para pasar la noche con Boruto, pero su amigo, que llegó llorando desconsoladamente, llevaba otra.
Shikadai estaba aterrorizado.
―¿Qué ha pasado? ¡Hijo! ¿Qué ha pasado?
Boruto intentó hablar, pero el llanto no le dejaba
―Hima-chan… Hima-chan…
Shikadai, nerviosísimo, habló por los dos
―Papá, papá, estábamos mirando cromos, y entonces oímos un ruido, y entonces dijo Boruto, ¡es del cuarto de Hima-chan! Y entonces dijimos, vamos a ver, y entonces la vimos. ¡Papá! ¡Hima-chan estaba vomitando muchísimo! ¡Gritaba porque le dolía! ¡Y estaba muy roja! ¡La mamá de Boruto le puso la mano en la frente y dijo que estaba ardiendo! La envolvió con una manta y nos dijo que ella se tenía que ir al hospital con Hima-chan, que viniéramos a buscarte, y que por favor te pidiéramos cuidar a Boruto-kun para que no se quedase solo.
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Shikamaru colgó el teléfono y se dirigió a la sala. Allí, Temari y los dos niños aguardaban. Shikamaru suspiró, Temari se había portado genial con Boruto, calmándole, consolándole. La misma noche en la que él casi… La voz de Temari le sacó de sus pensamientos.
―¿Qué te han dicho?
Shikamaru se acercó a ellos, dirigiéndose al rubio directamente.
―Buruto-kun… Han tenido que operar a tu hermanita. No te preocupes, no es algo grave. Se trata de una apendicitis. Cuando terminen de operarla nos llamarán. Tus padres ya están en el hospital, y cuando Hima-chan salga de quirófano podréis esperar a que despierte los tres juntos. Ya verás que todo va a salir bien.
Boruto asintió, pero sin poder reprimir las lágrimas. Temari le puso una mano en el hombro.
―¡Ánimo Boruto-kun! Lo haces muy bien, estás siendo muy valiente. Hima-chan estará muy orgullosa de ti.
Shikadai les interrumpió.
―Papá, cuando te llamen… ¿Puedo acompañaros? Yo también quiero ver a HIma-chan…
En ese momento Shikamaru se dio cuenta de que su plan para no ver a Hinata no iba a poder ser posible.
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Cuando llegaron al Hospital, Shikamaru se fue poniendo cada vez más nervioso. Se dio cuenta de que sería la primera vez que estaría con ellos dos, con Naruto e Hinata, juntos, desde… En ese momento, la certeza de la complicación de la situación en la que se había metido le golpeó.
Automáticamente, se llevó un cigarro a la boca.
En ese momento llegó Sakura, que se lo quitó sin nigún miramiento.
―Aquí no se puede fumar, ¿Estás loco? Esas bombonas son explosivas. ―Su tono duro cambió drásticamente cuando se dirigió al niño rubio que Shikamaru llevaba de la mano. ―Boruto-kun, querido, ¿cómo estás? ¿Has venido a ver a tu hermanita? No te preocupes, mira, ahí está. La operación ha salido muy bien. Se despertará en seguida. Ven, vamos a verla.
Le tomó de la mano y le llevó al interior de la habitación, donde sus padres esperaban. Shikadai le mandó ánimos. Él y su padre se quedaron en la puerta de la habitación, intentando no invadir la intimidad de la familia.
Himawari estaba acostada, dormida aún, y la palidez de sus manitas se fundía con la sábana. Se notaba que no lo había pasado bien, pero ahora su respiración era pacífica y su sueño profundo. Naruto estaba allí, con el brazo por encima de los hombros de sus esposa, muy pendiente de la niña, de su princesita. Hinata… Hinata estaba allí, sentada en la silla del acompañante, con Boruto en brazos. Shikamaru no podía ver más que su nuca, pero eso fue suficiente para recordarle todo lo que había pasado en su cama, en la cocina de ella… Justo en ese momento, como si la hubiera estado llamando con su pensamiento, ella se giró y le miró.
Le miró fijamente.
