Código Galaxy
Capítulo 3
Cubo y los demás soldados clon se movieron por los pasillos de las celdas. Sólo había dos celdas ocupadas, una por la amazona republicana Asmeya, y la otra por unos nativos del planeta de más abajo. Debían estar aterrados, sin entender nada de lo que pasaba, así que decidió sacarlos a ellos los primeros mientras el resto del escuadrón sacaba a la chica. Se acercó a la puerta de su prisión, y comprobó que estaban tirados en el suelo, con las piernas abrazadas y colocados todos juntos. Disparó a la pantalla táctil lateral, que empezó a chisporrotear, tras lo que salió humo, y segundos después, desapareció la barrera de energía que impedía que aquel grupo pudiera salir de allí. Estos levantaron la cabeza en cuanto oyeron aquel sonido tan fuerte, y se levantaron tras comprobar que eran libres.
-¿Quién eres?- Aelita estaba nerviosa, pero se mantenía atenta. El soldado no entendió sus palabras, pero sabía que sería más fácil quitándose el casco. Este era diferente al de los soldados del imperio, que tenían un símbolo, una suerte de caballo dorado rampante, con alas emplumadas y un cuello fino y gráciles cascos. En cambio, los imperiales tenían un fénix rojo, cubierto en su totalidad por llamas doradas.
Comprobaron que era totalmente humano, al menos en apariencia, y que tenía un rostro que podía considerarse hasta afable. Detrás suyo había más como él, pero también debía haber mujeres, dada su estructura física, o eso pensaron ellos. ¿Qué posibilidades podía haber de que ellos fueran estructuralmente idénticos? ¿Eran de su mismo mundo o de otro? ¿Venían de otra época? Su tecnología superaba en años luz a la humana, y esas solo eran unas de las pocas preguntas que todos ellos se hacían, pero no había tiempo.
-¿Estáis bien? ¿Entendéis mi idioma?- oyeron como él hablaba, pero no comprendían nada, justo como pasó con aquella mujer tan extraña.
Al ver sus caras, Cubo comprendió que aquello iba a ser difícil. Levantó sus manos despacio, y se acercó. El grupo dio unos pasos atrás por ello, pero al ver que no hacían movimientos bruscos o atacaban se fueron relajando. Esto fue así hasta que Asmeya apareció por allí al minuto, y se les acercó rápidamente.
-Cubo, estos chicos son posibles aprendices Xanium, hay que sacarles- luego se giró a ellos y, por fin, alguien que hablaba en su idioma- ¿Confiáis en mí?- les preguntó.
-Qué remedio…- comentó Yumi, cruzada de brazos- ¿Se puede saber en qué nos has metido?- le recriminó Ulrich.
Ella bajó la cabeza, e iba a responder cuando oyeron disparos en el fondo. Asmeya frunció el ceño, y agarró a Jeremy con una mano y a Odd de la otra, al ser los que más cerca estaban- No hay tiempo, tenemos que salir ya. Los imperiales vienen- antes de que pudieran seguir ella salió corriendo con los dos chicos a rastas.
Los otros tres se vieron obligados a seguirla, escoltados por los otros soldados, incluido Cubo, que ya tenía puesto de nuevo su casco. Siguieron por el pasillo hasta llegar a la barricada que habían montado Seriel y sus hombres, y este, al ver a la chica se levantó de su posición, que estaba siendo bombardeada por los disparos enemigos, y se acercó serio.
-¿Estás bien, Asmeya?- le preguntó. A los chicos aquel tipo les recordaba a un actor de una película de acción, fuerte y poderoso, como lo era Asmeya cuando sacó su espada de luz.
Pero él claramente estaba más curtido, por lo menos en cuanto a edad. Apenas miró a los chicos, pero sí se paró varios segundos en Aelita, analizando su rostro. Durante apenas una fracción se pudo apreciar sorpresa en su rostro, pero rápidamente desapareció.
Asmeya asintió- Sí, maestro. Encontré en este mundo a estos jóvenes, son sensibles a la energía, y seguro que ahí abajo hay más- a esas palabras, él parecía meditabundo- Ya sabes que tenemos prohibido interactuar con planeas foráneos, y este lo es-
Asmeya frunció algo el ceño- Me temo que es tarde. Además, tenemos algo más prioritario de lo que preocuparnos- ella señaló al frente.
Seriel se giró entonces, y gruñó algo. Los disparos habían terminado, y algo de humo venía desde el otro lado del pasillo que el bando republicano tenía en frente, la única salida. Un haz de luz apareció de pronto, y las armas de varios soldados comenzaron a alzarse en el aire, incluso llegaron a aplastarse por la mitad. Seriel rápidamente movió sus dos manos en esa dirección, y comenzó a concentrarse, con cara de determinación. Igualmente Odd y Ulrich comenzaron a flotar y notar una fuerte presión en sus cuellos, les estaban ahogando tal y como pasó antes con Asmeya.
-¡Starlight, suéltalos! ¡Esto no va con ellos!- vieron aparecer entonces a la mujer. Era intimidante, más con aquella espada en la mano. Apenas estuvieron unos segundos en el aire, era más intimidación que otra cuestión.
-Es verdad, Seriel. Esto va entre tu y yo. Llevo tiempo queriendo hablar contigo… a solas- Seriel asintió, serio, y dio la orden.
-Ella es demasiado fuerte para vosotros. Llévate a las tropas y a estos niños a un lugar seguro, yo me encargo- los soldados, obedientes, retrocedieron lentamente, apuntando con sus manos en dirección a la mujer, mientras Asmeya ayudaba a los dos chicos a moverse, siendo seguida por los demás.
Ella no parecía muy conforme con la orden, pero sabía que era necesario. Ella efectivamente no podía contra la oficial imperial, pero estaba segura de que su maestro sí. O eso deseaba, más bien. Había oído historias de ella antes de que fuera separatista, incluso la admiraba por su poder y habilidad. Eso cuando era una niña, cuando aún… Ella prefería no pensar en ese tema. Dio un último vistazo a Starlight, y salieron corriendo de allí.
