Disclaimer: Nada es mío. Esto se hace sin ánimo de lucro

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El punto ciego

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Capítulo 17: Afrodita

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¡Hola a todos! Ya estoy de vuelta. He tardado mucho lo sé. Por eso os dejo ya con el inicio de la segunda temporada. Empezamos muy de espías.

Advertencias: sexo, violencia.

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A partir de entonces todo fue complicándose más y más.

Sentada con sus amigas, un martes por la mañana, Hinata escuchaba cómo Ino hablaba y hablaba mientras le daba vueltas a su propia situación.

―Y, a ver, es muy sencillo, son sólo 10 pasos de rutina de belleza por la mañana. Antes eran siete, pero…

Chicas, ¿cómo os lo digo? Tengo un affair. Un lío, vaya.

―…Lo primero es la limpieza con un limpiador adecuado…

Amigas, soy infiel a mi marido. Con mi jefe, que también está casado.

―… Y luego se da la esencia…

―¿Eso es lo que llaman sérum?

Tenten no estaba muy convencida

―¡Uy, no, para nada!

No ha sido cosa de una vez… Ya me he acostado con él dos veces…

―¿Y la mascarilla se pone todos los días?

―No, sólo una o dos veces a la semana

―¡Entonces no son 10 pasos!

Chicas, no sé qué hacer… ¡Estoy hecha un lío! Shikamaru me gusta pero yo amo a mi marido. Naruto no me hace caso y parece que no quiere estar conmigo. ¡Tengo miedo de que esto afecte a los niños! Ayudadme por favor…

―Hinata, ¿estás bien? ―Sakura la miraba fijamente, con un gesto de cariño. ―Tienes mala cara. No has comido nada.

―Um… Um… No… yo…―Hinata tragó saliva―No te preocupes, Sakura. ¡Estoy bien!

―¿Seguro? No tienes buen color.

La doctora le puso el dorso de la mano en la frente con gesto maternal y profesional

―No tienes fiebre… ¿Seguro que estás bien?

Durante tres segundos Hinata se planteó sincerarse con ese rostro amable que se preocupaba por ella. Sin embargo, al recordar que era la mejor amiga de su marido el miedo la inundó.

―Seguro, Sakura… Gracias por preocuparte.

A la luz del sol la liberación de una misma no parecía tan importante.

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Todo se había complicado tan rápido… La segunda vez que se acostaron había vuelto a ser una sorpresa.

Hinata estaba en el piso franco, realizando sus vigilancias. Había legado a la conclusión de que Bakuhatsu y Hahen llevaban una relación rarísima, pero muy funcional. Se amaban. Gustos sexuales aparte, se cuidaban el uno al otro y se tenían en cuenta para todo. El otro día había debido ser una fecha importante, ¿Un aniversario quizás? Habían pasado el día con el otro, se habían intercambiado regalos que les habían hecho muy felices, y luego, en la soledad de su hogar, con luz de velas y la música de la radio, habían bailado, lento, pegados, exudando confianza y amor. Hinata suspiró. Aquella ventana a la que se podía asomar le estaba haciendo ver que las relaciones no tienen por qué parecer perfectas por fuera para serlo por dentro.

Frunció el ceño pensando en su propia relación con su marido. Tan perfecta por fuera… Al principio había sido una tortura de culpa saberse infiel, pero es muy complicado mantener esa sensación cuando el otro ni siquiera aparece por casa. A Hinata se le figuraba que Naruto notaría algo, algún cambio en la actitud de su esposa, pero no. Entraba y salía como siempre. Y últimamente… Bueno, ella se había dado cuenta de que no hablaban. Obviamente, se contaban qué tal el día, pero ya. Nada de conversación profunda. Nada de conexión. ¿Cuánto tiempo llevaban así?

Sacudió la cabeza, no podía pensar en eso. Estaba trabajando.