No se dijeron nada, pero no hizo falta. Cuando sus miradas se encontraron, ambos tuvieron la ominosa certeza de dos cosas. La primera, que evitarse iba a resultar imposible. La segunda, que aquello que había surgido entre los dos no había terminado.
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Al cabo de unos días, cuando Shikamaru supo que Hinata se iba a reincorporar al trabajo tras ausentarse para cuidar de Himawari, decidió esperarla a la entrada de la escuela. Eran los últimos días de clase, el verano había llegado.
Cuando la vio, se dirigió hacia ella.
―Hinata, buenos días
―Buenos días, Taisa.
Ella estaba fría. A Shikamaru no le extrañó, se había portado fatal con ella.
―Quería preguntarte algo… No es del trabajo, claro. Sólo quería saber cómo está Himawari-chan.
Ante la mención de su hijita, Hinata se suavizó.
―Muy bien ya, gracias a los dioses. Ha recuperado su energía y ya come de todo. Casi no le quedará cicatriz. Estamos muy contentos, todo ha salido bien.
―Me alegro de verdad, es una gran noticia Hinata.
Shikamaru sonreía, Hinata estaba más relajada.
―Hinata, yo…. Yo quería hablarte de algo…
Hinata se tensó de forma refleja. Seguramente era debido a que Shikamaru se estaba poniendo nervioso. Daba igual cuántas veces repitiera lo que quería decirle a Hinata en su mente, nunca estaba satisfecho con el mensaje.
―Es… Es respecto a lo que pasó esa noche, ya sabes, en la cena.
Hinata se tensó del todo, decidió evitar esa conversación.
―Taisa, yo creo que ya hemos hablado bastante de eso. Con su permiso, debo irme.
―¡No! ¡Hinata, espera!
Hinata se quedó quieta, pero aun así miró al suelo. No consiguió la fuerza para mirarle a la cara, no quería sentirse rechazada y culpable otra vez.
―Yo sólo quería decirte… que tenías razón.
Ella subió la irada para encontrar la de él, sorprendida por su declaración. ¿Lo diría en serio?
―La verdad es que… aunque cometimos un error, no es motivo para que no nos podamos comportar civilizadamente… Por el bien de nuestro trabajo y nuestros hijos. Y además… quería pedirte perdón.
Shikamaru tomaba fuerzas para decir estas palabras, había llegado la hora de tomar el toro por los cuernos.
―Te he estado tratando fatal, y no te lo merecías. Yo… te he estado echando la culpa a ti de todo cuando la verdad es que no era así. La verdad… La verdad es que yo… yo también quería.
Shikamaru bajó la mirada, derrotado por admitir esa realidad, tanto a Hinata como a sí mismo. Hinata desvió la mirada, no sólo para evitar la incomodidad, si no para evitar que Shikamaru fuera testigo de la respuesta que le había salido de forma automática e involuntaria, aquella sonrisa que luchaba por salir de sus labios y que a todas luces estaba mal.
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Hinata suspiró, tendida en la cama, en la oscuridad de la noche. Hacía un calor abrasador y no podía dormir.
Las chicharras cantaban de forma atronadora. No se movía una gota de aire. El ambiente era pesado y pegajoso, como si Konoha estuviera sumergida en una poza termal.
Se daba la vuelta de un lado a otro de la cama, aprovechando toda su extensión. Naruto había estado muy pendiente de ellos durante la convalecencia de Himawari, pero ahora que la niña volvía a encontrarse bien, ya había pasado varias noches fuera de casa. Como muchas otras noches, tenía la cama para ella sola.
Para ella y sus pensamientos.
Para ella y sus recuerdos.
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Al otro lado de la Aldea, Shikamaru tapoco podía dormir. Hacía demasiado calor, no importaba cuánta ropa se quitase o cuánto procurase alejarse del cálido cuerpo de su mujer, que emitía calor como un pequeño radiador.
Ella dormía a pierna suelta, agradecida por el calor, tan familiar para ella. Él daba vueltas y más vueltas. Insomne.