Una vez estuvieron solos, la mujer se retiró el casco. Su pelo era rojo como el fuego y con una coleta alta, con los ojos verdosos, y mirada fiera como la de un lobo. Seriel contempló su rostro, y no pudo evitar bajar su cara un poco. Ella se acercó lentamente, tiró su casco al suelo, y alzó su cara con una mano.
-Sigues siendo el Xanium más atractivo de este lado del Camino Celeste, Seriel…- murmuró ella, contemplando su rostro- Mi oferta sigue en pie, ¿sabes?- le comentó.
El hombre apretó los puños- Mis lealtades te las dejé claras el día en el que me lo pediste por primera vez, y siguen así, Starlight- le respondió.
Ella, de espaldas a él, sonrió un poco- Lo sé. Por eso sigue en pie la oferta, Seri. Serías el emperador ideal… y yo tu emperatriz. Juntos, gobernaríamos la galaxia como se merece, y lo sabes- la oferta sin duda era la mejor que había tenido.
Pero sus ideales se lo impedían- Todos ganamos. La galaxia, un gobierno justo, y nosotros el no tener que esconder nuestro amor. Porque sé que aún sientes algo por mí, puedo sentirlo- ella le leía como un libro abierto.
Y él a ella- Así es. Pero no puedo evitar fijarme en que has bombardeado el planeta de ahí abajo, al menos una pequeña parte de la superficie. La has arrasado- gruñó.
Ella se cruzó de brazos- No estoy orgullosa, pero es un mal necesario. Los imperiales quieren que tengamos mano dura, la República era demasiado débil con sus enemigos. No quieren cometer el mismo error. Pero en cuanto alcance el poder…- él suspiró.
-Por favor, para con esto, As…- se detuvo antes de pronunciar hasta el final. Ella le miró algo molesta, pero relajó su rostro al momento.
-Tú tienes tus ideales, yo los míos. Esta guerra determinará cuales son los correctos- dijo ella, y rodó sus ojos a la izquierda al oír los pasos de tropas. Se estaban abriendo camino a través de una pared.
Los dos, caballero y amazona, se pusieron en posición de combate, no sin antes ella recolocarse el casco. Comenzaron a intercambiar rápidos espadazos a una velocidad endiablada, como si estuvieran en un combate desde hacía rato. Cuando los soldados imperiales llegaron, tras atravesar una de las paredes laterales, vieron a ellos dos combatiendo, y dispararon contra Seriel, que tuvo que estirar su bazo en la dirección en la que estos estaban, dando un impulso de energía que tiró a varios de ellos al suelo. Aprovechó eso para hacer lo mismo con Starlight, que retrocedió un par de metros, lo suficiente para que él pudiera escapar por la misma puerta que los demás, que era la única salida posible. Ella no pudo evitar sonreír bajo su casco, seguía siendo tan noble como siempre. Una lástima que estuviera en bandos enemigos, pero ella estaba dispuesta a llevarlo con ella, costara lo que costara. Uno de sus soldados se acercó, un oficial, y se cuadró ante ella.
-Señora, los prisioneros han escapado, pero estamos cortándoles el paso en la sección A-3- ella asintió, complacida.
-Buen trabajo, oficial. Moveos, es hora de luchar de verdad- se giró y se fue por otra de las puertas con sus soldados.
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Nada más salir de la habitación en la que tenían la barricada, Asmeya soltó a los otros dos, y tomó su espada de luz. Se la habían devuelto sus soldados cuando la soltaron, pues se la habían quitado antes de encerrarla en su celda, y no les había dado tiempo a los carceleros a guardarla en un lugar seguro. Instintivamente se había colocado delante de los chicos en posición defensiva con su hoja, estando flanqueada por los clones. Cerca de ellos volaba una esfera parecida a la que los chicos habían visto en la nave de Asmeya, pero debía tratarse de un robot diferente, pues no interactuaban de la misma manera tan cercana. En su lugar, flotaba cerca de uno de los soldados, una mujer, y pitaba suavemente cerca de su casco.
-Lady, me confirman que las tropas de refuerzo de la general Sekira están en la nave ya- Asmeya sonrió- ¿Ya lo logró, entonces?- a esa pregunta Naipe asintió.
-Pronto saldremos de aquí, y podré explicároslo todo- aseguró ella, mirando de reojo a los chicos. Estos se miraron, no demasiado convencidos.
-Tenemos muchas preguntas, Asmeya- aseguró Yumi, corrían detrás de ella por los pasillos.
Era rápida como un coche, notaron, pues llegaba de unas pocas zancadas hasta el otro extremo de los pasillos, que eran paralelos a las celdas en las que habían estado, inutilizaba con su espada de luz los controles de las puertas, y estas se abrían. Pero tras dos puertas, ella fue recibida por un buen tiroteo: disparos de armas de luz atravesaron el hueco, y ella tuvo que refugiarse en uno de los laterales. Los soldados se colocaron de rodillas en una fila, y detrás de ellos, una fila igual de larga pero de pie les cubría con unos escudos improvisados por unas placas del metal de paredes y techos, y que habían rescatado de la barricada.
Colocaron a los chicos en la parte de atrás mientras avanzaban despacio, con las placas delante para que rebotaran los disparos. Asmeya, que estaba delante, agarró su arma con firmeza, y se interpuso en la trayectoria de los disparos. Gracias a su entrenamiento en la energía tenía los reflejos aumentados y era capaz de ver los disparos, lo suficiente para bloquearlos con su hoja. Sin embargo no podía estar así indefinidamente, un par de minutos, lo suficiente para que los suyos puedan avanzar. Con dos espadas de luz era más sencillo, pero igualmente pudo defenderse, y aun así no se libró de recibir un par de disparos en su hombro derecho y su vientre, y aunque le dolió mucho y en parte se quemó, su ropa protegió su cuerpo lo suficiente para solo tener unas magulladuras, por suerte fueron meros roces, de haber recibido disparos directos hubieran sido heridas muy aparatosas.
