Capítulo 4

Una nueva vida

Nada más llegar al hangar 23 que se les había asignado, Asmeya les pidió permanecer donde estaban. No abrió la compuerta del caza hasta que no se lo pidieron desde fuera, donde se había concentrado un gran equipo con trajes aislantes, máscaras de las que parecían anti gases nocivos, guantes, botas, y unas prendas que parecían aislantes. Entraron tan solo tres individuos, apenas se les veía por las vestimenta que llevaban, desconocían si se trataban de especies parecidas a ellos, como era Asmeya, o si se trataba de algo muy diferente. En todo caso podían intuir al menos una forma humanoide.

-¿Estos son los locales que salvaste?- preguntó uno de ellos, tenía una voz suave. Asmeya asintió entonces- Avísales, no es bueno que se lleven la sorpresa cuando les pongamos la inyección-

-¿Qué están diciendo?- inquirió Yumi, y la mayor suspiró- Por seguridad os van a sedar y llevar a zonas aisladas, par evitar propagaciones de enfermedades o cosas peores- explicó.

Hizo un gesto, y antes de que pudieran hacer nada, Yumi y Odd fueron tomados por detrás por uno de aquellos individuos, Ulrich por el segundo, y Jeremy y Aelita por el tercer, inmovilizándolos con una facilidad que les costaba creer. Les intentaron hacer llaves de lucha, morderles y golpearles, pero sin éxito. Eran demasiado fuertes, y no pudieron evitar que varios más aparecieran con jeringuillas, que les colocaron un inyectable en sus cuellos. En apenas unos instantes comenzaron a notar cansancio, sus músculos se relajaron, su vista se nubló, y quedaron rendidos.

Fue entonces que aparecieron unos robots, parecidos a César, y que llevaban acoplados unas camillas, estando los droides colocados en un lateral de la misma, en un cubículo. Las camas eran amplias, contaban con unos arneses que podían moverse a lo largo de la misma, y cubriéndola contaban con una pantalla de plasma que permitía que el aire entrara pero no saliera, habiendo unos ventiladores que permitían la oxigenación interna. De esa manera aislaron a los chicos totalmente, para después pasar a desinfectar la nave, no sin antes hacer lo mismo con la propia Asmeya, que recibió una lluvia de líquido desinfectante, para luego tener que tumbarse en una de aquellas camas. Todo por el protocolo, al menos lo suyo duraría apenas unas horas.

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El combate entre Seriel Kimara y Alione Sekira contra Starlight continuaba. Se encontraban peleando a través de la nave, se habían movido bastante desde que se encontraron y habían empezado a luchar. Los clones de ambos bandos hacía rato que habían sido dejados atrás, solo estaban ellos tres en esos momentos, pero bastante tenían en ambos lados. La imperial era extraordinariamente buena en el uso de los sables de luz, Alione apenas era capaz de seguir el ritmo de la mujer, Seriel en cambio sí que podía defenderse con relativa eficacia de ella.

Las estocadas se habían sucedido constantemente. La amazona movía sus dos espadas con la velocidad de un rayo, teniendo la otra que defenderse con su sable, pero de un movimiento de su mano evitaba que Seriel la pudiera cortar cuando la atacaba, y le lanzaba hacia atrás con violencia, para después hacer lo propio con Alione, que volaba hasta el lado opuesto de donde estaban. La imperial entonces se lanzaba a por ella, pero interponía sus espadas en horizontal y paralelas entre ellas. Las movía hacia abajo en ese momento, lograba romper las defensas de ella, y la aprisionaba con su energía, apretando su caja torácica para dañarla. Sin embargo, Seriel también comenzaba a usar su energía para presionarla, era la única manera de evitar que su amiga fuera asesinada ahí mismo. No eran las maneras ideales de un Xanium, pero en tiempos de guerra esas cosas eran necesarios. Él estaba impresionado por las capacidades de la imperial, que estaba haciendo frente a dos caballeros a la vez en solitario, no por nada ella era la mejor de toda la orden antes de la secesión de hace un par de años, entre los que se encontraban más o menos la mitad de los caballeros y amazonas, y que eran liderados por Starlight, aunque los demás que estaban unidos a los imperiales tampoco eran malos precisamente, ni ellos ni sus aprendices.

La flor y nata de la orden se había dividido en dos bandos enfrentados, y por aquello había empezado una guerra en la galaxia, habían afectado a miles de mundos, y los enemigos de la República estaban organizando todo un caos en los mundos libres, tanto los que se habían unido previamente a la República, como aquellos que no se habían adherido a la misma. Pero rivales como la mujer tenían en frente eran temibles. Se había entrenado desde niña para ser la mejor de todos, sobre todo para limpiar su nombre y el de su padre, aunque el de este último le daba más bien igual. De hecho si había entrenado tanto era para lograr precisamente el no tener ningún tipo de malas palabras por parte de nadie, se había sentido tan insultada por las acciones de su padre que no estaba dispuesta a volver a pasar por algo así. Le odiaba hasta unos límites insospechados, por abandonarla a ella y a su familia, por huir y ser un cobarde cuando le pillaron. Si estaba muerto le daba exactamente igual, y ese sentimiento de desengaño y rencor le había llevado a superar sus límites y ser la mejor y más poderosa Xanium, aunque los años le mostraran una visión algo más positiva, llegando con el entrenamiento a una mera indiferencia.

Y eso que eran tres sables contra uno, lo que evidenciaba la capacidad de Starlight con las armas- Llegado un momento, la imperial logró, usando su energía, arrebatarle uno de los sables a la otra amazona, colocó sus sables en forma de X, y logró asestar rápidos mandobles que les obligó a retroceder varios metros.

-Cada vez les consagran más verdes, ¿no crees?- Seriel sabía que con esas palabras la otra sólo quería molestar a su compañera.

-Ni siquiera es capaz de seguirme el ritmo habiendo empezando con dos sables- se rodeó entonces con su energía.

