Capítulo 36 Omelette


Draco escuchó el susurro del niño, y aunque fingió no haber oído, esa palabra resonó en su mente.

Draco sintió una emoción interior al escuchar la palabra «papá», tanto que no supo qué decir. Se aclaró la garganta y palmeó con cariño la espalda del pequeño. Luego una maestra se acercó y guió a Hugo a su salón de clases. El mago se quedó estático por varios segundos llevando una mano a su cabello, respiró hondo y lentamente se formó una sonrisa de orgullo. Era consciente de que no era el padre biológico del niño; no obstante, sentía una gran conexión con él y deseaba que de verdad fuera su hijo.

Sus ojos se empañaron levemente por la emoción, más se controló y caminó hacia la salida.

¿Tanta necesidad de cariño tenía? ¿Porque sintió tan bonito y especial que lo llamara así?


Entre Ginny y Lavender se las habían ingeniado para mantener la mente de Hermione ocupada y que dejara de pensar en la alucinación que tuvo. Después de un rato, Hermione se levantó y comió con la supervisión de sus amigas, quienes no le quitaron los ojos de encima al punto de atosigarla, por lo cual Lavender se retiró a ayudar al señor Lovegood en su jardín, mientras Ginny se quedaba con Hermione en la biblioteca platicando trivialidades.

—Ginny, hay algo que quiero preguntarte desde hace tiempo.

—Dime. —La mujer le vio, con interés.

—¿Cómo fue que Draco es amigo de Harry y tuyo, cómo es que se llevan bien?

Ginevra se rió y con melancolía recordó.

—Fue después del juicio sobre mi madre… Estaba tan enojada con él porque estaba segura que era culpable, que con ayuda de Harry —dijo con una triste sonrisa— lo encerramos en la Sala de los Menesteres. Estaba dispuesta a torturarlo hasta hacerlo confesar, pero él parecía tan triste que ni siquiera se resistió a un Legeremens. Es ahí donde nos dimos cuenta que era inocente y que de verdad te amaba. Bueno, te ama, mejor dicho.

Hermione sintió la sangre agolparse en sus mejillas. Su amiga se aclaró la garganta y continúo.

—Y bueno, él necesitaba un amigo, un apoyo, así que convencí a Harry de invitarlo a Hogsmeade. No te negaré que en un principio Harry y Draco se hicieron los difíciles, no se hablaban en lo más mínimo, pero nada que un partido de Quidditch no solucione —relató orgullosa.

—Vaya, nunca creí que Harry y Draco pudieran cruzarse más de una palabra sin querer matarse el uno al otro. e alegra que no lo dejaran solo. Yo me alejé de todos pero te que siempre quise que las cosas fueran diferentes.

Ginny la abrazó fuertemente.

—Lo sé, lo sé, cariño. —Se separaron del abrazo y Ginny le acarició el cabello—. No sé cómo pudiste soportar tantos años de sufrimiento. ¡Ese maldito! ¡Desearía que no fuera mi hermano! ¡Se merece lo peor!

—¡Ginny!

—¿Qué? —dijo con gesto inocente—. Cambiando de tema, mira lo que te traje. —Sacó de su bolsa una cajita de madera fina que Hermione reconoció al instante—. Draco la compró para ti hace tiempo pero como se distanciaron nunca te la dio y me dijo que te la diera —sonrió—, pero con lo distraída que soy lo había olvidado.

Hermione abrió la caja y apartó la tela roja que cubría la varita para después sacarla. La tomó en sus manos como si fuera la primera vez y con una sonrisa agradeció a su amiga.

—Accio taza de té —pronunció y al instante su taza se dirigió a sus manos—. Es increíble… había olvidado lo que era hacer magia… ¡Gracias!

—No es a mí a quien debes agradecer. ¡Agradécele a Draco! —propuso sonriente.

—Claro, le agradeceré en cuanto lo vea —respondió sin dejar de mirar su varita.

—¿Y cómo lo harás? —preguntó Ginny y su amiga frunció el entrecejo sin entender.

—¿Qué cosa?

—Propongo que vayan a cenar y te pones así bien linda, una falda corta obviamente. ¡Enseñando esas piernazas que te cargas!

Hermione al instante se bajó un poco su falda tratando de cubrirse por completo las piernas.

—¡Qué cosas dices! ¡Por supuesto que no haré eso!

—Hermione, no seas aburrida. Y así, después de la cena, se van a un lugar solitos y se dan a la tarea de darle un hermanito a Hugo.

Hermione tomó uno de los almohadones que estaban en el sillón y se lo estampó en la cara a Ginny en repetidas ocasiones.

—¡Ya, ya! ¡Pido tregua! —dijo Ginny entre risas—. Y bien, ¿qué te parece mi plan?

—¡Me parece que has visto muchas novelas muggles!¡ No voy a darle a Hugo un hermanito! ¡Cómo se te ocurre! —exclamó con una sonrisa mal disimulada—. Aún no se qué haré con mi vida y tú quieres que vaya tras Draco.