Los chicos estaban sorprendidos por sus habilidades físicas, era una guerrera espectacular. Les recordaba a cuando luchaban en Lyoko. A Yumi cuando elevaba en el aire las armas enemigas y las destruía con su telekinesis, y a Ulrich su habilidad para detener los disparos enemigos con su espada, y el uso en combate de la misma. Detrás de ella, los soldados avanzaban en formación, defendiendo cada metro, y asegurando los conseguidos aunque fuera durante varios minutos durante los cuales el fuego cruzado era casi constaten. Sin embargo acababan rápidamente en empate, pues la habilidad de la infantería de ambos bandos estaba tan igualada que hasta que Asmeya no intervenía y debilitaba a los imperiales ellos no podían avanzar. Los chicos se dieron cuenta de que ella luchaba con agilidad y se coordinaba muy bien con sus clones, con los que trabajaba como una máquina bien engrasada, y sin embargo más de uno de cada bando acabó tendido en el suelo, inmóvil y con su armadura humeando, o con severos cortes en sus cuerpos productos del arma de la chica.
Todo era tan rápido que no les daba tiempo a asimilar todo aquello, pero eran más que conscientes de que, cuando estuvieran a salvo, lo soltarían todo de un golpe. Pero en esos momentos estaban demasiado en tensión para poder decir o hacer nada, simplemente se dejaban guiar como un rebaño por su pastor.
En realidad desde que dejaron a Seriel hasta que acabaron de cruzar los dos pasillos siguientes estuvieron unos diez minutos por toda la protección que había, estando en esos momentos ocupados intentando tomar una sección algo más amplia de la nave. Se trataba de una sala de control, pero no sabían de qué. Lo sabían eso porqué tenía monitores que daban señal en vivo de partes de la nave, pero no sabían identificar de qué partes en concreto. Delante de ellos tenían dos filas de soldados imperiales disparando, y los clones habían vuelto a colocar sus defensas para evitar los disparos, pero las placas que usaban estaban en las últimas, dentro de poco no valdrían más que para lanzarlas. Asmeya estaba delante, filtrando los disparos con su espada, moviéndola hábilmente, pero gotas de sudor comenzaban a bajar por los laterales de su cara. Notó de pronto un pico de poder detrás suya, y los rayos de plasma se bifurcaron. Ya no todos iban a ella, una parte pasaba de largo e iban en otra dirección.
-¿Me echaste de menos, alumna?- preguntó Seriel, y aunque ella no podía verle por estar demasiado centrada en el fuego enemigo, sabía que estaba bien.
-Lo tengo todo controlado, en realidad- le espetó la chica, pero ni ella se lo creía ni pretendía hacérselo creer a él.
El hombre simplemente avanzó lentamente hasta estar a la altura de ella, con cada uno en un extremo del pasillo. Estos eran lo suficientemente anchos como para que los sables de luz no chocaran entre ellos cada vez que los movían para detener uno de los disparos, y que al mismo tiempo los disparos propios pudieran pasar entre ellos. Sin embargo no podían estar así eternamente, y en un cortísimo intervalo entre que unos recargaban sus armas láser y dejaban de disparar unos instantes, Seriel y Asmeya extendieron sus brazos e impulsaron a varios soldados enemigos, derribándoles. Los soldados hicieron el resto, acribillando a varios soldados enemigos, pero aún quedaban varios, pero era todo más manejable ahora.
El hombre se fijó en sus quemaduras, pero no dijo nada al respecto, y siguió avanzando- Dentro de poco tendremos delante a Starlight. Por aquellas puertas llegareis al punto de encuentro- señaló una del lateral derecho- Huye con esos críos, llévate a tres soldados, yo me quedo con los demás aquí, contactaré con las tropas de refuerzo- ella asintió, obediente.
-En cuanto acabes te quiero aquí conmigo, Asmeya. Entre tú, Sekira y yo espero poder contra Starlight e impedir que huya- ella asintió, y se fue retirando de la primera línea, aún con su espada en la mano, e indicó a los chicos que fueran con ella.
Ellos no parecían muy convencidos, pero una mirada de la joven les convenció, y ella les cubrió de los posibles disparos, rompió con su espada la pantalla táctil aledaña, y la puerta se abrió, permitiéndoles el paso. Esos pocos metros les permitía observar un cierto patrón, y es que tras varios pasillos había siempre una sala de control de alguna cuestión que si bien ellos desconocían de qué se podía tratar, eran la zona ideal para poder hacer una barricada. Al menos en esa área, en la que todo son pasillos, pero pronto llegarían a un área bastante diferente. Tras atravesar el corredor perpendicular al pasillo en el que se habían separado, aparecieron en lo que sin duda era una sala con ascensores. Había un total de tres, y rápidamente uno de los soldados, una mujer, y que era la que tenía revoloteando a su alrededor un pequeño androide, se colocó al lado de la interfaz del mismo.
Sacó su instrumental, abrió la carcasa, y conectó a su robot- Haz tu magia, Kara- el robot pitó con lo que parecía alegría, y en pocos instantes la puerta del ascensor se abrió revelando una gran estructura cuadrada y vertical, un enorme hueco lo suficientemente amplio para guardar un montacargas.
-Bajaremos un piso, ahí debería estar la sala de carga de la nave, con provisiones, maquinaria, y sobre todo armas, y que parte de la misma está debajo del hangar donde tenemos las naves. Tomaremos una, saldremos de aquí y nos iremos a la nave republicana, ¿entendido?- explicó Naipe, y según hablaba, Asmeya fue traduciendo.