Ella alzó a Alione entonces por la garganta, la otra envió un pulso de su energía para ello también, no estando dispuesta a dejarse avasallar por la otra. Starlight movió peligrosamente sus espadas de luz y la otra interpuso la suya para evitar daños mayores, apretaban cada una en dirección opuestas, dispuestas a cortar a la otra, sobre todo la imperial. Los Xanium preferían no cercenar miembros de sus rivales, eso denotaba falta de honor, pero en combates duros como aquel estaba justificada esa acción, máxime si se trataba de otra amazona tan experimentada, aunque lo más probable era que la propia Alione fuera la que perdiera un miembro con aquello. Consciente de aquello, la joven no estaba dispuesta a darle una oportunidad a la otra, así que elevó su energía, lanzó un pulso de energía que expelió a Starlight varios metros, y se lanzó contra ella, con rápidos tajos.

La imperial, lejos de asustarse, simplemente se defendió con una sonrisa socarrona en sus labios. Veloces movimientos le permitieron darle varios golpes en los brazos de Alione, usando los mangos de sus espadas, haciendo que la otra soltara su última arma. Seriel tuvo que interponerse para impedir que su compañera fuera atravesada, que cayó al suelo. Estaban en una situación de clara inferioridad ante ella, la joven amazona se sentía inútil en ese momento. La joven retrocedió unos metros, dejando a su maestro casi a solas con la imperial, que se encontraba en su salsa en ese momento. Se rodeó de su energía, sus ojos brillaron, y se movió a toda velocidad en dirección a la otra, gracias a ello ella era capaz de usar capacidades especiales.

No sólo elevar cosas con sus poderes, estrangular y cosas así. Eso era lo más básico. Cada Xanium, dependiendo de su naturaleza, tenía unos poderes u otros y que, con la técnica adecuada, podían ser de gran ayuda. En su caso, era capaz de moverse a súper velocidad y correr a una velocidad cercana a la velocidad del sonido, en momentos especiales incluso era capaz de superar esos ritmos. En combate podría haberla usado y derrotar así a sus enemigos, pero era peligroso pues se cansaba rápido aún, y su ex maestro, el general Arion Scrowberry, le había desaconsejado usarlos hasta que no los dominara a la perfección, sobre todo si el enemigo la sobrepasaba en habilidades con las armas de luz. Esto se lo había dicho por que si se aceleraba demasiado sus sentidos podían fallar y dañar a un aliado de no ser capaces de controlar la velocidad y ángulo de sus movimientos. Podía llegar a ser letal, por eso entrenaba diariamente, pero no se sentía preparada aún. En cambio, Starlight sí que estaba perfectamente entrenada en esas habilidades, así como Seriel.

En cuanto comenzó a correr le hizo un potente placaje a la imperial, que la lanzó contra una pared contraria, dejándola tirada en el suelo algo aturdida, y aprovechó entonces para tomar sus dos espadas. Se disponía a matar a la mujer, deseando eliminar a su rival, cuando su compañero la detuvo. Aquel no era el buen camino, ambos lo sabían, pero a ella le encantarían que las reglas fueran más laxas. Estaban en una guerra, al fin y al cabo, había miles de bajas cada día entre los soldados, ¿por qué no acabar también con la vida de una de las instigadoras de aquello? Y sin embargo, ella, en el fondo, sabía que eso no era lo correcto. Se disponían a amordazarla de alguna manera cuando varios disparos les alertaron de la presencia de soldados enemigos. O salían de allí rápidamente o estarían en serias dificultades. En esos momentos prevalecía ponerse a salvo antes que poder llevarse al líder enemigo, así que salieron de allí. Sin embargo, aunque hubieran decidido lo contrario, Starlight ya se estaba levantando en esos momentos, un ligero hilo de sangre emanaba de la parte trasera de su cabeza, se encontraba algo atontada pero igualmente sostenía sus sables con fuerza.

No intentó impedir en ningún momento la huida de los dos republicanos, sentía orgullo de la que fue su pareja durante años, pese a ser un blando se defendía mejor que nunca. Deseaba que se uniera a ella, quería gobernar con él y sólo con él, todo lo demás le daba completamente igual. Estaba dispuesta a matar por Seriel a quien se pusiera por delante, ya fuera uno de los suyos o no. Si estaba entre los imperiales era por los ideales que ella defendía. La República se había vuelto tóxica, olvidándose durante siglos de aquellos a quienes había jurado defender y ayudar, apoyando a oligarcas que sólo estaban interesados en su beneficio por puro interés político o comercial, odiaba aquello con toda su fuerza. Quería traer de nuevo la justicia a la galaxia, y aquel era el camino adecuado para ello, al menos desde su perspectiva.

Los otros dos salieron de allí rápidamente, los sonidos de los disparos venían de todas partes, aunque eventualmente, y tras recorrer el pasillo camino de vuelta a donde habían dejado al escuadrón que había traído Alione. Les vieron dando los últimos disparos contra el enemigo, se las habían ingeniado para lograr ir derrotando a todos los clones imperiales, que en esos momentos estaban tirados en el suelo, con manchas de sangre en el suelo que iban cada vez a más según el líquido vital salía de las heridas provocadas por los disparos de los láseres republicanos. Una vez reunidos, y ahora que habían rescatado a aquellos niños de ese planeta de casi la edad de piedra, podían salir de allí.

