ITACHI UCHIHA
Siempre había amado Konoha y la paz, también a su hermanito menor al que consideraba lo más importante de su vida, lo único que le quedaba. Su deber era protegerlo, amarlo, cuidarlo y convertirlo en alguien mejor de lo que era él. No iba a permitir que nadie dañara a Sasuke, su amado hermano menor. Y por ese motivo, sobretodo, y también por Konoha y la paz, fue que se ofreció sin dudarlo a esa misión de espionaje donde se mantendría lejos de lo que más amaba y apreciaba, pero sabía que al hacerlo mantendría a salvo a su familia... La única familia que tenía.
A partir del instante que lo decidió y se ofreció a tomar la misión, se iba a convertir en un traidor a la Hoja y así ser aceptado en una organización criminal llamada Akatsuki. Al Yondaime no le gustó el plan e intentó convencerle de que no se ofreciera, pero a él nadie le iba a hacer desistir de su decisión... Alguien tenía que infiltrarse en ese lugar e ir informando a Konoha de sus movimientos, proteger la aldea desde la distancia. Además debía comprobar si Akatsuki tenía algún tipo de lazo con Danzou Shimura, el asesino de su clan. Llevaban tanto tiempo los anbus y shinobis de Konoha buscándolo, pero Danzou estaba muy bien escondido.
Lo primero que descartó es que Akatsuki no tenía relación con Raíz y por lo tanto con el Shimura. Lo segundo, fue que el autentico líder de Amanecer no era visible, el sujeto movía los hilos desde las sombras y en su lugar había colocado a un omega pelirrojo del clan Uzumaki, el cuál poseía un extraño doujutsu. Era extraño porque ese poder ocular le tendría que pertenecer a un Uchiha y sólo, si se daban ciertas circunstancias especiales, pero... ¿Un Uzumaki con el rin'nengan? ¡Era imposible! A no ser que se los hubieran implantado... Pero sabía que Nagato no tenía conocimiento de tal acción. E Itachi no descubrió esto por haberle interrogado, lo descubrió al internarse en su cabeza mediante su propio doujutsu y profundizar en sus recuerdos. Nagato Uzumaki recordaba tener esos ojos desde que tenía uso de memoria... Eso significaba que alguien se los implantó siendo apenas un bebé o a una edad tan temprana que el omega ni siquiera poseía el recuerdo. Y así fue como Itachi descubrió que había otro líder que gobernaba Akatsuki en las sombras... Alguien que también era del clan Uchiha, descubrió al profundizar más en sus hallazgos... Alguien que tiempo después entró en la organización de forma engañosa, Tobi se hizo llamar. Fue el hazmerreir de los demás miembros que se creyeron su falsa fachada de ninja torpe, infantil y simplón, un pelele a ojos de cualquiera, pero con un poder inmenso corriendo por su sangre. Ese sujeto se hacía llamar, Madara Uchiha... Pero Itachi no creía que ese fuera su nombre real.
Otra cosa que desconcertó a Itachi en relación a su futuro, fue un hecho muy significativo para él, algo que no esperaba... Su omega destinado estaba en esa organización... Su hembra destinada era un criminal clase S y la cara visible de esa organización, Nagato Uzumaki. Ese fue el verdadero motivo para entrar en su mente, y el bonus por esa acción fue que consiguió elucubrar la autentica realidad que escondía Akatsuki, como ya se ha comentado. En cuanto sintió el tirón que le llamaba para estar con su omega apenas se vieron, esa compulsión y fuerte deseo por querer estar a su lado, protegerle, marcarle, anudarle y llenarle con su esperma, fue que le aplicó un genjutsu, también a si mismo; una ilusión donde 'convencía' a sus respectivos animales a no mostrar su interés por su destinado, a no sentirse interesados, y así aprovechó para descubrir lo demás...