Los chicos miraron entonces por el montacargas. No tenía ni siquiera unas cuerdas en el medio, sólo veían lo que debía tratarse del propio montacargas. Ellos estaban dudando cual era la mejor manera de bajar cuando vieron como los tres soldados agarraban a las chicas y a Odd de la espalda, los levantaban como sacos de patatas, y saltaron al vacío. Lejos de caer como un peso muerto, la bajada fue sostenida gracias a unos reactores que tenían en la espalda. Por su parte, Jeremy y Ulrich empezaron a flotar en el aire sostenidos por Asmeya, que les bajó junto a los demás. La vieron concentrada, con su mano en dirección a ellos, los ojos entrecerrados, y la respiración lenta y profunda. En cuanto les posó con los demás, saltó y cayó grácilmente a su lado. Pidió que se colocaran en un círculo, y ella tomó su espada, la activó, y la clavó en el suelo. Movió su mano, y la hoja hizo un círculo concéntrico en torno a ellos. La gravedad hizo el resto, y los chicos cayeron al suelo de culo, sorprendidos por aquello, no los clones o Asmeya, que claramente se esperaban el movimiento, en el caso de esta última por obvias razones.
Les ayudaron a levantarse, algo atontados por el golpe ya que cayeron desde algo más de dos metros de altura, aunque al menos aterrizaron con el trasero, amortiguando el golpe gracias a eso, aunque el golpe en sus cabezas no se lo pudo impedir nadie.
-¡Pudiste haber avisado!- exclamó Aelita, molesta, pero Asmeya solo contempló a Naipe abrir la puerta. Tardó pocos segundos en lograr el código, usando a Kara para ello.
Ante ellos apareció el almacén. Este era enorme, con unos diez metros de altura que permitía tener en su interior cientos de cajas enormes, pues se extendía mucho hacia el fondo y los lados. El ascensor estaba aproximadamente a la mitad, así que para descender hasta el suelo tenían que usar una escalera manual a unos metros, de lo que a ellos les parecía acero, y de apenas metro y medio de ancho. La bajaron rápidamente, y con Naipe a la cabeza, avanzaron.
-Aquí se guarda de todo, desde víveres hasta armas, munición, ropa, materiales de reparación, herramientas… Y si tenemos suerte, encontraremos también munición para vosotros- murmuró Asmeya, mirando de reojo al grupo.
Este iba por detrás, con los otros dos clones preparados para poder disparar en cualquier momento. La miraron con sorpresa, ¿les estaba pidiendo portar unas armas que nunca habían disparado? Claramente sí, y tenían muchas dudas de que eso fuera a salir bien. En primer lugar nunca las habían usado, no contaban con que todos tuvieran una puntería excelente, o si simplemente iban a tener el valor de accionarlas y, en el peor de los casos, acabar con la vida de un soldado enemigo. Ella notaba sus dudas claramente, así que se colocó a su altura y les miró.
-Tengo que ser sincera… ya no podréis tener una vida normal, ¿visteis lo que le pasó a la ciudad de la que os saqué hace un rato?- preguntó, a lo que ellos asintieron.
Tenían bien grabados en sus mentes cómo había estallado París en una nube de fuego cuando aquella arma había dado en el blanco. Aún tenían en el paladar el amargo sabor de sus lágrimas, dentro de ellos nacía el deseo de venganza, pero también eran conscientes de sus enormes limitaciones, tanto físicas como morales. ¿Cómo ellos iban a ser capaces de algo así? Eran solo unos adolescentes, mucho habían logrado derrotando en solitario a Xana, jugándose la vida. Pero en todas sus batallas nunca habían luchado contra algo vivo, todos los monstruos de Xana al final del día eran ceros y unos con forma física, pero no estaban vivos. Hasta ahora. Delante de ellos se alzaba lo que parecía un poderoso imperio con un gran ejército bien armado, y ellos no sabían ni usar las armas que les estaban dando.
-Vuestro mundo… esto nunca debió haber pasado. Pero el Imperio querrá tomar este planeta, imagino que la República se lo impedirá ya que hasta hoy erais neutrales y nunca habéis hecho nada para luchar en ningún bando- en ese rato se habían acercado a unos contenedores.
Estos parecían los de un barco, eran blancos con ranuras para que uno encaje en otro, y tenían forma rectangular, con dos metros de alto y varios de largo, con metro y medio de ancho aproximadamente. Lo habían abierto usando la espada de luz de Asmeya, y se habían colado uno de los clones dentro y había rebuscado con la intención de encontrar unas armas para ellos.
-Nosotros no hemos luchado con estos cacharros en la vida ni nada parecido, y ni mucho menos hemos matado, no puedes obligarnos- Yumi estaba molesta.
¿Quién se creía ella para pedirles nada? Sin duda no estaba de humor tras potencialmente haber perdido a toda su familia. Naipe y sus dos hermanos, si bien no entendían nada de lo que decían, notaban la tensión en las voces, gestos y rostros de los demás, así que simplemente dijeron que estarían buscando por su cuenta el punto de acceso al hangar y dejarían que Asmeya les explicara. Esta agradeció el gesto, y les pidió colocarse en torno a ella.
-Tienes razón, no puedo ni debo obligaros a nada, iría contra el código de honor de los míos, los Xanium- empezó ella- Lo mejor que puedo hacer es aconsejaros. No sé si todos vivíais en esa ciudad, pero de ser así, todo ha quedado borrado del mapa… lo siento infinitamente- ella parecía sincera, a juzgar por su rostro abatido.
Ella se sentó, y se abrazó las piernas- Yo… estoy aún en entrenamiento. No soy una amazona Xanium, sólo soy una aprendiz. He cometido graves errores viniendo a este mundo, pero era lo único que se me ocurría. Yo… En teoría estaba en búsqueda de nuevas incorporaciones a las filas de la República, claramente no borré bien mis huellas y me siguieron los imperiales, no sé cómo por que estuve días aquí, y desde Asmara no se tarda tanto, yo…- ella se rompió durante unos segundos.
Aelita casi sintió pena por ella. Miró a los demás, también estaban cabizbajos, no habían sido justos con ella- Lo siento…- murmuró Yumi- Pero no sé cómo podemos ayudar. Siendo sinceros, hemos luchado casi todos los presentes antes, pero nunca con armas así, nunca contra algo vivo- añadió.
La mayor alzó la cabeza entonces, con sorpresa- ¿Cómo?- preguntó.
