ITACHI UCHIHA 2

Nota el intenso dolor en su corazón, la inquietud y desesperación de su pantera… Algo va mal, algo va muy mal con su omega… Esa ilusión que se aplicó en si mismo se está quebrando y eso sólo puede significar que su omega está muriendo. Sale corriendo, dejando que su instinto y sus sentidos le guíen.

–¿Itachi?– Le llama Kisame al verle girar de golpe y correr, más ignora a su compañero de equipo y sigue su camino.

El dolor atenaza todo su cuerpo pero, no es su dolor es el de su pareja. Salta veloz, insuflando todo el chakra posible a sus piernas para conseguir mayor velocidad, su respiración suena forzada por sobrecargar su cuerpo de esa forma. ¿Qué ha sucedido? Nagato estaba bien cuando le había ido a buscar Zetsu para llevárselo a saber donde… No ha podido seguirlos, tenía su propia misión y además, tiene que ir con pies de plomo para no ser descubierto por el hombre planta, sobretodo cuando está cada vez más cerca de descubrir los planes reales de Akatsuki.

Llega a una cueva profunda y se adentra. La oscuridad no es problema para él, su sharingan le confiere la capacidad de ver como si fuera de día. A medida que se va adentrando en la larga caverna, ésta va perdiendo su oscuridad gracias a una larga abertura en el techo desde la cual se ve el cielo. Su pantera ruge inquieta y la nota arañar instándole a que vaya más deprisa, pero sabe que tiene que ser precavido, aunque si que sus pasos son veloces. El aroma de sangre inunda el lugar, todo y el gran agujero que ventila ese lugar y que comunica con el exterior por arriba. Afiladas raíces emergen desde el suelo y se elevan grotescas y retorcidas por la cueva. Las esquiva hasta hallar un cuerpo femenino ensartado entre ellas. Descuartizado en varias partes sanguinolentas.

–Konan…– Le caía bien la beta, era calmada y de trato fácil. Siempre pasando desapercibida al lado de Nagato, siendo el soporte del omega cuando este la necesitaba.

Sigue avanzando hasta ver un cuerpo en el suelo, agudiza el oído y escucha el leve crepitar de su trabajosa respiración. Corre hacía él.

–¡Nagato!– Toca su cuello para asegurarse que ha oído bien el suave estertor del omega al respirar, que no se lo ha imaginado, y nota su pulso, algo débil pero ahí está.

Le venda las heridas y para la hemorragia antes de cargarlo y correr para salir de allí. Le llevará a un lugar donde sabe que podrán curarle y tratarle. Konoha.

Apenas se detiene en su viaje, solo para cambiar los vendajes de su omega, asegurarse de que sigue vivo e hidratarle.

Al anochecer llega a la aldea. Se infiltra en ella sin problemas y termina en el hospital donde finalmente le detienen. Para todos es un traidor.

–Busca al Yondaime Hokage y tráelo. Descubrirás que todo ha sido una misión de espionaje.– Encara al ninja que le está deteniendo.– Pero permite que se ocupen de Nagato Uzumaki, se morirá si no le atienden rápido… Es mi omega, por favor.

Un par de enfermeras y un médico se acercan y con cuidado se lo quitan de los brazos. Les permite que se lo lleven. Es cuestión de vida o muerte para Nagato, no puede ponerse sobreprotector.

Enseguida llega Minato aprovechando una de sus marcas colocada estratégicamente en el centro médico.

–¡Itachi! – Observa a sus shinobis.– Bajad las armas, Itachi es un ninja de Konoha que estaba en una misión de infiltración. Notificadlo a todos.

Les ordena el Hokage a sus hombres y él lo agradece, no necesita enfrentamientos en esos momentos. Se frota el rostro agotado tras la intensa carrera hacía la villa. Está realmente agotado.

–¿Qué sucede? ¿Estás herido?

Niega mientras libera el aire retenido con lentitud, buscando sosegarse y hallar de nuevo su calma habitual.

–Encontré a mi omega en Akatsuki, pero continué la misión al aplicarnos un genjutsu para no ceder ante lo que nos marca el destino… Pero ayer sentí su dolor, la ilusión se había roto al estar Nagato malherido. Tenía que traerlo… No podía permitir que muriera, Minato-san.– Se disculpó.