Ahora estaba concentrada en Iwashi-san. Habia recibido un paquete grande, y lo estaba vaciando. Habían resultado ser fotos. Fotos y más fotos, algunas enmarcadas, otras en álbumes. Iwashi, el cual había pasado todo el fin de semana decorando el interior de su apartamento al gusto de la Ola, ahora estaba pasando un rato muy productivo colgando fotos de las paredes y colocándolas con esmero encima de los muebles. Sin embargo, no era feliz. Lloraba. En todas las fotos salía lo mismo: Dos niños pequeños, niño y niña. Sonrientes, felices. A veces él también salía en las fotos, y a veces también una mujer. Iwashi miraba las fotos y lloraba acariciando esos rostros sonrientes a los que a veces besaba. ¿Quiénes eran? Hinata no lo sabía pero sospechaba que su familia. Sin embargo… ¿Por qué estaba en Konoha solo? Hinata estaba empezando a sufrir por el pobre Iwashi, le hubiera gustado saber más, consolarle… Se veía tan abatido…

En ese momento, Hinata oyó las escaleras chirriar. Rápidamente, se puso en guardia, aunque se relajó cuando supo que era Shikamaru.

Cuándo éste entro en la casa, se sorprendió al ver a Hinata dentro.

―¡Hinata-san! ¿No estabas en el archivo?

―Um… yo… estoy viendo mucha actividad últimamente… Le pedí a Fubuki-san que me cubriera

Shikamaru esbozó una sonrisa

―Pues vaya si ha mejorado en imitarte, me ha engañado esta vez.

El silencio cayó pesado cuando se dieron cuenta de que estaban solos.

―Ehm… Hinata-san, has dicho que estás viendo mucha actividad últimamente… ¿Puedes adelantarme algo?

Ella tomó su cuaderno de gatitos, aliviada por el desvío de la tensión.

―Si, taisa… Eh… ― Pasó las hojas buscando lo que quería. ――Pues de momento yo no me preocuparía de Hahen-san y Bakuhatsu-san, no he visto nada raro. Respecto a Karui-san…

Shikamaru frunció el ceño, atento

―Pues he visto que sigue más o menos igual, pero no parece estar preocupada durante el día, sólo por la noche… No sé si es que no le duele o qué, no evita ninguna actividad… No sé… Sin embargo…. El otro día estuvo un buen rato en el mercado hablando con Sakura y al día siguiente acudió al hospital… Lo que hizo ahí no lo sé, no me pareció dentro de los límites de la misión.

Shikamaru asintió, intentaría hablar otra vez con Choji.

―Sin embargo, del que tengo avances es de Iwashi-san.

La atención de él volvió a centrarse.

―Pues… resulta que la ropa de mujer es suya, actúa de travesti los segundos y cuartos sábados de mes en un bar cabaret llamado… "La ostra azul". Tiene su propio espectáculo y va mucha gente a verle. Se llama…―Rebuscó en su cuaderno―"Fina, la Sardina"

―Vaya, quién lo diría.

Hinata se encogió de hombros ante la reacción de Shikamaru. Una nunca sabía. Continuó con sus avances.

―También actúa a veces con una de las camareras del bar. Esa se hace llamar… "La gata de ojos verdes"

Shikamaru se la quedó mirando.

―Es porque tiene los ojos verdes… supongo

Shikamaru no reaccionó ante información tan trivial. Hinata continuó.

―Aunque el espectáculo es humorístico, Iwashi-san se encuentra en un estado de ánimo muy bajo… Creo que echa mucho de menos a dos niños, que creo que son su familia, pero no estoy segura

Shikamaru asintió

―Muy bien, mandaré investigar eso y confirmaremos la identidad de los niños.

―Además, he visto que los libros que roba de la librería son siempre de la misma sección. Es más… Parece una locura, pero yo diría que es siempre el mismo libro. Sin embargo, no sé dónde los guarda, no los he visto en su casa.

El hombre frunció el ceño

―¿Qué librería dijiste que era?

Hinata volvió a consultar sus notas

― "Hojas nuevas" Está en el centro

―Muy bien, mandaré investigar eso también, que nos den una copia de su stock y nos digan cuántos libros les han robado últimamente.