A solas en su cabeza, no podía evitar recordar otras cosas que también le impidieron dormir en esa misma cama. No entendía cómo había acabado acostándose con otra mujer. Con otra mujer casada. Con la mujer de su amigo.
Una vez Ino le había contado que cuando una persona es infiel a su pareja, lo es con la persona más diferente a ella posible. Por lo visto, para el ser humano, en la variedad está el gusto.
Desde luego Shikamaru no podía pensar en una persona más diferente a Temari que Hinata. Era su opuesto en todo. También en… eso, pensó avergonzado.
¿Y cómo había empezado todo eso, a ver? Dioses, sólo fue un beso, nada más que un beso pero…
Joder, qué beso.
En aquél oscuro jardín, bajo el manto estrellado de la noche, se miraron. Ella le sonrió, y se acercaron lentamente el uno al otro. Cuando sus alientos se juntaron, ella fue todo lo que él deseaba que fuese, y para ella, él fue algo intoxicante y exótico que no quería dejar de probar. Sus pieles se erizaron al dejarse llevar por esa tórrida sensación que les envolvió y les evadió de la realidad un momento. Ese beso sabía a promesas, sabía a pecado, sabía a libertad, sabía a algo totalmente nuevo.
Aleteos oscuros en la noche escarlata.
Cuando ya no podían retener más la respiración, cuando necesitaron separarse para no seguir desnudándose sobre la hierba, supieron que algo en ellos había nacido. Ese beso aún se sentía en sus labios, sabroso, brillante y prohibido como el pecado de los ángeles.
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Hinata rodó en su cama, buscando un lugar fresco en las sábanas. Ahora estaba sola. Ahora nadie la miraba, nadie la juzgaba. En la soledad de su cama, era libre para recordar ese beso maravilloso. Ese beso… y todo lo demás.
Ella salió corriendo hacia su casa, si, abrumada por lo que había hecho. Abrumada por unas sensaciones mucho más intensas de lo que había experimentado en mucho tiempo. Y a la vez… A la vez quería más. Los labios de Shikamaru eran la caída de los santos (o mejor dicho, de las santas) y ella quería ver hasta cuándo podía caer. Se dio la vuelta y corrió hacia la casa de él, con todo el cuerpo ardiendo de deseo. ¿Qué le diría? Qué más daba. Ella sólo quería correr y comprobar si había alguna posibilidad de sentir un poco más.
Cuándo él le abrió la puerta, le miró a los ojos y lo supo. Lo supo. Intercambiaron unas palabras y pronto se dejaron llevar. Shikamaru se abalanzó sobre ella y la besó, la besó con un ansia prohibida y desatada, y ella se dejó llevar, se desató también, se perdió en sus brazos.
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Shikamaru recordaba todo aquello en la cama, despierto, mientras su mujer dormía.
Ella había llegado a su casa, y algo le dijo, pero él sólo podía pensar en que ella había venido a buscarle, a buscarle a él, y algo en esa idea le volvió loco. La combinación con su sonrisa le hizo perder el control, y ya no pudo reconocerse más en sus actos. Solo supo que la necesitaba, ahí mismo, en ese momento.
Se lanzó a besarla y ella se abrió para él. Su cuerpo aplastado por el suyo contra la pared, los brazos de ella enlazando su cuerpo, sus besos húmedos y sensuales, tórridos y necesitados. Ella le necesitaba, ella le necesitaba a él. Ella le abría sus puertas, y de devolvía los besos con una iniciativa apasionada que le estaba haciendo volverse loco. Los labios de Hinata, la lengua de Hinata, las manos de Hinata por todo su cuerpo… Ella era dulce y a la vez lanzada, tierna pero apasionada… cuando le mordió los labios con ardor supo que debía llevarla a su cama.
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Hinata, en su cama, se movía sonrojada y excitada por el recuerdo. También estaba algo avergonzada, como una niña que recuerda una travesura. Sin embargo, el recuerdo era poderoso, y por una vez que no lo reprimía, iba a llegar hasta el final.
Ella estaba aplastada contra la pared, el cuerpo de Shikamaru aprisionándola, y por algún motivo, no era suficiente.