Los demás se miraron, no sabían si debían contarlo o no. Jeremy suspiró- Ya mucho sentido tiene guardar el secreto, ¿no?- murmuró- La Fábrica ha quedado arrasada, Kadic también, y nuestras familias y todo lo que conocíamos…- eso era verdad.
-Luchamos durante unos años contra una I.A. creada por mi padre, Franz Hopper- empezó Aelita. Al oír ese nombre los ojos de Asmeya denotaron sorpresa, y su interés aumentó drásticamente- Él creó un mundo virtual, Lyoko, y quedé encerrada allí durante décadas, sin memoria y presa de esa I.A, llamada Xana. Hasta que ellos me rescataron-
Sonrió especialmente al mirar a Jeremy. Odd lo notó con cierto celo, pero decidió callar. Prefería no decir nada- Ellos lograron en primer lugar sacarme de allí, aunque Xana saltó a la red mundial, y nosotros detrás de ella. Hace días logramos derrotarla, y pensaba que nuestra vida había vuelto a la normalidad, pero claramente no es así…- suspiró entonces.
-Has dicho… ¿Xana? ¿Y era potente?- preguntó, a lo que Aelita asintió- ¿Por?- preguntó, pero Asmeya solo se levantó- Si es verdad que habéis luchado contra una I.A. tan potente, y habéis salido victoriosos, estáis más que preparados para el combate- salió entonces del contenedor.
Los chicos se miraron sin entender demasiado su actitud. Se sorprendían de que ella les creyera así, sin más, aunque también había que decir que la tecnología de ellos estaba muy por encima de la que ellos conocían- No tenéis ningún sitio al que ir, ¿verdad?- ella estaba de espaldas y cruzada de brazos.
Al no oír respuesta, se giró, y les tendió el brazo- Soy vuestra única opción de tener una vida ahora, y sobre todo, de lograr justicia para los vuestros. O, puedo dejaros en vuestro mundo y que os las apañéis por vuestra cuenta. ¿qué preferís?-
Sin duda era un muy buen argumento. Estaban con la espalda contra la pared en esos momentos, y aunque su decisión estaba viciada por la imposibilidad material de poder volver a casa de forma segura y reencontrarse con un familiar vivo, tomaron la determinación de seguirla. Era lo único que podían hacer en esos momentos.
-Bien, cuando os saquemos de aquí y vayamos a la capital, Asmara, podréis volver a elegir, si permanecer definitivamente con nosotros, o volver a vuestro planeta. Y… gracias por el voto de confianza- añadió Asmeya.
Yumi rodó los ojos- No tenemos una mejor opción, la verdad. De hecho, no hay ninguna otra opción- señaló.
-Soy consciente de que en vuestra situación no tenéis capacidad de controlar nada, pero os juro por los dioses de la Energía que yo, Asmeya, os sacaré de aquí- afirmó.
-Y también que podréis elegir. Me aseguraré de ello- fue entonces que Naipe se acercó. Tenía en sus manos varias de las armas que antes habían sacado.
Estas eran blancas, con forma tubular y un mango para poder usarlas. Delante del mismo, donde en teoría estaría el gatillo para disparar, en su lugar simplemente tenía un botón.
-Se usa así, fijaos- Asmeya tomó una, y se colocó en posición de disparo, con las piernas ligeramente extendidas hacia los lados, y los ojos puestos en una diminuta rendija. Pulsó el botón varias veces, y unas rápidas ráfagas salieron del arma y que dieron de lleno.
-Pulsando el botón se acciona el arma, tiene una mira que ayuda a la puntería, hasta el más torpe sería capaz de acertar con estas armas, aunque no os recomiendo depender demasiado de las ayudas a la puntería. En un tiroteo eso sería letal, usad vuestra habilidad en su lugar- le dio entonces un arma a cada uno.
-No tienen seguro, pero no se accionan salvo que esa sea la voluntad de la persona, aunque…. Bueno, olvidad eso, no pulséis el botón a no ser que queráis disparar-
En Lyoko el que más tuvo que entrenar su puntería fue Odd, seguido por Yumi y Aelita. En cambio, ni Ulrich ni mucho menos Jeremy tuvieron que usar esa habilidad. Y sin embargo a este último le fascinaba la tecnología tan avanzada que tenía aquel arma, le encantaría poder revisarla más adelante. Pensando en ello avanzaron por el hangar, bastante tiempo habían perdido ya y con los imperiales detrás de ellos, y encima con los disparos recién realizados por Asmeya. Ella era consciente de que no había sido buena idea, pero necesitaba que ellos supieran usar esas armas, y si para ello tenía que en cierta medida delatar su posición, lo haría.
Y efectivamente, el enemigo no se dejó esperar. Tras cruzar una intersección, unos cuantos disparos vinieron desde la izquierda, así que rápidamente se refugiaron tras unos contenedores. Asmeya rápidamente se colocó con su espada en mano, y con señales de la mano indicó los movimientos: los clones se colocarían justo por donde venían los disparos enemigos mientras ella aplacaba los mismos con su espada láser, mientras los chicos se colocaban al otro lado e intentaban disparar desde el otro lado. Sólo tenían una oportunidad de hacerlo, pues rápidamente también llevarían potencia de fuego en esa dirección.
Fue Odd el que se colocó para disparar, una gota de sudor frío corría por su sien. Tenía muy buena puntería con sus flechas láser, esperaba que aquel aparato fuera igual de preciso. Al ser tres los soldados enemigos decidieron que Aelita y Yumi también dispararían, aunque esta última temblaba un poco. Ulrich le colocó una mano en el hombro para calmarla, así como Jeremy, que la animó con el pulgar. Les darían de tal forma que no fuera algo letal, esa era la convicción interna de ellos. Se colocaron, fijaron blanco, y dispararon varias ráfagas. No dieron en blanco, de hecho ni se aproximaron, y en segundos tenían sobre ellos disparos que por suerte sólo rozaron su piel, aunque igualmente dolía mucho. Odd tenía una quemadura por aquellos láseres en su brazo izquierdo, Yumi en su muslo, y Aelita a la altura de la cadera, pero no tuvieron que lamentar más. Se sorprendieron pues los disparos se cortaron de pronto a los segundos.