―¿Cree que esto puede ser importante, Taisa?

Shikamaru suspiró.

―No podemos dejar nada al azar, por comprobarlo no perdemos nada.

Hinata asintió

―Buen trabajo, Hinata-san.

Ella sonrió, feliz de recibir un halago.

―Gracias, taisa.

Esa sonrisa… Joder. Shikamaru desvió la mirada.

Hinata también, se había sonrojado.

De repente la tensión en ese cuarto era más que palpable.

Hinata decidió cortar la tensión abordando el tema directamente, sonrojada del todo.

―Shikamaru, yo… Yo quería darte las gracias por no dejar que lo que hicimos se convirtiera en un problema yo… Me gusta mucho este trabajo, y Shikadai-kun es uno de los mejores amigos de Boruto-kun… Gracias por no dejar que fuera un problema.

Se sintió estúpida inmediatamente. Sin embargo, la voz de él fue amable.

―Hinata… me alegro de que saques este tema. Como te dije, creo que tenías razón… no hay motivo para que no nos comportemos civilizadamente… Sin embargo, creo que deberíamos dejar las cosas claras.

Hinata le miró fijamente, asustada. Él carraspeó. Era un tema incómodo.

―Creo que no debemos decirles nada de lo que pasó a nuestras parejas. Al menos yo quiero a mi mujer, quiero que nuestro matrimonio funcione, y esto le devastaría. Al fin y al cabo fue un error de borrachos, no creo que significara nada, al menos yo no tengo sentimientos por ti, y creo que a ti te pasa lo mismo.

Hinata asintió enérgicamente

―¡Si! ¡Yo quiero a Naruto-kun! ¡No quiero hacerle daño!

Shikamaru sonrió

―Me alegro de que pensemos igual

―Yo también, Shikamaru

Hinata estaba aliviada. Para eliminar la tensión del todo, se propuso hacer otra cosa.

―Voy a hacerme un té, ¿puedo servirte otro?

Shikamaru asintió, aliviado, relajado. Esto había salido muy bien.

―¡Si, gracias!

Cuando Hinata preparó los dos tés, puso sendas tazas en un par de platos y los llevó con diligencia a la mesa. Shikamaru la estaba esperando revisando su cuaderno de anotaciones y, cuando llegó, solicito, quiso ayudarla.

―Toma

―Trae

―Si

―Ah

―Cuidado

―Perdón

En un juego de manos descoordinado, la mano de Shikamaru había acabado posada sobre la de Hinata. Ella se sonrojó al sentir ese contacto, que pese a parecer inocente a ella le pareció prohibido. Cuando sus ojos se encontraron, volvieron a perder el control.

Minutos después se encontraron jadeantes, desnudos, pegajosos y bastante más cansados sobre la cama, ambos muy conscientes de que acababa de pasar justo lo que querían evitar. A Hinata la cabeza le daba vueltas, Shikamaru intentaba encontrarle la lógica a los acontecimientos.

Tras besarse la había acostado sobre la mesa, tirándo todo de paso al suelo sin nigún miramiento, para empezar a desnudarla. Hinata no se había quedado atrás, le quitaba la ropa como si le fuera la vida en ello. Tras eso, se habían ido como pudieron a la cama para dar rienda a un desbordante frenesí contenido que ninguno sabía que albergaban. Hinata estaba bastante segura de que tenía que tener la marca de un mordisco en la nalga derecha.

Él fue el primero en hablar.

―Esto no ha pasado como yo esperaba

Cerró los ojos, ¿se había vuelto imbécil o qué?

Hinata estaba toda sonrojada

―Ni yo.

La situación se volvió aún más surrealista cuando se dieron cuenta de la cantidad de cristales rotos que tenían que recoger.

Ahora Hinata ya no sabía qué hacer.

Shikamaru tampoco.

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En el dojo Hyuuga, Hanabi servía el té a su hermana.