Quería más.
Los besos de él eran la divinidad más pura, con ese sabor extraño a tabaco que Hinata había decidido que le encantaba. Sentía cómo cada vez se excitaba más y más. Mordió los labios de él para sentirlos, para atraparlos, para degustarlos. Notaba algo muy duro a la altura de sus caderas clavándose contra ella y se frotó ligeramente contra él, por puro instinto. Él se puso a temblar, con un temblor de ansia contenida. Le regaló un rosario de besos por su cuello que hizo que Hinata se sintiera en el cielo, acariciada de forma tan sensual en parte tan sensible. Las manos de Shikamaru viajaban por todo su cuerpo, y cuando una de sus manos aprisionó uno de sus sensibles senos ella no pudo evitar emitir un quedo gemido de puro placer. Él ya no pudo más. Su respuesta fue separarla de la pared y alzarla para subir las escaleras sin dejar de besarla. Hinata enterraba sus manos en su pelo, en su espalda, en su pecho.
Hinata se hubiera dejado llevar en volandas al fin del mundo, siempre que fuera en sus brazos.
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Shikamaru se levantó de la cama. No le parecía bien recordar todo eso al lado de su mujer. Se acercó a la ventana y observó la ciudad, ardiente como aquella noche que compartieron. Sus ojos vagaron en dirección a la casa de Hinata. ¿Recordaría ella esa noche igual que él?
Se quitaron los zapatos como pudieron, sin dejar de besarse, sin dejar de tocarse. Shikamaru se sorprendió una vez más cuando fue la tímida y calmada Hinata la que le empezó a desnudar. Cuando sintió las pequeñas manos de Hinata desabrochando los botones de su camisa y pasando su tierna lengua por su pecho tuvo que hacer un esfuerzo real por no penetrarla en ese momento. Sin embargo, decidió explorarla de la misma forma que ella le acariciaba a él. Buscó el final de su falda (Kami-sama, ¿por qué harían faldas con tanta tela?) y se permitió perderse en la textura firme y suave de los torneados y acogedores muslos de Hinata. Ella subió una pierna a su cintura, dándole la bienvenida, pidiéndole que siguiese. Sus caricias se volvieron más ansiosas, más furiosas, más excitadas. Ella volvió a gemir entre suspiros, sin dejar de besarle el pecho y los hombros, sin dejar de querer más de él. Él la lanzó a la cama y le quitó la falda sin miramientos.
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En su cama, Hinata notaba cómo su cuerpo reaccionaba al recuerdo. Cada vez tenía más calor. Cada vez se notaba más excitada. Dudaba. No le parecía bien, pero… Ya había hecho muchas cosas que no estaban bien. Y… ¿Por qué no? Estaba sola.
Se llevó unos dedos a la boca y los humedeció un poco. Luego, los enterró bajo su ropa interior y empezó a acariciarse, buscando aliviar un poco el calor que tenía, buscando replicar las caricias de Shikamaru.
Bajo Shikamaru, entregada a su cuerpo ardiente, no podía dejar de besarle. Era como si no pudiera quedar nunca saciada de él. Quiso más, y le desabrochó los pantalones. Tímidamente deslizó las manos bajo la ropa, primero unos dedos, luego las manos. Mientras él le acariciaba los muslos y los pechos, ella se atrevió a acariciarle la cintura y las nalgas. Sin embargo, quería más. Se atrevió a cambiar la dirección y acariciar aquello que se le había clavado hacía unos intantes. Le encontró tan duro, tan erecto, tan palpitante… y era por ella. Hinata lo agarró con firmeza para acariciarle, y cuando notó que la punta se humedecía, cuando oyó un oscuro gemido, ronco, gutural, escapar de los labios de él, suplicó a los dioses que Shikamaru se enterrase en ella en ese preciso instante, que no se lo pensara dos veces, que no le arrebatase eso.
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Shikamaru se echó agua en la cara, en un vano intento de enfriarse. Su cuerpo había despertado ante el recuerdo de la noche con Hinata, y él había intentado buscar una solución. Sin embargo, parecía que sólo iba a haber una solución posible. Agradeció haberse ido al baño, así no corría el riesgo de despertar a Temari.