-¡Es seguro, salid!- la voz de Asmeya les alegró profundamente, así que obedecieron.
Estaba rodeada por los cuerpos humeantes de los tres soldados enemigos, mientras los que les acompañaban los retiraban suavemente hasta que estuvieron algo más alejados de la vista, y les hicieron una señal de respeto antes de marcharse en silencio, aún con sus armas preparadas. Los demás se quedaron atrás, mientras la Xanium explicaba.
-La infantería enemiga fue creada para luchar contra la nuestra, usando la misma base que la republicana pero con un diseño algo diferente, pero lo relevante es que los hemos creado para que se maten entre ellos. Es lo más triste de la guerra actual, me temo…- apretó los puños entonces- Les hemos metido en una guerra, fueron creados exclusivamente por y para luchar en esto, y no lo veo justo- suspiró.
Aunque tenían preguntas, no decían nada por respeto- Todo esto por ansia de poder y control de una parte del Congreso de la República. Se escindieron hace unos dos años, y desde entonces hemos estado en guerra civil. Millones han muerto ya, y no tiene pinta de acabar pronto- explicó.
-¿Cómo una civilización tan poderosa ha podido caer así?- preguntó Odd- Quiero decir, tenéis armas, espadas super chulas, e incluso poderes, ¿qué pasó?- preguntó.
Asmeya tardó unos segundos en responder- Lo habitual, discrepancias en el punto de vista- respondió- El poder corrompe, pero la ira lo hace más…. Eso le pasó a Starlight- no parecía dispuesta a decir mucho más.
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Seriel tenía delante a todo un batallón de soldados imperiales. De los nueve soldados que tenía con él cuando se marchó Asmeya con los jóvenes, ya sólo quedaban dos, y eran acribillados permanentemente por sus disparos láser. Él había intentado ponerse en posición delante de su escuadrón para detener en cierta medida el ataque enemigo, pero eran demasiado. Lógico, ya que se metieron en una nave enemiga hasta arriba de soldados con apenas una veintena, necesitaban los refuerzos cuanto antes o lo iban a pasar mal.
-Cubo, dime que la amazona Sekira está cerca- Estaban colocados tras una barricada improvisada en la mitad del pasillo. Este se llevó la mano al casco, y asintió- En breve están aquí, señor- respondió.
Detrás de ellos estaba la puerta por la que los demás habían huido, y para no tener que preocuparse por que vinieran por detrás, tenían varias placas más que impedirían que, al menos, les pillaran por sorpresa desde atrás. Pero en esos momentos estaban acorralados, los soldados enemigos se acercaban manteniendo el fuego, y o llegaba ayuda rápido o estarían acabados. Se armó de valor, encendió su espada de luz, la observó durante unos segundos, y se levantó. Starlight observaba desde la retaguardia, cruzada de brazos. En cuanto el caballero salió de su escondrijo fue acribillado a disparos, de no ser por sus reflejos y su habilidad con la espada hubiera muerto en instantes. Ella tenía que reconocer que aún disfrutaba viéndole hacer una carnicería como la que sin duda iba a realizar ahí mismo, segando la vida de los clones con los que hasta hacía poco habían servido juntos defendiendo una paz casi inexistente en la República. Se mordió un poco el labio, su corazón latía deprisa pensando en él, pero mantuvo su talante serio.
Seriel había movido su hoja rápidamente, hiriendo a los soldados en el proceso en sus brazos, o directamente cortando sus pistolas para que no pudieran luchar. Con sus brazos extendidos les mandó contra la pared, quitándoselos de encima, pero eran muchos. Encajó los puñetazos de varios de ellos en la tripa, mientras un tercero le agarraba desde atrás para que no se pudiera mover. Sin embargo, disparos desde atrás impidieron que pudieran seguir, y es que los dos soldados que venían con Seriel no se quedaron de brazos cruzados al ver como su general quedaba expuesto. Si bien no fueron disparos letales, ya que dieron en el hombro y piernas del que él tenía detrás, sí fue suficiente para que le soltara. Lo suficiente para que le diera tiempo a hacer un largo corte en forma de D desde su posición, formando un semicírculo y que cortó casi por la mitad a los tres soldados.
Se colocó de frente a los demás, que curiosamente no disparaban. En su lugar, pudo oír los aplausos lentos de Starlight. Esta se acercó, arma en mano, pasando por encima de los cadáveres de sus soldados como quien pisa una piedra, sin demasiado respeto. Comprobó que él estaba algo sudando, con la respiración acelerada, pero seguía conservando el regio porte que siempre le había caracterizado. Ella, sin mediar palabra, atacó con movimientos veloces y seguros, desde arriba abajo.
Él interpuso su arma para defenderse, y empujo hacia arriba para deshacerse de ella, giró su espada a la derecha, y atacó, ella a su vez se defendió de la misma manera que él instantes antes. Comenzó entonces una rápida danza de ataques y defensas muy coordinados entre ellos, nadie se atrevía a intervenir. Los combates entre los Xanium siempre habían tenido ese aura especial, eran casi sagrados, intervenir era deshonroso y no se debía hacer, era tan importante que incluso en tiempos de guerra se conservaba esa idea. Y sin embargo, muchos habían degenerado en ser meros deportistas de élite, que cobraban auténticos contratos millonarios por luchar en público en combates patrocinados por empresas, marcas, y entidades de todo tipo. Esa fue una de las razones de la escisión en dos bandos enfrentados.
-Sigues siendo un gran guerrero…- murmuró ella, estaban muy cerca- Lo sé, me entreno- le respondió, tenía su cara atravesada por el esfuerzo.
