Dr. Stone no me pertenece es propiedad de Inagaki y Boichi, yo sólo tomo prestado a los personajes para fines de esta historia.

~Momentos fugaces bajo las estrellas.~

(Día 19. Compartir Hobbies.)

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Sus ojos la hipnotizaron.

Kohaku se puso de puntillas con la firme intención de darle un casto beso a Senku, ahora que al fin se encontraban a solas. Pero contrario a lo que esperaría, él presionó un dedo contra sus labios y sonrió casi con diversión.

—No desesperes Leona, podrás aprovecharte más tarde de mí, pero primero quiero que me acompañes a un lugar. —Senku le susurró, tomándole la mano.

Las mejillas de Kohaku se ruborizaron no sólo de vergüenza ante tan descarada afirmación, sino también por la molestia de su plan frustrado. Ella y Senku no habían compartido un momento a solas desde hacía ya varios días y Kohaku se negó a admitir en voz alta que estaba comenzando a extrañar y añorar la calidez y el sabor de los labios del molesto científico.

—¡Ja! Lo dices como si realmente fueses la víctima aquí.

—Quizá no una víctima, pero sí una pobre e indefensa presa… Leona. —devolvió con sarcasmo y picardía, esperando alguna reacción en ella.

Y ciertamente aquél método siempre rindió frutos y le dió excelentes resultados, ese adorable puchero en los labios de Kohaku fue la confirmación.

Senku la llevó fuera de los límites de la Aldea, más allá de la barrera de árboles que rodeaban el laboratorio. Caminaron tomados de la mano mientras la hierba alta del sendero les hacía cosquillas en los tobillos; en la oscuridad de la noche, sólo la luna iluminó el camino hacia su destino.

Fue cerca de un tramo libre donde Senku tomó un pequeño farol que aguardaba relumbrando con intensidad en el suelo, y Kohaku no pudo pensar otra cosa que todo esto formaba parte de un plan.

—¿A dónde me llevas? —preguntó Kohaku con simple curiosidad, más que sospecha y desconfianza.

A decir verdad, a ella no le importó el lugar al que Senku la arrastrara, siempre y cuando estuviesen juntos.

—Lo averiguarás cuando lleguemos. —se limitó a sacudir la cabeza y sonrió.

Caminaron un par de minutos más, acompañados del sonido siseante de las cigarras en los árboles y con la luz del farol tambaleándose. Pero no hubo temor, eso parecía haberse desvanecido hace miles de años, quizá desde el momento en el que Senku llegó a la vida de Kohaku.

A pesar de ser una noche particularmente calurosa, Kohaku redujo la distancia entre ambos, buscando así la cercanía de Senku. Tomados de la mano, siguieron un estrecho sendero de escasa maleza y cubierta de pequeños guijarros.

Cuando llegaron al final del camino, a lo que parecía ser un pequeño y despejado acantilado, Senku se detuvo y se volvió para mirar a Kohaku.

—Creí que hacer esto lejos de la Aldea y del observatorio sería mejor —dijo, asumiendo una fingida indiferencia y tranquilidad—. Gen y Ryusui son tan entrometidos que no nos dejarían un segundo a solas. ¿Recuerdas la última vez cuando la puerta del observatorio se desplomó debido a que ese par de fisgones estaban detrás de ésta escuchando nuestra conversación? —ante el molesto y vergonzoso recuerdo, Senku resopló.

Oh, pero por supuesto que Kohaku se acordó, y fue por ese motivo que Gen y Ryusui recibieron una ligera y nada letal paliza al día siguiente.

—Creo que después de la pequeña lección que les dí, no se atreverían a hacerlo de nuevo. —ella se echó a reír por la imagen del Mentalista y el Capitán prometiendo que no lo volverían a hacer.

—Yo no estaría tan seguro con ese par.

Porque Ryusui y Gen eran dos sujetos impredecibles.

—Nadie puede. —concedió.

Compartieron una breve sonrisa de complicidad antes de que Senku la instara a avanzar unos pasos más.

—Como sea, pensé que aquí podríamos tener un poco de privacidad y una excelente vista.

Y entonces supo de lo que él estaba hablando cuando notó el telescopio mejorado en el que Senku estuvo trabajando en sus ratos libres. Después de la batalla con Tsukasa y tras el viaje a la isla del tesoro, él se encargó de potenciar la lente para lograr que las imágenes se vieran más nítidas.

—¿Seguiremos observando las constelaciones? —algo que sin lugar a dudas se convirtió en la cosa favorita de Kohaku desde la primera vez que Senku y ella lo hicieron.