Sólo pensaba en Hinata, sólo veía a Hinata.
Ella había tenido la audacia de acariciarle le la forma más íntima, y de nuevo demostraba su audacia al adelantarse a sus movimientos. Justo cuando pensaba arrancarle lo que le quedaba de ropa, Hinata se separó de él. Sin dejar de mirarle directamente a los ojos, se quitó lo que le quedaba puesto de camisa con movimientos fluidos, elegantes y provocativos. Tras la camisa, se quitó toda la ropa interior. Se quedó así, desnuda, expuesta, dispuesta, delante de él. Comprendió sus intenciones cuando le quiso quitar los pantalones, pero él quiso tenerla totalmente a su merced. La tumbó en la cama y la besó con ardor. Mientras, le acarició la cara, el cuello, el pecho, la cintura, las caderas, los muslos, y giró la mano para llegar a su meta. Hinata gimió de forma sonora y expresiva, y Shikamaru no pudo evitar sonreír. Estaba tan excitada, tan húmeda, tan ansiosa… y era sólo por él. Hinata movía las caderas al son de la mano de él, buscando más, queriendo más… dame más… el orgasmo le llegó pronto, húmedo, arrebatador, y él ya no quiso esperar ni un solo segundo. Se quitó rápidamente toda la ropa que le quedaba.
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En su cama, Hinata se acariciaba cada vez más rápido, cada vez más fuerte, cada vez más profundo. Intentaba replicar todas las sensaciones que Shikamaru le había dado, pero se quedaba corto. Necesitaba más. Ven, Shikamaru, por favor, dame más. Subida a la montaña rusa del éxtasis, recordaba todo lo que le había hecho, lo que habían hecho juntos.
Cuando por fin, por fin, Shikamaru se había metido dentro de ella, de su garganta salió el gemido más lascivo y descarado que Hnata había tenido la buena suerte de emitir. El placer la inundaba en forma de ondas, oscuro, visceral, contenido y a la vez a punto de explotar. Él se movía con ella en un baile de placer intenso que se desarrollaba sin que ninguna de las partes se quisiera separar ni un poco del otro. Ella le abrazaba, le acariciaba, le aprisionaba, volviéndose loca de placer, subiendo al cielo. Notaba sus manos en sus caderas, para penetrarla más profundamente, para tener más de ella.
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En la oscuridad de su baño, Shikamaru se tocaba, cada vez más rápido, cada vez más fuerte, intentando replicar todas las sensaciones que Hinata le había dado. Sin embargo, se quedaba corto. Oh, Hinata. ¿Dónde estás? Subido a la montaña rusa del éxtasis, lo recordaba todo.
Nunca hubiera pensado que Hinata pudiera ser dominante. Y allí estaba. Él había estado encima de ella, penetrándola, manteniendo el control, y ella había decidido volverle loco cambiando de posición. Con una habilidad pasmosa, ella había girado hasta quedarse encima de él. Y allí la tenía, aquella diosa sensual le estaba montando, mientras regalaba sus infinitos gemidos al viento, en una íntima caricia aún más profunda. Su pelo flotando, su cuerpo bañado en sudor. Subía el ritmo, meciéndose cada vez más rápido y más profundo en busca de un orgasmo que iba a ser jodidamente intenso. El placer le invadía, le cegaba, le atontaba, le atormentaba. Sentía la electricidad por todo su cuerpo. Cuando ella gimió de forma profunda y ronca, con todo su cuerpo temblando, él ya no pudo aguantar más y se permitió liberarse en una explosión tórrida de puro placer. Ella gimió quedamente con cada contracción de él, con los ojos cerrados, sudorosa, como si aún pudiera notar, tras ese intenso orgasmo, cómo la rellenaba con su esencia. Al verla, Shikamaru lo supo. Iba a querer más de eso.