Tras ordenar la retirada de todos los efectivos, comenzaron a salir de allí como buenamente podían. Tenían que llegar de alguna manera a la zona de los hangares, donde estaban los cazas con los que habían llegado. Los clones se colocaron de tal manera que los dos oficiales Xanium tenían vía libre para poder escapar mientras ellos luchaban contra los soldados imperiales, en una lluvia de láseres en ambas direcciones y que era incesante. Seriel se sentía mal por ellos de una manera similar a la que se sentía Asmeya, y prácticamente cualquiera que tuviera un poco de amistad con aquellos soldados, que diariamente cedían sus vidas sólo por ellos. Desearía que sus unidades fueran meramente mecánicas, pero los robots tenían un grave punto débil, y es que podían ser todos derrotados de un golpe usando los medios adecuados, o ser hackeados, sólo por poner unos ejemplos. En cambio los soldados biológicos, si bien tardaban unos meses en desarrollarse plenamente, sí eran más fiables que sus contrapartes robóticas en ese sentido, aunque estos últimos no se cansaban nunca, ni era posible su deserción salvo que alguien interfiriera en su sistema operativo.

Y en general permitía mantener la moral más alta, siempre era preferible interactuar con seres vivos que con robots. Y sin embargo les dolía profundamente, por que sabían que eran vidas destinadas a extinguirse en el fragor del combate, y cuando todo eso acabara, sólo los dioses sabían cuando, ellos perderían aquello que les daba un propósito en la vida. Pero Seriel era consciente de que para ello aún quedaba un largo tiempo, y hasta entonces seguirían luchando todo lo que sus cuerpos pudieran. Junto a él corría por los pasillos Alione, parecía defraudada, claramente estaba decepcionada consigo misma por sus errores. No hacía falta ser un experto lector de la energía para darse cuenta de ello. Tras cruzar tres esquinas volvieron al pasillo por el que ella con su pelotón habían llegado, a unos pocos metros estaba la apertura por la que habían pasado minutos antes.

-Gran Pájaro a escuadrón, ¿me recibís, escuadrón?- se llevó entonces su brazo derecho a las cercanías de su boca, donde tenía unos micrófonos.

-Le recibo, aquí Pájaro 10, estamos controlando la situación- Seriel sonrió ante la rápida respuesta- Espero que hayáis seguido derribando a los imperiales mientras yo estaba liado- comentó, y oyó una suave risa.

-Tienen vía libre por ahora, dense prisa usted y Sekira, no sabemos cuanto podremos mantener el paso despejado- la aludida asintió.

Pocos segundos después de haber llegado ellos aparecieron sus soldados, que corrieron raudos hasta los cazas, no había suficientes para que cada uno pilotara uno, pero harían espacio en cada cabina para que pudieran entrar unos cuantos efectivos por aparato. Una vez todos metidos en los cazas empezaron a despegar, pese al exceso de peso, y salieron a toda prisa del destructor imperial. Aparecieron en pleno combate aéreo por encima del planeta, iban y venían cazas de ambos bandos por todas partes, y de la Tierra podían verse también un constante trasiego de cargueros que, lo más probable, es que llevara individuos como los adolescentes para esclavizarlos en cualquier lugar. Los imperiales siempre hacían ese tipo de cosas, pero la República no siempre entraba a impedir ese tipo de situaciones, bastante tenían con luchar contra el alzamiento secesionista como para impedir ese tipo de cosas. Pero si encontraban a esos grupos en plena misión si que se les rescataban aunque no viniera en las indicaciones de arriba, ni lo ponían en los informes ni nada. Eran por tanto actuaciones puramente fuera de lo oficial, pero se hacía igualmente, muchas veces bajo la responsabilidad del Xanium al mando.

Se comenzaron a mover a toda prisa por la zona, esquivando los disparos como podían, aunque más de un caza recibió un disparo. Les costaba moverse por estar demasiado cargados e iban más lento de lo que normalmente irían, así que eran un blanco más o menos asequible, dependían de la capacidad de vuelo del piloto más que nunca. En los cinco minutos que transcurrieron hasta llegar a la nave central republicana cayeron dos de los cazas, así que de los veinte que partieron con Alione sólo quedaban siete cazas, los demás o habían caído antes de llegar, o en la nave, o en la vuelta a casa. Eran muchas perdidas que ella se echaba en cara a si misma, y Seriel lo sabía perfectamente. A él le había pasado lo mismo al inicio, tendría que hablar con ella más adelante.

-Aquí Gran Pájaro, solicitamos entrar bajo premisa Delta 3, Destructor Alfa 4- el hombre mandó el mensaje desde su radio, esperando una respuesta rápida.

Esta llegó a los pocos segundos- Aquí Destructor Alfa 4. Misión cumplida con éxito, en cuanto vuelvan el resto de cazas ordenaremos retirada- Seriel suspiró.

-No podemos dejar que este planeta caiga en manos imperiales, Alfa 4. Solicito la protección de la República para este sector- poco caso le iban a hacer, pero él debía intentarlo.

-Solicitud denegada, Gran Pájaro. Este era un sistema neutral, por ordenes del Alto Consejo de la República tenemos prohibida la intervención salvo razones humanitarias- Alione gruñó, y tomó ella la radio.

-Alfa 4, este planeta ha sido invadido por el bando imperialista, por lo que entra dentro de nuestra jurisdicción, solicito…- pero ella fue cortada.

-La República no tiene jurisdicción en un territorio que en ningún momento ha estado bajo su mando, ni tácita ni explícitamente- cortaron entonces la comunicación.

Seriel golpeó entonces el salpicadero del caza, pero no dijo nada. Dio indicaciones a los demás cazas para que fueran al destructor, y en formación, se movieron al hangar, el mismo que habían usado minutos antes Asmeya y los chicos.

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Los chicos no despertaron hasta horas después de llegar a la nave. La primera fue Yumi, sentía todo su cuerpo entumecido, no notaba nada pero podía mover sus dedos de las manos y pies, era capaz de girar sus tobillos y codos, y en general podía mover todo su cuerpo pero era incapaz de sentir nada. Estaba tumbada en una cama, con un camisón blanco y nada más, y arropada por unas mantas. Su mente, aún algo atontada, no procesaba muy rápido la información, pero se sorprendió de verse así y no tener al menos un gotero en sus brazos o piernas. Se sorprendió de ver en el mismo cuarto a sus demás amigos, todos en su respectiva cama. La sala era bastante amplia, tenían lo que para ella serían máquinas de correr y algunos pesos, una gran pantalla en un extremo, luces en el techo, y paredes de un blanco impoluto. Hacía una temperatura muy agradable aunque la sala no contaba con ventanas, salvo una cristalera en el lateral derecho pero desde su posición no podía ver nada.