―Muchas gracias Hanabi

―De nada, un placer. Oye, hace mucho que no me cuentas nada de tu vida ¿cómo te ha ido últimamente? Parece que ahora todo es trabajo y trabajo. ¿No te ha pasado nada en lo personal?

¿Lo sabría? Lo sabía. No, no podía saberlo. ¿La habría visto? Maldita sea. ¡Lo sabe! No, no podía saberlo. ¿o sí?

Hinata sólo se encogió de hombros.

―Um… Um… Bueno… ¿Por qué lo dices?

Hanabi estaba de lo más relajada.

―No sé, por hablar de algo.

Hinata se relajó.

―Um… pues…. Nada reseñable.

Hanabi ni se inmutó. Hinata suspiró con alivio.

No lo sabe.

Decidió preguntar algo que tenía en la cabeza

―Hanabi… ¿Puedo preguntarte algo?

La mirada amable de su hermana le dio la respuesta

―¿Cómo le va al clan ahora? Ya sabes, en tiempos de paz.

Hanabi se tensó, claramente algo pasaba.

―Pues no nos va mal… Pero nos podría ir mejor la verdad. ―Suspiró. ―La farmacia va muy bien, muy muy bien. Los preparados naturales tienen muchísimo éxito entre los civiles. Pero el resto… Piden el Byakugan para vigilancias, pero ya casi nunca el puño suave, a no sea que sea para para algún asunto turbio de dar palizas sin dejar marcas.

Hanabi hizo una mueca de disgusto.

―No nos rebajamos a eso. Sin embargo… al consejo del clan no le gusta que el puño suave no se use más, dicen que no podemos ser un clan de boticarios, que somos ninjas.

Hinata le puso la mano sobre el antebrazo a su hermanita, para darle apoyo.

―Seguro que todo va a salir bien.

Hanabi sonrió

―Bueno… Pienso mucho en soluciones. Dentro de poco les haré una propuesta al consejo, mira.

Hanabi hizo un gesto con las manos como de publicidad espectacular

― "Hyuuga Yojimbo". ¿Qué tal? Podríamos especializarnos en cuerpos de seguridad y guardaespaldas, alejarnos de la clásica imagen de matón. Veríamos venir los problemas y los podríamos solucionar muy fácilmente.

―¡Hanabi, es una gran idea! ¡Seguro que al consejo le encantará!

―¿Tú crees? Ojalá… Deseame suerte, ya sabes cómo son.

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En la residencia Nara, Temari terminaba de recoger la merienda de Shikadai en la cocina. Su esposo se le acercó por detrás, silenciosamente, y le dio un tierno abrazo y un beso en la cabeza. Temari se giró en seguida, quedando cara a cara con su marido.

―Temari… Te quiero. Tú sabes que te quiero, ¿verdad?

Temari sonrió ante las palabras de su esposo, sin embargo… La cara de Shikamaru no era de felicidad. Su rictus era casi de angustia, y en el fondo de su mirada había algo… algo.

―¡Shikamaru! ¿Por qué me dices algo tan bonito con esa cara de angustia?

Su tono era cariñoso, casi juguetón. Shikamaru no pudo si no bajar la cabeza para evitar su mirada.

―Yo…

―Bueno, bueno. ¿Algo te preocupa? Bueno, seguro que no es nada. ¿Shikadai ya está listo para el entrenamiento?

Le hizo un gesto amable a su marido y se fue, dejándole solo.

Shiamaru se quedó en la cocina, agobiado por la culpa, angustiado por sus propias acciones. ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué tenía que perder el control de esa manera? ¿Y por qué… Por qué su mujer no podía decirle que ella a él también le quería?

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Por la noche, Hinata esperaba a su marido. Le había hecho su comida favorita. Quería estar con él, hablar con él, volver a conectar con él.

Cuando Naruto entró, sonrió ante la sorpresa de que su esposa estuviera esperándole, y se sentó a comera su lado.

―Amor… ¿Cómo te ha ido el día?

―Bien

Naruto sonreía

―Um… um… pero… pero has estado fuera de casa 15 horas… ¿No te ha pasado nada interesante?