—¿Cómo que no sabes qué harás con tu vida? —resopló y acomodándose en el sillón la tomó de las manos—. Me tienes a mí, a Harry, Luna, Draco —dijo esto último picándole las costillas, haciéndola reír— y la lista sigue y sigue… Todos te vamos a ayudar. Mira, ya tienes trabajo, solo falta que consigas la custodia de Hugo y…

—Lo dices como si fuera fácil —la interrumpió—. e preocupan estas pesadillas y ahora tuve esa alucinación. ¡Me voy a volver loca y… no debo… No puedo, ¡mi hijo me necesita!

La joven bajó la vista aguantando las ganas de llorar, Ginny le levantó la barbilla y le habló suave pero firme.

—Por eso mismo debes ir a terapia. Ya verás que solo fue por los nervios y estarás bien. Tranquila.

—Eso espero.

Ambas se sonrieron y Ginny agarró un pañuelo de la mesita de centro con el que le limpió las lágrimas a su amiga.

—No llores, Hugo no debe tardar en llegar y no queremos que te vea así, ¿verdad? —Su amiga asintió y respiró hondo.

Momentos más tarde, Hermione escuchó la chimenea activarse y de ella salieron Draco y Hugo, el primero sacudiéndose la ropa sin dejar de renegar y puntualizar las desventajas de viajar por Red Flu. Hermione sonrió divertida y se acercó a abrazar a su hijo; sin embargo, el pasó de ella y se alejó corriendo a las escaleras rumbo a su cuarto.

—¿Qué pasó, Draco?

—No lo sé, en todo el camino no quiso hablar. Le pregunté y solo dijo que nada le ocurría. No lo quise presionar, creí que contigo hablaría.

—Iré a verlo —dijo la joven y Draco fue tras de ella—. Estaba nervioso esta mañana, tal vez le fue mal.

—Lo sabremos en un momento.

—Vayan, vayan —apremió Ginny, preocupada por su sobrino.

Hermione subió las escaleras y abrió la puerta de su habitación, encontrando a Hugo sentado en la cama con la cabeza gacha y su mochila tirada en el piso. La joven se agachó y la recogió acto seguido se sentó a su lado derecho y Draco al lado izquierdo.

—¿Cómo te fue en la escuela, amor?

—No sé, aburrido —respondió desganado y sin levantar la cabeza.

—Pero fue tu primer día, seguro fue emocionante.

Hugo se cruzó de brazos haciendo un puchero y se mantuvo en silencio.

—Hijo, dijimos que hoy sería un gran día. ¿Pasó algo malo?

Hugo recordó como uno de sus compañeros le dijo que Narcissa Malfoy se había peleado con su madre en el Callejón Diagon. Su corazón se estremeció y gritó:

—¡No fue el mejor día! ¡Fue el peor! —gritó y agachó el rostro de nuevo.

—¿Qué dices, Hugo? El día aún no acaba… ¿Qué te parece si comemos algo especial? ¡Hermione, dinos qué cocinaste!

—No hice nada, recuerda que no me dejaron levantarme del sillón —le dijo en voz baja y él se golpeó mentalmente por no acordarse—, pero hay un poco de puré, puedo hacer un omelette y…

—Detente, Hermione, no querrás envenenar al pobre Hugo con ese puré. —Ella le asesinó con la mirada— ¡Tengo una gran idea, cocinaremos tú y yo, campeón! —dijo y el niño levantó la cabeza sonriendo levemente.

—¿Tú cocinando? —preguntó Hermione con incredulidad y una pizca de diversión.

—Claro y lo hago mejor que tú.

—¡Ay, por favor! Con magia cualquiera lo haría.

—Lo hago al estilo muggle. Descubrí que es mucho más sabroso de ese modo.

—Eso no lo creo.

Draco sonrió divertido y golpeó una mano en su pierna para después ponerse de pie.

—¡Qué te parece, Hugo! Nos están retando!

Hugo río levemente olvidándose de su tristeza. Draco cargó al niño y tras hacerlo girar unas cuantas veces, bajaron a la cocina donde después de unos minutos, Draco gritó pidiéndole a Hermione que bajara. Esta bajó corriendo y se dirigió a la cocina.

—¿Y Ginny dónde está?

—Se fue, dijo que tenía un asunto que atender.

—Ah bueno.

—No te quedes ahí, pásame el queso.

—¿Me llamaste solo para que te diera el queso?

—Claro que no, mamá, Draco dijo que es para que aprendas a hacer un omelette como Merlín manda —dijo sonriente.

—¡Oh, vaya. Cuánta sinceridad Hugo! —dijo Draco—. Me traicionaste, pequeño.

Hugo sonrió y le guiñó un ojo. Hermione se rió y abrió el refrigerador modificado que el señor Lovegood se esforzó en crear. Sacando el queso seco, se lo tendió a Draco quien al verlo negó con la cabeza.

—¡Por Salazar! ¿Quién hace un omelette con ese queso?