-Chicos….- murmuró ella. Pequeños flashazos le llegaban a la cabeza, Kadic, París… todo aniquilado por aquella arma tan brutal.

Habían sido secuestrados y luego rescatados por la misma mujer que les había demostrado una gran verdad, y es que había toda una galaxia llena de vida ahí arriba, y les habían dado un golpe de realidad estando allí, entre ellos, habiéndolo perdido todo. Lo último que recordaba era que estaban de vuelta en la nave de Asmeya, y que les habían inmovilizado. Ahora se encontraban allí, a solas pero ella era consciente de que debían estar en lugar seguro por que de no serlo ya estarían muertos o en una situación precaria.

Se fijo en que todos los demás tenían un lateral, en concreto el derecho, rapado, y cuando ella se llevó una mano a su cabeza, notó que no tenía su pelo de siempre. Pese a tener todo el cuerpo dormido comprobó que ese lado lo tenía también rapado, y entonces comprobó el resto de su cuerpo, algo avergonzada, pero lo necesitaba. Todo se encontraba en orden, y suspiró aliviada, aunque vio unas cicatrices en sus dos piernas, en concreto en las pantorrillas, así como en el abdomen.

Oyó entonces una puerta abrirse, y vio entrar por allí a lo que pensó que sería una alienígena. Era una criatura de forma humanoide, largas extremidades, cola emplumadas y dos pares de alas parecidas a las de un águila, y rostro humano pero con líneas marrones que recorrían su maxilar inferior y que bajaban por el cuello, teniendo unas facciones muy estilizadas. Tenía una bata blanca con un estetoscopio colgado, y, con suavidad, invitó a la chica a tumbarse de nuevo. Su largo pelo era negro y sus ojos marrones, le infundía tranquilidad con su mera presencia.

-Si todo ha ido bien, me deberías estar entendiendo, jovencita- su voz era suave y melosa, y Yumi, con sorpresa, asintió.

Sonriendo, la criatura habló de nuevo- Soy la doctora Aurorameria Asgerión, jefa de medicina de la orden Xanium, aunque también trabajo en el campo de batalla, de vez en cuando al menos- se sentó en la cama, cerca de ella.

Le colocó el estetoscopio en el pecho, y respiró profundamente, invitando a Yumi hacer lo mismo. Le pidió con la mano que se colocara de lado, dándole la espalda, y colocó el mismo en la espalda de ella, escuchando la respiración.

-¿Qué… hacemos aquí? ¿Por qué tengo cicatrices en el cuerpo?- preguntó, en un susurro.

Cuando se dio la vuelta, la vio comprobando algo en una especie de Tablet. La manejaba con soltura, vio, usaba sus dedos para moverse a lo largo de la pantalla- Estoy comprobando tus datos biométricos, estas bastante sana, lo cual es bueno… tienes una buena complexión, tienes una buena inteligencia…. Perfecto- la miró entonces.

-Hay muchas cosas que comentar. Esperaremos a que todos despierten para hablar, será necesario para ello- comentó.

Se levantó entonces, y salió por la única puerta, dejando a Yumi a solas, todo lo sola que se podía estar teniendo en el mismo cuarto a unas cuantas personas más. Se quedó pensando en qué harían a partir de ahora, pero algo le decía que habían decidido por ellos, no se opera a la gente por nada, ni se les trata, ni se les tiene en unas condiciones como esas si no tienes pensado algo especial para esa persona. Ella suspiró, se dejó caer de nuevo sobre la cama, estando así estaba algo incómoda, así que rebuscó a lo largo de la cama, algo debía tener para poder colocarse algo más en vertical, al menos su torso. En un lateral vio unos botones con unas flechas dibujadas, así que presionó el que indicaba hacia arriba, y efectivamente, la cama en su totalidad ascendió un poco.

-No…- gruñó ella, y le dio al botón para descender, devolviendo la cama de nuevo a un punto más cercano al suelo.

Siguió buscando hasta que oyó la puerta abrirse de nuevo. Vio aparecer a otro alienígena, parecido a Aurorameria, en su caso también llevaba bata blanca, debía ser de la misma especie. Sin embargo, simplemente se acercó, y le preguntó.

-¿Qué necesitas?- le preguntó- Incorporarme- gruñó Yumi, no entendía cómo funcionaba aquello.

Se sentía una estúpida no siendo capaz, y vio entonces como la parte superior de la cama comenzaba a subir. Tras indicarle cómo se hacía, la alienígena salió de allí tranquilamente, dejando a la chica suspirando. Aquello iba a ser largo. Al menos ahora estaba más cómoda, y podía estirarse un poco. Recordó entonces cómo su familia seguramente había muerto, y no sólo la suya. Ahora la de todos habían muerto, la mayoría de familias de los residentes de Kadic vivían en París o alrededores, y toda esa área había acabado destruida. Rompió a llorar de nuevo, con todo el ajetreo no le había dado tiempo a volver a pensar en ello, pero ahora que tenía un momento de tranquilidad comenzó a gimotear. Se acordaba de su hermano, de sus padres, de lo que sentía por ello y de la estúpida pelea que había tenido con su padre esa mañana por no dejarla ir con Ulrich al concierto del siguiente fin de semana. Ahora se sentía estúpida, de haberlo sabido… Pero era imposible. Si le hubieran dicho que en el cielo iban a aparecer esos enormes cacharros, y que iban a destruir toda una ciudad de un disparo, no se lo hubiera creído. Y eso que ella había luchado contra una I.A. maligna que quería esclavizar a la humanidad y viajado en el tiempo. Le gustaría al menos poder despedirse de ellos pero sabía que era imposible, a saber dónde estarían los cuerpos, aunque no sabía si en algún momento podrían volver a casa. A saber dónde estaban en esos momentos, quien sabe, igual estaban a medio camino de Marte en esos momentos.