–No te preocupes, actuaste bien Itachi… Ya es mucho lo que te pedí y ya hiciste mucho resistiendo todo este tiempo el instinto de unirte a él. ¿Sabes como fue?

–No lo vi, pero me lo imagino… Le han quitado los ojos, así que seguramente su propietario original los ha recuperado.

–Su propietario original… ¿Madara Uchiha?– Itachi asintió.– ¿Estás seguro de que no ha sido Obito?

Itachi había descubierto al final que los ojos que poseía Nagato Uzumaki eran los del poderoso Uchiha. A su vez, desde Konoha le llegó la información de que el tal Tobi, líder en las sombras de Akatsuki, era en realidad Obito Uchiha. Luego no había sido muy complicado atar cabos de que uno de los propósitos de haberle implantado los ojos al Uzumaki era, llegada la ocasión, devolver a la vida a Uchiha Madara mediante el Rinnengan. Pero estaba seguro de que algo había sucedido para adelantar el renacimiento del poderoso Uchiha y el hecho de que fuera Zetsu y no Obito, el que pidió a Nagato que usara el poderoso doujutsu visual le daba una idea de cual era ese motivo.

–Me temo que si. Madara ha sido revivido, que era el propósito de que le legaran los ojos a Nagato. Y no ha sido Obito, el olor que había en la cueva, a café y chocolate amargo, no era de él. Eran unas feromonas intensas, que gritaban a quien las oliera: soy fuerte, estoy aquí y no pienso esconderme.– Miró al Hokage e inclinó la cabeza.– Siento no haber podido hacer nada para evitar esto.

Sintió la ansiedad del alfa rubio, el aroma estresado y agitado que liberó, no se había de ser un genio para saber que pasaba por la cabeza del Cuarto. La preocupación, el enfado, la frustración era evidente en esa mezcla de olores que, aunque intentaba controlar le resultaba imposible. Que tu pareja estuviera engañada mediante un sello y un potente genjutsu para reconocer a otro como su enlazado y, saber que ese mismo sujeto volvía a caminar entre los vivos era terrible.

–No te preocupes Itachi-kun, has hecho bien… No podías hacer nada para evitarlo.

Itachi observó a un doctor acercarse a ellos, era uno de los que se había llevado a Nagato.

–Hemos estabilizado a su omega, sus hemorragias han sido detenidas y está en un cuarto recuperándose. Sigue débil pero somos positivos.

Cerró los ojos y respiró más calmado, Nagato iba a vivir. Se encaminó siguiendo al médico y a su vez siendo seguido por el Hokage.

Observó a Nagato, aun más pálido de lo que ya era en esa cama de hospital. Estaba algo demacrado por la pérdida de sangre, pero respiraba mejor y con mayor fuerza. Estaba vendado por las heridas que le habían causado al intentar defenderse y por algunas de las raíces del ataque del alfa Uchiha.

–Madara puede usar el mokuton.– Informó mientras acariciaba el rostro de su destinado.– Y está claro que posee sus ojos, o sea el Rinnengan.

Pues se los había arrancado al Uzumaki.

–Es un temible enemigo.– Tendría que informar al consejo y preparar una buen estrategia para terminar con él y que dejara de dañar a los que tenían la desdicha de estar a su alrededor.–Tu pareja es fuerte, Itachi.

–Lo sé.– Y ahora debía dejarle descansar y recuperarse. Él aun no había terminado, no podía relajarse con respecto a sus funciones. –¿Has recibido algún nuevo informe de mi hermano?

–No, hace unos días que no…

La respuesta del Yondaime le dejaba intranquilo.

–Itachi… Yo.

–No se preocupe. Sasuke es fuerte y es un shinobi capaz… Reconozco que al principio me molestó saber que mi hermano había tomado esa misión encubierta. Le fui a buscar y todo, queriendo que volviera a Konoha…– Que tonto había sido…– Pero al verle comprendí que Sasuke ya no es ese cachorro que tanto deseaba proteger. Es un adulto y es muy fuerte. Confío en él. Sigo queriendo cuidarlo, pero debo dejar que tome sus propias decisiones. Mi hermano era el más adecuado para infiltrarse con Orochimaru y conocer sobre el paradero de Danzou.

–¿Cómo dices? ¿ES ESO CIERTO?

Ambos se giraron hacía la nueva intrusión que furioso les observaba desde la puerta.