Había demasiadas cosas en ese mundo que ella jamás pudo imaginar que existieran, cosas que sin lugar a dudas lograron desconcertarla pero también, llamaron su atención.

—¿Pensaste que estaba llevándote a algún lugar apartado para hacer cosas indebidas contigo? Leona mal pensada. —bromeó Senku.

—¡Ja! ¿Qué tonterías dices? Por supuesto que no… —mintió, a decir verdad sí estaba esperando algo más que simplemente ver el cielo nocturno.

Y él pudo ver a través de esa sutil mentira, Senku notó en la mirada de Kohaku el deseo anhelante de compartir un breve momento a solas con él.

Y él secretamente compartió dicho anhelo también.

Fue realmente molesto tener pequeños entrometidos a su alrededor, totalmente al pendiente de sus acciones con Kohaku.

La guió unos cuantos pasos más, justo frente al enorme telescopio que Taiju había cargado hasta ahí como un discreto favor para Senku.

Y en la oscuridad, Kohaku pudo ver la inmensidad del paisaje a su alrededor, donde el cielo y el mar parecían converger. El agua en calma reflejó espectacularmente cada punto brillante en la bóveda celeste.

Un imperceptible jadeo salió de sus labios a causa de la impresión por tan hermoso regalo de la naturaleza.

—Los nombres de las constelaciones, al menos algunas, vienen de antiguos héroes de la mitología griega y otras más de las formas que los antiguos pueblos veían por las noches —le dijo Senku, posicionándose justo detrás de ella—. Muchos de los antiguos pueblos se guiaban por éstas para rastrear las estaciones, ya que el sol viaja a través de las doce constelaciones que con el tiempo se conservaron.

Después de miles de años, Senku pudo notar leves cambios en la constitución de algunas de ellas, no fue una gran sorpresa después de todo, ya que incluso en la era moderna varias de ellas ya se habían fusionado con otras en el pasado.

—Oh, es verdad. Uno de los deberes de la sacerdotisa de la aldea es observar estas estrellas para determinar el comienzo del invierno o la temporada de lluvias. —Kohaku concedió, recordando cuando Kokuyo insistió en que ella aprendiera a estudiar el movimiento de las estrellas, preparándola así para la sucesión de Ruri al morir.

En aquél entonces Kohaku se negó fervientemente a la petición de su padre al considerar tal cosa como una clara manifestación de derrota y resignación. Porque ella nunca se rindió, ni siquiera cuando Kokuyo la desheredó y la expulsó de la aldea tras su aparente rebeldía al desafíar sus leyes.

Todo eso, ahora parecía tan lejano.

—Es un método que se ha usado desde la antigüedad. Incluso si el Viejo nunca mencionó eso en sus historias, los nuevos habitantes se habrían dado cuenta tarde o temprano.

Fue parte de la naturaleza humana después de todo y del progreso basado en lo observable. Chrome fue un ejemplo de esto.

—No cabe duda de que son hermosas pero también de gran utilidad. Cuando era pequeña, aprendí a guiarme a través de ellas cuando salía a cazar junto con mi padre y otros miembros de la aldea.

Kohaku oyó crujir la hierba bajo sus pies, y estuvo a punto de mirar por sobre su hombro para ver si Senku se estaba alejando, pero se las arregló para aguantar, esperando a que él dijera algo más.

Después de un momento, el olor familiar de Senku llenó su nariz. Kohaku cerró los ojos para respirar hondo, el aroma de algo fuerte y absolutamente inconfundible invadió sus sentidos.

Sustancias de dudosa procedencia mezcladas con el aroma reminiscente de jabón.

Todavía con los ojos cerrados, ella pudo ver el laboratorio y recordar todas esas veces en las que se habían desvelado trabajando hasta el amanecer. Podía ver el observatorio donde pasaban algunas noches observando a través del telescopio, pudo ver el Perseo y cada nuevo destino descubierto… Kohaku pudo ver cualquier otro lugar donde Senku y ella estuvieron antes.

—¿Ves esas tres estrellas de ahí? —Kohaku señaló hacia el firmamento al punto exacto donde las tres estrellas se apilaron en una línea ligeramente vertical—. Los ancianos de la aldea solían llamarlas "Tsuzumi Boshi", en realidad nunca supimos por qué le llamaban así, simplemente formaba parte de las cien historias.

Pero Senku supo a lo que ella estaba refiriéndose, una vieja tradición japonesa en el antiguo mundo para nombrar a una de las constelaciones. Fue de esa manera como los niños aprendieron a llamar a esa agrupación de estrellas debido a la peculiar forma asociada a un instrumento tradicional de Japón.