Mientras le daba una y mil vueltas a esas ideas, ella comprobó como los demás iban despertando. Primero Jeremy, luego Aelita, Odd, y finalmente Ulrich, todos con la misma cara de ensoñación que seguramente había tenido ella, pero Einstein despertó deprisa al darse cuenta que no tenía las gafas puestas pero igualmente podía ver bien, se sorprendía de que pudiera hacerlo, supuso que tendría algún tipo de lentillas en sus ojos, aunque no las notaba, seguramente por estar aún algo adormilado por la anestesia. Media hora más adelante por allí entraron Asmeya, Aurorameria, y Seriel. Se quedaron de pie delante de ellos, sin acercarse demasiado.

-¿Os encontráis bien?- preguntó Aurorameria, tenía aquella Tablet en las manos de nuevo. Los chicos asintieron- Todos tenéis las analíticas bien, tenéis los reflejos perfectamente, más o menos buena complexión, el cuerpo sano… Cuando pasen la cuarentena podrán comenzar, general- comentó ella.

Seriel asintió- Perfecto…- suspiró, y habló en alto para que todos le escucharan- Muchachos, a partir de hoy estáis bajo el gobierno de la República, en el cuerpo de la Orden Xanium. Seréis entrenados en el uso de armas, la energía, y participareis, tras vuestra formación, en las batallas que tiene nuestro gobierno contra los secesionistas imperiales- proclamó.

Y por supuesto ellos se quejaron, alzando la voz- ¡Oye, que no somos soldados tío!- gritó Odd, molesto.

-Además, no puedes obligarnos, ni tenemos nada que ver con vosotros- añadió Aelita- Si nunca hemos luchado, y somos unos críos- dijo Jeremy.

Pero sus quejas no fueron escuchadas- No tenéis más opción. Era esto o devolveros a vuestro planeta sin más, y creo que lo hubierais pasado mal, ¿verdad?- les dijo Seriel, serio.

Se cruzó de brazos y siguió- Tendréis que acostumbraros a una vida marcial, no os queda nada. No se tolerarán bromas, ni falta de disciplina, y la deserción o su intento se pagarán con la vida- la dureza de sus palabras les asustó.

Aurorameria intervino para quitarle hierro a la conversación- Bueno, procuremos entonces no tener que llegar a esos extremos. Por ahora, como digo, estaréis veinte días estándar de cuarentena, tras los cuales empezareis vuestra formación. Os enseñaremos nosotras dos y varias personas más, no os preocupéis de no tener un lugar para vivir, permaneceréis aquí, donde tendréis cuarto propio, lugar de aseo y rancho- revisó la tablet una vez más.

-Y ahora descansad, ha sido un día duro en todos los sentidos- tras teclear en la pantalla, salieron de allí ellos tres, dejando a los jóvenes de nuevo a solas.

En cuanto salieron todos estallaron- ¡No me lo puedo creer! ¡¿Quién cojones se creen?!- chillo Yumi, se quería levantar, pero seguía algo mareada.

-No lo sé, pero por mucho que nos duela tienen razón. Y no sé vosotros, pero yo les he pillado ganas a esa mujer… ¿Cómo se llamaba? La chica tan siniestra que nos encontramos en la otra nave- comentó Jeremy.

-Yo también, si tuviera mis flechas láser, le llenaría el cuerpo de todo el cargador- gruñó molesto Odd.

-¿Y crees realmente que eso puede justificar algo? Nos están quitando la opción de elegir, lo han hecho por nosotros, y estoy cansada de ser mangoneada por todo el mundo. Primero mi padre, luego Xana, y ahora esto- Aelita parecía especialmente dolida.

Ulrich, cerca de ella, se intentó levantar a abrazarla, aunque sin demasiado éxito- Lita tiene razón, esto no es justo, pero seamos realistas. ¿Qué nos esperaría en casa?- comentó Ulrich.

Sus constantes peleas con sus padres parecían ir a mejor, gracias a sus esfuerzos parecían ir mejorando sus notas, y en consecuencia su padre parecía más contento. Se estaban reconciliando, y ahora acababa de perderlos, justo cuando mejor les iba en su relación en mucho tiempo. Se encontraba fatal por ello, y se le notaba.

-Nos esperaría tener que buscarnos la vida de alguna manera, ser adoptados por alguien o irnos con algún pariente, dejar Kadic, y cambiar drásticamente de vida. Y si podemos hacer algo para darle justicia a nuestras familias, me gustaría al menos intentarlo- explicó.

-Él tiene razón. Hagamos lo que hagamos nuestras vidas van a cambiar, pero me gustaría haber participado en la decisión, la verdad- comentó Jeremy.

Odd suspiró- Han decidido por nosotros, aún así… Creo que poco podemos hacer, pero no tengo intención de ponérselo fácil- comentó, recostándose.

-¿Les vas a dar por saco como hacías con Jim, verdad?- comentó divertida Yumi, y el aludid asintió.

-Cuenta conmigo- dijo Aelita- Nos van a tener que aguantar, ya que tienen la intención de que luchemos con ellos y de entrenarnos, al menos que podamos gastarles alguna broma, ¿no?- sugirió.

-No creo que estos sean tan indulgentes, la verdad- dijo Jeremy- Ya hemos luchado antes, la disciplina la tenemos, no hace falta que nos enseñen nada de eso. Nos podremos reír un rato-

Yumi suspiró- No sé vosotros, pero estoy deseando ver a Jeremy intentar disparar- comentó con diversión- O teniendo que usar pesas para entrenar- añadió Ulrich.

Risas generalizadas llenaron el ambiente, y el chico simplemente se cruzó de brazos y rodó los ojos- Para que lo sepáis, seguí entrenando con Jim después de que vosotros no quisierais continuar tras aquel ataque en el que él nos defendió. Se lo debía- respondió.