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Exhausta, con la mano mojada y pegajosa, Hinata comprendió que el orgasmo que había experimentado en ese momento era una triste burla en comparación con el que Shikamaru le había regalado. Con la respiración aún agitada, se sintió algo avergonzada por haberse masturbado con el recuerdo de un error, pero, a la vez. Se sintió un poco liberada, y es que…. Le había gustado.
Le había encantado
¡Encantado!
Si, podía admitírselo por fin, el mayor problema que tenía no era el hecho de haber engañado a su marido, si no que le había encantado. Encantado de verdad. Qué horror, qué mal. Y, sin embargo, qué estupendo. Un acto horrible había resultado en algo maravilloso. Sólo ahora podía admitírselo, sola en su habitación. Sí, había engañado a su marido, pero…
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En su baño, Shikamaru se limpiaba, sintiéndose momentáneamente de vuelta a sus días de adolescencia. Toda la situación era absurda, pero al menos ahora podía por fin pensar con claridad. Era problemático, era retorcido incluso, pero era la verdad. Hinata había resultado ser mucho más de lo que él había supuesto, igual había sido un error por su cálculo por su parte, pero ya estaba hecho. Incluso mientras estaba dentro de Hinata sabía que querría más. ¿Qué iba a hacer si le había encantado? No se puede luchar contra esas cosas. Uno no se puede mentir a sí mismo demasiado tiempo.
Cada uno en su hogar, luchaban con pensamientos tan opuestos. Un acto cruel, un acto horrible, un engaño… se había transformado en algo catárquico, en algo liberador. En la oscuridad de sus vidas, aquella unión había prendido fuego al vacío que ambos llevaban dentro, arrasando con todo, con el nudo que no dejaba respirar a Hinata, con el estrés de la abrumadora responsabilidad que atormentaba a Shikamaru. De repente y por sorpresa, ambos vieron la certeza de que habían hecho lo que menos se esperaba de ellos, y fueron conscientes de su libertad, de su libre albedrío. No tenían que ser lo que se esperaba de ellos, no tenían que hacer lo que todo el mundo esperaba que hicieran. Podían ser otros. Podían ser ellos. Podían tener defectos, podían tener equivocaciones. Buenos o malos, humanos al fin y al cabo.
En la oscuridad de su habitación, Hinata se sentía liberada del todo. Sí, era una desgracia. Sí, era una esposa infiel. De repente, Hinata se dio cuenta que era todo aquello que nadie hubiera supuesto jamás que fuera. Que era capaz de hacer otras cosas, otras cosas además de ser la tímida y callada Hinata que todos conocían. Que era capaz de cambiar su destino. Ahora era otra Hinata, la amante, la espía, la desconocida.
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Shikamaru salió al jardín en busca de algo de frescor, algo de aire. Una vez que estaba allí, sintió la necesidad de fumarse un cigarro. Se rio para sí de la ironía, y entonces pensó inmediatamente en Hinata. Estaba jodido, pero parecía que ahora tenía otro vicio.
Uno igual de tóxico y adictivo.
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En la soledad de su cama, Hinata se permitió una amplia sonrisa, descarada, poco apropiada, explosiva. Un orgasmo había reventado los barrotes de los pájaros de su cabeza, que ahora vagaban libres por el mundo. Se sentía libre, se sentía feliz. Aunque sabía que había obrado mal, sentía que por fin tenia poder de decisión, tenía elección.
Y Shikamaru…Ah… Shikamaru. Le había dicho que él también quería… ¿Seguiría queriendo?
Salirse del camino marcado nunca había sido tan excitante.
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N/A: Gracias a todos por leer, seguir y comentar. Gracias por vuestros buenos deseos. Por desgracia, en la vida hay de todo, y ahora estoy pasando por un bache. Nunca pensé que esto pudiera pasarme cuando comencé a escribir esta historia… Mi intención siempre fue publicar semanalmente. Tengo la estructura de la historia, el final ya está escrito incluso (porque escribo muy desordenadamente)… Sin embargo me faltan varios capítulos y no puedo avanzar de momento. Además, últimamente he tenido fallos de escritura y formato al publicar… No me gusta bajar el nivel. Prefiero dejarlo aquí, en un punto de inflexión de la historia. Un final abierto que estimule vuestra imaginación durante un tiempo.