Byakuya definitivamente no dejaría morir algo como eso, al parecer.

—Ah, te refieres a Orión.

Kohaku pudo sentir la risa en la voz de Senku ¿Qué era tan divertido?

—¿Orión?

—Es una de las constelaciones más brillantes en el cielo nocturno durante el invierno y debe su nombre al mito de un cazador griego, de ahí que también se le conozca como la "constelación del cazador".

Ella miró fascinada el cúmulo de tres estrellas, sopesando aún las palabras de Senku. La nueva perspectiva de un viejo conocimiento infundado a través de las tradiciones de su aldea fue emocionante.

—Esas tres estrellas de ahí, forman parte del llamado "Cinturón de Orión", y esas dos —Senku señaló los extremos—. Se llaman Rigel y Betelgeuse… Ambas son dos de las diez estrellas más brillantes en el cielo.

Kohaku siguió con la mirada el dedo de Senku para ubicar ambas estrellas. Quizá nunca les había prestado real atención o ni siquiera sabía que estaban ahí como ahora, cuando él se tomaba el tiempo para explicarle.

Sin lugar a dudas fue algo que amaba de él.

—Cuando hablas así, explicando algo que yo no entiendo o que no sabía, realmente quiero besarte . —ella soltó con diversión y ligero sarcasmo.

La sonrisa de Senku sólo creció por la declaración. Sí, tal vez se dio cuenta de este ínfimo detalle tiempo atrás… cuando el brillo en la mirada de Kohaku la delató. Quizá fue por esa razón que algunos de sus besos eran más intensos que otros.

Esa Leona era simplemente impredecible… y a él le gustó.

—Quería enseñarte algo esta noche —Senku le rodeó la cintura con los brazos y acomodó la cabeza en el hueco del cuello de Kohaku—. Mira esas tres estrellas de ahí. —resopló su cálido aliento en la oreja de la chica al hablar, causándole un leve estremecimiento.

La mano de Senku acarició la mandíbula de Kohaku antes de tomarla para guiar su mirada de un punto a otro en el cielo con la intención de que pudiera ver dichas estrellas.

Sin la necesidad de un Telescopio, ella pudo ver a cuáles se refería.

—¿Las ves?

Kohaku asintió.

—Esas tres estrellas forman lo que en mi antigua época se llamaba el "El gran triángulo de verano". Quizá ahora se han desviado de su posición, pero esa, la que está más inclinada al norte, se llama Vega y está en la constelación de Lira —señaló el punto brillante—. La del Este, se llama Altaír, en la constelación de Aquila… y la última, la del oeste es Deneb, ubicada en la constelación del Cisne.

Kohaku miró a cada una de ellas, percatándose de que en efecto las tres en conjunto formaron un triángulo… Bueno, quizá un poco desviado, pero triángulo a fin de cuentas.

—¿Por eso las llaman el Gran Triángulo de Verano? ¿Por esa forma y porque son más visibles en esta época?

—Sí, aunque anteriormente sólo Vega y Altaír tenían mayor importancia para la gente de mi época.

Ella se volvió para poder mirar a Senku con genuina curiosidad por lo que él fuese a decir. La luz del farol parpadeó sobre el rostro del científico y Kohaku notó que él estaba sonriendo pero parecía nervioso, como si no supiese si continuar con lo que iba a decir.

—Sólo dilo… me gusta escuchar cada una de tus explicaciones.

—Bien… ¿Recuerdas ese tonto relato sobre una araña y un Buey en las cien historias? —La cara de Senku se arrugó al recordar aquel absurdo relato.

—¡Claro! Esa donde ambos tenían un amor prohibido y el padre de la pequeña araña la encerró… creo que también recuerdo algo sobre el Buey volando sobre unos pájaros gigantes...o algo así.

Él bufó ante esto, poniendo los ojos en blanco. Tal como había sucedido con Momotaro, la historia original que su padre incorporó en las cien historias se deterioró y deformó con el pasar del tiempo... o quizá no. Pero el resultado fue igual de absurdo.

—En realidad esa historia hace referencia a esas dos estrellas… a un festival llamado Tanabata. —dijo sacudiendo la cabeza y con una mueca.

—Tanabata… —Kohaku probó la nueva palabra en sus labios. Repitiéndola una y otra vez en su mente para no olvidarla.

Ella quería entender a lo que él se refería exactamente, pero no pudo.