Naruto se puso un poco pensativo.

―No… Solo lo de siempre

―Ah

El silencio de la cocina sólo era interrumpido por los ruidos que Naruto hacía al comer

―¿Y a ti? ¿Cómo te ha ido el día?

Hinata se sobresaltó ante la pregunta de su marido

―¿Eh? ¿A mí? Um… Bien

Naruto le sonrió, con esa sonrisa que una vez le robó el corazón.

―Bueno, Hinata-chan, estoy muy cansado, me voy a la cama.

―Si… No te preocupes, ya levanto yo la mesa.

De nuevo su marido apenas le sonrió.

―¿Por qué ya nunca se decían nada? ¿Por qué ya nunca hablaban? Mientras su marido subía las escaleras, algo se revolvió dentro de ella. Tenía que hablar, tenía que decir algo…

―Naruto-kun…

―¿Si?

Su marido se había girado hacia ella, y la miraba desde arriba, escuchándola

De pronto Hinata no supo qué decir

Naruto, te quiero

Naruto, por favor, perdóname. Te lo suplico.

Naruto… ¿Tú me quieres? ¿Me quieres de verdad?

Quería decirlo todo y a la vez nada. Cuando fue a despegar sus labios no pudo evitar sentirse estúpida, pequeña. ¿Por qué Naruto conseguía hacerla sentir así?

Al final su esfuerzo quedó en nada

―… Buenas noches

―Buenas noches, Hinata-chan

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Shikamaru e Hinata ya no podían evitarse más, era imposible. Se trataban con cordialidad, evitando cuidadosamente acercarse o tocarse. Sin embargo, el trabajo no paraba.

Un día, Hinata estaba llevando a Boruto a la escuela cuando notó que la seguían. Se puso alerta, pero cuando vio que su seguidor no era una amenaza y que esperaba pacientemente a que Boruto entrara al edificio, decidió enfrentarle.

―¿Quién es usted? ¿Qué quiere?

Era una mujer, mayor que ella. Hinata no la conocía, pero estaba claro que ella a Hinata sí. Se acercó, y sin más miramientos habló

―Hay tanta soledad en ese oro.

Hinata se sobresaltó, ¡El santo y seña! Respondió presta.

―La luna de las noches no es la luna que vio el primer Adán.

La mujer asintió.

―¿Eres Shura?

Hinata no supo si confirmar esa información, pero la mujer lo interpretó como una respuesta.

―Debes ir al piso franco y esperar la llegada de Afrodita. Sabes ninjutsu médico, ¿no?

―Um… un poco

―La mujer sacudió la cabeza, desesperada.

Deberá bastar. Prepárate para cualquier cosa, yo intentaré localizar a Saori. Si ves que no llega, localízale tú también.

La mujer ya se marchaba

―¡Espera! ¿Cuándo llegará… Nuestro invitado?

―No lo sé, ¡cuando llegue!

¿Cuándo llegue? ¡Hinata tenía una familia que cuidar!

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Hinata daba vueltas y más vueltas por el departamento. Había sacado todas las provisiones médicas y ya sabía qué había y qué no. Había dispuesto las sábanas plásticas sobre la cama. Estaba intentando pasar el rato para calmar sus nervios. LLevaba así varias horas.

Por fin, oyó ruidos en el tejado. Activó su byakugan y vió un hombre joven que intentaba llegar hasta la claraboya a cuatro patas, sujetándose el costado. Sangraba mucho. Fue corriendo hacia la ventana y la abrió. El hombre se deslizó como pudo al interior del piso.

De repente, Hinata se dio cuenta de que no le conocía. A lo mejor había dejado entrar al piso a cualquiera.

―¿Quién eres? ¿Quién eres?