Ellos se miraron, era verdad. Durante varios meses, después de que al rubio se le ocurriera la feliz idea de que tenían que tener mejor forma física para luchar contra Xana y llegar más rápido a la fábrica ante un ataque de la I.A. el único que había seguido después de aquello era él (1).

-Bueno, hay que reconocer que la musculatura del pecho la tienes ya bien desarrollada, sí- comentó sonriendo Aelita.

Ulrich se rio- ¿Y eso cómo lo sabes, princesa?- preguntó, y tanto la muchacha como Jeremy se sonrojaron, provocando la risa de los demás.

Odd suspiró por dentro, él… lo que sentía por Aelita no sabía si podría decírselo algún día, no al menos mientras ella mostrara claras muestras de amor hacia su amigo, Jeremy. Pensándolo… ahora podría ganarse su amor, sin jugadas sucias claro. Aunque como normalmente se dice, no hay reglas ni en el amor ni en la guerra. Y en esos momentos estaban en las dos situaciones a la vez. Pero decidió no torturarse más con el tema, no merecía la pena, prefería entretenerse con sus amigos, al menos por ahora.

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En cuanto ocurrió aquel terrible evento, todas las noticias se centraron en ella, de forma unánime todos los periódicos, diarios televisivos, y cualquier clase de medio de comunicación se hicieron eco: París y alrededores habían sido arrasados del mapa en cuestión de segundos por un enorme rayo proveniente del cielo, estando minutos antes sobrevolada por varias naves de gran tamaño, y otras cuantas algo más pequeñas y que dieron caza a un aparato que, según la información que se tenía, había salido de una fábrica abandonada en las inmediaciones del río Sena, cerca de una academia de estudiantes local.

Por supuesto la misma quedó arrasada, no se dejó piedra sobre piedra, pero por alguna razón que nadie entendía, la fábrica quedó intacta, con un campo protector a su alrededor. Por supuesto las autoridades fueron en primer lugar allí a examinar aquello, pero no llegó a trascender lo que encontraron, ni a la prensa ni a la sociedad, no hasta horas después. Una filtración le llegó a una de las grandes cadenas de televisión francesas, que dio la exclusiva casi sin creerlo: un gran súper ordenador cuántico descansaba en la parte inferior, con capacidad suficiente para poder llevar a personas desde el mundo físico hasta una realidad virtual extraordinariamente lograda, pero eso no fue lo único que pasó.

Minutos después de la destrucción, y aún con el miedo en el cuerpo, el mundo vio como aparecían naves de carga desde el cielo, de las que salían lo que suponían eran soldados. Su superioridad técnica era tan aplastante que los gobiernos del mundo claudicaron en minutos, sabiendo que, si habían tenido la capacidad de asolar a la capital de un país europeo, qué no harían de tomárselo realmente en serio. Preferían no saberlo.

Las instrucciones eran: no intentar nada. Si el Gran Imperio Galáctico necesitaba algún material, recurso, espacio, o cualquier otra cosa, ningún gobierno o administración se atrevería a impedir nada, de hacerlo se arrasaría la zona y se sustituiría al gobierno en completo por un grupo dirigido por el propio Imperio, y de ocurrir una segunda vez, el planeta entero quedaría bajo el mando único de un grupo militar, impartiendo la ley marcial, y obligando a toda la población del planeta a seguir las instrucciones de dicho gobierno mundial. Ante la posibilidad de al menos mantener un cierto grado de independencia y de tener una mínima autogestión, siempre que no se molestara, todos asumieron esas gravosas condiciones, pero igualmente tendrían en todo momento por encima varios de los llamados destructores, vigilantes de que nadie se atreviera a siquiera vacilar un mínimo a un soldado imperial.

No hubo protestas. A cualquiera que se atreviera a alzar la voz se le ejecutaría inmediatamente, a esa persona y a todo su círculo cercano, y se le expropiaría todo lo que tuviera para el gobierno imperial. La mayor dictadura del planeta había empezado, toda libertad había quedado limitada a su mínima expresión, y las luces que se veían surgir en todo el mundo habían sido apagadas por la colérica bota de un tirano tan poderoso que nadie podía luchar contra él.

Pero no todos los alumnos de Kadic habían muerto. La clase de Yumi y varios cursos más estaban esos días de viaje a Roma, la japonesa no había ido por que prefería estar con sus amigos ahora que tenían tiempo, además que había estado con su familia aquel verano y no sentía la necesidad de ir. El que sí había ido era William Dumbar, que en cuanto se enteró de la noticia no pudo aguantar el llanto, ni él ni ninguno de los que con él viajaban, estando de profesores Jim Morales, Gilles Fumet y Suzanne Hertz. Fue caótico para todos, llamaron a sus familias pero sin éxito, se sentían extremadamente impotentes en ese sentido. Ambos profesores se intentaron poner en contacto también con el director, Delmas, y al ver que no podían, tuvieron que optar por ser ellos los que llamaran a los padres de los alumnos. Tenían claro que ponerles a salvo era su primera obligación, a ellos, y también a los demás muchachos de Kadic que iban, que eran de varios años.

Curiosidades de la vida, en el mismo hotel en el que ellos se encontraban estaba Patrick Belpois. Estuvo muy poco en Kadic, apenas unos días, pero fue suficiente para recuperar una amistad con su primo Jeremy que jamás se debió romper. Habló con él por teléfono varias veces por teléfono y se enviaban mensajes a menudo, pero ahora… Daba a su primo y tíos por muertos, así como a sus padres, que también vivían cerca de París. Si él estaba vivo era gracias a aquel viaje, pues su colegio también había sido arrasado, su casa, su vida entera. Esas sensaciones eran comunes, el que no lloraba estaba sentado en el suelo con la mirada perdida, o aguantaba sin demasiado éxito los deseos de vomitar por la tensión y el dolor que sentían. Pero no tuvieron demasiado tiempo para pensar: poco tiempo después de la aniquilación, apareció una gran figura en el cielo del todo el planeta, un gran holograma se podía ver en directo desde todos los lugares.