El combate siguió. Estocadas cada vez más veloces, se movían con una fluidez que era casi hipnótica, largos tajos se contrarrestaban con fuertes bloqueos, y como a la vista estaba que por habilidad aquello podía alargarse, Seriel extendió una de sus manos, y quiso elevar a Starlight por el aire, pero ella se lo impidió, haciendo lo mismo. Podían sentir sus energías luchando en el punto medio de entre ambos, sus energías les rodeaban. Una suave luz, sólo podía ser percibida por expertos usuarios de la energía, empezó a emanar de su piel, las manos de ellos temblaban por el esfuerzo que estaban realizando. Estaban empatados también en ese sentido, y fueron echados atrás por una repulsión que ambos hicieron a la vez.
-Sigues con los mismos trucos de cuando éramos aprendices, Seriel- le dijo ella, con cierta diversión en la voz. El aludido sonrió de medio lado también.
-Tú también- él atacó entonces de nuevo. Las hojas de luz chocaron de nuevo, una y otra vez, se movían con una velocidad endiablada, ayudaba que sus armas fueran ligeras como el papel, y sus años de entrenamiento en esas artes.
Ese combate se hubiera alargado, de no haber aparecido por detrás los refuerzos de la República: un par de decenas de soldados clon aparecieron tras la barricada, se les identificaba rápido por su uniforme, y en seguida comenzaron a disparar a quemarropa. Los dos Xanium se separaron en ese momento, y se refugiaron en los laterales. Seriel intentó empujar a Starlight con sus poderes hacia el centro, pero ella intuyó la jugada e intentó lo mismo, volviendo a un conflicto de poderes que igualmente no llevó a nada, pues los dos tenían los mismos poderes. Pero entonces una tercera fuerza entró en escena, y lanzó a Starlight contra sus soldados, tirándoles a todos al suelo. De entre los escombros y los cadáveres, salió una figura.
-¡Sekira! ¿Estás bien?- le gritó Seriel, mientras los soldados rodeaban a los demás.
La aludida asintió. Se trataba de una mujer joven, pelo negro largo y ojos dorados con forma redondeada, su piel era de una tonalidad terrosa y una cola fina y de látigo pendía de su cintura, en sus manos tenía dos espadas de luz, y su cuerpo era fino y grácil como el de un felino. De hecho lo parecía en ciertos momentos por su actitud.
-Me he estrenado por todo lo alto, veo…- murmuró, tenía una voz suave, pero sabía que ella podía ser muy dura llegado el momento.
De no serlo ella no sería una amazona Xanium de pleno derecho. Pero aún le quedaba bastante por aprender, dado que acababa de ser ascendida tras pasar las pruebas oportunas para ello. La chica se colocó a su lado, espadas en mano, observando el frente. Estaban rodeados por sus hombres, armas listas para disparar en cualquier momento contra los imperiales, que estaban prácticamente rodeados. Sin embargo, Starlight encendió su arma, y se quitó el casco, tirándolo al suelo. Eso implicaba que iba totalmente en serio con el combate, así que se colocó en posición de combate, dispuesta a luchar hasta las últimas consecuencias por sus ideales.
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Los demás se encontraban justo debajo de donde en teoría y según los mapas de Naipe estaba el hangar en el que habían apostado sus naves. A Asmeya le hubiera gustado poder recuperar la nave en la que vino pero era consciente de que sería complicado dado que a saber dónde la habían guardado tras capturarla. Por ello siempre se borraba automáticamente el registro de vuelo y no se tenía nada personal en ellas, sobre todo si se trataba de naves oficiales, como la que ella había usado para llegar hasta la Tierra. Una vez colocados debajo del hangar, Asmeya se concentró y elevó su espada de luz hacia el cielo, la activó, y la movió haciendo un círculo, justo como el que ella había hecho minutos antes en el ascensor.
En cuanto abrió el techo, los clones tomaron a los chicos por la espalda para elevarles usando para ello sus impulsores y levantarse en el aire, aunque dos de ellos tuvieron que tomar a dos de los muchachos, y estando ya arriba, les dejaron en el suelo. Asmeya entonces dio un buen salto y se impulsó hasta arriba, aterrizando junto a los demás, y como no podía ser de otra manera, fueron recibidos a tiros por varios acorazados. Eran grandes como varios coches, con cuatro patas que les elevaban un total de dos metros y varios cañones, siendo los del frente móviles para permitir un mejor disparo. Estaban pilotados por los mismos soldados con los que ya antes habían luchado, y tenían una puntería tan o incluso más precisa que la de sus compañeros. Asmeya se colocó delante de los demás con su arma lista, impidiendo que fueran alcanzados por los láseres enemigos. Y sin embargo, pese a su menor número, los disparos eran lo suficientemente potentes para poner a la chica en apuros, de hecho, varios de los disparos dieron de lleno en los clones, derribándolos. Naipe tuvo que placar a los chicos para sacarlos del medio, intentando acercarlos a una de las naves, pero igualmente recibió varios disparos en el proceso al defender a los chicos con su cuerpo.
Aelita estaba aterrada, las piernas le temblaban como si fueran de gelatina, no recordaba tener tanto miedo como cuando luchó por primera vez contra los monstruos de Xana, y ni siquiera esa vez sintió tanto pánico como esa vez. Su corazón estaba desbocado, su boca seca, y se sentía imponente. Un rápido vistazo le hizo ver que ella no era la única en esa situación, sus demás compañeros estaban igual. Jeremy la puso contra su cuerpo casi por inercia, y Yumi hizo lo mismo con Ulrich y con Odd, que se pegaron a su cuerpo asustados.
De hecho, Aelita se asustó más aún de ver cómo Asmeya recibía un par de disparos, en esa ocasión más directos, en sus hombros. No llegó a caer al suelo, pero si estaba adolorida, pero se las ingenió para esquivar los proyectiles de un salto atrás, dio un segundo impulso, y se posó encima de uno de los aparatos, y atravesó su dura coraza con su espada de luz.
-¡Naipe, sácales de aquí YA! ¡Tienen que salir de aquí como sea!- chilló ella, tuvo que saltar de nuevo al suelo para no ser aplastada por el cuerpo del aparato, que cayó pesadamente al suelo, chisporroteando por los destrozos internos.