Ella se dirigió al refrigerador en busca de queso manchego y Draco lo divisó primero, se agachó un poco para alcanzarlo y al tenerlo en las manos se incorporó topándose de cerca con Hermione. Sus cuerpos estaban a escasos centímetros y Hermione se tensó al tenerlo tan cerca, su corazón se aceleró y tragó saliva sintiéndose una adolescente por sentirse de ese modo. Draco se dio cuenta de su incomodidad y se alejó alzando las manos en símbolo de que no la tocaría si ella no se lo permitíaDejó el queso sobre la mesa donde el niño esperaba sentado. Hermione cerró el refrigerador y se colocó a un lado de Hugo con las manos atrás, esperando.

—Ahora observa al maestro —dijo prendiendo la estufa a fuego medio y agregando mantequilla—. Granger, ¿qué haces ahí como una estatua? Dame huevos, leche, jamón, sal, pimienta y…

—¡Y mostaza! —completó el niño, alegre.

—¡Exacto!

—¡Ya soy todo un chef, ¿verdad mamá?

—Claro que sí, mi amor.

Hermione dejó los ingredientes sobre la mesa mientras Draco no paraba de decirle cómo debía batir los huevos y luego agregar sal y leche, para que quedara más esponjoso.

—¡No soy idiota, yo sé batir un huevo! —dijo Hermione y su hijo se rió.

—Está bien, está bien —concedió Draco.

Después de derretir la mantequilla, Draco vacío la mezcla de huevo y tapó por varios minutos.

—Esto es muy importante para que la parte de arriba quedé cocida y no cruda. Porque no queremos que Hugo no salga del baño, ¿verdad?

Ella rodó los ojos y anotó mentalmente cada indicación.

—Huele delicioso —exclamó Hugo.

Después de unos momentos, Draco destapó la sartén y al comprobar que la parte de arriba ya estaba cocida, le añadió queso, jamón y envolvió en forma de rollo y volvió a tapar.

—¡Prepararé la mesa! —se ofreció Hugo y su madre tuvo una idea.

—¿Qué te parece si lo hacemos juntos y con algo de magia?

—¿Magia?

Hermione sacó su varita del bolsillo del pantalón y su hijo asombrado observó cómo todos los cubiertos flotaban hasta posarse en la mesa.

—Es increíble, mamá. ¿Cuándo voy a tener la mía?

—Aún faltan algunos años para eso, mi cielo. Por eso debes asistir a la escuela, allí te ayudarán a controlar tu magia.

Hugo agachó la cabeza.

—Pero aún no tengo magia.

Hermione levantó su rostro y depositó un beso en su frente.

—Pronto aparecerá la magia que duerme en ti y estoy segura que serás un gran mago.

—¡Sí, como Draco!

El joven entró al comedor con el omelette en el sartén, con cautela lo depositó en el plato de Hugo, quien tomó un tenedor y un cuchillo disponiéndose a comer. Draco partió un pedazo y tras soplar lo acercó a la boca de Hermione, ella se sorprendió mas no lo rechazó y probó el omelette.

—Rico, ¿verdad?

Ella no admitiría que él era bueno cocinando.

—Mmm he probado mejores.

—Tu orgullo no te deja admitir que soy un buen chef, pero bueno te perdono.

Draco y Hermione compartieron una mirada divertida.

—No fue el mejor día en la escuela pero es el mejor omelette —festejó Hugo.

Al terminar de comer, la chimenea se encendió y Hermione fue corriendo a ver de quién se trataba. Al llegar se percató de la cabeza flotante de Ginny y luego de saludarse, le preguntó a qué se debía su repentina aparición.

—¿Hugo no te ha dicho nada?

—No. ¿Supiste algo?

—Sí, James me contó que un niño de su salón le dijo a Hugo sobre tu enfrentamiento con Narcissa. —Hermione se llevó las manos a la boca—. No te preocupes, mi James lo puso en su lugar.

—Gracias, Ginny, hablaré con él.

De regreso al comedor, Hugo platicaba con Draco, emocionado por la promesa del auror de comprarle una escoba.

—¡Mami! Draco dice que me comprara una escoba. ¿Puedes creerlo?

Hermione no estaba de acuerdo con que su hijo montara una escoba a tan corta edad; no obstante, le dio un beso en la frente a su hijo mientras le lanzaba una mirada asesina a Draco. Este se alzó de hombros con inocencia.

—Mi amor, me enteré de lo que pasó en la escuela. —Hugose entristeció—. Pero no debes darle importancia, la señora Malfoy y yo tenemos nuestras diferencias y eso es todo. Recuerda que todos somos humanos y cometemos errores. o siempre podemos estar de acuerdo en todo. ¿Entiendes, cariño?

Él sacudió la cabeza.

—Dijeron que te golpeó… y eso no me gustó.

Hermione suspiró.

—Eso no es verdad. ¿Acaso me ves golpeada? —Hugo negó—. Son inventos de la gente. Prométeme que no vas a creer en esas tonterías —dijo alzando su meñique, acción que el niño imitó con una débil sonrisa.

—Prometido.

—Ese es mi niño —celebró la joven abrazándolo.

Draco los observó en silencio, dejándose llevar por sus locos pensamientos, fantaseando con que, en otras circunstancias, Hugo hubiera sido su hijo y Hermione su esposa. Un mundo idílico donde la comadreja no existiera.


¡Hola de nuevo!

¿Que creen que pasará?

¡Nos leemos!