Se trataba de una mujer pelirroja, de ojos verdes, con una armadura de cuerpo completo y una espada de luz en sus manos. Sus protecciones cambiaban de color como si se tratara de un espejo reflejando su entorno, con decoraciones labradas en la misma que eran bastante bellas, tenía una capa puesta, y sujetaba su casco con su brazo derecho. No tenía una musculatura muy grande pero su cuerpo claramente era fuerte y ágil, su rostro era hermoso, y le resultaba muy familiar a todos los de Kadic, así como a Patrick.

-Eh, esa mujer…- comenzó uno de ellos- Se parece a Stones…- murmuró Jim. Antes de que pudiera hablar ninguno más, el holograma gigante comenzó un discurso.

-Habitantes del planeta Gamma Sagitari 12, ahora estáis bajo la jurisdicción del Gran Imperio Galáctico. Toda acción encaminada a la sublevación, ya sea civil o militar, contra el gobierno imperial, contra sus representantes, o cualquier otro individuo perteneciente al imperio será castigado con la muerte, así como la de su círculo cercano- señaló entonces al frente.

-Todos los recursos del planeta ahora nos pertenecen, así como los terrenos e infraestructuras, sus formas de vida, y todo lo que en su superficie, subsuelo y atmósfera haya. En unos minutos la paz y el orden llegará al planeta, gracias al poder del Gran Imperio. Vuestra líder, Starlight, amazona del Imperio- tras eso, se cerró el holograma. No habían entendido ni una sola palabra, pero seguramente no fuera nada bueno.

Poco después aparecieron en el cielo cientos de naves. Eran como camiones voladores, grandes, color blanco con el mismo triángulo dorado que llevaba aquella mujer en el pecho, y en pocos segundos se posaron en el suelo pese a venir desde muy arriba, pero no parecían en absoluto dañados. De los mismos salieron varios soldados armados, y persona que atrapaban, persona a la que obligaban a entrar a aquellos aparatos. Por dentro eran amplios, grandes barras iban del suelo al techo, las paredes eran blancas y tenían filas negras en la zona de las puertas. Sería incomodo viajar en ellos, desde luego, habría que estar en todo momento de pie. Tomaron a todo individuo que, al menos en apariencia, pudiera trabajar. Entraron en cada edificio que vieron, tomaban a la gente con violencia de las ropas y los tiraban al suelo, les pisoteaban y les llevaban a rastras, les colocaban a todos una especie de esposas de luz que eran imposible quitarse de ninguna manera. Por supuesto entraron en el hotel en el que se hospedaban, y comenzaron a buscar a lo largo del mismo. Y al verles, los soldados imperiales les aporrearon con violencia, Jim se interpuso delante para defender a los menores, pero entre dos le derribaron al suelo, le golpearon y electrocutaron, les pusieron unas esposas, y les llevaron hacia aquellas naves, donde les metieron a la fuerza, y una vez lleno, con aproximadamente treinta personas dentro, el aparato se empezó a elevar.

-¡¿A dónde nos lleváis?!- chilló William, Patrick a su lado intentaba sin éxito quitarse las esposas. Uno de los guardias le golpeó en la cabeza para que se callara, y el otro le sujetó como pudo.

-¡Oye capullo, no te pases!- le recriminó Patrick, y ante eso le quisieron golpear también, pero esa vez, sabiendo lo que pasaba, le esquivó y le intentó placar.

Sin embargo le golpearon con una vara de acero electrificada, que le electrocutó como le hicieron a Jim. Su pelo se encrespó, su piel se quemó algo en esa zona, y quedó medio inconsciente, una de sus compañeras tuvo que sujetarle.

-Será mejor que no les hagamos enfadar por ahora, chicos…- Hertz habló en voz baja, e hizo transmitir el mensaje a todos los demás.

Sudaba y estaba nerviosa, en su cara se notaba la tensión, y su corazón latía con fuerza, no sabía qué hacer en esos momentos, no lo entendía. Pero lo que sí sabía era que ellos no podían luchar contra esa gente, no en la situación en la que ellos estaban. Según subían por la atmósfera los chicos notaban que las turbulencias iban a menos, el aparato era muy estable y en todo momento permanecieron pegados al suelo, pero desde allí podían ver que habían salido del planeta gracias a que la cabina permitía ver el exterior. Delante de ellos, una de aquellas grandes naves permanecía quieta, y a su alrededor, un enjambre de pequeñas naves se movían en todas direcciones a gran velocidad, parecían estar en plena batalla aérea, aunque no sabían quienes eran los otros. Suponían que debían ser enemigos del imperio, también contaban con grandes naves de combate, destructores. Esperaban que no fueran tan belicosos como los otros. En cualquier caso, les llevaron a una de las naves, mientras otra de ellas tenía pequeñas explosiones en algunos puntos, pero más allá de eso parecía en buen estado. Segundos más tardes, las naves contrarias desaparecieron, parecían haberse movido a una velocidad de vértigo, pero los imperiales permanecían allí aún. Fueran quienes fueran, les habían dejado en solitario, claramente. No tardaron demasiado en acercarse a la nave más grande, y, una vez en sus cercanías, vieron cómo se abrieron unas compuertas, debía tratarse de un hangar. Efectivamente, en el mismo encontraron un montón de naves como en la que ellos habían viajado, y otras tantas como las que habían visto instantes antes luchar en el vacío, algunas con imperfecciones a lo largo de su estructura, pero la mayoría parecía en buenas condiciones. En cuanto aterrizaron les sacaron de allí a golpes, y les llevaron casi a rastras a ellos y a muchas más personas a toda prisa a lo largo de la nave, no les permitieron hablar en ningún momento, y en más de una ocasión aporrearon a varios de ellos a modo de advertencia, aunque no hicieran nada, eran puramente arbitrarias.