—Es una vieja leyenda sobre dos amantes, Orihime y Hikoboshi… Vega y Altaír respectivamente —volvió a señalar ambas estrellas para hacer énfasis—. Según la leyenda estos dos amantes sólo pueden reunirse una vez al año, el séptimo día del séptimo mes.

—¿Sólo una vez al año? Eso es triste… —hubo un tenue destello en los ojos de Kohaku que sugería un atisbo de tristeza—. Espera… ¿Entonces esa historia no se trata sobre una araña y un buey?

—No, y no es la primera vez que distorsionan una historia con algo tan ilógico y absurdo —reflexionó Senku con apatía—. Orihime era una princesa tejedora y Hikoboshi un pastor, ambos abandonaron sus deberes cuando se enamoraron y por eso el padre de Orihime los castigó separándolos, dejando que se vieran sólo una vez al año cuando terminaran sus deberes y si las condiciones del clima lo permitían. Se supone que los separa un río que en este caso sería la Vía Láctea… así que necesitan un puente de aves para poder cruzar y encontrarse de nuevo.

No es que Senku fuese fanático de dicha tradición, salvo por Taiju y Yuzuriha quienes lo arrastraron cada año al festival incluso en contra de su voluntad. Al escuchar dicha historia de Ruri aquella noche cuando él decidió ilusamente conocer cada una de las cien, fue que se dió cuenta de su significado y origen.

Y fue hasta ahora que decidió hablar sobre esto, al darse la ocasión perfecta para sacar el tema a colación. Además, a Kohaku parecía encantarle cada uno de sus datos y cada explicación del mundo que les rodeaba.

—Creo que ya no volveré a mirar las estrellas de la misma manera después de esto… Gracias por la lección de hoy, Profesor Senku. —Kohaku estrechó la mirada en él juguetonamente, enredando los brazos en el cuello de Senku.

Él no se apartó, de hecho, fue algo que ya veía venir… como todas las ocasiones anteriores desde que la cercanía comenzó a ser más íntima entre los dos.

—Y, bueno…

Antes de que él pudiera siquiera terminar su frase, ella lo besó. Sus labios se sumergieron en los de él con deseo insuperable y anhelo. Un beso salvaje pero exploratorio, como si nunca se hubieran besado.

Kohaku se perdió en el beso, entrelazando el pelo de Senku con sus dedos; después de unos minutos notó su cálido aliento en el cuello mientras los labios del científico exploraban el lóbulo de su oreja y posteriormente su clavícula, descendiendo hacia el escote de su vestido.

Ella soltó un ligero suspiro que después se convirtió en un audible gemido cuando Senku volvió a sus labios.

La respiración entonces se volvió entrecortada, pero aún así se negaron a dejar de besarse. La excitación subió por el cuello de Kohaku y su pulso comenzó a acelerarse.

Esa fue la señal inequívoca de que tenían que detenerse. Senku fue el primero en interrumpir el beso, respirando con dificultad.

—Quizá debamos regresar, Leona. —él estaba tan nervioso como ella pero trató de disimular su estado de agitación lo mejor que pudo.

Con reticencia y con un último beso, Kohaku se apartó de los labios de Senku para presionar su frente contra la de él, respirando con dificultad.

—De acuerdo, regresemos antes de que comiencen a buscarnos —ella le abrazó—. Aunque fue bueno mientras duró.

Él la sostuvo entre sus brazos, concediéndole la razón. Pasar un fugaz momento a solas con ella fue lo mejor que podían hacer en su tiempo libre. El cual tampoco fue mucho.

—Estoy Diez mil millones por ciento seguro de que lo fue.

Presa de esa intensa mirada carmín, Kohaku unió una vez más sus labios con los de él y lo envolvió de nuevo en sus brazos. Senku recorrió con sus manos la espalda de la Leona hasta la cintura.

Si le preguntaran a ambos cuál era su pasatiempo favorito, quizá sería no mirar las estrellas bajo el cielo nocturno.

Para ambos, la mejor cosa para hacer juntos sin lugar a dudas fue compartir esos momentos a solas, perdiéndose en los labios del otro.

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Fin.

N/A:

Aquí tarde con el tema de hoy u.u estuve bastante ocupada la mayor parte del día y no tenía listo el capítulo ya que anoche me ganó el sueño y me dormí XD

Pero a final de cuentas aquí está el capítulo, algo largo para compensar un poco el anterior…

Eso sí, con mucho Ooc para aderezar a la OTP XD

Disculpen los errores que pueda tener u.u y gracias por leer :3

¡Nos vemos en el siguiente tema! n.n