Yo os prometo que no voy a olvidarme de esta historia. Pienso volver. ¿Cuándo? Me pongo de fecha ideal a principios de otoño. Esperemos estar mejor para entonces.
Quisiera daros las gracias a todos los que leéis esta historia, también a los que comentáis y seguís. A todos, os guste o no mi relato, simplemente que le hayáis dado la oportunidad de invertir vuestro tiempo en ella me honra. Que os suscite emociones de todo tipo me parece sublime, y que me dediquéis vuestras palabras me emociona.
Esta historia nació sin ninguna pretensión, y así me mantengo. No es una historia moralista ni nada parecido. Sólo intento entretener y espero que así haya sido, sea y será. Si no os ha gustado, lo lamento mucho. Si os ha gustado pero no estáis de acuerdo, me parece genial. Sólo faltaría que para disfrutar una historia tengas que estar de acuerdo con ella. Además, es una historia muy poco moral. Es normal que no estéis de acuerdo, significa que tenéis algo de ética. Si estáis de acuerdo y os gusta, ¡Hemos cantado bingo!
De todas formas me gustaría repetir que esta no es una historia adoctrinante, es un drama. Está inspirada en otros dramas como Breaking Bad, Snowfall, Los Soprano… Todas ficciones protagonizadas por, llamémoslo así, antihéroes. Me pareció entretenido tomara dos personajes tan íntegros como Hinata y Shikamaru y hacerlos caer. ¡Es que ambos siempre son súper buenos! ¡Y si son malos, es por una buena razón que les empuja a ello! Era necesario. Quería experimentar. Obviamente, también está inspirada en las películas de Misión Imposible y James Bond. Son ninjas al fin y al cabo y pienso aprovecharlo.
En fin, que me voy ya. Supongo que os estáis preguntando. ¿Y ahora qué? Si esperamos tantos meses… ¿Qué podemos encontrar?
Traición, intriga, conjuras, sexo, drama, los planes más retorcidos, los shinobis más valientes, reconciliaciones, peleas, agentes dobles, asesinatos, secuestros, los espías más ingeniosos, los engaños más crueles, Konoha en peligro, gente miserable, gente íntegra, amigos, enemigos y… amor verdadero. En todas sus formas.
Total nada.
¿Acabarán juntos Hinata y Shikamaru? ¿Será sólo sexo o también amor? ¿Se dará cuenta Naruto de que aquello que siempre quiso se le escapa entre los dedos? ¿Podrá recuperar a Hinata? ¿Y Temari? ¿Servirá a la Arena o a la Hoja? ¿Se arreglará su relación con Shikamaru? ¿Qué pasará con la operación Faro? ¿Qué pintan Iwashi y Bakuhatsu en todo esto? ¿Cuál es la relación de Kurenai con el Raikage? ¿Qué dirá Kiba cuando vuelva? ¿E Ino? ¿Qué consecuencias tendrán los actos de todos? ¿Y qué narices esconde el clan Hyuga?
Ante la pregunta: ¿Tendrá un final feliz? Mi respuesta: Queridos, esto es un drama, y las historias dramáticas de este tipo… acaban como acaban. ¿Tuvo un final feliz Lo que el viento se llevó? ¿Breaking Bad? ¿House? (Mejor me bajo un poquito el listón, menos mal que esta era una historia sin pretensiones) Quizás nos sea un final rosa, pero será un final que no os decepcionará. Hasta ahí puedo decir.
En fin, si queréis que continúe con la historia, imaginemos que hasta aquí llega la primera temporada, como si fuera una serie de televisión. Poned un review con SEGUNDA TEMPORADA SI y yo pillaré el mensaje. Deseos de pronta recuperación son siempre bienvenidos. Si preferís increpar a una enferma porque en una historia no canon que se ha publicado gratuitamente sale algo que no te gusta… Amigo, sólo son dibujos. No es para tanto. No merece la pena.
Un saludo a todos y gracias, de verdad.