Les concentraron en un área muy grande, parecía un gran almacén, pero estaba casi vacío. Y sin embargo, siempre había una gran presencia de soldados que les impedían poder siquiera intentar escapar. Patrick estaba junto a William y los demás de Kadic, los de su escuela habían sido llevados a otro sitio, al menos él les había perdido de vista para esos momentos.

-¿Te encuentras bien, tío?- le preguntó Patrick, y William gruñó- ¿Y tú, quien eres?- le preguntó, lgo molesto.

Pero el otro no se dejó intimidar- Patrick Belpois. ¿Tú?- al oír ese apellido el otro levantó rápidamente la cabeza.

-¿Eres familia de Jeremy Belpois?- preguntó, y Patrick asintió- ¿Conoces a mi primo?- a eso el otro asintió.

-William Dumbar. Yo… sí, le conozco bien. Pero estaba en París cuando todo pasó. Lo siento…- murmuró, triste.

Patrick iba a hablar cuando oyeron griterío cerca de ellos. Vieron aparecer por allí a la mujer del holograma, su espada pendía de sus caderas, parecía que estuviera revisando la mercancía ya que les obligaba a abrir la boca, revisaba sus dientes y palpaba su cuerpo, dando igual si eran chicos o chicas.

-Estos me los mandáis a las minas de Épsilon Tauri 4- varios soldados se empezaron a llevar a un numeroso grupo de jóvenes, que ni trataron de huir, pero igualmente les dieron varios golpes.

Apenas se fijaba en la gente hasta que llegó ante Patrick y William. Les observó durante unos segundos, sonrió de medio lado, y de un gesto de su mano elevó en el aire a los dos. Ellos no entendían como era capaz de semejante cosa, no notaban cables ni nada sujetándolos, y aún así estaban levitando en el aire.

-A estos dos me los lleváis a mi sección privada. La República se habrá llevado a cinco, pero nosotros nos llevamos a dos- comentó- Ponedles los implantes con prioridad, si para los demás no quedan me da igual- les posó de nuevo en el suelo, y dos soldados se los llevaron a trompicones.

No se quejaron, de nada serviría. Simplemente deseaban que su destino fuera mejor que el que fueran a tener los demás, no habían entendido las palabras de esa mujer tan extraña, pero no cabía duda que estaba al mando, y se había fijado especialmente en ellos dos.

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Al mismo tiempo, de vuelta a la Tierra, en la misma continuaban la búsqueda de personas para esclavismo. Se iban a llevar a un tercio de la población joven para ello, los demás se quedarían en el planeta para trabajar. Varias unidades de infantería recorrían las calles de un pequeño pueblo de la costa mediterránea francesa, con sus fusiles en las manos, andaban despacio. Llegado un punto oyeron varios disparos, y los dos que iban por una callejuela cayeron desplomados al suelo.

En seguida de sus cascos rotos salieron las voces de sus compañeros, preocupados por ellos. Unas figuras se acercaron a ellos, les quitaron los mismos, comprobaron que los dos soldados estaban muertos, y tiraron sus cascos varios metros. Les quitaron las armas y unas pocas protecciones antes de que los demás compañeros pudieran llegar, desaparecieron entre las sombras tan rápido como aparecieron.

Samantha "Sam" Knight corría junto a su hermano, Percy, con las mochilas llenas de aquellos aparatos futuristas que sin duda eran de una tecnología muy superior a la humana. No tardaron demasiado hasta llegar hasta una casita de una sola planta, donde les esperaba su abuelo, el viejo Tom Knight. Era una familia afroamericana, de piel negra como el caoba, pelo y ojos oscuros, y una sonrisa de marfil. Sam era alta para su edad, de facciones delicadas, era delgada y grácil, su hermano solía decirle que era como las garzas que de pequeños veían y tras las que corrían en el delta del río cercano a su pueblo en Eritrea. En cambio, su hermano, Percy, era algo más bajo pero de buena complexión, tenía el pelo corto y era bueno en los deportes de contacto, pero todo lo que tenía de fuerte lo tenía de torpe, su hermana en cambio era al revés. Su abuelo, ya entrado en años, tenía una generosa tripa, un denso mostacho, y estaba rapado, como buen ex marine tenía una puntería fenomenal y era un líder natural.

En cuanto vieron llegar a esos seres no dudaron en que algo tenían que hacer, y lo primero era conocer al enemigo. Y para conocerlo, tenías que comprender lo que usaban, así que encargó a sus nietos que buscaran a alguno de ellos y le desvalijaran todo lo que pudieran, y de paso que movilizaran a sus amigos. La mayoría no aceptó, pero unos pocos sí, y con eso bastaba, al menos para molestar. La casa en la que vivían era una casa normal, con ventanas en varios puntos de las paredes, un salón pequeño con una mesa central, unos sillones y una televisión; una cocina con lo imprescindible para cocinar, un cuarto de matrimonio, los cuartos de los chicos, el del abuelo, y un baño. Suficiente para una familia de cinco, aunque a veces un segundo baño no vendría mal, pero al menos tenían jardín y acceso rápido al paseo de playa. En cuanto le tendieron las bolsas con aquellos aparatos, el anciano sonrió como un niño con un juguete nuevo.

-Veamos qué son estas cosas… Percival, se buen muchacho y tráeme las gafas, anda- el aludido gruñó mientras su hermana ahogaba una risita.

-Y tú, Samantha, no te rías y ve a por una lata de cerveza y la caja de herramientas- ella rodó los ojos, ambos odiaban que les llamaran por sus nombres completos.

El único que podía hacer eso era el abuelo Tom, a quien amaban como si fuera su padre. Así que obedientes, les trajo las cosas y observaron como el hombre trabajaba, absortos en el proceso.

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(1) Ver capítulo 74 de la serie

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.