El hombre no podía ni hablar, estaba muy mal herido. Hianta se puso muy nerviosa, quería ayudarle, pero no podía son confirmar su identidad. Decidió ayudarle

―¡Vamos! ¡Tienes que decirme algo! Hay tanta soledad en ese oro…

El hombre intentó hablar, lo intentó de verdad, pero apenas podía

―La… La luna…

A Hinata le pareció bien con eso. Le cargó como pudo hasta la cama preparada.

―¿Eres Afrodita?

―Él asintió.

Le tumbó en la cama y comenzó a cortarle la ropa para descubrir sus heridas. Él le agarró la mano

―Saori… Shikamaru… Debo hablar…

―No te preocupes, yo le avisaré, pero primero hay que intentar que no mueras.

Había sangre por todas partes. Hinata presionaba gasas, aplicaba chackra, nada paraba la hemorragia. ¿Estarían bien sus pulmones? ¿Estaría bien su hígado? Debía estarlo, o ya estaría muerto. ¿Tendría sangre en el tórax? Kami-sama, ahora desearía haber estudiado más medicina. ¿Y si se infectaba? ¿Y si era veneno?

―Aguanta, por favor, aguanta.

En algún momento Afrodita perdió la consciencia, e Hinata casi lo agradeció.

La herida era muy profunda y sangraba mucho. Hinata no conseguía ver si es que había afectado a un vaso principal. Como pudo, poco a poco, consiguió parar la hemorragia. Limpió la herida, la cosió, le puso antibióticos y un contraveneno genérico por si acaso. No tenían sangre, solo suero. Hinata rezó sinceramente para que aquello fuera bastante. No tenía claro el estado de sus pulmones, el hombre tenía estertores. Estas horas eran críticas.

―Kami-sama, ayúdame, Afrodita, no te mueras, por favor no te mueras.

Para colmo Shikamaru no aparecía. Ya era tarde, no sabía qué hacer… ¿Cómo localizarlo? Pronto ella se tendría que ir a por sus hijos… Qué hacer… Qué hacer…

Se le ocurrió algo, era muy arriesgado.

Fue a por el teléfono y marcó un número que había en un listado.

―¿Radio Fuego Fuego?

―Ehm… Si… Um… Hola… Yo… Yo llamaba para pedir una canción, por favor.

―Señorita, ahora mismo no se puede pedir canciones

―¡Usted no lo entiende! Es una canción para Saori, de parte de Shura

―¿Para Saori? Perdone, ¿Ha dicho para Saori? ¿Esa Saori?

―Si, si, es muy urgente, necesito que Saori escuche la dedicatoria

―Espere un momento, no cuelgue

Hinata oyó ruidos al otro lado de la línea y pronto se puso otra persona al teléfono

―Hola, perdone, ¿Me han dicho que hay que dedicar una canción a Saori?

―¡Si, así es!

―¿De parte de quién y cuál es la dedicatoria?

Hinata suspiró aliviada

―De parte de Shura, dígale a Saori que Afrodita y Shura están de fiesta en su casa y que no se lo puede perder, que tiene que venir cuanto antes―Hinata tuvo una idea―¡Ah! ¡Y que se traiga a Shaka!

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Al cabo de lo que pareció una eternidad Shikamaru e Ino aparecieron en el piso franco. En cuanto vieron al hombre en la cama, se fueron a su lado. Ino comenzó a revisarle de una forma muy profesional, tanto el cuerpo como la mente.

Hinata, que había estado quemando pan para preparar más contraveneno, decidió que era el momento de irse. Ella ya no podía hacer más. Cogió sus cosas.

―Taisa, debo irme… ¿Quiere que también recoja a Shikadai e Inojin? Puedo llevarles a sus casas, o, si no hay nadie, llevarlos a la mía.

Shikamaru miró a Ino, la cual asintió.

―Muchas gracias, Hinata, nos harías un gran favor.

―De nada, gracias a usted por venir tan rápido.

Volvió a oír la voz de Shikamaru cuando se marchaba.

―Lo hiciste muy bien, ¿Sabes? Localizarme… Buena iniciativa.