Me gustaría agradecer especialmente sus reviews a AkemirandaChan, NamikazeUzumaki1, Tchuma Tendai, rasengone, KattytoNebel, tomatilla, Guest, Guest, Tamashitsumo, Guest, Anon, sasuhinas fan y anto735. ¡Sé que os debo contestar reviews desde hace dos capítulos! Es que no he tenido fuerzas… Pero no os olvido tampoco, lo haré haciendo según pueda.
Tomatilla: Gracias por tus palabras. Es cierto que se han encamado muy rápido y sin romance, pero me pareció adecuado para el devenir de la historia. A partir de ahora vienen curvas y si bien ya creo que puedes adivinar que de momento es puramente físico, quién sabe… puede que lleguen a algo más. Sería muy suculento ver cómo se enamoran tras esto, ¿no crees? Tendrás que esperar para saberlo. Por otra parte me emociona mucho que te hayas fijado en el comportamiento del clan Hyuga y ya empieces a tener teorías. La verdad es que es una parte vital de la trama, y como tú dices, pueden tomar una decisión política desesperada… con o sin el consentimiento de Hanabi. ¿Será una líder lo suficientemente fuerte? ¿Y qué pretenderán? Al Hokage o… ¿Hay algo más jugoso por ahí? ¿Un premio más gordo? Veremos, veremos. Muchas gracias por haber sido una lectora tan fiel.
Guest (1): Thank you very much for your words. I totally agree with you. Naruto doesn't deserve that, neither Naruto nor Temari. But this is not a story in which things that deserve happen. Who knows if the end will be ShikaHina. You'll have to wait and see Do you think our Naruto will surrender without a fight? And Temari? That is not like her.
Traducción: Muchas gracias por tus palabras. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Naruto no se merece eso, ni Naruto ni Temari. Pero esta no es una historia en la que pasen cosas que se merecen. Quién sabe si el final será ShikaHina. Tendrás que esperar y ver. ¿Tú crees que nuestro Naruto se rendirá sin luchar? ¿Y Temari? Eso sí que no es propio de ella.
Guest (2): Thank you very much for your words! Too bad they are not the prettiest for my protagonist. In any case, I assure you that any act will have its consequences. Why are you already giving the losing battle for Naruto? You haven't even given him the option to fight back! We are only at the beginning of the story, and there is still a lot of cloth to cut.
Traducción: ¡Muchas gracias por tus palabras! Lástima que no sean las más bonitas para mi protagonista. De todas formas, te aseguro que cualquier acto tendrá sus consecuencias. ¿Por qué das ya la batalla perdida para Naruto? ¡Ni siquiera le has dado la opción de contraatacar! Sólo estamos al principio de la historia, y aún hay mucha tela que cortar (¿se entenderá esa expresión en inglés?:S)
Guest (3): Thank you very much for your nice congratulations! And congratulations also to Temari, Karui, Ino, Kurenai, Sakura and all the beautiful moms in this story and those who read it!
Traducción: ¡Muchas gracias por tu bonita felicitación! ¡Y felicidades también a Temari, Karui, Ino, Kurenai, Sakura y todas las bellas mamás de esta historia y aquellas que lo lean!
Anon: ¡Muchas gracias por tus palabras! Me ha encantado esa idea de meter también viajes en el tiempo, lástima que no creo que la pueda aprovechar… Dices que pongo a Naruto como villano, pero a mí me parece peor Hinata, que es la que ha sido infiel. Opiniones personales aparte, por favor no subestimes el poder de los giros de guion. Esto es un drama, y no hay drama sin conflicto. Las historias enrevesadas me encantan, y te aseguro que va a haber un par de sorpresas aún. Si te das cuenta, nunca he borrado ni el NaruHina ni el Shikatema del resumen, y eso por algo será.
Cualquier crítica o comentario también es siempre bienvenido.
Comprendo que leáis hasta aquí y penséis que mis pistas sobre el devenir de la historia sean contradictorias. No va a ser una historia sencilla. Hay muchas historias, pero esta es la mía. Gracias por confiar en mí.
Gracias a todos.