La aludida asintió, y obediente, les movió hacia la entrada a la nave. Kara, revoloteando a su alrededor, entendió lo que su ama pretendía, y comenzó a pitar. Colocándose al lado de la puerta de embarque de la nave, abrió la misma tras unir uno de sus brazos mecánicos con el puerto que tenía para ese fin, pues podía hacerse así a falta de una llave manual. Mientras ellos veían todo aquel esfuerzo por sacarles de allí, que le habían costado la vida a personas que ni las conocían, y a las que jamás podrían dar las gracias o algo parecido, y que sin duda era de una heroicidad digna del mejor de los soldados… algo nació en ellos. Decidieron que ellos también tenían manos y pies, que también podían colaborar. Se apostaron tras las columnas que permitían mover la lanzadera del aparato, y comenzaron a disparar contra los robots enemigos.
Puede que no dieran en muchas ocasiones. Y que incluso alguno de los mismos estuviera más cerca de acertar a Asmeya que a los imperiales, pero ellos lo iban a intentarlo igualmente. No habían derrotado a Xana siendo unos cobardes que huyen. Incluso Jeremy, asustadizo por naturaleza, estaba disparando, en un alarde de valor del que seguramente luego se arrepintiera, pero ahora estaba seguro de estar haciendo lo correcto. Naipe les contempló con cierto orgullo, y se les unió.
-Dudo que me entendáis, pero tenéis pelotas, chavales- exclamó, colocándose entre Odd y Ulrich.
Asmeya logró derribar otro robot más en el proceso, y sonrió al ver detrás a los demás apoyándola. Si lograba tirar ese otro estarían libres de poder salir y volver a la nave, pero sus heridas la tenían en un apuro. No ayudaba tampoco el estar sudando, sus heridas escocían y el dolor le nublaba la vista, pero aún así se las apañó para cortar por la mitad un cañón láser antes de caer de rodillas, indefensa ante el enemigo, que aún tenía un buen ataque. Naipe corrió entonces a socorrer a su líder, no podía perder tiempo o la matarían. Un disparo a esa distancia sería letal, ambas lo sabían. Los chicos observaban la escena enmudecidos, no sabían si debían disparar o no, pero de pronto vieron al robot elevarse en el aire, el metal de su recubrimiento comenzó a doblarse, así como sus patas, que se resquebrajaron como si fueran de papel de mala calidad.
La amazona Xanium se levantaba con dificultades, los brazos en alto y en dirección al robot, que soltaba chispazos. Estaba usando las pocas fuerzas que tenía para destruirlo, y por el esfuerzo cayó a plomo al suelo. Naipe la levantó y se la puso al hombro, y comenzó a correr en dirección a ellos, que entendieron el mensaje: directos a la nave. Eso hicieron, se metieron hasta el fondo, no sin antes dejar a la chica recostada sobre la pared. Al ser cazas de combate había el espacio justo para que entrara el piloto cómodamente, no estaba pensado para ir siete personas, pero había prisas. Obviamente fue Naipe la que se puso a los mandos, y sin mediar palabras, salieron de allí a todo lo que los motores permitían.
-Kara, manda señal a la nave principal, volvemos a casa con los rehenes que tenían los imperiales. Pide asistencia médica y desinfección para todos, y con preferencia para la teniente- Naipe suspiró entonces, mientras Kara enviaba el mensaje.
Al menos su androide podía ir por fuera del aparato gracias a no necesitar oxígeno o un ambiente cálido, podía estar en solitario en el vacío del espacio y no le pasaría nada. Una vez conectado al caza, empezó a mandar los mensajes mientras Naipe lo movía con habilidad. Ella le gustaría poder hablarles y que ellos la entendieran pero dudaba poder comunicarse, así que permaneció en silencio, atenta a sus laterales. Solían atacar desde ahí, y esa vez no iba a ser menos: en cuanto salió del hangar, ya saliendo del navío espacial, se encontró con la batalla en su apogeo. Había cazas volando por todos lados, persiguiéndose entre ellos a toda velocidad, y de fondo a los destructores y acorazados, mucho más grandes y lentos pero con una muy superior potencia de fuego. De hecho en las batallas los cazas tenían que destruir a sus contrapartes del otro bando antes de poder ponerse a atacar a las defensas de las naves mayores, pues de otra manera no podían atacar. En realidad sí que podían, pero sería totalmente infructuoso pues los escudos de esas naves son muy potentes, tendría que ser un bombardeo muy intenso para derribarlos. Los cazas podían romper los escudos dando de lleno contra sus reactores, de los que emanaban, y que tenían como punto débil que en esa parte los escudos eran débiles o casi inexistentes, pero eran tan pequeños que sólo un caza podía acercarse lo suficiente para poder dar en el blanco.
Y cuando todos los cazas han caído y no queda ninguno por bando, toca hacer chocar las naces o disparar a todo lo que los cañones dieran para ver cual caía primero, no siempre pasaba pero cuando eso ocurría era un espectáculo terrible, esas armas tan potentes disparándose a bocajarro, sin importar lo que costara. Esa batalla levaba dándose cerca de media hora y estaba en su apogeo, y gracias a la habilidad de Naipe era capaz de esquivar el fuego cruzado.
-Aquí Pájaro 15, solicito entrar bajo premisa Delta 3, Destructor Alfa 4- ella comunicó esa información desde su casco, las señales de información se tenían que mover en forma de luz por que las hondas de sonido no podían desplazarse sin un medio, los fotones en cambio sí.
Esa era la única manera, y la luz era lo más veloz- Aquí Destructor Alfa 4, hemos recibido su mensaje anterior, Pájaro 15. Permiso concedido, protocolo sanitario en hangar 23, buen trabajo- ella asintió ante esa información.
Los chicos escuchaban aquella conversación sin entender absolutamente nada, pero dado que se estaban acercando al aparato suponían que tenían permiso para ello. Se sentían por primera vez en todo ese rato más o menos a salvo, aunque no tenían la menor idea de qué tipo de trato recibirían. Tenían que confiar en la buena fe de aquella gente, y de Asmeya en especial.
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