―Muchas gracias Taisa

Se marchó sonriendo, aliviada de poder dejar a Afrodita en las manos de alguien más competente

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Al día siguiente, en la sección de inteligencia, Shikamaru recibió a Hinata en su despacho.

―Buenos días, Taisa

―Buenos días, siéntate.

Hinata hizo como le pidieron, pero no pudo esperar, tenía que preguntar.

―Taisa… ¿Cómo está Afrodita?

Shikamaru se encendió un cigarro antes de responder

―Está ingresado en el hospital, grave.

―Um… Um… ¿Recuperó la consciencia?

―No. Aún no…―Shikamaru se pasó la mano por la frente, estresado. ―Ino miró dentro de su mente, pero no pudimos ver nada… Alguien le metió en un genjutsu y todo está mezclado. Hasta que no esté consciente no podemos saber más.

Hinata asintió, comprendiendo la gravedad de la situación

―Taisa, ¿Por qué me envió a mí? Llegó muy herido, más allá de mi conocimiento.

Shikamaru suspiró.

―No pensamos que fuera a llegar tan mal. Nos envió un reporte encriptado diciendo que tenía la información y que le habían herido levemente, pero claramente le atacaron con más potencia tras enviarlo. Es ahí donde le metieron en el genjutsu. Escapó como pudo.

Y menos mal, pensó Shikamaru. Tenía un hermano pequeño y una madre viuda y enferma. No quería más familias rotas por su culpa. La voz de Hinata le sacó de las cavilaciones.

―Pero… Taisa… eso no explica por qué me envió a mí y no a Ino.

―Afrodita se encontraba investigando la información de uno de los informes que tu detectaste como mal verificados. Alguien se tomó muchas molestias para falsear la información del mismo. Y alguien se ha tomado muchas molestias en que no averigüemos el verdadero contenido del mismo. ¿Sabes qué es lo mejor? ¿Sabes quién verificó ese informe?

Hinata negó.

―Yo. Nara Shikamaru.

―Pero… Taisa, no entiendo.

―¿No lo ves? Yo no verifico los informes, sin embargo, alguien usó mi firma para que no se hicieran preguntas. Hinata, alguien falsificó mi firma en un informe falso que oculta información por la que vale la pena matar, y luego lo dejó en el archivo. ¿Sabes qué significa eso?

Shikamaru hizo una pausa. Creía sinceramente que Hinata podía desvelarlo. Hinata se concentró, deseosa de no perder esa confianza. Su mente iba a toda velocidad.

―Significa…. Significa… ¡Significa que aquel que falsificó el informe está dentro de Konoha!

Shikamaru sonrió, satisfecho

―Así es, está dentro de Konoha y muy cerca de nosotros.

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N/A: Gracias a todos por vuestra paciencia.

No os voy a mentir, lo he pasado mal. Tras dejar de publicar, mi estado empeoró, y un pequeño accidente doméstico hizo que empeorase aún más. Visitas a urgencias, en vigilancia. Después de eso, tuve complicaciones y debí ser operada de urgencias y, aunque suene dramático, a vida o muerte. Es la verdad. 24 puntos de sutura después, comenzó una larga recuperación de la cual aún tengo secuelas y que me enseñó dos cosas. La primera, que ya no podré volver a llevar bikini. La segunda, que gente que yo creía que iba a estar a mi lado para cuidarme y protegerme se preocuparon más por el dinero que por si me moría. Ahora no estoy en mi mejor momento, por eso y otros factores, y he pensado en volver a escribir para ver si poco a poco puedo volver a ser yo.

Lamento mucho no contestar a todos los reviews como suelo hacer… es que después de tanto tiempo me da vergüenza, la verdad. Debo decir, que todos me han llegado al corazón, y que os agradezco muchísimo vuestras palabras. Pero ya he vuelto, y os agradezco mucho que leáis mi trabajo. Solo quiero decir, que todos los que esperan drama, lo tendrán, en grandes cantidades. ¿Cómo podía ser de otra forma? Está claro que es de lo que más conozco…

¡Espero que os guste el rollo ninja-espía, porque hay mucho que leer!