Recuerda que cuando había visto al delgado y pálido pelirrojo su corazón se aceleró, su pantera rugió arañando desde su interior y olfateó con fuerza para captar las sutiles notas de la fragancia de su pareja, en ese primer encuentro estaban todos los de esa organización reunidos y gracias a los diferentes aromas mezclados de los miembros de Akatsuki, fue que pudo disimular. Una rápida conexión de ojos le bastó para calmar la reacción de su omega al percibirle también entre los demás. En esa primera vez que entró en su mente, le citó más tarde, a solas... En una zona boscosa alejada de la cueva donde morarían. Y cuando se encontraron allí de noche, entre los árboles, y pudo olfatear su dulce y fresco aroma sin que estuviera mezclado con el de nadie más, se sintió lleno de euforia. Era su omega, suyo... Pero no podía... No debía... Y con todo la pena que le causó esto, dejó que ganara la batalla el deber y la moral por encima del deseo, él estaba ahí para evitar una posible futura masacre o guerras entre shonobis. Y cuando su omega emitió un llamado mientras tímidamente se acercaba a él, le atrapó con el sharingan, le capturó dentro de su mente.
–Lo siento.– Le susurró mientras acariciaba la mejilla y Nagato se apoyaba buscando más de ese cariñoso tacto.
–¿Por qué, Itachi-san?– Le susurró con esa apacible voz que poseía.
–Por esto, Nagato... No quiero pero debo.– Mientras trababa su rojiza mirada con el que tenía que ser su hembra.
–Entiendo, estás aquí por deber...– Le asintió con dolor a Nagato.– Ya veo... ¿Me matarás?
–No.– Le aseguró con tristeza porque su destinado creyera que le haría tal cosa.– Pero ahora no es el momento de estar juntos, no debo... No debemos. Lo siento.
Y acariciándole la mandíbula le besó con delicadeza antes de apartarse y obligarle a que le mirara. Metió a su hembra en una ilusión donde le hacía creer a su psique que él no era su destinado, que no debía sentirse atraído por su aroma y su presencia... Y a la vez inspeccionó en sus recuerdos para saber más sobre él, sobre Akatsuki y sobre lo que acababa de descubrir sobre el auténtico líder de esa organización. Nagato no sabía que él no había nacido con esos ojos, tampoco tenía conocimiento del rostro del líder de esa organización... La cara de ese líder estaba difusa en los recuerdos de Nagato o aparecía tapada por una máscara, igual que la que llevaba el que más tarde se presentaría como Tobi ante todos. Eso le daba la pista de que el que mandaba en Akatsuki era un Uchiha y había aplicado genjutsu al Uzumaki para que no le recordara... Lo que no tenía tan claro es si el hombre de la máscara y el que aparecía difuminado en las memorias del Uzumaki eran la misma persona.
Cuando salió de la mente de Nagato, éste se desmayó entre sus brazos, le sujetó con cuidado y se disculpó de nuevo por hacerle eso. Unos minutos después el Uzumaki despertó confuso y le miró en busca de respuestas, parecía que le genjutsu que le aplicó funcionaba perfectamente.
–Estaba buscando un lugar tranquilo y aire fresco, y te he encontrado inconsciente. ¿Estás bien?– Le mintió y Nagato le creyó, era muy bueno mintiendo.
–Eh, si... Ya estoy bien, gracias Itachi-san.– Mientras se levantaba de entre sus brazos mostrando un adorable rubor en sus mejillas.
Su doujutsu y la capacidad que tenían los Uchiha para manipular, temporalmente en este caso, sus propios instintos y el de los demás era el motivo del porque eran tan buen espías, de porque eran tan temidos.
El genjutsu había funcionado perfectamente, eso si, aunque se hubiera aplicado esa ilusión a su propia bestia interior y a su hembra, siempre habría algo que les impelía a no alejarse demasiado del otro. Le gustó Nagato, le atraía ese omega pelirrojo de aspecto delicado y tranquilo, con ese aroma dulce y delicado a prado en primavera, ese pobre Uzumaki que había sido manipulado de forma vil y obligado a llevar esa vida por culpa de malditos como Danzou, que mató a sus seres queridos, y por el líder de Akatsuki, que le prometió justicia y una utopía de paz.
Encontrar a su pareja destinada era un poderoso motivo para continuar infiltrado en Akastuki por mucho que a la vez deseara volver a Konoha y saber de su pequeño hermano al que adoraba. No podía dejar su misión aun, no podía dejar a Nagato.
