Dr. Stone no me pertenece es propiedad de Inagaki y Boichi, yo sólo tomo prestado a los personajes para fines de esta historia.

~Expectativa de un futuro~

(Día 8. Baile lento.)

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—¿Cuándo aprendiste a Bailar así Leona?

Los labios de Kohaku se abrieron para replicar por el molesto apodo, pero su voz quedó atrapada en su garganta cuando se dió cuenta de la cercanía de Senku.

¿Qué hacía él en esa celebración cuando se suponía que debía estar en su laboratorio verificando unos cálculos con Sai? A saber, Senku rechazó la invitación del matrimonio de Rubi y Carb, por ende, su presencia en la posterior celebración fue realmente inusitada.

—¡Ja! ¿A eso viniste, a burlarte de mi forma de bailar? —Kohaku respondió con sarcasmo.

Pero Senku se limitó a sonreírle burlón y arrogante, el muy bastardo. De hecho la imagen de la Leona con el rostro enrojecido y la melena prácticamente deshecha le resultó absolutamente gracioso, y una centésima parte también lo consideró interesante.

Los habitantes de la Aldea no tenían noción de la música y el baile en sí, no hasta después de que encontraron el disco de vidrio con la grabación de la canción de Lillian.

Con la ayuda de los nuevos despetrificados, el conocimiento sobre las artes y parte de la cultura también se abrieron camino hacia los habitantes del nuevo mundo de piedra. De ahí la reinvención de algunos instrumentos musicales.

—Vine por la comida de Francois. —Pero la mirada de Senku no escatimó siquiera en el delicioso manjar servido sobre la extensa mesa a sólo un par de pasos.

Uno de los tirantes del vestido de Kohaku se había deslizado de su hombro y ella pudo sentir la mirada de Senku sobre su piel desnuda.

—Eres un desastre Kohaku. —una socarrona sonrisa se extendió por la comisura de los labios del científico.

Sí, tal vez todo el ajetreo del baile la había convertido en un manojo desgarbado, pero él no tenía el derecho de hacérselo notar con tan honesto comentario.

Justo cuando Kohaku iba a colocar su escurridizo tirante de nuevo en su hombro, la mano de Senku se adelantó, rozando ligeramente el dorso de sus dedos con la piel de la clavícula y haciéndola estremecerse.

Fue un simple toque tan placentero como inesperado.

—De nada, Leona descuidada.

Ella se quedó sin palabras para replicar el descarado comentario de Senku y también, el contacto prolongado.

Justo cuando su mente encontró la voluntad para replicar, los dedos de Senku se apartaron de su piel, pero incluso con la ausencia de su toque, los intensos latidos desbocados del corazón de Kohaku permanecieron.

—¡Ja! Te has vuelto un poco atrevido. —volteó la cabeza a un lado, fingiendo indignación. Sin embargo, por el rabillo del ojo vió cómo Senku aún la miraba con esa estúpida sonrisa jactanciosa en su semblante.

Sin inmutarse por lo que recién acababa de hacer.

Kohaku sabía que de alguna manera este ya no era el Senku del pasado, aquél joven que rechazaba con fervor cualquier tipo de contacto afectivo.

¿Afectivo?

No, no, no. ¿De dónde sacó ella que ese simple gesto fue algo más que una cortesía de parte del científico? Kohaku sacudió la cabeza para alejar ese absurdo e infundado pensamiento.

Aún así, en algo tenía razón, el Senku del presente era alguien más abierto al contacto y la convivencia que su yo del pasado. No supo desde cuándo ni cómo, pero fue algo en lo que ella no se molestó en preguntar.

El tono de la música atrajo de nuevo la atención de Kohaku hacia el presente y con ella, una repentina e impulsiva idea que no se molestó en detenerse a pensar.

—Bailemos. —Kohaku no pretendía decir eso pero lo hizo.

Y fue entonces, tras ver la extraña y contrariada expresión de Senku que se dió cuenta de su error. El cuerpo de Kohaku se puso rígido y la música quedó en un plano aislado, como si se hubiera detenido en un infinito medio compás.

El silencio se instaló incómodo por lo que pareció una eternidad y Kohaku se preocupó de que ella y Senku se quedaran parados mirándose a los ojos del otro para siempre.

—¿Quieres que bailemos? —Hubo un deje de alguna emoción en su tono que él no pudo ocultar.

Y su expresión, no fue la expresión despectiva y asqueada que ella esperaría en él, como la que había mostrado en su primer encuentro al inferir erróneamente que ella estaba enamorada de él. Ni siquiera esa expresión ligeramente esquiva y avergonzada tras el beso falso en la isla del tesoro.

No, Kohaku no supo descifrar la expresión de Senku en ese momento.

¿Pero…por qué?

Los ojos de Senku se estrecharon en ella, como si pudiera intuir lo que Kohaku estaba pensando. Y algo en su expresión cambió.

—No me gusta bailar, Leona —ladeó la cabeza—. Y aún tengo trabajo en el laboratorio por terminar, sólo vine por algo de comer.

—Entonces, hay algo en lo que el gran Senku Sensei no es bueno. —Kohaku intentó no mostrarse afectada.

Muy en el fondo, la invitación había brotado del anhelo. Deseó al menos poder compartir una pieza con él.

—No hay nada científico en el baile, así que nunca me molesté en involucrarme o practicarlo. —se encogió de hombros para restarle importancia al asunto y se quedó frente a ella sin intenciones de bailar.

Inconscientemente Kohaku se acercó a él, con la intención de sentir algún tipo de conexión antes de que se marchara.

En ese momento, la música desaceleró el ritmo, casi como si alguien lo hubiera hecho a propósito, transformándose en una melodía mucho más lenta y hermosa.

Los faros de luz encendidos por el generador y que estaban colocados alrededor de la fiesta, vacilaron sobre el cielo oscuro. Kohaku admitió que durante su niñez, siempre temió a la oscuridad.

Ella miró a los ojos de Senku y todo pasó a un segundo lugar. Fue gracias a él que ese temor desapareció.

—Sólo por esta vez Senku ¿Puedes dejar de dar excusas? Solo es un baile.

—Leona… yo no...

—Antes de que te vayas, al menos concédeme esto ¿Quieres? —soltó con aflicción y cerró los ojos para respirar hondo.

Justo ahora, tenía que recordar que faltaba poco para que él se marchara a la Luna. Kohaku al menos quería guardar estos momentos en su memoria.

Y él comprendió.

Kohaku no supo qué fue lo que le hizo acercarse a él para rodear su cuello, haciendo que el cuerpo de Senku prácticamente se fundiese con el suyo.

Él sin embargo la dejó hacer; correspondiendo de igual manera al rodear la cintura de Kohaku con sus brazos. Sus cuerpos se movieron involuntariamente y en sincronía con la música, olvidándose de todo a su alrededor.

Una inesperada epifanía vino a Senku entonces: que no había nada tan maravilloso en ese instante como bailar con su Leona. Eso sólo fue la confirmación de lo que él ya sospechaba y se negaba a aceptar desde hacía bastante tiempo.

Sus sentimientos. Algo que crepitaba en su pecho cuando estaba cerca de ella.

Senku se perdió en su mirada, esa mirada extraordinaria que gritaban al mismo tiempo sus propios sentimientos reprimidos.

Acumulados a través del tiempo, desde el primer encuentro, su llegada y estancia en la aldea, las batallas, las aventuras, con cada logro y dificultad en el camino. Cada momento en esa travesía que estaba por llegar a su fin.

—Tienes que regresar. —susurró Kohaku, bebiendo aún de esa intensa mirada rubí.

Aún en medio de la dulce melodía, se detuvieron.

—Lo intentaré.

Quizá no fue una promesa contundente, pero Kohaku sabía cuán arraigada y férrea era la determinación de Senku. Entonces, estaba segura de que él regresaría.

Aún tenían la expectativa de un futuro.

.

.

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Fin.

N/A:

Me iba a tomar un breve descanso con el tema de este día y subirlo hasta el sábado… pero… aquí estoy, la musa vino de visita y me mantuvo escribiendo hasta las 2:30 de la madrugada XD

Algo un poco agridulce, lo siento u.u

Como siempre agradezco infinitamente a los que están al pendiente de esto y pasan a leer… Lxs amo!

Lamento los errores ortográficos que pueda tener y el Ooc (Personajes fuera de carácter) n.n pero no puedo evitarlo XD

De nuevo mil gracias y nos vemos en el siguiente tema (/n.n)/